Tabú 71


Llegué a San Petersburgo con la fina nevada de enero amparado en un absoluto anonimato y de la misma forma debía retornar a Francia, escondido; como si mi paso por la ciudad nunca hubiera sucedido. Si Yuri se enteraba que yo visitaría a Yakov, lo más probable es que me buscara en su oficina o fuera de ella para reclamar todo aquello que no había tenido oportunidad de decirme en Paris.

Lo que más temía no eran sus reproches. Mi verdadero temor era que una vez más cediera a mis instintos y en un arrebato terminara llevándolo a la cama de algún hotel o haciendo el amor en mi propio departamento. Extrañaba tanto su calor y su olor que lo mejor sería no existir para él durante mis horas en Rusia.

Al llegar a la oficina de Yakov sostenía una amena charla con dos jóvenes practicantes y uno de sus colaboradores más destacados del bufet. En la improvisada conferencia ellos discutían sobre la aplicación de leyes para liberar a un empresario de Yalta que había sido apresado por el gobierno e inculpado por evasión de impuestos.

Lo que en verdad el poderoso presidente de mi país deseaba era librarse de un posible rival fuerte en las próximas elecciones presidenciales y, como no podía hacerlo envenenar, recurrió a la vieja práctica que levanta falsos cargos sobre cualquier figura pública.

Apoyé mi cuerpo en el marco de la puerta de ingreso esperando que alguien pusiera atención en mí y durante cinco minutos escuché las razones por las que los jóvenes del estudio querían cambiar la estrategia de defensa.

—¡Vitya! —Al verme Yakov alzó la mano y de inmediato se puso en pie dejando de lado la discusión.

—Espero que no sea un mal momento. —Caminé con gran confianza y le di un fuerte abrazo.

—Es el peor, porque hay mucho trabajo acumulado. —Yakov ordenó que todos fueran a descansar—. Esta noche trabajaremos de largo y mañana tendremos mejores resultados.

Los colaboradores de Yakov salieron con cierta modorra del estudio jurídico. Al parecer querían terminar cuanto antes los argumentos de la defensa, pero estaban bloqueados y mi presencia fue la excusa perfecta para hacer un buen alto en la jornada.

Siempre que visitaba a Yakov en su oficina no faltaba un buen whisky o un vodka con hielo que compartíamos como si fuéramos grandes amigos. Sentía que al hombre le hacía falta la presencia de mi padre porque él fue su confidente y también su cómplice en muchas aventuras.

Brindamos por mí y por mi trabajo al frente de las empresas de mi madre. Esa no era en verdad una situación tan complicada como sí lo fue dirigir “Nefrit”, pero presentaba sus altibajos y algunas molestias que podían resolverse con facilidad.

—Tengo los papeles para que los firmes. —Yakov cruzó la pierna y acomodó su espalda en el asiento—. Mañana los llevaré a la oficina de registros de contrataciones y después de siete o diez días ya será legal la transferencia.

—Eso está bien para mí porque coincidirá con el cumpleaños de Yuri y me permitirá hacerle este gran regalo —manifesté disimulando con una gran sonrisa mi inmensa tristeza.

—¿Cómo está Angélica? —Se mostró algo preocupado. Mi madre no apreciaba a Yakov pues le culpaba de ser el celestino de sus amoríos con la madre de Yuri.

—Ahora que pasaron los efectos de la quimio está mejor, pero debe tener una continua atención médica. —Mi madre tenía la salud deteriorada porque el cáncer aún era un enemigo latente en su cuerpo.

—En verdad no entiendo esta tu decisión, podrías seguir siendo socio de Nefrit. —A Yakov no le gustaba mi idea de dejar la empresa en manos de Yuri porque su querido amigo Miroslav le había hecho consentir que yo gerenciaría Nefrit de por vida.

—Es mejor que Yuri se encargue por completo de la casa de modas. —Estaba convencido que mi hermano hallaría la forma de tomar las riendas de ese caballo—. Él ama demasiado la empresa y creo que su creatividad lo llevará a hacer grandes innovaciones en el futuro.

—Yuri está demasiado aprehensivo. —Yakov también lo había notado y es que Yuri jamás disimuló sus emociones como yo—. Hasta ahora no ha decidido dónde va a estudiar y le está creando muchos dolores de cabeza a Lilia. La pobre se la pasa aplazando las fechas de las citas en las escuelas de diseño.

