Capítulo 18: Orden


—¿Qué son todos estos trastos? – Vicder apretó los dientes mientras empujaba con todas sus fuerzas un cajón de plástico casi tan alto como ella.

Leroy gruñó, a su lado.

—No… son… trastos. – Se le marcaron los tendones del cuello cuando el cajón topó con la pared del muelle de carga.

JJ descansó los brazos sobre la caja con un gruñido, y Vicder se dejó caer al suelo, apoyando la espalda en esta.





Le dolían los hombros, los tenía tan rígidos como el metal de la pierna izquierda, y estaba convencida de que los brazos se le desprenderían de un momento a otro; sin embargo, cuando echó un vistazo al muelle de carga, se sintió recompensada al comprobar el trabajo que habían realizado.



Habían apartado todos los cajones y los habían colocado contra las paredes para dejar el paso libre entre la cabina de mando y las dependencias de la tripulación.







Habían apilado los más pequeños y ligeros unos sobre otros y habían dejado unos cuantos delante de la telerred principal a modo de muebles improvisados. Casi resultaba acogedor.



Lo siguiente sería abrirlos -los que valieran la pena-, pero ya se dedicarían a eso otro día.




—No, en serio – insistió Vicder, cuando recuperó el aliento-. ¿Qué es todo esto?






JJ se dejó caer a su lado y se secó la frente con la manga.





—No lo sé – admitió, echando un vistazo a las etiquetas impresas en uno de los lados de la caja que tenía más cerca: un código- Provisiones, comida, creo que incluso hay armas en alguno de ellos. Lo que sí sé es que había varias esculturas de un artista de la Segunda Era muy buscado por los coleccionistas de arte, iba a hacer una fortuna con ellas, pero me detuvieron antes de poder ocuparme del asunto.


Lanzó un suspiro.




Vicder lo miró de soslayo.







Le resultaba difícil compadecerse de él, estaba convencida de que las esculturas eran robadas.






—Qué lástima -musitó, y apoyó la cabeza con brusquedad-.






Leroy señaló algo en la pared opuesta, pasando el brazo justo por debajode la nariz de Vicder.







—¿Qué es eso? -Vicder siguió la indicación, frunció el entrecejo y se puso en pie dejando escapar un gruñido malhumorado.





La esquina de un marco metálico asomaba por detrás de una pila de cajas arrimadas contra la pared.






—Una puerta. -Cargó los planos de la nave en el visor retinal-.




¿La enfermería ?


La noticia animó a Jean.



—Ah, claro, esta nave tiene una.





Vicder se puso las manos en la cintura en forma de darle un regaño.






—¿Tapaste la enfermería?



Leroy se puso en pie.




—Nunca la he necesitado.





—¿Y no crees que lo mejor sería poder acceder a ella, por si acaso?







Este se encogió de hombros.




—Ya veremos.




Vicder puso los ojos en blanco, alargó la mano hacia la caja de lo más alto de la pila y la bajó hasta el suelo, con lo que empezó a obstaculizar el camino que con tanto esfuerzo habían conseguido abrir.





—¿Cómo sabemos que no hay nada en estas cajas que se pueda rastrear?








—¿Crees que soy, un principiante? Nada entra en esta preciosura sin que pase antes una inspección meticulosa. Si no, hace tiempo que la República la habría reclamado en lugar de dejar que se oxidara en ese almacén.






—Quizá no haya localizadores – intervino Chris, consiguiendo que JJ y Vicder dieran un respingo. Todavía no se habían acostumbrado a la compañera invisible y omnipresente-, pero todavía pueden detectarnos por radar. Hago lo que puedo para apartarnos del camino de naves y satélites, pero no sabéis lo congestionado que está el tráfico por aquí arriba.




Leroy se desenrolló las mangas.




—Y es prácticamente imposible entrar en la atmósfera terrestre sin ser detectado . Así es como me pescaron la última vez.








