Extra 1: Tú perfume en mi piel (Esposo de placer)


El tiempo pasa deprisa cuando se es feliz y se hace aquello que te apasiona. Yuuri podía dar fe de ello. 

Yuuri había cambiado mucho en los últimos cuatro años, o tal vez lo correcto sería decir que se había transformado en una persona segura de sí misma; consciente de sus cualidades y capacidades. Yuuri confiaba en sí mismo y eso hacía que tanto su vida personal como sus estudios fueran experiencias satisfactorias. 

La vida con Víctor estaba llena de amor y momentos felices. Así como Yuuri había crecido, Víctor también lo había hecho, convirtiendose en un hombre más empático y consciente de las necesidades de su pareja. La comunicación entre ambos fluía, y si bien requirió esfuerzo volver a vivir juntos, el amor que los unía y el deseo de ser felices juntos, lograron que superaran cualquier obstáculo. 

Víctor y Yuuri eran una feliz pareja. 

Aunque había quienes veían con malos ojos el que Yuuri no llevara la marca de Víctor en su cuello, y otros que pretendían aprovecharse de aquello. 

❄❄❄

La mañana de aquel día jueves Víctor sintió una extraña sensación al salir de su casa. Por un momento se le cruzó la idea de quedarse junto a Yuuri y trabajar desde el despacho que tenía en el departamento, pero una importante reunión a las diez de la mañana se interponía en su deseo. Respiró hondo intentando ignorar aquella desagradable sensación que le oprimía el pecho y le dejaba un gusto extraño en su boca, repasó lo que debía hacer en su trabajo y se prometió volver lo antes posible. Yuuri ese día no saldría de casa, era su día libre en la universidad y sólo esperaría a un compañero de clase para realizar una tarea en conjunto, no había nada que justificara su aprensión. 

Víctor subió a su automóvil y finalmente se marchó de prisa rumbo a su oficina. 

Yuuri ese día se levantó un poco más tarde, la mañana había estado fría y decidió quedarse en cama junto a un chocolate caliente mientras leía un libro. Salió de la cama a las diez de la mañana, a las once recibiría a su compañero de universidad. 

Después de una ducha rápida se vistió y ordenó un poco el departamento, la calefacción estaba encendida y puso un poco de música mientras dejaba en la mesa de la sala los materiales que usaría junto a su compañero; Hitoshi era un alfa bastante amable con el que ya había realizado trabajos antes, se llevaban muy bien, compartían gustos y, era innegable, que una cierta atracción física había surgido entre ambos. Pero Yuuri amaba a Víctor y eso era algo que siempre había dejado claro. 

A las 11 en punto el timbre del departamento que Víctor y Yuuri compartían sonó. 

—Hitoshi, bienvenido —saludó Yuuri sonriendo mientras dejaba entrar a su amigo. 

—Hola, Yuuri —saludó quitándose los zapatos—. Traje algunos snaks para comer mientras estudiamos, los dejaré en la cocina ¿preparo café?

—Por favor, a mí siempre se me quema el grano en la cafetera italiana, pero sin dudas es como mejor queda. 

—Lo sé, lo sé, por eso te lo ofrezco —rió divertido Hitoshi—. Encargate de la comida y yo preparo el café, necesitaremos mucho café para terminar ese horrible trabajo. 

—Ese profesor definitivamente nos odia. 

Yuuri se dedicó a poner lo que Hitoshi había traído en algunas bandejas y las llevó hasta la mesa mientras el alfa de cabello negro se encargaba de preparar dos tazas de buen café. 

Se sentaron a la mesa y comenzaron a trabajar, comentaban las lecturas que habían realizado sobre el tema que investigaban y se ponían de acuerdo en temas prácticos y conceptuales. Investigar era una manera maravillosa de aprender, porque lo hacían desde el punto de vista práctico, descubriendo por ellos mismos y dejando que el asombro los guiara en su proceso de aprendizaje. En lugar de ya tener todo dado por un tercero que filtraba aquellas cosas que a él le interesaba enseñar. 

