Verdad ( Esposo de placer)


El día del estreno había llegado. Yuri finalmente haría su debut en el ballet profesional. El teatro estaba repleto, pero eso, lejos de poner nervioso al rubio de ojos verdes, lo motivaba. A sus 19 años, él deseaba brillar. 

La pieza que se interpretaría tenía por nombre “Thamar” y Yuri sería el príncipe que intenta seducir a Thamar, la reina de Georgia. A través de un baile apasionado. 

Víctor estaba en primera fila observando el espectáculo. Pudo darse cuenta que cerca estaba Otabek, también mirando el espectáculo, pero cuando sus miradas se cruzaron pudo observar en la mirada del moreno algo de ¿resentimiento? ¿Enfado? No estaba seguro, pero sabía que no era bueno. Víctor quiso reír, realmente el gatito debía gustarle mucho a ese serio alfa. 

Cuándo la obra terminó, todos aplaudieron de pie, y Yuri sonrió satisfecho. Había brillado, y lo seguiría haciendo. 

Las personas comenzaron a abandonar poco a poco el teatro. Víctor salió de la sala, pero no se marchó, debía esperar a Yuri para ir a una cena de celebración. Le tenía un pequeño obsequio. No obstante, al salir al patio interior del teatro y ver aquel cielo nocturno recordó a otro Yuuri. 

—¿Qué me has hecho liliya? Cuándo estoy contigo solo pienso en ti. Y ahora que estoy lejos también. 

Víctor tomó su teléfono móvil. Pensó en escribirle un mensaje, pero después de pensar un rato decidió hacerle una llamada. 

Víctor —saludó Yuuri.

—¿Cómo estás, lyubimaya liliya?

Bien. Con bastante tarea, los profesores son exigentes… aunque también amables, estoy contento de poder asistir a estas clases. 

—Me alegra oírlo, cariño.

¿Cómo han sido tus días? ¿Qué estás haciendo ahora?

—Bueno, no he hecho muchas cosas. He visitado a algunas personas que no veía hace tiempo y ahora estuve en el teatro viendo ballet. Fue una obra preciosa, sin lugar a dudas los bailarines principales tienen muchísimo talento. Brillarán mucho en el futuro. 

Nunca he visto ballet en vivo. Debe ser precioso. 

—Lo es. Pero más hermoso eres tú. Al salir de la obra y mirar el cielo nocturno de Rusia no pude evitar pensar en ti. En tu cabello negro, en tus ojos brillantes. Créeme cuando te digo que jamás he extrañado a nadie como te extraño a ti en estos momentos. 

Víctor… yo también te extraño mucho —la voz de Yuuri sonaba emocionada—. Sé que no han sido tantos días, pero me acostumbre a ti. Y no quiero… no quiero… perdóname por ser tan inseguro, pero tengo miedo de que encuentres a alguien que haga que pierdas el interés en mí. 

—Cariño, por favor no pienses eso. 

Es que yo… no tengo nada especial. 

—Ya hemos hablado de esto, liliya. Tú eres absolutamente único, especial y maravilloso. Y cuando estemos juntos en Barcelona y te tenga entre mis brazos nuevamente te lo dejaré muy claro. 

Víctor…

—Eres hermoso, dulce, honesto, inteligente, imaginativo, apasionado. Podría seguir enumerando tus virtudes. Me encantas. Cada día que pasa me gustas más. A pesar de estar lejos me tienes como bobo pensando en ti —Víctor rio.

Yo pienso en ti todo el tiempo —la voz de Yuuri sonaba temblorosa. Víctor se imaginaba su rostro arrebolado y su mirada tímida. Le encantaba poder hacerlo. 

—Cariño, debo dejarte. Estoy ansioso por verte, abrazarte, besarte…

Yo también. Te quiero Víctor, adiós. 

—Hasta pronto, lyubimaya liliya.

