Tabú 81


Noviembre terminaba y Londres me recibió con ligera llovizna y aire frío. Un auto me esperaba en la entrada del aeropuerto y el chofer, un tipo alto y robusto, me dio la bienvenida con un seco “buenos días, señor Nikiforov” para luego llevarme por las calles mojadas hasta la residencia de las hermanas Kaminski.

Aquella mañana había salido con excesivo secretismo de Francia, tanto fue sigilo que mis secretarias personales no tenían idea del lugar donde me encontraba. Tampoco le dije nada a mi madre para que no se preocupara. Estaba con los nervios tan en punta que no me di cuenta de que Anya no hizo muchas preguntas sobre el viaje y me despidió con un cariñoso beso en la oficina.

La mansión de las hermanas Kaminski se encontraba en Hampstead, un tranquilo barrio residencial donde los vecinos solían pasear a sus perros por las amplias aceras y se respiraba aroma a tranquilidad en sus calles. Cuando el coche se detuvo contemplé por un par de minutos la casa. Una construcción al estilo de la época victoriana que la familia Kaminski compró cuando huyeron del hambre y el desorden que se vivía en Ucrania tras la disolución de la Unión Soviética. Las hermanas heredaron la casa y vivían en relativa armonía. Kamila, la hermana mayor, estaba divorciada y tenía un hijo de unos dieciocho o veinte. Olenka no se casó jamás y su único interés era cuidar de su gran Golden retriever y alimentar a su iguana.

Caminé por los anchos escalones cuadrados que llevaban hasta la puerta de la mansión bajo el paraguas que el chofer abrió. El tipo se mojó, pero procuró que yo llegara seco hasta la puerta donde un mayordomo inglés, igual a esos mayordomos profesionales que nunca faltan en las películas y series, me dio la bienvenida y me guio hasta un salón amplio decorado con enormes cuadros de arte abstracto y muebles de color marfil vintage que resaltaban sobre el oscuro piso de madera.

—La señorita Olenka está hablando por teléfono y en un par de minutos estará con usted señor Nikiforov. —Estricto en la ceremonia que los mayordomos realizan para hacer sentir cómodo a algún invitado, el inglés de mediana edad y pequeño bigote al estilo Charles Chaplin me explicó la ausencia de la anfitriona en el salón—. Por el momento, ¿desea que le prepare alguna bebida caliente o fría, señor?

—¿Podría traerme un doble sin hielo? —Algo me decía que necesitaba la fuerza de un trago noble como el whisky para escuchar con calma lo que Olenka Kaminski tenía que decirme.

El mayordomo hizo una reverencia y desapareció tras la puerta blanca del salón. Me puse en pie y comencé a mirar los cuadros tratando de entender el sentido de las obras, tenía que hacer algo porque el compás de mi corazón marcaba un ritmo cada vez más acelerado y mi deseo por saber algo más de Yuri crecía con cada minuto que pasaba en la sala principal de las Kaminski.

El mayordomo regresó con el whisky y tras de él ingresó Olenka. La mujer vestía un grueso sweater de lana color azul con cuello alto y unos jeans celestes bastante pegados al cuerpo. Era muy bella, podía bien retomar su carrera como modelo en cualquier momento y dejar su organización, su activismo y sus clases en la Escuela de Ciencias Sociales de la London Metropolitan University. Pero según leí en una entrevista que dio años atrás a la revista Kent, Olenka se había alejado del modelaje porque pensaba que era una profesión extenuante y discriminatoria para la mujer. Sin embargo, no se desligó por completo de ese mundo y comenzó un discurso de ética y amor propio para los modelos y los diseñadores y la industria en sí, que terminó convirtiéndose en su vida entera.

—¡Víctor! —Me sorprendió el entusiasmo con el que me recibió—. Pensé que no ibas a venir, pero estoy muy feliz de tenerte en casa y de tener tu tiempo.

—Buenos días, Olenka. —La saludé con la mano y ella me señaló un sillón de dos cuerpos para sentarnos—. Estoy a tu disposición.

—Gracias por estar aquí —Me sonrió y miró al mayordomo—. Gracias Howard. Por favor quiero que cierres la puerta y que nadie nos interrumpa, si alguien me llama toma nota y di que devolveré la llamada más tarde.

El mayordomo hizo una nueva venia antes de salir y cerró la puerta detrás de él. Yo me preguntaba qué era aquello que ella iba a decirme y que le llevó a tomarse tantas molestias y necesitar tanta privacidad. Mis nervios me traicionaron un poco y suspiré esperando esas noticias de Yuri y aquello que quería mostrarme sobre él.

—Después que conversamos la última vez, fui a ver a Yuri a Nueva York. —Olenka se acomodó de tal forma que no pude evitar su mirada azul—. Una tarde hace casi un mes hablamos como jamás lo hicimos durante el tiempo que pasamos juntos. Tenía que saber cómo se sentía él y el motivo por el cual ha pasado de ser un brillante talento del diseño a solo un buen estudiante de la Parsons.

—No entiendo a qué te refieres. —Sabía por Mila y por Lilia que mi hermano era uno de los mejores estudiantes de la Parsons y por eso el comentario de Olenka me sorprendió.

