Medidas extremas, para casos desesperados


¡Hola a todos!

Este OS fue escrito como premio a la dinámica por el cumpleaños de Yuuri Katsuki dentro del grupo de FB Victuuri is Love & Life. Nuestra ganadora de la rifa, Ale Martínez, nos proporcionó el siguiente prompt:

Supongo que iría a uno escolar, entre un profesor y un alumno. Podrían poner a Vitya como profesor y a Yuuri como su alumno, también puede ser al revés, supongo que eso sería todo (?) Me gustaría algo…entre hot haha, y romántico, claro si se puede”.

Y, como al cliente lo que pide, aquí tenemos el resultado. Esta es una historia entre un estudiante de la maestría de Administración llamado Yuuri Katsuki y su sexy profesor y asesor de proyecto, Víctor Nikiforov.

La idea original es de Natalia Solano, yo solo fui la humilde ejecutora. Aprovecho para dedicarle esta historia en las vísperas de su cumpleaños. ¡Felicidades, Naty! ¡Mil gracias por todo tu apoyo!

Sin más que agregar, espero esta historia sea de su agrado. ¡Disfruten!

PRIMER ACTO

—¡Eres un demente, Phichit Chulanont!

Las miradas de todos los presentes se centran en la persona que acaba de emitir el escandaloso sonido. El sonrojo en el rostro de Yuuri Katsuki llega a niveles inimaginables al percatarse de que todos los miran. Avergonzado, el chico de lentes de montura azul se sienta con rapidez. Pasando esa acción por alto, los demás estudiantes regresan a sus lecturas como si nada hubiera pasado.

 —Yuuri, no hagas ruido o me volverán a vetar de la biblioteca. —Conteniendo la risa, su compañero, Phichit, intenta razonar con él.

—¿Cómo quieres que me ponga después de lo que acabas de decirme? —pregunta Yuuri, sus grandes ojos cafés son lo único visible detrás del enorme libro que ha impuesto a modo de barrera entre el risueño Phichit y él.

—Lamento decirte, mi querido amigo, que es tu deber pagar la apuesta.

Yuuri lo observa. Le ruega con sus adorables ojitos por un poco de compasión; no obstante, Yuuri lo conoce a la perfección: sabe que Phichit es un verdugo malvado que no va a ceder por ningún motivo ante uno de sus constantes caprichos. 

—Está bien —suspira Yuuri con resignación después de unos minutos en los que Phichit se dedica a rogarle, fingiendo un chillido de cachorro herido—. ¿Cuánto tiempo debo llevarlo?

Phichit, emocionado hasta la médula, se apresura a sacar una pequeña caja, la cual contiene la penitencia que el buen Yuuri debe pagar por perder la dichosa apuesta. La tiende frente a él, para que la observe en su totalidad:

“Plug anal wireless”

—No sé si pueda hacerlo…

—¿Acaso lo que escucho es un dejo de duda en esa vocecita cantarina?

—No. —La respuesta es contundente, mas el tono contradice la aseveración.

—¿Será acaso posible que Yuuri Katsuki no sea capaz de saldar una apuesta que, de la forma más justa y honrada, fue ganada por su mejor amigo?

¡Eso sí que no! Yuuri puede aceptar muchas cosas, pero que pongan en duda su palabra, causa estragos en su orgullo herido. En definitiva, no puede permitírselo. Yuuri mira a su amigo con determinación y extiende su mano para sostener el objeto:

—¡Dame esa cosa! 

—¡Sabía que mi mejor amigo era un hombre de palabra! —Sonríe Phichit mientras pasa la misteriosa caja a su amigo—. ¡No me mires así!, yo no fui quién perdió la apuesta.

—¡Lo sé, Phichit, ya te dije que lo haré! —Yuuri se apresura a guardar la caja en su mochila—. ¿Cuánto tiempo debo traerlo puesto?

Phichit, quien a leguas se nota que está disfrutando el momento, compone un gesto de concentración para finalmente contestar la pregunta.

—El resto del día. —Con la mano derecha, Phichit hace énfasis en el tiempo—. Es la una y media, así que ya no queda mucho tiempo de clases, por hoy.

—Pero, Phichit-kun —en forma de ruego, Yuuri utiliza su última arma: llamar a su mejor amigo con ese sufijo que solo utiliza para él—. ¿No podría ser mañana? Hoy tengo asesoría con el profesor Nikiforov.

—¿Con Víctor? ¡No me acordaba!

—No finjas que no lo sabías.

—Claro que lo sé —señala Phichit con el índice—. Te ves más bonito cuando tienes tu ansiada asesoría. No sé cómo le haces, debe ser algo natural en ti.

—¡No es así! 

—Lo es, créeme. Aunque ¡puedes verte aún mejor! Víctor tiene que darse cuenta que te mueres por él.

—¡Yo no me muero por él! Y creo que deberías dirigirte al profesor Nikiforov como corresponde. Imparte clases en esta universidad, ¿recuerdas?

—Y nosotros somos estudiantes de maestría, mi estimado. Además, recuerda que nuestro querido profesor prefiere que nos dirijamos a él por su nombre de pila.

