Tabú 75


En numerosas oportunidades escuché a la gente decir que los millonarios también sufren y lo más gracioso fue escucharlos decir que a ellos les gustaría tener esos sufrimientos porque con tanto dinero en las cuentas bancarias se sufre menos.

Tengo mucho dinero lo que me convierte en un millonario; pero el dinero nunca fue mi objetivo pues a mí me gusta hacer lo que hago y por ello me considero afortunado, pero pienso que, aunque cada quien sufre a su manera, todos tenemos espinas que nos hieren el alma.

Mi sufrimiento solo estaba a punto de comenzar y no tenía idea que la indiferencia fuera más dolorosa que el odio. Cuando eres ignorado por los demás se hace difícil el camino; pero cuando te ignora la persona que más amas duelen hasta los cabellos.

Había imaginado que Yuri y yo retomaríamos nuestra relación de hermanos, el momento que pasara la tormenta en nuestros corazones, cuando yo consolidara mi relación con Anya y él tal vez encontrase a otro hombre a quien amar. Y, aunque me dolía demasiado pensar en esa posibilidad, ésta traía consigo un pequeño consuelo porque al aceptarnos como hermanos nadie iba a separarnos y destruir ese amor puro.

Me dije tantas veces que solo era cuestión de esperar y fui calmando mis ansias por Yuri hasta que un veintiuno de diciembre recibí una comunicación del Credit Suisse con sede en Zúrich.

Una mujer que se identificó como la secretaria de la gerencia general del banco me pidió una cita para que su jefe y yo tuviéramos una conversación importante. El hombre llegaría a París dos días antes de la navidad y lo haría solo para conversar conmigo. La mujer no especificó el tema que íbamos a tratar solo me pidió discreción por la presencia de su jefe quien, entre los banqueros suizos, era una autoridad.

Acepté hablar con él pensando que se trataba de alguna propuesta de financiamiento o de inversiones en la cadena hotelera de mamá. Sin embargo, Franc Poulet me hizo dudar pues esos temas no los trata el gerente general de un banco y por lo general los presenta el encargado del área de finanzas.

Sin entender más sobre la extraña cita que acababa de aceptar, continué con mis actividades comunes de todos los días. Tuve entrevistas con una docena de aspirantes a modelos y, de ese gran grupo de chicos y chicas, mi equipo de trabajo y yo escogimos a dos que tenían mucho potencial para mi proyecto. El resto quedó en lista de espera y las secretarias guardaron sus datos para contactar con ellos en caso fuera necesario. Nunca se debe desechar a las personas pues lo clientes pueden pedir algún fenotipo y alguna característica especial del modelo para sus campañas y debemos recurrir a nuestro banco de datos o recurrir al préstamo de otras agencias y créeme que lo segundo es muy engorroso.

Almorzamos algo tarde con mi esposa y casi no hablamos pues los editores interrumpieron todo el tiempo nuestro encuentro. Ella había dejado abierto ese canal de comunicación pues la edición especial de fin de año de la revista estaba cercana a su lanzamiento y no podía evadir cualquier consulta.

La tarde llegó con un nuevo reto y asistí a una cita con Jean Paul Bermont, un conocido director de cortos cinematográficos que estaba trabajando un proyecto fílmico para el ayuntamiento de la ciudad y quería contar con mis nuevos modelos. La idea era sacar una serie de pequeños shots publicitarios de quince segundos levantando la imagen de París y sus atractivos.

Fueron dos horas de amena charla y otras dos de trabajo duro para ajustar las características de mis representados a los requerimientos de tan exigente personaje y cuando llegamos por fin a un buen entendimiento, Bermont me invitó a un conocido hotel para tomar un par de copas celebrando nuestro acuerdo.

Esa noche no llegué tarde a casa pues el hombre con quien me había reunido a trabajar era muy estricto con sus horarios y me dejó en la puerta de mi edificio minutos antes de las diez de la noche.

Anya sí que estaba muy cansada y luego de tomar juntos una taza de té de hierbas entró al dormitorio a dormir mientras yo revisaba mi agenda para el día siguiente esperando el noticiero de las once para agarrar sueño.