Víctor sonrió y guardó su teléfono móvil. Había estado distraído en su llamada y no se había percatado de que ya no estaba solo. Sin embargo, apenas guardo el móvil sintió el aroma de otro alfa. 

Se giró y se encontró con Otabek Altin mirándolo con ira. Supo inmediatamente que había oído su conversación. Víctor ni siquiera pudo abrir la boca para decir algo cuando el kazajo ya se le había ido encima. Le dio un golpe en la mejilla izquierda que lo tomó desprevenido. Víctor jamás había utilizado la violencia, nunca la utilizaron contra él y él nunca la utilizó contra nadie. Pero, era alfa después de todo, y no estaba dispuesto a dejarse golpear. 

Víctor y Otabek estaban a punto de trenzarse en una pelea a puño limpio cuando Yuri llegó y se interpuso entre ambos. 

—¡Acaso son unos idiotas! —gritó—. ¿Qué les pasa, par de imbéciles? 

—Hazte a un lado, Yura —dijo Otabek con tono serio—, le daré una lección a ese bastardo por traicionarte. 

—¿De qué estás hablando? —preguntó Yuri mirándolo con el ceño fruncido—. Víctor no me traiciona. 

—Lo escuché hablando por teléfono con otra persona. Haciendo planes para verse en Barcelona. 

—Beka —dijo Yuri suspirando y relajando los músculos de su rostro—, Víctor no me engaña. Nuestra relación no incluye amor romántico ni exclusividad. Él puede hacer lo que quiera, y para que te quede bien claro, puede acostarse con quien se le de la gana y yo también. 

Yuri llevó sus manos a su rostro y luego a su cabello. Estaba nervioso, no quería que Otabek lo despreciara. Era una persona muy importante para él. Otabek los miró confundido, y luego la rabia en sus ojos se dirigió nuevamente al alfa de cabello color plata.

—Tú estás jugando con él —acusó—, te has aprovechado de su ingenuidad para manipularlo, maldito bastardo.

—Eso no es cierto, Otabek —aclaró Yuri—, yo no soy ningún idiota manipulable. Sé perfectamente en qué me metí y lo hice porque me conviene. Víctor ha sido amable y generoso conmigo, no tienes ningún derecho a ofenderlo —dijo con seriedad. 

Otabek apretó los puños, se dio la vuelta y se marchó. 

—¡Maldición! —gritó Yuri—. ¿Por qué demonios tenía que enterarse así? —Los ojos verdes contenían lágrimas que el rubio se negaba a derramar, pero que Víctor pudo notar inmediatamente. 

—Kotenok —le dijo acariciando su cabello—, ese muchacho está enamorado de ti. 

—Eso ya no tiene importancia, seguramente ahora me odia. 

—Yo pienso que si hablas con él, tal vez comprenda tus razones. ¿Por qué no lo alcanzas? 

—¿Y nuestra cena?

—Podemos dejarla para otra ocasión, te esperaré en casa. 

—Pero, yo…

—No tienes por qué dudar tanto, kotenok. Haz lo que deseas hacer, no te preocupes por nada más. Recuerda que yo siempre me preocuparé por ti. 

—Gracias, Víctor. 

—¡Wow! Ya no soy viejo calvo.

—No te acostumbres —Yuri sonrió y salió rápidamente del lugar. 

Víctor se llevó la mano a la mejilla izquierda.

—Sí que golpea fuerte ese alfa kazajo. Me habría gustado poder devolverle el golpe, al menos. 

Víctor suspiró y miró hacia el cielo. La verdad, él jamás se había sentido celoso, y en el fondo esperaba jamás sentirse así. Después de todo, los celos ciegan y sólo lastiman. Él lo había visto muchas veces. Quien sentía celos se volvía irracional y actuaba de manera imprudente, lastimando a la persona que supuestamente amaba y lastimándose a sí mismo en el proceso. Mientras que quien era celado era lastimado por la desconfianza de su pareja.

