Capítulo 40: Te encontramos


—¡Volk! ¡Otabek! -Yuri estiró el cuello, y vio a un hombre y a una mujer que corrían hacia ella; la luz destelló en la pistola de la mujer. El terror de Yuri duró poco; no eran lunares trastornados.

 Devolvió su atención a Otabek y descubrió el dardo clavado en su cuello

—¡OTABEK! -volvió a gritar, al tiempo que se lo sacaba y lo tiraba al suelo-.

—¿Estás bien? -gritó la mujer cuando se acercaba. Yuri la ignoró hasta que su propio nombre se abrió paso a través del pánico- ¿Yuri? ¿Yuri Plisetskya?  

Yuri alzó la vista de nuevo cuando la mujer redujo el paso, pero no, no se trataba de una mujer. Era una chica, con el cabello plateado en una coleta Alta larga y los rasgos delicados, vagamente familiares. Yuri frunció el entrecejo, estaba segura de haberla visto antes. El hombre la alcanzó, jadeando.

—¿Quién diablos son? -preguntó Yuri a la defensiva, y rodeó a Otabek con los brazos cuando los dos se agacharon para apartarlo de ella- ¿Qué carajos le han hecho?

—Vamos -el chico agarró a Volk. Trató de tirar de él, pero Yuri lo sujetaba con fuerza- Tenemos que largarnos de aquí.

—¡Para, Durak! ¡No le toques! ¡Otabek! -Cogió el rostro de Volk con las manos y se lo inclinó hacia atrás. Si no hubiese sido por sus colmillos y la sangre de su mandíbula, habría parecido pacífico- ¿Qué le han hecho?

—Yuri, ¿dónde está tu abuelo? ¿Está contigo? -dijo la chica. Aquello captó la atención dispersa de Yuri-.

—¿Mi Dedushka?

La chica se arrodilló junto a ella.

—¿Nikolai Plisetsky? ¿Sabes dónde está? -la chica tenía tanta prisa por hablar que las palabras le salieron atropelladas. Yuri pestañeó. Su memoria se avivó. Sí que conocía a esa chica. La luz incidió en sus dedos, y Yuri se dio cuenta de que lo que había visto antes no era una pistola. Era su mano.

—Linh Vicder… -susurró-.

—No te preocupes -dijo el chico- Somos los buenos.

—Yuri -Vicder agarró a Volk por el hombro para liberarla de parte del peso- sé lo que parecía en las telerredes, pero te juro que no hemos venido a hacerte daño. Solo necesito saber dónde está tu abuelo. ¿Está en peligro? 

Yuri tragó saliva. Esa era la princesa Svetlana. Esa era la chica a la que habían estado buscando, la chica acerca de la cual habían interrogado a su dedushka, el cuál lo había dado todo por protegerla. 

Juntos, el chico y ella levantaron a Volk con esfuerzo y lo depositaron en el suelo de cemento.

—Por favor -insistió Vicder- ¿Y tu abuelo?

—Está en la ópera -respondió Yuri- Está muerto. 

La chica la miró boquiabierta, con lástima o decepción, Yuri no estabasegura. Ella se incorporó, apoyó la mano en el pecho de Volk y se sintió aliviada al notar que se elevaba bajo su palma.

—Te estaban buscando a ti. -escupió con enojo- 

La sorpresa sustituyó rápidamente la compasión de la chica.

—Vamos -dijo el chico desde detrás de ella; se agachó y le pasó el brazo a Yuri por la espalda-  Tenemos que irnos.

—¡No! ¡Quitame las manos de encima! ¡No pienso dejarle! -se deshizo de su brazo, gateó hasta el cuerpo inconsciente de Otabek y le rodeó la cabeza con los brazos. Los dos extraños la miraban como si estuviese loca- Él no es como los demás.

—¡Es exactamente igual que los demás! .replicó el chico- ¡Tenía intención de comerte!

—¡Me ha salvado la vida! 

Los extraños intercambiaron miradas de incredulidad, y la chica se encogió de hombros confundida.

—Vale -dijo él-  Tú llevas el timón. 

Apartó a Yuri de Otabek mientras la chica lo cogía por la cintura y se lo echaba al hombro, gruñendo por el esfuerzo. Él pasó detrás y sujetó a Volk por las piernas.

—Por todas las espadas -murmuró, inmediatamente sin aliento- ¿De qué están hechos estos hombres?

Vicder empezó a avanzar hacia la ópera casi como si fueran de excursión. Yuri se agachó entre los dos y sostuvo a Otabek por el vientre como pudo mientras cruzaban la plaza a trompicones. Más allá de la chica, la forma reluciente de una nave de carga militar asomaba desde la siguiente calle. 

Un aullido cercano sobresaltó a Yuri, que dejó caer el cuerpo de Otabek. No podía imaginarse más vulnerable, con los brazos alrededor del torso de Volk, con su propio estómago y su pecho expuestos, avanzando a ese paso de tortuga, sudando, agotada, dolorida. La sangre resbalándole por el costado.

—Será mejor que tengas esos tranquilizantes preparados -dijo el hombre-.

—Solo puedo… cargarlos… de uno en uno…

El chico maldijo para sus adentros, luego dio un grito ahogado.