Vi los titulares y entre ellos los presentadores de telediario comentaron la venta de una de las casas de moda más importantes de Europa. No le presté más atención de la que merecía la noticia y seguí acomodando el horario de mis reuniones para el día siguiente de tal manera que pudiera atenderlas todas y dejar libre el subsiguiente para reunirme con el representante del banco suizo.

También estaba algo cansado así que me estiré en el sillón frente a la gigantesca pantalla de televisor de la sala y cerré por unos segundos los ojos. Me hallaba en un momento en el que uno está indeciso si seguir en la misma posición o moverse; yo quería ir a tomar un baño antes de dormir, pero me vencía la pereza y calculo que estuve en esa posición, con mi cabeza sobre el mullido espaldar del sillón, las piernas estiradas y la mano sobre la frente, escuchando al comentarista de los deportes despedirse de la audiencia y anunciar el bloque económico.

Escuché la voz de Ivette Fontain, la especialista en economía del noticiero, anunciar los temas que iba a tratar en ese corto espacio y luego la oí decir que empezaría con uno que fue una gran sorpresa.

“No solo el mundo de la moda sino también el mundo económico se remeció el día de hoy cuando a través de una noticia en la sección económica del Delovoy de San Petersburgo anunciaron la venta de una de las casas de modas más icónica de ese país y, por qué no decirlo, de Europa.

» La información señala que la casa de modas Nefrit fue adquirida hace diez días por el multimillonario indio Madhur Rajendra Rajgopalachari por un exorbitante monto que se calcula en más de mil millones de euros, pero que no está contenida en la información que proporcionó la oficina de registro. Además, se dijo que la transacción se realizó con éxito durante dos semanas posteriores al acuerdo.

» Los socios de la compañía, Yuri Miroslávovich Nikivorov y la reconocida diseñadora moscovita, Lilia Baranovskaya; decidieron a inicios de diciembre vender Nefrit y lo hicieron en un trato directo con el reconocido industrial de telas de la India, quien en un escueto comunicado a los medios y el público indicó que, y cito las palabras textuales, “Seguiremos con la tradición que Nefrit siempre mostró al mundo; pero tendremos novedades”.

» La compañía Nefrit es una marca muy reconocida y que fue ganando su propio espacio en la difícil industria de la moda gracias al genio y talento de su creador el recordado diseñador ruso Miroslav Nikiforov.

—Es extraño —dijo la presentadora del noticiero interrumpiendo la participación de Ivette—. Pues solo se menciona dos socios en la noticia y que yo sepa esa casa de modas tenía como principal socio y representante al modelo ruso Víctor Nikiforov.

—Bueno esa es otra historia, pero la ampliaré mañana —señaló entre risas la comentarista—, te lo prometo.

Durante los minutos que le llevó dar la información a la economista del noticiero yo me quedé petrificado. Era como estar en un sueño extraño y me cuestioné si me había quedado dormido o si seguía despierto.

Cuando abrí los ojos lo primero que hice fue buscar la publicación del diario Delovoy y clickear en la sección de economía. Como principal titular encontré la venta de Nefrit destacada con letras grandes y una fotografía de la fachada de la casa principal.

Yuri había vendido la empresa de papá y yo no podía entender por qué lo hizo, pues se suponía que era su sueño y su futuro apuntaba a que él fuera diseñador de modas y se dedicara a Nefrit el resto de su vida.

Te juro que por un momento dejé de sentir mi cuerpo y mis dedos se movían en forma lenta intentando pulsar nuevas entradas a diarios nacionales y locales que confirmaran la información. Era como un estado puro de negación en el que me resistía a creer que Yuri y Lilia habían tomado esa decisión.

Y a pesar de que yo nunca quise hacerme de la responsabilidad de Nefrit, me dolió saber que en tan solo unos días habían acabado con el esfuerzo y el trabajo de tantos años de mi padre. Creo que estuve como veinte minutos buscando más información y entonces decidí llamar a Yakov; pero no respondió y no pude llamar a Lilia pues era muy tarde.

