Su primera vez (Esposo de Placer)


—A decir verdad, nuestra relación comenzó mal. Creo que estaba destinada a fracasar desde el principio.

—¿Por qué lo dices?

—Por como nos conocimos, porque intenté que se adaptara a un estilo de vida en el que no creía, porque fui lo suficientemente ingenuo para pensar que bastaba con ofrecer exclusividad sexual para que todas sus inseguridades desaparecieran por arte de magia. 

—¿Podrías hablar más en detalle de las cosas que me has dicho? 

—Claro.

—Comienza por cómo se conocieron.

—Nos conocimos en un burdel. Esa noche fui invitado por unos inversionistas, querían celebrar la firma de un contrato bastante beneficioso y me llevaron al club Eros, esa noche se subastó la primera experiencia sexual de Yuuri y yo la compré. Sinceramente en aquella ocasión no tenía pensado estar con ningún omega, pero no pude resistirme, lo vi y lo deseé inmediatamente. 

—¿Te sientes culpable por eso?

—Sí, Yuuri no era de los que buscaban dinero fácil o deseaban obtener placer. ÉL no escogió estar allí libremente, fue a ese lugar por necesidad y no fue correcto que yo me aprovechara de su situación. Yo no debí permitir que alguien tan cándido como Yuuri vendiera su primera noche a una persona a la que no conocía y con la que no tenía ningún vínculo afectivo. 

—¿Crees que eso ha afectado la manera en que Yuuri ha vivido la relación que estableció contigo?

—No lo sé, esa noche su Omega reaccionó a mi Alfa y se entregó a mí. Yuuri lo disfrutó y vernos nuevamente ayudó a que aquello cobrara otro significado, después de todo encontramos amor después de esa noche de sexo. Aún así, ahora puedo ver que lo correcto habría sido esperar; descubrir sus motivos, ayudarlo, conocerlo… Desde que Yuuri cruzó la puerta de esa habitación vistiendo ese traje provocativo, pero con la vista en el suelo y los nervios a flor de piel, yo supe que él era especial. —Víctor pasó sus manos por su cabello en un gesto nervioso—. En poco tiempo puso mi vida de cabeza, y yo no extraño nada de lo que abandoné por él, pero hay cosas que no puedo tolerar. Sinceramente espero que este paso que ambos estamos dando nos ayude a tener un nuevo comienzo, porque creo que ambos merecemos ser felices.

♤♡◇♧

Yuuri necesitaba dinero, lo necesitaba con urgencia, esa era la única razón por la que estaba en ese lugar repleto de poderosos Alfas vistiendo ese traje que lo hacía lucir como un prostituto, bueno, pensar eso era absurdo, después de todo realmente se prostituiría. 

Nunca se imaginó encontrarse en una situación así y la verdad le sorprendió que Phichit conociera un lugar como ese, pero se negó a preguntarle a su amigo cómo se enteró. El club Eros era un lugar frecuentado por Alfas de todo el mundo, Tokio era una capital importante y cada día se cerraban negocios millonarios con inversionistas de distintos países. Eros era un lugar creado especialmente para la diversión de aquellos adinerados inversionistas. En Eros había diversión de todo tipo: alcohol, música y Omegas; contaban con un staff de preciosos Omegas que estaban dispuestos a cumplir las fantasías sexuales de todos aquellos Alfas que iban por algo más que unas copas de alcohol. Pero lo especial del club Eros, es que también permitía que otros Omegas fueran a ofrecer sus servicios mediante una dinámica de subastas en las que los Omegas eran exhibidos y se ofrecía dinero por él, o ella, luego, Alfa y Omega se dirigían a una de las habitaciones con las que contaba el club y podían estar allí hasta el día siguiente. El club se comprometía a resguardar la seguridad del Omega guardando los datos del Alfa que lo acompañaba y dándole al Omega un botón de seguridad que inmediatamente alertaba a los guardias del lugar si necesitaba ayuda, a cambio, el Omega debía entregar el 20% del dinero obtenido esa noche. No existían más contratos de por medio, el Omega podía volver si quería, o no volver a pisar Eros jamás. 