—Yuri hace buenos diseños, muy hermosos y todos reconocen el trabajo y esfuerzo que realiza para dibujarlos y confeccionarlos, pero desde que tú lo dejaste en San Petersburgo no lo hace de corazón. —Olenka sacó su celular y me mostró la pequeña colección que Yuri había trabajado el semestre anterior.

Era un hermoso ramillete de vestidos de mujer que me parecieron muy destacables, modernos y con cierta reminiscencia del estilo que aprendió en Nefrit.

—Eso es lo que preocupa a los maestros de Yuri —comentó con cierta pena mientras yo repasaba una vez más las imágenes—. Yuri parece ser una simple copia de Mirko y Lilia juntos, pero hasta el momento no hizo ningún aporte especial.

—Bueno… eso creo que viene con el tiempo y la experiencia —le dije algo molesto porque no me gustó que calificara de esa manera a mi hermano.

—Yuri diseñaba con más imaginación cuando estaba en secundaria y cuando presentó sus pequeños aportes en los desfiles de Nefrit.

—¿Por qué me dices esto Olenka?

—Porque tu hermano diseñaba para ti. Eras tú su gran fuente de inspiración y desde que los dos se distanciaron tanto, desde que Yuri ha querido reinventar su mundo sin ti, sin Nefrit, sin Miroslav y sin Rusia es que todo parece artificial en su vida. Yuri no es el mismo desde que te perdió.

—Él no me ha perdido, solo nos distanciamos un tiempo por algunas diferencias. Yo he tratado de hablar con él, pero no quiere ni escucharme. No sé qué puedo hacer para que me dé una oportunidad, solo unas horas para conversar.

—Víctor, Víctor. Sé ahora cuál es el motivo de esa distancia y no te culpo, tampoco culpo a Yuri, solo son las circunstancias contradictorias que les ha tocado vivir.

—¿A qué te refieres con el motivo? —Un hilo de temor comenzó a enrollarse en mi estómago.

—Yuri y tú se enamoraron y fueron pareja durante un tiempo. Y no te lo digo porque te esté juzgando, el amor es así de caprichoso. —La naturalidad con la que comentó un asunto tan delicado me dejó sin palabras—. Cuando Yuri me contó todo, pude entender el porqué de tu distancia. Me imagino que tú decidiste alejarte de él por preservar los preceptos morales de la sociedad y eso está bien. Pero lo que Yuri no entiende es por qué no le comunicaste que lo dejabas y de un momento a otro te alejaste tanto de él. Y créeme que yo tampoco lo entiendo.

Me sentí desnudo frente a esa mujer y espantado. Me preguntaba cómo pudo Yuri hablar con ella tan abiertamente sobre un tema que solo nos correspondía a los dos. Entendía que Lilia hubiera sido un soporte para un Yuri que estaba confundido años atrás de esta conversación y que Yakov lo hubiera sabido por la infidencia que Lilia hizo en un momento desesperado, pero ellos eran dos personas de nuestra extrema confianza. En cambio, Olenka no era nada más que la amiga de la madre de Yuri.

Apreté la mandíbula para evitar que el bochorno llegara a mi rostro. Una vez más me sentía avergonzado de mi amor porque sabía que en el fondo las personas se sienten espantadas cuando escuchan hablar de un tema que es mejor ni pensarlo: incesto.

—Todo eso ya pasó y como tú dijiste, me alejé de Yuri para no seguir cometiendo un gravísimo error. —No quise dar más argumentos para no seguir hablando de un asunto que me hería—. Espero que eso te aclare el panorama y no te preocupes, que jamás volveré a tocar a mi hermano.

—No te estoy reclamando. Si te he dicho todo esto es porque quiero que sepas que Yuri ha quedado demasiado herido, tanto que para crear sus diseños recurre al pasado, ese pasado que vivió contigo y allí está estancado.

—¿Quieres decir que Yuri no lo ha superado aún?

—Por la forma cómo habló de ti, con tanto ardor y con tanta furia el día que me contó lo que sucedió, podría decir que aún siente algo especial por ti. No sé si es amor o tal vez es esa desazón que deja la frustración de perder.

—¿No te dijo claramente si aún me quería más que a un hermano?

—Él mismo no lo sabe. Ahora sale con otros hombres, pero aún no encuentra ese sentido y esa plenitud que tuvo a tu lado.

—Pero Olenka, ¿qué puedo hacer yo? No puedo ir donde Yuri a solucionar esto, si él me sigue amando no puedo remediarlo.

—Por lo menos explícale tus motivos, los más profundos, esos que tal vez le ocultaste por el miedo que da afrontar una relación tan prohibida. Yuri es un chico mayor ahora y sé que te escuchará y entenderá qué te pasó y por qué lo dejaste de amar.

Olenka no podía asegurarme que Yuri seguía amándome como antes. Por mis conversaciones con Sara Crispino sabía que él vivía una vida sexual promiscua y que tal vez eso deterioró su percepción sobre el amor. Sin embargo, tras escuchar esta gran revelación de labios de Olenka, un pequeño hálito de esperanza mezclada con mucho ego volvió a latir en mis venas.

—Solo dile qué te motivo a dejarlo, tal vez tus convicciones religiosas, tal vez el miedo de enfrentar a los demás. Yo que sé, esa es tu verdad, pero él merece saber por qué lo dejaste en la nada.

