X (Antes del alba)


Los ojos de Víctor quedaron fijos en algún punto de la hoja escrita, segundos después cerró el libro y lo dejó sobre el sofá. Levantó su rostro y sus ojos azules inspeccionaron el rostro de Yuuri.

—Ve al cuarto de juegos, Yuuri —dijo con una entonación baja y demandante—. En veinte minutos estaré contigo. 

—Sí, amo —respondió Yuuri, el sumiso se giró y caminó sobre sus pasos para luego bajar la escalera que lo llevaba al subterráneo. 

Al llegar se quitó la ropa, la dejó doblada junto a la puerta y luego se arrodilló para esperar a su amo. No pudo evitar preguntarse sobre el castigo que Víctor le daría, seguramente estaba muy enfadado por lo que hizo. Las ideas daban vueltas por su cabeza, sin poder detener el tren de pensamientos que lo hacían imaginar diversos escenarios. 

Exactamente veinte minutos después Víctor entró a la sala de juegos, ignorando al sumiso que esperaba por él. Yuuri tenía la vista baja y no sabía qué era lo que Víctor estaba haciendo, solo lo escuchaba moverse y buscar algunas cosas, provocando que su ansiedad aumentara. 

—Yuuri ponte de pie y mírame —ordenó Víctor.

El sumiso obedeció y sus ojos se abrieron con sorpresa, no al ver a Víctor, sino al trípode y la cámara que había a su lado.

—Sonríe para la cámara, Yuuri.

Yuuri trago grueso, no podía siquiera imaginar que cosa le haría Víctor para querer grabarlo.

—Gírate y acércate a la pared, Yuuri.

Víctor caminó junto a Yuuri para dar su siguiente instrucción:

—Imagina que hay una silla y siéntate en ella, que tus rodillas toquen la pared.

Yuuri se sentía confuso, pero obedeció, Víctor corrigió su postura y luego deslizó dos monedas entre la pared y sus rodillas.

—Apoya tu frente en la pared.

Dijo para luego colocar otra moneda, ahora entre la frente de Yuuri y la pared.

—Iré a preparar tu cena, la cámara estará grabando para asegurar que cumplas tu castigo, nos vemos pronto, Yuuri. 

Víctor salió y Yuuri se quedó allí, en una extraña posición que le hacía doler las piernas y lo confundía. Estaba seguro que sin las clases de baile que estaba tomando sus extremidades ya estarían temblando y apunto de rendirse. 

Y mientras Yuuri se quedaba desconcertado en la habitación de juegos, Víctor subía conteniendo las carcajadas que quería dar, pensando en lo aburrido que estaría su sumiso en unos minutos más y en la segunda parte del inusual castigo que preparó. 

(…)

Yuuri no sabía cuánto tiempo había pasado desde que Víctor lo dejó en esa rara postura, su frente ya se había deslizado ligeramente junto a la moneda que tenía atrapada contra la pared, sus piernas temblaban y él estaba seguro que pronto cedería al deseo de tirarse en el sueño a descansar. 

Cuando estaba a punto de hacerlo, la puerta volvió a abrirse, Víctor entró y sonrió al ver que Yuuri seguía, casi, en la posición en la que lo había dejado, pero sintió pena de él al ver sus rodillas temblar.

—Te ayudaré a ponerte de pie —dijo acercándose al sumiso, lo levantó con cuidado y las monedas se perdieron en el piso. Víctor dibujó una sonrisa dulce, que Yuuri no alcanzó a ver, al pensar que su sumiso parecía un cervatillo recién recién nacido que no lograba sostenerse por sí mismo en sus frágiles piernas—. Te ayudaré a subir, es hora de cenar. 

Yuuri supo que no era una cena cualquiera con tan solo oír el tono de voz que ocupó Víctor; un tono que solo usaba cuando daba órdenes. No sabría como describirlo pero era como si su voz se pintara de negro y su suavidad se volviera afilada. 

Que Víctor no le permitiera usar su ropa solo confirmó que la cena también era parte de su extraño castigo. 

Después de subir las escaleras y llegar al comedor, Víctor ayudó a Yuuri a sentarse en su puesto habitual de la mesa, la cena aún no estaba servida.

—Ayer cociné algo delicioso, pero como no bajaste a cenar y hoy tampoco pudiste probarlo por salir con tus amigos, decidí prepararte algo completamente distinto —dijo Víctor con una sonrisa radiante—, espero que esto si llame tu atención porque no podrás levantarte de la mesa hasta que lo comas todo. 

Y Yuuri sintió que eso fue una amenaza, un escalofrío lo recorrió cuando Víctor lo dejó para ir a la cocina. 

