Tabú 73


La sonrisa de Anya era la luna que iluminaba mis noches, sus palabras el aliento para seguir adelante, su mirada mi fortaleza, sus brazos mi atalaya, su calor el suave remanso donde calmaba mis penas y su perfume la dulce droga que adormecía mi cuerpo y me sumergiera en un océano de pasión.

Anya me provocaba con solo mover una ceja y aunque recorrí todos sus caminos durante intensas noches y calurosos días; no dejaba de pensar y soñar con Yuri. Pude alejarlo de mi vida, pero no pude arrancar las raíces de su recuerdo que aún se enredaban en mi corazón. Todo había quedado en el pasado y con cada nuevo día el pasado se esfumaba como las cenizas de un cigarrillo llevadas por la brisa.

A diario hacía el esfuerzo por volver a ver a Anya como la salvaje amazona que conquistaba mi corazón con valentía; pero por más que intentaba darle lo mejor de mí un velo oscuro cubría mis mejores sentimientos y dejaba para ella una mala copia de amor.

El remedio había sido peor que la enfermedad y no sabía cómo contrarrestar sus efectos secundarios, esos que me llenaban de nostalgia, tristeza y rabia. Sin embargo, sabía disimular mi tristeza a la perfección pues tenía años de entrenamiento sonriendo a las cámaras o mirándolas de manera seductora, aunque sintiera que una gran tormenta golpeaba mi interior.

Podía escucharla, podía quererla porque además de verla bella la sentía cada vez más fuerte y decidida; podía tener una gran noche de placer junto a ella y podía llenarla de besos y caricias; pero no podía sentirla como la amante ardiente que fue en el pasado ni podía entregarle por completo el corazón.

Mis sentimientos se limitaban al cariño y el agradecimiento por haberme rescatado del hoyo en el cual caía y lo nuestro se transformaba en una relación marital más que estaba condenada al aburrimiento y la dejadez. Yo lo veía venir, pero no sabía cuándo ella se daría cuenta de nuestro fracaso y peor aún, si descubriría que la había tomado como mi tabla de salvación para alejarme de otro amor.

Vivíamos en Mountmartre, un barrio muy hermoso y sofisticado de París, en un departamento ubicado en la Rue Labat, una estrecha vía llena de edificios clásicos de mitad del siglo XX donde abundaban los pequeños comercios y negocios de los parisinos de clase media.

Era un lugar apropiado para una pareja de recién casados a quienes les gustaba la vida llena de alegría y color y las noches sin mucho ruido, pero con vida. Nuestro edificio se ubicaba a pocas calles del Barbes Boulevard por donde todas las mañanas nos dirigíamos a nuestro trabajo, en un discreto BMW color beige que usábamos para no llamar la atención.

Anya había asumido la dirección de Vanité, la revista que mi madre y una amiga suya ya fallecida fundaran hacía como diez años atrás y cuya principal misión era informar sobre temas de moda y estilo de vida. El estilo de vida al que todo el mundo aspira y que solo puede ser exhibido por muy pocos.

Durante los seis primeros meses de matrimonio que a la vez se convirtieron en los primeros meses que asumimos la conducción de las empresas de mi madre, nos transformamos en una especie de pareja de socios que trabajábamos con ahínco y pasión por aquello que nos gustaba hacer.

Yo me di entero a la reorganización de Le Beauté y comencé por remover al personal y reubicarlos en puestos más cercanos con su visión del mundo y del futuro de la empresa. En mi paso por Nefrit había aprendido a ser eficaz y no solo eficiente, así que las juntas de trabajo se redujeron a sesiones rápidas de veinte minutos al día en el que organizábamos la agenda de las siguientes horas para luego estar conectado de forma virtual con todos mis colaboradores. A muchos de ellos delegué funciones que mi madre había asumido como propias de su cargo y les di el poder de decisión autónoma para que resolvieran problemas sin necesidad de depender de mí.