Yuuri tenía en cuenta ese detalle. Había conocido al profesor Nikiforov en su primer semestre de la universidad, y precisamente lo que explicaba Phichit había sido una de las pocas condiciones que el joven catedrático había impuesto en su clase.

—Soy solo cuatro años mayor que ustedes, no es necesario que me hablen con tanta formalidad.

Pasando por alto el hecho de que a Yuuri le costó todo su esfuerzo llamar al profesor Nikiforov por su nombre de pila y, de hecho, seguía refiriéndose a él como “profesor Nikiforov”, de inmediato, su materia se convirtió en su favorita de ese semestre, y no solo porque el profesor fuera increíblemente atractivo, si no porque Víctor Nikiforov tenía la facilidad para explicar temas que, en boca de otros, podrían sonar aburridos y monótonos. 

Al terminar el semestre, Yuuri se había deprimido levemente al darse cuenta que quizás no volvería a ver al profesor Nikiforov impartiendo clase. Sin embargo, el estudiante de la carrera de Administración de empresas, no contaba con el hecho de que Víctor también impartía otras materias además de Principios básicos de administración. 

Misteriosamente, las materias que impartía el profesor se volvían las favoritas de Yuuri. Pasado sexto semestre, Yuuri Katsuki tuvo que aceptar una realidad: tenía un crush innegable con el atractivo profesor Nikiforov.

No obstante, debido a su tímida personalidad y su alto deber moral como estudiante de esa prestigiosa universidad, Yuuri se resignó a dejar el asunto de su crush con el profesor Nikiforov como algo meramente platónico. Yuuri se alegraba al verlo dando clases, se contentaba con el breve saludo que le dedicaba cuando se encontraban en la cafetería y disfrutaba el pequeño vuelco en su corazón, cada vez que el profesor le sonreía cuando se veían a lo lejos en los pasillos. Víctor Nikiforov era como un ídolo que él admiraría por siempre y en apariencia, Yuuri estaba feliz con esa simple idea.

Pasaron los cuatro años reglamentarios para culminar su carrera y Yuuri supuso que su vida se alejaría de la universidad, así como de su amado profesor; no obstante, el destino le había brindado la oportunidad de estudiar una maestría y, lo mejor de todo, es que le fue asignado al profesor Nikiforov como asesor de su tema de investigación.

Una oportunidad única en la vida.

Yuuri disfrutaba mucho ese tiempo a solas con Víctor, las pláticas acerca de su tesis eran enriquecedoras y ambos se llevaban muy bien. O tan bien como podían llevarse alumno y profesor.  

—Ese suéter te cubre mucho, pero la camisa que traes abajo te favorece. Podríamos peinarte también. ¡Sí, definitivamente sin el suéter te verás más guapo! 

—¿Qué? —El comentario de Phichit logra sacar de su ensimismamiento a Yuuri. Phichit lo toma del brazo y, con el menor ruido posible, sale junto con su mejor amigo de la biblioteca. Yuuri solo alcanza a botar el libro que estaba “leyendo” y, para su fortuna, aterriza escandalosamente sobre el cesto de libros devueltos.

—¡Pero qué escándalo! —exclama la amargada bibliotecaria, quien de inmediato se apresura a colgar una foto de Phichit en el apartado de prohibición de entrada a la biblioteca.

—¡Oh, de nuevo me prohibieron la entrada! Espero que hayan puesto la foto que les proporcioné —lloriquea un tanto decepcionado Phichit. Luego, se encoge de hombros y, como si nada de lo anterior descrito hubiese pasado, prosigue a arrastrar a un renuente Yuuri hasta los sanitarios. 

—¿Qué haces, Phichit? —Antes de entrar al baño, Yuuri logra zafarse del agarre de su amigo.

—Te ayudo a pagar tu apuesta —concluye Phichit—. Aquí y durante las siguientes horas. ¡Ahora ve y pon eso en tu tierno trasero de durazno!

Yuuri traga saliva, el peso de la pequeña caja aumenta en su espalda, como si de plomo se tratase.

—¿Estás seguro que es seguro, Phichit? ¿Y si me lastimo?

—¡Qué va! He leído fics donde patinan con ellos puestos. 

—Eso es solo fantasía, ¿lo sabías?

—¡Vamos, Yuuri! Ya no pongas más pretextos. 

Yuuri suspira y acepta su cruel destino: debe entrar al baño, meterse ese plug en salva es la parte y andar como si nada por la vida durante el resto del día, de otra forma Phichit nunca lo dejaría tranquilo. 

—Vigila que no venga nadie.

—Por supuesto, mi querido licenciado.

SEGUNDO ACTO

—Hoy estás exquisitamente atractivo, mon chérie.

—¡Gracias! Entonces, ¿me veo bien? —Un joven profesor de cabello plateado platica casualmente en su pequeña sala de profesores con su compañero, Chris Giacometti. 

—Estaba a punto de preguntarte si tienes una cita hoy, pero recordé que es jueves. ¿Te toca asesoría con Katsuki?

—Así es —repone el profesor Nikiforov, apresurando un café a sus labios.