—¡Vicder! A las diez en…

Se oyó un chasquido, y un dardo se alojó en el pecho de un hombre en la acera de enfrente del teatro. Se había desmoronado en el suelo antes de que Yuri advirtiera siquiera su presencia.

—Recojámoslo -dijo el chico detrás de ella-¿Cuántos de esos te quedan?

—Solo tres -contestó ella jadeando Vamos a tener que reabastecernos, Sí me acerco… a la tienda… en un momento, y… 

No terminó la frase, el esfuerzo era excesivo. Vicder tropezó y los tres trastabillaron; el cuerpo de Volk aterrizó en el suelo con un ruido sordo. Yuri salió de debajo de él y le dio un vuelco el corazón al ver la sangre que manaba de las heridas de Otabek, que habían empeorado con la caminata.

—¡Otabek!

Un aullido escalofriante se alzó a su alrededor. Mucho más cerca de lo que parecía antes.

—¡Abre la rampa! -gritó la chica, sobresaltando al otro-.

—Necesitamos vendas -dijo Yuri.La chica se puso en pie y volvió a coger a Volk por las muñecas- Hay vendas en la nave. Vamos. 

El chico se adelantó corriendo, gritando.

—¡Christopher! ¡Abre la escotilla! 

Yuri oyó el chasquido de los engranajes y el zumbido eléctrico cuando la escotilla empezó a abrirse, revelando el acogedor interior de la nave. Recobró el equilibrio, y acababa de coger a Otabek por los tobillos, cuando vio a un hombre que corría hacia ellos a toda velocidad, las fosas nasales muy abiertas, los labios tensos contra los colmillos. Era uno de los hombres que la había llevado a la celda. 

Se oyó un tin, un puf, y tenía un dardo en el antebrazo. Rugió y cogió más velocidad durante dos pasos antes de que su ira se desvaneciera y se desplomó hacia delante, golpeándose la cara contra el pavimento.

—Ya casi estamos -dijo Vicder entre dientes, al tiempo que cogía de nuevo las muñecas de Volk.

 Les recibieron más aullidos desde las calles, callejones y sombras, grandes figuras emergían a grandes zancadas de la oscuridad. A Yuri le dolían la espalda y las piernas, y tenía las palmas de las manos resbaladizas, aunque se esforzaba por seguir sujetando los tobillos de Lobo.

—¡Vienen hacia aquí!

—¡Me he dado cuenta!

Yuri se cayó, arañándose de rodillas. Alzó la vista al rostro inconsciente de Volk, a la chica, a la cual le había entrado el pánico, y se sintió desbordada por la frustración. Se obligó a ponerse en pie de nuevo, aunque sus piernas parecían de goma.El chico estaba de vuelta y la empujaba hacia la nave.

—¡Ve! -gritó y cogió los tobillos de Lobo-.

—¡Leroy! ¡Se supone que tienes que pilotar la nave, idiota! 

Yuri se volvió hacia la escotilla abierta de la nave.

—¡Yo sé pilotar! ¡Solo metanlo dentro! 

Corrió, pese a que su cabeza le gritaba que no dejara a Otabek atrás. Solo podía concentrarse en poner un pie delante del otro. Ignorando el ardor. Ignorando el dolor punzante del costado. Pestañeó para deshacerse del sudor. Un. Paso. Más. Se le hundió algo en la espalda. Oyó la rasgadura de la tela, un fuerte ruido sordo, y entonces algo la cogió del tobillo. 

Gritó y se desplomó al final de la rampa. Unas uñas se clavaron en la carne de su pantorrilla y chilló de dolor. Un silbido. Un golpe seco. La mano la soltó. Yuri le dio una patada al hombre en la mandíbula antes de subir el resto de la rampa gateando e introducirse en el casco abierto de la nave. Voló hasta la cabina de mandos y se dejó caer en el asiento del piloto. No se habían molestado en detener los motores, y la nave ronroneaba con un ruido sordo a su alrededor.

 Los movimientos de Yuri eran automáticos. Apenas podía ver a causa del escozor del sudor en sus ojos. El corazón le palpitaba como si los cascos de un caballo le aplastaran el pecho. Pero sus dedos sabían lo que tenían que hacer cuando se inclinó a sus anchas sobre el panel.

—¿Capitán? ¿Vicder? -Se giró sorprendida hacia la puerta, pero no había nadie-¿Quién está ahí?

Un silencio momentáneo, luego:

—¿Quién eres tú?

Yuri se secó el sudor de la frente. La nave. La nave le estaba hablando.

—Soy Yuri. Tenemos que prepararnos para el despegue. ¿Puedes…?

—¿Dónde están JJ y Vicder?

—Vienen justo detrás. ¿Esta nave está equipada con autoelevadores? -una serie de luces se encendió en el panel-.

—Autoelevadores y autoestabilizadores magnéticos.

—Bien- Alcanzó el mando de propulsión y esperó a oír el ruido de pasos por la rampa. Una gota de sudor le resbaló por la sien. Tragó saliva, aunque no consiguió humedecerse la garganta, áspera como la lija-¿Por qué tardan tanto? 

Giró el asiento, se precipitó hacia la entrada de la cabina y miró más allá del muelle de carga. El cuerpo de Otabek yacía boca abajo a menos de una docena de pasos del final de la rampa, y Linh Vicder y su amigo se hallaban espalda con espalda. Estaban rodeados por siete operativos lunares y el taumaturgo.

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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