—Creía que había un modo de saltárselo – comentó Vinder-. Estoy segura de que en algún momento he oído comentar que podía entrarse en la atmósfera terrestre sin ser visto.









—¿Dónde?; No tenía ni idea. Llegué a ser bastante bueno camaleándome  para entrar en hangares públicos, pero no creo que eso vaya a funcionar ahora que soy un preso fugado famoso.





Vicder había encontrado una goma vieja en la cocina, se la sacó del bolsillo y se recogió el pelo en una coleta alta.





Siguió devanándose los sesos hasta que, de pronto , se acordó.




El doctor Feltsman le había dicho que había más lunares en la Tierra de lo que la gente sospechaba y que sabían cómo entrar en el planeta sin que el gobierno se enterara.









—Los lunares saben cómo camuflar sus naves.










—¿Eh?





Salió de su ensimismamiento con un pestañeo y miró a Leroy.







—Los lunares saben cómo camuflar sus naves, cómo impedir que los radares terrestres los localicen. Así es como muchos han logrado llegar a la Tierra; los que consiguieron salir primero de Luna, claro.







—Eso es escalofriante – dijo Christophe, quien había aceptado el origen lunar de Vicder igual que la condición de presidiario de JJ: con lealtad, aunque manteniendo la opinión de que, habian muchos casos en que  los lunares y los presos seguían siendo gente de muy complicados de fiar. 

Vicder sabia que tenía razón,  todavía no había encontrado el momento para explicarles  que también resultaba ser la desaparecida princesa Svetlana.

—Sí, lo es -admitió Vicder-, pero nos vendría de maravillas saber cómo lo logran.

—¿Crees que utilizan esa -JJ giró la muñeca delante de ella- cosa mágica lunar?

—Bioelectricidad. Lo único que se consigues llamándole magia es conferirles más poder -lo corrigió Vicder, citando al doctor Yakov.

— Bah! Lo que sea.

—No lo sé. Podría tratarse de algún dispositivo tecnológico especial que instalan en sus naves.

—Crucemos los dedos para que se trate de magia y, en ese caso, lo puedas hacer, quizá lo mejor sería que empezaras a practicar, ¿no crees? 

Vicder se mordió el interior de la mejilla. “¿Empezar a practicar el qué?”

—Supongo que puedo intentarlo. -devolvió su atención al cajón, abrió la tapa y se lo encontró lleno de perlas de poliestireno. Metió la mano metálica y sacó una muñeca de madera escuálida, adornada con plumas y a la que le habían pintado seis ojos-. ¿Qué es esto?

—Una muñeca onírica venezolana.

—Es horrible.

—Vale unos doce mil univs. 

Impresionada, Vicder devolvió la muñeca a la caja con cuidado y la hundió entre las perlas que la protegían.

—¿Por casualidad no sabrás si tienes algo útil en alguna de estas cajas? Como, no sé, ¿una célula de energía cargada?

—Lo dudo -contestó JJ-. ¿Cuánto aguantará la nuestra?

—Aproximadamente treinta y siete horas -informó Chris-.

Leroy alzó los pulgares en dirección a Vicder.

—Tiempo de sobra para aprender un nuevo truco lunar, ¿no? 

Vicder cerró la tapa del cajón y lo empujó junto a los demás, tratando de disimular el pánico que le producía tener que utilizar su nuevo don para cualquier cosa, y mucho más para algo tan grande como camuflar una nave de carga.

—Mientras tanto, investigaré un poco, a ver si encuentro el mejor lugar para aterrizar. La Comunidad queda descartada, obviamente, pero he oído que Tailandia está muy bien por estas fechas.-¡O Las Vegas! -propuso Chris, con voz cantarina-. Tienen un enorme outlet de escoltandroides Personales. No me importaría tener el cuerpo sexy de una androide de compañía. Algunos de los últimos modelos vienen con cabello de fibra óptica que cambia de color. 

