Problemas en el paraíso I (Esposo de placer)


Parte I: Según Víctor. 

Los días en Barcelona fueron como una luna de miel adelantada. Después de las fotos y la entrevista no había nada ni nadie más que él y yo. 

Le mostré a Yuuri cada rincón de esa hermosa ciudad. Los parques, las avenidas, las pequeñas calles donde apenas llega luz. La variedad de comidas que puedes encontrar, la multitud de lenguas que puedes oír al caminar por la rambla. La arquitectura de Gaudí, las distintas formas de belleza que se pueden encontrar en el Montjuic.

Sin duda alguna Barcelona era de los mejores lugares del mundo. Sin duda alguna después de este viaje aquella ciudad sería aún más importante y especial para nosotros. 

Al volver a Japón nuestra pequeña luna de miel continúo. Yo estaba cada día más seguro de haber tomado la decisión correcta, mi hermoso y dulce Yuuri lo valía. Él valía todo lo que yo pudiera dejar atrás. 

Desde que volvimos a Tokio, Yuuri pasaba gran parte del tiempo en mi departamento, poco a poco mi clóset se fue llenando de su ropa, sus cuadernos y lápices estaban siempre sobre el sofá de la sala, donde él solía sentarse a leer y estudiar. Me gustaba ver como naturalmente él ocupaba el espacio que yo con gusto le cedía. 

Al tercer mes le pedí que se instalara definitivamente en mi departamento. Era sólo formalizar algo que se dio de manera espontánea. Trajo el resto de sus cosas y pasó a ser oficialmente el nuevo ocupante de mi departamento, nuestro departamento, nuestro hogar. 

Estábamos tan felices que olvidé completamente la conversación que había tenido con Chris. Él me advirtió que los problemas de inseguridad, ansiedad y autoestima que tenía Yuuri necesitaban de ayuda profesional. Ilusamente pensé que mi amor bastaría para quitar de la cabeza de Yuuri todas esos pensamientos dañinos. 

Las fotografías que nos tomamos en Barcelona, el reportaje en la revista, tenía variados propósitos. Quería que todos supieran que Yuuri es diferente a cualquier otra persona con la que haya estado antes, deseaba que Yuuri viera lo hermoso y sexy que puede llegar a ser, necesitaba que Yuuri entendiera lo importante que es para mí. Todo lo hice pensando que eso lograría que su seguridad y amor propio crecieran, disminuyendo a la vez su ansiedad. Hice mi mejor esfuerzo, pero Yuuri necesita algo que no le puedo dar, algo que debe buscar dentro de él mismo. 

Después de la felicidad inicial Yuuri comenzó a celarme como nunca antes lo había hecho. O tal vez sí lo había hecho, pero no lo había expresado, guardándose ese sentimiento sólo para él. Al principio no le di importancia, eran pequeñas cosas, insignificantes. Yo no tenía problemas en contarle lo que hacía durante el día o decirle a quién veía. 

Pero poco a poco estas pequeñas cosas se fueron transformando al punto de sentir que había perdido a mi dulce japonés. Yuuri estaba cada día más irritable y sensible,  si no contestaba inmediatamente a un mensaje o no atendía a una llamada se podía enojar o poner a llorar. Cuándo salíamos no se apartaba de mi lado y parecía estar vigilando cada uno de mis gestos. Sentí que ya no podía ser yo mismo porque si era gentil con otra persona, especialmente si era omega, inmediatamente cuestionaba mis acciones. 

Traté de entenderlo, sé que mi pasado, el cómo nos conocimos y la relación que tuvimos en un comienzo también influyeron en que su inseguridad creciera. Pero con el pasar de los días me fui sintiendo asfixiado, atado y herido por su desconfianza. 

Fue en medio de todo eso que recordé a Isabella Yang. La había conocido en Rusia cuando fue de vacaciones con Jean a ver el debut de su prima en el teatro Bolshoi, la co-protagonista de la misma obra en la que debutó Yuri. Ella resultó ser una mujer encantadora, además era psicóloga. Le propuse a Yuuri que fuéramos a terapia pero él se negó. Prometió que todo mejoraría, que él podía manejar sus celos, que confiaría en mí. 

Sé que Yuuri lo intentó. Sé que se esforzó para que todo estuviera bien, y realmente tuvimos momentos hermosos. Su sonrisa siempre iluminaba todo y sus labios dulces me volvían loco. Verlo poner en palabras todo aquello que pasaba por su cabeza, sus ideas, sueños y anhelos me hacían desear quedarme a su lado para siempre tan sólo escuchando su voz contarme todo lo que era y deseaba ser. 