—Ese es un asunto bastante complejo —dejé que Olenka tomara mi mano, que su mirada serena me acogiera y tuve la necesidad de abrir también mi corazón—. Yo dejé a Yuri porque quedamos al descubierto. Un día un hombre extraño que dijo ser del gobierno me llamó…

La historia del fin de nuestra relación fluyó como un río de culpa y dolor que no quise detener porque el corazón me exigía que vaciara esos sentimientos que escondí al mundo y que por las noches todavía rasgaban por dentro. Olenka me escuchó sin interrumpir mi relato, solo la vi levantar las cejas, negar varias veces en silencio, tirar la cabeza hacia atrás intentando ocultar las lágrimas y tomarse el pecho como si estuviera realmente sintiendo dolor por nuestro amor.

—¿Ahora comprendes por qué me alejé de Yuri sin decir nada? —Había detenido mi llanto y solo sentía un mal sabor en el paladar, el sabor de la resignación—. Si conoces bien a Yuri entonces sabrás que él no hubiera entendido la situación y habría deseado enfrentar al mundo. Incluso ahora mismo, si le digo todo lo que acabo de contarte, él tendrá una reacción que podría ponernos en peligro a los dos.

—Víctor —Olenka me miró con cierta admiración—. ¿Significa que tú no has dejado de amar a Yuri? 

Bajé la cabeza. No quería admitir la verdad que palpitaba en mi pecho, mi corazón traicionaba a cada segundo mi cordura y yo quería huir para no admitir que todavía sentía ese amor vetado por mi hermano.

—Víctor por favor dime la verdad. —Olenka apretó mi mano y su profunda mirada auscultaba la mía en un intento por descubrir en mis ojos esa verdad—. ¿Todavía amas a Yuri? ¿Aún sientes por él amor de amantes?

No sabía qué responder, temía que Olenka al igual que Yakov, descalificara mis sentimientos y me dijera que era un hombre enfermo. Tenía las palabras trabadas entre los dientes y el corazón se desbordaba del pecho. Estaba paralizado ante mis sensaciones y mi verdad. En todo ese tiempo que me encerré en Europa no había podido olvidar a Yuri y eso colocaba mi relación con Anya en el filo del fracaso. Sin embargo, por más que quise seguir ocultando mi amor por Yuri, éste estalló en palabras cargadas de dolor.

—Lo amo, no siento pena de decirlo. Amo a mi propio hermano, aunque eso suene a la peor aberración. Lo amo tanto que tuve que renunciar a este amor para que no le hagan daño.

—Desde que Yuri me dijo qué fue lo que pasó entre los dos temí que solo lo hubieras utilizado o solo lo hubieras tomado como una diversión, pero ahora que te veo tan derrotado sé que todo lo que pasó entre los dos fue una mala combinación del destino.

—No le digas nada a Yuri por favor…

—¡Pero es injusto que ambos estén sufriendo de esta forma por los demás! —Olenka se puso en pie y yo no sabía cómo entender su reacción—. ¡Víctor, espérame un momento por favor! —Se alejó a prisa y en el camino sugirió—: Si quieres pide otro trago para que te calmes.

La vi salir del salón y de inmediato Howard, el mayordomo, se acercó para tomar mi pedido. Otro doble, pero esta vez con hielo. Mi trago llegó, el hombre se disculpó y me dejó solo frente a un enorme cuadro cubista donde estaban dibujados caballos en plena estampida que miraban de frente y parecían salirse del marco.

Diez minutos después, Olenka entró y el mayordomo tras de ella portando varios álbumes de fotografías. Fue para mí una sorpresa ver viejos álbumes de fotos en esta era en la que todo se comprime en dispositivos pequeños y se almacena en nubes virtuales.

Otra vez el elegante Howard nos dejó solos en el salón y Olenka tomó uno de los álbumes con tapa azul y cinta dorada en medio, de la ruma que tenía junto a ella en el sofá más grande de la sala. La vi aspirar el aire como si quisiera tomar fuerza junto con él y cuando se sentó junto a mí apretó el álbum contra su pecho.

—Este es un testimonio especial —dijo y abrió la primera página—. Son fotografías que tomé durante mis primeros años de modelo y que me recuerdan a alguien a quien quise mucho.

En cada página pude ver fotografías de los momentos felices que Olenka pasó junto a sus amigos adolescentes durante las primeras sesiones de fotos que hizo para una marca de maquillaje muy reconocida de Europa. Era una niña muy hermosa y junto a ella reconocí los ojos verdes de Ivana Plisetskaya. Yuri guardaba de ella la forma de la nariz, la delicada curvatura de su mentón y el color exacto de sus ojos.

Eran sus primeros años y las dos parecían disfrutar mucho de las sesiones largas que para muchos modelos resultan ser tediosas o estresantes. El grueso álbum terminaba con la primera sesión que ellas hicieron para mi padre, cuando aún trabajaba como diseñador exclusivo de la casa Trosov.

La madre de Yuri tendría unos diecisiete y mi padre era un hombre mayor. Me estremecí por la coincidencia y por la forma cómo podía ver retratada en esa foto y en esa historia de amor, que alguna vez unió a Ivana con Miroslav Nikiforov, nuestra propia historia de amor. Me pregunté una vez más qué pensaría mi padre allá donde estuviera en ese momento.