Eso me permitió concentrarme en algo que me apasionaba. Estar presente en las entrevistas de los nuevos modelos que mis cazatalentos me presentaban casi a diario y ver cómo se desenvolvían en diferentes escenarios. Por lo general descartaba al ochenta por ciento de ellos porque representaban la belleza clásica europea y eso a ya no me servía.

Así que me pasaba toda la mañana conversando con chicos y chicas que se presentaban a las convocatorias que hacía la agencia continuamente, les explicaba que yo quería un trabajo exclusivo con la agencia por unos dos o tres años porque de esa forma compensaría la inversión que haría en pulirlos y mejorar sus cualidades innatas.

Pero al ver que no daba más que vueltas en el mismo círculo decidí ampliar mi convocatoria y enviar a mis cazatalentos a otros ámbitos lejanos a París y Europa. Era una actividad encantadora y agotadora al mismo tiempo.

Por lo general almorzaba algo ligero a medio día o comenzada la tarde y luego me sumergía en conferencias on line con los clientes que necesitaban de los servicios de nuestros modelos para sus diferentes campañas y desfiles.

Esos meses seguí trabajando con el staff de modelos que me heredó mamá porque todavía no había conseguido el equipo apropiado que quería tener. Durante ese tiempo confirmé solo seis contratos y al resto de aspirantes los dejé a prueba.

Anya también tenía sus propios problemas en la revista pues se había propuesto darle un carácter más humano y menos banal. Así que organizó un par de secciones donde la cultura y la sociedad estaban siendo retratadas tal cual eran y también había introducido una sección de responsabilidad con el medioambiente para que la gente pudiera cobrar algo de conciencia con su entorno.

Por ese mismo motivo había tenido ciertas diferencias con los editores de la revista y uno de ellos, muy contrariado, renunció pues para él la publicación tendría que centrarse solo en moda, desfiles, presentaciones de nuevas marcas y socialité. Con mucha cortesía se presentó en la oficina de mi esposa y le entregó su carta de renuncia diciéndole que no podría trabajar en una revista que estaba desvirtuando su propósito original.

Anya aceptó su renuncia y se propuso contratar a una colaboradora más joven y con una visión cercana a lo que ella quería hacer con Vanité. Mi querida esposa era una bella sirena que no estaba nadando en las aguas tranquilas, sin embargo, el entusiasmo que tenía por darle un matiz de profundidad a la publicación jamás decayó.

Así vivíamos el día a día. Absorbidos por nuestros trabajos y responsabilidades, sin tiempo para almorzar, salir a pasear o tomarnos un fin de semana. Eso no nos molestaba tanto porque desde el momento que aceptamos el reto de encargarnos de las dos empresas de mamá, nos habíamos propuesto trabajar duro durante los siguientes cinco años para organizar todo y después contrataríamos a las personas correctas que siguieran la línea de nuestras empresas.

Controlaríamos a distancia las empresas y solo tendríamos que asistir a reuniones semanales, mensuales y trimestrales para aprobar planes macro de trabajo. El control minucioso de las ganancias lo podíamos hacer hora a hora desde el celular. Eso me daría la autonomía para dedicarme al modelaje que tanto amaba y a Anya le daría la oportunidad de establecer una publicación independiente de medio ambiente y sociedad, como tanto anhelaba.

Todo estaba bien planificado y nuestros proyectos profesionales se veían perfectos. Pero ese ritmo de vida nos fue alejando como pareja y nos fuimos convirtiendo en buenos socios estratégicos y amigos que hacían el amor una o dos veces por semana.

A mí no me importaba demasiado pues me daba el espacio que necesitaba para extrañar un poco a Anya y encontrarla interesante para la noche. Solo que una vez más pensé en mí y dejé de lado lo que ella anhelaba y deseaba. No había calculado ese pequeño gran detalle y cerrando los ojos me entregué a mis planes para sumergirme por completo en el trabajo

¿Por qué quería estar tan ocupado? Solo si tenía la mente ocupada todo el tiempo dejaba de pensar, con amor de hombre y dolor de mártir, en Yuri.