Durante 40 minutos habían estado trabajando, pero pronto, Yuuri comenzó a sentirse algo acalorado, le costaba concentrarse en lo que estaban haciendo y notó como poco a poco su aroma comenzaba a hacerse más dulce —no puede ser, aún no es tiempo— pensó el omega al darse cuenta que el celo se le había adelantado.

—Tu aroma es delicioso —dijo Hitoshi acercándose al cuello de Yuuri y pronunciando aquellas palabras en un tono de voz más ronco de lo habitual. 

—Será mejor que te vayas —dijo Yuuri alejándose del alfa—, seguiremos otro día, lo siento, pero debes marcharte inmediatamente antes de que…

—¿Antes de qué? —preguntó el alfa con una sonrisa ladina.

—Mi celo se adelantó, está a punto de llegar, debes marcharte o no podremos controlarnos. 

—Tal vez eso es lo que deseo, Yuuri…

—¿Qué? 

—Lo que escuchas, tú me gustas, y sé que te gusto; lo siento en tu mirada y en lo bien que lo pasamos juntos. ¿Acaso no es cierto que nos atraemos? 

—Que me sienta atraído por tí no significa que desee acostarme contigo. Hitoshi, soy yo quien decide con quien pasar mi celo y no quiero pasarlo contigo. 

—No me eliges porque estás pensando en ese alfa estúpido que no ha sido capaz de marcarte… si tuvieras una marca tu olor no me provocaría como lo hace cada día y el calor de tu celo no afectaría a otros alfas, él lo sabe y si de todos modos no te marca es porque no le importas realmente. 

—Eso no es cierto, y la marca no es algo que pueda decidir sólo el alfa. 

—Todo alfa busca marcar a su omega, es la manera de asegurarse de que ningún otro alfa lo tocará. 

—¡No soy un objeto! ¡Soy yo quien decide quien me toca y quien no! —gritó Yuuri, su rostro se encontraba rojo producto de la rabia y el calor que lo comenzaba a azotarlo en oleadas cada vez más intensas—, ¡lárgate! —ordenó en medio de un jadeo. 

—No me iré sin lo que vine a buscar, menos ahora que puedo sentir tu aroma a omega en celo —dijo Hitoshi acercándose a Yuuri, quien intentaba alejarse de él pese a que su omega comenzaba pedir por un alfa. 

—¿Lo que viniste a buscar? Ya lo sabías… —Yuuri miró la taza de café que descansaba vacía sobre la mesa—, ¿qué me diste, bastardo? 

—Algo que te hará olvidar a ese estúpido de Víctor y te hará gemir sólo mi nombre. 

Hitoshi tomó a Yuuri del brazo y el omega tembló. Su parte animal comenzaba a ganar la partida a su consciencia, sin embargo, él era demasiado testarudo como para permitir que la fiebre del celo le quitara su voluntad. 

Yuuri se soltó de Hitoshi, el alfa rió.

—Corre si quieres Yuuri, llegará el momento en el que tú mismo suplicarás para que te folle.

Yuuri se alejó rápidamente mientras oía la risa del que había considerado un amigo. Sentía sus pasos tras él y sin dudarlo se encerró en el primer lugar que encontró; el baño que había en el pasillo que conectaba la sala con las demás habitaciones. 

—Esperaré pacientemente por ti, dulce omega —dijo Hitoshi sentándose junto a la puerta del baño—. Sé que pronto saldrás deseando a mi alfa, lo siento en tu aroma cada vez más excitante. 

—Vete, vete… por favor, vete —suplicó Yuuri del otro lado de la puerta mientras el aroma del alfa se colaba por el pequeño espacio que había entre la puerta y el suelo. 

«Víctor»

Llamó Yuuri cerrando los ojos y sintiéndose un imbécil por no haber tomado su móvil. Ahora no podría comunicarse con él. 