Pero nuevamente todo fue empañado por los cuestionamientos nacidos de su desconfianza. Por momentos me entristecía pensando que Yuuri no confiaba en mí. Después me decía a mí mismo que su desconfianza no era real desconfianza hacia mí, sino que hacia sí mismo y trataba de comprenderlo. Otras veces me daba rabia y admito que llegue a reaccionar de mala manera, provocando que nos esfrascáramos en discusiones absurdas en las que sólo nos lastimábamos mutuamente.  En esos momentos sentía que Yuuri jamás me perdonaría por el estilo de vida que llevaba antes de iniciar un noviazgo con él. 

Llegué a pensar que en Barcelona, en vez de escogerlo, debí dejarlo ir. Pero ese pensamiento era demasiado doloroso como para expresarlo y se quedaba encerrado en mi alma mientras daba vueltas por mi cabeza. 

Cuando Yuuri me decía que me amaba y se entregaba a mí todo eso desaparecía y alcanzaba nuevamente la felicidad entre sus brazos.

Esa felicidad me hacía desearlo nuevamente, sólo a él, únicamente a él. Yo ya no necesitaba a nadie más, no pensaba en nadie más y cualquier deseo que pudiera sentir por otra persona palidecía en comparación a mi deseo por Yuuri, pero Yuuri se negaba a creerlo. 

Y yo ya no sabía qué hacer para convencerlo.

Cuándo se enteró de que Chris vendría a la semana de la moda que se realizaba en Tokio todo se fue al carajo. 

Admito que yo no supe cómo manejar esa situación. Cualquiera quisiera que su pareja y su mejor amigo se conozcan y se lleven bien, pero en mi caso eso era mucho pedir: Yuuri se negó a conocer a Chris y se enfadó conmigo por el sólo hecho de que él estaría en Tokio.

Por otro lado, yo no podía evitar encontrarme con Chris, ambos asistíamos a los eventos de la semana de la moda, él como modelo, y yo como dueño de agencias de modelaje, revistas de moda y patrocinador de varios diseñadores.

Nos fotografiaron juntos y los chismes de personas malintencionadas se esparcieron como el fuego. Si bien las fotos no eran para nada distintas de las que me pudieron tomar con cualquier otro asistente a esos eventos, los titulares tendenciosos daban a entender que habíamos tenido un íntimo reencuentro. Además, cuestionaban la ausencia de Yuuri preguntando cosas como “¿Se habrá aburrido del japonés?” o “¿La sensualidad de Christophe Giacometti puede más que el amor hacia su omega?”

La discusión fue inevitable. Las cosas se salieron de control. Me acusó de traicionarlo con Chris y dijo cosas horribles sobre mí. 

Reaccioné de la peor manera. Por primera vez use mi voz de alfa sobre él y le ordené callar y escuchar. Mientras me miraba, imposibilitado de hacer cualquier otra cosa, le grité y dije cosas horribles sobre él. 

Después tomé algunas cosas y me marché. Fui directamente al hotel donde se hospedaba Chris. De camino compré algunas botellas de vodka y champaña con toda la intención de emborracharme.

Admitó que se me pasó por la cabeza la idea de tener sexo con Chris sólo para desquitarme y darle de una buena vez la razón a Yuuri, pero descarté inmediatamente ese pensamiento. Nuestra relación ya tiene demasiadas fracturas como para agregarle una más. 

Creo que necesitamos ayuda profesional.

Los problemas de autoestima que tiene Yuuri le impiden creer todo lo que significa para mí. Le impiden creer que merece mi amor. Hace que esté en un estado de constante inseguridad, comparándose con cualquier persona que se me acerca, se juzga severamente así mismo y se convence de que es inferior. Este convencimiento hace que dude de mi promesa de fidelidad, que se sienta ansioso, que surjan los celos, las peleas, las palabras hirientes. Nos dañamos. 

Creo que necesitamos ayuda profesional.

Necesito que me ayuden a comprender mejor a Yuuri y que me ayuden a controlar mis reacciones para evitar caer en peleas sin sentido. Quiero que me ayuden a saber que debo hacer para ayudar a Yuuri. 

Amo a Yuuri. Sigue siendo mi hermoso y dulce omega japonés. 

Amo a Yuuri. Y deseo que este amor nos de felicidad.

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