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Ser parte de una familia (Un mundo feliz)


I. Reencuentro

Estaba desesperado, había llegado el día en que sería puesto en exhibición, como si fuera una mascota o un objeto. No quería. Nos dijeron que estaríamos atados y desnudos hasta que un comprador nos escogiera, eso es denigrante. 

Cuando me pusieron a la fila con los demás Omegas que serían vendidos escapé. No soy estúpido y sé perfectamente que no podré llegar muy lejos, pero quería que me golpearan, le había prometido a Yuuri que no me haría golpear más y estaba cumpliendo esa promesa, pero ahora prefería los golpes antes que esa humillante exposición. Pensé que si me golpeaban no me mostrarían aún, porque mi cuerpo no estaría en perfectas condiciones para servir a esos repugnantes Alfas. 

Comencé a correr sin rumbo establecido por los pasillos de la institución, me alcanzaron a pocos pasos de la oficina de la directora, la horrible Beta de nombre Keiko. 

—¡Sueltenme, sacos de excrementos! —grité enfurecido.

Keiko pidió explicaciones y ellos comenzaron a intercambiar palabras a las que no les estaba prestando mayor atención. Sin embargo, una voz que nunca había oído se impuso por sobre ellos.

—¿Entonces el chico será puesto a la venta? —preguntó, lo miré por primera vez y supe inmediatamente que él era un Alfa. Había algo en su postura, en sus gestos y en su voz que ningún Beta poseía. No sabría explicar bien qué es. 

Intercambió un par de palabras más con Keiko mientras yo me encontraba inmóvil. Tal vez realmente impresionado por el aura de un Alfa, o analizándolo con curiosidad por ser el primero al que veía. 

—El lunes enviaré a mi abogado para que hagan la transacción económica. Sabe que el dinero no es problema así que pida lo crea conveniente. Si el muchacho tiene alguna pertenencia envíela también el lunes, por favor. Ahora tengo prisa por salir de aquí.  —Y así de fácil me compró. 

Sentí la ira subir por mi cuerpo.

—¡No soy un objeto! —grité—. Soy una persona, no mercancía —me sentí humillado, herido, tanto así que la rabia después de explotar en ese grito desesperado desapareció para dar paso a una profunda tristeza, caí de rodillas al suelo y lloré. 

De pronto, sentí las manos del Alfa levantarme del suelo, no dijo nada, simplemente me puso de pie, me tomó de la mano y se marchó llevándome con él. Me demoré unos minutos en reaccionar ya que me encontraba devastado. Cuando al fin logré volver en mí estábamos junto a su automóvil.

—Sube por favor —me dijo, su voz era suave—, te llevaré a casa.

—No quiero —dije seguro—, ya le dije que no soy una cosa, usted no es mi dueño.

—Este no es el lugar adecuado para que lo discutamos. Sube y te prometo que lo hablaremos. 

—Me niego.

—Por favor, sube, si no lo haces…

—¿Me obligará? —interrumpí mirándolo a los ojos— ¿Usará su Voz de Mando y doblegará mi voluntad?

—No, no usaré mi Voz de Alfa para doblegarte, ni a ti ni a ningún Omega —lo miré incrédulo, me sonrió—. Lo que quería decir, es que si no subes pronto Yuuri se preocupará por nuestra tardanza. 

—Yuuri —dije abriendo mis ojos sorprendidos.

—Así es, Yuuri te está esperando en casa. Me ha hablado mucho de ti, Yurio —volvió a sonreír. Sentí algo cálido al escucharlo llamarme Yurio, hace mucho tiempo que nadie me llamaba así—. ¿Subirás? —asentí. 

El viaje en auto fue silencioso. Pero no era un mal silencio, el Alfa se veía alegre y su aura era cálida y tranquila. Supongo que es una buena persona y por eso Yuuri lo convenció de ir a buscarme. Sin embargo, no podía estar del todo calmado, mi primer celo se acercaba y él era un Alfa después de todo. 