Estaba equivocado. Un hermano no puede soslayar la existencia del otro y mucho menos si se ama a ese hermano con todo el ser.

Recuerdo que eran las cinco de la tarde de un martes. El verano aún iluminaba con sus colores cálidos el inicio del atardecer y después de haber terminado una junta con Claude Romain, un diseñador talentoso de la nueva generación, me dediqué a mirar algunos canales de moda para distraerme un poco con el chisme y cotilleo de los últimos desfiles de las casas de moda más nuevas de Europa que por lo general hacían presentaciones en esa época del año.

Durante unos minutos me concentré en las propuestas llegadas desde Escocia con un grupo de chicas que hacían una presentación interesante con telas en base a material reciclado que me pareció innovadora y fue entonces que vi a Sara Crispino entre los asistentes a la presentación. Entonces decidí llamarla para saber alguna novedad de Yuri.

—¡Víctor qué sorpresa! —dijo la morena gritando en el teléfono—. ¡Es Vitorio, fratelo! —Y como siempre daba explicaciones de todos sus actos a su celoso hermano.

—Perdona la interrupción, pero… te vi en la presentación del festival Carré y quise hablar un momento para saber si tienes algo nuevo que contarme.

—Cariño… ya sabes que por esta época no hay mucho movimiento en el mercado y en el ambiente, así que voy a aprovechar tu llamada para que seas tú quien me cuente las novedades de Le Beauté. —Su voz mostraba de forma clara esa actitud tan alegre y decidida que hasta podía imaginar su sonrisa.

Le comenté sobre los planes y la seria dificultad que había encontrado en mi búsqueda por organizar un grupo alternativo de modelos que le dieran un nuevo rostro a la empresa y también le dije que Anya se ocupaba de la publicación y quería introducir algunos cambios.

Ella escuchaba y asentía con un “va bene” a cada rato y nuestra conversación no hubiera pasado de ser una charla cualquiera entre dos amigos lejanos si ella no cambiaba de tono de voz y, con mucha seriedad y hasta preocupación, me preguntaba por la salud de Yuri.

—Ya sé que ustedes dos andan algo distanciados porque decidiste dedicarte a las empresas de Angélica y Yuri se enojó mucho porque dejaste Nefrit; pero supongo que estás al tanto de su internamiento en una clínica de desintoxicación. —Sentí una ráfaga de aire frío recorrer mi espina y me puse en pie de inmediato—. Dime Víctor… ¿Yuri ha podido superar el episodio con los barbitúricos?

Quedé petrificado. No podía creer que una chica extraña que no vivía en San Petersburgo y que no tenía mucho contacto con Yuri me estuviera informando algo tan íntimo y delicado sobre él. Lo peor era que yo no sabía qué respuesta darle pues durante los meses iniciales de mi nueva vida me había distanciado demasiado de mi hermano, tanto que se olvidó preguntar por él durante el último mes.

No sabía qué decirle a Sara y lo único que se me ocurrió fue ensayar una respuesta lo más aproximada a la declaración de un político que no desea responder sobre algún asunto de mucho interés.

—Aún depende de unos últimos exámenes que pueda superar este triste episodio Sara… —De inmediato quise cerrar el asunto y despedirme de ella—. Por favor no lo comentes con nadie.

—Perdón cariño, pero cuando Mila me dijo la noticia la sentí muy alarmada y como ahora está tan lejos de Yuri parecía sentirse peor —comentó Sara con un tono de voz bastante más bajo del que suele usar.

—¿Mila está lejos de Nefrit? —Esa era otra sorpresa para mí.