Vicder volvió a dejarse caer en el suelo y se rascó la muñeca, un tic que comenzaba a hacerse molesto ahora que ya no llevaba guantes.

—No vamos a aterrizar con una nave americana robada en la República Americanadiense, nos atraparian enceguida -dijo, mirando la telerred, donde la foto que le habían hecho al ingresar en prisión aparecía en una esquina, sobreimpresa en la imagen. Estaba harta de aquella foto.

-¡Touché!, no puedo perder mi hermosa cabeza, asi que, ¿Alguna sugerencia? -preguntó Leroy.

«África

Se oyó decirlo, pero la palabra no abandonó sus labios. Se suponía que era adonde debía ir para encontrarse con el doctor Feltsman, quien le diría qué hacer a continuación. Tenía planes para ella. Planes para convertirla en una heroína, en una salvadora, en una princesa. Planes para derrocar a Minako y entronizar a Vicder como la verdadera Heredera al trono.

Le empezó a temblar la mano derecha. El doctor Yakov había instaurado las levas y había tratado a decenas, tal vez a cientos de ciborgs como productos desechables, todo para encontrarla. Y luego, cuando por fin dio con ella, no le reveló su verdadera identidad hasta que no le quedó más remedio, pero, eso sí, habiendo planeado previamente el resto de su vida. 

El doctor había convertido su sed de venganza en su máxima prioridad. Sin embargo, lo que el doctor no había tenido en cuenta era que Vicder no albergaba ningún deseo de ser reina. No quería ser princesa ni heredar nada.Durante toda su vida -al menos, la parte en la que ella podía recordar-, lo único que habíadeseado era ser y sentirse libre. Y ahora, por primera vez, lo era, por precaria que fuera esa libertad. No había nadie que le dijera lo que tenía que hacer. Nadie que la juzgara o la criticara. Pero si se reunía con el doctor Feltsman, perdería su ansiada independencia.

 Él esperaría que reclamara el lugar que le correspondía como reina de Luna, y no había nada que a Vicder se le antojara más opresivo que eso. Detuvo el temblor de la mano humana con la biónica. Estaba cansada de que todo el mundo decidiera por ella. Estaba dispuesta a descubrir quién era de verdad, no lo que los demás le exigían que fuera.

—Esto… ¿Vicder? ¿Hola? 

—Europa -Pegó la espalda al cajón, obligándose a sentarse más recta, a fingir seguridad-. Vamos a Francia. 

Un breve silencio.

— ¿Alguna razón en particular? -Volvió la vista hacia él y lo meditó largo rato, antes de escoger sus palabras.

—¿Crees en eso de la heredera lunar? -apoyó la barbilla en las manos-. 

—Por supuesto. 

— No, me refiero a si crees que sigue viva.

La miró entornando los ojos, como si pensara que estaba haciéndose la lista.

—Emm, veo que no ha quedado claro a la primera. Sí, por supuesto que creo que está viva.

Vicder se echó hacia atrás.

—¿En serio? ¿Porque?

—Pues claro. Conozco a gente que cree que no son más que teorías conspiratorias, pero he oído que la reina Minako continuó paranoica muchos meses después del incendio, cuando tendría que haber estado encantada porque al fin sería reina, ¿de acuerdo? Es como si supiera que la princesa se había salvado.

—Sí, de acuerdo, pero… igual no son más que cuentos, no? -repuso Vicder, sin saber por qué intentaba disuadirlo. Tal vez porque ella no los había creído hasta que había sabido la verdad. 

Leroy se encogió de hombros.

—¿Qué tiene que ver eso con Europa?

Vicder cambió de postura para mirarlo de frente y cruzó las piernas.

—Allí vive un hombre, o al menos antes vivía allí, que sirvió en el ejército EuroAsiatico. Se llama Nikolai Plisetsky, y creo que podría estar relacionada con la princesa desaparecida. 

