Un adiós y un nuevo comienzo (Esposo de placer)


El aeropuerto de Narita era un lugar muy grande y concurrido. Chris había llegado con varias horas de antelación y ya había entregado su equipaje. Estaba a pocos minutos de ingresar a policía internacional para que autorizaran su salida del país asiático, pero antes de hacerlo abrazó con fuerza a Víctor. 

—Espero que salga todo bien para ustedes dos, par de tontos —dijo el omega al alejarse de su amigo, mirándolo a los ojos.

—Estoy seguro de que será así —respondió sonriendo—. Lo siento Chris, por pedirte que nos alejemos. 

—No te preocupes, yo entiendo muy bien que en estos momentos él sea tu prioridad —sonrió—. No me duele porque sé que seguiremos siendo amigos y que en un futuro cercano, cuando Yuuri y tú hayan superado sus diferencias y su relación sea sólida, nosotros volveremos a estar unidos. Ese lindo japonés me querrá, ya lo verás, o dejo de llamarme Christophe Giacometti… te apuesto lo que quieras a que incluso lo convenceré para que hagamos un trío. 

—Sueñas despierto —Víctor reía ante las ocurrencias de su amigo—, yo también pienso que terminará por apreciarte, ¿pero un trío? Ni lo sueñes. 

—No rompas mis ilusiones —dijo Chris haciendo un puchero—. De todos modos, si Yuuri aceptara ¿lo harías?

—Sí, pero eso no pasará —insistió Víctor—. Mejor intenta convencer a Phichit de que hagan un trío con Masumi.

—Ya lo convencí —respondió Chris con arrogancia—, ese moreno precioso irá a visitarme a Suiza antes de lo que imaginas —sonrió ampliamente. 

—Me alegra saber que nunca cambiarás.

—Soy un espíritu libre, mon chéri. 

Ambos rieron y Chris volvió a abrazar a su amigo.

—Sabes que siempre estaré a una llamada de distancia —le dijo para después besar la mejilla del platinado—, hasta pronto. —Chris se dio la vuelta y comenzó a alejarse sonriendo, listo para emprender el regreso a su natal Suiza. 

♣︎

Víctor entró al hotel en el que se estaba hospedando y sonrió cuando vio a Yuuri sentado en uno de los cómodos sillones de cuero negro que habían en el lobby. Estaba tan concentrado leyendo que no se percató de su presencia hasta que se sentó a su lado y besó su cuello. 

—¡Víctor! —Exclamó Yuuri sobresaltado y sonrojado, mirando a su alrededor. Víctor simplemente rió. 

—¿Qué leías tan concentrado? —preguntó después acariciando las hebras azabaches de su novio. 

—Lavinia, de Ursula Le Guin —respondió enseñándole la portada del libro.

—¿Y de qué se trata? —Víctor tomó el libro entre sus manos, interesado.

—¿Conoces la Eneida? —contestó Yuuri con una pregunta.

—Sí, es una de las epopeyas escritas por Virgilio. Relata la historia de Eneas desde la guerra de Troya y la fundación mítica del imperio romano. 

—Bueno, Lavinia es un personaje de la Eneida. Ella termina siendo la esposa de Eneas, pero en el relato de Virgilio no tiene voz y su presencia es meramente ornamental. Lo que hace Le Guin es tomar el relato y ofrecernos el punto de vista de Lavinia, quien relata su historia desde que era una niña: como hija del rey Latino, va a consultar al oráculo y quien se le aparece es Virgilio profetizando algunos acontecimientos de su vida. 

—Suena muy interesante —dijo Víctor sonriendo ante la explicación de Yuuri.

—Es un libro cautivador —respondió él con los ojos brillando. 

—Para mí siempre será más cautivador verte a ti leyéndolo —Víctor tomó la mano de Yuuri y la llevó hasta sus labios, besando gentilmente los delgados dedos de su amado omega. 

Ambos se miraron y sonrieron, creando a su alrededor esa atmósfera especial formada por sus aromas reconociéndose y fundiéndose.

—Acompañame a la habitación —dijo Víctor poniéndose de pie—, aún debo guardar algunas cosas en la maleta —sonrió alegre. Ese sería el día en que volvería a su hogar, el hogar que tenía en los brazos de Yuuri. 

Tomados de la mano se dirigieron al ascensor, entre risas y comentarios alegres entraron a la habitación que ocupaba el ruso. Yuuri se sentó en la cama y Víctor comenzó a guardar las últimas camisas en su maleta negra. Yuuri miraba a Víctor, era sin duda un hombre guapísimo, y hacía mucho tiempo que no estaban a solas en una habitación. Yuuri se sintió algo avergonzado cuando su aroma se intensificó, aroma que delataba el deseo de su omega por el alfa de Víctor. Su propio deseo por Víctor. 