Chris sonríe coqueto y se recarga con soltura en el respaldo del mullido sillón que comparte con el profesor Nikiforov. Con las manos entrelazadas y sus piernas cruzadas, observa atento al atractivo profesor, quien luce muy apuesto. El traje gris claro ceñido a su cuerpo combina a la perfección con el cabello en tonos plateados que se encuentra cuidadosamente peinado con el producto, que Chris puede apostar, es el más caro de la ciudad. Zapatos negros perfectamente lustrados, calcetines a juego, mancuernillas para ocasiones especiales y una sobria y elegante corbata que hace juego con el tono acuamarina de los ojos del profesor Nikiforov, complementan el vestuario. Chris piensa que cualquier persona con un poco de líbido no dejaría pasar la oportunidad de retozar gustoso con semejante ejemplar. No obstante, el profesor Giacometti, experto en idiomas, sabe que siempre, en cualquier supuesto, hay una excepción a la regla.

Y esa excepción tiene por nombre Yuuri Katsuki.

—Sin embargo, mi querido profesor —Chris cambia su postura para sujetar con delicadeza la mandíbula del atractivo profesor acercando su rostro peligrosamente. Un clásico movimiento de seducción en su haber—. ¿No ha exagerado hoy con su arreglo?

—La asesoría está a punto de comenzar, será mejor que te alejes.

Chris emite un silbido impresionado y, con parsimonia, se aleja de su colega. 

—El punto, mi atractivo profesor, es que Katsuki no se dé cuenta que mueres por él.

—¡Pero es que yo muero por Yuuri! —contesta con vehemencia Víctor con el corazón en la mano—. Aunque, parece que él no se da cuenta. Eso duele mucho, ¿sabes?

¿Es eso cierto? Chris rememora su primer año como profesor. Tener un atractivo innato en la mayoría de los casos supone una ventaja; no obstante, en una universidad donde los jóvenes están aún explorando las delicias del amor, tal vez ser guapo no es la mejor opción. 

Desde su ingreso, el profesor Giacometti ha sido el centro de atención de alumnas, alumnos, profesores y cualquiera que guste de un guapo rubio de ojos coquetos. 

Afortunadamente, el rector, Yakov Feltsman, en uno de sus tantos arranques de ira, le mencionó a Chris, en su  primera semana de clases, que la historia se repetía y que eso le pasaba por contratar a otro candidato que más que profesor, parecía modelo. 

Tan intrigado hubo estado, que Chris se quedó esperando con paciencia en la dirección hasta averiguar la razón de ese comentario. Fue ahí donde conoció a Víctor, quien igual de asediado que él, prefería mantenerse al margen la mayor parte del tiempo posible en la sala de profesores que tenían asignada.

Con el tiempo, ambos se hicieron amigos al compartir un problema principal en sus vidas como profesores. Sin embargo, Chris se percató de que algo más aquejaba al guapo profesor Nikiforov. 

—¿Tan tarde y corrigiendo exámenes? —en esa ocasión, Chris estaba a punto de irse. Era viernes por la tarde en fin de mes y la mayoría de estudiantes e incluso profesores ya no se encontraban en el campus. 

—Solo estoy repasando las respuestas —se limitó a contestar Víctor, la forma delicada con la que tomaba el examen, llamó la atención del astuto profesor. Chris se acercó para contemplar el dichoso examen. Calificado con la nota más alta, se encontraba coronado por el nombre: Katsuki Yuuri.

—El examen perfecto, Katsuki es sin duda, un excelente alumno.

—¿Lo conoces?

 —Este semestre toma francés básico conmigo. Su acento es sexy…

El comentario, hecho con todo el dolo posible, cumplió su cometido: Chris puede darse una idea del crush que el profesor Nikiforov tiene para con su alumno. Quizás, como docente, Chris debió decirle a su colega que no era muy bien visto que un maestro estableciera un vínculo amoroso con un alumno. Quizás lo mejor sería aconsejarle a Víctor que desista de ese “amor imposible”. Sí, quizás… lástima que la palabra quizás no es sinónimo de seguramente, pues a partir de ese momento, Chris animó a un renuente Víctor a confesar sus sentimientos para con Katsuki, ya que por su parte, el cupido Giacometti, como él mismo se denominaba, había observado al objetivo. No tenía duda alguna: Yuuri Katsuki también gustaba de su querido amigo; no obstante, había un detalle enorme que representaba un importante obstáculo en su labor como agente del amor.

—Yo insisto que solo es extremadamente tímido. —En el presente, Chris exclama su acostumbrado argumento, mas no por decirlo el asunto estaba arreglado.

—Lo sé. —Por enésima vez, Víctor acomoda su elegante corbata, observa una vez más el reloj, antes de agregar—: y mira que he intentado de todo para conquistarlo. ¿Es que acaso no soy lo suficientemente atractivo? 

Víctor compone un simpático puchero acompañado por algo que suena como «Yuuri representa un golpe bajo a mi autoestima, ¿sabes?». Chris ríe una vez más y, ante el rostro ofendido de su mejor amigo, decide asestar el acostumbrado argumento:

—Tienes que aceptar que tampoco eres la persona más directa en el mundo, ¿lo sabes?

Muy a su pesar, Víctor intenta refutar en un principio, sin embargo, al serle imposible encontrar un buen argumento, el joven profesor opta por cerrar la boca. Chris suspira, resignado.