Así pasaron los álbumes que Olenka había organizado por colores para las etapas de su vida de modelo. En ellas vi muchas fotos de mi padre cuando ellas trabajaban para sus colecciones y una foto me llamó la atención de forma particular. Mi padre y mi madre estaban juntos en una fiesta conversando con algunas personalidades muy famosas y alzaban sus copas, pero mi padre miraba a Ivana que se mantenía sentada en un sillón de mimbre con espaldar circular en esa terraza donde se desarrollaba la fiesta.

Me dolió ver que mi padre sí engañó a mi madre, pero no fue distinta su historia de la mía que engañé y engañaba a Anya. Recordé las palabras que la propia Olenka me dijo minutos atrás, el amor no se puede detener y surge en las situaciones menos pensadas.

Pensé entonces en el amor que sentía por Yuri y me pregunté qué era: una locura, una prueba de un dios que quería saber si éramos dignos de él, una simple pasada de la vida, un malentendido, una farsa o un sentimiento puro que nadie podría llegar a comprender. Me di cuenta de mi incapacidad para definir mi amor por Yuri, solo el corazón sabía esa verdad, pero no tenía las palabras para comunicármela.

Media docena de álbumes pasaron por delante de mis ojos y las historias cortas que Olenka me contó sobre las fotos más importantes hasta que tomó en sus manos un álbum de tapa verde tan grueso como el primero que por algún motivo ella dejó casi para el final.

—Ahora vas a entender por qué me parece que el amor que te unió a Yuri es una mala broma del destino —Olenka abrió la tapa y en la primera página vi una foto de medio cuerpo de la mamá de Yuri. Estaba adornada con un marco de flores y tenía una bonita dedicatoria en la parte de abajo: “Para mi mejor amiga a quien no amé tanto como debería haber amado”.

Las siguientes dos páginas estaban llenas de fotos pequeñas de Ivana y las otras dos de fotos que ambas se tomaron juntas en momentos de íntima amistad. Despertar en la habitación, tomar un helado, jugar en el mar y reír frente al espejo mientras se desmaquillaban.

Entonces pasé a la página cuatro del álbum y mis ojos bajaron suavemente por las imágenes. Más fotografías de Ivana en diferentes poses hasta que la última fotografía la vi abrazada con un chico de su edad.

Cuando vi la imagen se me cortó la respiración y de inmediato miré a Olenka que también miraba el álbum con nostalgia. Busqué en sus ojos la explicación, pero ella no tenía que decir una sola palabra para que yo entendiera quién podría ser ese chico que en la foto tenía más o menos la edad de Yuri.

—¿Quién es él?

—¿Quién crees que es?

Era obvio. La misma estructura craneal, el mismo recorrido que tenía el cabello de mi hermano, el mismo tono dorado de sus mechones, la misma frente, las mismas cejas, el mismo ángulo y elevación de sus ojos, la misma forma del párpado superior. Estaba paralizado frente a la fotografía, acerqué mis ojos para verlo mejor, pero Olenka me apartó y pasó la página. Allí el terror cobró la forma de un agudo dolor en el pecho. La misma expresión en la mirada que mi hermano tenía cuando estaba molesto, ese aire displicente en el rostro y esa mueca de reprobación en la mirada. La misma forma en la que Yuri juntaba el entrecejo cuando alguien lo retaba.

Los dos aspectos que diferenciaban a Yuri de ese muchacho de la fotografía eran el color de los ojos. Yuri tiene los ojos verdes, ese chico tenía la mirada del color de los zafiros. El rostro de Yuri era más infantil y andrógino, ese chico tenía un aspecto más varonil. Pero la mirada, la mirada era idéntica en fuerza y la misma forma.

Repasé el resto del álbum y se sucedieron imágenes que mostraban a Ivana con ese joven y a los dos con Olenka. Juntos parecían tres soles por lo rubios que eran y a la vez eran como tres ángeles muy hermosos. Dos de expresión dulce y uno que parecía un ángel vengador. El álbum pasaba de mostrar a una Ivana que conservaba el rostro adolescente a una que tenía una mirada triste y finalmente una Ivana con un estado de embarazo avanzado.

Ver esas imágenes fue como ver la historia antes de Yuri. Una historia que no me pertenecía y que tampoco perteneció a mi padre. Cada foto me confirmaba que Ivana y ese chico eran los perfectos padres de un niño tan bello al que su madre llamó Yuri.

—¿Cómo se llama este chico? —Después de mucho rato en silencio me di ánimo para preguntar.

—Yure Krasnyuk —Olenka lo dijo con cierto enfado—. Es un chico muy especial. Nació en Ucrania y emigró con su madre a Moscú. Lo conocí en una cena familiar. Su madre volvió después de dieciséis años de matrimonio y todos la recibieron con mucho cariño. Su madre era hermana de mi padre por línea paterna y él viene a ser mi primo hermano. Ivana y yo trabajábamos de modelos para algunas firmas muy conocidas de Rusia entre ellas la casa de modas en la que trabajaba tu papá y fui yo quien se lo presentó a Ivana. Solo quería que Yure se sintiera bien y como lo vi tan atractivo pensé que podría trabajar de modelo como yo. Desde que se conocieron, Ivana y Yure no se separaron.

—¿Ese tiempo Ivana y mi padre seguían siendo amantes?

