Sorpresas parte dos: Juegos de seducción (Esposo de placer)


Toda la confianza que Yuuri había experimentado durante el día se fue abajo cuando se miró al espejo con ese ajustado traje que Georgi le había obligado a ponerse. El traje era hermoso, negro y sumamente ajustado, con pedrería en el hombro izquierdo y la cintura, además de una media falda que cubría su pierna izquierda hasta la mitad del muslo. 

Sencillamente él no podía salir así. El traje era hermoso, pero no era adecuado para él. Sus caderas anchas, sus muslos gruesos y su abdomen nada firme se lo impedía. Georgi insistía en que se veía divino, pero eso a ojos de Yuuri era imposible. Estaba a punto de quitárselo cuando Víctor entró a la estancia que cumplía la función de camerino improvisado. 

—Georgi me ha dicho que no estás a gusto con el traje que escogió para ti.

Yuuri lo miró y por un momento se quedó sin habla. Víctor se veía tan condenadamente bien con ese traje, la parte de arriba era una sola pieza que simulaba un frac de un hermoso color entre rosado y violeta, con una camisa blanca que dejaba al descubierto un trozo de piel de su pecho. Tenía unos guantes largos que cubrían su dedo pulgar y el pantalón negro se ajustaba totalmente a sus largas y trabajadas piernas. 

—Creo que no me queda bien —atinó a decir Yuuri sin poder despegar la mirada de Víctor. 

—Yo creo que te ves hermoso —dijo Víctor acercándose—, me recuerda a la primera vez que te vi. 

—¿Acaso parezco una prostituta? —preguntó al recordar cómo se habían conocido. 

—Claro que no, cariño —dijo Víctor acercándose a él para después acariciar su mejilla —. Me refiero a que eres la mezcla perfecta entre inocencia y erotismo. Este traje te hace ver muy sexy, me encanta como marca tu figura —Víctor puso sus manos en las caderas de Yuuri—, tus caderas anchas me vuelven loco y tu trasero es divino —dijo tocándolo descaradamente.

—¡Víctor! —exclamó sonrojándose el nipón. 

—Te haría el amor aquí mismo, ahora mismo. Tan condenadamente sexy, tan exquisitamente dulce. 

—¿De verdad…?, ¿de verdad piensas que me queda bien? —preguntó Yuuri en un susurro mientras era apresado por los brazos de Víctor. 

—Sí, el traje te hace lucir muy sexy al marcar tus deliciosas curvas. Y tu mirada, tan dulce e inocente, hace el contraste perfecto. 

—Yo, me siento un poco avergonzado con el puesto. 

—¿Recuerdas lo que te dije antes? —preguntó Víctor ganando la atención de Yuuri que lo miraba con duda—, olvida que hay más gente cariño. Esta sesión es nuestra, sólo existimos nosotros y yo deseo que tú me seduzcas. 

—Víctor…

—Por favor, liliya. Muestrame toda esa sensualidad que ocultas, quiero verla. Deseo que tu pasión despierte la mía —Víctor llevó sus labios sobre los labios de Yuuri, los besó suavemente y sin apartar sus ojos color cielo de los castaños de Yuuri, luego, dijo casi en un susurró—; decidí lanzarme al vacío y necesito que tú lo hagas también. Necesito que creas cuando te digo que eres hermoso, necesito que sepas que eres capaz de seducirme, necesito que seas tú quien se convenza de que eres el único para mí. 

—¿Qué quieres decir con eso? 

Víctor besó a Yuuri y lo alzó entre sus brazos. Fue un beso diferente a cualquier otro, el sentimiento que expresaba era uno que le costaba aceptar, pero al que había decidido abrir paso. 

—Yuuri —dijo Víctor al romper el beso—, cumple mi deseo y te prometo cumplir el tuyo. 

—¿Mi deseo?

—Sí, Yuuri. Lo que desees de mí te lo daré. 

—Entonces vamos, yo prometo que te seduciré tanto que hasta olvidarás tu nombre.

♥︎

Yuuri y Víctor estaban encerrados en su burbuja, la cual los transportaba a una gruta de marfil con paredes ondulantes en la cual la luz del sol se colaba tímidamente otorgando calidez al regalar el interior con tonos rojizos y anaranjados; arrebolados. 

Llevaban veinte minutos posando para el lente de Emil, y cada minuto que pasaba se encerraban más en esa burbuja que los hacía olvidar que no estaban solos. En ese momento Víctor se encontraba tendido en el suelo, Yuuri había tirado de la tela que cubría su pecho rompiéndola y dejando al descubierto la blanca piel del alfa, sus músculos marcados y su abdomen plano. Yuuri se encontraba a horcajadas sobre el ruso y sentado en sus caderas se inclinó a besar la piel desnuda del alfa. Víctor aprovechó para bajar el cierre del traje que Yuuri llevaba puesto, dejando su espalda al descubierto, desnudó también su hombro derecho y llevó sus labios hasta el, besando y succionando la delicada piel del omega. 

Víctor llevó su boca peligrosamente cerca del punto en que un omega recibía la marca del alfa, se dedicó a jugar en ese lugar; besaba, lamia, rozaba sus dientes sin hacer presión.