—Víctor, cada día que pasa significan veinticuatro horas menos de posibilidades de expresar tus sentimientos. —El semblante de ambos luce serio, el tema es delicado, por supuesto—. Podía comprender tu renuencia cuando Katsuki era estudiante, sin embargo, eso es cosa del pasado. Actualmente, él está estudiando una maestría. El destino lo puso de nuevo en tu camino y tú sigues sin declarar tus sentimientos. ¿Qué estás esperando, amigo? Probablemente después de terminar su maestría, Katsuki ya no vuelva a la universidad nunca más.

—No es como que ambos seamos perfectos desconocidos…

—Te la compro, ¿tienes su número de celular?

—Por supuesto, ¡tiene a su tierno perrito Vicchan como foto de perfil!

—¿Has hablado con él de otro tema que no sea estrictamente académico?

—Sí. El otro día, compartimos nuestras impresiones acerca de marcas de pañales para perros.

Chris contiene, con toda su fuerza de voluntad, las ganas de golpearse con la mano en la cabeza. En su opinión, Víctor es todo un conquistador, ¿por qué se contiene tanto cuando se trata de Yuuri?

—¿Amas a Yuuri, Víctor? —inquiere Chris, con seriedad. La reacción de Víctor no se hace esperar, un hermoso sonrojo cubre las mejillas pálidas del docente. Al principio, Víctor queda sin habla, mas no tarda mucho para recuperar la compostura.

—No es como que yo ame a Yuuri, no lo conozco lo suficiente —con la mano nuevamente en el pecho, Víctor intenta explicar ese extraño sentimiento—. Es solo que, cuando lo veo, siento mi corazón latir muy fuerte. Es como si ese bombeo constante me dijera que debo estar con Yuuri. Lo siento aquí dentro. Hay una conexión muy fuerte entre ambos. 

—¿Quieres que te sirva más café? —Víctor parpadea un par de veces debido al cambio abrupto en la conversación. 

—Te lo agradecería. Yuuri llegará en cualquier momento, lo mejor será que me vaya alistando. 

Víctor se dirige al baño para terminar de verificar si está “presentable”. Aprovechando el momento, Chris se acerca a la cafetera y, una vez servida esa bebida que más que un simple líquido, parece el combustible de todo adulto funcional; saca de su bolsillo una simpática pastillita azul, la cual destruye hasta convertirla en polvo con una de las tazas del lugar. 

Ignora Chris si su plan funcionará, ruega que el mismo dé frutos y no tenga graves consecuencias. No es mala voluntad o algún afán por perjudicar a Víctor, es solo que si el bendito sildenafilo no ayuda a ese par de tórtolos a pasar a primera base, nada, absolutamente nada lo conseguirá.

Medidas extremas, para casos desesperados.

—Igual y se saltan esa primera base —musita Chris para sí.

—No sabía que te gustara el béisbol —comenta Víctor, tan impecablemente arreglado que parece emitir un brillo natural de él—. Te ves más del tipo que le gusta el patinaje artístico.

Chris observa cómo Víctor toma con ansias el café, el profesor se detiene a la mitad y adopta una expresión confundida, dirigida hacía el líquido oscuro. Giacometti decide que es mejor distraerlo un poco:

—Tienes razón, soy del tipo que disfruta ver a los patinadores ejecutando piruetas. Sus traseros son como arte.

—¿Chris?

—Dime, mon chérie

—No vuelvas a prepararme un café. Esto sabe horrible.

—Como tú digas, querido, como tú digas.

TERCER ACTO

Acostado sobre la mullida alfombra, Yuuri Katsuki se deja vencer por el placer que embriaga su cuerpo. El vaivén constante provocado por cada estocada de Nikiforov, liberan las endorfinas suficientes para que Yuuri gima con fuerza y se sujete con firmeza de esa espalda ancha del cuerpo que se encuentra encima de él. 

«Esto está mal». No puede quitarse ese pensamiento, mas no por eso deja de sentirse tan bien… Yuuri intenta recordar, con el poco raciocinio que le queda, cómo es que una simple asesoría ha llegado a estas instancias sexuales. 

Después de subir las escaleras, Yuuri da la vuelta y comienza a caminar con lentitud por el largo pasillo que lo conduce a la salita del profesor Nikiforov. Puntual, como el buen estudiante que es, llega temprano a su cita que en otras circunstancias, sería el momento más feliz de su día.

De no ser claro, por el bendito plug que vibra levemente dentro de su trasero.

Un punto a su favor, en el pequeño lapso de tiempo que ha tenido ese objetivo obstruyendo su retaguardia, es que afortunadamente no ha representado mayor inconveniente para sus actividades escolares. Acostumbrarse al plug no fue difícil, solo debía ser cuidadoso de no lastimarse.

Por fin, Yuuri y su clásica mochila al hombro llegan a la puerta de la sala de maestros. El muchacho opta por esperar en el pasillo, pues  escucha que el profesor Giacometti está platicando con su asesor. 

«Mejor espero afuera», Yuuri se queda parado, fuera de la vista de ambos profesores. No es que no le agrade el profesor Giacometti, es solo que la sexy figura del profesor de idiomas representa cierto peligro para él…, y su trasero. Lo mejor es no tentar al destino hoy. 