Venciendo el miedo que sentía por escuchar la voz de Yuri pulsé su nombre en la pantalla y me preparé a hablar con él. Quería una explicación, quería que me dijera por qué había hecho algo que yo jamás habría imaginado. Si fue por él y su sueño de dirigir la compañía de papá que yo me había quedado a batallar como lo hice con los bancos, los proveedores, los acreedores particulares, los trabajadores y hasta el gobierno que hizo una auditoría a la empresa.

Le iba a reclamar con fuerza y con dolor, me preparé en un par de segundos a decirle lo ingrato e irresponsable que estaba siendo no solo conmigo sino también con papá, pues en su testamento el dejaba la compañía para que ambos la sacáramos adelante…

¿Qué le iba a reclamar? Fui yo el primero en fallar a ese compromiso, pensé.

Pulsé el número que aparecía en la pantalla, pero me rechazó dos veces. Como un tonto pulsé dos veces más y la voz grabada me dijo que ese número ya no existía, Yuri canceló el número de su celular.  

Entonces busqué comunicarme por las redes sociales con él. Las abrí todas y cuando busqué su nombre no lo encontré, había cancelado también todas sus cuentas. No había forma de hablar con Yuri salvo el teléfono fijo de Lilia. Sabía que mi hermano seguía viviendo en su casa.

Pero en San Petersburgo sería la una de la madrugada y no podía interrumpir el sueño de la gran dama. Así que me quedé en la nada y entré de inmediato a la ducha, pues también se me hacía tarde para descansar y el siguiente día que ya comenzaba tenía la agenda cargada de reuniones.

No pude dormir bien, soñé con la casa de Nefrit y soñé con papá y los vi lejanos, como siempre habían sido para mí. Lo más triste en ese sueño fue ver a Yuri en el aeropuerto Vúlkovo con sus maletas y su gato entrando en una sala de embarque. Yo corría tratando de encontrar una puerta de ingreso y lo observaba por los vidrios, lo llamaba por su nombre y él no me respondía.

Por más que yo gritaba su nombre, Yuri no se detuvo y no volteó hacia mí como lo hizo el día que llegó a San Petersburgo cuando lo conocí. En sueños me quedé con las manos sobre los vidrios y con el corazón en la garganta, tratando de detener al que ya había dejado atrás.

Desperté y estaba apretando mi pecho con ambas manos, Anya me observaba y cuando abrí los ojos estaba llorando.

—Víctor tenías una pesadilla —me dijo apenada—. Llamabas a Yuri.

—Soñé mal y es que hay una mala noticia —le comenté.

—¿Es sobre la venta de Nefrit? —me dijo y me mostró el titular de una publicación parisina en su celular.

Yo asentí y limpié mis lágrimas con las manos. Si tan solo fuera por ese motivo, la angustia que sentía no me hubiera dejado tan aplastado; pero había un motivo más y es que mi corazón presentía que la venta de la compañía y la cancelación del número personal de Yuri, así como de sus cuentas en redes, eran el signo de un verdadero adiós.

—¿Por qué no le llamas, amor? —Anya me abrazó y tras darme varios besos en el rostro me pidió muy entristecida—. Son hermanos, no pueden dañar tanto vuestra relación. Hazle entender a Yuri que lo amas y aunque haya vendido Nefrit, siempre estarás a su lado.

Con ese sentimiento positivo que me dejó Anya, esa mañana llegué a la oficina más temprano que de costumbre, incluso antes que llegasen los miembros de mi equipo de trabajo y Mariane, mi secretaria.

Necesitaba mi espacio pues no sabía cómo iba a reaccionar mi hermano al escucharme o cómo lo haría yo al oír su voz después de tantas semanas de silencio. Calculando que Yuri y Lilia ya no tenían la presión de llegar a la compañía y que tal vez estaban en casa debido a la intensa nevada que había caído en Peterburg, marqué el teléfono de ella para que me comunicara con Yuri.

—Víctor ¿qué sorpresa? —dijo la dama.

—Lilia no puedo comunicarme con Yuri ni por su teléfono y tampoco por sus redes sociales porque las ha cancelado —Sentía cómo los latidos de mi corazón como el resonar de un badajo sobre una gran campana—. ¿Puedes alcanzarle tu teléfono por favor?