Me sorprendí mucho porque pensé que Yuri solo se tomaría un corto tiempo para superar todo lo que nos había pasado. Era un chico guerrero, fuerte y atrevido que no retrocedía ante ningún problema o reto. Yo tenía la firme convicción que ese periodo iba a ser pasajero y que muy pronto mi hermano estaría volando a Londres para estudiar en la mejor escuela de diseño del mundo; tal como le habían recomendado todos los diseñadores de Nefrit, incluida la propia Lilia.

—Debes hablar con él Víctor. En estos últimos días ha estado haciendo lo que quiere por las noches. Con el cuento de que ya es mayor de edad y como está solo en tu departamento, se ha dedicado a salir y emborracharse en las discotecas. —Yakov me daba la peor noticia que podía escuchar en ese momento. Había cuidado a Yuri como si fuera un polluelo y en ese momento descubría que existía un Yuri irresponsable, muy distinto al que yo conocí—. No conozco la raíz más profunda de vuestras diferencias, pero nunca dejarán de ser hermanos. Sería bueno que fueras construyendo ese puente para que la distancia no mate esa relación.  

—Voy a hablar con él, Yakov —le prometí y me prometí a mí mismo—. El día que le dé la noticia sobre la transferencia de mis acciones a su nombre hablaré para que me perdone por haber dejado la empresa. Yo también quiero que comencemos a construir una relación tranquila y sin contratiempos.

Lilia no iba a ser eterna y Nefrit no siempre se podría manejar en piloto automático. La empresa necesitaba de un buen liderazgo y mientras Yuri se dedicase a sus estudios, la contratación de buen CEO, que fuera experto en negocios de moda, sería la opción para que la empresa creciera nuevamente como lo hizo cuando mi padre se encargaba de ella.  

Pero sabía bien que Yuri era la esperanza de innovación que tanto necesitaba la empresa. Sus diseños tan vanguardistas, su visión particular sobre los modelos clásicos y su impulso para atraer otros públicos lo hacían el verdadero capitán de esa embarcación llamada Nefrit. Yuri estaba destinado a ser un hombre de negocios tan atrevido y vanguardista como lo fue  Miroslav Nikiforov.

—Con tu firma sobre este papel le estás otorgando a Yuri un patrimonio que actualmente se cotiza en el mercado en setecientos millones de euros. —Yakov volvió a mirarme fijamente—. Déjame hacerte esta pregunta por última vez Víctor. —Él tenía que cumplir con las formalidades y para ello la cámara filmadora había comenzado a gravar el acto de transferencia—. Víctor Miroslavich Nikiforov, ¿estás de acuerdo con transferir el cien por ciento de tus acciones en la empresa “Nefrit” a nombre de tu hermano Yuri Miroslavich Nikiforov otorgándole el poder sobre el noventa por ciento de las acciones de la compañía?

—Sí estoy de acuerdo. —Con esa frase renunciaba a mis responsabilidades en la empresa que nos heredó nuestro padre.

—Firma por favor. —Yakov me presentó cinco carpetas, dos de las cuales quedarían en poder mío y de Yuri y las otras tres servirían para hacer los trámites legales.

Escribí mi firma sin dudar y de esa manera sellé mi adiós con “Nefrit”, con Rusia y con mi hermano Yuri. Confiaba que sería la mejor forma de establecer una distancia prudente entre los dos y confié también que, con el tiempo, lograríamos vincularnos como dos seres que compartían la misma sangre, tal como debió ser siempre.

Pero mi corazón no estaba de acuerdo con esos argumentos. Él latía por Yuri y cada fibra pequeña de mi gran músculo se rasgó cuando Yakov dio por concluido el acto de transferencia y estrechó con mucha fuerza mi mano.

Yuri debió estar presente en ese acto, pero fue mejor que no tenerlo en frente porque solo así me animé a poner el punto final a ese amor que aún me ataba a su flequillo salvaje y sus ojos de mar. Al mismo tiempo me sentí feliz, por fin Nefrit sería suya. Al ser el socio mayoritario, él podría hacer lo que deseara con la empresa, con las colecciones y con las innovaciones que en el pasado sugirió que implementáramos.