Víctor se sintió inmediatamente invitado por ese aroma a deseo, dejó lo que estaba haciendo y se acercó a Yuuri, se hincó junto a él y comenzó a acariciar su rostro mientras se miraban directamente a los ojos. Azul cielo y castaño otoñal se encontraban y reencontraban mostrando su amor y deseo. 

—Te amo, liliya —dijo Victor acariciando los labios de Yuuri con las yemas de sus dedos.

—Hazme el amor, Víctor —respondió Yuuri abriendo su boca para acariciar con su lengua húmeda los finos y largos dedos de Víctor—, te deseo —confesó entre suspiros. 

—Te deseo también —contestó Víctor lanzándose a los brazos de Yuuri, extendió el cuerpo del omega sobre la cama y se ubicó sobre él, entre sus piernas abiertas dispuestas a recibirlo—. Te he extrañado tanto que tengo miedo de no poder controlarme —decía Víctor mientras apretaba las caderas de Yuuri y lamía su cuello.

—No te controles, Víctor —respondió Yuuri jadeando—. Me gusta tu gentileza, pero no soy de cristal. Puedo disfrutar de un Víctor más rudo también. 

—Yuuri, mi precioso y amado lirio. 

—Y el omega que te desea, Víctor. 

Víctor besó a Yuuri con fuerza, como si quisiera devorar esos labios tímidamente carnosos que sabían a inocencia y lujuria. Yuuri respondía con vehemencia y enredaba sus dedos en el cabello platinado de Víctor mientras las manos del alfa se dedicaban a arrancar la ropa del omega sin importar destrozarla, deseando tocar esa piel ardiente que tanto extrañaba. 

Cuando el torso de Yuuri quedó libre, Víctor dirigió su boca hacia el pezón derecho del omega. El japonés dejó escapar un sonoro gemido cuando los dientes del ruso se encajaron con fuerza, para después succionar y lamer. 

Con desesperación se quitaron el resto de las prendas mientras giraban en la cama y no dejaban de tocarse, lamerse o besarse. Una vez desnudos, Víctor volteó a Yuuri, y acercándose a su oído, utilizando su voz de alfa susurró:

Levanta las caderas para mí, omega. —El cuerpo de Yuuri tembló y un jadeo cargado de excitación escapó de sus labios para luego obedecer la orden del alfa. Sus caderas se elevaron y Víctor comenzó a acariciar con la punta de los dedos aquellas redondas y suaves nalgas—. Usa tus manos para mostrarme la linda y caliente entrada que usaré para follarte —dijo despacio para luego alejarse y dejar que Yuuri abriera sus nalgas.

— Alfa, por favor… —pidió Yuuri mirándolo con los ojos nublados de deseo y los labios completamente hinchados. Una imagen que volvía loco y encendía cada parte de Víctor. 

Víctor miró la entrada lubricada y palpitante de de Yuuri, tomó entre sus manos su miembro erguido que escurría líquido preseminal y lo llevó a ese estrecho lugar del menor, enterrándose con fuerza, arrancándole al omega un grito que mezclaba placer y dolor.

—Yuuri, Yuuri… —pronunció Víctor besando la espalda del japonés.

—Más, Víctor más… —la voz de Yuuri salía entrecortada, pintada con los colores del deseo y la lujuria. 

Víctor comenzó a embestirlo con fuerza. Los jadeos de Yuuri y los gruñidos de satisfacción que emitía Víctor comenzaron a llenar la estancia, el ruido de sus pieles chocando y los gemidos prodigados sin mesura componían la más erótica de las músicas. 

Víctor apretaba con fuerza la piel de las caderas de Yuuri, intentando llegar más adentro, más profundo. Yuuri llevó su mano derecha hacia su propio sexo y comenzó a masturbarse al ritmo que Víctor imponía mientras entraba y salía de su cuerpo. 

—Víctor, estoy a punto…

Aún no, Yuuri 

—Víctor —Yuuri se estremeció, estaba al borde—, Víctor —la voz de Yuuri salió como una súplica, mientras seguía sumergido en el placer esforzándose por contener el orgasmo. Sus piernas temblaban, su cuerpo pedía a gritos la liberación, sus ojos nublados derramaban lágrimas al no poder expresar de otra manera lo que sentía; el placer, el gozo, la felicidad y la necesidad imperiosa de dejarse ir—. Víctor, necesito…

No aún.

