IV (Antes del alba)


Para el desayuno, Yuuri preparó hot cakes de plátano con miel, zumo de naranja y café. 

—Te ha quedado delicioso —elogió Víctor.

—Gracias, amo —respondió con una suave sonrisa—, ¿quiere alguna otra cosa? 

—No, así está perfecto. 

Comieron en silencio y luego Yuuri recogió y lavó la loza utilizada, Víctor entonces fue a buscar su notebook y algunos papeles. 

—Yuuri, discutiremos los términos de nuestro contrato —dijo cuando el menor volvió al comedor.

—¿Contrato? —preguntó extrañado.

—Sí, firmaremos un contrato en el que escribiremos los términos de nuestra relación.

—No entiendo a qué se refiere, yo soy suyo. 

—Sí, pero en el mundo en que yo me muevo, la sumisión debe ser regulada. Eres mi sumiso, o esclavo, pero no puedo hacer lo quiera contigo.

—¿Por qué no?

—Porque también me importa lo que tú desees. Por ejemplo, cuando visitamos la sala de juegos me di cuenta que no te agradaría ser encerrado en una jaula, ¿no es verdad?

—Pero si el amo quiere, yo…

—No, Yuuri. —Víctor se acercó al sumiso y tomó sus manos—. Mi principal deseo es que tú estés bien, por eso, tengo que saber qué cosas no debo hacer contigo.

—Pero usted es el amo, el amo decide.

—Sí, es cierto que decidiré sobre lo que hagamos y que deseo sumisión, entrega y obediencia. También es verdad que siento placer al causar dolor y tener el control sobre otra persona; es una parte de mí que acepto y comprendo, pero respeto los límites de las demás personas porque aunque me agrade causar cierto grado de daño, no quiero lastimar seriamente a alguien, quiero que la experiencia sea satisfactoria para ambas partes. Yo soy el amo y tú mi esclavo, pero antes que eso, ambos somos seres humanos. 

—Ambos somos seres humanos.

—Así es, por eso quiero saber qué cosas no quieres que hagamos. Yo respetaré lo que me digas. También hay cosas que yo no quiero hacer, por ejemplo, no me agrada para nada la coprofilia, esa práctica me parece absolutamente asquerosa y si hay algo que cuido en los juegos es la higiene.

—Yo…

—Vamos, Yuuri. No debes preocuparte por lo que yo piense al respecto, todos tenemos límites que deben ser respetados. 

Víctor guió a Yuuri hacia su computador y le mostró el contrato que estaba redactando, le señaló sus límites y le mostró que había puesto ya uno en los límites de Yuuri.

—No se utilizará el encierro en lugares pequeños o jaulas, ni para la exhibición del sumiso, ni por el placer del amo, ni como forma de castigo —leyó Víctor—. ¿Qué otra cosa quieres que agregue aquí? 

—Sangre… no quiero que haya sangre —contestó Yuuri estremeciéndose. 

—No habrá sangre. —La promesa de Víctor se vio reflejada en sus ojos azules. 

Yuuri sabía leer, pero no del todo bien. Fue encerrado desde muy pequeño en un lugar donde no tenía acceso a libros y si bien en el último tiempo había logrado volver a leer, aún le costaba. Víctor leyó paciente y explicó todo lo que allí decía, desde la palabra de seguridad, hasta las responsabilidades domésticas. 

—En público seguirás dirigiéndote a mí de manera respetuosa, pero no me llamarás amo, usarás mi nombre —dijo Víctor mientras seguían revisando el documento.

—No puedo hacer eso, usted es mi amo —contestó Yuuri nervioso.

—Claro que puedes, además es una orden. No todo el mundo comprende lo que es una relación D/s y no es necesario que todos sepan que soy tu amo. 

—P-pero…

—Di mi nombre, Yuuri… anda, llámame Víctor. 

—Amo Víctor.

—Ahora sin el amo.

—V-víctor.

—De nuevo.

—Víctor. 

—¿Ves? No es tan difícil. 

Víctor sonrió, le había gustado mucho como sonaba su nombre en boca de Yuuri.

—Yuuri, es importante también que hablemos específicamente de prácticas sexuales. Aquí es muy importante que nos comuniquemos correctamente porque no quiero que hagas algo que te cause sufrimiento o rechazo solo para complacerme. —Víctor miró a Yuuri con seriedad, sabiendo que estaba entrando en un terreno peligroso, no quería transgredir la voluntad de Yuuri y sentía que debía actuar con mucho cuidado—. Podemos mantener una relación D/s sin sexo, en la que exploremos diferentes juegos de dominación y dolor sin tener que realizar prácticas sexuales. Por mi parte, puedo satisfacer mis deseos de dominación de ese modo; azotes, bondage, cera caliente, hielo…

«Lo que me gusta de ti son tus agujeros, cuando ya no me den placer podrás servir de alimento para los perros».