—Sí… bueno ella no renovó contrato con la empresa y se fue a vivir a Nueva York para estar cerca de su chico. —Recordé a Otabek y Mila, recordé lo unidos que estaban con Yuri y supe que mi hermano estaría solo sin amigos. De inmediato pensé que tal vez eso lo llevó a cometer alguna estupidez.

Me quedé en silencio por unos segundos y no supe que decir mientras pensaba en Yuri, en Lilia, en Yakov, en Nefrit y hasta en la bola de pelos que dormía a los pies de mi hermano. Me sentí un miserable porque un hermano no debe tratar al otro con tanta indiferencia.

—No sabes nada Víctor… ¿estoy en lo cierto cariño? —Sabía que Sara no me estaba juzgando, ella no es así; pero la imaginé con una mirada acusadora y de inmediato sentí vergüenza y no pude responder a su pregunta—. Cualquiera sea el motivo por el que Yuri y tú se distanciaron debes superarlo, los hermanos nos peleamos y luego perdonamos y volvemos a amarnos como si nada hubiera pasado.

—No pasó nada malo… —Qué mentira más grande la que me obligaba a decir para esconder mis errores y mis pecados—. Solo que el matrimonio, las nuevas responsabilidades y Yuri que está enfadado… yo quise poner distancia y silencio durante un tiempo hasta que todo se calmara y no sabía…

—Víctor llámalo y corta esas distancias. —Me ordenó con determinación. Sabía que lo hacía más por Yuri que por mí y no me importaba pues estaba feliz que mi hermano contara con amigos tan leales—. Es tu único hermano y después de tu mamá, él es tu única familia directa.

Esas palabras dolieron tanto. Las sentí como espinas que se clavaban en mi pecho y presionaban la carne con el afán de entrar al corazón. Sin decir más Sara se despidió y me deseó buena suerte, mientras yo miraba con honda pena los barrios del Este de París intentado acortar la distancia que me separaba de Yuri.

¿Qué había pasado? ¿Por qué Yuri siendo un chico tan decidido y fuerte se había atrevido a meter alguna sustancia extraña en su cuerpo? ¿Quiso huir de su realidad? ¿Cuánto? ¿Para sentirse libre por un momento o para no despertar en ella nunca más?

La idea de un suicidio me estremeció por completo y me puse tenso al saber que nadie, ni siquiera Yakov me había llamado para informarme sobre la situación de mi hermano. Y sus amigos tampoco lo hicieron. Mila prefirió comentar la situación con una casi desconocida y lejana Sara, su amigo del colegio que tanto lo defendió no me llamó tal vez porque no tenía confianza conmigo.

¿Y Liiia? ¿Por qué la gran dama me ocultó tan terrible noticia?

¿Sería que Yuri no quería saber más de mí?

Dejé de lado las especulaciones y sin pensarlo más marqué el número del celular de mi hermano, pero la contestadora fue la única que me respondió. Así que le dejé un mensaje pidiendo que me respondiera para saber cómo estaba.

Eso no iba a devolverme la calma.

Busqué el número de Lilia y pulsé su fotografía que aparecía en la pantalla. Ella no me negaría hablar con Yuri, ella fue siempre una mujer que comprendió nuestra situación y cuando estuvo en mi matrimonio, ella me dijo que se encargaría de ayudar a Yuri a superar nuestra separación.

No contestó mi llamada y yo insistí porque no me iba a quedar en la nada. Al quinto intento por fin respondió y lo primero que escuché fue su aliento, un suspiro profundo que no podía interpretar.

—Lilia, me acabo de enterar que Yuri estuvo internado en una clínica… —No dejó que terminara de hablar.

—Víctor por fin te haces presente. —Me habló con cierto tono de ironía—. Recuerdo al Víctor que se había comprometido a ayudar a un jovencito a tener un hogar… al que quiso ser un hermano para él y no veo a ese muchacho ahora.

—Tú sabes que debía tener distancia con él para evitar más problemas. —Lilia no tenía idea de lo que en verdad me motivaba.