Yo volvería a París y haría realidad mi propio sueño. Tenía que elaborar un plan para darle un giro completo a la agencia de modelos y a la revista. Ese plan absorbería mi vida de tal forma que no tendría tiempo de pensar en el pasado y de condolerme por mis cobardes decisiones.

Ese era yo pensando hace cinco años atrás, intentando entrar en el camino que había desviado y tratando de cumplir con una promesa para evitar que Yuri fuera objeto del desprecio y la violencia que un grupo de malditos radicales homofóbicos podrían ejercer sobre él o sobre mí en nombre de la moral y las costumbres de mi querido y retrasado país.

Con el pecho apretado me despedí de Yakov. Él me dijo que se encargaría de ayudar en todo a Yuri e insistió en que yo le hablara para que estuviera más tranquilo. Yo tenía que volver a prisa porque había un problema con las remesas de papel para la revista debido a la huelga de los transportistas en Francia y debía solucionarlo.

Manejé el coche hasta que llegué a las cercanías de “Nefrit”. Imaginé que a esa hora Yuri y Lilia compartían té y algunas galletas o estaban enfrascados en alguna discusión sobre los adornos recargados o la sencillez de los modelos.

Quise imaginarlos en el taller con las luces sobre sus cabezas, los cuadernos de dibujo abiertos sobre las mesas, las telas estiradas sobre la mesa de corte. Los vi creando un conjunto de colorido desorden que daba vida al taller y hasta pude pensar en la música que Lilia había programado en la computadora. Tal vez Mozart, Chopin o Chaikovski para inspirarse y ver el mundo con mejores formas y colores.

Recordé mi oficina frente a la pequeña oficina de Yuri. Pude verlo con la misma claridad de aquellos días cuando él estaba sentado en su mesa de dibujo con el lápiz entre los labios mientras revisaba algún diseño o hacía una corrección. Volví a sentir la emoción de cuando nos quedábamos mirando de vez en cuando y amándonos en silencio, cuando con sonrisas cómplices y con pocas palabras intentábamos disimular ese inmenso ardor que nos quemaba la lengua y desviábamos la mirada para que nadie descubriera nuestro terrible secreto.

Imaginé que estando casado con mi bella Anya podría encontrar de nuevo la paz que había perdido, que por fin Yuri y yo entenderíamos que nuestro amor no tenía ningún futuro, que dos hermanos no deben ser amantes y que nuestro atrevimiento debíamos guardarlo bajo siete llaves para evitar la condena de todos los que nos querían y nos conocían y de los que no nos conocían también.

No vi ni hablé con Yuri aunque fuera un lugar público. Amarré mis ganas de salir del coche y entrar a la casona corriendo para abrazar a mi hermano. Encendí el motor del auto y alejarme de Nefrit fue como desprenderme de un pedazo de mi piel.

Con el corazón apretado, con mil nudos en la garganta, con mis lágrimas dando vueltas por mis párpados y la desesperante sensación de estar caminando en la nada, esperé el anuncio del vuelo de retorno y me senté en una mesa de la zona VIP del aeropuerto donde tomé un café.

Sentí que mis lágrimas eran más pesadas que mi deseo de no llorar y de inmediato corrí al sanitario donde me lavé la cara para disimular mi llanto. Estuve mojando mi rostro durante diez minutos seguidos hasta que el dolor del pecho cedió y pude respirar con cierto alivio. El alivio de un ser resignado, sin ganas de retornar a la ciudad luz y con mucho temor de que alguien me estuviera siguiendo, viendo o filmando.

De pronto el tono del celular me sacó de ese trance y regresé a la sala de espera del aeropuerto contestando la llamada.

—Vitya no me dijiste que ibas a viajar a San Petersburgo. —La voz de mi madre sonaba algo débil por el teléfono—. Anya me dijo que fuiste para hacer un trámite.

—Transferí todas mis acciones de Nefrit a nombre de Yuri, mamá. —Me sentía miserable y quería encontrar algo de consuelo en la voz de mi madre.

—Has hecho lo mejor para ti y para tu hermano. —Ella habló con mucha calma—. Con el tiempo verás que fue un desprendimiento que rendirá frutos. Además, ese chico tiene el talento como para hacer que esa empresa mejore. Bueno, eso espero.