Y allí estaba Yuuri, vistiendo una transparente camisa azul y un ajustado pantalón negro que mostraba sus piernas bien formadas, sus caderas anchas y su trasero redondo. La beta que lo ofrecía lo hacía girar y caminar por el escenario que se encontraba en mitad del salón. Yuuri no podía ver a las personas que ofertaban dinero por él, todo el salón estaba oscuro a excepción de la pasarela por la que se movía como si fuera simple mercancía. Pensar eso lo hacía sentir triste, él había soñado muchas cosas para su futuro, era un buen estudiante, inteligente, creativo, soñaba con ser médico pediatra. Jamás pensó que terminaría vendiéndose por dinero. 

—¡Vendido! —La escandalosa voz de la mujer beta lo sacó de sus ensoñaciones. Quiso llorar al saber que había vendido su primera experiencia sexual compartida, pero se contuvo. Esa era la única salida a la situación en la que se encontraba. 

Minutos después fue llevado a una de las habitaciones donde ya era esperado por el Alfa que había pagado por él. Yuuri entró con timidez y la vista baja, seguido por la misma beta que siempre estuvo con él.

—Señor Nikiforov —dijo la mujer dirigiéndose al Alfa—, espero que disfrute de la compra que ha realizado. Le recuerdo que no está permitido dañar al Omega y que si llegase a lastimarlo sería expulsado inmediatamente, sin devolución de su dinero. 

—No se preocupe, lo tengo claro —contestó. 

Y Yuuri sintió que esa voz sedosa, grave y con un marcado acento extranjero recorría su piel haciéndolo sentir escalofríos. Levantó su mirada y pudo observar frente a él a un hermoso Alfa de largo cabello plateado y preciosos ojos celestes, su rostro era delicado, pero masculino, sus labios delgados, color durazno, su piel como porcelana. Yuuri no sentía que vender su cuerpo fuera algo correcto, pero no pudo evitar sentir alivio al ver que frente a él estaba un hombre joven y apuesto. La noche anterior había tenido pesadillas al imaginarse Alfas desagradables, viejos lujuriosos que sólo podían obtener placer al comprarlo. 

—Bien, los dejo —dijo la mujer saliendo de la habitación. 

Cuando se quedaron solos, el Alfa dirigió su mirada clara al Omega frente a él. Yuuri tembló al verlo caminar hacia él, pero no pudo apartar la mirada de ese hermoso rostro. 

—Eres un Omega realmente muy hermoso —le dijo acariciando su rostro. 

—Gracias, señor —respondió casi en un susurro. 

Victor Nikiforov no acostumbraba comprar placer de una noche, pero en cuanto vio a ese Omega sobre la pasarela se sintió totalmente atraído hacia él. Y ahora que lo tenía tan cerca le parecía totalmente adorable. Acarició con cuidado las hebras color ébano que brillaban como noche sin estrellas y apreció el sonrojo que este gesto causó en el muchacho que lo miraba confundido con sus hermosos ojos color vino que destilaban inocencia. 

Yuuri estaba confundido, nunca espero que el Alfa que comprara sus servicios sexuales lo tratara con tanta delicadeza, pero era así, Víctor Nikiforov lo acariciaba y lo miraba como si fuera algo realmente precioso.

—¿Quieres que tomemos una copa de vino? —ofreció Víctor.

—Sí, por favor —respondió Yuuri, esperando que un poco de alcohol lo hiciera sentir más relajado. Pero su voz tembló y el Alfa lo notó.

—No estés tenso —dijo sonriéndole para después tomar su mano y llevarla los labios, besando el dorso de esta sin apartar su mirada de los ojos del Omega.  

