Tú y yo ( Esposo de placer)


El corazón de Yuuri latía vigorosamente mientras caminaba por el aeropuerto arrastrando su maleta, eran las siete de la mañana y era la primera vez que salía de Japón.

Lo primero que vio al salir a la sala común fue el cabello plateado del ruso que lo esperaba, su porte lo hacía sobresalir entre la gente que lo rodeaba. Víctor le sonrió en cuanto sus miradas hicieron contacto. Yuuri caminó despacio y al encontrarse el alfa ruso lo abrazó, envolviéndolo con fuerza y cariño. 

—Te eché de menos, Yuuri —susurró Víctor cerca de su oído mientras aspiraba el suave perfume a flor de ciruelo que desprendía el cuerpo del japonés. 

—Yo también —contestó el omega, Yuuri respondió al abrazo y hundió su rostro en el pecho del alfa. La sensación de estar entre sus brazos lo hizo temblar, realmente sentía que ese era su lugar. Un lugar que no quería perder, pero tampoco compartir. 

Ninguno de los dos quería romper el abrazo y lo prolongaron por minutos y más minutos. Finalmente fue Víctor quien se separó de Yuuri, lo miró con cariño y tomó sus manos para besarlas. 

—Debes estar cansado por el viaje. Será mejor que vayamos al hotel y descanses. 

Yuuri asintió, Víctor tomó la maleta y de la mano caminaron fuera del edificio para conseguir un taxi que los llevara al hotel ubicado en el Passeig de Gràcia. El camino no fue muy largo.

Cuando Yuuri entró a la habitación se sintió nervioso, no pudo evitar pensar que el omega suizo pudo haber estado allí. Víctor notó el ligero cambio en el aroma de Yuuri, así como también un gesto de desagrado que se esforzó por borrar inmediatamente. 

Víctor era consciente de que Yuuri ignoraba la conversación que había tenido con Phichit, aún así debía encontrar las palabras adecuadas para tranquilizarlo. Lo rodeo con sus brazos, pegando la espalda del omega a su pecho y apoyando su barbilla en el hombro de Yuuri. 

—Espero que te guste el hotel. Me cambié anoche y es la primera vez que me quedo aquí, pero al parecer está muy bien. 

—¿Te cambiaste? ¿Por qué? —cuestionó.

—Porque el otro estaba en Pedralbes, un barrio residencial y aburrido donde no hay nada más que mansiones y gente aburrida. Lamentablemente los inversionistas a los que visité viven allí así que me era más cómodo, pero como ahora estoy de vacaciones con mi precioso Yuuri decidí que sería mejor estar en un lugar más céntrico. Desde aquí podemos caminar a Plaza Catalunya, a las Ramblas, y por toda la Ciutat Vella, que es el distrito más interesante de Barcelona. 

Yuuri giró despacio entre los brazos de Víctor y fijó su bella mirada otoñal en los iris zarcos del alfa.

—Voy a darme un baño —le dijo—, creo que lo necesito después de tantas horas de vuelo —sonrió y dejó un suave beso en los labios del mayor para después separarse de él y dirigirse al baño. 

El resto de la mañana Yuuri durmió, durante las horas de vuelo había estado demasiado ansioso para intentar dormir siquiera, pero después del baño su cuerpo se relajó y apenas pudo llegar a la cama. 

Víctor se la pasó mirándolo dormir, acarició sus cabellos azabaches y admiró la belleza de su rostro. Las palabras que Chris le había dicho la última vez que se vieron se repetían en su cabeza y el alfa se sintió como si estuviera en un precipicio decidiendo si debía arrojarse al vacío, sonrió ante la comparación. Víctor nunca se había considerado cobarde, pero ahora debía admitir que le asustaba enfrentarse a lo desconocido. 

Víctor nunca había buscado amor, al menos no esa clase de amor. Su madre había sufrido lo suficiente como para que él no deseara involucrarse sentimentalmente con nadie. Pero Yuuri siempre había sido especial y ya no podía negarlo.

La primera vez que lo vio quedó maravillado con esa mezcla perfecta que el omega tenía entre erotismo e inocencia. La manera tan dulce y completa en la que se entregó a él esa primera vez que estuvieron juntos lo maravilló, y después, cada día que pasaron juntos, lo sorprendió: Era divertido conversar con él porque era sumamente inteligente y escucharlo expresar opiniones era un deleite, era reconfortante estar en sus brazos porque era cálido y amoroso, era inevitable perderse en sus ojos porque su mirada era limpia e inocente, Yuuri era una persona transparente, que de alguna u otra forma siempre transmitía lo que pensaba y sentía pese a las inseguridades que lo atormentaban. 

Víctor sonrió y miró la hora. Era momento de despertar a su bello durmiente para ir a almorzar, si lo dejaba dormir más por la noche no podría hacerlo, y aunque eso no fuera del todo malo, debía descansar bien para el día siguiente. Víctor sonrió pensando en la sorpresa que había preparado para él. 

