Comunicarse con el cuerpo (Esposo de placer)


Víctor y Yuuri estaban tomados de la mano afuera del lugar que el omega había escogido para su segunda cita.  

—Una tanguería —dijo el alfa con sorpresa.

—Siempre me ha parecido que el tango es un baile muy hermoso y me gustaría aprender a bailarlo junto a ti —comentó Yuuri.

—Me parece una idea fantástica —respondió el ruso sonriendo. 

Yuuri también sonrió y juntos entraron a ese acogedor lugar, que se dividía en dos espacios. El primero era un salón de té con múltiples sillas y mesas redondas, el otro, era una enorme pista de baile en el que sólo había una mujer, ella los esperaba con una sonrisa.

—Hola, es un gusto para mí tenerlos aquí —dijo aquella beta extranjera cuando Yuuri y Víctor llegaron junto a ella—. Yo soy Paula y les enseñaré lo básico del tango, para que esta noche nos puedan acompañar en la milonga —sonrió la argentina de ojos color miel.

—Yo soy Yuuri, hablamos por teléfono hace unos días. Él es Víctor, mi pareja.

—Pues estoy encantadísima de que dos hombres tan guapos vengan a aprender tango conmigo. 

—Estoy ansioso por aprender —respondió Víctor sonriendo para luego llevar la mano de Yuuri a sus labios y depositar un suave beso sobre su muñeca.

—Bueno, lo primero que les mostraré es el paso básico —dijo Paula— Yuuri, fijate primero en mí y luego lo haremos al mismo tiempo. Después estoy contigo, Víctor. 

—Entendido —contestó Yuuri prestando atención.

—Primero, debes posicionarte con ambos pies juntos, distribuyendo el peso uniformemente —dijo mostrándole como—, luego dejas tu peso en la pierna derecha y arrastras tu pierna izquierda hacia adelante, sin despegarla, como si acariciaras el suelo, imaginatelo como si utilizaras los pies para acariciar la piel de tu amante, suave y sensualmente. Después, distribuyes nuevamente el peso de tu cuerpo y arrastras la pierna derecha hasta juntarlas —Paula se movió suavemente sobre el piso, acariciándolo con delicadeza—. Luego viene una apertura de la pierna derecha, este es el paso dos, acariciando hasta que las piernas queden separadas, como formando una A, y luego la izquierda la sigue y se juntan nuevamente. 

Yuuri miraba detenidamente los movimientos suaves y elegantes de Paula. 

—Tercero —dijo la argentina—, la pierna izquierda hacia atrás, la pierna derecha la sigue, se rozan y continúa su recorrido hacia atrás formando el paso cuatro. Cinco, la pierna izquierda se mueve hacia atrás y se cruza por delante de la pierna derecha —Paula se detuvo en el paso cinco para mostrar sus pies cruzados a Yuuri—, cuando ya sean bailarines más experimentados, desde este paso podrán sacar muchas figuras, como el ocho o un giro, pero ya eso se los mostraré después —sonrió—. Seis, pierna derecha hacia atrás, pierna izquierda junta. Recuerden chicos, que es sin levantar los pies, en el tango se acaricia el suelo con elegancia —declaró con firmeza—. Siete, apertura de pierna izquierda y ocho, pierna derecha junta a la par de la pierna izquierda.

Paula miró a Yuuri, quien se veía bastante serio intentando memorizar todos aquellos pasos.

—Lo haré de nuevo, ahora más rápido para que aprecies cómo luce de manera fluida —Paula comenzó a moverse con gracia y fluidez—, el tango es desplazarse con elegancia, caminar con garbo. El cuerpo se mueve como un bloque, jugando con la distribución de los pesos. No es salsa como para andar moviendo las caderas o dando saltitos —advirtió—, el tango es una manera elegante y apasionada de seducir. 

—Creo que me toca —dijo Yuuri cuando Paula terminó de mostrar nuevamente el paso.

—Hagamoslo juntos —contestó ubicándose algunos metros delante de Yuuri —. ¡Vamos! Uno… dos… tres… cuatro…. cinco…. seis… siete y ocho. Otra vez, ahora sólo tú. 

Paula miró a Yuuri moverse. El haber practicado ballet en el pasado ciertamente lo ayudaba a moverse con ligereza.

—¡Muy bien, Yuuri! Sabes moverte, sólo te falta un poco más de seguridad. Recuerda, el tango es pasión, el tango es seducción, y se seduce con confianza. Entras a la pista de baile con la certeza de que eres el más hermoso, siempre. 

—Yo, lo intentaré —respondió el japonés ruborizado. 

—Bien —continúo Paula—. Víctor, tus pasos son como un reflejo de los de Yuuri, o los de Yuuri son el reflejo de los tuyos, porque eres quien guiará —aclaró—. En lugar de empezar con la pierna izquierda hacia adelante comienzas con la derecha hacia atrás —mostró— y luego la apertura es con la derecha. Y sigues el juego del espejo, desplazándote de la misma manera en que Yuuri, como si estuvieras acariciando el cuerpo de tu amante, como si quisieras dar un suave toque sobre la piel de tu amado. En el paso cinco sólo juntas los pies, no hay cruce, y luego el seis, siete y ocho. Para volver a comenzar —Paula repitió cada uno de los pasos ante la atenta mirada del ruso—. Ahora hazlo junto a mí.

Víctor repitió con su natural elegancia los movimientos de la argentina, y luego los hizo sólo mientras ella le miraba sonriente.