—No puedo irme —escuchó del otro lado de la puerta—, no puedo dejar a un omega sufriendo por un celo que no es atendido correctamente. 

El calor era cada vez más insoportable.

—Estoy esperando para follarte, sé que te gustará.

Yuuri no pudo evitar gemir ante la voz gruesa del alfa. Deseaba ser tomado, deseaba un alfa embistiendo su cuerpo con fuerza. 

El cuerpo de Yuuri tembló y su mano comenzó a dirigirse al seguro de la puerta. Se encontraba caliente y húmedo; deseando a un alfa.

—Omega, seré yo quien te marque.

Escuchó al alfa tocando la puerta.

«Me marcará»

Repitió en su cabeza y entró en pánico. Se alejó de la puerta temblando y algo más lúcido por el terror que sintió: Yuuri no deseaba la marca de ese hombre, un alfa que recurría a ese tipo de artimañas no se merecía nada. 

Yuuri se alejó todo lo que pudo de la puerta del baño, se metió a la tina y dio el agua fría para intentar bajar un poco el calor, dio vuelta un bote de jabón con aroma a lavanda para enmascarar el aroma del alfa que se colaba dentro del baño.

La puerta comenzó a ser golpeada con fuerza, Yuuri sintió miedo de que fuera derribada. Pero el calor lo atacó con fuerza y no pudo evitar comenzar a masturbarse mientras su omega se encogía en una mezcla de miedo y excitación. 

Las feromonas de Yuuri, cada vez más potentes, enloquecían al alfa, que ya no estaba esperando paciente por él. Ahora sólo deseaba derribar aquella puerta y tomarlo con fuerza, marcarlo como suyo, someterlo. 

Yuuri dentro del baño luchaba contra su naturaleza, porque él no deseaba a cualquier alfa, el deseaba a Víctor

❄❄❄

La reunión de Víctor terminó faltando cinco minutos para las 12 y en cuanto las personas comenzaron a retirarse Víctor tomó sus cosas dispuesto a salir inmediatamente rumbo a su casa. Pese a que Yuuri le había enviado un mensaje justo antes de que él entrara a reunión, no pudo quitarse la sensación de desazón durante todo el tiempo. Deseaba estar con Yuuri. 

—¿Te ocurre algo? —preguntó Yakov al notar su expresión preocupada.

—No me siento bien, iré a casa.

—Está bien, llámame si necesitas algo.

—Gracias, Yakov. 

Víctor salió rápidamente y no perdió tiempo en llegar a su automóvil. Solía demorarse quince minutos en llegar hasta su departamento, en ese momento no tardó más de diez. Estacionó e inmediatamente se dirigió al ascensor. 

Cuando Víctor entró a su departamento el aroma a excitación de otro alfa golpeó con fuerza sus fosas nasales haciéndolo gruñir instintivamente. Pero fue la preocupación el sentimiento que lo embargó al notar bajo ese fuerte olor aquel suave y envolvente perfume de Yuuri en celo.

—Yuuri… —susurró para después correr hacia el origen de aquellos aromas. 

Víctor encontró a Hitoshi, un alfa al que ya había conocido como compañero de Yuuri, golpeando la puerta del baño fuera de sí, tan sumergido en las feromonas de Yuuri que no se dio cuenta de la llegada del otro alfa. Víctor agarró con fuerza a Hitoshi y lo alejó de la puerta del baño lanzándolo contra el suelo.

—¡Largo! —ordenó. 

Pero Hitoshi no estaba dispuesto a dar pie atrás, se lanzó contra Víctor, pero el alfa ruso era más grande y fuerte que el estudiante japonés. Además, se encontraba más consciente de lo que sucedía a diferencia del alfa menor, quien sólo tenía por objetivo copular con el omega en celo. 

Víctor sacó a Hitoshi de su departamento e informó por el intercomunicador al conserje del edificio para que se hiciera cargo de llamar a la policía si no se alejaba del lugar. Posteriormente corrió de nuevo hacia el baño en el que Yuuri se encontraba encerrado.