Yuuri se incorporó y se puso de pie dándole la espalda al alfa. Girando su cabeza para mirarlo insinuante. Víctor se puso de pie y envolvió a Yuuri en un abrazo, el omega dejó descansar su cabeza en el pecho del ruso y lentamente elevó su mano derecha hasta enredar sus dedos en las hebras platinadas que caían sobre el rostro de Víctor. Yuuri giró y buscó los labios de Víctor, dejando los suyos a escasos centímetros de ellos para que fuera el alfa quien tuviera que eliminar la distancia. Víctor no se hizo de rogar y besó fervorosamente al omega, disfrutando de la dulzura de sus labios y la humedad de su lengua serpenteante. Yuuri rompió el beso y se alejó, no sin antes tomar la mano de Víctor, se deshizo del guante con sus dientes y después dibujó una pícara sonrisa. 

Víctor se acercó nuevamente y lo atrajo con fuerza hacia su cuerpo, se miraron y luego el alfa lo levantó de las caderas haciendo que Yuuri lo rodeara con sus piernas. Yuuri inclinó el rostro y besó a Víctor, quien despacio se acercó a una de las paredes atrapando a Yuuri entre su cuerpo y el muro. 

Yuuri se deshizo de la tela que cubría el torso de Víctor y luego el alfa lo extendió con delicadeza sobre el suelo, Yuuri flexionó las piernas y estiró su brazo izquierdo dejándolo caer más atrás de su cabeza, mientras miraba insinuante al alfa arrodillado entre sus piernas y jugaba con su índice derecho entre sus labios. Cuando las palmas de las manos de Víctor se colocaron una a cada lado del rostro de Yuuri mientras sus miradas chocaban, Emil sacó la última de sus fotografías. 

—Uhm… —se aclaró la garganta algo ruborizado el fotógrafo—, creo que es todo por hoy. 

Víctor pestañeo y levantó su rostro, fue como salir de una profunda ensoñación. Se levantó despacio tomando la mano de Yuuri para ayudarlo a levantarse también. Yuuri también se vio de pronto fuera de su fantasía, vio a Emil muy cerca de ellos, a Sara con un pañuelo en la nariz y a Georgi mirándolos sonrientes. Los colores subieron al rostro del japonés que una vez de pie se escondió tras Víctor, sintiéndose absolutamente incapaz de mirar a las personas que se encontraban a su alrededor en aquel desván de la casa Batlló. 

Yuuri y Víctor entraron a la habitación del hotel dispuestos a seguir con ese juego de seducción que habían iniciado durante su sesión fotográfica. Se desvistieron de prisa y sin mucho cuidado, haciendo saltar los botones de sus pantalones y rasgando la tela de sus camisas. 

Se deseaban, se deseaban con prisa. Ninguno de los dos quería perder tiempo en juegos previos, ambos solamente pensaban embeber el cuerpo del otro para calmar la sed que los arrebataba. 

Víctor tomó en brazos a Yuuri y lo acostó en la cama boca abajo, Yuuri alzó las caderas y apretó la cobija con sus manos preparándose para lo que venía. Víctor se acomodó entre las piernas del omega, su mano derecha acarició la espalda de Yuuri y luego se instaló sobre el abdomen del menor. Después, llevó su miembro erecto a la entrada palpitante del omega y de una sola estocada entró con fuerza en su cuerpo, haciendo que Yuuri gritara debido a esa mezcla de dolor y placer que sintió al ser invadido por el alfa. 

— Oh, Yuuri —dijo Víctor inclinándose y besando la espalda del japoné — tu interior es tan estrecho, tan caliente, tan húmedo… me vuelve loco. 

—Víctor, por favor… —dijo Yuuri moviendo sus caderas.

Víctor sujetó las caderas de Yuuri y comenzó a embestirlo con fuerza.

—Lyubimaya liliya —decía entre roncos jadeos—, eres precioso. 

—Víctor, Víctor… —el nombre de su amado alfa era interrumpido por sonoros gemidos que no podía controlar ante la rudeza de los movimientos del ruso, quien se hundía en lo más profundo de su cuerpo con estocadas rápidas y fuertes. 

—¿Te gusta, liliya?

—Sí, sí…

En un rápido movimiento Víctor levantó el cuerpo de Yuuri pegando la espalda del omega a su cuerpo, la mano derecha del alfa acarició el abdomen y el pecho de Yuuri, subiendo despacio hacia su cuello, mientras la izquierda se detenía en su pene goteante y comenzaba a masturbarlo con lentitud. 

—Más, Víctor, más…

—¿Así, cariño? —preguntó el alfa al aumentar la velocidad de la masturbación sin dejar de penetrar.

Los gemidos de Yuuri eran sonoros, sus labios estaban abiertos y sus ojos cerrados mientras su cabeza descansaba apoyada en el alfa. Víctor aspiraba el aroma del cabello de Yuuri y mordía suavemente el lóbulo de su oreja, mientras los dedos de su mano derecha ingresaban en la dulce boca de Yuuri, atrapando su lengua, untándose con su saliva. 

Yuuri mordió los dedos de Víctor cuando la fuerza del orgasmo tensó su cuerpo. Yuuri liberó los dedos de Víctor cuando esa tensión dio paso a la exquisita sensación de abandono que lo hizo gritar y luego caer rendido entre los fuertes brazos de Víctor que lo sostuvieron, forzandolo a resistir las últimas embestidas hasta que él también se liberó dentro del cuerpo de su amante. Ambos cayeron sobre la cama, cansados, sudados y satisfechos. 

Poco tiempo después Víctor se levantó, se aseó en el baño y luego humedeció una toalla para limpiar el cuerpo del somnoliento omega. Al terminar, cubrió ambos cuerpos con las cobijas y abrazó a Yuuri hasta que ambos se durmieron. Esa noche no cenarían. 

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