De la mano, Víctor guió a Yuuri hasta unos sillones bastante cómodos que se encontraban en una de las esquinas de la enorme habitación en la que se encontraban, luego fue por una botella de vino a un pequeño bar que tenía algunos licores. Sirvió dos copas y se acercó a Yuuri, sentándose a su lado. 

—Hablame de ti, Yuuri. 

—No hay mucho que decir sobre mi, señor. 

—Llámame Victor, ese es mi nombre —Víctor dio un sorbo a su copa de vino y luego agregó—: vamos, hablame de ti, estoy seguro de que cualquier cosa que me digas será interesante para mí.

—Bueno, este año salí de la preparatoria y hace poco cumplí 18 años. Mis padres tienen un pequeño puesto de comida en el que ayudo y tengo una hermana mayor. 

—¿Has pensado en ir a la universidad?

—Sí, siempre fui el mejor alumno de mi clase y tenía esperanzas de poder estudiar una carrera universitaria, pero cuesta demasiado dinero así que no podrá ser. 

—¿Estás aquí por problemas económicos?

Yuuri se ruborizó ante la pregunta, sólo bajo la mirada y asintió. 

—No tienes que avergonzarte por algo así —dijo Víctor tomando la quijada de Yuuri con sus manos y obligándolo a mirarlo a los ojos—, imaginaba que estabas aquí por algo así, tu mirada es demasiado ingenua como para creer que lo haces sólo por obtener dinero fácil o placer. A pesar de las ropas provocativas que llevas puestas luces muy inocente.

—Lo siento, sé que soy inexperto, pero trataré de complacerlo —Yuuri lo miró suplicante, como si sintiera miedo de que el Alfa se arrepintiera de haber pagado por él. 

—Me haces sentir viejo tratándome tan formalmente, y sólo tengo 27 años. 

—Lo siento, yo… no era mi intención —dijo Yuuri algo asustando de haberlo ofendido. Pero Víctor río genuinamente.

—Eres tan adorable, Yuuri —Víctor lo miró y le dio un suave beso en los labios—. Brindo por ti, el Omega más hermoso y dulce que he conocido. 

Yuuri se sonrojó furiosamente al oír esas palabras, bebió todo el contenido de su copa de pura ansiedad y en cuanto terminó Víctor le quitó la copa de sus manos y la dejó junto a la suya sobre una mesa lateral. 

—No sé si esto sea lo correcto tratándose de una persona como tú —dijo Víctor tomando a Yuuri por la cintura y acercándolo con fuerza a su cuerpo—, pero tomar tu primera vez es algo que se me hace irresistible —Victor acercó su nariz al cuello de Yuuri y aspiró su delicioso aroma a ciruelo blanco. 

—Por favor, se gentil —dijo Yuuri mientras lo miraba con fascinación, embriagado por las feromonas que el Alfa había liberado, por su intenso aroma a sándalo y madera. El Omega dentro de Yuuri rogaba por las manos de aquel Alfa y Yuuri se dejó llevar por ese deseo, se sintió dispuesto a entregarse a ese hombre. 

—Prometo llevarte al paraíso —Víctor sonrió, se puso de pie y alzó a Yuuri entre sus brazos, caminó con él rumbo a la enorme y cómoda cama dispuesta sólo para ellos. 

Víctor depositó con suavidad a Yuuri en medio de la cama. Se quitó los zapatos, el saco y la camisa, también el cinturón. Le quitó los zapatos a Yuuri y se acomodó sobre él, besó sus labios con suavidad, lento para saborearlos a placer, sin prisa, degustando poco a poco su sabor, su dulzura y sedosidad. Yuuri se sentía extasiado por esos labios que lo invadían y esa lengua que lo exploraba. 

