Tabú 65


Ni la felicidad que sentía con su abrazo, ni el mar de placer en el que me bañaba junto a él, ni la perfección de sus pequeñas imperfecciones, ni el dulce licor de sus besos; nada que proviniese de Yuri era suficiente para mí.

Quería su boca tanto como sus palabras, quería su piel tanto como el calor que encontraba en ella, anhelaba sus ojos y el misterio de su mirada, deseaba sus sabores al igual que sus suspiros, tenía hambre de su sexo como de su éxtasis.

No era suficiente ser el dueño de su cuerpo, también aspiraba a poseer su alegría y su pena, su ira y su llanto, su pasado y su futuro, sus sueños y sus pensamientos. Porque Yuri tenía todo aquello que yo anhelaba en mí y sin su sonrisa mañanera el día me iba pésimo.

Yuri había pasado de ser mi hermano a ser mi universo completo y de tanto querer que fuera mío fui yo quien se entregó por completo, lo amaba como la tierra sedienta ama a la lluvia y como el ave ama las ramas de los árboles para anidar.

Con la misma intensidad que lo amo ahora.

Pero nada es eterno y cuando el amor es prohibido hasta por los dioses, cuando los creadores les dicen a sus creaturas, hecha a imagen y semejanza suya, que no haga aquello que ellos sí se atrevieron a hacer, entonces el amor también tiene un final. Esa fecha llegó un frío mes de enero, recuerdo bien el día y hasta recuerdo bien el momento exacto en que supe que debía dejar a Yuri.

Como cada mañana llegué a mi despacho, estaba ocupado adelantando trabajo con el contador y el administrador de la empresa cuando de pronto Tanya, mi secretaria, ingresó a la oficina portando una bandeja con café bien caliente. Agradecimos la atención y ella dejó las tazas sobre la mesa de centro de la sala.

—Reorganicé todas sus citas para mañana señor —dijo antes de cerrar la puerta y los tres volvimos a agradecer.

El contador tomó sus gafas y las limpió con especial cuidado con ese pequeño paño color púrpura que siempre me llamó la atención, el administrador se puso en pie y aprovechó el momento para estirar los músculos y yo hice lo mismo sobre mi sillón, cerré los ojos y moví mi tenso cuello.

Se avecinaban días así de recargados, debía viajar en seis semanas a Paris para acompañar a mi madre durante su segundo tratamiento de quimioterapia y tal vez tardaría en regresar a Nefrit un buen tiempo hasta que ella se recuperase, yo asumiera el control de Le Beauté y organizara mi agenda de tal forma que me permitiera atender a ambas empresas a la distancia.

«No será imposible hacerlo», me dije muchas veces.

También debía buscar un lugar apropiado para que Yuri y yo pudiéramos vivir con comodidad, sabía que él elegiría estudiar en Paris en la CBSC que Lilia tanto le recomendaba y por lo mismo debía ubicar un sitio cercano a la escuela para que él tuviera la facilidad de movilizarse por la ciudad luz.

En solo unos cuantos segundos todas esas ideas corrieron por mi cabeza, pero las dejé pasar para concentrarme en el trabajo. Había prometido pagar horas extra a mis dos colaboradores y ellos ya habían trabajado muchos documentos de antemano. Solo nos restaba acomodar las fechas de presentaciones para los siguientes seis meses, compras, pagos y unir esa planificación con la agenda de las fábricas de la India para entrar en inmediata producción. Era como armar un rompecabezas, pero en lugar de tener piezas menudas para colocar teníamos que organizar datos.

Recuerdo bien cuando ingresó la primera alerta de una llamada y yo me sorprendí porque era mi celular personal el que sonaba, así que miré el número de contacto y era uno que no tenía registrado. Pensé que se habían equivocado y silencié las alertas para que no volvieran a interrumpir mi trabajo; pero antes de cerrar la pantalla ingresó un mensaje enviado por el mismo número. Recuerdo bien que decía urgente y que estaba escrito en letras resaltadas.

Sabía que debía ignorar el mensaje, pero no sé qué fue lo que despertó más mi curiosidad, si la insistencia con la que enviaron los siguientes tres mensajes o el logo de la fotografía de identificación que me pareció haber visto en algún lugar.

Así que, mientras el administrador y el contador tomaban con calma el café, yo abrí el primer mensaje que me enviaron y lo que vi cortó mi respiración. No era posible, ¿cómo podían haberlo hecho?, ¿quién les daría la voz de alerta?, ¿cómo supieron?

