Tabú 79


Mi padre siempre me dijo que las mujeres son seres maravillosos, pero que tratar de ingresar en la profundidad de su alma, era una tarea peligrosa que ni los más osados expedicionarios se atrevían a realizar.

Y cuando te encuentras ante dos profundos abismos es mejor desviar la mirada, retroceder tus pasos y huir del lugar.

Anya y yo viajamos a Moscú para el matrimonio de su mejor amiga. La primavera hacia reverdecer los jardines de la capital y nosotros nos dirigíamos al aeropuerto. Nuestra nutrida agenda no nos permitió quedarnos ese fin de semana con los demás invitados en una antigua mansión recién inaugurada que los parientes de los novios habían contratado para la fiesta.

Caminábamos distraídos jalando nuestras pequeñas maletas rumbo a la sala de espera cuando nos encontramos con un hermoso rostro conocido. Mila Babicheva también caminaba por el amplio pasillo buscando la sala de embarque para tomar su vuelo hacia Nueva York.

Cuando la vi mi corazón comenzó a latir a toda velocidad y sentí la suave fiebre del bochorno subir a mis mejillas. Ella nos reconoció y nos acercamos todos con una sonrisa.

—Hola Víctor, hace tanto tiempo que no nos vemos. —Los besos en las mejillas no faltaron y la alegría del encuentro fue evidente.

—¡Mila cómo has cambiado! —La vi más madura, con el cabello largo hasta la espalda y un vestido blanco de amplia falda plisada—. Te presento a mi esposa, Anya.

Juntaron las manos y se dieron un beso en cada mejilla sin rozarlas para no dejar huella de labial sobre el maquillaje.

—¿Dónde vas? —Se me ocurrió preguntarle.

—Vuelvo a Nueva York —comentó risueña—. Estuve dos semanas acompañando a Lilia en su taller. Esa mujer debería haber puesto una escuela hace mucho tiempo. Nos divertimos con los figurines y las telas y aprendí un truco que solo le había enseñado a Yuri.

—¿Siguen teniendo amistad con Yuri? —Anya se mostró muy interesada en saber sobre mi hermano.

—Lo veo casi a diario —comentó mientras acomodaba su bolso sobre el hombro derecho—. Soy profesora adjunta en el taller de prácticas en el Instituto de Moda y Tecnología en Chelsea que está a solo unas calles de la Parsons y también vivo en Manhattan, así que sí, veo a Yuri casi todos los días.

—¿Cómo le va en la escuela? —pregunté por preguntar.

—Bien, es un buen alumno. Bastante responsable y creativo. —Me pareció que Mila se puso algo tensa, como si no quisiera hablar sobre mi hermano.

Los tres nos quedamos en silencio mirando a cualquier lado y esos segundos sirvieron de antesala a un momento que jamás hubiera esperado.

—Perdóname por lo que voy a decirte Víctor, sé que no debo meterme en los asuntos de los demás, pero amo mucho a Yuri, para mí es como un hermano menor y así como veo sus progresos también veo los problemas a los que se enfrenta y en los que se mete. —El rostro de Mila no solo mostraba seriedad, podía ver dolor cuando hablaba de mi hermano—. Yuri está bien, avanza en la escuela de diseño y es uno de los mejores alumnos, pero a un costo muy alto. Desde que ustedes dos se pelearon, y no sé por qué, él sigue una rutina del infierno.

—Mila… no creo que sea el momento de hablar de esto —Traté de persuadirla para que no hablara, quería saber qué sucedía con mi hermano, pero no quería que Anya estuviera presente.

—Víctor déjala —Anya me regañó como si fuera un niño—. Es de tu hermano de quien está hablando y no importa el momento ni el lugar.

Me sentí pequeñito, ambas me miraban con reprobación y me presionaron a seguir escuchando. Quería huir, mirar mi reloj y decir que el tiempo se agotaba, pero ese argumento no hubiera funcionado pues teníamos tiempo de sobra antes que comenzara nuestro embarque.

—¿Qué rutina lleva Yuri? —Me vi obligado a preguntar temiendo escuchar la respuesta.

—Pastillas para dormir cuando no puede dormir que es casi a diario, energizantes para estar despierto en clases cuando se ha pasado dibujando o confeccionando toda la noche, toneladas de vitaminas que no le sirven para nada, relajantes musculares que me imagino le hacen mucho daño, toneladas de proteínas en polvo para aguantar sus extenuantes rutinas de gimnasio —Mila tomó aire y siguió enumerando—. Come cualquier cosa en la calle, no tiene amigos en la escuela y sale con un chico distinto cada fin de semana.