Víctor colocó su mano en el abdomen de Yuuri y lo levantó, pegando la espalda del omega contra su pecho. Lamió su cuello, jugueteo con sus dientes en la zona dónde el omega era marcado, Yuuri se estremeció, pero dócilmente movió su cabeza y expuso aún más ese sensible lugar. Víctor besó y succionó, pero no mordió, acarició con su lengua caliente el cuello del japonés hasta llegar a su oído. No había dejado de embestir, estaba al borde también, su piel tan caliente como la de Yuuri, su cuerpo temblando también.

Ahora —dijo embistiendo con fuerza, llenando a Yuuri de su esencia mientras el omega gritaba su nombre y alcanzaba al fin ese deseado orgasmo que lo hizo perderse en los brazos del Víctor. 

Ambos cayeron a la cama, Víctor lo abrazaba y besaba con ternura. Yuuri respiraba agitado mientras su cuerpo aún temblaba y su consciencia no regresaba. Sin lugar a dudas había sido uno de los mejores orgasmos de su vida. 

Llegaron a casa más tarde de lo esperado, pero felices. Víctor fue el primero en entrar, Yuuri lo siguió y después de cerrar la puerta lo abrazó por la espalda, con fuerza. 

—Bienvenido a casa, mi amor —dijo Yuuri entre sollozos, sus lágrimas mojaban la camisa de Víctor, quien se giró con cuidado entre los brazos de Yuuri. 

—Te amo, Yuuri —le dijo besando su frente y luego sus lágrimas—, prometo poner todo mi esfuerzo para que seamos felices juntos.

—Te amo, Víctor —respondió Yuuri esbozando una sonrisa—, y pondré todo mi corazón para que escribamos una linda historia.

Ambos rieron mientras se acariciaban y besaban suavemente en cada rincón de sus rostros.

—Víctor, quiero pedirte algo… tal vez es un poco tonto, pero se lo dije a Isabella y dijo que tal vez podía funcionar. 

—Sabes que puedes pedirme lo que quieras —afirmó Víctor—, siempre te daré todo cuanto esté a mi alcance.

—Esto es algo sencillo —rio—, ven. 

Yuuri guió a Víctor hasta la habitación que compartían, en una de las paredes había una pequeña pizarra en la que Yuuri había dibujado un marco de flores. Arriba decía “Para ser felices necesitamos”. El ruso miró a Yuuri, quien tomó unos plumones permanentes que tenía en el velador.

—Necesitamos confiar en nosotros mismos y en nuestro amor —dijo Yuuri para después escribir aquello en la pizarra. Al terminar le pasó el marcador a Víctor, quien sonrió. 

—Necesitamos empatía, aprender a mirar desde la perspectiva del otro —afirmó para después escribir él también. 

—Necesitamos valorarnos y aceptarnos como somos, pero sin olvidarnos de crecer.

—Necesitamos comunicarnos. Decir lo que sentimos y lo que pensamos en el momento indicado, no guardarnos cosas que posteriormente podamos usar para lastimarnos. 

—Necesitamos amarnos y cuidarnos mutuamente, tener citas especiales que nos ayuden a mantener el romance y la unión. 

—Necesitamos sexo, mantener siempre encendida nuestra pasión y nuestro deseo mutuo. 

Yuuri sonrió al ver la pizarra.

—Cada día la veremos, para que no lo olvidemos —declaró con entusiasmo.

—Estoy seguro de que nunca lo olvidaremos, lyubimaya liliya. 

Ambos se miraron con amor, sonrieron y se acercaron lentamente. Victor envolvió la espalda de Yuuri y Yuuri abrazó el cuello Víctor, cerraron los ojos y juntaron sus labios en un profundo, húmedo y gentil beso. 

Un beso que tuvo sabor a esperanza.

Un beso que tuvo sabor a futuro. 

♥︎

FIN

¡Muchas gracias por leer esta historia!

Aunque todavía tengo algunos capítulos extras que subiré pronto

Por ahora les invito a ver un mini cómic del capítulo siete: La segunda primera vez ¡Aquí!

Y también  a ver mis otras historias ¡Aquí!

2 comentarios sobre “Un adiós y un nuevo comienzo (Esposo de placer)

  1. Maravillosa historia!! Realmente me cautivo
    Gracias por compartirla y darme la oportunidad de disfrutar un fics totalmente diferente a lo que solemos leer.
    Quisiera leer esos extras
    Me hubiese gustado ver lo versátil que puede llegar a ser… ufff jajajajaj
    Pero bueno entiendo que a veces las cosas es mejor dejarlas así como están…
    Pronto iré a chusmear tus otras historias

    Le gusta a 1 persona

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