Poco tiempo después Víctor llegó sosteniendo dos platillos, el suyo era un trozo de carne con ensalada y el que puso frente a Yuuri era un tazón de arroz sobrecocido, frío y sin aliños. Yuuri miró ambos platos y entrecerró los ojos, pero sin decir nada se dispuso a comer en silencio. 

La porción de arroz era generosa y Yuuri tenía que hacer un gran esfuerzo para comerlo; desabrido, pegado y frío no era agradable.

—Amo, ¿puedo beber agua? —preguntó, pensando en que esta le ayudaría a tragar más rápido la comida.

—No, solo podrás beber agua cuando termines toda tu comida. 

—Estúpido Víctor —susurró sin pensar.

«¿Dije eso en voz alta?», se preguntó a sí mismo sin siquiera poder creer que había sido capaz de pensar una cosa así.

«¿Dijo eso en voz alta?», se preguntó Víctor pestañeando sorprendido ante el atrevimiento de Yuuri.

—Lo siento, amo —se disculpó apresurado.

—Creo que es mejor que no utilices esto —respondió Víctor con una mirada maliciosa y una sonrisa en su rostro mientras tomaba los cubiertos de Yuuri y los alejaba de él.

Yuuri mordió su lengua para evitar que su boca volviera a desconectarse de su cerebro y dijera otra cosa sin pensar, volvió su mirada al tazón de arroz y suspiró, comenzó a comer utilizando sus manos en silencio, divagando en sus pensamientos hasta acabar con su comida. 

Víctor le extendió una servilleta y Yuuri se limpió mientras Víctor le servía un vaso con agua. 

—Iré por el postre —dijo el amo para luego dirigirse a la cocina. Yuuri pensó que debería comer alguna mezcla extraña, pero no fue así. Se sorprendió cuando Víctor puso frente a él un pocillo con fruta picada; frutillas, plátano, durazno, melón, manzana. 

—Gracias, amo. 

—Ve a tu cuarto en cuanto termines de comer —dijo Víctor—, quiero que reflexiones sobre nuestra relación y tu rol como sumiso. 

—Sí, amo…

—Seriamente, Yuuri —interrumpió—. Como amo te exijo dos cosas, obediencia y sinceridad, los últimos días me has negado ambas. No has hablado conmigo con franqueza, escondes tus pensamientos de mí y me negaste la posibilidad de saber que deseabas pasar el día de hoy con tus amigos. En lugar de hablar sobre lo que haríamos hoy y llegar juntos a un acuerdo, decidiste salir sin decir nada, pasando sobre mi autoridad de manera descarada. Quiero que reflexiones y encuentres tu propia respuesta a mis exigencias. 

Yuuri bajó la mirada sin saber cómo responder a eso, sin tener claridad de lo que sentía, confuso entre pensamientos contradictorios y sintiéndose perdido. Por primera vez estaba perdido y eso se sintió angustioso.

Comió la fruta en silencio y luego se puso de pie, aún con algo de dificultad.

—Me retiro, amo. 

Y caminó despacio hasta su cuarto ante la mirada atenta de Víctor, que siguió sus pasos hasta que desapareció de su campo de visión.

(…)

El día domingo Yuuri estuvo silencioso, se levantó temprano y preparó el desayuno, fue diligente en cualquier pedido de Víctor, pero aún así parecía no estar allí, lucía ensimismado, perdido en sus pensamientos. 

Víctor entendía la necesidad de Yuuri de tener espacio para reflexionar y fue respetuoso con su sumiso; sabía que Yuuri estaba cambiando, no era el mismo que llegó a sus manos y, estaba seguro, seguiría creciendo y transformándose a sí mismo. Víctor dedicó ese día a leer y adelantar trabajo en la biblioteca, mientras observaba a Yuuri deambular por el mismo espacio, tomando libros, leyendo un poco, yendo y viniendo. 

El día lunes no fue diferente, aunque se vieron poco ya que Víctor debía ir a su trabajo, Yuuri en cambio decidió faltar a sus clases en la academia y quedarse en casa. Se sentía mentalmente cansado de tanto pensar sin llegar a ninguna conclusión: Por un lado, sentía un profundo rechazo a su identidad de esclavo, recordaba las palabras dichas por Mila y sentía asco de sí mismo al proyectar la imagen de un hombre abusado y violentado. Por otro lado, sentía que abandonar esa identidad haría que el delicado piso por el que caminaba se rompiera y él caería al vacío, a la angustia de lo desconocido: Si no era un esclavo… ¿quién era? 