Sentí que el hoyo formado en mi corazón desde que lo dejé en Peterburg se abría nuevamente y se volvía gigante con el paso de los segundos. No sabía qué decir y tampoco sabía cómo seguir guardando la compostura. Mila me describió a un Yuri que no hubiera imaginado ni en mis peores pesadillas. Díscolo, promiscuo y sin norte.

—No sé cuál de todas esas actitudes es la que me da más miedo, pero sí sé que, si alguien no logra ayudarlo a poner freno a su vida, Yuri terminará enfermando. —Sentenció Mila mirándome con pena. Era su mejor amiga y su soporte y yo no cuestioné ninguna de sus palabras porque sabía que salieron de su alma.

—¿Hablaste de esto con Lilia o con Yakov Feltsman? —Pensé que ellos eran los llamados a poner algún freno a los excesos de mi hermano.

—Ellos conocen bien los detalles y en muchas oportunidades le han llamado la atención. Incluso Lilia ha viajado de improviso a Nueva York para hablar cara a cara con Yuri; pero él ya no les hace caso. —Mila agachó la cabeza y negó varias veces—. Siempre argumenta que ya es mayor de edad y que sabe lo que hace.

—Tal vez podría ir a un terapeuta…

—¡Víctor! —Mila me miró con asombro y poco a poco mostró su enfado—. ¡Tu hermano te necesita! ¡Desde que tú dejaste Rusia él está así! ¡Tal vez tú podrías ayudarlo a recuperar algo de esa calma que ha perdido! ¡¿Por qué lo has abandonado a su suerte?! ¡¿Acaso no lo quieres?!

Sentí que la voz elevada de Mila en realidad eran los gritos desesperados de Yuri que me llamaban a la distancia. Tuve ganas de cancelar mi vuelo a París y tomar uno que me llevara a Nueva York, pero una vez más fui vencido por el miedo que sentía. Si hasta miré varias veces por detrás de mis hombros para comprobar que nadie me seguía con la mirada.

—Yuri es quien no quiere verme, ni siquiera tengo su número de teléfono y si lo tuviera no respondería a mis llamadas, él… —Necesitaba inventar un argumento que fuera convincente para Mila, para Anya e incluso para mí, una historia que le diera el perfecto sentido a mi ausencia y no la encontré.

—¡Entonces ve a verlo! —Mila parecía rogar desesperada y yo sentía que me hundía en suspiros atorados que disimulaba con una inesperada tos.

—Amor, Yuri siempre fue un chico terco, no vas a esperar que te acoja de un momento a otro; pero si vas e insistes tal vez ceda un poco. —Anya también mostraba su acuerdo.

Cómo explicarles a las damas que otro motivo más poderoso me impedía volver a ver a mi hermano. Y no estoy hablando de la amenaza, pues según los tipos que me pusieron la soga en el cuello yo podía estar con Yuri en lugares públicos, jamás me dijeron que no lo volviera a ver.

El motivo principal para no visitar ni hablar con Yuri era interno. Si lo volvía a ver, si volvía a tener su rostro frente al mío, si volvía a sentir su aliento y su perfume, me olvidaría de las amenazas, de los enemigos, de los amigos, de la moral, de las leyes y lo haría mío otra vez. Fue doloroso comprobar que a pesar del tiempo transcurrido no había podido transformar ese amor apasionado de hombre en un amor puro y noble de hermano.

—Voy a abrir un espacio en mi agenda para ir a verlo. —No sabía cómo deshacerme del compromiso. Quería que la tierra se abriera bajo mis pies y al mismo tiempo quería tomar un avión directo a Nueva York ese mismo instante, pero debí actuar con frialdad para no empeorar la situación—. Creo que podría ser en un par de meses…

—Tómate tu tiempo, Víctor. —Mila sonrió con pena—. Tal vez cuando tengas un espacio en tu agenda no quede nada que rescatar de Yuri. Por mi parte seguiré haciendo todo lo posible para ayudarlo a salir de ese hoyo, espero lograrlo antes que finalice el verano pues en agosto me voy a vivir a Canadá.

Mila estiró la mano, se despidió y siguió su camino hacia la sala de embarque número veinte donde la esperaba el vuelo de Delta con destino a Nueva York.