Cuando esperamos tendemos a divagar: «¿habré cerrado la puerta de mi casa?», «¿qué sería bueno cenar hoy?», «¿fue beso o fue abrazo?». En este caso, Yuuri no es la excepción. El muchacho acaba de recordar que debía traer una prueba gratis de los pañales para perro que él prometió entregarle al profesor Nikiforov la sesión anterior; por lo que, Yuuri descuelga su mochila del hombro y mientras rebusca dentro de ella comienzan los vestigios de su inevitable desgracia.

«No puede ser», piensa un desesperado Yuuri, quién para evitar gritar del placer producido por el plug que vibra cual celular con notificaciones de un chisme enorme en whatsapp, se pone de cuclillas rogando con todas sus fuerzas que la tierra se lo trague.

—¡Yuuri! ¿Todo bien? ¿Qué haces en el suelo?

La profunda voz del profesor Giacometti funciona como una catapulta que eleva al más joven y lo forza a levantarse, provocando que el plug se vuelva a activar con ahora mayor velocidad. 

—Yo estaba… ¡estaba recogiendo un lápiz que se me cayó! —con todas sus fuerzas, Yuuri intenta sonar casual.

—¿Te sientes mal? —pregunta Chris. Yuuri asiente enérgicamente, las vibraciones dentro de su ano continúan y él no puede sentirse peor. Yuuri siente el tacto de una fría mano posándose sobre su frente—. Tienes muy coloradas las mejillas.

—E… estoy bi… bien.

—¡Oh, Yuuri! Con esa voz podrías conquistar a un ejército. Supongo que es la emoción de la asesoría. No olvides cerrar la puerta, querido.

Una vez que el profesor Giacometti se marcha, Yuuri toma el picaporte para entrar a la sala de profesores. Toca y, ante el permiso de Víctor de pasar, cierra la puerta tras de él. 

—Bienvenido, Yuuri. Te estaba esperando.

Ante esa voz varonil, Yuuri siente sus piernas flaquear. ¿Es su imaginación o el ritmo del plug ha aumentado? La sala de profesores no era muy grande, de hecho, en el campus hay diversas salas. Los profesores suelen compartirlas entre dos o tres colegas, de esa forma, es cómodo realizar asesorías personalizadas con los alumnos de postgrado. 

La salita en cuestión es de uso exclusivo para el profesor Nikiforov y Giacometti. Con un escritorio al fondo y otro más pegado a la ventana cubiertas con cortinas semitransparentes, entre el camino al escritorio de Víctor y la puerta hay un cómodo sillón donde Chris prefiere realizar sus asesorías. Eso más la cafetera y una pequeña mesita constituyen el pequeño sendero que Yuuri debe atravesar para llegar a su destino; no obstante, en ese momento parece el interminable camino de la serpiente.

Al fin, después de lo que se siente como una eternidad, el alumno de postgrado llega a su destino. Con la excitación creciente en su ser, Yuuri escucha a lo lejos la instrucción de Víctor de sentarse frente a él y, con cuidado, procede a hacerlo.

«Maldición», piensa el joven al no poder evitar reprimir un gemido que surge desde el fondo de su garganta. Yuuri llega a una resolución: lo mejor es cancelar la asesoría por hoy. Está a punto de hacerlo, cuando Víctor comienza la conversación.

—Recibí el correo con los avances de tu trabajo de investigación. En verdad, Yuuri, creo que es un gran tema el que has escogido. Estoy complacido con el avance que llevas hasta este momento.

Yuuri traga saliva e intenta serenarse, quiere hablar y decirle al profesor Nikiforov que hoy no se siente bien y que solo entró a pedirle permiso de tener esta asesoría otro día. Mas sabe que sus intentos serán en vano, Víctor está absorto en su conversación y Yuuri en lo atractivo que luce hoy su profesor.

—Solo tengo una observación, ¿el objeto de estudio de tu investigación es el restaurante que dirigen tus padres?… ¿Yuuri, me escuchas?

—Sí, yo…. ¡Ah, sí! ¡Así! no quiero decir, es así…

Requiere toda su fuerza de voluntad no abalanzarse sobre el apuesto profesor. Yuuri ha tenido que suprimir ese sentimiento que emana de su corazón, desde que se dio cuenta de la atracción que ha tenido para con Nikiforov, años atrás. Yuuri ya sabía que esas asesorías serían una dulce tortura, mas el sentimiento de sentirse escuchado por Víctor y la satisfacción de ver ese hermoso rostro alumbrarse con una sonrisa cada que él le mostraba un avance, eran un premio que a él le encanta obtener. Cuando acabara su maestría, probablemente Yuuri no volvería a la universidad, así que de momento el alumno pedía al cielo un poco más del tiempo de Víctor en espera de aprovecharlo al máximo.

Es por eso que Yuuri agradece al cielo cuando detecta en su ser que la vibración del plug se ha detenido. Escucha con atención la pregunta que formula el profesor y, aún con el tono más ronco de lo acostumbrado, logra formular una oración coherente:

—El restaurante de mi familia es pequeño. Junto a mi hermana planeamos una expansión, por eso mi interés de hacer esta maestría… —Es malo cantar victoria en cualquier competición y en este caso, en su competencia contra el bendito plug, pues ahora se ha activado con más fuerza, lo que provoca en Yuuri un gemido intenso entre esta y la última palabra que logra responder: —profesor.