—Ella aún salía con tu padre, pero Miroslav no definía la situación con tu mamá. —Olenka suspiró una vez más y bebió de la copa que el mayordomo dejó en la mesa—. Ivana estaba triste y no sabía qué hacer, pero creo que solo sentía admiración por tu padre. Miroslav despertaba el deseo de cualquier mujer, era en ese sentido tan parecido a ti.

—¿Estás diciendo que Ivana estuvo con los dos al mismo tiempo?

—Sí. Tu padre ejercía un poder especial en ella, pero Ivana comenzó a enamorarse de Yure hasta que un día tuvo que decidir y se fue con él a Ucrania donde vive la familia que el padre de Yure hizo con otra mujer. Vivieron un tiempo bien, pero Yure entró en el lugar más oscuro del modelaje, chicas, tragos, fiestas y drogas. Ivana intentó sacarlo de todo eso, pero él era tan obstinado como es Yuri y pelearon. Ivana regresó a Moscú y dijo que cuando se había ido ya estaba embarazada de tu padre, pero el viejo Nikolai no dejó que volviera a ver a Miroslav.

—Tú eras su mejor amiga ¿Te dijo quién era el papá de Yuri?

—No y eso me dolió demasiado. No confió en mí y hasta el final dijo que Miroslav era el papá. Cuando Yuri nació yo la visité en el hospital y le llevé de regalo un cangurito que compré en Australia en mi última campaña. Ella me dijo que quería hablar conmigo cuando volviera a casa, pero dos días después se puso muy mal y falleció.

—Dijiste que cargaste a Yuri cuando nació ¿no te diste cuenta del parecido con tu primo?

—Era muy pequeñito y prematuro. Lo vi igual a Ivana en especial por el color de la mirada, así que no me fijé mucho en él. Luego de la muerte de mi amiga, su padre inscribió al bebé y no los volví a ver más hasta ese día que vi a Yuri en la fiesta de Nefrit. Cuando regresé de esa fiesta lo primero que hice fue sacar estos álbumes para convencerme de lo que sospeché desde el primer momento que hablé con él.

—¿Le dijiste algo de esto a Yuri?

—No, no tenía necesidad. Verás, Víctor, yo perdí contacto con Yure cuando dejó a mi amiga y aunque él me buscó después de un tiempo, lo detestaba tanto que no quise hablar sobre Ivana. Él quería saber dónde estaba ella, me preguntó si había cortado su embarazo o no y esa fue la razón principal por la que más lo odié. No le dije que Ivana murió y que su padre desapareció con el bebé. ¿Cómo le iba a contar todo esto a Yuri? 

—¿Y por qué me lo cuentas a mí?

—No estaba segura de decirte todo esto cuando llegaste aquí, pero cuando me dijiste todo lo que esos tipos del gobierno ruso te hicieron y cuando confesaste que sigues amando a Yuri, tomé mi decisión.

Esa mañana de lluvia, la verdad se abría paso en medio del enmarañado bosque de mentiras y arrasaba todo con tanta fuerza que dolía verla. Dolía saber que había estado encerrada durante tantos años causando confusión y pena en nuestros corazones.

—Gracias por poner este huracán en medio de mi camino, pero no me has dicho qué puedo hacer con él, es decir… mi padre presentó a Yuri como su hijo y tú me dices ahora que tal vez no lo es y que es hijo de un hombre que se fue por un camino torcido y que tal vez esperaba que Ivana lo hubiera abortado. No te entiendo.

—Cuando Yuri me dijo que se enamoró de ti, me sentí muy triste por saber que él se culpaba y sentía tanta vergüenza por amar a “su hermano”. Ahora que tú me dijiste la razón por la que dejaste a Yuri quise hacer esto porque ambos me recordaron mis propios sentimientos y mi propia historia con Yure e Ivana.

—¿Te enamoraste de tu primo?

—Me enamoré de Ivana y una vez se lo dije, nunca intenté nada con ella porque tenía miedo de perderla como amiga y prefería amarla en silencio y gozar de su cariño y confianza, aunque ella jamás me amaría…

—…como merecías ser amada. —Comprendí la dedicatoria de la foto.

—No quiero que Yuri sufra por amor como Ivana sufrió por Yure, como Mirko sufrió por Ivana y como Yure sufre aún por ella. Nadie se merece llorar y sufrir por amor.  

—¿Y has considerado que si Yuri sabe que mi padre en verdad no es su padre eso lo dejará peor de lo que estaba?

—Sí y sería algo terrible para él, pero sería la verdad y si aún los dos se aman… tal vez tú serías el soporte que él necesita para seguir adelante. Yuri parece resuelto a olvidarte o tal vez ya lo está haciendo, pero en el fondo siento que él aún te ama por eso anda perdido. Claro que podría estarme equivocando.

—¿Qué esperas que haga?

—Yure vive aquí en Londres. Mi hermana y yo lo recogimos de un manicomio de Ucrania donde sus hermanastros lo internaron. Ella fue la más interesada en ayudarlo y pidió su custodia. Yo me vi obligada a ayudarla.  

—¡Internado!

—Lamentablemente mi primo consumió su vida y lo poco de dinero que su madre le dejó en drogas. Está en una clínica especializada. Debido a su carácter agresivo y su tendencia a no dejar el vicio, mi hermana y yo lo internamos. Por lo general lo visitamos los fines de semana y este sábado me toca hacerlo a mí. Nosotros somos las únicas en la familia que nos hemos ocupado de él.