Nosotros también entramos a otra sala y Anya no me dijo nada, parecía adivinar por mi rostro y mi mirada que sería difícil hablar sobre Yuri. En el pasado se había empeñado muchas veces en arrancarme una confesión, en conocer aquel motivo por el que los dos nos alejamos. Anya se había esforzado para que yo pudiera acercarme a Yuri desde que no lo vio en la ceremonia de nuestro matrimonio.

Un día se cansó de insistir y no volvió a tocar el tema. Mi terquedad y mi silencio no le dejaron otra opción, pero de vez en cuando me pedía que lo llamara de nuevo para ver si él se animaba a contestar.

Durante el vuelo a París Anya recuperó el sueño que habíamos perdido en la fiesta del matrimonio y yo me dediqué a mirar la nada. Recordé cada palabra que Mila me dijo y cuando repasé las frases con las que describió la rutina de Yuri, supe que ya no tenía nada más que hacer.

Él salía con otros hombres, tenía una vida sin mí y sabía que de tanto buscar un compañero, tarde o temprano hallaría al indicado. El hueco que se había formado en mi corazón permaneció abierto y durante las siguientes horas sentado en el avión sentí que me devoró.

Había perdido a Yuri.

Él regalaba su mirada felina a otros hombres, entregaba su piel de manzana a otras manos, aspiraba el aliento de otras bocas, saboreaba el jugo de otros labios, sentía el placer de otros cuerpos y se convertía en niebla dentro de mi mente.

Entonces la resignación tocó a mi puerta. Derrotado la dejé entrar y me entregué a sus fríos brazos. Permití que se apoderara de mi esperanza y de mis sueños, que los desgarrara pedazo a pedazo y que me dejara vacío y sin motivo.

Desde mi encuentro con Mila me convertí en un cuerpo sin alma. Había días en los que no sabía bien cómo me había levantado, cómo había manejado el coche hasta la agencia, cómo había tenido reuniones de trabajo ni cómo había firmado nuevos contratos.

Había días en los que iba a visitar a mi madre y mientras ella hablaba yo me extraviaba en la nada o volvía al pasado donde me entretenía corriendo otra vez junto a Yuri por las avenidas vacías de nuestro barrio, tomando un sustancioso desayuno, escuchando algo de música en el carro, observando sus afanes en el taller junto a Lilia, alentado a su equipo en un partido de hockey, mirándolo comer, dormir, bañarse o respirar. Viendo cómo crecía a mi lado.

Las noches eran peores. Sentía que me dividía en dos y que dejaba una simple carcasa moviéndose sobre Anya mientras mi mente volaba a aquellas noches en las que Yuri me mostró lo que era el amor y el gozo verdaderos. Cuando estaba a punto de llegar a la cima del placer cerraba mis ojos e imaginaba que Yuri era quien me besaba, quien me mordía, quien gemía bajo mi cuerpo y quien me apretaba entre sus piernas.

Y cuando abrazaba a Anya antes de dormir mi mente volvía al pasado, a esos momentos en los que Yuri se ponía en pie y tomaba su cuaderno y me pedía que posara para él y me dibujaba y me vestía en el papel como un caballero, como un príncipe o como un dios.

¿A quién dibujará Yuri ahora? ¿A quién vestirá sobre el papel? ¿Me estará olvidando? ¿Me seguirá odiando? ¿Me recibirá en su departamento? ¿Me dejará explicarle lo que en verdad sucedió? ¿Permitirá que le diga toda la verdad? ¿Me dejará decirle que aún lo amo?

Las preguntas corrían unas tras otras y yo trataba de darme respuestas, pero las palabras y las imágenes que inventaba para responderlas eran tan vacías como mi vida sin él.


Flotando en esa vida sin sentido me halló las últimas semanas del verano, el más caliente que se presentó en Europa en los últimos veinte años. Anya y yo estábamos decididos a tomar unas cortas vacaciones en las islas de Fiji o tal vez visitar una vez más Hawái donde la temperatura era cálida, pero no tanto como en el viejo continente.  

La tarde ardía y yo junto con ella, me acababa de dar un baño en la oficina porque no podía soportar la temperatura. Solía no usar el aire acondicionado en exceso porque era propenso a coger algún resfrío. Estar resfriado en verano es un verdadero infierno.