Huir es la opción que se le antoja más, pues no es tonto y sabe que el profesor Nikiforov se ha percatado del sonido lascivo y, seguramente, ahora piensa que es un completo depravado. Yuuri intenta levantarse para salir despavorido del lugar, más el amago de hacerlo provoca otro espasmo en su trasero y otra exclamación sugerente se suma.

—¿Estás bien, Yuuri? —La voz del profesor Nikiforov suena preocupada, Yuuri se siente morir por placer y por pena. Reprime otro gemido para poder contestar:

—Sí.

Finalmente, después de lo que parece una eternidad, Yuuri escucha a Víctor decir que la sesión se cancela y es mejor que la programen para otro día. Yuuri siente escocer sus ojos, se arrepiente de haber aceptado cumplir la tonta apuesta con Phichit, pues ahora Víctor seguro se ha decepcionado de él. 

«Y yo que pensaba declararme cuando obtuviera la maestría». Piensa Yuuri decepcionado. Se arrepiente, pues en ningún momento contempló que este absurdo asunto de las apuestas terminara en una situación tan vergonzosa como esta.

Cuando Yuuri intenta preguntar cuándo debe volver, por respuesta escucha con un sonido similar al suyo, pero esta vez proveniente de la garganta del profesor Nikiforov. Por instinto, Yuuri toma la mano de su maestro y pregunta:

—Profesor, ¿está bien?

—No. —El tono entrecortado del profesor preocupa a Yuuri, provocando que, de momento se olvide del constante vibrato en su trasero—. Te suplico que te vengas… ¡no! que te vayas… mañana… mañana podremos terminar esta reunión.

Yuuri traga saliva y siente cómo el frío sudor se escurre por su cuello. Quiere saber si Víctor se encuentra bien, pues al verlo a detalle, el profesor se muerde constantemente los labios y un ligero sonrojo inunda sus pálidas mejillas. Sin embargo, lo más prudente es salir de ahí.

Empero eso planea Yuuri, sus piernas planean otra cosa. Por ejemplo: ceder ante su peso y la excitación. Yuuri resbala y cae de rodillas sobre la alfombra. Es imposible a estas alturas acallar su voz.

Una mano lo toma con suavidad y una grave voz le pregunta por su bienestar. Es la misma voz que ha soñado desde hace años, esa que lo hace suspirar y querer ser mejor cada día. Yuuri dirige su mirada a esos ojos azules que brillan y lo miran con una expresión difícil de explicar. Yuuri levanta la mano y acaricia la suave piel de su profesor. Se deleita al tacto y quiere saber si los labios entreabiertos frente a él son igual de suaves.

Al diablo todo el raciocinio, Yuuri se acerca con lentitud a su profesor. En medio del beso, suspira por ese nombre que tiene grabado en el corazón.

—Víctor…

Desde el momento en que Víctor ve a Yuuri entrar por la puerta de la salita de maestros, el profesor queda mudo de la impresión. ¿Acaso ese último café que tomó tenía algo extraño? Yuuri luce precioso con su cabello azabache peinado hacia atrás y la camisa negra, cuyas mangas largas están arremangadas a ¾. Víctor jura escuchar un coro de ángeles al ver a su mejor alumno sonreír. Ruega que nadie lo despierte si esto es un sueño.

Después del acostumbrado saludo, Víctor invita a su alumno favorito a tomar asiento. ¿Es su imaginación o Yuuri ha emitido un ligero y excitante quejido al sentarse frente a él?

Con disimulo, Víctor afloja ligeramente su impoluta corbata. Comienza a hacer calor en la salita, aún así Víctor prefiere adoptar su clásico tono profesional y comienza por retomar el tema de la asesoría. No obstante, la respuesta de Yuuri intensifica el calor creciente en la temperatura de Nikiforov.

La exclamación del último sensual gemido causa que ambos no puedan dirigirse la palabra por un largo tiempo más. El rostro de Yuuri se contrae y sus ojos parecen mirar a la nada. Separados solo por el escritorio, Víctor no puede evitar notar que las mejillas de Yuuri lucen un sonrojo natural que hacen que el rostro de su alumno luzca más atractivo. Con disimulo, el profesor dirige su mirada a esos labios, que entreabiertos exhalan aire de forma irregular. Víctor pasa saliva con dificultad, para sacar el pensamiento de querer arremeter contra esa boquita e intenta fijar su concentración en otro asunto.

—Solo tengo una observación, ¿el objeto de estudio de tu investigación es el restaurante que dirigen tus padres?… 

Otro gemido y los puños cerrados de su alumno, preocupan al profesor.

—¿Yuuri, me escuchas?

—Sí, yo…. ¡Ah, sí! ¡Así! No, quiero decir, es así…

—¿Es una empresa pequeña? Es importante mencionar esto porque, sería muy extraño que una empresa grande o mediana no contara con una planeación estratégica adecuada. De ser así, tu investigación tendría que centrarse en otros puntos de control interno.

—El restaurante de mi familia es pequeño. Junto a mi hermana planeamos una expansión, por eso mi interés de hacer esta maestría… ¡Ah!… Profesor —La voz de Yuuri endulza el oído del acalorado profesor, es sedosa y sensual.