—Yuri está bien, solo fue un susto y por prevención Yakov y yo decidimos internarlo en una institución que lo ayude a enfocarse en sus objetivos —Lilia seguía hablando como si me estuviera regañando todo el tiempo.

—Pero él tiene claro sus objetivos. Se supone que había decidido estudiar aquí en París. —Esa era mi idea y aunque me asustaba mucho saber que mi tentación viviría en la misma ciudad que yo, me sentía feliz de saber que tendría cerca de mí a mi hermano y tal vez podríamos construir una relación sana con él.

Mi estilo de vida, mi matrimonio con Anya, la rutina de Yuri en una escuela de moda tan exigente me garantizaba que con el tiempo lograríamos poner nuestros sentimientos en su lugar. Estaríamos lo suficientemente distantes como para evitarnos y cercanos como para seguir con nuestro parentesco.

—No Víctor, él no sabe qué hacer con sus estudios, con su futuro, con Nefrit y con su vida. —Sentí pesar en la voz de Lilia—. Todo giraba en torno tuyo, tú eras todo para él. Yuri había construido su mundo pensando en ti y desde que comenzó a hacer los figurines que tú le inspiraste.

—Pero yo…

—Tú no pusiste freno a tiempo porque preferiste escuchar la voz de tu deseo y no la de tu razón y no me digas que eso es amor, es solo necesidad y ganas de ser un triunfador y tenerlo todo. —Lilia estaba muy molesta conmigo y tenía razón. Yo no pude refutar ninguna de sus palabras.

—¿Qué puedo hacer ahora? —le pregunté para no discutir con ella.

—Déjalo en mis manos, Víctor. Yuri ya está bien y está empezando a salir a la superficie luego de haberse hundido tanto. —Noté que ella se comportaba como una madre sobreprotectora y aunque me dolió que me tratase con tanta distancia y molestia, agradecí al cielo que Yuri tuviera alguien como ella en quien apoyarse—. El terapeuta dijo que solo es cuestión de tenerle paciencia.

—¿Podría hablar con él? —Quería escuchar su voz y que me dijera que aún me amaba.

—No Vitya, déjalo en paz por un buen tiempo para que él sepa que su futuro y su vida no dependen de ti. —Fue duro escuchar esas palabras y tuve que aceptarlas porque mi hermano necesitaba caminar con sus propios pies—. Prometo que te mantendré informado Víctor y tú dedícate a tu empresa, a tus proyectos y a tu esposa. Deja a Yuri fuera de tu vida por un tiempo. Confío que algún día los dos podrán hablar con calma y sin resentimientos.

Ella tenía mucha razón y también pensé que la distancia permitiría alejar el dolor y ver las cosas desde otra perspectiva. Con gran pena tuve que despedirme sin conseguir hablar de nuevo con mi hermano y sin poder decirle que aún lo amaba con mi alma y mi con piel.

Pasaron como diez minutos que estuve detenido en la nada, pensando en Yuri y recordando cada detalle de nuestra relación. Recordé el día que lo vi por primera vez en el aeropuerto y su belleza me impresionó, era un chiquillo bonito y se convirtió en una nueva alegría para mi vida. Recordé los días que comencé a conocer su carácter, su determinación, sus arrebatos, sus largos silencios cuando andaba concentrado en los estudios, su risa de niño malo, su amor por su gato, sus palabras torpes, pero llenas de razón. Recordé sus caricias, sus besos, su calor, sus suspiros, su delirio, su perfume a goma de mascar y la forma cómo su cuerpo y su voluntad se amoldaba a mis deseos.

De pronto me vi sonriendo entre lágrimas y me sentí culpable por todo pues siendo yo el adulto, debí haber ordenado la vida de ambos en forma correcta.