—Tengo dos alumnos de primer nivel —halagó—, pareces gritar elegancia y seducción cuando te mueves, ¡eso es fabuloso! Víctor. Aunque ahora pasaremos a la parte más difícil, la comunicación. 

—¿La comunicación? —preguntó Víctor.

—Claro, el baile es un lenguaje y el movimiento de sus cuerpos el medio a través del cual se comunicarán.

Paula se acercó a Yuuri.

—Ahora haremos lo mismo pero en parejas —le dijo—, tu misión será escucharme, es difícil porque debes centrarte completamente en lo que mi cuerpo te dice, es cierto que ya conoces los pasos, pero no puedes ir por tu cuenta y hacerlos porque los has memorizado. Tienes que escuchar mi cuerpo y moverte en respuesta a él.

—Lo intentaré —respondió Yuuri.

Paula y Yuuri se pusieron frente a frente, y Paula rodeo el cuerpo de Yuuri con su brazo derecho y lo puso en su espalda, a una altura media. Yuuri respondió al abrazo posicionando su mano cerca del hombro de ella. Paula elevó su brazo izquierdo hasta la altura del hombro y tomó la mano de Yuuri.

—Abrázame como si fuera el amor de tu vida —dijo Paula—, olvídate de Víctor, porque ahora y mientras dure nuestro tango sólo yo existo para ti y sólo tú existes para mí. Esa es la única manera que conozco de bailar el tango de la manera correcta. 

—Está bien —respondió sonrojado y dejando que su torso y el de Paula se contactaran íntimamente, tocando el cuello de ella con su mano abierta. 

—Ahora escúchame —Paula comenzó a jugar con el peso de sus cuerpos, haciendo que Yuuri la siguiera, sin aviso movió su pierna derecha hacia atrás, siendo seguida por Yuuri—. Muy bien —dijo ella moviéndose nuevamente, llegando a paso lento a la posición número ocho para volver a comenzar. 

Víctor miraba a su novio moverse y sonreía, realmente se sentía seducido por sus movimientos suaves y delicados. 

—Perfecto —dijo Paula al terminar —. Ahora ven aquí Víctor, serás el nuevo amor de mi vida por unos momentos —bromeó. 

Víctor y Paula se abrazaron, ella acomodó su rostro muy cerca del cuello del ruso, su cuerpo estaba ligeramente inclinado hacia él, haciendo que el contacto de sus torsos fuera muy estrecho.

—Te escucho —dijo Paula. 

Víctor comenzó a moverse y Paula lo siguió. 

—No muevas tus brazos —advirtió ella—, mi torso y el tuyo están juntos porque es a través de tu torso que me indicas los movimientos. Si te alejas te sigo, si te siento venir retrocedo, si se mueve hacia un costado voy contigo, si te quedas quieto te espero. 

Víctor siguió las instrucciones de Paula y repitieron los pasos básicos tres veces, al finalizar la argentina sonrió. 

—Estoy feliz de tener alumnos tan receptivos —felicitó—. Además, bailar tango con tu pareja es divino, porque el tango enseña una manera de comunicación diferente, ustedes aquí también aprenderán a entenderse sin palabras, aprenderán a expresar lo que necesitan de su pareja y a escuchar el cuerpo del otro para que el baile sea hermoso. Y ese aprendizaje también les servirá en su vida diaria. Indudablemente se conocerán mejor a través del baile. 

—Eso me parece estupendo —dijo Víctor abrazando a Yuuri por la espalda y dejando un beso sobre su cabello. 

—Además —continúo la mujer—, es una manera de estar seduciéndose constantemente —sonrió pícara.

El resto de la tarde, Víctor y Yuuri siguieron practicando los pasos básicos y la caminata, siendo corregidos y guiados por Paula, quien fue poniendo diversos tangos para que ambos comenzaran a notar el tiempo y su caminar fuera acorde al ritmo de la música. Escuchar, escuchar la música y sentirla, sentir la música y el cuerpo de tu pareja, comunicarse en ese lenguaje mudo compuesto por movimientos sutiles y elegantes, mientras seduces con cada parte de tu cuerpo, mientras te sumerges en la pasión del abrazo posesivo y la mirada encendida. Ser absolutamente consciente del cuerpo propio y el cuerpo ajeno que tienes entre tus brazos, como si hicieran el amor, pero las caricias fueran convertidas en los suaves movimientos de los pies sobre el suelo. 

La noche cayó y la milonga comenzó. Y aún rodeados de gente sólo existían ellos dos. Porque para Víctor, Yuuri era el más hermoso y seductor, su único verdadero amor. Porque para Yuuri, Víctor era la elegancia y el erotismo hecho carne, el único que despertaba su deseo y sus ganas de ser deseado. 

Tan sólo caminaban, no podían realizar las maravillosas figuras que hacían los bailarines experimentados, pero su caminar hablaba, hablaba de amor, de deseo, de pasión, de lujuria. De todo aquello de lo que se estaban privando por haber sido un par de idiotas, pero que anhelaban de regreso. 

—Te amo tanto —confesó Yuuri cuando la música dejó de sonar para que los bailarines se dieran un descanso.

—Y yo a ti, Yuuri. Te amo y no quiero estar lejos de ti —respondió Víctor acariciando el rostro del omega.

—Vuelve a casa, ese lugar es muy solitario sin ti. No lo puedo llamar hogar si no estás allí. 

—Volveré —dijo Víctor para luego besar los deliciosos labios de Yuuri.

Ese beso tuvo sabor a promesa. 

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