Acababa de ponerme el pantalón del traje y una amplia camisa de seda cuando mi teléfono personal sonó. Pensé que era mamá quien me llamaba y respondí sin ver la pantalla. Sonó una voz que no era la de mi madre, pero que reconocí de inmediato.

—Víctor, espero no interrumpir algo importante —dijo la dama.

—No lo haces. Estoy comenzando un descanso —respondí con cortesía—. ¿Te puedo ayudar en algo Olenka?

—Quiero hablar sobre Yuri —me dijo sin rodeos.

—Olenka disculpa, pero ese es un asunto que no debemos tratar por teléfono. —Tan herido como me encontraba con el recuerdo de Yuri, no deseaba saber mucho de él para no sentirme peor.

—Lo sé por eso quiero pedirte un gran favor —Ella calló y se escuchó el sonido de una sirena a lo lejos—. Quiero hablar personalmente contigo, solo será una hora. Dame espacio en tu agenda.

—Qué es lo que concretamente quieres hablar conmigo. —Podía entender que la mujer tuviera también la intención de ayudar a Yuri, como lo hacía que Mila; pero ese aire de misterio no me gustaba para nada.

—Es algo que ahora mismo no estoy segura y no quisiera decirlo así nada más. —Olenka sonaba dubitativa y yo pensé que se trataba de alguna artimaña en contra de mi madre. Ella había sido muy amiga de la madre de Yuri y me parecía que sus opiniones estaban sesgadas.

—Creo sinceramente que no tenemos nada que hablar. —Actué a la defensiva y no quería tener más problemas.

—Yo sí lo creo necesario, tengo algo que decirte y que mostrarte…

—Yo te agradezco toda tu preocupación, pero no quiero seguir con este juego. —Mi voz se convirtió en hielo porque sentí que la mujer estaba molestando—. Es mejor dejar las cosas como están y no vernos para asuntos privados.

—Víctor espera yo…

—Gracias por llamar —Tuve que ser cortante—. Si tengo algo que hablar contigo yo te llamaré.

En medio de mi desilusión y la molestia que me producía saber de Yuri por otras personas colgué la llamada y pensé que, si Yuri había decidido no hablar conmigo, cortar los lazos y hasta cambiarse el apellido, entonces él debía ser un asunto que tenía que acabar y no estaba dispuesto a seguir siendo torturado por personas que me hablaran de él.

Si un día Yuri tenía el deseo de hablar conmigo, tendría que ser él mismo quien me llamase y a quien tendría que ver en persona. Molesto dejé el celular en la mesa auxiliar, di la vuelta en la silla giratoria y me encontré con los ojos de Anya que había escuchado la llamada.

—¿Qué quería esa tal Olenka? —preguntó y yo intuí que ella sabía quién era la mujer con la que estaba hablando.

—Hablar sobre Yuri —respondí con la verdad.

—Últimamente todo el mundo quiere hablarte de Yuri, pero no crees que es Yuri quien debería hablarte sobre él. —Anya se aproximó al escritorio y la noté muy irritada—. Si se le da la regalada gana, por supuesto.

—Es por eso que le dije que no había nada de qué hablar…

—Estoy harta. No entiendo cuál es el problema con tu hermano. Siento que no me has dicho toda la verdad. Hay días en los que pienso cosas horribles y absurdas. Y ahora esta mujer que salió de la nada y que te pone tan intranquilo…

—Anya no hay nada más que decir de todo lo que ya te dije.

—No tiene sentido. Yuri se enoja porque dejas Nefrit y porque tomas tu vida y tus sueños. Me parece egoísta de su parte y tú tampoco haces nada por mejorar la situación entre los dos. A veces pienso que Yuri se molestó porque tú volviste conmigo.

Esa frase me descolocó y tuve que disimular mi temor riendo. Me puse en pie, caminé hasta acomodarme detrás de Anya, la abracé y no la dejé dar la vuelta porque no quería que viera mis ojos, tal vez si lo hacía en ese momento, podría adivinar que ella tenía razón en todo.

—Tú lo has dicho —Acomodé mi barbilla sobre su hombro—. Yuri es un chico caprichoso y por ahora es mejor dejarlo hasta que se calme. Con el tiempo entenderá los motivos por los que dejé Nefrit y estoy seguro que un día llamará y podremos hablar y aclarar las cosas y dejará de estar molesto y tal vez nuestros modelos exhibirán sus colecciones.