Cuando entramos a los jardines de su mansión quedé anonadado, realmente eran hermosos, estacionamos y luego subimos las escalinatas que nos llevaban a la gran puerta de madera que conectaba con el interior. Nos recibió una Beta pelirroja que sonreía alegre, luego nos dirigimos a una sala bastante cálida, con cómodos asientos. Yuuri se puso de pie y dejó un libro que había estado leyendo para extender sus brazos hacia mí, yo estaba feliz de verlo así que me acerqué y lo abracé.

—Yuuri, me alegra tanto que estés bien.

—Tú también estarás bien de ahora en adelante, Yurio —me sonrió. 

En ese momento me di cuenta de que a su lado había un cochecito. Yuuri se acercó y cargó a una pequeña.

—Ella es Sofía, mi hija. Me da mucho gusto poder presentártela —sonrió.

—Es hermosa, ¿es una Alfa? —pregunté.

—No —respondió Yuuri—, es Omega, como nosotros—. Mi rostro se ensombreció. Yuuri tomó mi mano y dijo—: No te preocupes, Sofía estará bien, su padre la ama. 

—Eso es cierto —dijo el Alfa que había estado mirando a cierta distancia, se acercó y besó con cariño el cabello de Yuuri, luego extendió los brazos y recibió a la pequeña, le sonrió y dijo—. Amó a Sofía y la cuidaré por siempre. También cuidaré de mi Yuuri y de ti, Yurio —dijo mirándome. Su mirada era dulce, yo nunca imaginé que un Alfa pudiera mirar de esa manera. 

—He tenido mucha suerte —dijo Yuuri al notar mi desconcierto— y tú también —me sonrió.

II. Amarte como un padre. 

Yuuri me invitó a caminar por los jardines, a solas, y me contó muchas cosas. Me dijo que Víctor siempre había sido amable con él, y que de a poco fue asimilando que sus ideas con respecto a los Omegas eran erradas. Me dijo que tiene muy buen carácter por lo que es sencillo hablar con él, por esa razón pudieron conocerse y comenzar a respetarse como seres humanos y como pareja. Me mostró su marca, me dijo que él aceptó llevarla y está feliz de tenerla porque siente los sentimientos cálidos y la sinceridad de Víctor. 

Me contó que lee mucha literatura y libros de historia. También me habló de patinaje artístico. Quedé muy intrigado con eso así que volvimos a casa y me mostró unos videos donde aparecía Víctor.

—Es increíble —dije realmente encantado—, me gustaría mucho poder hacer algo así. 

—Víctor podría enseñarte. Me dio algunas clases antes del embarazo y planeo retomarlas en cuanto pueda hacer ejercicio.

—Yuuri… yo… sé que él ha sido bueno contigo y es amable y todo eso, pero es Alfa y yo… hoy iban a enviarme a exhibición porque mi celo se aproxima —temblé al sólo recordar aquello—. Tengo miedo de mi celo, tengo miedo de que él esté cerca. 

—No te aflijas, Víctor no te trajo con esas intenciones. Él realmente quiere cuidar de tí. 

—Aunque sea cierto, durante el celo su parte Alfa podría imponerse y yo no podría oponer resistencia. 

—Eso no pasará. Estoy aquí y cuidaré de tí esos días. Víctor no hará nada, y si en algún momento siente peligro se irá. 

—¿Lo juras?

—Lo juro —sonrió. 

En ese momento la chica pelirroja llegó para decirnos que la cena estaba servida. En el comedor estaba Víctor con Sofía en sus brazos. La dejó en el cochecito y se sentó en la cabecera de la mesa, Yuuri se sentó a su derecha y yo frente a mi amigo. Mila y un chico que después supe que se llamaba Phichit también cenaron con nosotros. 

—Mila y Pichit son mis amigos —dijo Yuuri—, han sido muy cariñosos conmigo desde que llegué. Phichit además es chofer de Víctor y Mila es la ama de llaves, es la encargada de que todo funcione bien en esta casa. 

—Nos da mucho gusto conocerte —dijo Mila mirándome—, Yuuri siempre nos habló mucho de ti, te echaba de menos. 

—Yo también lo extrañé mucho. Pero cumplí mi promesa —lo miré a los ojos—, no di motivos para que me golpearan otra vez. Aunque probablemente hoy si lo hubiesen hecho porque no iba a dejar que me exhibieran como mercancía tan fácilmente. 