Me puse en pie y tratando de disimular el miedo que comenzaba a caminar por mi espalda me dirigí hasta la ventana de la oficina, puse el formato de pantalla completa en el celular y reconocí a los dos protagonistas de la foto que me habían enviado.

Yuri estaba vestido con mi camisa y yo estaba completamente desnudo. Reconocí la ventana del edificio de apartamentos en renta de Mallorca. Se suponía que era un lugar privado donde las miradas de los demás jamás nos seguirían.

Estábamos dentro de nuestra habitación con vistas al océano y nadie podía habernos divisado allí, entonces me pregunté cómo fue que tomaron una fotografía de los dos enlazados en un apasionado beso. Desesperado abrí los otros mensajes y recorrí la secuencia completa de aquel beso, uno que nos dimos al despertar antes de pasear por la playa.

No había forma de negar que éramos nosotros o decir que era un montaje, el lugar y la situación eran reales y las fotografías eran nítidas. Debieron tomarla con alguna cámara de las que usan los fotógrafos especialistas en retratar aves, de esas que tienen un teleobjetivo de gran alcance.

Me sentí perdido, invadido, como si hubieran ingresado a casa a llevarse todo o me hubieran asaltado en la calle. De inmediato pensé en Yuri y no sabía si el mensaje también había llegado a su celular, me vi tentado a llamarlo cuando de pronto entró un mensaje más enviado por el mismo número.

Desconocido: en cinco minutos te vamos a llamar.

Miré a mis asistentes que seguían tomando el café y sin siquiera probar un poco del mío me disculpé, fingí una emergencia familiar y me dirigí a la oficina de Yuri. Cerré la puerta con seguro y comencé a sentir que mi cabeza daba vueltas. Me tuve que sentar en el sofá.

Durante los siguientes cuatro minutos las peores imágenes acudieron a mi mente y me formé la idea que, de alguna manera, el gobierno nos había estado vigilando y que, en lugar de encontrar irregularidades por ingresos ilegales o citas con amistades vinculadas a la mafia como solían tener otros millonarios de Rusia, los funcionarios habían encontrado una relación por demás fuera de ley.

Sonó el tono de la llamada, mi temblorosa mano a penas si pudo llevar el celular a mi oído, acerqué el aparato y aspiré el aire con fuerza para darme valor y escuchar.

—Sal a la calle. Hazlo tranquilo para no llamar la atención. Ve a la derecha y al doblar la esquina camina tres cuadras y espera. —La metalizada voz que escuché habló con rapidez y no me dejó ni un solo segundo para poder replicar.

Respiré profundamente varias veces y cuando sentí algo de valor, salí de la oficina con paso pausado para no levantar sospechas, tal como me lo había indicado la voz de la llamada. Traté de sonreír como siempre cuando me encontré con algunos empleados y sin detenerme a conversar con ellos avancé hasta la entrada de la casona.  

Mientras avanzaba hacia la esquina de la cuadra solo pude pensar en la prisión y con las manos temblorosas me dediqué a dar vueltas al celular que llevaba en el bolsillo del saco. Aterrado imaginé que mi hermano estaba viviendo el mismo episodio. Pensé que la policía me esperaba en la calle, que habían venido para arrestarme y también harían lo mismo con mi niño.

Una mano invisible apretaba mi corazón dentro del pecho y la tensión que sentía comenzó a tirar de mi cabeza. Caminé con cierta cautela las cuatro cuadras. Me puse a pensar que tal vez un grupo de atacantes me esperaba o que alguien me seguía con la mira de un rifle. Intentaba controlar mi miedo apretando cada vez más el celular y solo podía pensar en Yuri, quería llamarlo a casa y saber si alguien había ido a preguntar por él o por mí a nuestro hogar.

Cuando llegué al lugar que señalaron un hombre muy alto bajó de un carro negro de lunas oscuras y me hizo una señal con la mano para que yo me aproximara. Lentamente caminé hasta el vehículo, no estaba seguro si se trataba de un arresto o un secuestro o una extorción o algo peor; pero me vi obligado a obedecer.

Se abrió la puerta izquierda del auto aparcado y un hombre calvo me indicó que entrara en el auto. Ingresé y miré al tipo que estaba sentado en asiento trasero, me acomodé junto a él y el hombre alto que me había llamado cerró la puerta, rodeó el vehículo y subió al asiento del copiloto. El auto arrancó a mediana velocidad y una ventana oscura separó el asiento trasero dejándome aislado junto al hombre calvo.