Recordé que una voz interna me decía siempre que hiciera lo correcto, que no tocara a Yuri y que pusiera freno a sus impulsos. Si tal vez hubiera sido severo cuando él se insinuaba frente a mí o cuando con descaro me provocaba tocarlo, tal vez esta distancia jamás hubiera existido.

Y si hubiera dejado que Yuri y su compañero de escuela siguieran con esa extraña relación que tenían y mis celos de hombre no me hubieran cegado, entonces Yuri estaría viviendo ya en París, lejos de tanta pena, lejos de los ojos que lo juzgaban, de la voluntad que amenazaba nuestras vidas y cerca de mí… como hermanos.

Si yo hubiera… hubiera… hubiera…

Hubiera es un verbo en tiempo perdido.

Las palabras de Lilia no me calmaron y entonces tuve la brillante idea de llamar a Yakov para pedirle explicaciones. Él se había comprometido en sacar adelante a Yuri y yo confiaba en que me mantuviera al tanto de las actividades y decisiones de mi hermano. No entendía por qué siendo tan cercano a mí por un buen tiempo, Yakov jamás me llamó para decirme lo que estaba pasando con mi hermano.

—Yakov ¿tienes tiempo? —Contuve el tono de mi voz para no sonar malcriado frente a él.

—Veinte minutos —me respondió como siempre y pensé que podía hacerme la víctima con él.

—¿Por qué no me dijiste que ingresaron a Yuri en una clínica de desintoxicación? —Dramaticé mi voz—. ¿Por qué lo hizo? ¿Qué pasó? ¿Y por qué tengo que enterarme de esto por otra persona y no por ti?

—¡Baja el tono de voz Víctor! —Era Yakov en su lado más oscuro el que me respondía ese día—. ¡Ahora quiero que te mantengas en silencio por unos cuantos minutos para que entiendas mi decisión porque si alguien decidió que no te contemos nada fui yo y lo hice porque me parece que no mereces que te diga las cosas que suceden con Yuri!

—¡Yakov! —Protesté.

—¡Si quieres que siga hablando contigo te callas! —Me interrumpió y reconocí que estaba bastante enfadado conmigo. Sentí que su mal trato tenía un matiz muy personal.

—Bien… me callo. —Tuve que bajar la voz para que él también lo hiciera y esperé unos segundos a que se estabilizara. Lo sé porque sentí la fuerza de su respiración.

La ciudad oscurecía y los primeros faroles de las calles empezaban a encender su luz ámbar. El sol ya se había despedido y en la calle los habitantes de París caminaban mirando las vitrinas de los comercios, algunos ingresaban a los cafés y bares cercanos, otros cruzaban sin preocupaciones el parque, las parejas se encontraban luego de una jornada intensa de trabajo y yo me encontraba detenido en una burbuja de incertidumbre.

—Decidí que Yuri era mi prioridad y que debía ser yo quien le pusiera los pies en la tierra por eso lo interné en esa clínica pues hasta ahora no me queda claro si quiso tomarse esas pastillas porque le dolía la cabeza o porque quería llamar la atención… ¡tu atención! —Respiró de nuevo con tanta fuerza que me obligó a despegar el teléfono del oído y luego sentenció con más severidad—: Yuri no solo perdió sus metas y sus sueños, perdió también al ser que más amaba en este planeta.

—Yuri no me ha perdido…

—¡No me interrumpas! —Jamás había escuchado a Yakov tratarme de esa manera, sabía que tenía mal carácter y lo vi muchas veces siendo duro con otros, pero nunca me había gritado—. Si hubieras sido un buen hermano para él nada de esto estaría sucediendo Víctor, pero en lugar de ayudar a Yuri a transitar entre la adolescencia y la primera juventud hiciste algo por demás execrable.

Cuando Yakov pronunció ese calificativo mi estómago se contrajo por el susto, pero aún guardaba la esperanza que me dijera que no se abandona así la responsabilidad de ser un buen hermano por mis propios planes.