—¿No le gusto? —interrumpió Yuuri con angustia y miedo colándose en su voz—. No soy suficiente, mi cuerpo es horrible y está lleno de las marcas de otro amo. Me abandonará, ¿verdad? Cuando encuentre un esclavo lindo, cuando encuentre uno que no esté tan usado como yo… 

La voz de Yuuri se quebró, su cuerpo temblaba, las lágrimas corrían sin parar y aunque intentaba no emitir ningún ruido, los sollozos rompían la prisión de sus labios con fuerza. 

—Cariño, no… 

Víctor sentó a Yuuri en su regazo y comenzó a acariciar su espalda mientras besaba su cabello.

—Yuuri, tú eres hermoso y me gustas mucho. Pero sé que te han obligado a hacer cosas que realmente no querías y yo no quiero que pases por algo así otra vez. 

—El amo decía que eso no importaba, que era la puta que debía hacer lo que él decía y con quienes él quisiera. Dijo que cuando no sirviera para eso me tiraría a la calle porque ya nadie me querría. 

—Eso es mentira, Yuuri. 

—Por favor, amo, es lo único para lo que sirvo.

—No es así, Yuuri…

—Se lo ruego, amo, por favor, no me rechace. —Las lágrimas corrían por las mejillas de Yuuri—. No me rechace, lo haré bien, por favor, solo sirvo para eso, el amo decía…

—Yuuri. —La voz de Víctor no se elevó pero su tono de advertencia hizo callar a Yuuri—. Tu único amo soy yo y no me gusta que menciones a otro amo en mi presencia, tampoco me gusta que desafíes mi autoridad.

—Lo siento, amo.

Víctor miró a Yuuri, el sumiso se mantenía quieto y con la vista baja mientras intentaba acallar los sollozos que se escapaban por sus labios apretados. Víctor pensó en lo que Yuuri le había dicho, si se negaba a tomarlo como sumiso en todos los aspectos de su vida tal vez nunca podría mostrarle que las palabras del su anterior amo eran mentiras, pero se sentía asqueado con la idea de abusar de su posición para obtener gratificación sexual, ¿podría encontrar un punto medio?

—Iremos poco a poco —resolvió—, pero debes prometer que si algo no te gusta me lo dirás inmediatamente y que utilizarás tu palabra de seguridad si no quieres continuar. Si hay alguna práctica sexual que odies por favor dímelo. 

—No lo sé… yo me acostumbré a lo que me hacían. —Yuuri miró sus manos y arrugó el entrecejo mientras meditaba—. No sé si odio lo que hicieron o a quienes lo hicieron. Estos meses he visto películas donde parece bonito y leí que a la mayoría de las personas les gusta. Cuando él… —Yuuri recordó las palabras de Víctor y guardó silencio.

—Puedes decirlo, necesito saber —dijo Víctor al comprender el silencio de Yuuri.

—Cuando él estaba contento y me preparaba podía sentir algo agradable, pero eso era muy extraño, la mayoría del tiempo no le importaba, a veces dolía y otras ya no sentía nada. Él también me usaba para complacer a sus amigos y eso sí dolía mucho, casi siempre eran violentos y estaban borrachos. No les importaba cómo me sintiera. 

—Yuuri, tú me gustas y me importa mucho la manera en que te sientas, por eso no quiero obligarte. —Víctor tomó el rostro de Yuuri entre sus manos y lo miró a los ojos—. Quiero que me escuches con atención y lo recuerdes siempre: si llegara a dañarte de algún modo nunca me lo perdonaría. 

—P-pero… yo quiero, yo quiero complacerlo, amo. 

—Necesito que seas siempre honesto conmigo y con lo que sientes, esa es la única manera que tengo para asegurar tu bienestar, tanto físico como emocional. Solo si me prometes que nunca me mentirás y que utilizarás la palabra de seguridad cuando lo necesites podré tomarte completamente como mi esclavo.

—Lo prometo, amo, lo prometo. 

—Entonces te pregunto nuevamente, ¿hay alguna práctica sexual que no quieras intentar?

—Y-yo… mi amo me compartía, yo tenía que tener sexo con varias personas en una noche y eso no me gusta. 

—No estarás con nadie más, solo yo. 

—E-entonces… ¿me tomará? Y-yo quiero complacerlo, amo, por favor… 

—No hemos escogido tu palabra de seguridad, ¿recuerdas que te dije de ella?

—Debo usarla si no puedo seguir. 

—¿Cuál debería ser esa palabra?, ¿tienes alguna en mente?

—Negro. 

(…)

Víctor estaba sentado al borde de su cama y Yuuri de pie frente a él, después de la conversación que tuvieron al firmar el contrato, Víctor decidió empezar a realizar pequeños avances en todo ámbito con Yuuri, para comenzar a probar las reacciones del sumiso, atento a lo que él decía incluso cuando no era sin palabras. 