—Víctor Miroslavovich Nikiforov  —me dijo el desconocido. Lo miré y me fijé en el extraño lunar que tenía en el pómulo derecho, parecía un pequeño mapa de color café—. Vamos a hablar las cosas de manera clara ¿entendiste? —Yo asentí con la cabeza y guardé silencio.

El tipo sacó un sobre amarillo muy grande de un maletín y me lo extendió. Me indicó con la mano que sacara su contenido. Cuando introduje mi mano supe que eran fotografías, las jalé hasta el borde del sobre y vi el contenido. Eran fotos de ese largo viaje que Yuri y yo emprendimos días atrás hasta llegar a Mallorca para disfrutar algo de playa en pleno invierno. Guardé las fotos y detuve mis ojos en los de ese hombre.

—¿Sabes que hacer eso con un menor de edad es un delito? —dijo con voz ronca, casi podía sentir que las flemas se acumulaban en su garganta. Sus ojos pequeños y sus desordenadas cejas levantadas lo hacían parecer a un personaje siniestro. El hombre continuó—. Pero hacerlo con tu propio hermano es la peor aberración que existe en el mundo.

Sentí que me faltaba el aliento y mis labios se pusieron rígidos mientras el hombre aclaró un par de veces la garganta y escupió sobre un pedazo de papel sanitario que tiró al suelo del carro. Tenía el rostro enrojecido y la papada pronunciada ocultaba su cuello. Sus orejas eran algo particulares, muy pequeñas para un hombre tan robusto.

—¿Quién es usted? —le dije y mi voz sonaba igual a la de un niño que acababa de ser descubierto cometiendo su primer delito.

El tipo metió la mano en el bolsillo interno del gabán gris que vestía y sacó una placa que reconocí era del gobierno, luego mostró su identificación tan rápido que solo pude leer bien el nombre Alexandr, el apellido quedó como una raya borrosa en mi memoria, pero comenzaba con N.

—Soy coronel de la agencia de inteligencia y he venido con una sola misión. —Sus ojos celestes lucían opacados por los años y su frente amplia mostraba algunas pecas y manchas. Yo esperaba la terrible sentencia—. Esta visita es solo una advertencia. Mi departamento estuvo escarbando cierto asunto delicado que sucedió hace unos meses en la escuela de tu hermano y decidimos investigar. Claro que los de la oficina de familia protestaron como siempre, pero al carajo con ellos, simplemente me dejé guiar por mis instintos porque sospechaba que en esos expedientes se ocultaba algo. ¡Y voilé!, ya ves, tenía razón como siempre. Te seguí y comprobé que el famoso Víctor Nikiforov era un depredador.

—Nunca forcé a mi hermano… —El hombre se llevó el dedo a los labios y me hizo callar.

—Te dije que no hablaras Víctor. Solo has venido a escuchar. —Sacó un cigarrillo de otro bolsillo y lo encendió a prisa. Yo miraba sus grandes manos, sus dedos gordos y su dorso inflado, con las venas oscuras e hinchadas. Sospeché que el cigarrillo lo estaba matando—. Este trabajo lo hice de manera muy personal, así que aquí solo yo, tú y mis dos asistentes sabemos que has abusado de tu hermanito. Tal vez abusado no es la palabra que te guste escuchar, lo has seducido, engañado, engatusado; pero para el efecto de las leyes…

El hombre paró y dio una larga calada a su cigarro, luego soltó el humo poco a poco mientras miraba por la ventana. Yo tenía el sobre con fotos asido con fuerza y mis manos sudorosas delataban todo el miedo que sentía de verlo y escucharlo. El hombre calvo volteó hacia mí riendo.

—Estás temblando y es gracioso verte así, pero no tienes que temer nada. —El hombre rio y tosió al mismo tiempo. Su cara colorada era semejante a una gran manzana y sus labios secos y pequeños se expandían y arrugaban—. Eres un personaje especial, muchos te llaman el orgullo de la madre Rusia y por supuesto que has demostrado ser un empresario muy audaz. Por ese motivo y porque en las altas esferas no desean los escándalos he venido a darte una oportunidad a ti y otra a tu hermano.

—Yuri está…

—¡Te dije que te callaras, carajo! —El hombre topó mi cabeza con su palma y allí comprobé que si no hacía lo que él decía podía irme de perros—. No te voy a arrestar, voy a guardar en mi archivador especial tu caso con una condición. —Me miró y yo afirmé en silencio—. Escúchame bien lo que vas a hacer…

Oí con atención cada palabra que el hombre calvo y gordo me dijo, no perdí ningún detalle porque los repitió varias veces hasta comprobar que yo había entendido todo. Al finalizar su largo monólogo, el hombre me miró con furia y preguntó:

—¿Estás de acuerdo?