—Yuri es tan talentoso como mi padre o quizá más. —Me molestó que mi madre siguiera tratando a mi hermano con cierto desprecio.

—¿Te quedarás en la ciudad esta noche? —preguntó como si nada.

—No, estoy en el aeropuerto esperando mi vuelo, retorno esta noche a París —le dije algo cansado.

—¿Y qué dijo tu hermano de la transferencia? —Ella seguía insistiendo en hablar de Yuri.

—No lo vi. —Yo respondí casi sin ganas quería dejar el tema de lado porque me hería hablar de él—. Será una sorpresa para su cumpleaños.

—No lo viste… qué pena deberías haberle dicho en persona algo tan importante —argumentó y luego dijo una frase que me pareció en partes acertada—. Ese chico te extrañará en la oficina, pero seguro que un día serás un buen ejemplo para él, fuiste un gran CEO y eres un gran hermano.

—Mamá están anunciando mi vuelo —le dije mirando el panel—. Nos vemos mañana.

—Nos vemos mañana, corazón. —Ella era una gran madre, si solo hubiera dejado de lado su rencor…


El uno de marzo pasó a ser una fecha muy especial desde que conocí a Yuri. Él cumplía diecinueve. Ese cumpleaños debía haber encontrado a mi hermano estudiando en alguna escuela de diseño, debía haber vivido en París y yo debía haber honrado mi palabra de aquel día cuando lo conocí y juré que lo acompañaría hasta que tuviera la capacidad de valerse por sí mismo.

Podría argumentar que como hermano había cumplido con ese juramento y que lo dejé solo faltando pocos meses para que terminara el colegio; pero para un corazón que ama como yo amo hasta hoy a Yuri, el tiempo fue casi eterno y Yuri aún no decidía por la escuela a la que se iba a presentar.

Durante ese periodo me limité a enviarle mensajes para saber cómo se sentía y a qué escuela de diseño iría. Eran mensajes que él a veces respondía con una simple “no sé” y que a veces prefería ignorar. Entonces sentía que mi mundo se oscurecía y deseaba volver a él de inmediato, luego recordaba la amenazante voz de ese hombre en el teléfono y dejaba de lado cualquier plan que estuviera intentado imaginar para poder estar juntos de nuevo.

Si tan solo pudiera haberle dicho los motivos de mi lejanía. Sé que Yuri hubiera entendido y también sé que hubiera hecho todo lo posible por enfrentar el problema; pero preferí contener mis ganas y ocultar mi pena trabajando desde muy temprano hasta avanzadas horas de la noche.

En febrero Anya aceptó el pedido de mi madre para ocuparse de la dirección de la revista y eso me dio un gran alivio. Gracias a la recomendación de un buen amigo de mi madre contraté un CEO especialista en hoteles para atender la cadena que su esposo le heredó.

Una vez desocupado de esas obligaciones, di el primer paso para convertir mi sueño en realidad, aunque por recomendación de un amigo, de a pocos, implementé los cambios en Le Beauté. Los modelos no necesitaban tener un estricto peso ideal, no era necesario que recurrieran al bisturí y tampoco debían ocultar algún rasgo particular como un gran lunar.

Tanta actividad me dejaba poco espacio para pensar en Yuri y cada día me decía que era lo mejor; pero esa mañana desperté con la imagen de mi hermano en sueños y después de llegar a la oficina de la agencia decidí llamarlo. Pedí a Nicolette, mi secretaria, que nadie me interrumpiera y me cerré en la oficina como si estuviera haciendo algo malo o como si estuviera presintiendo el desastre que iba a suceder.

Con cierto temor tomé mi celular y busqué el nombre de mi hermano, había borrado el sobrenombre que le di antes, “mi niño”. En su lugar puse “Yuri” a secas y pulsé la pantalla. Sabía que no me iba a contestar al primer llamado por eso insistí cuatro veces consecutivas.

—Hola. —Su voz sonó áspera y casi sin emoción.

—¡Yuri… feliz cumpleaños! —No sabía qué más decirle y me sentí estúpido.

—Sí claro —había perdido el entusiasmo e imaginaba la mueca de molestia que estaría haciendo ese instante—. Tengo que ir a Nefrit, gracias por la llamada.