—Lo siento Vitya, no puedo —afirmó sin titubeos y yo no podía creer lo que ella estaba diciendo.

—¡Lilia! ¡¿Por qué?! —Dentro de mi pecho el inmenso hueco se fue formando y con cada palabra de la dama fue tragando mis esperanzas.

—Yuri no quiere tener contacto contigo, me lo dijo hace unos días atrás cuando decidió cancelar sus cuentas. —Lilia suspiró con fuerza y sentí que cerró la puerta de alguna habitación, tal vez porque no quería que mi hermano supiera que hablaba conmigo—. Fue tan difícil para él como para nosotros, no sabes todo lo que pasamos cuando Yuri… hasta ahora no sé si en verdad solo fue un accidente o quiso hacer algo estúpido.

—Lilia no puedo ir a San Petersburgo y no puedo decirte por qué; pero si me dejas hablar con Yuri sé que él entenderá. —Por la desesperación estaba dispuesto a arriesgar un poco y contarle a mi niño la razón por la que nos separamos.

—Víctor déjalo ir. —Sentí la voz de Lilia quebrarse y eso era muy raro en ella, entonces comprendí que solo estaba protegiendo a Yuri como si fuera una tigresa amparando a su cachorro—. Diste el primer, el segundo y hasta el tercer paso para alejarte de la relación, ahora por favor te pido que des el último y por un buen tiempo deja en paz a Yuri, hasta que él mismo tal vez algún día te busque.

Se me rompía el corazón una vez más y sentí que ya no quería levantar sus pedazos del suelo. Los dejaría allí hacerse añicos para tratar de olvidar. ¡Como si fuera tan sencillo olvidar!

—Lilia… yo lo amo. —Como un niño que suplica por el juguete o por los brazos de su madre, yo le pedí a esa extraordinaria mujer que me ayudase; pero ella, justa como era, no quiso escuchar mis súplicas—. Por favor, no me alejes de él.

—Víctor estoy segura que Yuri te ama mucho; pero por favor, querido, entiende que no es una relación de amantes la que deben salvar ambos. —Que sabias y duras sus palabras sonaron en ese momento—. Ustedes son hermanos. ¡¿Cuándo vas a darte cuenta de eso?!

No había crecido junto a Yuri, tampoco había sido su compañero de juegos. No supe de él hasta hacía algo más de tres años atrás y siéndote sincero no sabía cómo era ser hermano de alguien.

Hasta ahora me pregunto ¿cómo es que puedo cambiar mi fatídico amor de hombre y convertirlo en ese amor incondicional que se tienen los hermanos?

—Lilia solo dile que lo amo mucho, que nunca dejaré de amarlo. —No sabía qué más hacer, no podía ir a San Petersburgo y romper las reglas que me impusieron esos hombres que nos amenazaban, solo podía hablar con mi hermano y hasta eso me fue negado.

—Lo haré algún día Víctor, pero comprende que ahora no es el momento. —Lilia aclaró la voz y pidió cortar la comunicación—. Te mantendré informado sobre cómo está Yuri, pero solo lo más esencial Vitya.

Esa gran mujer jamás mintió y yo admiraba la actitud tan valiente que tenía frente a la vida y a todos. Por ese motivo no quise insistir más y aunque sentía el inmenso vacío de la ausencia de Yuri, decidí dejar por un tiempo que las cosas se calmaran entre los dos. Tal vez, como Lilia dijo, Yuri me extrañaría algún momento y podríamos conversar y volver a vernos sin dolor y resentimientos.

No pregunté por la venta de Nefrit y tuve que atender mis compromisos del resto del día. No tuve tiempo de llamar a Yakov y cuando me di cuenta de la hora, vi que ya eran las nueve y no había salido de la oficina.

Me serví un doble en las rocas y me dije como vago consuelo que iba a llegar el momento que recordaría ese día sin tanto dolor y solo sería un triste episodio, pero ahora que lo recuerdo parece que solo fue ayer y sigue doliendo.