La sangre de Víctor se congela y, para remediar el brusco cambio de temperatura, comienza a agolparse en su corazón, con furia. La respiración del profesor comienza a entrecortarse. No es su imaginación, la voz de Yuuri es apenas un quejido increíblemente provocativo. Nervioso, el profesor Nikiforov, acomoda los papeles que tiene frente a él en un vano intento de no pensar en Yuuri y su excitante voz.

Aun frente al panorama sexy que tiene frente a él, la preocupación natural que Víctor tiene hacia Yuuri prevalece. 

—¿Estás bien, Yuuri?

—Sí… ¡Ah! —suspira el aludido consiguiendo en vano reprimir otro gemido. La sangre que, en un principio bombeaba a su corazón, parece que ha encontrado otro camino más divertido, pues ahora se concentra en su miembro, acrecentando su tamaño.

Esto no puede estar pasando. Piensa Víctor, quien dirige con disimulo su mirada a su entrepierna y ve ahí el producto de su excitación.

—Creo que será mejor dejar la sesión para otro día. —En voz baja, Víctor da la indicación. Centra su mirada en el hombro derecho de su alumno e intenta respirar con tranquilidad. No obstante, el sonido de duda que Yuuri emite ante el comentario suena en extremo lascivo. Víctor no puede evitar emitir un sonido similar. 

—¿Profesor? —el tacto de su mano contra la de Yuuri le provoca a Víctor una corriente eléctrica que viaja de su mano por todo el cuerpo y, para su infortunio, desemboca en su pene. Esta erección está fuera de control—. ¿Está bien?

—No —admite Víctor. Un dejo de culpa inunda su voz. No quiere parecer un pervertido, un aprovechado. No frente a Yuuri. Le duele en su noble corazón que Yuuri pudiese pensar eso de él—. Te suplico que te vengas… ¡no! que te vayas… mañana… mañana podremos terminar esta reunión.

Después de lo que a Víctor le parecen siglos, Yuuri retira su cálida mano de la suya y Víctor observa a Yuuri flaquear cuando intenta pararse de la silla. Yuuri se resbala y cae en el suelo, sosteniendo su peso sobre sus rodillas.

—¡Yuuri! —Sin importarle nada más, Víctor corre en su auxilio. Toma a Yuuri de los hombros y queda anonadado ante la belleza de su alumno. 

Observa esos ojos en tonalidad chocolate, que se han derretido ante el oscuro deseo y que lo miran con lascivia que él creyó inexistente en el muchacho. Yuuri respira de modo entrecortado, cada respiración viene acompañada de un exquisito gemido. En su frente, perlada de sudor, se pegan algunos cabellos rebeldes que le proporcionan al maestro el cuadro más seductor que ha visto en su vida. 

—¿Estás bien? —pregunta el preocupado maestro, mas calla al sentir el tacto cálido de una mano que acaricia su mejilla. Calla y cierra los ojos para dejarse llevar por esa caricia que lo acerca lentamente a unos suaves y exquisitos labios que ahora se mecen contra los suyos. 

Víctor se deja llevar por ese sentimiento que ha cargado consigo desde hace tiempo. Cualquier intento de evitarlo, cualquier pensamiento racional en su ser, cualquier amago de detenerse de hacer lo que está a punto de hacer, desaparece ante la mención necesitada de esa voz que lo llama y lo invita a perderse en el placer.

—Víctor…

—Yuuri. —La respuesta del profesor alegra el excitado corazón del más joven, aunque las palabras aquí ya no caben. El deseo ha sucumbido a ambos seres.

Víctor intensifica el beso e introduce su lengua en la boca de Yuuri. Lo saborea y se deleita al sentirlo derretirse ante la caricia. Víctor y Yuuri se acarician sobre la ropa los brazos, el torso. Pasan las manos por la espalda, se aprietan contra sí friccionando sus miembros sobre los pantalones. El tacto, a pesar del estorbo, es exquisito. El deseo reprimido de ambos comienza a liberarse y la ropa comienza a sobrar.

—Sácalo… por favor, sácalo. 

—¿No querrás decir “mételo”, mi amor? —Víctor se encuentra besando el cuello de Yuuri, la risa que lo hace exhalar por el comentario, causa que otro dulce gemido surja desde el fondo de la garganta de Katsuki—. Aún debo enseñarte mucho. Déjame ser tu profesor, mi Yuuri.

Yuuri lo aparta un poco, la cara de consternación de Víctor no se hace esperar. A pesar de su respiración entrecortada, la mirada de Yuuri, por primera vez, brilla con decisión.

—El plug, Nikiforov. Te ordeno que me saques el plug del trasero.

El cerebro y así como el poco raciocinio que aún existía dentro el profesor Nikiforov termina por extinguirse. Yuuri, su inocente Yuuri traía un plug dentro de su… el deseo por culminar la excitación acumulada en su miembro se ha incrementado ahora, ante ese pensamiento.

Intentando por todos los medios separarse lo mínimo posible, Víctor logra deshacerse de los pantalones de Yuuri e introduce su mano dentro del boxer de su alumno. El profesor encuentra el plug que vibra sin piedad y lo sujeta, para sacarlo.