—Mi amor abre la puerta, soy Víctor. 

—Víctor —pronunció Yuuri en medio de jadeos. La tina estaba repleta de agua y el suelo se mojaba mientras la llave seguía abierta. Yuuri, temblando, salió de la tina, estaba hecho un desastre, mojado y con la ropa a medio sacar. Se acercó lentamente a la puerta—,  ¿Víctor?

—Sí liliya, estoy aquí. 

Yuuri quitó el seguro de la puerta y la abrió poco a poco, cuando sus ojos marrones encontraron la mirada preocupada de Víctor se lanzó a sus brazos y comenzó a llorar. 

—Mi amor, ¿estás bien? —preguntó Víctor tomándolo en sus brazos y comenzando a embriagarse por las feromonas del celo. 

—Sí —respondió Yuuri entre jadeos—, no me tocó —dijo con la voz entrecortada y sin poder evitar restregarse contra Víctor—. Te necesito dentro de mí, Víctor —su tono denotaba urgencia. El alfa aspiró el aroma dulce del omega y se apresuró en llegar al cuarto.

Una vez en la habitación, Víctor recostó a Yuuri sobre la cama, no le importaba mojarla. Desnudó al omega y tocó su piel ardiente y receptiva a las caricias. El ruso se desvistió; cuando su última prenda cayó al suelo su cordura también desapareció. 

Embriagado por el celo de Yuuri, Víctor le dio libertad de acción a su alfa; aquel alfa que buscaba someter a su omega haciéndolo gritar de placer bajo su cuerpo. Yuuri también había dejado de luchar contra su naturaleza, permitiendo que su omega gozara libremente del trato rudo y pasional del alfa. Eran alfa y omega disfrutando de sus naturalezas complementarias. 

El nudo de Víctor llenó el interior de Yuuri provocando el orgasmo del menor al sentirse completamente invadido por el alfa.

—Mi Yuuri —pronunció Víctor abrazándolo con fuerza mientras la íntima unión aún no desaparecía.

—Te amo —respondió Yuuri acariciando el cabello plateado. 

El celo de Yuuri desapareció completamente luego de pocas horas, lo que extrañó al alfa, pues solían durar alrededor de tres días. Mientras comían en el sofá de la sala cubiertos con pocas prendas; Víctor un pantalón holgado de pijama y Yuuri una camisa de Víctor, el alfa externalizó su extrañeza. Yuuri entonces le explicó que no había sido un celo natural, que lo provocó alguna sustancia que Hitoshi le dio a beber y que probablemente el efecto de la droga ya había pasado. Víctor se enfureció.

—Debí golpearlo en lugar de sólo sacarlo de casa —dijo caminando con furia por la sala—, pensé que no había logrado controlarse, pero en realidad nunca fue su intención hacerlo, ¡pero voy a buscarlo y…

—No —dijo Yuuri abrazando a Víctor y deteniendo su marcha—. Tú no eres violento y no puedes permitir que otras personas te vuelvan así. 

—Yuuri —dijo Víctor acunando el rostro del omega—, él pudo violarte. Él se aprovechó de tu confianza… si te hubiese lastimado, si te hubiese marcado… 

—Pero no lo hizo, estoy bien, estoy contigo —respondió sonriendo, tomando las manos de Víctor y besándolas con cariño.

Víctor abrazó a Yuuri y hundió su rostro en el cuello del omega, aspirando el aroma que lo hacía sentir tranquilo. Estaba bien, su Yuuri estaba bien, pero…

—No quiero que vuelvas a pasar por algo así —dijo Víctor sin despegarse de él. 

—¿Quieres marcarme? —preguntó Yuuri.

—Te amo y quiero protegerte, siempre. —susurró Víctor—. Quiero que estés seguro aunque yo no esté a tu lado. 