Las ganas de aferrarse a Víctor y pedirle una respuesta eran intensas, sabía que arrodillarse a sus pies era una manera de escapar de la ansiedad que le generaba el no saber qué hacer con su vida, pero entendía también que no sería para siempre, que la incomodidad que se arremolinaba en su vientre crecería, que ya no bastaría con las respuesta que otro quisiera o pudiera dar. La respuesta debía venir de sí mismo. 

El día martes tenía sesión con Lilia. Llegó más temprano de lo necesario y se quedó en la sala de espera por largo tiempo, esperando que la psiquiatra se desocupara. Estaba de pie, en silencio junto a la ventana, cuando la puerta del despacho de Lilia fue abierta, vio salir a una mujer de cabello castaño que se despedía con una sonrisa. 

Diez minutos más tarde, Lilia lo hizo pasar a su oficina. 

Después de saludarse ninguno de los dos habló. Lilia lo miraba con atención, manteniéndose en silencio, un silencio invitante, atento, el silencio de quien desea escuchar. 

Yuuri por su parte sentía que el silencio lo ahogaba, deseaba romperlo y no sabía cómo, ¿qué hilo tomar? Las opciones eran múltiples.

—Mila me preguntó si mi amo Víctor abusa de mí —dijo al fin—. Me enojé mucho cuando lo dijo, pero no con ella, conmigo mismo por proyectar esa imagen. La imagen de lo que aún soy, esa parte de mí de la que no me puedo desprender. 

—Tu pasado.

—Un pasado que retengo. —Yuuri levantó la mirada y observó los ojos verdes de Lilia, severos y cálidos en partes iguales—. ¿Por qué me entregó al amo Víctor?

—Creo que sería mejor preguntar: ¿De qué ha servido tener un amo como Víctor?

—Me liberé de un amo malvado, ahora solo escucho la voz de Víctor.

—¿Y qué dice Víctor?

—Que mi voluntad importa, que mis deseos importan. 

—¿Y qué es lo que deseas, Yuuri?

—Deseo… Deseo escuchar mi propia voz. —Los ojos de Yuuri se llenaron de lágrimas mientras desviaba la mirada—. Deseo escoger, equivocarme, aprender. Deseo conocerme lo suficiente como para entender si el deseo de arrodillarme ante Víctor es genuino o solo una reminiscencia de mi pasado. Deseo dejar de depender de otra persona y saber quién soy… quién quiero ser y qué es lo que quiero para mí. 

—¿Tienes alguna idea de cómo conseguirlo?

—Sí.

—Entonces, ¿qué estás esperando? No necesitas el permiso de nadie.

Yuuri secó las lágrimas que mojaban sus mejillas y esbozó una sonrisa suave; sabía que las palabras de Lilia eran ciertas. 

(…)

En cuanto Víctor entró a su casa se vio invadido de un delicioso aroma a comida que venía desde la cocina, apresuradamente se dirigió hasta la fuente de tan agradable olor para encontrarse allí con un apacible Yuuri, totalmente inmerso en la tarea de cocinar. Víctor lo miró, lo admiró, se veía precioso con sus pantalones celestes ajustados y su camisa blanca con los puños arremangados, el delantal de cocina con un cerdito bordado en el pecho lo hacía lucir adorable.

—Estoy en casa, Yuuri —dijo Víctor apoyado en el marco de la puerta.

Yuuri desvió los ojos hasta encontrarse con los de Víctor y Víctor sintió una calidez profunda proveniente de esos ojos color chocolate.

—Bienvenido, amo Víctor —respondió con una sonrisa suave—, estoy cocinando Katsudon.

—¿Katsudon?

—Sí, hace un tiempo me lo dio a probar una compañera de la academia, Yuko, y me gustó tanto que quise prepararlo para comerlo junto a usted. 

—Huele delicioso. 

—Pronto estará listo.

—Iré a ponerme algo más cómodo mientras tanto. 

Víctor salió de la cocina y subió las escaleras sintiendo un extraño vacío en el estómago y un puño apretando su corazón. Los días anteriores Yuuri lucía intranquilo, ensimismado y pensativo, ahora lo había visto demasiado sereno, como nunca antes lo había estado, y eso solo podía significar que tenía una respuesta a sus palabras. Y aunque una parte de Víctor estaba feliz por ser el testigo privilegiado del crecimiento de Yuuri, un rincón de su alma estaba asustada. 

Después de quitarse el traje y ponerse una camiseta y un pantalón holgado, Víctor bajó nuevamente, los platos ya estaban servidos sobre la mesa del comedor y Yuuri de pie con una bolsa en sus manos.

—Amo, le tengo un regalo —dijo Yuuri extendiendo la bolsa que sostenía. Víctor la tomó y la abrió, sacando de allí una hermosa bufanda gris con un poco de rosa—. Mila me enseñó a tejer, no es perfecta, pero es lo primero que he tejido… bueno, lo primero que no se arruina totalmente. 