Víctor dejó esa placentera boca para dirigir sus atenciones al blanco y frágil cuello; suaves gemidos escaparon de la garganta de Yuuri y eso lo hacía sonreír contra la delicada y deliciosa piel de quien esa noche era su amante. Víctor desabotono la camisa de Yuuri y después marcó su pecho succionando su piel hasta dejarla roja, lamió, besó y se entretuvo con los pezones del Omega hasta que el arqueo la espalda y gritó su nombre.

—Víctor, Víctor… —su respiración era agitada—, ya no aguanto más, el pantalón… me duele, me aprieta…

—Así que ya estás ansioso —dijo Víctor con una sonrisa, puso su mano derecha sobre el pantalón de Yuuri y acarició su endurecido miembro por sobre la ropa—. Me encanta cómo respondes a mí, Omega. 

—¡Víctor!

—Está bien pequeño, te ayudaré con eso —Víctor sonrió y comenzó a quitar los pantalones de Yuuri, le agradó ver que no llevaba ropa interior. El Alfa aprovechó el momento para terminar de desvestirse también y luego se acomodó entre las piernas abiertas de Yuuri. Tomó el pene del Omega con su mano derecha y comenzó a masturbarlo con suavidad mientras se inclinaba y volvía a besar sus labios. Su pequeño amante suspiraba, gemía y movía las caderas, Víctor se deleitaba y recorría su pecho y su abdomen dejando un camino de besos y marcas rosadas, llegó hasta su miembro, comenzó a lamerlo haciendo que Yuuri gritara con más fuerza al sentir la humedad de su lengua acariciar su pene. Víctor, complacido por la reacción del Omega, siguió saboreando, lo hacía con maestría, tanto así que Yuuri era incapaz de hilar una idea coherente, perdido en el placer que le otorgaba aquel Alfa al que su Omega se había rendido, sin ser capaz de controlar ni siquiera sus gemidos. 

De pronto, Yuuri sintió una punzada de calor atravesar su miembro erguido

—Víctor… no puedo… ya sale…

Víctor recibió en su boca el néctar de su amante, quien, tras gemir con fuerza mientras su espalda se arqueaba, cayó pesadamente a la cama sin fuerzas, sintió como si su cuerpo se deshiciera mientras el aire parecía no ser suficiente en sus pulmones. 

Víctor levantó las piernas del Omega, quien no tenía fuerzas para intentar oponerse, y dejó caer el semen de Yuuri justo sobre la entrada de su ano, después, puso el dedo índice de su mano derecha sobre ese estrecho agujero y comenzó a estimularlo, Víctor se acomodó mejor para poder llegar a los labios de Yuuri, les dio un beso suave mientras esperaba que su respiración se normalizara. Abajo, su dedo siguió su labor hasta que logró deslizarse y entrar completamente al interior de su joven amante, quien soltó un ligero grito debido a la intrusión. Yuuri buscó la mirada de Víctor, quien notó algo de temor en los ojos color vino del Omega. 

—No temas, pequeño —dijo para después besar su frente—, lo haré con cuidado. Juro que te gustará, ¿o hasta el momento no ha estado bien?

Yuuri esbozó una pequeña sonrisa, trató de ignorar la intrusión en su cuerpo, pero no le fue posible porque otro dedo se deslizó en su interior, no dolía, además, él también estaba lubricando, pero al ser su primera vez era algo incómodo. Víctor besaba su rostro, sus labios y su cuello, acariciaba sus cabellos y susurraba palabras dulces, le decía lo hermoso que era y lo mucho que deseaba hacerlo sentir bien. Mientras tanto, sus dedos dentro de Yuuri buscaban un punto especial, cuando lo encontraron Yuuri volvió a gemir con abandono y un tercer dedo entró haciendo más intensos los gemidos.

—Víctor, me gusta, Víctor… me gusta.

—Pequeño, a mí también me gusta —Víctor besos sus labios suavemente—.  Yuuri, ahora necesito que sigas asi, relajado ¿de acuerdo? —Yuuri asintió, respiró hondo cuando los dedos de Víctor comenzaron a salir de su interior, al tiempo que su mano libre comenzaba a masajear su pene. 