—Sí —dije sin apartar mis ojos del coronel—. Haré todo lo que ustedes digan.

—Qué bien que hayas entendido lo precaria que es tu situación aquí en Rusia. Solo sigue al pie de la letra lo que te he dicho y no digas a nadie que has tenido esta conversación conmigo, sobre todo no se lo digas a tu hermano porque es un chico algo descocado y podría joder todo el plan que te acabo de dar. —La respiración del hombre se hacía más pesada, sonaba como el escape de un bus antiguo en mis oídos y las flemas volvían a ahogarlo—. Y si no haces todo lo que te he indicado entonces soltaremos a “los lobos cazadores” que te seguirán a cualquier lugar, la investigación dirá que fuiste víctima de un asalto, tu mamá vestirá de luto en pocos días y tu hermanito irá a un hospital especial.

Una amenaza de muerte y otra de reconversión tras las claras instrucciones que el hombre me dio. El tipo me echaba la culpa de todo, pero no dejaba de cargar el efecto sobre Yuri. Antes de finalizar el largo paseo que dimos en el auto me permitió hacerle un par de preguntas más.

—¿Qué pasará con Yuri? —Para ese momento estaba tan aterrado que no podía sentir mi cuerpo.

—Si se porta bien y no permite que otro hombre abuse de él como lo hiciste tú, nada le pasará —sentenció con seguridad y con la frialdad de un verdugo.

—¿Cómo sé que cumplirán?

—No lo sabes.

El hombre tocó la ventana interna un par de veces con su gruesa mano, el auto se detuvo y el seguro de la puerta saltó, la abrí de inmediato, salí del auto con la sensación de asfixia porque el humo y el miedo me estaban afectando y cuando vi por última vez al hombre calvo, éste me recordó con un gesto de su mano que me estaban vigilando. El auto partió a velocidad y lo vi perderse cerca del parque Udel’nyy, al parecer solo dimos vueltas por el distrito. Caminé a prisa a la casa Nefrit, con el sobre amarillo en la mano y la vida pendiente de un hilo. Miré atrás varias veces y cada vez que pasaba un vehículo oscuro por la avenida mi cuerpo se convertía en piedra.

A partir de ese momento tenía poco tiempo para dejar la empresa, el departamento y mi vida completa. También debía dejar atrás a Yuri y mis sueños junto a él. Tenía que olvidarme de mi amor y debía marcharme de Rusia para no regresar.

Quería llorar y no había un hombro donde hacerlo por lo que, cuando llegué a la casona, ingresé directamente al baño y abriendo el caño me puse a llorar como si fuera un niño pequeño viendo que toda mi vida se convirtió en nada en un instante.

Habría tardado quince minutos y cuando por fin tuve las fuerzas de regresar a la oficina, pedí disculpas a mis dos colaboradores y les dije que siguieran con el trabajo, que había surgido una gran emergencia familiar en París y debía atenderla.

Con la misma mentira entré al taller y le pedí a Lilia que se ocupara de la empresa porque debía ir con urgencia a atender a mi madre. Ella se mostró muy preocupada y me aseguró que se encargaría de todo y también de Yuri.

En un intento por pensar mejor las cosas que debía hacer y las decisiones que debía tomar salí de Nefrit y manejé por las calles de San Petersburgo durante tres horas, sin querer aparcar, sin desear llegar a algún lugar en especial y con el temor de ser detenido en cualquier cruce de semáforo.

Si me preguntas cómo es la angustia te diré que se parece a tener un globo lleno de helio entre el vientre y el pecho y lo sientes crecer y crecer con cada minuto que pasa sin que puedas detenerlo hasta imaginar que puede llegar a explotar destruyendo tu interior por completo.

Los pensamientos, las imágenes, los recuerdos se unían uno tras otro, una y otra vez como si fuera el escenario de esos viejos sketches cómicos de la televisión que se repiten sin cesar. A eso se sumaba la voz de mi conciencia que, como buen magistrado, me señalaba con el dedo y también repetía el “te lo dije” todo el tiempo.

Mis monstruos internos habían desaparecido, ¿Dónde se fueron, donde estaban para defenderme en ese momento? Los muy cobardes, esos que me alentaron con fuerza y con alegría a que me atreviera a tocar a Yuri y hacerlo mi amante habían desaparecido y no se presentaron más.

Entonces llegó el llanto nublándome los ojos y de forma obligada tuve que parar mi auto, busqué un edificio de estacionamiento y cuando apagué el motor, oculto en ese oscuro y silencioso lugar, mirando el número ochenta y seis en la pared y recordando cada instrucción que me dio ese hombre por el celular, me puse a llorar una vez más.

