V (Antes del alba)


Víctor se encontraba bebiendo whisky en la mesa de un bar bastante sofisticado. El ambiente era íntimo, agradable, la música sonaba suave entre los acordes de jazz y blues que se sucedían uno a otro. 

De pronto, unas manos se posaron en sus hombros y luego recibió un sonoro beso en la mejilla.

—Buenas noches, amo Víctor —el susurro en su oído fue sensual y aterciopelado, Víctor sonrió.

—Déjate de bobadas, Chris. 

—Que aburrido, y yo pensé que podríamos jugar un poco. 

—No te llamé para eso —respondió haciendo un puchero.

—Lo sé, no me habrías citado aquí —dijo Chris poniéndose algo más serio y sentándose frente a Víctor, llamó al mesero y pidió también un whisky—. ¿Qué tienes para contarme?

—Firmé un contrato de esclavitud —soltó Víctor en cuanto volvieron a quedarse a solas.

—Dios mío, eso sí que no me lo esperaba —respondió Chris mirándolo boquiabierto—, ¿estás hablando en serio?

—Totalmente.

—¿Esclavitud? ¿24/7? ¿De la noche a la mañana? ¿Estás loco? 

—Últimamente he comenzado a pensar que sí, tal vez un poco —aceptó. 

—Pensé que te bastaba la sumisión en sesiones delimitadas. —Christophe bebió de un trago el contenido del vaso que el mesero recién le había llevado—. La verdad es que una relación 24/7 me da repelús… pero bueno, yo soy demasiado independiente pese a mis deseos de sumisión sexual. Supongo que a otros les viene bien someterse en otros ámbitos de su vida. 

—Por eso mismo te he llamado, quiero pedirte que conozcas a mi esclavo y le enseñes algunas cosas de tu rol como sumiso.

—¿Qué le enseñe cosas? —Chris lo miró con picardía mientras alzaba una ceja—, ¿quieres que le enseñe mi fabulosa técnica para mamar penes? 

—¡Chris! Estoy hablando en serio.

—Yo también, debes admitir que mi técnica es fabulosa la última vez te corriste en menos de cinco minutos. 

—No lo recuerdo, lo que sí recuerdo muy claramente son todas las veces que he tenido que castigarte por correrte antes de lo permitido. 

—Bien que te gusta hacerlo.

—Ya, mejor escúchame. Lo que tengo que contarte es serio. 

—¡Claro que lo es! ¿Esclavitud? Por Dios, Víctor.

—Conservé límites y palabra de seguridad —aclaró—. Ahora deja que te cuente, necesito hablarlo con alguien que también se mueva en ese mundo.

—Está bien, cuéntame en qué diablos te has metido. 

Después de pedir más whisky, Víctor comenzó a relatarle la historia de Yuuri y como se había involucrado con él. Chris escuchó atentamente, sin emitir ninguna clase de comentario hasta que Víctor terminó con su relato. Al terminar, Víctor miró a su amigo, esperando por sus palabras.

—No sé qué diablos decir —dijo Chris conmocionado—. Lo que ha vivido ese pobre chico es… no me lo puedo ni imaginar.

—Chris, su cuerpo está lleno de marcas hechas con verdadera crueldad. —Víctor pasó su mano por su rostro, levantando el flequillo que cubría sus ojos—.  Sabes que yo también he provocado marcas permanentes en masoquistas dispuestos a recibirlas, y me gusta hacerlo, siento placer al ver el dolor reflejado en el rostro de los hombres con lo que puedo cumplir ese tipo de fantasías, pero las marcas de Yuuri están hechas sin ningún tipo de cuidado… Chris, si vieras su cuerpo te darías cuenta de que él podría haber muerto por daño en sus órganos internos, y que seguramente sus huesos fueron fracturados en más de una ocasión. 

—Víctor, creo que te has metido en algo muy delicado, realmente no quisiera estar en tus zapatos —afirmó Chris con seriedad—, pero eres un excelente dominante y seguramente la experiencia que ese chico viva contigo le ayudará a establecer las diferencias entre el abuso que vivió y el respeto por la sumisión que tú sientes. 

—No sé exactamente cómo debo comportarme con él…

—Cómo su amo —respondió con sencillez—. Si Yuuri necesita un amo, dáselo, él mismo establecerá las diferencias entre tú y el malnacido que lo mantuvo cautivo. Si entiendo lo que su psiquiatra quiere lograr, creo que es trabajo de Yuuri comenzar a tomar el control que tú le ofreces sobre sus límites, es su trabajo encontrar sus propios deseos. Encontrar su voluntad dentro de la sumisión; para seguir en ella o para rechazarla. 