Víctor se acomodó mejor entre las piernas de Yuuri y le levantó un poco la cadera, puso su miembro en la entrada del chico y comenzó a empujar con delicadeza. 

Yuuri apretó los ojos, Víctor era grande y Yuuri sentía que no cabría. Víctor se inclinó y besó sus labios. 

—Tranquilo —susurró mientras lo miraba a los ojos. Yuuri se calmó al perderse en esas lagunas azules y Víctor pudo entrar totalmente a su cuerpo, se hundió en sus profundidades y soltó un gemido profundo que logró estremecer el corazón de Yuuri e hizo que su Omega ronroneara de alegría al provocar eso en el Alfa.

—Soy tuyo, Víctor —dijo Yuuri en medio de la neblina provocada por el placer. Víctor lo besó y luego comenzó con el vaivén de sus caderas con estocadas profundas y lentas que hacían que Yuuri se retorciera bajo su cuerpo. Poco a poco, Víctor fue aumentando el ritmo al tiempo que masturbaba a su amante, Yuuri sentía que estaba al borde de perder la cordura, las sensaciones que le otorgaba su amante mientras lo penetraba eran diferentes a todo lo conocido por él, era un placer que se extendía por todo su cuerpo, muy diferente a la masturbación que suele centrarse en sólo uno o dos puntos del cuerpo. 

Poco a poco Víctor comenzó a aumentar el ritmo: Yuuri gritó, Víctor dejó escapar roncos gemidos. Víctor se derramó dentro de Yuuri al tiempo que el Omega sentía como si su cuerpo fuera un cristal que se rompía con violencia pero con placer, esa sensación lo invadió y luego acabó en su pene convertido un intenso orgasmo acompañado del nombre de Víctor que salió como placentero grito de gozo. 

Víctor se dejó caer suavemente sobre el cuerpo de su joven amante y apoyó su rostro en el pecho de Yuuri, quien lo abrazó y acarició su cabello color plata. Estuvieron así por largos momentos hasta que el nudo formado en el interior de Yuuri se deshizo, Víctor se incorporó, besó los labios de Yuuri y luego caminó hasta el baño privado que poseía la habitación, puso el tapón en la bañera y dejó correr el agua caliente. Cuando el agua ya había cubierto la mitad de la tina, Víctor volvió a buscar a Yuuri, el joven de cabello azabache luchaba por no dormirse, estaba exhausto. Víctor lo cargó en sus brazos y besando su frente lo sumergió en el agua tibia, él también se metió a la amplia bañera y comenzó a tallar el cuerpo de Yuuri y también el suyo. El Omega se dejaba hacer sintiendo como sus músculos se relajaban, dejó de luchar por tratar de estar despierto y entre los brazos de su amante se durmió. 

Víctor observaba al Omega que dormía profundamente bajo las mantas de la cama. El Alfa lo observaba desde una silla junto a la cama, tenía una copa de vino en sus manos y solo cubría su cuerpo con una bata de baño color crema. Cuando terminó de beber el líquido carmesí dejó la copa vacía sobre la mesita de noche, tomó su teléfono móvil y marcó, una animada voz se escuchó desde el otro lado de la línea.

—¡Víctor!

¿De fiesta, JJ? —preguntó al oír ruido de música de fondo. 

Y una muy buena, pero para ti siempre estoy disponible ¿qué necesitas?

Quiero que investigues todo sobre un Omega, se llama Yuuri Katsuki. 

¡Vaya! ¿Un jovencito ha captado tu atención?

—Mañana te daré los detalles. 

De acuerdo. Hasta mañana entonces. 

Te llamaré. 

Víctor colgó la llamada y nuevamente su atención se dirigió al hombre más joven. 

—Volverás a ser mío, Yuuri —dijo el Alfa para después besar la frente del menor y esbozar una cálida sonrisa. 

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