No dije nada, solo dejé que mis lágrimas cayeran por los costados de mis mejillas mientras sentía que me faltaba el aire, porque ya sabía la forma cómo debía alejar de mí a Yuri, a su intenso amor y a sus caricias infantiles.

Debía romperle el corazón.

Esa noche cuando llegué a casa Yuri me recibió con una sonrisa. Le di un beso en la frente y de inmediato corrí a cerrar las cortinas de la sala, lo tomé de la mano y lo llevé al dormitorio y sin poder explicarle mi llanto lo abrecé con todas las fuerzas de mi cuerpo y el dolor de alma.

—¿Víctor qué pasa? —preguntó asustado mientras acariciaba mi espalda y mi cabello.

—Mi mamá, Yuri, mi mamá está muy mal. —Agitado lo besé muchas veces porque sabía que esos serían los últimos besos que dejaría en su boca—. Tengo que adelantar mi viaje y no sé cuándo pueda regresar.

—No hay problema nos ocuparemos de todo aquí. —Tomó mi rostro con sus manos frías aliviando por completo el calor de mis mejillas y en parte la pena que me consumía—. Me concentraré en mis estudios y en unos meses más estaré contigo en París.

Esas palabras se sintieron como el golpe furioso de un látigo sobre el lomo, me detuvieron en la nada y tuve que tragar mis ganas de gritar para no sucumbir entre sus brazos. Cómo explicarle a mi niño que debía dejarlo, que detrás de esa ausencia existía una amenaza y que no podría verlo nunca más.

Por eso tuve que mentir con la enfermedad de mi madre, porque si Yuri se enteraba de lo que estaba sucediendo, intentaría enfrentar al mundo entero y defender nuestro amor a toda costa a pesar de que no había ninguna escapatoria para los dos.

Esa noche le hice el amor como un ave herida, cada uno de sus besos los sentí como el amargo sabor de la despedida y cada uno de sus suspiros fueron los tristes adioses adelantados que le daba al amor de mi vida.

Cuando Yuri dormía en mis brazos, ignorando mi dolor, ignorando también que un día él tendría que llorar como yo; recordé la llamada, el siniestro paseo en ese auto y cada uno de los detalles de las instrucciones que ese coronel me dio y por más que repasé una y otra vez la manera de salir de ese problema no hallé otra solución.

“Tienes dos semanas para que dejes todos tus negocios en manos de gente de confianza. No le dirás nada de esto a tu hermano sino quieres que él tenga que pasar por una institución de ayuda psicológica del estado, tú ya sabes cómo son y que les hacen a los chicos que son abusados. No pretendas llevarte a Yuri contigo al extranjero porque de lo contrario expondremos tu indecencia al mundo entero. Sabes que las relaciones entre homosexuales están condenadas en Rusia y las relaciones entre hermanos están condenadas en muchos países y que los abusadores de menores también merecen el castigo en muchos lugares del mundo. Solo tendrás comunicación con tu hermano por celular o por redes sociales que estaremos vigilando todo el tiempo y si en algún momento él quiere visitarte cumplirás una estricta conducta de no recibirlo en tu casa sino de tomar para él una suite en algún hotel de su preferencia. Deberás convencer a tu hermano de estudiar en un lugar que no sea París y deberás salir con alguna mujer o con muchas para alejarlo de ti. Por último, cuando desees volver a Rusia solo lo harás por motivos de negocios, te alojarás en cualquier hotel de Moscú y si llegas a San Petersburgo deberás permanecer unas cuantas horas, las necesarias para una reunión de directorio o para alguna presentación, te despedirás de Yuri y no pretendas llevarlo contigo a algún lugar privado de la ciudad. ¿Estamos de acuerdo?”

Tuve que decir sí a todo.


Una semana antes de mi viaje ya estaba todo dispuesto. Acordamos que Yuri se quedaría en el departamento hasta que terminase la preparatoria y fuese a estudiar a la escuela de diseño, sin embargo, no pude decirle que fuese a otra escuela que no sea la de París.

Lilia siempre estaría pendiente de él y Yakov se convertía en mi apoderado para tomar todas las decisiones importantes para la empresa, yo solo llegaría a las sesiones anuales de directorio y el momento que Yuri fuese mayor de edad le delegaría el poder de representarme en todo.