—Confieso que me gustaría que la abrazara… Chris, es tan hermoso verlo arrodillado y sumiso, esperando por mis órdenes. Pero también es terriblemente doloroso saber que no lo está haciendo libremente, que no lo escogió. —Víctor miró a su amigo con seriedad—. Deseo que lo escoja, Chris, deseo que su voluntad sea besar mis pies y entregarse dócilmente a mi dominio. Ya sueño con su rostro deformado de dolor y placer mientras ruega por más, maldición, quisiera borrar todas esas marcas de su piel para tatuar su cuerpo con las mías. 

—Ten cuidado, querido, no se vayan a descontrolar las fantasías del amo Víctor. Eso es muy peligroso cuando tienes un sumiso tan dispuesto y sin claridad sobre sus límites y deseos. 

—¿Qué clase de dominante sería si no me puedo dominar a mí mismo, Chris?

(…)

Víctor llegó a su casa ya en la madrugada, no esperaba encontrar a Yuuri en la sala, pero la imagen de su sumiso dormido en el sofá lo hizo sonreír.  

—Yuuri —dijo moviéndolo con suavidad. 

—A-amo —pronunció mientras batía los párpados y enfocaba su mirada en Víctor—, lo siento, me dormí mientras lo esperaba.

—Te dije que no era necesario esperar por mí.

—Lo siento, yo… solo quería saber si iba a necesitar alguna cosa. 

—Pues, necesito dormir, ya es bastante tarde. —Víctor tomó a Yuuri entre sus brazos—. Subamos. 

Yuuri, adormilado, apoyó su cabeza en cerca del cuello de de su amo y sonrió. Había descubierto que ser tomado en sus brazos era una de sus cosas favoritas en el mundo. 

(…)

Al día siguiente, Yuuri despertó a las nueve de la mañana, se levantó y bajó a preparar el desayuno, cuando estuvo listo subió a despertar a su amo, tocó a la puerta y esperó la respuesta antes de asomarse a decir que ya podía bajar a comer. 

Víctor se veía algo adormilado mientras terminaba su desayuno.

—¿Estuvo mal que lo despertara, amo? —preguntó Yuuri preocupado. 

—No, está bien. Solo tengo tres semanas de vacaciones así que no puedo desordenarme en mis hábitos de sueño. 

—Después, yo estaré solo durante el día —susurró con desánimo.

—No puedo quedarme en casa.

—Lo sé, no es una queja, amo. 

—Pero tampoco tienes que estar encerrado. Además, debes seguir tu tratamiento y te he inscrito en una academia de baile. 

—¿Baile?

—Sí, un buen amigo mío es profesor de danza y tiene una academia, pasarás tiempo con él. Te enseñará muchas cosas. 

Yuuri comenzó a temblar mientras se abrazaba a sí mismo.

—¿Qué ocurre, Yuuri?

—El amo dijo que solo estaría con él —susurró Yuuri, más para sí que como una respuesta a Víctor—. Solo con él, solo con él…

—Yuuri, mírame —ordenó. Los ojos asustados del sumiso se clavaron en los suyos—. ¿Qué estás pensando?

—Y-yo…

—Responde, Yuuri.

—Amo, usted dijo que no estaría con nadie más.

—No pediré que complazcas sexualmente a nadie más, eso quedó claro, Chris es un amigo que será tu profesor de danza y te enseñará algunas cosas sobre tu rol como sumiso. 

«Si te portas bien no te lastimaré» —mentira.

«¿Qué estás esperando para abrir esa sucia boca? Tienes que satisfacer a los amigos de tu amo» —no quiero.

«Haces todo mal, mereces que deje que cualquiera te use, como la puta que eres» —por favor, no.

—El amo nunca decía la verdad, el amo mentía y decía que todo era culpa mía.

—Yuuri, no te estoy mintiendo. Nosotros hicimos un contrato y fijamos algunos límites.

—El amo mentía, el amo dejará que me usen —se repetía Yuuri, parecía no salir de un trance donde el pasado y el presente se mezclaban—. Debo obedecer al amo, debo obedecer al amo, debo obedecer al amo. 

Víctor se sintió molesto y a la vez impotente. Comprendía lo difícil que era para Yuuri confiar en él y olvidar todo lo que su anterior amo le había enseñado, pero odiaba cuando el sumiso parecía mostrarle que ese hombre inescrupuloso que abusó de él aún tenía poder sobre sus acciones, lo hacía sentir frustrado porque su voz, el tono suave que empleaba al hablar con él, no llegaba al sumiso. Como si una parte de Yuuri quisiera aferrarse a su antigua vida y sentirse atado a ese hombre; un amo omnipresente que aún podía someterlo y castigarlo. 

Víctor comenzaba a pensar que hablar con él no era la estrategia adecuada, que primero debía imponerse como su nuevo amo, desplazando al anterior, relegándolo.

—Silencio, Yuuri —ordenó. Su voz sonó más severa de lo que imaginó y Yuuri quedó congelado, sometido a sus palabra. Tembló al observar la molestia en el rostro de su amo y sintió miedo—. Ponte de pie y camina hacia la sala. Arrodíllate y espera. —Yuuri obedeció rápidamente, como un muñeco programado para la sumisión inmediata cuando su amo retiraba de su lenguaje todo atisbo de ternura y solo quedaban sus palabras desnudas, secas e inflexibles.