—Desnúdate para mí, Yuuri —ordenó queriendo comprobar el estado de Yuuri, había oído de Lilia que fue lastimado de múltiples maneras, pero su rostro estaba intacto y siempre vestía ropa que lo tapaban completamente aunque la temperatura a la que estaban permitían ropas más ligeras y cortas.

—Sí, amo. 

Yuuri quitó las ropas que lo cubrían y dejó su cuerpo expuesto por primera vez ante la mirada de Víctor. Apretó la mandíbula al ver las marcas que atravesaban la piel del sumiso; sus brazos, sus espalda, sus piernas, su cuerpo entero. Lo examinó detenidamente y se encontró con latigazos que fueron dados sin ningún tipo de cuidado, con cigarrillos que fueron apagados en su piel e incluso con cortes que parecían ser hechos con precisión y alevosía. Víctor comprendió que el sufrimiento que había experimentado Yuuri estaba más allá de su imaginación y sintió el deseo profundo de mostrarle un dolor diferente, un dolor que lo hiciera experimentar el éxtasis y sumergirse en placer.

Sin embargo, a Víctor también le costaba entender cómo alguien que había pasado por tanto sufrimiento fuera capaz de rendirse a las manos de otro: tal vez era la única salida que encontró alguien que no ha experimentado más que once años de cautiverio. De todas maneras, Víctor estaba dispuesto a mostrarle también el placer de la sumisión y la belleza que había en él pese a las marcas en su piel. 

Víctor acarició el rostro de Yuuri y luego lo sentó sobre sus piernas mirando hacia delante, las piernas de Yuuri quedaron abiertas, exponiendo su su intimidad al espejo de cuerpo entero que había en la pared que miraba. Víctor llevó sus manos a los pezones pequeños de Yuuri y comenzó a masajearlos y apretarlos hasta que se endurecieron, en ese momento puso en ellos unas pinzas conectadas por una delgada cadena. 

—Levanta la mirada, quiero ver tu rostro reflejado en el espejo —ordenó Víctor mientras pegaba la espalda del menor contra su cuerpo—. Eres hermoso, Yuuri. 

Las manos de Víctor acariciaban la piel de su esclavo; sus brazos, su torso, su cintura. Luego bajaron a sus caderas y lentamente llegaron a sus muslos. No había prisa, y Víctor se deleitaba con el erizamiento de los vellos de Yuuri, también con su respiración que se volvía cada vez más sonora. 

—¿Te gusta como te toco, Yuuri?

—Sí, amo —respondió el esclavo en medio de suspiros que distorsionaban su voz. 

—Ahora quiero que te masturbes, Yuuri —ordenó.

Las manos de Yuuri alcanzaron su entrepierna con timidez, un sonrojo cubrió su piel cuando sus dedos alcanzaron su pene y de manera lenta comenzó a acariciarse. 

—Tócate, Yuuri, quiero que te des mucho placer. —Los movimientos del sumiso comenzaron a ser más certeros mientras oía las órdenes de Víctor que lo guiaban y le indicaban cómo tocar. 

—Amo… —gimió Yuuri mientras su cuerpo comenzó a temblar, el orgasmo comenzaba a formarse en su vientre y provocaba que sus piernas se tensaran mientras su boca se abría buscando el aire que perdía entre jadeos. 

—Detenté —ordenó el amo. La sensación cesó dejando al sumiso con una sensación de insatisfacción justo antes de lograr el placer de romperse en sus propias manos. 

—Amo, por favor… —rogó Yuuri removiendose en sus regazo.

—¿Acaso pretendes darme una orden? —preguntó Víctor con diversión en su voz.

—N-no, yo… lo siento…

Víctor rio suavemente mientras abría una de las pinzas, liberando el pezón derecho y escuchando con gusto el grito dolorido de Yuuri, para después masajear la piel oscura del pequeño botón lastimado. 

—Si tus gritos siguen siendo así de excitantes, querré provocarlos en todo momento. —Las manos de Víctor acariciaban suavemente la cintura de Yuuri—. ¿Quieres seguir, Yuuri?

—Sí, amo, por favor.

—Súplica, Yuuri. 

—Por favor, se lo suplico, amo. 

—¿Qué quieres, Yuuri?

—Tocarme, por favor.

—¿Por qué?

—Se siente bien, amo. 

—Hazlo, muy lento. —Yuuri llevó sus manos a su entrepierna y sus dedos acariciaron su glande. Nuevamente comenzó a temblar por la expectación del orgasmo que se creaba bajo su piel—. Mira tu rostro, Yuuri —dijo indicando el espejo—. Te ves hermoso con esa expresión suplicante, con tu piel enrojecida y tus ojos brillantes. Ruega, Yuuri, solo si ruegas lo suficiente te concederé un orgasmo. 