Yuri culminaría sus estudios y se graduaría de la preparatoria en junio y tal vez para agosto ya estaría camino a algún lugar donde estudiaría diseño de modas y como era de esperarse estaba muy entusiasmado por estudiar en París, aunque la Central Saint Martins de Londres era mucho más moderna y tampoco se podía descartar a la Escuela de artes de Bélgica o el Instituto Marangoni de Italia.

Mi madre se hallaba muy contenta porque me tendría junto a ella por lo menos los siguientes dos meses de su recuperación. Era yo el llamado a ayudarla en ese momento tan trascendental y doloroso, el tratamiento era uno de los más avanzados en cuanto a medicina molecular, pero traería consecuencias muy severas a su vida y debíamos proteger sus órganos sanos, en especial los riñones para que ninguna insuficiencia sobreviniera luego de ingerir tantos químicos.

Todo estaba dispuesto en San Petersburgo para mi prolongada ausencia, yo solo regresaría para las reuniones semestrales de directorio y lo haría solo por unas horas. Y Yuri para ese momento ya tendría las cosas claras porque con el tiempo y la distancia pensaba decirle que ya nada funcionaba y que no podríamos volver a ser amantes, solo tendríamos que aprender a querernos como hermanos.

Solo faltaba algo más antes de partir, tenía que decir adiós a alguien más. Temprano, por la mañana del último jueves en mi ciudad natal, manejé hasta el cementerio, lo hice aprovechando que Yuri tuvo que ir a la escuela a rendir exámenes presenciales y no quería que viera cómo me rompía.

Llegué a la tumba de mi padre con un clavel rojo en la mano, eran los últimos días de enero y todavía la nieve dominaba el panorama de mi ciudad, así que por lo general no se dejan ramos en esa época. Limpié la nieve que cubría la piedra hasta que vi aparecer su nombre y recordé con nostalgia la última vez que nos vimos y cómo había rechazado su compañía.

Me acomodé junto a la fría piedra e, imaginando que mi padre podía entender mis razones sin juzgar mi comportamiento, le pedí perdón porque era lo único que en verdad debía hacer en ese momento.

—Papá. —Mi voz sonó lánguida desde el primer momento—. Perdóname por favor. Me diste un hermano y mira lo que hecho de él. Debes estar pensando que soy de lo peor, pero si puedes ver mi corazón sabrás que lo amo y que jamás quise aprovecharme de él. Por el contrario, todo lo que hice lo hice pensando en Yuri. Lo único que no me puse a pensar era que un hermano debe reprimir cualquier sentimiento poco noble que pudiera llevar por dentro.

» Tengo miedo papá porque lo debo dejar en esta cueva de lobos y lo único que puedo hacer es advertirle que tenga cuidado con lo que hace y lo que dice, ya le fue mal en el colegio por irse de boca, supongo que ahora sí entenderá.

»Tú que amaste mucho a su madre debes saber bien lo que se siente cuando se rompe el corazón, así me siento hoy ahora y tal vez me siento peor porque no es él quien me deja, soy yo quien debe olvidarse de todos estos sentimientos que nos llevaron al pecado y debo rechazar su amor en un momento en el que más feliz me sentía junto a él.

»Dime cómo hago para olvidarlo. No puedes porque tú nunca dejaste de amar a Ivana Plisetskaya y yo tal vez nunca deje de amar a Yuri. Siento que todo me duele; me duele el cuerpo, me duele el alma, me duele el sueño y me duele respirar y no sé de dónde voy a sacar fuerzas para ayudar a mi mamá que está mal.

»En tres días dejaré a Yuri solo y no lo veré tal vez en mucho tiempo. Perdón por no haber podido cumplir la promesa que te hice y no estar junto a él hasta que sea un hombre de bien, perdón por tomarlo entre mis brazos y amarlo como un hombre.

»Si pudiera retroceder en el tiempo corregiría todos mis errores y lo primero que haría sería llevar a Yuri para que viva con Lilia o tal vez negarme por completo el instante que accedí a sus primeros caprichos de niño malo y no dejaría que me venciera con sus belleza y su malicia; entonces quizá se hubiera enojado mucho conmigo y ahora solo seríamos dos hermanos y nada más. Pero lo arruiné todo, por querer hacerlo solo mío y lo estoy perdiendo.

»Nada podrá ser puro entre los dos, nuestro amor retorcido ha manchado nuestras almas y ya no podemos vernos más que con el ansia que se tienen los amantes. Yo me declaro culpable papá, yo soy el estúpido que llevó hasta el final todo esto y me merezco esta pena; pero Yuri…

»Yuri terminará odiándome y en el mejor de los casos me despreciará y no sé cómo viviré con ese sentimiento, no sé cuan fuerte podré ser para no volver a sus brazos y para guardar este secreto. No puedo acudir a nadie, no puedo exponer esta verdad a Yuri y no puedo decirle que lo que estoy haciendo es por él.