—Lo hubieses visto Yuuri —comentó Víctor—, supongo que corrió bastante, esos dos betas desagradables lo atraparon justo frente a mis ojos, me quedé sorprendido por el insulto que les dedicó. 

—Aprendí muchos insultos a su lado —dijo Yuuri y ambos rieron. 

Se veía tan natural verlos interactuar. Realmente parecía que confiaban el uno en el otro y se respetaban. Yuuri no actuaba como alguien inferior, y Víctor no actuaba como alguien superior, eran iguales. Una sensación cálida recorrió mi cuerpo y mi alma, finalmente estaba en un lugar en el que podía ser Yuri y no un simple objeto. 

—Le mostré a Yurio los vídeos de cuando patinabas —dijo Yuuri—, ha quedado tan impresionado como yo. 

—¿En serio? —me preguntó sonriendo.

—Sí, debe ser impresionante verlo en vivo —respondió.

—¿Te gustaría? —sus ojos parecían brillar cuando hizo esa pregunta—, hace bastante que no patino seriamente, pero podría hacer una exhibición privada. 

—¡Eso sería fantástico! —exclamó Yuuri—, me encantaría verte con uno de esos trajes tan bonitos que usabas.

—Claro, me veía muy guapo —respondió guiñandole un ojo. 

—¿Nosotros podríamos ver esa exhibición? —preguntó Mila entusiasmada—, por favor. 

—¡Claro! Invitaré a algunas personas más —dijo entusiasmado—, personas de confianza —aclaró mirándome al percatarse de mi tensión. 

Después de la cena, Víctor me invitó al despacho que tenía en el primer piso de su mansión. Era un espacio amplio y bien iluminado, nos sentamos frente a frente y entonces me dijo.

—Cómo te lo prometí, ahora podemos conversar sobre tu situación aquí —asentí y él continuó—. Lamento mucho si te ofendí al pagar dinero por ti, pero es la única manera que tenía para poder traerte hasta aquí. Sabes que si no lo hubiese hecho habrías terminado en esa sala de exhibición para ser comprado de todos modos. 

—Lo sé y se lo agradezco. Pero es tan humillante saber que tengo un dueño —respondí apretando los puños—, porque aunque sea una persona amable eso es para mí a fin de cuentas, y ya que me compró sólo puedo aspirar a ser visto como una mercancía. 

—Te equivocas —dijo Víctor levantándose y sentándose junto a mí. Acarició mi cabello y extrañamente se sintió reconfortante—, ni Yuuri ni tú son mercancía. Eso ya lo entendí —sonrió, su sonrisa era realmente encantadora—. Yuuri es mi pareja, y tú nuestro hijo mayor —soltó sin más.

—Hijo —dije con los ojos muy abiertos, estaba estupefacto. 

—Sí —afirmó con seriedad—, Yuuri te ama y se preocupa mucho por ti. La verdad es que me pidió que te trajera aquí desde hace mucho tiempo. Pero en ese momento aún no estaba del todo consciente de todas las equivocaciones que estamos cometiendo como sociedad. Lamentablemente en ese momento no accedí a esa petición —bajó la vista, se mostraba avergonzado—. Yuuri te ve como su pequeño y siempre quiso asegurarse de tu bienestar. Y ahora… —se detuvo un momento para mirarme directamente a los ojos—, yo también quiero aprender a amarte como un padre. Quiero que seamos una familia, junto a Sofía y los pequeños que vendrán —sonrió tan sinceramente que mi corazón estalló y lloré, lloré como nunca lo había hecho antes. Por primera vez en la vida me estaban ofreciendo una familia, por primera vez en la vida me aceptaban como ser humano. Víctor me abrazó y se sintió muy cálido, tanto que después de llorar, exhausto, me dormí en brazos del hombre que desde hoy sería mi padre. 

Dos días después vino mi celo. Cómo Yuuri prometió me cuidó con ayuda de Mila, y aunque Víctor también estaba ahí nunca sentí peligro. Su presencia nunca fue intimidante. 

III. Sara, una belleza rota

Víctor se tomaba muy en serio lo de la exhibición, no pretendía hacer algo rápido confiandose de su talento. Estaba entrenando en serio y decidió que sería en seis meses, quería preparar un programa nuevo y sorprender. Sólo Yuuri y Yurio eran admitidos para mirar sus prácticas, un par de horas diarias antes de la cena. Momentos que también usaba para enseñar un poco a Yurio y retomar las clases de Yuuri, que poco a poco se sentía mejor y listo para volver al hielo. 

Todo era bastante apacible en la vida de ellos. Es cierto que Yuuri y Yurio no tenían la libertad que poseían los Alfas y Betas ya que no podían estar en lugares públicos sin un Alfa, sin su dueño, por lo que pasaban sus días dentro de la mansión. Sin embargo, siempre estuvieron confinados por lo que no les afectaba tanto, o al menos ignoraban el malestar, los jardines eran inmensos y podían tomar aire fresco cada día. La biblioteca siempre era un buen lugar para adquirir conocimientos, la pista de hielo  se había convertido en el sitio que les daba paz, Phichit y Mila siempre estaban dispuestos a conversar cuando no estaban ocupados con sus deberes, Takeshi y Yuuko se hicieron habituales en casa. Era una vida tranquila. 

Pero esa paz fue rota por un acontecimiento desagradable. Era sábado, tres meses después de la llegada de Yurio. Víctor, Yuuri y Yurio estaban en la terraza junto a la sala tomando una merienda.  Sofía dormía pues había tomado hacía poco su mamadera de leche y era una niña bastante tranquila, sólo molestaba por alguna razón importante, como el hambre o el sueño. Víctor les contaba que tal vez debería ir a Rusia al finalizar el año, les estaba explicando cuando escuchó una voz familiar. 

—Buenas tardes, Víctor —el mencionado miró hacia el ventanal que conectaba la terraza con el interior de la casa.

—Chris… ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó sorprendido—, creí que estabas en Suiza. 

—Finalmente abrimos el restaurante en Osaka así que estaré en Japón un tiempo.

—Ya veo.

—No sabía que acostumbrabas comer con tus… —hizo una pausa— Omegas —dijo con desprecio en la voz. 

—Supongo que puedo comer con quien me plazca —dijo Víctor poniéndose de pie—. ¿A qué has venido? 

—¿Recuerdas que te hablé de Sara?

—Tu Omega.

—Me desharé de ella, esa basura no fue capaz de parir un Alfa. Como dijiste que tenías interés en follar con una belleza italiana la traje para ti. 

Yuuri sintió que el alma se le caía a los pies, y sólo gracias a su lazo con Víctor pudo serenarse y seguir en su lugar. Yurio, por otra parte, empezaba a enfurecerse y lanzaba chispas a través de sus ojos. Sólo se contenía porque Yuuri le tomaba la mano y le susurraba que mantuviera la calma. 

—Tus Omegas son bastante atractivos, una belleza tradicional japonesa y un muy hermoso jovencito. Cuando te aburras de ellos me gustaría darles una follada. 

Yurio estuvo a punto de lanzarle al menos uno de entre toda la gama de improperios e insultos que en ese momento cruzaban por su cabeza. Sin embargo, fue silenciado por el aura de Víctor. Un aura poderosa y llena de furia que hizo retroceder a Chris.

—Ya una vez te dije —dijo Víctor mirando intensamente a Chris pero manteniendo el tono de voz bajo, aunque amenazante— que jamás abandonaría a Yuuri. Ahora te informo que tampoco me alejaré de Yurio. Espero que lo hayas entendido. 

—No tienes por qué molestarte —respondió Chris aclarándose la garganta—, nunca me acercaría a la propiedad de otro Alfa. En fin… Sara está en el recibidor junto a tu ama de llaves, si te la quieres quedar te la dejo, pero no será gratis. Hasta en la casa rosa de peor calidad pagarían bien por ella. 

—Está bien, quiero verla —dijo Víctor entrando a la mansión junto a Chris. 

—Yuuri, ¿estás bien? —preguntó Yurio preocupado—: ¿cómo es eso de que comprará una Omega? ¡Qué diablos…!

—No te preocupes Yurio, puedo ver que sus intenciones son buenas. 

Víctor llegó al recibidor y se encontró con Mila sosteniendo a una muchacha de piel color canela y largo cabello negro. 

—Es muy bella —dijo Chris acercándose y levantando su rostro para que Víctor la viera. El Alfa de cabello plateado se estremeció. Era una bellísima joven cuyos ojos eran de un hermoso color violeta. Parecían un par de amatistas, sin embargo, no brillaban como deberían hacerlo los ojos de una joven. Estaban apagados, hinchados y enrojecidos—. Lloró mucho cuando rompí el lazo, supongo que será deprimente si la conservas mucho tiempo, pero para unas cogidas está perfectamente. 

—Me la quedo —dijo Víctor mirando a Chris. Sara se estremeció y sus piernas cedieron, de no ser por Mila que la sostenía habría caído al suelo. 

—Bien, tengo cosas que hacer —dijo Chris sonriendo—, transfiere lo que estimes conveniente, fóllatela y decide su precio, confío en tu criterio. —El rubio sonrió y se marchó sin mirar a la Omega que desechaba sin culpa, para él no era más que un objeto que ya no le servía. 

—¿Qué piensas hacer con ella? —preguntó Mila con desconfianza. La verdad es que en otros momentos de su vida jamás se habría preocupado, pero desde que conoció a Yuuri su percepción sobre los Omegas había cambiado. Yuuri siempre le agradó por su presencia dulce, y al conocerlo se dió cuenta de que era una persona con muchas emociones y cualidades. No era un objeto como le enseñaron tiempo atrás. 

—Por el momento acomódala en una de las habitaciones. Iré a hablar con Yuuri, sinceramente yo no sé cómo ayudar a una Omega con el lazo roto. 

—Entiendo, me haré cargo.

—Gracias.

Víctor volvió a donde había dejado a Yuuri, Yurio lo miró enfadado y sin pensarlo mucho soltó.

—¿Qué piensas hacer con esa chica? ¿Te la vas a follar? Si realmente es así me confirmarás que los Alfas no son más que seres repugnantes como siempre lo pensé. 

—Claro que no, Yurio —dijo Víctor reflejando un poco de dolor por las palabras del chico—. Hace un tiempo me encontré con Chris y él me había hablado de su Omega. Me dio a entender que una vez que el bebé que en ese momento esperaba naciera la abandonaría. Yo sé que para un Omega es muy duro que el lazo se rompa, por eso le pedí que la trajera si eso ocurría, en una casa rosa es imposible que se recupere. Pero yo no le haré nada, yo… no podría. 

—Lo siento —dijo Yurio, bajando la vista.

—No puedo negarte que en el pasado me comporté de mala manera con los Omegas —dijo Víctor pasando su mano nerviosamente por su cabello—. Así como a ustedes les repiten día a día que son inferiores, a nosotros nos dicen desde que nacemos que somos seres superiores. Mi padre tuvo varios Omegas y no era gentil con ellos, aprendí de él el modo de relacionarme. 

—Pero tú siempre fuiste gentil conmigo, a pesar de que sólo era el Omega que tu padre compró para ti —dijo Yuuri sonriendo levemente.

—Supongo que es parte de mi naturaleza serlo —sonrió—, pero como los Omegas que conocí antes de ti nunca intentaron hablar conmigo, yo los usé a mi antojo —estaba avergonzado—. Nunca fui cruel, no es parte de mi naturaleza serlo, pero aún así, yo… —Víctor miró los ojos de Yuuri y luego su mirada se clavó en los de Yurio—. Perdonenme, si no hubiese sido tan ciego tal vez podría haber hecho algo por ustedes mucho antes. 

Yuuri se acercó a Víctor y lo abrazó.

—Gracias por darme la oportunidad de llegar a tí, Víctor.

—Gracias a tí por encontrar el camino y mostrarme todo lo que eres. También gracias por darme una familia, por traer a mis dos hijos junto a mí. 

—Yurio —dijo Yuuri extendiendo su mano. 

El rubio la tomó y fue abrazado por los que él llamaba sus “autoproclamados” padres. Aunque en el fondo estaba agradecido y rogaba porque nunca se arrepintieran de haberlo acogido con tanto amor. 

IV. ¿Cuánto daño?

Mila, en compañía de una de las sirvientas, llevó a Sara a una de las habitaciones del segundo piso. Mila le puso un pijama que era suyo y luego la acostó. La muchacha se veía totalmente deprimida y eso le rompió el corazón a la pelirroja. 

—¿Estás cansada? —preguntó Mila acariciandole el cabello—, puedes dormir si quieres. 

Sara la miró, su mirada expresaba temor. La Omega era mansa y sumisa, dejó que Mila la cambiara y la acostara sin protestar, pero sus ojos expresaban tristeza y miedo.

—Víctor no te hará daño —le dijo Mila sonriendo—, es un Alfa de buen corazón. Cuida mucho a sus dos Omegas, no los trata como objetos, ellos son su familia. Su pareja y su hijo. Así los ve. Así que no tengas miedo, aquí estarás bien. 

—¿Estaré bien? —preguntó con un hilo de voz muy suave—. ¿Cómo? Soy una Omega despreciada, mi bebé es un Omega despreciado que no me conocerá, mi dueño rompió nuestro lazo y eso me desgarró el alma. Yo no valgo nada. 

—Eso no es así —dijo Mila con tristeza sintiendo empatía por la bella Omega que derramaba lágrimas silenciosas—. Ese Alfa es el que no vale nada y el lazo roto te libera de depender de tamaño animal. Eres una Omega hermosa que tendrá mi amistad y la de todos en esta casa. Y sobre tu bebé, Víctor es un Alfa de muchos recursos, algo podrá hacer.

—¿Por una simple Omega? Aunque no sea cruel no tiene motivos para hacer algo así.

—Sí los tiene. Se enamoró de un Omega y haría lo que fuera por él. Y Yuuri se encargará de pedirle que encuentre a tu bebé. 

La seguridad en las palabras de Mila la hicieron estremecer, ¿será eso posible? No pudo evitar preguntarse.

En ese momento tocaron a la puerta, Mila abrió y dejó entrar a la particular familia compuesta por un Alfa y tres Omegas. Sara se encogió sobre sí misma al ver a Víctor, pero luego, su mirada se clavó en la bebé que Yuuri cargaba en sus brazos y volvió a romper en llanto. Yuuri se alarmó y se acercó a ella.

—¿Estás bien? —preguntó Yuuri sentándose en la cama. 

—¿Puedo… ? —Sara extendió sus brazos hacia Sofía.

—Claro —Yuuri se acomodó mejor junto a ella y puso a su hija en manos de la Omega que intentaba contener sus lágrimas. Sara miró a la pequeña en sus brazos y luego dijo.

—Él me lo quitó —su voz se sentía ahogada—, me quitó a mi bebé y lo abandonó por ser Omega. Tienes suerte de tener una pequeña Alfa.

—No es Alfa —respondió Yuuri sacándola de la errada conclusión a la que había llegado—, es Omega como nosotros. 

Sara miró a Víctor con terror y abrazó aún más a la pequeña Sofía.

—Tranquila —dijo Yuuri acariciando las manos de Sara—, Víctor no abandonará a nuestra hija. 

Víctor se sintió conmovido por la actitud de Sara. 

—Cuánto daño les hemos hecho —dijo Víctor en voz muy baja, tan sólo Yurio, que se mantenía a su lado junto a la puerta lo escuchó—. Sara —dijo Víctor acercándose un poco, con cuidado. La aludida bajó la vista y se dedicó a mirar el rostro de la pequeña Sofía, que en ese momento lograba calmarla un poco. Al igual que Yuuri y Mila, cada uno a un lado de su cama—, quiero que te sientas bienvenida a esta casa —continúo el de cabello plateado—, también quiero que sepas enseguida que no haré nada de lo que Chris pudo decir. Estarás aquí como nuestra nueva amiga. Y no te llevaré a una casa rosa, es una promesa. 

Sara levantó la vista, pensó en lo que le había dicho Mila y luego se fijó en los dos Omegas junto a ella, ambos lucían bien. El rubio no se despegaba del Alfa y Yuuri era cálido y le habló con seguridad cuando dijo que no le arrebatarían a su pequeña. 

—¿Es cierto que no abandonará a esta niña? —preguntó Sara mirando a Víctor—. ¿Por qué? —quiso saber sus razones.

—No la abandonaré porque es mi hija y la amo —respondió con seguridad. 

—¿No le importa que sea una Omega? —insistió—. Nosotros sólo somos objetos, juguetes sexuales o incubadoras. 

—Eso no es cierto. Yuuri es mi pareja, una persona maravillosa. Desde que lo conozco empezó a mostrarme un mundo lleno de color y emociones diferentes. Yo he experimentado sentimientos que no conocía gracias a él. Yuuri es precioso, es gentil, noble, empático… no tengo palabras para describir todo lo que es él, y todo lo que significa para mí —sonrió—.  Y Yurio —dijo acariciando el cabello del rubio— ¡es sorprendente! Es el chico más listo que conozco, tan listo que ningún estúpido condicionamiento surtió efecto en él. Cuando lo conocí —dijo emocionado— corría seguido por dos Betas porque se negaba a ser puesto en el salón de ventas, cuando lo atraparon los llamó sacos de excrementos y su mirada soltaba chispas —Yurio se sonrojó por el entusiasmo que ponía Víctor en ese relato—. Es inquieto, rebelde, directo, sincero y tan dulce como Yuuri, pero de manera distinta. Yo realmente estoy feliz de tener la posibilidad de convertirme en su padre —dijo con seguridad—.  Y Sofía, ella es muy pequeña aún, pero muero por conocer cómo será su carácter, mi mayor anhelo es que sea una niña feliz y que jamás se sienta menos por haber nacido Omega. 

Sara lo miraba con los ojos abiertos. Nunca imaginó que un Alfa pudiera expresarse de ese modo, como hubiese querido que Chris hubiese visto dentro de ella. Es cierto que él la había marcado, pero seguía ciego a sus emociones. Estaba tan seguro de que ella era un cascarón vacío que nunca miró dentro de ella aunque tenía el acceso completo. Sara besó la frente de Sofía y la devolvió a los brazos de Yuuri.

—Tienes suerte de poder estar junto a ella. Mi bebé está condenado a repetir el ciclo y lo único que puedo hacer es rogar porque un Alfa bondadoso se cruce en su camino.

—¿Dónde está tu hijo, Sara? —preguntó Yuuri secando las lágrimas de la mujer.

—Osaka. Nos mudamos en el último trimestre de mi embarazo desde Suiza. Cuando mi bebé nació su padre lo rechazó. Esperó el mínimo tiempo permitido para arrebatarlo de mis brazos y abandonarlo en alguna institución. A mi me mantuvo encerrada hasta que dijo que tenía asuntos pendientes en Tokio y aprovecharía de pasar a Yokohama porque un antiguo amigo le había dicho que quería… —Sara calló, pero todos comprendieron inmediatamente.

—¿Cómo puedes ser amigo de una basura como ese repugnante Alfa? —preguntó Yurio molesto y casi gritando a Víctor. 

—Yurio, ten en cuenta que siempre me he rodeado de Alfas —contestó Víctor con tranquilidad—,  la mayoría piensa como Chris. Hace un tiempo yo tampoco me libraba. 

—Pero tú nunca hubieses roto un lazo —aseguró Yurio—, ni hubieras tirado a tu hijo como si fuera basura —bufó el menor. 

Por un momento Víctor sintió que olvidaba incluso como se debía respirar, las palabras de Yurio fueron como una bofetada. Estuvo a punto de caer de rodillas, sólo se contuvo porque estaba siendo observado por muchos ojos. Sin embargo, no pudo evitar abrazar a su hijo con mucha fuerza. Haciendo que el menor se avergonzara ante esa muestra de afecto, que aún así no rechazó. Realmente el abrazo de Víctor se sentía como el abrazo de un padre, o al menos eso pensó el menor. 

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