—¡Lo convertiste en tu amante! ¡Eso no tiene perdón Víctor! ¡Si yo renuncié a ser su tutor fue porque pensé que a tu lado Yuri estaría tranquilo y encontraría en tu hogar un buen lugar para vivir! —La severa voz de Yakov retumbaba en mis oídos y yo no podía hacer nada para esquivar cada acusación y defenderme—. ¡Lo hiciste tu amante por un tiempo y luego lo dejas sin darle una buena explicación! ¡Claro que es así como se debe cortar con un amante, de raíz y más si es una relación prohibida y seguir con nuestras vidas! Pero… pero… ¡Yuri es tu hermano y como tal merecía saber tus motivos, merecía saber que solo fue un juego de tu parte!

—Yakov las cosas no son como dices, yo sí amé a Yuri y él… —No podía seguir escuchándolo sin detener sus baterías cargadas contra mí—-. ¡No tienes idea de lo que sucedió entre los dos!

—¡No intentes justificar tu actitud y tus decisiones Víctor! ¡Esto no debió pasar y Yuri no debería estar tan perdido ahora! —Yakov se vio obligado a elevar la voz para aplacar la mía—. ¡Deja a Yuri en paz! ¡No lo llames y no lo busques! ¡Y si establecer distancia entre él y tú fue la mejor solución para que todo ese entuerto se enderece, que así sea! ¡Cumple con ese propósito!

Callamos los dos por largos segundos que fueron tensos e insoportables. No quería que Yakov me viese como el enemigo de Yuri, como una amenaza, como un monstruo… pero en verdad sí lo era.

—Yo no quise abandonar al hermano —le dije arrepentido.

—Lo sé, pero no sé si te has dado cuenta de que dañaste demasiado esa relación fraterna —dijo más calmado y con cierta pena—. ¿Por qué no tuviste más confianza y me dijiste que era lo que les estaba pasando?

—¿Lilia te dijo que Yuri y yo…? —No pude terminar la idea

—Sí y no, fue Yuri quien delirando habló algunas frases que me parecieron incoherentes y obligué a Lilia a decirme que rayos estaba pasando —confesó con amargura—. Ya las cosas están hechas Vitya, lo único que puedes hacer tú y que puede hacer Yuri es seguir con esta distancia hasta que algún día puedan verse con otros ojos que no sean los de un amante. —Yakov tosió un par de veces y por fin dijo su sentencia definitiva—. Yuri está tan resentido contigo que no quiere verte más.

Sucedió lo que me temía y en ese momento en medio del intenso dolor que esa revelación me producía, pensé que tal vez sería lo mejor para evitar que él y yo siguiéramos corriendo peligro.

—Sinceramente espero que un día Yuri deje de recordarte como un ex amante cruel y tú dejes de verlo como ex amante herido y puedan construir una verdadera relación de hermanos.

—Yo también lo espero Yakov. —No quise discutir más con él, le di la razón y acepté su consejo.

Ese día volví a vivir el dolor de perder a quien más amaba, solo que el corazón me ardía con más fuerza y la sensación de pérdida adormecía mi cuerpo.

Lo peor del día fue contarle a Anya que me sentía triste porque Yuri había enfermado y como seguía enojado conmigo no pude hablar con él. Ella quiso hablar con mi hermano para que dejemos lo que calificó de “absurda pelea de niños”, pero le pedí que me dejase a mí resolver el problema.

Desde ese día puse en manos del tiempo y la distancia la posibilidad de olvidar a un Yuri amante y que llegara el momento en el que pudiéramos rescatar algo de hermandad entre los dos, pero el tiempo ha pasado tan de prisa y la distancia no sirvió de mucho porque no tengo la más mínima idea de cómo sería ver a Yuri con ojos de hermano.

Hasta ahora lo sueño entre mis brazos, con su sonrisa retorcida y su mirada lánguida pidiéndome otro beso, diciendo que me ama y suplicando que me detenga.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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