Una vez fuera, Víctor besa con suavidad a Yuuri. Se derrite en el beso y espera que con eso Yuuri pueda ser consciente de sus sentimientos. Debe hacer una pregunta antes de comenzar:

—¿Estás seguro de esto, Yuuri? —Víctor traga saliva, esperando la respuesta. Como consecuencia, Yuuri abraza al profesor por las piernas, para aproximar ambos miembros erguidos por la excitación.

—Víctor, hazme sentir bien.

Dos amantes se abrazan con dulzura, con todo el amor que se profesan sobre una mullida alfombra. Dos amantes recuperan la respiración después de desfogar su pasión reprimida en un encuentro que, a simple vista, podría parecer casual. Mas todos somos testigos que  aquí hay algo, un amor floreciente del cual, solo los implicados eran “ignorantes” de su correspondencia.

—Eso se sintió tan bien. —Víctor suspira y abraza a Yuuri contra sí. Desde el ángulo en el que están cualquiera que pase no se percataría de los dos amantes que yacen sobre la alfombra—. ¿Se sintió bien para ti, Yuuri?

—Lo fue. —El más joven aprieta el abrazo y Víctor quiere estar contento, más su conciencia ahora le está hablando al oído. Hay cosas que aclarar—: Yuuri, yo… no quisiera que pensaras que soy esa clase de persona que solo tiene un desfogue y después se olvida de las cosas. No es así.

Víctor busca ver ese par de ojos cafés que desde hace tiempo son su perdición y ahora lo observan expectantes.

—Tú me gustas mucho, ¿sabes? Me has gustado desde hace mucho tiempo. Yo quisiera… si tu quieres… nosotros…

Víctor no puede gesticular nada más, un par de manos lo han acercado a una boca que ahora lo besa con mucho amor y ternura. Al finalizar el beso, una voz cantarina y feliz le responde:

—¡Sí, sí quiero! —Yuuri se abraza al torso de Víctor y desde su posición declara—: Tú también me has gustado mucho desde hace tiempo. Yo… quería decírtelo cuando terminara la maestría.

—Me alegra que no hayas esperado. —Con la mano, Víctor acaricia el cabello azabache y disfruta su suavidad—. Aunque, ¡qué atrevido! ¡Te pudiste haber lastimado!

Yuuri, rojo como un tomate, balbucea que puede explicar lo sucedido. Víctor ríe abiertamente y lo vuelve a abrazar. Ya habrá tiempo para explicaciones. Habrá tiempo para hablar. En estos momentos importa que ambos se han declarado y el futuro que les espera es prometedor.

Fuera del aula, un par de orejas chismosas escucha atentas la conversación dentro de la salita. Al fin, después de tanto tiempo las cosas tomaban el ritmo correcto.

—Maquiavélico de tu parte usar como pretexto esa absurda apuesta, monsieur Phichit.

—Tan maquiavélico como ponerle viagra a la bebida de su amigo, “profesor” —inquiere el pícaro muchacho.

—Esos dos necesitaban un empujón de proporciones exorbitantes —resuelve Chris, para sustentar sus razones.

—Me alegro que estén juntos, por fin. Espero que Yuuri no se enoje por esto.

—¿Después de semejante desfogue de placer? —Chris finge escandalizarse con un gesto en la mano—. ¡Sería muy descarado de su parte! Después de todo, vigilaste los pasillos para que nadie se asomara por aquí. 

—Igual que tú —inquiere Phichit—. ¡Y me alegra haberlo hecho! Vaya que hicieron ruido… otro día más con ese tira y afloja, y me hubiera vuelto loco. Yuuri, en verdad muere por Víctor.

—Y Víctor por Yuuri.

—¡Par de tórtolos enamorados! —Al escucharse hablar al unísono, el par no pudo evitar reírse por el comentario. Al final, aunque de una forma muy extraña, la intención de Chris y Phichit es ayudar.

—Creo que un par de personas nos deben una explicación, ¿no lo crees, Yuuri? —la voz del profesor Nikiforov interrumpe la alegría de Phichit y Chris. De inmediato, ambos se paralizan por la sorpresa y el miedo.

Yuuri se encuentra al lado de Víctor, ambos completamente vestidos y tomados de la mano. El alumno entrecierra los ojos y observa con seriedad asesina a su mejor amigo.

—Es lo mismo que pienso, Víctor.

El aura asesina de la nueva pareja de tórtolos provoca que Phichit y Chris salgan corriendo, despavoridos del lugar. 

FIN

¡Y con esto pagamos el segundo OS que tenemos pendiente! Espero lo hayan disfrutado mucho, ya que fue escrito con mucho cariño y amor n.n

Vuelvo a agradecer a mi querida Naty, quien me ayudó con la idea principal y con su acertado beteo. ¡Te adoro! Nos vemos pronto en otra actualización. ¡Cuídense mucho!

xoxo

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

5 comentarios sobre “Medidas extremas, para casos desesperados

    1. Hola
      ¡Muchas gracias por leer! Me alegra mucho que hayas pasado un buen rato leyendo esta historia.
      Sí, pobrecitos, pero igual, podían haber ideado algo menos sexual para juntar a esos dos… aunque me imagino su desesperación XD

      Me gusta

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