Era demasiada información para mí. Mi mente corría en todas las direcciones posibles y yo quería decir basta. Necesitaba respirar, pensar, decidir.

—¿Y si hoy te decía que ya había olvidado a Yuri?

—Ese álbum jamás habría llegado a tus manos. Hubiera seguido guardando este secreto y protegiendo a Yuri de lejos porque estoy convencida que Yuri es mi familia. Decirle esto a Yuri sin una razón poderosa no hubiera sido lo correcto.

—¿Y esa razón poderosa es…?

—Vuestro amor.

La verdad inundaba los salones, abatía mi corazón como las furiosas olas de una tormenta en altamar y yo me ahogaba en ella. Para ese momento estaba casi convencido que Yuri no era mi hermano de sangre y que papá lo había prohijado; pero de dónde partiría para decirle algo que tal vez rompería el mundo de Yuri. Como si el mundo de mi hermano no estuviera demasiado roto ya.

Y trataba de reforzar a cada instante esas razones porque en el fondo de mi mente mis monstruos comenzaron a festejar, ellos también alzaron sus copas que llenaron de lujuria y amor pasional, brindaron por la verdad y la libertad y sus voces comenzaron a imponerse sobre la voz de la razón.

¿Estaba dispuesto a romper la ilusión de Yuri de sentirse un Nikiforov? ¿Quería reivindicar la verdad o quería cumplir mi deseo más caro, tenerlo una vez más para mí?

—Olenka, ¿puedes llevarme a ver a tu primo?

—No sé cómo reaccionará al ver un extraño, pero en todo caso le diré que eres mi novio y podrás verlo.  

Necesitaba ver en persona a ese hombre. No sé por qué imaginaba que verlo sería suficiente para terminar de convencerme de que Yuri no tenía mi sangre y que esa era la oportunidad que necesitaba para recuperarlo.

Dormí en la mansión de las hermanas Kaminsky, llamé a Anya y le dije que había surgido un importante negocio en Lancaster y que me quedaría ese fin de semana. Ella me dijo que me cuidara, que aprovecharía el tiempo para reducir el trabajo acumulado y que me amaba. Cuando colgué la llamada un sentimiento de culpa me invadió, ¿cómo revelaría a mi esposa la verdad?, ¿cómo le diría que no la amaba con pasión y que sería mejor decirnos adiós?

Uno de mis monstruos, el más ácido de todos, aquel que tiene por nombre Cinismo me dio una idea que durante mi viaje dio vueltas por mi cabeza: dile la verdad, al fin y al cabo, si quieres vivir tu amor con Yuri tendrán que salir a luz muchas cosas ocultas.

En el nombre de la verdad tomé un vuelo hacia Lancaster y junto con Olenka recorrí la Scotforth Road hasta llegar a una clínica privada donde los médicos nos concedieron una hora para hablar con Yure Krasnyuk.

Una enfermera que parecía llevar buenos años trabajando en la institución nos condujo a un salón grande. Eran las tres de la tarde y por las ventanas enmalladas podíamos ver el hostil clima que imperaba en la ciudad oscureciendo los ambientes. Las lámparas de luz blanca acentuaban el aspecto invernal del lugar, el piso de cerámico blanco brillaba ante el resplandor de las luces artificiales. Sillones tapizados con tela verde musgo se hallaban repartidos por doquier y algunas revistas viejas dormitaban en el suelo.

El silencio del salón nos obligaba a callar y caminar despacio. Al fondo nos esperaba un largo sofá de cuero marrón que de tanto ser usado había perdido su brillo. La enfermera nos pidió que esperásemos unos minutos pues el paciente estaba siendo preparado para la visita. Ivana preguntó si esos minutos de espera serían descontados de la hora de visita y la enfermera, señalando un antiguo reloj empotrado en la pared, dijo que desde el momento que Yure estuviera sentado frente a nosotros correría el cronómetro.

Llevábamos algunas revistas nuevas y bolas de jabón de diferentes aromas. El jabón era un elemento que él apreciaba mucho y las revistas de moda lo hacían entrar en una fantasía interminable que lo dejaba tranquilo durante varias semanas. Eso fue lo que me contó Olenka y la razón por la que antes de viajar a Lancaster paramos en un almacén para hacer compras.

No tenía idea de qué iba a suceder, no sabía si el hombre estaba dispuesto a hablar conmigo, si tenía algunos tics nerviosos, si sería agresivo, si tenía una buena relación con Olenka. Ella me dijo que era algo agresivo, pero que la medicación que le suministraban lo tenía controlado. Yo temblaba ligeramente bajo mi grueso abrigo gris y con su mano enguantada Olenka sujetaba la mía para darme fuerzas.

Cinco minutos después de nuestra llegada al salón una puerta amplia de acero se abrió y por ella ingresaron un hombre de gruesa contextura, escaso cabello negro y uniforme de enfermero. Llevaba del brazo a un hombre delgado, de similar estatura a la mía, vestido con ropa de invierno y un sacón de gruesa alpaca color azul.