—No entiendo por qué las personas forman relaciones cerradas si no son capaces de confiar en la persona que tienen al lado, o de respetar aquello que prometen. 

—Fácil, mi querido Víctor —dijo JJ caminando hacia el alfa de ojos zarcos—, cuando se involucran en una relación simplemente dan por sentado que es obligatorio adaptarse a la norma, pero en realidad no lo hablan, no lo acuerdan, no lo eligen. Así es fácil ser infiel o desconfiado. 

—¡Jean! No sabía que estabas aquí. 

—Mi pareja, Isabella, es prima de una de las bailarinas. 

—No tenía idea. 

—Siempre me pides que haga averiguaciones para ti, pero nunca preguntas sobre mí. 

—Es cierto, lo siento. Debería ser más atento con un viejo amigo. 

—¿Y por qué pensabas en la fidelidad?

—Sólo pensaba que detesto la forma en que se comporta la gente cuando tiene celos. Lo que me llevó a pensar en las cosas horribles de las que me he enterado por culpa de ese malentendido sentimiento de propiedad que solemos tener, especialmente los alfas. Tú como policía debes saber de cosas peores. 

—Sí, golpes, asesinatos, violencia sexual, etc. Crímenes mal llamados pasionales, que simplemente muestran que en muchas ocasiones vemos a nuestra pareja como un objeto de propiedad y no con un ser humano completo que en última instancia es el único dueño de sí mismo. 

—Por eso, si algún día decidiera tener una relación tradicional, sólo lo haría con una persona en la que pudiera confiar plenamente, porque si hiciera ese compromiso lo respetaría. Si no, es mejor seguir como estoy. Sin ataduras.

—Bueno, para algunas personas funciona. Yo estoy muy feliz con mi linda Isabella. Ella es Beta, y aunque dicen que una relación Alfa/Beta no es lo mejor, yo les puedo asegurar que es mentira. 

—Tengo una reservación en un restaurante. ¿Crees que Isabella quiera venir? Me gustaría charlar más contigo y conocer a tu querida Beta. 

—Estoy seguro que le encantará —una amplia y hermosa sonrisa se formó en el rostro de JJ. 

—Beka, tenemos que hablar —dijo Yuri en cuanto el kazajo abrió la puerta de su departamento. 

—Si vienes a seguir defendiendo a ese alfa bastardo es mejor que te marches. 

—No pienso irme hasta que me escuches —Yuri entró al departamento sin pedir permiso y fue directamente a sentarse a uno de los sillones—. Conozco a Víctor desde los 16, me recogió de la calle en la que mi propia familia me dejó al morir mi abuelo. 

—¿Y desde esa edad? ¡Te sacó de la calle para volverte su puta! 

—Si vuelves a decir una cosa así de mí te daré una patada que te mandará a volar. Muy omega podré ser, pero débil jamás. 

—Pero, Yura. Se aprovechó de ti. 

—Escucha antes de sacar conclusiones. Yo no me acosté con Víctor a los 16. 

—Está bien, escucharé. 

—Mis padres murieron cuando yo era apenas un niño. Mi abuelo fue quien me crió, él… él era el mejor hombre del mundo —dijo Yuri con una sonrisa melancólica en su rostro—. Comencé a bailar ballet desde pequeño, él se encargaba de llevarme a clases, de comprar mis atuendos, mis zapatos, todo, tuve una infancia muy feliz a su lado. La verdad nunca me hicieron falta mis padres, no los recuerdo y mi abuelo se encargó de darme todo el amor que necesitaba. Pero cuando cumplí quince años mi abuelo enfermó… falleció al poco tiempo. Como era menor de edad no pude acceder a su herencia y unos familiares lejanos se quedaron con todo y se deshicieron de mí. En ese momento pensé que mis sueños de ser bailarín profesional se había acabado, no tenía dónde vivir y tuve que robar para alimentarme. Después de haberlo tenido todo, estaba en la calle. 