—Yuri espera. Yo… yo te llamaba también para darte un gran regalo, es algo que tal vez no pensaste y espero que sea una buena sorpresa para ti —le dije convencido que él se sentiría entusiasmado por la sorpresa—. Es probable que Yakov te cite a ti y a Lilia a una junta en estos días para darte un documento importante. Hace unas semanas atrás firmé la transferencia de todas mis acciones de Nefrit a tu nombre y este acto se debe poner en el libro de actas de la empresa. Tienes el noventa por ciento de las acciones y Lilia continúa con su diez por ciento. Supongo que, como los dos se han entendido tan bien en esta temporada, será fácil que hagas todos los cambios que desees en la empresa y puedas llevarla por la ruta que tú quieras, hermano.

Yuri no dijo nada. Escuché como su respiración se hacía más pesada y decidí darle unos segundos de silencio para que pudiera asimilar la sorpresa y asumir la realidad de saber que la casa de modas sería suya por completo. Cuando el tiempo prudencial pasó decidí volver a hablar.

—¿Yuri estás ahí? —le dije mientras observaba las primeras gotas de lluvia primaverales precipitarse sobre la ventana de mi oficina.

—Gracias Víctor por alejarme definitivamente de vida. —Suspiró con fuerza y siguió hablando con voz cada vez más opaca—. Te salió muy caro deshacerte de mí.

—Yuri no es así como debes tomarlo… —No pude continuar.

—¡Cállate y escúchame! ¡Quiero que sepas todo lo que estoy pensando y sintiendo en este miserable momento!

Callé porque sentí que Yuri hacía un titánico esfuerzo para no quebrarse en el teléfono y mientras escuchaba todas las frases que resumían sus sentimientos, era yo quien se rompía una vez más y miraba cómo todos mis fragmentos se perdían en la nada. Tal vez nunca llegaría a recuperarlos ni volvería a estar entero.  

—¡Me siento ridículo y estúpido! ¡No sé qué mierda hacer con mi vida porque todo lo que había hecho hasta ahora se basaba en ti! —La voz de Yuri retumbó como una tormenta—. ¡Me usaste y cuando te aburriste de mí, corriste como un perro asustado a París! —Yo sabía que Yuri hablaba desde la rabia por eso me quedé callado para dejar que él sacara todo lo que hería su corazón—. ¡Imaginé una vida junto a ti, no me importaba que fuera una vida clandestina; pero contigo y no me importaba cuánto tendríamos que fingir y callar con tal de estar a tu lado! —Un interminable suspiro interrumpió sus quejas y finalmente sacó el dolor en un quejido—. Y… te amo tanto y te odio porque me estás botando de tu vida.

Sentí que el llanto ahogó sus palabras, sentí su silencio, sentí que tomó aire y seguí escuchando esos sentimientos dolorosos que había guardado todos esos meses de mi abandono.

—¿Eres feliz con Anya? —Yuri pasó la saliva con dificultad y su voz sonó como la de un cachorro herido—. ¿Me amaste?

—Yuri no te pongas así, yo… —No me dejó seguir.

—¿Por qué cambiaste de un momento a otro? —Sentía el peso de su llanto escurriendo a través de su voz—. ¿Acaso fingiste todo este tiempo? ¿Por qué me dejaste?

Lo sentí vencido y tuve tantas ganas de contarle sobre las amenazas. Decirle que si seguíamos juntos ambos iríamos a prisión o algo peor, pero callé porque sabía que él intentaría retar el peligro y no quería exponerlo.

—¡Yuri! —me vi obligado a interrumpirlo para que tomase algo de aire porque parecía estar ahogándose—. ¿Ahora puedo hablar yo? —No respondió y me pareció que mi niño secaba sus lágrimas con la mano—. Yo te amo Yuri porque eres mi hermano y nada va a cambiar esa verdad entre los dos. Durante el tiempo que tuvimos intimidad me sentí el hombre más feliz de este mundo y fuiste algo muy especial para mí, pero no podemos y no debemos seguir siendo amantes porque nunca seremos felices en las sombras.

—No me importaría… —Yuri se puso a toser para aclarar su voz y yo callé para tomar algo de aire y evité llorar también.