Tomó aire lentamente, esperando que no se le hubiera escapado nada que pudiera desvelar su secreto.

—¿Dónde has oído eso? -pregunto JJ entrecerrando los ojos

— Mmm me… me lo dijo una androide. Una androide Mascota real.

—¡Ah! ¿La androide de Yuuri? -intervino Chris muy animada, al tiempo que cambiaba la imagen de la pantalla por una de las páginas de admiradoras de Yuuri. 

Vicder suspiró aliviada.

—Sí, la androide Mascota de Su Majestad. 

Sin saberlo por entonces, su cerebro cibernético había grabado hasta la última palabra que la androide, Makkachin, había dicho, como si hubiera sabido que Vicder necesitaría recurrir a esa información más adelante. Según los resultados de la investigación que Makka había llevado a cabo, una doctora lunar llamada Aleksandra Petrova había llevado a Svetlana a la Tierra cuando esta no era más que una niña, después del intento fallido de asesinato de Minako. Con el tiempo desapareció y luego, a lo que se sabe, había acabado ingresando en un psiquiátrico y se había suicidado, pero no sin antes haberla dejado al cargo de otra persona.

Makka había deducido que esa otra persona era un ex piloto militar de la Federación EuroAsiatica. El teniente  coronel Nikolai Plisetsky.

—Una androide real -repitió JJ, mostrando la primera señal de curiosidad-. ¿Y cómo obtuvo ella esa información?

—De eso no tengo ni idea, pero quiero encontrar a ese Teniente y comprobar si tenía razón. 

Con la esperanza de que tuviera algunas respuestas de las que el doctor Yakov carecía. Tal vez pudiera hablarle de ella, de esos doce largos años que habían desaparecido de su memoria, de las operaciones a las que la habían sometido, de los cirujanos y del artefacto que Linh Hisashi había inventado y que había impedido que Vicder utilizara su don lunar hasta que el doctor Fetlsman había conseguido desactivarlo. 

Puede que incluso tuviera una opinión propia acerca de lo que Vicder debía hacer a continuación. Algo que abriera su vida a otras posibilidades.

— Me apunto. 

Vicder lo miró con incredulidad.

—¿En serio? -Pues claro. Es el mayor misterio no resuelto de la tercera era. Seguro que hay alguien por ahí que ofrece una recompensa por encontrar a la princesa, ¿no?

—Sí, la reina Minako.   

Leroy se inclinó hacia ella, dándole un golpecito con el codo.

—En ese caso, ya tenemos algo en común con la princesa, ¿no crees? -Le guiñó un ojo, lo que irritó a Vicder-. Solo espero que sea guapa. Te imaginas? Ya oficialmente podría seria el Rey JJ Leroy-dijo con los ojos centellantes-.

—¿Podrías intentar al menos centrarte en lo importante?

—Eso sería importante. -JJ se puso en pie con un gruñido, todavía dolorido después de todo el trabajo ordenando el muelle de carga-. ¿Tienes hambre? Creo que hay una lata de alubias que me está llamando.

—No, estoy bien. Gracias.

Cuando se marchó, Vicder soltó un suspiró y se sentó en el cajón que le quedaba más cerca moviendo los hombros para desentumecerlos. La pantalla seguía emitiendo la misma noticia, sin sonido. En el texto que se desplazaba en la parte inferior se leía: “Continúa la búsqueda de la fugitiva Linh Vicder y el traidor a la corona Yakov Feltsman“.

Se le hizo un nudo en la garganta. ¿Traidor a la corona? No sabía de qué se extrañaba. ¿Cuánto tiempo creía que iban a tardar en descubrir quién la había ayudado a escapar?

Vicder se encorvó, con las piernas colgando por el borde de la caja, y se quedó mirando el laberinto de tuberías y las marañas de cables que atestaban el techo de la nave. 