—Por favor, amo, se lo suplico. —La voz de Yuuri sonaba desesperada y sus manos poco a poco comenzaron a moverse con mayor rapidez.

—Solo cuando yo lo diga puedes tenerlo, Yuuri, tus orgasmos me pertenecen —respondió. 

—Amo, amo, por favor, lo necesito. —El movimiento era frenético y sus gemidos desesperados.

—Aún no, debes obedecer, Yuuri, aún no. 

—Se lo suplico, amo. —Lágrimas comenzaron a escapar de los ojos de Yuuri, hermosas lágrimas que Víctor besó y bebió con ansias. Pero que le mostraban que su sumiso estaba alcanzando su límite, si retenía más tiempo el orgasmo ya no sería algo agradable, y por el momento, Víctor no quería provocarle cosas demasiado displacenteras. 

—Puedes correrte, Yuuri, hazlo —ordenó. 

Yuuri relajó su cuerpo y el orgasmo que retenía en su vientre explotó. Recorrió su cuerpo y lo quebró, patinó por su piel, ardió en sus venas y erupcionó en semen espeso que bañó sus dedos. El amo sonrió y abrió la pinza del pezón izquierdo, agregando una pequeña cuota de dolor al placer explosivo que se derramaba en un grito incontenible, seguido de gemidos, temblores y un cuerpo lánguido que caía exhausto sobre Víctor. 

Víctor acomodó a Yuuri en su regazo, pegándolo a su pecho mientras besaba su frente y acariciaba la piel perlada de sudor.

—A-amo —pronunció Yuuri despacio mientras sus ojos se enfocaban en los de Víctor.

—Limpia tus dedos —ordenó el mayor acercando las manos de Yuuri hasta su boca. 

Yuuri abrió su boca, lamiendo y tragando su propio sabor.

—¿Te gusta como sabes? —preguntó Víctor, Yuuri pareció pensarlo.

—No es desagradable —respondió por fin. Luego suspiró y besó la mano de Víctor—. Gracias, amo. Gracias por permitirme tener placer, nunca había sentido algo así de bueno. —Los orgasmos de Yuuri nunca le pertenecieron y durante el tiempo en libertad había seguido la orden de no tocarse que su anterior amo había impuesto por tantos años—. Gracias por darme un poco de dolor, aprecio que lo haya hecho porque sé que le complace. 

Víctor sonrió y acercó sus labios a los de Yuuri dejando un beso suave.

—Iré a preparar un baño para ti —dijo sobre los labios del menor para luego dejarlo reposar sobre su cama. 

(…)

Víctor se encerró en el baño y comenzó a juntar agua caliente en la bañera, aunque el baño para Yuuri había sido una excusa para poder encargarse de la dureza que tenía entre las piernas. Víctor decidió mantener prácticas sexuales con Yuuri porque no quería aumentar las inseguridades del sumiso, sin embargo, decidió también, solo realizar prácticas que dieran placer sexual a Yuuri, no a sí mismo. Víctor no utilizaría el cuerpo de Yuuri para satisfacerse sexualmente, al menos hasta estar seguro de que el sumiso también lo deseaba. 

Cuando la bañera estuvo lista y su semen se había ido de viaje por las cañerías conectadas al inodoro, Víctor salió del baño, encontrándose con su sumiso sentado en la cama, aún con restos de semen sobre su abdomen. Sonrió y luego lo tomó entre sus brazos para llevarlo dentro del baño y depositarlo en el agua tibia. Un jadeo lleno de gusto escapó de los labios de Yuuri. 

—¿Cómo te sientes, Yuuri? —preguntó Víctor mientras tallaba la piel de su espalda, encontrándose nuevamente con todas las marcas y cicatrices que el menor había acumulado en su cautiverio. Deseaba besarlas una a una y descubrir la manera de limpiar el sufrimiento que aquello había causado en su sumiso. 

—Me siento bien, amo —respondió Yuuri dejándose hacer. 

—¿Te ha gustado lo que hicimos? 

—Mucho. —Yuuri alcanzó las manos de Víctor y las besó—. Gracias, gracias por dejarme disfrutar también, amo. 

—No siempre será así, estás aquí para mi placer, no para el tuyo, ¿recuerdas?

—Lo sé, amo. Yo quiero complacerlo.

—Pero eres un esclavo muy bueno, mereces disfrutar también. —Víctor sonrió—. Seré generoso con tu placer si me obedeces y eres siempre honesto conmigo. 

—Seré muy obediente, amo —respondió Yuuri—, seré bueno y seguiré sus reglas. 

Víctor sonrió y se deleitó con la imagen de Yuuri en la bañera, tranquilo y sonrojado en medio del vapor.

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