—Yo, no sé si eso es lo que quiero… —dijo Yuuri alejándose de Víctor y tocando aquella glándula cercana a su cuello—. Si todos los alfas se parecieran un poco a ti no habría necesidad de llevar una marca, pero al parecer la única manera de que algunos alfas nos respeten es como propiedad de otro alfa. Pensé que ya no era así, pensé que podía confiar en Hitoshi y ahora realmente no sé qué es lo mejor… Hubo un tiempo en que deseaba ser marcado, pero ahora me parece ofensivo; creo que tú y yo hemos creado un lazo importante sin necesidad de llevar esa marca cuyo peso simbólico es el de la territorialidad. Aceptar tu marca es aceptar que soy de tu propiedad. 

—No eres un objeto para que debas tener dueño —contestó Víctor—, sabes que nunca intenté marcarte precisamente porque conozco las implicancias simbólicas que ese acto tiene. Ante los ojos de todos un omega marcado es un omega con dueño y nunca quise que te vieran así… pero lo que ha pasado hoy cambia las cosas. 

—¿Ahora sí quieres reclamar propiedad sobre mí?

—No, yo no quiero decirle al mundo que me perteneces. Yo sólo quiero que tú y todos sepan que siempre estaré velando por tu bienestar. 

—No deseo llevar una marca, pero si tuviera que escoger una sería la tuya. 

Los ojos de Yuuri derramaron silentes lágrimas mientras recordaba lo sucedido. Víctor lo acercó a su cuerpo y buscó su cuello, aspiró su aroma y pasó su lengua sobre el lugar donde el omega recibía la marca. El cuerpo de Yuuri se estremeció.

—¿Te gusta que estimule este lugar? —preguntó el alfa.

—Sí —respondió Yuuri sin poder evitar soltar un jadeo al sentir contra su piel el aliento cálido de Víctor. 

—Aceptaré lo que decidas, Yuuri —susurró mordisqueando con cuidado ese sensible lugar.

El cuerpo de Yuuri comenzó a sentir como sus terminales nerviosas reaccionaban con espasmos de placer.

—Lo que yo decida…

Víctor unió su frente a la de Yuuri y mientras acariciaba con cuidado sus mejillas habló:

—Me gusta saber que eres libre y que si sigues a mi lado es porque lo escoges cada día; sin marcas ni contratos de por medio que condicionen tu voluntad, del mismo modo que yo elijo cada día quedarme junto a ti —sonrió—. Sin embargo, yo estoy seguro de que te quiero para siempre en mi vida, por eso no tengo temor de marcarte; si lo hago será sólo la muestra visible del amor que te tengo, de nuestro lazo irrompible y de mi deseo de cuidar siempre de ti. 

—Yo siempre he estado seguro de que te quiero a mi lado durante todos los días de mi vida —respondió Yuuri acariciando las mejillas del mayor—, no me da miedo que me marques porque ya sé cómo piensas y puedo sentir tus emociones incluso sin ese lazo; eres transparente para mí porque nunca me has puesto barreras y has dejado que te vea tal y como eres —sus ojos marrones brillaron mientras se encontraban con las lagunas azules en las que le gustaba sumergirse—. Mi rechazo a la marca es sólo por el significado social que tiene, no quería que al verme lo primero que pensaran era “tiene dueño”, quería que primero me vieran a mí… aunque ¡que se vayan al diablo! Si no pueden ver en mí más que al omega no merecen la pena. 

Víctor repartió besos por todo el rostro de Yuuri hasta acercarse nuevamente al punto sensible pegado a su cuello, rozando con sus dientes y haciéndolo temblar.

—Víctor —pronunció Yuuri en medio de jadeos—, márcame. 

Victor alzó el cuerpo de Yuuri y él envolvió su cadera con sus piernas, se besaron apasionadamente mientras el mayor acariciaba la espalda de Yuuri bajo su camisa. El alfa caminó la corta distancia que los separaba del sofá, se zafó el pantalon y se sentó, quedando Yuuri a horcajadas sobre su regazo. 