—Es hermosa, Yuuri —contestó Víctor sonriendo ampliamente y abrazado con fuerza a Yuuri—, muchas gracias. 

Yuuri devolvió el abrazo y se quedaron allí por un largo momento.

—El Katsudon se enfriará —dijo Yuuri separándose de Víctor.

—Es cierto, muero de ganas por probarlo —respondió poniendo la bufanda dentro de la bolsa y dejándola sobre una de las sillas desocupadas. 

La cena fue agradable, Yuuri le comentó sobre un nuevo libro que había comenzado a leer y Víctor habló sobre su día de trabajo, disfrutaron la comida y Víctor le dijo que realmente era una comida digna de los dioses. Ambos rieron y por esos minutos todo pareció estar bien: un momento perfecto. Pero Víctor sabía que había algo más y no quería hacerle las cosas difíciles a Yuuri.

—Creo que has llegado a alguna conclusión sobre lo que pedí que reflexionaras —dijo Víctor cuando ya habían acabado de comer. 

—Sí. —Yuuri bajo la mirada por unos breves segundos, pero luego la levantó y buscó los ojos de Víctor—. Yo estoy muy agradecido por lo que ha hecho por mí, gracias a que aceptó ser mi amo yo pude liberarme de… —La voz de Yuuri flaqueó por un momento, pero luego tomó aire y volvió a hablar con determinación—. Víctor, ahora debo buscar mi propio camino, gracias por todo, pero, deseo romper el contrato de sumisión. 

—Entiendo —dijo Víctor con una mirada amable—, podemos quemarlo o meterlo a la trituradora de papel —sugirió haciendo sonreír a Yuuri. 

—Hablé con Chris, él me contratará para trabajar en la academia —dijo Yuuri—, la chica de la recepción pronto se irá con baja maternal y me enseñará el trabajo para reemplazarla.

—Es un buen lugar para que sea tu primer empleo.

—Sí, las personas son amables y el ambiente es grato. 

—Y podrás seguir bailando… si es lo que quieres. 

—También, también me mudaré, yo…

—Yuuri, aunque el contrato se rompa tú eres importante para mí y esta casa sigue siendo tu casa, podemos… ser amigos. 

—Víctor, agradezco mucho tu ofrecimiento, pero necesito alejarme de ti. —Yuuri tomó la mano que Víctor tenía sobre la mesa—. Me cuesta dejar de llamarte amo, me cuesta dejar de sentirme tu esclavo, creo… Creo que la única manera de saber si deseo adoptar la sumisión como parte de mi identidad es alejarme de ti. Después, cuando logré tener claridad sobre lo que deseo, podré elegir la manera en que quiero tenerte en mi vida. Tal vez vuelva a pedirte que seas mi amo, tal vez acepte tu ofrecimiento de ser amigos… no lo sé. Solo sé que hoy necesito distancia, para conocerme y para poner en orden todos los sentimientos confusos que tengo.

—Entre esos sentimientos, ¿sientes rabia hacia mí? —Yuuri se sorprendió ante la pregunta y pareció considerarlo—. Perdóname, Yuuri; si hice algo de lo que te arrepientas, si sientes que aproveché tu estado vulnerable para obligarte a alguna cosa, yo…

—Víctor. —Yuuri llevó sus dedos sobre los labios del dominante—. Sé que para ti tampoco fue fácil que Lilia te pidiera tomarme como tu esclavo, entiendo que fue complejo saber hasta dónde llegar y cómo actuar con alguien que ni siquiera sabía lo que quería, a decir verdad todavía no lo sé. —Yuuri se puso de pie y caminó hacia Víctor—. Me diste lo único que podía desear en ese momento, lo único que existía para mí: un amo. Pero me diste más que eso, fuiste el primero que me dio un beso cálido, el primero que me acarició con ternura, el primero que quiso escuchar qué cosas me causaban terror. Me hiciste sentir apreciado, valorado y respetado más allá de mi rol como sumiso, es por eso que hoy puedo decir todo esto. 

—Eres un hombre muy fuerte, Yuuri, te admiro mucho y te extrañaré —respondió Víctor acariciando las mejillas de Yuuri—. Si me necesitas siempre estaré para ti y esta casa siempre tendrá las puertas abiertas para recibirte.

—Gracias por todo.

Víctor se puso de pie y abrazó a Yuuri, un abrazo que fue plenamente correspondido y que se extendió por un largo momento. Para ambos era difícil decir adiós.

Víctor y Yuuri por @sharayanime

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