No sé bien cómo llegué a casa, cómo manejé mi camioneta por las calles de París, como subí las escaleras al tercer nivel donde estaba mi departamento. Tampoco recuerdo cómo mi esposa me recibió y me ayudó a entrar en la cama. Solo sé que quería morirme y que, a pesar de mi éxito y las grandes sumas dentro de mis cuentas bancarias, me sentía el ser más miserable del mundo.

Vivir las penas de un hombre rico no es la solución más placentera que puede uno desear en la vida. Pienso que es mejor que cada cual cargue su dolor y que nadie desee tomar la cruz del otro, porque no tienen idea de aquello que puede estar sufriendo el rey en su palacio, el pobre en su choza, la monja en su convento y la meretriz en el burdel, el sabio en el ágora y el necio en el sofá de su sala.


Al día siguiente tenía un compromiso ineludible con Franc Paulet el gerente general del Credit Suisse. Un hombre de estatura promedio con algo más de sesenta años encima y una calva que intentaba disimular con un ridículo bisoñé. Con aire de pequeño príncipe, el hombre tomó asiento en el cómodo sillón de la sala en mi despacho y tras rechazar un trago matutino que yo sí me serví, pidió solo un té de manzanilla y abrió su elegante maletín de cuero de camello y sacó de él un pequeño portafolio de color gris con ribetes dorados.

—Señor Nikiforov —dijo mientras me alcanzaba el paquete—. Aquí tiene lo que me comentaron sería su regalo de cumpleaños. —Intentó bromear sin éxito.

—Creo que no lo entiendo señor Paulet. —Tomé el portafolio y lo puse en mi regazo.

—La venta de la casa de modas fue millonaria en verdad. Son muchos ceros y su hermano confió en nuestra institución para depositar la cantidad que le corresponde por la compañía. —El hombre terminó de hablar y de inmediato abrí el portafolio y encontré el contrato del banco con el número de cuenta y la tarjeta diamante que le correspondía.

El bancario me señaló con su pluma de oro la cifra que había sido depositada a mi nombre y yo me quedé estupefacto. De inmediato supe que fue Yakov Feltsman el artesano de una transacción tan millonaria y con el porcentaje que cobró por ella, por fin dejaría su trabajo en el buró y disfrutaría de la vida como se lo merecía.

—¿Cuándo depositaron esta cantidad? —Pregunté por preguntar.

—Hace cinco días señor Nikiforov y estoy presente para conversar con usted a cerca de la importancia que tiene su dinero para nuestra institución. —Siguió sonriendo como los vampiros que te engañan para chupar tu sangre en cualquier momento—. Está libre de todo impuesto y aquí tiene usted las opciones que le ofrecemos en el banco para que este capital siga creciendo.

Me alcanzó otra carpeta y yo la puse sobre la mesa porque no podía dejar de ver la cifra en el papel y no podía imaginar que la casa Nefrit valiera tanto en el mercado. Entonces tomé de un solo trago el resto de mi bebida y puse atención en el gerente que estaba dispuesto a sacarse los pantalones con tal que yo dejase mi dinero en el banco.

Discutimos las formas cómo podría seguir manteniendo esa cifra en el banco y las ventajas de ser un cliente que pasara a la fila de los exclusivos. No estaba ranqueado en el top de sus clientes pues ellos se dedicaban a otros rubros, desde la fabricación de medicinas hasta la venta ilegal de armas; pero sí que me distinguía.

Luego de asegurarle que conversaría con mis asesores financieros y mis abogados para saber qué haría con esa enorme suma de euros, despedí al hombre y a su bisoñé gracioso y me encerré en mi oficina observando una vez más el documento y la cifra que estaba puesta en el acápite del monto de depósito.

Tomé mi celular y llamé a Yakov. Esta vez sí me atendió a mi primera llamada y, aunque aún seguía molesto conmigo, no dudó en darme las explicaciones que le pedí.

—Vitya haz con ese dinero lo que quieras. —Fue su primer consejo.

—Solo quiero saber ¿Por qué Yuri vendió Nefrit? —Aun no entendía ni siquiera imaginaba la razón.

—Yuri no quiso abrazar el sueño de tu padre. Lo dijo con esas palabras y tanto Lilia como yo tuvimos que comprender sus motivos. —Esa explicación casi no me decía nada.