Quedé en silencio como si esperase una respuesta y cuando no sentí mis piernas tuve que ponerme en pie y decir adiós a mi padre. Me alejé de su sepulcro imaginando que tal vez miraba entristecido en algún lugar entre las estrellas.

El resto de las horas las pasé en Nefrit dejando los últimos papeles firmados, dando indicaciones a cada uno de los colaboradores de las oficinas centrales, mirando la oficina de Yuri y sintiendo que se me partía la vida. Traté de pasar ese día como cualquier otro día, pero cuando llegó el momento de volver a casa nunca la distancia se hizo tan corta, nunca los minutos habían pasado tan rápido, nunca me senté en el carro tanto tiempo pensando cómo hacer para sonreír y decirle hasta pronto a Yuri sabiendo que en verdad era un adiós.

Cuando entré en el departamento estaba frío, adolorido, cansado y muerto de pena. Yuri me recibió rodeando mi cuello con sus brazos y nos besamos casi sin despegarnos durante largos minutos. Lo abracé con todas mis fuerzas, suspiré muchas veces sobre su oído y anhelé que ese instante jamás pasara.

—Parece que te fueras a la guerra y me estuvieras diciendo adiós. —Tal vez fui tan obvio con mi actitud de derrota que Yuri pareció adivinar—. ¿Qué carajo te pasa Víctor?

—Solo estoy preocupado por todo, pero pronto pasará y se resolverá —le dije entre sonrisas entristecidas y volví a refugiarme en sus brazos.

La última noche juntos hicimos el amor durante horas y casi no dormí porque quería contemplar a Yuri y llevarme su amor en recuerdos. Pequeños pedacitos que me acompañasen el resto de mi vida, su piel suave que brillaba con la luz de la lámpara veladora, sus labios que se habían teñido de rojo intenso por mis besos, sus ojos cansados y mojados que se resistían a dormir, sus manos delgadas que aleteaban sobre mi pecho y su cabello dorado que caía dormía sobre la almohada.

Eran las últimas horas juntos, los últimos minutos y yo quería morir entre sus brazos y despertar al día siguiente diciendo que todo había sido una pesadilla. Nos mirándonos sin decir nada por un buen rato hasta que mi niño comenzó a preguntar.

—Víctor estuve averiguando que la escuela de París solo recibe a los alumnos una vez al año y eso me daría un tiempo hasta febrero del próximo año, mientras tanto tú te organizarás mejor en la empresa de tu mamá y te podrás dedicar a ella para que se recupere bien. —Esos planes hubieran sido perfectos si no tuviéramos la daga de la muerte pendiendo sobre nuestras cabezas—. Así que durante los meses que me licencie de la maldita escuela tomaré las clases de francés que tanto me exige Lilia y trabajaré bien en Nefrit.

—Claro Yuri —respondí reprimiendo un fatal suspiro que hubiera terminado en llanto.

—Oye tonto te estoy hablando de mi futuro. —Yuri posó su barbilla sobre mi pecho y me miró con cierto enfado infantil—. Nuestro futuro.

—El futuro no está escrito mi amor. —Me atreví a dar un pequeño consejo y me dolía saber que en el corazón de Yuri su futuro aún me incluía en todos sus planes y el mío no lo incluía a él—. Cualquier cosa puede pasar, así que debemos estar preparados para asumir un cambio.

—De qué hablas, eh. ¿Qué puede pasar? —Besó mi pecho y acomodó su caliente cuerpo sobre el mío.

—Tal vez puedes cambiar de idea y estudiar en un lugar mejor que esa escuela tan tradicional —Mis ojos encontraron el brillo de su cruel mirada y mis dedos bajaron poco a poco por su espalda—. Mi vida va a ser un caos Yuri, entre Nefrit, Beauté y mi propia carrera de modelo no tendremos tiempo de estar juntos. —Ya no sabía qué mentira más contarle a mi amado niño.

—Oye me estas asustando —dijo mientras levantaba una de sus cejas mostrando su sorpresa y su molestia—. ¿Acaso no quieres que vaya a Paris?

—No es eso, solo te estoy diciendo que las cosas van a ser distintas allá. —Necesitaba anticipar algo para que Yuri estuviera preparado para el adiós.

—¿Es porque no quieres incomodar a tu mamá? —preguntó y sus párpados bajaron teñidos de pena.