¿Se equivocaba al ir a Europa? Sentía una atracción a la que no se veía capaz de resistirse. No solo por lo que había dicho Makkachin, sino también por los recuerdos borrosos que tenía de su infancia. Siempre había sabido que la habían adoptado en Europa, pero apenas se acordaba de nada. Solo conservaba imágenes confusas que siempre había considerado que formaban parte de sus sueños. Una granja, Un campo cubierto de nieve, Un cielo gris infinito, una voz que a veces le susurraba cosas, que le contaba historias y una niña? Y luego un largo, larguísimo viaje en tren que acabaría en Nueva Pekín, junto a su nueva familia.

Se sentía obligada a regresar. A averiguar dónde había estado durante todos esos años perdidos y quién había cuidado de ella, quién más conocía el mayor de sus secretos. Aunque ¿y si solo estaba retrasando lo inevitable? ¿Y si no se trataba más que de una distracción para no reunirse con el doctor Feltsman y aceptar su destino? Al menos el doctor podría enseñarle a ser lunar. A protegerse de la reina Minako.

Ni siquiera sabía cómo utilizar su don. Bueno, no de la manera adecuada.

Frunció los labios y alzó la mano cibernética ante ella. La chapa metálica relucía casi como un espejo bajo la tenue iluminación de la nave. Estaba tan limpia, tan bien hecha, que no parecía suya. Todavía.

Vicder ladeó la cabeza y alzó la otra mano junto a la primera, intentando imaginar qué debía sentirse siendo completamente humana. Dos piernas de carne y hueso. La sangre fluyendo por unas venas azuladas que se perfilaban bajo la piel. Diez uñas, ni una más ni una menos. Una descarga eléctrica recorrió sus terminaciones nerviosas y la mano cibernética empezó a transformarse ante sus ojos. 

Unas pequeñas arruguitas aparecieron en sus nudillos. Los tendones se extendieron bajo la piel. Los bordes  se suavizaron, Se dulcificaron, Se hicieron carne. Tenía delante dos manos, dos manos humanas. Pequeñas y delicadas, con dedos largos y finos, y pequeñas uñas redondeadas. 

Flexionó los dedos de la mano izquierda hasta cerrarla en un puño y volvió a abrirla. Casi se le escapa una risita tonta. Estaba haciéndolo. Estaba utilizando su don. Ya no necesitaba guantes.

 Podía convencer a todo el mundo de que aquello era real. Nadie sabría jamás que era una ciborg. La consciencia de lo que aquello significaba fue absoluta, súbita y abrumadora. A tal punto del extasis. 

Y entonces, al instante, una lucecita anaranjada parpadeó en uno de los extremos de su campo de visión. Su cerebro la avisaba de que estaba viendo una ilusión. Aquello no era real y nunca lo sería. Se enderezó con un grito ahogado y cerró los ojos con fuerza antes de que el escáner retinal empezara a señalar las pequeñas inexactitudes y falsedades, como lo había hecho con Minako cuando había descubierto su hechizo. Estaba molesta consigo misma, indignada por la facilidad con que se había dejado arrastrar por sus anhelos. 

Así era como lo hacía Minako. 

Mantenía bajo control a su pueblo engañando sus ojos y sus corazones. Gobernaba valiéndose del miedo que inspiraba, pero también de la adoración. Resultaba fácil aprovecharse de alguien cuando ese alguien no tenía la posibilidad de saber que estaban aprovechándose de él. Y no distaba mucho de lo que ella misma había hecho al hechizar a Leroy. Se había apoderado de su mente sin pretenderlo siquiera y él no había dudado en cumplir sus órdenes. Se sentó, temblorosa, oyendo a JJ moverse ruidosamente por la cocina mientras tarareaba algo en voz baja.

Si tenía ante ella la oportunidad de decidir quién era, quién quería ser, entonces la primera decisión era fácil de tomar.

Jamás sería como la reina Minako.

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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