Desde que lo vi, un delgado y frío chorro de energía bajó por mi espina, me partió en dos el cuerpo y me dejó suspendido en el tiempo. Con pasos cortos y torpes el hombre avanzó y el enfermero nos hizo una señal para que no nos levantemos del sofá. Los dos hombres se detuvieron junto al amplio sillón que estaba frente al nuestro y el enfermero nos saludó.

—Buenos días —respondimos al saludo y el hombre forzó su sonrisa—. Yure mira quién ha venido a visitarte hoy. —El hombre señaló a Olenka y ella sonrió—. Si me necesitan estaré cerca —dijo y mostró una banca ancha que se encontraba pegada a una ventana al lado izquierdo del salón.

El enfermero dio la media vuelta y mis ojos se detuvieron sobre esa desordenada mata de cabello rubio que caía hasta los hombros de Yure. La frente se me hacía conocida, la arqueada forma de las cejas, castañas y delgadas. Las pestañas color del caramelo. La nariz recta, viril y perfecta, los pómulos algo sobresalientes, labios delgados y pálidos, mentón cuadrado y partido en dos por un pequeño hoyuelo.

El hombre elevó la mirada, pasivo contempló a Olenka por unos segundos y cuando se fijó en mí juntó el entrecejo. Esa expresión ya la conocía, la había visto tantas veces. Sus ojos azules me analizaban con rigor, la fuerza de su mirada parecía golpear la mía y la altivez de su rostro era idéntica a la de mi hermano. Ver a Yure Krasnyuk era como ver a Yuri Nikiforov con treinta años más de los que tenía.

—Yure te dije que mi viaje a Nueva York sería corto y ya regresé. —Olenka tomó la mano de su primo y la acarició—. ¿Cómo estás?

—Jodido. —Escuché su voz, grave como gruñido de un tigre y sentí que tenía el mismo color que la voz de Yuri—. He sido un chico muy malo por eso me guardas en este lugar de mierda. —La forma cómo se expresaba, con ese dolor y desprecio que nacían de su corazón, era idéntica a la forma cómo hablaba mi niño cuando se sentía amenazado o herido.

—Te hemos traído algunos regalos. —Olenka sacó de su bolso la caja de jabones y yo acerqué las revistas—. Mira compré los jabones que tanto te gustan.

Sin despegar la mirada de mí, Yure tomó los presentes y los puso a un costado del sillón. Arrugó con más fuerza el ceño y con furia contenida me habló.

—Miroslav, ¿dónde mierda ocultaste a mi Ivana? —Yure parecía un felino que se agazapaba para saltarme encima en cualquier momento. Me confundía con mi padre y al parecer sabía bien que mi padre era su rival.

—Yure estás confundiendo a este muchacho —le dijo Olenka con tranquilidad—. Él no es Mirko, es mi novio. Me acompañó para conocerte.

—¡Mientes! —Yure miró con furia a su prima y luego volvió a mirarme—. ¿Dónde está Ivana? —Acercó su demacrado rostro y yo retrocedí. Yure sonrió de costado y sentí como si mi corazón se rasgara, esa sonrisa malévola la conocía muy bien—. ¿Me tienes miedo? ¿Crees que puedo golpearte o matarte? —Abrió los brazos y señaló el lugar—. Si quisiera hacerlo saldrían muchos hombres, están escondidos detrás de las puertas, detrás de las ventanas, detrás de las paredes, incluso están bajo el suelo y me detendrían y me golpearían y no podría ni tocar el cabello de tu novia. —Paró su desesperada explicación y volvió a mirarme con recelo—. ¿Dónde está mi mujer?

—Mirko mejor dile la verdad —dijo Olenka con un guiño y entendí que debía seguirle el juego.  

—Murió. —No sabía si era bueno o no decirle la verdad, pero lo hice y no hice nada para convencerlo de que yo no era mi padre.

—Mientes, ella sigue contigo. Ella iba a tener un bebé y me dijo que era mío. Yo le pedí que lo abortara, no quería tener hijos. Solo quería a Ivana para mí. La dejé y ella se asustó y volvió contigo. Cuando volví a buscarla, el viejo Plisetsky me dijo que se había ido lejos. Tú te la llevaste. La busqué, la busqué y la buscaría ahora si estas malditas brujas no me tuvieran enjaulado en este puto lugar.

Yure Krasnyuk era el epítome de Yuri. Así de efusivo y ventral. Ardía como un guerrero en medio de la batalla, mostraba la misma vehemencia, usaba el mismo lenguaje y hasta las mismas posturas que Yuri mostraba a los demás cuando atacaba o se defendía. No se conocían, ignoraban por completo la existencia del otro y sin embargo parecían hechos con el mismo material.

—Yure, escúchame —Olenka elevó un poco la voz y habló con notable autoridad—. Ivana falleció meses después que tú la dejaste. Si no me crees Mirko puede traerte el acta de defunción —Olenka me miró y afirmé con un movimiento de cabeza.

—¿Y el bebé? —Yure pareció comprender la información.

—Murió con ella. —Tuve que mentir tal como Olenka me señaló con el dedo sobre el cuello—. Era muy pequeño y ella estaba débil.

—Yure, ¿ahora me crees? —Un grueso lagrimón rodó sobre la encendida mejilla de Olenka quien volvió a tomar la delgada mano de su primo hermano.

—Ella no te amaba, maldito viejo asqueroso. —Yure masculló su odio y en sus ojos, pude ver reprimidas décaddas de dolor.