—A mí sí me importaría que no puedas mostrar tu amor al mundo, que no puedas salir en libertad a caminar por algún parque, que no puedas viajar con la persona amada sin que las miradas o las leyes de la sociedad te condenen. —Quería ser lo más razonable y lógico para hacerle entender mi posición—. Te amo Yuri y por eso quiero que seas feliz, que ames sin restricciones, que te muestres orgulloso junto a un hombre, que vivas sin miedo tu amor y que no tengas que dar explicaciones a nadie, mucho menos mentir como lo hiciste en el colegio.

Yuri parecía tragar su llanto y me escuchaba sin decir nada más, pensé que había logrado entenderme y aprobar la lógica de mi explicación. Pero su herido corazón se convirtió en el peor verdugo que puede existir en el amor.

—Yuri cuando todo este momento confuso y triste pase, podremos retomar ese cariño de hermanos y hacerlo crecer. —Confiaba en que mis argumentos llegarían a su corazón.

—Dejaste de ser mi amante, Víctor. —Con pocas palabras Yuri condenó nuestro amor—. Pero tampoco vas a ser mi hermano porque esa semilla jamás germinó entre los dos.

—Yuri no seas tan drástico no sabes… —Yuri no quiso escucharme más.

—¿Sabes Víctor? Por mí puedes ponerte un traje elegante, subirte a tu lujoso carro, conducir despacio por la carretera mientras te vas a la mierda con tu amor de hermano. —Yuri colgó la llamada y la nada me envolvió con sus frías alas.

Mis lágrimas cayeron sobre la brillante superficie de mi escritorio, no pude detenerlas y me quedé contemplando el nombre y la fotografía de mi hermano durante los siguientes segundos hasta que ambos se desvanecieron en la pantalla del celular.

Estaba perdiendo a Yuri, lo había dejado solo, con un futuro que él no podía decidir y con una gran empresa para manejar. Sabía que Lilia y Yakov cuidarían de él, pero no sabía cuán profunda era la herida que le dejaba.

El tiempo me hizo comprender lo cruel que había sido cuando tomé mis apresuradas decisiones y me dejé llevar por el temor. Pude haber hecho algo más. Por lo menos, ese uno de marzo, pude haber viajado a San Petersburgo y haberle explicado el porqué de mis decisiones con absoluta claridad, pero me limité a llorar como un niño que perdió algo valioso y sabe que jamás lo va a recuperar.

Desde ese día no volví a escuchar su voz, no volví a ver su bella sonrisa, esa que me costaba mucho arrancar de mi mente. El perfume de su cabello se evaporó y sus ojos de jade nunca más volvieron a iluminar mi camino.

Lo abandoné como el amo cruel que abandona a su pequeño gato en algún parque. Lo dejé solo frente a la vida, le quité mi amor de hombre y le quité mi protección de hermano. Sé que lo hice para evitar que le hicieran daño, pero también sé que lo hice para no responder por mis actos.

Cuando recuperé mis fuerzas y mi calma, me puse en pie, ensayé mi sonrisa para los demás, salí de la oficina y dejé que la agenda de ese día la manejara Nicolette. Tomé mi auto como dijo Yuri y me fui a un bar a emborracharme, a perder el sentido y dejar en las copas el dolor que me provocaba el adiós.

Desde ese día, el uno de marzo se convirtió en una fecha que prefiero no recordar porque su significado aviva mi angustia y me hunde una vez más en mis culpas.

Dicen que el tiempo es sabio consejero, por eso espero que este periodo de distancia y silencio se haya encargado de borrar el rencor en el corazón de Yuri para que me dé la oportunidad de hablar con él, para que sepa la verdad, para que entienda mis razones y no me niegue su sonrisa, su mirada, su voz y su amor.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

4 comentarios sobre “Tabú 71

  1. Sabes, me soñé con tu fanfic de tanto que me lo leo en las noches, soñé que la única forma en la que Yuri se encontrará de vuelta con Víctor era que este estuviera muriendo de VIH de tantos aventuras que tuvo, y al final le cuenta la verdad a Yuri y de porqué lo dejó. Ojalá no termine así,tengo algo de fe de que terminará bien

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  2. Diosss estoy sufriendo tanto con esta historia, es desgarradora pero necesito saber como va a terminar, me inspiras a seguir escribiendo sobre ellos, creo que terminaré mi fanfic de vampiros que hice de ellos y dejé inconcluso, debo darles un buen final a ellos, se lo merecen

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