—¿Sabes? —Anya sujetó mis brazos contra su pecho—. No me gusta que esa mujer te esté buscando, pero si tiene algo que decirte dile que venga aquí a hablar en persona. Será bienvenida.

Comprendí que Anya estaba celosa de Olenka y para evitar que siguiera haciendo imágenes absurdas en su cabeza le dije algo que no estaba lejos de la verdad y que resultaría significativo.

—Anya, Olenka fue amiga de la madre de Yuri por ese motivo me llama, debe estar preocupada por él. Tal vez no sabe que Yuri es un chico rebelde y que en el momento que vuelva a brillar como lo hacía en San Petersburgo, toda su rebeldía se le va a pasar. —Besé su hombro y su cuello—. Ella habrá sido una super modelo en el pasado; pero no me parece tan bonita como tú.

La vi sonreír y pensé que mis palabras fueron suficientes para que mi esposa se tranquilizara, dejara sus suspicacias y me acompañara durante dos semanas a conocer un nuevo destino y darnos un momento de calma.

Viajamos a Australia.

Durante las siguientes dos semanas recibí algunos mensajes de Olenka que me pedía una cita con urgencia. Decidí ignorarlos e imaginé que con el tiempo se cansaría de enviarlos. Estaba en un momento importante en el que la resignación me invadía y mi mente ya concebía la idea de haber perdido a Yuri.

Pero a inicios de octubre, una mañana los mensajes de la rubia no cesaron de llegar. Fue abrumador y me sentí como un animal acorralado. Esa mujer debía estar loca como para llamar tantas veces, intentar hablar conmigo por la línea de la oficina y enviar mensajes personales.

Cerca del atardecer, cansado por el día tan ocupado que había tenido desde muy temprano y pensando en la siguiente campaña para la que me contrataron revisé de nuevo mi celular y vi el último mensaje que Olenka Kaminski me había dejado.

“Víctor en verdad tenemos que vernos y hablar. Si no fuera tan urgente no te estaría molestando”

Estaba fastidiado con el asunto y, a la vez, sentía mucha curiosidad, tomé el teléfono y decidí llamar al otro ángel que cuidaba de mi hermano.

—Olenka tiene que ser un asunto muy importante y no quiero que vengas con titubeos —le advertí de inmediato.

—Víctor más que decirte algo sobre Yuri, tengo algo que mostrarte y que te va a interesar. —No soltó ni una palabra sobre el tan importante tema, pero despertó mucho mi curiosidad—. Por favor dame una hora en tu agenda, no te pido más.

—Olenka ahora estoy comprometido con una campaña para Kasall, pero te prometo que iré a verte para que hablemos con comodidad —aseguré resuelto a terminar con tanta intriga—. Tengo un tiempo libre los últimos días de noviembre, si tú dispones de tiempo puedo poner en agenda el lugar…

—Londres —dijo y me hizo recordar—. La dirección de mi oficina está en la tarjeta que te di. Espero que aun la tengas.

—Sí la tengo. —La había puesto en el último espacio de un tarjetero que tenía en mi oficina—. Dime la fecha exacta y la hora—. Iré con mi esposa —. Enfaticé para que no le fuera sorpresivo ver a Anya.

—No Víctor —Ella fue más contundente—. Lo que tengo que hablar contigo es algo muy personal, que solo tú y yo podemos tratar.

Tuve que aceptar.

Olenka señaló el veintinueve de noviembre como la fecha de la cita y la hora la definí yo. Nos despedimos con un frío buenas noches y cuando la llamada terminó una voz muy fina me dijo desde mi interior que debía volver a darle luz y oxígeno a mi moribunda esperanza.

Olenka Kaminski sabía algo que yo no sabía, tal vez algo que Yuri no sabía, algo que nadie podía saber y recordando sus palabras la última vez que hablamos en ese bar de la Rouge Gallery, intuí que esa mujer sabía algo que tal vez mi madre también sabía y que por eso la nombró.

Tenía miedo de enterarme que quizá mi madre había hecho algo indebido para que Yuri terminara odiándome, tenía miedo de encontrar alguna revelación de boca de Olenka; pero necesitaba saber qué sucedió exactamente entre mi madre, Ivana, mi padre y finalmente Yuri. Quería saber por qué mi hermano había quedado tan herido, más de lo que un adiós entre amantes puede dejar a un chico y por qué no me quería perdonar.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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