—Yuri no discutamos ahora por favor. Habrá tiempo de sobra luego para hablar de esto. —Besé su mano y di la vuelta junto con él buscando comodidad—. Vamos a dormir un par de horas antes que vaya al aeropuerto.

—¿Te puedo acompañar? —dijo mientras se acostaba junto a mí.

—No Yuri hoy tienes la presentación del último proyecto de la escuela y no creo que tu maestro aplace la cita en línea que te dio. —Había escogido ese día para partir porque Yuri no podría ir al aeropuerto, si lo hacía sería más difícil la despedida. Nos dimos un beso y nos quedamos en silencio contemplando el fondo del dormitorio.

Yuri se durmió en mis brazos y yo no pude hacerlo porque la angustia de dejarlo era tan grande que el sueño me había abandonado. Sonó la alarma de mi reloj y con mucho cuidado entré al baño a darme una ducha, cuando salí para cambiarme observé todo el tiempo el apacible rostro de mi niño descansando sobre la almohada.

Eran mis últimos minutos junto a mi Yuri amante. Al salir del departamento y volar a Paris debía hacer todo lo posible por convertirlo en el hermano que no había podido ser hasta ese momento. Debía cambiar un amor por otro y eso significaba acrecentar la distancia y el tiempo entre los dos; una decisión razonable que dejaría huellas dolorosas en nuestros corazones.

Cuando tomé la maleta Yuri despertó y me llamó estirando las manos como si fuera un niño pequeño, yo caminé con dificultad hasta estar junto a él y lo abracé con todas mis fuerzas. Pensé por un instante que iba a claudicar en mi propósito de alejarme de él y tuve ganas de contarle la verdad antes de irme y decirle que no lo estaba dejando de amar.

No lo hice y me despedí sin palabras. Lo tomé entre mis brazos y apretándolo contra mi pecho abrí sus labios con los míos, absorbí su suave aliento y le dejé el mío como mudo adiós, mi lengua acarició cada rincón de su pequeña boca y para no delatar el dolor de mi corazón que se hacía añicos en ese momento le dije “te amo” y sonreí como siempre.

—Yo también te amo Víctor, no lo olvides —pronunció aún soñoliento y me regaló esa sonrisa que jamás olvidaré y que tanto anhelo ver de nuevo.

Con dos suaves besos más lo dejé en la caliente madriguera y partí hacia Paris a asumir mi tristeza y consumir mis noches entre los desvelos por cuidar a mi madre y el alcohol que no me ayudaba a encontrar consuelo.

Yuri que fue todo en mi vida se desvaneció y hoy daría mi alma por recuperar algo de ese paraíso que perdí por culpa de un descuido y por la maldad que consume el alma de aquellas personas que nos separaron.

Desde ese momento fui una sombra que se movió en medio del glamour y la opulencia, un hombre que dejó su corazón en junto a la mirada felina de un hermoso chiquillo. Desde ese momento mi risa fue el llanto que nadie pudo ver y mi éxito solo fue la máscara con la que envolví el vacío que siento en mi alma.

Yuri…

Si tan solo supiera la verdad.

Notas de autor:

Queridas lectoras las últimas semanas di una revisión al plan de capítulos y para no dejar nada suelto y tampoco meter demasiada información en cada uno de ellos, siendo este el tramo final de Tabú, decidí ampliar la historia un poco más.

Ahora en lugar de 80 capítulos como tenía planificado hacer, la historia termina en el 88. Espero que no se les haga muy tediosa, pero necesitaba ese espacio para no correr demasiado y no comprimir los sucesos del final.

Gracias por seguir leyendo Tabú, por vuestro cariño con la historia y vuestros comentarios.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

2 comentarios sobre “Tabú 65

  1. NOOOO PTMRRRR NOOOOOOO PTMRRRRRR POR FAVOR NOOO, ESTOY LLORANDO MIENTRAS ESCUCHO COMO TE V MI AMOR DE PANDORA DIOSSSS POR QUEEEE MI VICTURIO
    AYYY DIOSSSS NOOOOO MI HERMOSO VICTURIO SEPARÁNDOSE, Y ESO QUE HAY POCOS FICS DE ESTA PAREJA Y SIEMPRE SON SAD POR QUE DIOSA DE ESTE FANFIC ME HACES ESTO? MI CORAZÓN CITO YA NO AGUANTA.

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    1. Lady recién veo tu comentario, perdón por no responder antes. Es difícil por el mismo tema, el país y porque ambos tienen todo en contra, pero todavía hay historia que contar . Un gran abrazo y gracias por seguir Tabú.

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