—Y en ese momento conociste a Víctor. 

—Le robé la cartera, no era muy experto así que me descubrieron. Pero Víctor no reaccionó como la mayoría lo habría hecho; él quiso saber por qué un muchacho tenía la necesidad de robar. Víctor me dio de todo: una casa donde vivir, ropa, alimento. También me llevó con Lilia para que retomara el ballet. 

—Pero a cambio…

—No fue así, Beka. Yo pensé que estaba enamorado de él, ahora me doy cuenta de que confundí los sentimientos. Es cariño y gratitud lo que siento por él. Cuando te conocí a ti me di cuenta de eso —Yuri bajó la mirada algo ruborizado. 

—Yura…

—Yo quise tener una relación con Víctor. Él me dijo que no le interesaba una relación tradicional, me explicó sus términos y yo acepté. Tenía 18 años cuando sucedió. Ya antes le había dicho que quería estar con él y se había negado debido a mi edad, pero, reconozco que forcé las cosas. Durante mi celo yo no tomé los supresores y fui con él, Víctor no me rechazó. Después de eso comenzamos este tipo de relación, sin embargo,  él ya había planteado irse a Japón por lo que estuvimos juntos poco tiempo antes de que se fuera. Mi sueño estaba aquí así que no podía irme por mucho que quisiera seguirlo. Poco tiempo después te conocí a ti y… comprendí la diferencia entre lo que siento por Víctor y el verdadero amor. 

—No sé qué decir. 

—Entonces te lo preguntaré, ¿estás enamorado de mí?

—Sí. He estado enamorado de ti todo este tiempo, pero siempre respeté tu supuesto noviazgo. 

—¿Y ahora que sabes la verdad?

—Te quiero para mí Yura, pero sólo para mí. ¿Estás dispuesto a ser mi novio bajo esos términos, o no? 

Yuri asintió. Otabek extendió sus brazos y el omega se refugió en ellos. 

Víctor estaba tomando desayuno en la mesa de diario que tenía en la cocina cuando Yuri regresó a casa y se sentó frente a él. 

—Buenos días, Yuri —saludó primero. 

—Buenos días. 

—Creo que te fue bien con Otabek. 

—Sí. Él y yo empezaremos una relación.

—Me alegro por ti. 

—Seremos novios, entonces… nosotros. 

—Entiendo. No tienes que darme explicaciones. 

—Pero, romperé el contrato. 

—No te preocupes. Lo demás seguirá como hasta ahora, hasta que ya no lo necesites. No dejaré de apoyarte. 

—Gracias. 

—Kotenok. Realmente deseo que lo de ustedes funcione. Pero prometeme que no dejarás que te cele demasiado, debe confiar en ti. 

—Lo sé. —Yuri sonrió—. Víctor, Otabek y yo nos entendemos bien, no te lleves una mala impresión de él sólo por lo que pasó. 

—No te preocupes, sé que quería protegerte. Pero recuerda que siempre estaré si me necesitas. 

—Lo sé… gracias viejo calvo. 

—Ya había durado demasiado tu comportamiento amable —dijo Víctor haciendo un puchero. 

—Es para que no te acostumbres. 

—Tengo un regalo para ti. La verdad es que lo vi y pensé en tus ojos —sonrió Víctor—. Espérame un momento.  

Víctor salió de la cocina y regresó a los diez minutos con una cajita negra. Yuri abrió la cajita y sacó un colgante con esmeralda en forma de pera y halo de pavé de diamantes. 

—Tal vez no es muy de tu estilo, pero me pareció bonito. Me recordó a ti. 

—Gracias Víctor, gracias por todo —dijo Yuri con una sonrisa.

—¡Wow! El gatito hasta luce tierno —dijo Víctor—, dan ganas de abrazarlo —lo abrazó con fuerza.

—Ya suéltame, viejo clavo, me aprietas. ¡Te patearé el trasero!

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