—¿No quiere ser diseñador? —Mi temor era que todo lo sucedido entre él y yo hubiera afectado la pasión que sentía por el diseño de modas.

—Más que nunca quiere serlo, pero no quería cargar con Nefrit sobre sus espaldas. —Yakov tosió un par de veces y siguió—. Creo que lo entiendo, porque la compañía que tu padre hizo estaba inspirada en algo o, mejor dicho, en alguien quien era el alma de sus proyectos. Yuri tiene sus propios sueños Víctor y no pude luchar contra sus argumentos. Además, Lilia secundó su decisión y no me apoyó cuando al principio me opuse a la venta de la empresa.

—Yuri no quiere hablar conmigo. —Me quejé.

—Lo sé y está muy bien que no lo haga. —Yakov no sería tampoco el aliado que mi corazón esperaba para amainar un poco su tormenta—. Viyta, es mejor que ambos tomen distancia y espero que un día se vuelvan a unir cuando toda esta locura que han hecho juntos ya no les moleste y sea solo un secreto que ambos llevarán a la tumba.

—¿Tú llevarás a la tumba algunos secretos Yakov? —Me sentí molesto porque él no podía entender mis sentimientos. Nadie podía entender mi amor por Yuri.

—Por lo menos dos. Son increíbles y muy sensibles; pero ninguno como el que tú y Yuri han vivido. —Las palabras de ese hombre eran como fieros puñales con los que intentaba herirme para que entrase en razón.

Yo también me preguntaba por qué no podía poner las cosas en su lugar, que Yuri fuera mi hermano, que mi esposa fuera mi amada, que mi trabajo no demandara tanto de mí y que mi vida volviera a ser tan sencilla como cuando Anya y yo éramos solo dos enamorados.

Todo estaba enredado y lo peor es que no eran lazos torcidos los que ajustaban mis sentimientos y mi razón; eran ramas con espinas las que apretaban mi vida. Había querido a Yuri para mí y lo había perdido. No podía ser el amante ardiente que lo poseyera cada noche con la fuerza de su amor mundano, pero para ese triste momento de mi vida tampoco podía ser su hermano.

—Víctor deja que el tiempo resuelva todo y un día saldrás triunfante —dijo antes de despedirse—. Yuri necesitará de esta distancia y de su energía para salir adelante por sí solo como lo ha pedido y tú necesitas dedicarte a tus proyectos y a tu hogar. No descuides a tu esposa, yo sé muy bien de qué estoy hablando.

Hubiera querido contarle al viejo cuál fue el verdadero motivo por el que alejé de mi hermano, pero mi temor era tan grande que no me atreví a hacerlo. Solo dejé que sus palabras resonaran en mi cabeza y las tomé como una pequeña luz de esperanza.

Entonces decidí que fuera el tiempo quien se encargara de cerrar las heridas, que fueran los días, los meses y los años los que me ayudaran a ser un buen esposo y algún día poder ser un buen hermano.

Ahora miro atrás y esas palabras ya no representan esperanza, se esfumaron como el mismo tiempo.

No volví a saber nada sobre la vida de mi hermano, no directamente de él. Supe por Lilia que se fue a estudiar a Nueva York y supe por Yakov que vivía de los intereses que producía el dinero que depositó en el banco.

Durante los siguientes tres años no pude llamarlo. Cada vez que viajé a la capital del mundo no lo busqué porque tenía temor de ser rechazado y sin querer acuné la idea de que algún día por fin volviéramos a vernos a los ojos, habláramos como dos adultos para contarle sin temor lo que en verdad había sucedido y pudiéramos construir una relación, lo más parecida a la hermandad, entre los dos.

Con el lento paso de los días me convertí en un exitosísimo empresario de la moda, un inversionista infalible que apostó el capital de la vendida Nefrit en numerosas empresas tecnológicas, un modelo que ganó mucho más reconocimiento en los escenarios, un esposo fiel de una bella esposa, un hombre apuesto sin alma y cargado de nostalgia.

¿Y Yuri?

Yuri se convirtió en silencio y ausencia.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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