—Lo sé, por eso ella volvió con su padre cuando tú te fuiste y jamás me buscó. —Imaginé cómo se estaría sintiendo mi padre el día que se enteró de toda la historia.

Yure echó su cuerpo atrás y reposó su espalda sobre el espaldar del sillón. Poco a poco dejó que la risa saliera de su pecho y comenzó a desgañitarse en carcajadas. El guardia se puso en pie algo preocupado por la situación, pero Olenka lo detuvo con un movimiento de su mano.

—Eso… eso… quiere decir… que ya puedo… morir en paz. —Yure peinó con los dedos sus largos mechones rubios enmarañados y paró de reír abruptamente—. Mejor morir que seguir en este maldito lugar. Tenía las ganas de curarme y salir a buscar a Ivana, pero ahora…

Se quedó mirando la nada, perdido en ese mundo de infinita rabia que podía ver en sus encendidos ojos azules. Se puso en pie, dejó las revistas y la caja de jabones en el sillón y sin decir una sola palabra más caminó hasta la puerta por donde lo vimos entrar. La abrió y desapareció de nuestra vista a paso lento. El guardia que lo acompañaba corrió tras de él y Olenka dio por terminada la visita.

En el auto se echó a llorar y yo la abracé para contenerla.

—Gracias Víctor —me dijo casi hipando—. Nos ayudaste a cerrar un capítulo que de otra forma seguiría golpeándonos a mí, a mi hermana y a Yure.

—¿Has pensado que tu primo podría llegar a matarse? —Las últimas palabras del hombre quedaron resonando en mi cabeza—. Él dijo que sería mejor estar muerto.

—Yure siempre dice eso. —Ivana sacó del bolso su espejo y un labial—. Víctor, mi hermana y yo queremos mucho a Yure, pero a ratos pienso que sería mejor si él se fuera porque él ya no tiene vida.

—¿Quieres que Yuri sepa esto? Es decir ¿quieres que Yuri se entere que su verdadero padre es un hombre destruido?

—Tampoco me gustaría que Yuri lo viera, pero conociendo a Yuri eso sería algo inevitable. —Volvió a rebuscar en su bolso—. Decirle a Yuri que es o no tu hermano pasa a ser ahora tu decisión. —Olenka secó con un pañito sus mejillas y se puso polvos compactos en los párpados—. Si tú piensas que Yuri debe seguir siendo un Nikiforov, mi hermana y yo no diremos nada. Si tú deseas decirle la verdad nosotros te apoyaremos. Los apoyaremos a los dos.

Olenka encendió el motor del auto que rentamos y condujo hasta el aeropuerto mientras escuchábamos en silencio el Álbum Blanco de los Beatles. El avión que tomamos de regreso a Londres aterrizó cuando la tarde gris se hacía más oscura. Durante el viaje me puse a pensar en todas las posibles reacciones de Yuri y sentí que todo el peso de la verdad quedaba sobre mis hombros. Si quería recuperar a Yuri tendría que abrir esa caja de pandora y atenerme a las consecuencias.

¿Estaba dispuesto a asumirlas?

Esa noche descansando en la mansión de las Kaminski decidí que necesitaba saber la otra parte de la verdad, una que se mantenía en la sombra y que solo la encontraría en San Petersburgo, en la oficina del mejor amigo de papá.

 

Notas:

Yure es un nombre ucraniano variante de Jorge. En Rusia Jorge es Yuri.

Krasnyuk deriva de la palabra krasknyi que significa bello.

El Álbum Blanco de la agrupación británica The Beatles nació en 1968 viviendo entre sus tracks la experimentación del rock más crudo. la mayor parte de las canciones fueron creadas en la India, durante la limpieza espiritual que los miembros del grupo atravesaron a principios de ese año con el Maharishi Mahesh Yogi, gurú de la meditación transcendental. Paradójicamente a partir de la creación de este álbum se produjeron los primeros distanciamientos de la banda que llevó unos años después a su disolución total.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

2 comentarios sobre “Tabú 81

  1. Lady, gracias por ese cariño porque en tus palabras lo siento y me siento muy recompensada con tu entusiasmo por la historia. Un saludo afectuoso desde Cusco y cuento contigo para el gran final.

    Me gusta

  2. AHHHHHHHHHHHHHHHHHH AJFHAKLNALGHANGANBFAFNAILQHF AGJHAKLGNQOANGOA FKLANA DIOS MIOOOOOO , NO ERAN HERMANOS ,REPITO NO ERAN HERMANOS ,AHORA SI PUEDO RE LEERME ESTE FIC SIN CULPA ,AYYYYY ,ME HACES LLORAR ,JUSTO ESTABA LEYENDO ESTE CAPITULO CON LA CANCION DE MARILYN MANSON -KILLING STRANGERS , DIO JUSTO EN EL CLAVO!! ,NO SABES CUANTO ESPERO TUS ACTUALIZACIONES TODOS LOS DIAS ,SIEMPRE ESTOY PENDIENTE DE MI CORREO ,TE AGRADEZCO INFINITAMENTE POR TODO EL TIEMPO QUE TE TOMAS EN ESCRIBIR ESTA HISTORIA DE MI BELLA OTP ,ERES LA MEJOR!! ,Espero que algun dia me des un autografo uwu .

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: