Tabú 80


Cada vez que Olenka Kaminski entraba en mi vida la pintaba de colores. Derramaba energía por la habitación y de solo mirarla imaginaba que ella era el ángel que mi madre me enviaba en los momentos más oscuros de mi vida.

Particularmente el verano de ese tercer año en la Parsons fue un tiempo oscuro y frío para mí, aunque yo pensara todo lo contrario. Según mi punto de vista había logrado un equilibrio perfecto entre mis estudios y mi vida personal. Mi vida social también había mejorado muchísimo —si ir a un hotel con cualquier hombre los fines de semana se podía considerar vida social— y todavía tenía la gracia de contar con la presencia de Mila por seis meses más.

Con Otabek otra era la situación. El “oso” hacía grandes esfuerzos por estar junto a la bruja y a mí. Ahora que lo pienso me parece increíble que él me llamara por lo menos tres veces a la semana y me contara todos sus progresos en el equipo y todas las experiencias de la liga profesional. Jamás se quejaba, solo reflexionaba sobre algún mal momento. Yo lo seguía como todo un fan por las redes oficiales y no oficiales, comentaba todos sus encuentros y sus anotaciones y cada vez que podíamos estar juntos, aunque solo fuera por unas cuantas horas, salíamos como lo hicimos en la secundaria.

El amor incondicional de Otabek era esa linterna en medio de una noche de bruma que te ayuda a encontrar el camino. Siempre fue sincero conmigo y las pocas veces que discutí sus opiniones, a la media hora de haberlo pensado bien, le decía que tenía razón. Otabek sigue siendo hasta hoy mi mejor amigo, a pesar de la distancia.

Regresando a Olenka, para mí fue una sorpresa inmensa verla ese otoño con su abrigo largo de paño beige, los guantes marrones de cuero y un sombrerito de gamuza muy mono. Entró a la escuela y de lejos nos regalamos una gran sonrisa. Yo ingresaba a clases con Claire Burns, una economista dedicada a la investigación de mercados para empresas de moda, Olenka ingresaba a la oficina de Kelly. Me sentí tan feliz de verla, sabía que más tarde saldríamos a algún lugar o pasaríamos unas horas en mi departamento comentando nuestros progresos.

No estaba lejos de la realidad. Esa tarde almorzamos en la cafetería de la escuela y ella me pidió que le hiciera un espacio especial en mi horario para conversar. Eso me sorprendió porque Olenka nunca había sido tan formal conmigo y no necesitaba sacar una cita para poder verme.

Quedamos en cenar en mi departamento a las ocho y treinta de la noche, ella prepararía la comida y yo haría algún postre y conversaríamos. ¿Sobre qué tema? No quiso adelantar nada.

A las ocho de la noche ya tenía el departamento listo para recibir a la amiga de mi madre y pasar un buen momento junto a ella. Lo que más nos gustaba era ver desfiles de modas juntos y comentar todos los detalles de los modelos que se exhibían. A ella le gustaba el estilo de Kahal Burk y a mí no. A mí me encantaban los diseños de la maestra japonesa Minako Okukawa a ella le parecían muy tradicionales. Ambos compartíamos nuestro amor por los diseños que la casa Rosetta presentaba cada año y opinábamos que Jean Marie diseñaba las joyas con pasión.  

Después de mucho tiempo probé un delicioso enrollado de pollo con una ensalada Olivier que me hizo recordar las cenas en la casa de Lilia. Pensé en ella, tomé una foto a la mesa y se la envié de inmediato con un mensaje que decía: “cuando vengas a Nueva York”. Ella respondió que sería yo quien tendría que cocinar.

También disfrutamos de un delicioso pastel de miel que compré en la Brioche Bakery porque no tuve tiempo de para prepararlos yo mismo. Fue un momento en el compartimos algunas de mis últimas impresiones sobre mis cursos en la escuela y las anécdotas que ella vivió en Europa. Cosas sin mucha importancia como qué vestido usó Marissa Bukakis o cuánto se recaudó en el último desfile de Santiago Verón. Cuántas veces tuve que rehacer un vestido de noche que no me terminaba de gustar o cómo dibujé el último traje de tres piezas que usó el Brad Kelly en una reunión. Creo que ella sospechaba algo sobre mis encuentros furtivos con el director; pero no me decía nada y yo apreciaba mucho esa distancia y respeto.  

Escogí un listado de música blues para acompañar la cena y abrí una botella de don Perignon para celebrar su visita. Sin darme cuenta comencé a amar a esa mujer. No sé cómo definir el amor que siento por ella, no es amor de hijo porque ese solo lo he reservado para Lilia. Es como si fuera más que una amiga, como si fuera parte de esa madre que no conocí. Mila dice que le tengo amor de sobrino. No sé cómo aman los sobrinos a sus tíos; pero tal vez es como yo amo a Olenka.

Después de cenar nos sentamos en el sofá y ella me pidió ver mis catálogos nuevos. Le mostré casi todos para que viera los cambios que introduje en mis creaciones, aquellas que hacía dibujando los cuerpos de mis acompañantes de cama. Quería tener una opinión más neutra, pues la de Kelly se había contaminado con algo de pasión y siempre me exigía a que hiciera algo mejor.

—Cambiaste los vestidos glamorosos para chicas por trajes sobrios para chicos —comentó y siguió observando los detalles de cada modelo—. Son bastante formales, pero me gustan mucho. ¿Cómo los dibujas?

—Saco la esencia del modelo, lo dibujo y luego lo visto. —Era la más simple descripción de mi técnica—. Básicamente me acuesto con un hombre y luego de hacer el amor ya sé cómo debería ir vestido.

—Entonces primero pruebas la piel y luego defines la tela y la textura, así como la forma del traje —dijo mirando el último modelo y repasando con las largas uñas pintadas de azul los trazos de mi dibujo—. ¿Y por qué no completas los rostros? ¿Qué hay de sus miradas y sus sonrisas?

—Yo… —Me detuve a pensar la razón por la que los rostros de mis figurines estaban vacíos—. No los recuerdo. Creo que no los veo.

Si me fijaba en un hombre lo hacía mirando el color de su cabello y el color de sus ojos, tal vez algún rasgo en los pómulos y el mentón que me agradaran; pero el rato de follar con él solo me fijaba en su cuerpo, en el detalle de sus pectorales, sus abdominales, tal vez la tensión de sus brazos, la curva de sus hombros o los ángulos de sus caderas. Su mirada, su sonrisa, sus gestos de placer y sus rostros de satisfacción desaparecían. Sé que en el momento de estar follando estaban presentes; pero por algún maldito motivo no podía recordarlos.

—Miss Green, Laura Kurt, Bryan Kissing y hasta Kelly dicen que mis modelos les falta alma —le comenté algo molesto—. Yo me esfuerzo mucho por sacar lo mejor en el papel, pero no entiendo ni un carajo a lo que se refieren con alma.

—Tal vez si te fijas más en las miradas y en las sonrisas de tus modelos puedas dibujar ese “alma” que piden tus maestros —dijo Olenka y no entendí su consejo.

—¿Cómo? —Levanté las cejas y los hombros para que ella notara mi desconcierto.

—Tal vez si hablas más y profundizas algunas de esas relaciones con los chicos que te gustan y no solo te vas a la cama con ellos… —Olenka cerró el catálogo y me regaló un pequeño guiño—. Pero solo es mi opinión, querido.

—No quiero una relación con nadie. —Fui tajante con mi decisión.

—¿Por qué? —Cruzó sus largas piernas y me quedé mirando el detalle de su bota—. Si amar es tan bonito.

—Amar es bonito hasta que deja de ser bonito —comenté sin ponerle ganas a mis palabras y tomé un poco más de vino.

—Pero el tiempo que has amado es lo que cuenta. —Ella sujetó suavemente mis dedos y los apretó entre sus delgadas y cálidas manos—. No es que te quiera decir que el amor vaya a durar para siempre y sea todo el tiempo como el primer día; pero mientras tu corazón lo vive y lo siente la vida se vuelve un jardín en primavera.

—Cuando la otra persona te miente, te traiciona y se aleja… —Automáticamente miré la ventana y pensé en Víctor— el amor se convierte en un infierno.

—Eso sucede cuando retienes el pasado y no lo dejas ir. —Olenka buscaba mi mirada y yo hacía un gran esfuerzo para esquivarla—. Yo también he tenido amores ingratos, pero si te digo esto es porque sé de qué estoy hablando.

—¿Y cómo puedo hacer para olvidar el pasado? —le dije casi en tono de burla. Hasta ese momento quería poner a prueba su paciencia con el objetivo que se diera por vencida y dejara de hablar de Víctor.

—Mirándolo directamente a la cara, reconociendo cuán importante fue para ti, no le reclamas nada y luego dices “ya no me perteneces” —Olenka sostuvo mi mentón y levantó mi rostro—. Simplemente te das el permiso de sentirte perdedor.

Sonaba muy fácil, pero era tan difícil hacerlo y por más que me esforcé durante esos años que no volví a saber nada de Víctor, no pude olvidarlo. Aún deseaba sentir su perfume y escuchar su voz por la mañana diciéndome que ya era hora de salir a correr.

Suspiré.

—Hace unas semanas vi a Víctor. —Olenka soltó la frase como si me comentara el reporte del clima sin saber que para mí fue como una granada que fue directamente a mi pecho y estalló dentro de mi corazón.

—No quiero hablar de él. —De inmediato mi cuerpo se tensó.

—¿Por qué?

—¡Solamente no quiero hacerlo!

—El motivo que ambos argumentan para justificar su separación es absurdo y lo peor es que no se ponen de acuerdo. —Ella parecía que estaba decidida a seguir adelante para arrancar mi confesión y eso era algo que no podía permitirle—. Él dice que te molestaste por que dejó Nefrit y tú dices que te mintió…

—¡No insistas, Olenka! —Me alejé de ella de un salto y me paré tras el asiento del frente dispuesto a no escucharla más.

—Quiero ayudarte. —Ella me miraba con pena, tal vez con misericordia y eso me hacía enfurecer.

—¡Ya me estás ayudando mucho con tus consejos! ¡Pero no quiero saber más de él! —Alcé la voz en un intento por frenar su insistente curiosidad—.  ¡Quiero olvidarlo!

Olenka me quedó mirando con tristeza, se puso en pie, se acercó y me tomó por los hombros con la fuerza que sus delicadas manos le permitían. No supe cómo deshacerme de sus manos y de sus preguntas. Su voluntad era mayor que la mía y en el fondo creo que le estaba dejando abrir la herida que había permanecido inflamada por tanto tiempo.

—¡¿Qué te hizo?!

—¡Nada!

—¡¿Qué te dijo?!

—¡Nada!

—¡¿Te hirió de alguna manera?!

—¡Bastaaa! ¡Déjame en paz! —Olenka era una buena amiga, pero no tenía derecho a intervenir de esa manera.

Me alejé una vez más de ella y corrí a la ventana. Todo mi resentimiento y dolor salían a borbotones por mi pecho y mi garganta. Estaba furioso y si no ponía distancia con Olenka tal vez podría portarme como un bruto y no quería dañarla. Me detuve a contemplar las luces del parque y respiré varias veces para tranquilizarme. Olenka insistió.

—¿Fue su madre la que te hizo algo?

—¿Por qué nombras a esa mujer?

—Porque ella alejó a tu mamá de tu papá.

—Era natural —El bochorno me cubrió las mejillas—. Mi mamá… era la amante.

—¿Eso es? ¿Víctor o su madre te hicieron sentir como el hijo de la amante?

—Angélica lo hizo —Me sentía pésimo—. Víctor no…

—¿Qué pasó con Víctor? —La miré en silencio por unos segundos. Intentaba pensar en un argumento razonable y no lo encontré— ¡Yuri por favor quiero entender!

—Si te digo lo que sucedió… —Sentí que las manos me temblaban y es que empecé a hablarle desde mi temor más profundo—, ¿prometes que no me juzgarás mal?

—Lo juro, Yuri. —Asió mi mano otra vez y volvimos al sofá.

Tomé algo de vino, mi cuerpo entero estaba temblando y mi estómago era un remolino. Paciente, Olenka esperó que las palabras llegaran a mi garganta.

—Yo amé mucho a Víctor y creo que aún lo amo…

Por primera vez en mi vida conté mi verdad. Alguna vez lo hice con Lilia, pero fue de manera asolapada, claro que ella lo sobre entendió y cuando hablábamos de Víctor tanto ella como yo sabíamos de qué estábamos hablando en realidad.

Con Olenka fue distinto. Tuve que desnudar todo mi ser y decirle lo mucho que me había enamorado de mi propio hermano. La forma cómo lo había buscado para que cediera a mis deseos y a los suyos. La manera cómo lo había alejado de su novia. La forma cómo nos hicimos amantes y la forma cómo terminó todo. Ella me miraba con calma y a veces asentía con la cabeza. En ningún momento mostró un gesto de sorpresa o desagrado. Me escuchó en silencio y cada vez que yo arrugaba mi nariz para no llorar, ella apretaba mi mano como diciendo en silencio que estaba allí junto a mí y no me iba a dejar.

—Sé que a Víctor le dio mucho temor seguir con esta relación —comencé a pensar con claridad—. Pero por lo menos debió decirme apropiadamente adiós ese maldito cabrón. No lo hizo, solo me dejó y no quiso decirme sus motivos. Solo dijo que los hermanos no debemos tocarnos ni amarnos como amantes y sé que ese estúpido tiene la razón. —Trataba de contener las lágrimas y la voz se me rompía cada tres palabras—. No sé cómo hizo él para olvidar lo que sucedió entre los dos, para casarse y vivir tan feliz.

—Dime, Yuri —Olenka limpió una lágrima que no quería desprenderse de mis pestañas—. ¿Todavía amas a Víctor?

Me detuve a pensar un momento, quería decir que no, que estaba herido por las mentiras que me dijo, por no haber sido sincero conmigo desde el momento que se alejó de San Petersburgo y de Nefrit; pero ninguno de esos argumentos resultó válido para mi estúpido corazón.

—Lo amo y me odio por amarlo tanto. —Me di cuenta de que estaba contrayendo la mandíbula para no llorar frete a Olenka y para relajarla golpeé el sofá—. ¡¿Por qué carajo no puedo olvidarlo si él me ha herido tanto?!

—Sí, Yuri. El amor es dolor. —Olenka apretó mi mano que permanecía fría por la tensión—. Pero, así como todo en la vida, el dolor pasa.

—Quiero que seas muy sincera conmigo… ¿crees que soy un asqueroso degenerado por amar a mi hermano? —Tenía miedo de la respuesta que me iba a dar.

—El amor se presenta en las situaciones y los momentos más extraños —dijo y sus pestañas también estaban húmedas—. Nos encuentra desarmados y sin ningún plan. He visto muchas parejas, desde aquellas convencionales que se aman toda la vida, hasta aquellas que forman grupos extensos de poliamor. He visto que algunas son felices con fetiches y sumisión, las que luchan por su felicidad contra el mundo, las que se esfuerzan por aparentar, las se apoyan y crecen mutuamente, las que no pueden desprenderse por más que se hagan daño, las se aman en silencio. El amor encuentra miles de formas para florecer y que un hermano se enamore de otro no es novedad para mí.

—Pero no me has dicho qué piensas.

—Yuri ¿Quién puede detener el amor, el deseo, las ganas del otro, la necesidad y el afecto? —Acomodó sus largos mechones que pintó de rosa y me acarició la mejilla con mucha suavidad mientras me miraba con cariño—. Jamás te juzgaría por amar a tu hermano con amor de hombre.

—Gracias.

Olenka abrió los brazos y me recibió sobre su pecho. Bajo su perfume me sentí niño pequeño y me permití llorar todas las lágrimas que había guardado. La apreté varias veces entre mis brazos, había olvidado que ya no era el chico delgado y pequeño que ella conoció en una fiesta y durante media hora no quise abandonar ese amoroso refugio.

—Creo que el día que vuelvas a ver a tu hermano a los ojos y hables con él sin miedo, el día que lo escuches sin interrumpirlo y sin juzgarlo, sentirás el alivio del perdón y podrás dejarlo marchar y tú también podrás caminar por tu cuenta sin cargar tanto dolor. —Olenka también estaba llorando.

—Lo sé… pero no estoy preparado. —Temía que, si volvía a ver a Víctor, me volviera a derrumbar como lo hice alguna vez en Rusia—. Y sé que por esta distancia con él mis diseños son un asco y es que antes me pasaba vistiendo a Víctor y ahora no tengo corazón para vestir a nadie más.

—No seas tan duro contigo. —Olenka elevó mi cara y limpió las últimas lágrimas que resbalaban lentas y sin ganas y me pasó un paño de papel para que me limpiara la nariz.

—Tengo que admitirlo, hasta ahora hice bien las cosas, pero no son extraordinarias como antes y por eso mis profesores me exigen tanto.

—Te exigen porque saben que dentro de ti existe mucho talento que necesita ser pulido y formado, saben que allí está ese “no sé qué” que un día te hará diseñar modelos realmente excepcionales. —Olenka tenía más fe que yo.

—No lo sé… a veces no tengo ganas y cuando las tengo no sé cómo expresar algo original. —Estaba tan frustrado y no quería admitirlo porque me daba miedo pensar que tal vez no servía en verdad para ser diseñador—. No sé qué me impide darme por completo… soy un fracaso.

Olenka me empujó suavemente y me miró juntando el entrecejo.

—¡Yuri Nikiforov Plisetsky! ¡Nunca digas que eres un fracasado por seguir y seguir intentando! ¡Solo si algún día te rindes, podrías decir que has fracasado! —Me acercó a sus labios y me dejó un enorme beso en la frente—. ¿Cuántas veces crees que Mirko hizo mamarrachos antes de sacar las hermosas piezas que diseñó?

Negué con la cabeza.

—Muchas y yo soy testigo que ese hombre dibujaba decenas de veces el mismo modelo hasta que tenía uno que lo dejara satisfecho y aun cuando estaba ya con el modelo en plena ejecución seguía haciendo correcciones. —Sonrió y me devolvió la calma. Había alguien que me hablaba de riesgo y confianza—. No te rindas, Yuri.

—No lo haré.

—¿Me lo prometes?

—Te lo juro.

Olenka sirvió el resto del vino, nos echamos en el sofá y seguimos escuchando música hasta que su celular sonó. Era Kelly que le preguntaba si quería que la recogiera de mi departamento. La acompañé hasta la puerta y antes de despedirla la abracé con todo mi amor. Amor de sobrino me dije y la vi partir acompañada del hombre que esperaba mejores cosas de mí como diseñador.

Esa noche, acostado ya, busqué en mi celular el nombre de Víctor y vi las fotos de sus últimas campañas. Se veía tan radiante y feliz, mientras yo seguía rumiando mi cólera. Cerré las imágenes y me propuse olvidarlo.

Al día siguiente pregunté a Olenka si conocía a un buen terapeuta que me ayudara a comprender y arreglar toda esa ira y desgano que sentía y me dio tu teléfono y dirección. Y aquí estamos hoy, yo hablando como un anciano de mi pasado y tú cobrándome doscientos dólares la hora.

Nota de autor: Esta conversación entre Yuri y Olenka se produce antes que ella llame a Víctor con tanta insistencia y obtenga una cita como lo hizo en el capítulo anterior.


Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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