—Yuuri, te amo tanto mi cielo. 

—Yo te adoro, Víctor. 

Un beso pasional acompañó las manos de Víctor mientras quitaba la única prenda sobre la piel de su amante, mientras tanto, Yuuri había tomado su pene y el de Víctor para masturbarlos al mismo tiempo. El ruso besaba y tocaba, succionaba y dejaba marcas rojizas sobre el pecho del omega, lo hacía con dedicación y cuidado; la ternura del hombre predominaba sobre la rudeza del alfa. El japonés se humedecía con cada roce sobre su piel, jadeaba con la calidez de aquella lengua saboreandolo, gemía cuando sus pezones eran mordisqueados. 

Yuuri dejó la masturbación poco antes de alcanzar el orgasmo, deseaba sentir a Víctor nuevamente en su interior antes de dejarse ir en el cauce del goce; levantó sus caderas y tomó entre sus nalgas el miembro endurecido de su pareja, lentamente se penetró a sí mismo permitiéndose vocalizar el placer que lo llenaba.

—Muévete cariño —pidió Víctor sosteniéndolo de las caderas y ayudándolo a marcar el ritmo, un ritmo suave, lento y profundo.

Los gemidos llenaron la estancia junto a otros sonidos productos del sexo; piel contra piel, besos y succión. Víctor acompañó el ritmo de Yuuri imprimiendole algo más de fuerza y profundidad, el omega comenzó a sentir como el orgasmo se formaba en su interior y el nombre de Víctor salió de sus labios cuando finalmente se dejó arrastrar por aquella ola caliente y placentera. Los colmillos de Víctor rompieron la piel de Yuuri mientras lo apretaba contra su cuerpo sin dejar de penetrarlo. 

Dolió. A Yuuri le dolió sentir su piel siendo herida, pero ese dolor rápidamente fue anestesiado por la saliva de Víctor, e inmediatamente un placer desconocido y primitivo invadió al omega que gozaba al ser finalmente enlazado por el alfa que amaba. Para Víctor fue placentero encajar sus colmillos en la piel de Yuuri, tanto que desató su orgasmo y sintió su nudo crecer más de lo normal. La parte más primitiva del alfa deseaba mantener esa mordida durante el tiempo que durara el nudo, sometiendo al omega que abrazaba posesivamente. Sin embargo, Víctor no permitió que fuera el alfa quien los dominara; cuidadosamente retiró sus colmillos para luego lamer con cariño la zona que ahora llevaba su marca. 

Las lágrimas que comenzaron a recorrer las mejillas de Yuuri alarmaron a Víctor.

—Amor… ¿te duele mucho? ¿Te hice daño? —preguntó llevando sus manos a las mejillas del omega y secando con cariño las lágrimas de Yuuri.

—No, es que… gracias, gracias por amarme tanto —respondió envolviendo el cuello de Víctor, sintiéndose sobrecogido por lo que estaba experimentado a través de aquella marca que era su lazo. 

Víctor lo abrazó mientras esperaba que el nudo cediera, respirando profundamente el nuevo aroma de Yuuri; la dulce pureza del ciruelo blanco había sido teñida con la sensualidad del sándalo. El alfa sonrió con gusto mientras comenzaba a sentir también el lazo, y el amor de ambos fluyendo libremente a través de él. 

❄❄❄

El día siguiente, Yuuri, acompañado por Víctor, fue muy temprano a levantar una denuncia contra Hitoshi, a quien se le dió una orden de alejamiento; tuvo que cambiarse al horario vespertino para poder seguir con sus estudios. Ni Víctor ni Yuuri estaban dispuestos a permitir que algo como lo ocurrido quedara sin consecuencias. 

La última vez que se vieron Yuuri se acercó a Hitoshi. 

—Este es el aroma de mi alfa —le dijo—, el aroma que me protege de bestias como tú. Y lo llevo con gusto, porque es el único perfume que he deseado sobre mi piel. 

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