—Haré que toda tu belleza y sensualidad salga a flote —murmuró Víctor—, y tú también podrás verte a través de mis ojos —sonrió. Luego comenzó a repartir besos por el rostro de Yuuri hasta que el omega abrió los ojos entre sonrisas y una muy somnolienta mirada. 

—Víctor, tengo sueño.

—Pero es hora de comer, liliya. Y no quiero que esta noche no puedas descansar, mañana debemos salir temprano. 

—¿Mañana? ¿Qué haremos?

—Sor-pre-sa —respondió mientras daba cortos besos en los labios de Yuuri.

Yuuri caminaba maravillado por las calles de Barcelona. Habían llegado a Plaza Catalunya y luego caminaron por el portal del ángel, donde decenas de personas caminaban entrando y saliendo de las numerosas tiendas que allí se encontraban. Poco después llegaron a la catedral; hermosa y majestuosa. Se detuvieron a observarla por largos momentos y luego continuaron su andar por via Laietana, doblaron en Carders y entraron a un restaurante de comida vietnamita llamado Mosquito. 

—Siempre que estoy en Barcelona vengo a este restaurante, hacen un Pho maravilloso —dijo Víctor entusiasmado. Yuuri sonrió al ver el rostro alegre del alfa.

Ambos se sentaron y fueron atendidos por una amable beta, ambos pidieron Pho y cerveza. Mientras esperaban conversaron animadamente de diversas cosas.

—¿Quién crees que ganará el nobel de literatura este año? —preguntó Víctor sabiendo lo mucho que el nipón apreciaba la literatura.

—Solo sé que no será Murakami —rió el omega. 

—¿No te gusta? Yo leí “Tokio Blues” y “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y ambos libros me gustaron mucho.

—Yo también los he leído. No digo que no me guste, Murakami crea personajes interesantes e historias llamativas. 

—Pero no es de tus favoritos, ¿cierto?

—No. 

—¿Cuáles son tus autores japoneses predilectos? 

—Mishima, Kawabata y Tanizaki son espléndidos y representan lo que es la literatura japonesa contemporánea. También hay dos grandes escritoras: Murasaki Shikibu, que escribió la primera novela japonesa de la historia: Genji monogatari. Y Sei Shonagón que escribió “Makura no Soshi”, que en realidad era su diario íntimo. 

—No he leído nada de lo que mencionas. 

—Bueno, yo tampoco he leído literatura rusa. Pero si te interesan los autores que mencioné te recomiendo empezar por Kawabata —sonrió el japonés. 

—Eres una persona muy interesante Yuuri —dijo Víctor tomando su mano y mirándolo fijamente con sus brillantes y preciosos ojos azul cielo—, cuando hablo contigo siento que puedo aprender cosas nuevas, perderme en tu voz mientras expresas todo lo que tienes en la cabeza de los diferentes temas que tocamos es una verdadera delicia. 

Yuuri se ruborizó ante las palabras del alfa. Víctor sonrió y llevó sus manos hasta las mejillas color carmín, las acarició con suavidad mientras el omega sonreía. 

El resto de la comida estuvo bastante animada. 

Después del almuerzo, Víctor le mostró al omega bonitos lugares cercanos al lugar donde almorzaron: el Palau de la música catalana, el mercado de Santa Caterina, El Passeig del Born, la iglesia Santa María del mar. Víctor estaba muy animado mostrándole a Yuuri cada rinconcito de ese pedazo de Barcelona. 

—Víctor, estoy muy cansado —dijo de pronto Yuuri—, recuerda que apenas llegué esta mañana. 

—Lo siento, te he hecho caminar demasiado, ¿tomamos un taxi al hotel? Podemos pedir servicio a la habitación cuando nos de hambre. 

—Sí, por favor. 

Poco tiempo después Yuuri se lanzó sobre la cama, exhausto. 

—Viajar en avión y enfrentar un cambio de horario es más agotador de lo que pensé —dijo Yuuri bostezando. 

—Por eso lo mejor es que comamos pronto y te duermas temprano —respondió Víctor recostándose junto a Yuuri y extendiendo sus brazos. El japonés se acomodó entre ellos descansando su rostro en el pecho de Víctor. 

Y en ese momento se sintieron en paz. Porque en ese momento no existía nadie más que Víctor para Yuuri, porque en ese momento no había nadie más que Yuuri para Víctor. 

Un comentario en “Tú y yo ( Esposo de placer)

  1. Bueno acá hay un victor enfrentando la verdad de que siente algo especial por yuuri. Ya no hay más vuelta que darle al asunto.
    Luego vemos como el hace sentir único a yuuri, victor es tan dulce.
    En cuanto lo que vivió su madre debe ser algo que sin dudas lo marcó…
    Espero que las cosas mejoren y que yuuri pueda disfrutar de victor en ese bello país.
    Autora me haces feliz con estas actuaciones

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