Extra 2: Tres en Barcelona (Esposo de placer)


Yuuri estaba empezando a sentirse acalorado en medio del ambiente húmedo y oscuro de ese antro de mala muerte al que Chris los había arrastrado. Siendo sincero, al japonés le seguía pareciendo que el cuadro que formaban, junto al ruso de hebras platinadas, era irrisorio, y hasta cierto punto inconcebible, después de todo, hubo un tiempo en que Yuuri creyó odiar a ese suizo tan sensual por ser el antiguo amante de su ahora prometido. 

Pero los años habían pasado, la relación entre Yuuri y Víctor se había afianzado, y junto a esto Yuuri había podido aceptar el pasado de su novio, comprendía su cariño por Yuri, al que decidieron llamar Yurio, y su amistad con Chris. Con el tiempo, Yuuri había logrado quererse a sí mismo, confiar en él, en Víctor y en quienes lo rodeaban. Por su parte, Víctor había logrado ponerse en los zapatos de su amado japonés, comprendiendo sus inseguridades y alejándose de aquello que le causaba malestar a Yuuri, hasta que el propio omega fuera capaz de enfrentarse a ello sin temores.

Ahora, ambos estaban en Barcelona, celebrando la reciente titulación de Yuuri. Habían coincidido con Chris que se encontraba allí por motivos laborales. La euforia que sentía el japonés por finalmente haber alcanzado uno de sus sueños lo tenía de un ánimo inmejorable. Y tras cada copa que bebía, ese sexy hombre de ojos verdes parecía caerle mejor. 

—¿Quieres que te muestre porque a Vitya le gustaba tanto follar conmigo? —preguntó de pronto el suizo mirando a Yuuri de manera sugerente, y ya bajo los efectos del alcohol. 

La pregunta que lanzó su mejor amigo encendió las alarmas del ruso, quien no quería, por nada del mundo, que la estable y feliz relación que tenía con Yuuri se viera alterada. 

—Chris, por favor… —pronunció a modo de reproche, pero para su sorpresa una sonora carcajada de Yuuri lo interrumpió. 

—Estoy seguro de que a Víctor le gusta mucho más el sexo conmigo —declaró completamente desinhibido debido a los efectos del alcohol que había estado bebiendo sin descanso. 

—¿Tan bueno eres? —preguntó Christophe alzando una ceja—, diciendo esas cosas, no sabes las ganas que me dan de verte en acción —retó. 

Yuuri miró a su alrededor. Los tres estaban sentados en torno a una mesa redonda en una de las esquinas del bar, un lugar oscuro donde la música sonaba ligera. 

Sin que ninguno de sus acompañantes fuera capaz de predecir sus acciones, Yuuri se deslizó grácil por la silla que ocupaba quedando totalmente debajo de la mesa. Víctor entonces sintió como las hábiles manos del omega subían acariciando sus piernas hasta llegar a su sexo, acariciándolo por sobre la tela fina del pantalón.

—Yuuri —pronunció el ruso con la voz entrecortada, un poco debido al asombro y otro poco debido a lo excitante que le resultaba la situación. 

Chris comenzó a excitarse con sólo escuchar el timbre de voz más oscuro que había ocupado su antiguo amante. 

—Amor —dijo Víctor recurriendo a su cordura, esa que amenazaba con abandonarlo al sentir la boca de Yuuri bajando el cierre de su pantalón—, detente mi amor, estoy seguro de que mañana te arrepentirás… estamos en público. 

—Si guardas silencio nadie nos descubrirá —susurró el travieso japonés liberando al fin el pene de su amado para acariciarlo con sus delicadas y tibias manos. 

—Yuuri… estoy seguro de que no quieres esto —pronunció con dificultad. 

Como única respuesta obtuvo la boca de su amado amante envolviendo, con su calidez y su humedad, aquel trozo de carne que descansaba entre sus piernas. 

La expresión en el rostro de Víctor fue suficiente para que Chris comenzará a endurecerse y llevara su mano a su entrepierna, buscando participar en algo del placer que los ojos de su amigo reflejaban. 

—Yuuri —escapó de la boca de Víctor junto a un pequeño gruñido de satisfacción. 

Chris se acercó insinuante a su mejor amigo y tomando su rostro pálido con sus finos y largos dedos fue acercándose a su boca hasta regalarle un largo y profundo beso al que el ruso no se resistió, al separarse, los ojos brillantes del suizo lo miraron con deseo, con ese deseo ardiente y fogoso que hace mucho tiempo Víctor no veía en él. 

—Te he extrañado, mon chérie —pronunció Chris con su erótico acento francés. 

Después de sonreírle de manera sexy y de guiñarle un ojo, Chris también se deslizó por el asiento quedando completamente cubierto por la mesa y la oscuridad del lugar. 

—¿Me dejas participar del juego? —preguntó el de ojos verdes hablando directamente en el oído de Yuuri, quien se estremeció con el sonido grave de su voz y con su cálido aliento acariciando su cuello. 

Yuuri dejó un momento lo que estaba haciendo y sus labios buscaron los labios del suizo. 

—Sólo por esta vez —pronunció sensualmente mientras sus labios suaves rozaban los labios ajenos—, Víctor es mío.

—Eso no está en discusión —respondió Christophe siguiendo el juego de Yuuri, sin despegar sus labios del sutil roce que el japonés le brindaba—, yo tan sólo quiero compartir un poco de placer.

—¿Sólo un poco? —cuestionó Yuuri acariciando los labios carnosos de Christophe con su lengua mojada mientras su mano derecha acariciaba el glande húmedo de Víctor. 

—Que sea mucho entonces —contestó el suizo tomando la boca de Yuuri mientras sus dedos comenzaban a acariciar lentamente la espalda del omega menor, trazando figuras circulares mientras su mano descendía y comenzaba a colarse bajo el pantalón del japonés, acariciando sus apetecibles y suaves nalgas. 

Cuando el beso concluyó, Yuuri llevó su lengua hasta la punta del pene de Víctor, Chris en cambio comenzó a lamer la base del miembro erguido de su hermoso amigo. 

Ambas lenguas acariciaban y se enredaban, ambos labios besaban y succionaban, ambas bocas se turnaban para envolver y engullir hasta lo más profundo aquel sabroso trozo de carne, caliente y palpitante, que destilada lujuria humedeciendose y lubricándose cada vez más. 

Víctor tenía los ojos cerrados, se habían dejado llevar por el placer que su novio y su amigo le obsequiaban en generosas cantidades. Que hubiesen otras personas compartiendo el mismo espacio dejó de importarle, solamente le importaba concentrarse en el placer y en mantener sus expresiones de satisfacción a un volumen moderado para que la música los escondiera. 

Víctor bajó los brazos y sus manos buscaron acariciar el cabello de sus solícitos amantes, quienes seguían prestos a servir al sexo del alfa mientras también se acariciaban entre ellos. 

El calor comenzó a hacerse insoportable para el ruso, sus músculos empezaron a tensionarse, el clímax estaba cerca, concentrando sus sensaciones en su entrepierna. Víctor hundió sus dedos en la cabellera rubia de Christophe y empujó sin cuidado su cabeza, penetrándolo hasta la garganta y dejándolo sin aliento mientras vertía su semen caliente dentro de su boca lujuriosa. Esto ante la mirada oscura y nublada de Yuuri. 

Christophe recibió gustoso el elixir espeso de su mejor amigo, y cuando fue liberado de su fuerte agarre buscó la boca de Yuuri para compartir aquel regalo agridulce que escurría por las comisuras de sus bocas mientras se besaban ardorosamente. 

Ambos volvieron a sus asientos, Yuuri meloso buscó el contacto con Víctor, besando su cuello y envolviéndolo en un abrazo. Víctor, respondiendo a ese afecto comenzó a besar el cabello negro de su amado. Christophe se acercó a ellos y después de lamer la hélix de la oreja de Víctor les dijo:

—Tal vez deberíamos ir a un lugar más amplio y privado. 

Los ojos de Yuuri miraron brillantes y colmados de deseo a los iris azules de Víctor. Quien entendiendo lo que esa mirada le pedía, se arregló el pantalón y se puso de pie, dejó sobre la mesa el dinero suficiente para pagar todo lo consumido y más. 

Los tres salieron presurosos del bar, llegaron rápido al céntrico hotel donde se hospedaban, calientes y deseosos por las palabras subidas de tono, los roces furtivos y los húmedos besos que no dejaron de prodigarse durante todo el camino. Al llegar a la habitación, Víctor empujó a Yuuri contra la pared junto a la puerta, tan cerca de la cama, pero sin ganas de esperar a llegar a ella. El japonés fue besado con pasión desenfrenada mientras su cuerpo era tocado con fuerza, Víctor enterraba sus fríos dedos en las caderas anchas de su adorable y erótico amante. 

—¿Puedo jugar con él, Vitya? —preguntó un lujurioso Christophe mientras besaba el cuello de Víctor. 

—Si él lo desea —contestó Víctor separándose un poco del japonés y mirando fijamente el par de óvalos oscuros cargados de deseo. Yuuri asintió y el ruso le cedió a Chris el espacio necesario para que comenzara a acariciar los costados de Yuuri mientras sus labios se dedicaban a besar su blanco y estilizado cuello. 

Yuuri tenía sus pupilas dilatadas y su mirada fija en Víctor, mientras le mostraba a través de ella el placer que el suizo le prodigaba con sus manos acariciando su piel, subiendo lentamente la camisa que traía puesta hasta deshacerse de ella y arrojarla sin ningún cuidado sobre el piso. La experta boca de Chris descendió por el pecho desnudo de Yuuri, robandole un sonoro gemido cuando sus dientes se encajaron alrededor de su pezón derecho, y al mismo tiempo estimulaba el izquierdo con sus dedos. 

Víctor humedeció sus labios, excitado por la erótica escena que se desarrollaba frente a sus ojos, su excitación volvió a erguirse completamente y su boca buscó fundirse con la de su amado, en un beso exigente y poco delicado. 

Chris guió a Yuuri hacia la cama y terminó de desvestirlo mientras el japonés también le quitaba la ropa al suizo. Desnudos cayeron sobre el colchón, el de ojos marrones extendido sobre su espalda y Chris sobre sus rodillas flexionadas mientras su boca jugueteaba con los pezones erectos del omega japonés. 

El alfa se sentó en la cama, acarició la piel de Chris y luego buscó los labios de Yuuri y lo besó con suavidad para luego mirarlo con amor. El omega sonrió respondiendo al afecto de aquella mirada azulina, pero sin evitar que su rostro también mostrara una expresión de completo deleite, placer que era provocada por la habilidad de Chris. Victor se puso de pie y observó un poco más las atenciones que los dos omegas se regalaban mutuamente, sonrió complacido por el goce que ambos mostraban en sus gestos. Le gustaba verlos así, disfrutando sin límites ni prejuicios. 

Lentamente, Víctor se posicionó tras Christophe, el omega suizo emitió un jadeo de sorpresa cuando sintió las manos de Víctor sobre su cadera, jalándolo con fuerza para acercarlo más a él.

—Estás tan húmedo que cualquiera pensaría que estás en celo —dijo el ruso acariciando con sus dedos largos entre las nalgas del suizo. 

—Vitya, fóllame duro —gruñó el suizo. 

El ruso liberó su excitación y luego abrió el paquete de un condón que previamente había tomado del pantalón de su amigo y lo colocó en su miembro nuevamente erguido. Tomó con fuerza las caderas del omega y lo penetró profundamente, arrancándole un gemido largo y sonoro. 

Los ojos marrones se clavaron en el rostro del alfa, grabando en su memoria las expresiones de placer que se reflejaban en él. No obstante, Yuuri supo que era una expresión distinta a la que tenía cuando le hacía el amor solamente a él. 

Chris sujetó las caderas de Yuuri y acercó su su boca al miembro erecto del otro omega, el japonés se acomodó y abrió sus piernas, Christophe comenzó a lamer su glande con su lengua húmeda y lasciva. Yuuri cerró los ojos disfrutando del sexo oral que le era ofrecido, mientras Víctor embestía con fuerza la cálida humedad que era el interior del cuerpo del suizo. 

Christophe se complacía al tener el miembro de Yuuri en su boca, ofrecer sexo oral era algo muy excitante para él, lo calentaba sentir su boca llena, su garganta asaltada, su respiración dificultosa y su lengua serpenteante moviéndose sobre la erección de su amante, otorgándole placer y disfrutando al mismo tiempo. Christophe, sentía que era de las mejores experiencias estar haciendo sexo oral mientras era penetrado bruscamente por el pene duro y grande de un alfa experto como lo era Víctor, quien sabía perfectamente cómo moverse para tocar sus puntos sensibles, para lograr que su cuerpo se consumiera de placer. 

Víctor gruñía de satisfacción, las paredes interiores de Chris lo apretaban exquisitamente, y observar el rostro de su amado japonés perdido en el goce que le otorgaba el suizo con su boca lo encendía aún más. Yuuri cerraba los ojos con fuerza y apretaba sus finos labios acallando los gemidos que morían en su garganta, pero que aún así podían escucharse suavemente, como un canto exquisito, como la música del placer. 

Al sentir una embestida particularmente profunda, Chris no pudo evitar alejarse del pene de Yuuri para emitir un gemido clamoroso, pero precisamente en aquel momento el japonés alcanzaba el orgasmo. Su espeso semen alcanzó el rostro del suizo, manchando sus mejillas y sus labios. 

Yuuri respiraba agitado, Víctor comenzó a moverse aún más rápido, vigorosamente, logrando que Chris también se corriera, manchando la cama, provocando que el interior del omega se contrajera apretandolo con fuerza. Víctor no contuvo su orgasmo, se dejó ir gustosamente, pero evito anudar. Salió del cuerpo del suizo y luego lo giró para lamer el semen de Yuuri que aún manchaba sus mejillas. Chris se dejó caer en la cama junto a Yuuri mientras el ruso se quitaba el condón lleno de su esencia tibia. Lo amarró y lo tiró al suelo para luego recostarse junto a los omegas. Yuuri quedó en medio de ambos hombres. 

Deseando aprovechar al máximo aquella única oportunidad que Yuuri le daría para estar con ellos, Christophe acercó su mano a la entrepierna del japonés, buscando estimularlo y despertarlo nuevamente. Cuando el otro omega comenzó a reaccionar a su caricia, Chris se puso de pie, extendiendo la mano para ayudar a Yuuri a pararse también. El suizo se hincó y volvió a llevar su lengua sobre el glande de Yuuri mientras le dedicaba una significativa mirada al ruso. 

Víctor comenzó a tocarse a sí mismo mientras miraba la erótica escena. Se puso de pie lentamente y se posicionó tras Yuuri, quien quedó entre los cuerpos sudorosos de los dos mayores. Víctor besaba su cuello mientras sus manos recorrían su pecho y jugueteaban con sus pezones. Chris, de rodillas, le brindaba un maravilloso sexo oral que lo hacía vocalizar el sonoro canto del placer. 

Yuuri sentía la gloria recorrer su cuerpo al tener sobre sí la atención de su apasionado amado y la fogosidad de su amante pasajero. 

Los dedos de la mano derecha de Víctor buscaron la boca de Yuuri, introdujo sus dedos en ella y el de hebras azabaches comenzó a mover su lengua, mojándolos y lubricándolos con su saliva. Cuando Víctor consideró que era suficiente, llevó sus dedos a la estrecha abertura que había entre las nalgas de su pareja y comenzó a estimularla, lentamente, abriéndola poco a poco, hasta lograr introducir un dedo dentro dentro de esa caliente cavidad, ayudado también por la lubricación natural del omega.

Víctor comenzó a hacer movimientos ondulantes buscando dilatar aún más la deliciosa entrada, mientras Chris continuaba engullendo el miembro nuevamente endurecido del nipón. El alfa introdujo un segundo dedo en el interior de Yuuri, logrando con ello masajear aquel punto dulce que lo llevaba a experimentar un punto más alto de placer. El gemido de Yuuri seguramente pudo escucharse desde fuera de la habitación. Pero no le importaba, su cuerpo caliente temblaba deleitándose con las sensaciones que lo recorrían. 

Un tercer dedo se deslizó con facilidad en el interior húmedo de Yuuri, por lo que Víctor decidió no esperar más. Con su excitación nuevamente en el punto más alto, se introdujo de una sola estocada en el interior de Yuuri, llenándolo por completo mientras gruñía de placer cerca de su oído. Para Yuuri, fue tal el placer que se corrió en la boca del suizo mientras de su boca escapaban palabras soeces en su idioma natal. 

Víctor no dio tiempo a Yuuri para que se recuperara, tomó sus piernas y las alzó mientras lo penetraba, Chris dejó caer el semén de Yuuri en su mano y lubricando sus dedos con esa leche pegajosa los acercó también a la entrada de Yuuri, con cuidado y siguiendo las embestidas de Víctor, introdujo uno de sus dedos, deseando extender aún más la dilatación de aquella puerta al paraíso.

La cabeza de Yuuri descansaba en el hombro de Víctor, se sentía completamente invadido de placer, incapaz de hilar cualquier pensamiento coherente e imposibilitado de hacer algo que no fuera entregarse a lo que esos dos hombres le ofrecían. Chris sacó un condón del bolsillo de su pantalón y sin esperar demasiado tiempo lo colocó sobre su erguido miembro.

—Oh por dios —logró articular Yuuri en voz baja mientras apretaba los ojos y lágrimas escapaban a través de los párpados. Era demasiado, era surreal. Era excesivamente intenso sentir como era penetrado por Chris mientras Víctor continuaba embistiéndolo con fuerza. 

Para Víctor y Chris también lo era. Sus duras erecciones se frotaban a un ritmo desenfrenado mientras eran apretados por las paredes calientes de Yuuri. 

—Ambos son tan deliciosos —confesó Chris para luego besar la boca de Yuuri, mordiendo sus labios ardientes y palpitantes mientras Víctor lamía las lágrimas de placer que se derramaban por las mejillas del japonés. 

Luego, Víctor y Chris compartieron un ardoroso beso mientras sus penetraciones se volvían cada vez más erráticas y violentas. 

—Me vengo, otra vez —susurró Yuuri. Víctor dejó los labios del suizo y con su mano guió los labios de Yuuri sobre los suyos. El gemido de Yuuri se perdió en la boca de su prometido mientras un orgasmo le arrebató la consciencia, fue un orgasmo seco que nació de su interior y se extendió por su cuerpo entero. 

—Vitya, ya no puedo más —jadeo Chris.

—A mí también me falta muy poco —respondió Víctor dejando los labios de Yuuri— no te contengas, Chris. 

El suizo alcanzó el orgasmo con un sonoro gemido y luego dejó descansar su cabeza sobre el hombro de Yuuri. Víctor acarició su cabello deteniendo un poco sus embestidas. 

 —Ya estoy bien —dijo el Suizo dejando el interior de Yuuri y alejándose de la pareja, se quitó el condón, lo ató y lo lanzó al suelo para después dejarse caer sobre su abdomen en la cama de la habitación de sus amigos. Víctor caminó con Yuuri también a la cama, lo extendió de espaldas junto a Chris, y retomó sus rápidas y profundas embestidas. Yuuri gemía sin control luego de aquellos orgasmos, con los ojos cerrados, envuelto en un placer sobrecogedor, hasta que el alfa alcanzó el orgasmo y anudó dentro de él. 

Víctor se dejó caer sobre el cuerpo de Yuuri y luego giró con cuidado para que el omega quedara sobre él. 

—¿Estás bien, cariño? —preguntó Víctor mientras acariciaba las hebras azabaches y besaba su frente con ternura.

—Sí, ha sido… intenso —contestó con dificultad sintiendo aún el nudo de Víctor llenando su cuerpo. 

—Sabía que hacer un trío con ustedes sería una experiencia espectacular —declaró Christophe acercándose a ellos, siendo acogido por Víctor, quien extendió su brazo para que el suizo acomodara su cabeza sobre su hombro. 

—Sí, pero recuerda que es una experiencia de una única vez —aclaró Yuuri abriendo sus ojos marrones para encontrarse con los verde limón del suizo—, sólo porque estoy de muy buen humor por mi titulación y quería celebrarlo en grande. 

—Lo sé —respondió Chris riendo.

—Me gustó —confesó Yuuri—, pero prefiero a Víctor sólo para mí. 

—Y yo estoy bien con eso —dijo Víctor acariciando la espalda de Yuuri—. Estas experiencias me gustan, pero me gusta mucho más hacer feliz a mi Yuuri amado. 

Yuuri sonrió y volvió a cerrar los ojos, abrazando el cuerpo de su prometido. Cuando el nudo se deshinchó, el japonés ya se había quedado dormido sobre el cuerpo cálido de Víctor. 

Un comentario en “Extra 2: Tres en Barcelona (Esposo de placer)

  1. Woooooooooooowwwwww!!!! Me voló la cabeza.
    El.mejor lemmon que leí…
    Y yo esparerando que yuuri le de a victor y me sales con este extra que me dejo muda jajajajjajaja
    Excelente! Sin palabras
    Al final cris lo logro… logro hacer un trio con ambos

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