Víctor esperó un momento; suspiró, se levantó de su asiento en el comedor y con lentitud caminó hacia la sala de su casa, Yuuri ya se encontraba arrodillado, completamente quieto como la vez que lo había sorprendido en la consulta de Lilia. Con calma se acercó al esclavo, se inclinó y puso su mano en la parte trasera de su cuello, empujando con suavidad hacia el suelo, hasta que la frente de Yuuri tocó la fibra cálida de la alfombra.

—Levanta las caderas. —Su orden fue acatada inmediatamente. Víctor llevó sus manos a la pretina del pantalón que Yuuri llevaba puesto y lo bajó, dejando sus nalgas expuestas y vulnerables—. Cuenta en voz alta —fue la última orden antes de comenzar a azotar la piel desnuda con sus frías manos. 

Golpeó fuerte mientras escuchaba la voz trémula de Yuuri contar entre sollozos, sus manos se calentaron y escocieron cuando el sumiso llegó al número cinco. 

—¿Quién es tu amo? —preguntó demandante.

—Usted, usted es mi amo —respondió sin poder controlar el temblor de su cuerpo al intentar contener los hipidos.  

—Sí, yo soy tu amo, tu único amo —dos fuertes azotes siguieron a sus palabras.

—Perdón amo, perdón —suplicó mientras las lágrimas caían por sus mejillas.

—No quiero que vuelvas a actuar como si otro fuera tu amo, no quiero que vuelvas a respetar las reglas de otro amo, no quiero que vuelvas a pensar que actuaré como otro amo —ordenó para dar los últimos tres azotes. 

—Lo siento, lo siento… amo… mi amo, mi único amo. 

Las lágrimas de Yuuri le impedían seguir disculpándose, aunque lo intentaba y palabras inconexas salían de su boca. Víctor respiró profundamente, el castigo había terminado. 

—Tranquilo, tranquilo cariño, ya pasó —dijo ahora con suavidad, recuperando los matices cálidos al hablar mientras llevaba el rostro de Yuuri a su regazo, acarició su cabello y secó sus lágrimas.

—Perdón, amo, lo siento —repitió aferrándose a sus brazos.

—Has soportado tu castigo, ya no hay nada que perdonar. 

—¿No está enojado?

—No, cariño. Ahora cuidaré de ti. 

Víctor se levantó tomando a Yuuri entre sus brazos, lo puso boca abajo en el sofá de la sala y luego comenzó a frotar las mejillas de sus nalgas.

—Iré por una crema refrescante y analgésica, vuelvo enseguida. 

Víctor fue al segundo piso, buscó entre sus cosas y bajó rápidamente, la piel de Yuuri estaba caliente y enrojecida, había sido un castigo fuerte aunque solo utilizara sus manos. 

—¿Comprendes por qué te castigué, Yuuri? —preguntó Víctor mientras masajeaba con cuidado la piel lastimada. 

—Porque creí que me estaba mintiendo —respondió—. No quise pensar eso, pero recuerdo a mi antiguo amo diciendo esas cosas y me confundo. 

—Sé que es difícil, Yuuri, pero ahora yo soy tu amo, debes escucharme a mí, no a la voz en tus recuerdos. 

—¿Amo, cree que Lilia me puede ayudar con esto? 

—Sí, ella es una buena psiquiatra, si confías en ella y la dejas, podrá guiarte para que encuentres la manera de superar lo que viviste. 

—¿Puedo hablar con ella de lo que hacemos?, ¿puedo contarle lo que me hizo mi antiguo amo?

—Sí, Yuuri. Puedes hablar con ella de lo que tu quieras. 

—Lo intentaré, amo.

—Cariño, ¿duele mucho?

—Duele… —Yuuri pareció pensarlo, no estaba seguro de qué responder, dolía, dolía bastante, pero él había sentido dolores más fuertes, dolores inaguantables que parecían licuar su cuerpo, romperlo, quemarlo—. Solo duele —dijo al final.

—Quiero que me ayudes a saber cuál es tu tolerancia al dolor, no quiero hacerte sentir algo insoportable.

—Yo le diré como me siento, amo.

—Eso está muy bien. —Víctor sonrió sin dejar de atender la zona coloreada. 

—Amo…

—¿Sí?

—Muchas gracias por el castigo y por cuidar de mí ahora.

3 comentarios sobre “V (Antes del alba)

  1. Ojalá que lilia lo ayude a superar todo.
    Me da miedo que cris entrene a yuuri jajajaja
    También me di cuenta que a usted autora le encanta que victor y cris sean cómplices en el sexo jajajja siempre juntos como amigos experimentado las diferentes formas del sexo

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