[Diez] Sempiterno


Yuuri era feliz junto al hombre que amaba. Él no sabía que una fatídica mañana de Abril esa felicidad se derrumbaría. 

Víctor había sido feliz junto al hombre que amaba. Él nunca olvidará la fatídica mañana de Abril en que esa felicidad se derrumbó. 

Con 40 años de edad, Yuuri se había convertido el profesor titular de la Cátedra de pensamiento contemporáneo en la escuela de filosofía de la Universidad de Nueva York, además de tener algunos cursos electivos para varias carreras de de la facultad de humanidades, tales como: Ética y política en el pensamiento de Hannah Arendt, Representaciones del cuerpo humano en la filosofía; desde los griegos hasta la teoría queer y El pensamiento foucaultiano aplicado a los estudios de género y a la diversidad sexual, tema en el que realizó sus estudios de doctorado. 

Con 45 años de edad, Víctor era un músico prestigioso, tocaba en la orquesta filarmónica de Nueva York y enseñaba música en el conservatorio. Era profesor de composición y análisis de la música contemporánea, de educación auditiva, de música de cámara y de piano. Sus composiciones eran interpretadas por las mejores orquestas sinfónicas del mundo. 

Yuuri era un hombre feliz. 

Víctor había sido feliz. 

Yuuri amanaba caminar, recorrer a ritmo pausado los treinta minutos que separaban su hogar de la Universidad. 

Víctor adoraba hacer el amor con Yuuri por las mañanas. 

Yuuri sonrió cuando Víctor le impidió salir de la cama y se puso sobre él mirándolo con deseo. 

Víctor sollozaba cuando recordaba aquella mañana en la que no lo dejó salir a tiempo de la cama porque lo deseaba. 

Yuuri se abrió para Víctor y lo recibió con amor. Olvidó el horario que debía cumplir y se sumergió en el deseo y en el gozo de estar en los brazos de quien tan bien lo amaba. 

Las lágrimas bañaban las mejillas de Víctor al recordar como esa mañana volvió a tocar las estrellas. 

Yuuri tuvo que correr al autobús para llegar a tiempo a la universidad. 

Víctor se despidió de Yuuri con un te amo, como cada día que se separaban esperando reencontrarse por la tarde.

El bus iba a exceso de velocidad. 

Víctor aún recordaba cómo su corazón se estrujó al ver partir a Yuuri, como si un extraño presagio se hiciera presente.

El conductor perdió el control del bus.  

Víctor aún no salía de casa cuando recibió la fatídica llamada.

Yuuri murió instantáneamente. 

La felicidad de Víctor murió junto a él.


Muchas gracias por leer este fic, si algo no ha quedado claro les invito a leerlo de manera diferente: primero sólo los capítulo de Yuuri y después los de Víctor.

¡Nos encontramos en otras historias!

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