[Tres, Yuuri] Sempiterno


Víctor lo había contactado. Yuuri no podía creer que estaba leyendo un mensaje enviado por el ruso de ojos hermosos, se talló los ojos, pensando que tal vez había sido una mala jugada debido a que estaba recién despertando, pero no. El mensaje seguía estando en su teléfono móvil. 

Se levantó rápidamente de la cama y corrió hasta el cuarto vecino.

—¡Phichit, me escribió!  —gritó, pero su amigo se quejó y se cubrió aún más con sus cobijas— ¡Me escribió! —exclamó y se arrojó sobre la cama.

—¡Yuuri! —grito ahora Phichit,  murmuró un par de improperios a su amigo al sentir su peso sobre él—. No estás gordo, pero igual pesas.

—Víctor me escribió —repitió con una enorme sonrisa en su rostro. Phichit se rindió y se asomó por entre las sábanas. Sonrió también al ver a su amigo tan feliz.

—¿Y qué te dice? 

—Dice que le agradó mucho conversar conmigo. Y me invita hoy a la misma cafetería en la que estuvimos el día en que nos conocimos —respondió con los ojos brillantes, emocionados.

—Genial —expresó Phichit con una sonrisa—, eso quiere decir que lo impresionaste tanto como él a ti. 

—¿Realmente lo crees? —preguntó Yuuri, otra vez con sus dedos, gesto que siempre hacía cuando comenzaba a sentirse ansioso—. No quiero que me mire como un muchachito simple y sin gracia —expresó sus inseguridades, desvió su mirada hacia la ventana por la que ya entraban tímidos rayos de sol. 

—Yuuri, yo creo que le gustaste mucho, por eso te escribió —dijo el moreno, abrazó a su amigo y dijo con firmeza—: No eres un chico simple y sin gracia. Eres inteligente y apasionado con lo que te gusta —sonrió. 

—Aún así, no sé si deba responder a la invitación.

—Bobo —Phichit se separó de su amigo y sin que este se diera cuenta tomó el teléfono móvil que Yuuri había dejado sobre su cama, leyó el mensaje y contestó—. Muy bien, ya has respondido —dijo devolviéndole el celular a su amigo.

—¡Phichit! 

—Estoy seguro de que me lo agradecerás —respondió Phichit con una amplia sonrisa—, ahora déjame dormir un poco más y vete a escoger la ropa que usarás esta tarde, se verán a las cinco. —Phichit se acomodó nuevamente en la cama y tomó las cobijas cubriéndose hasta las orejas. 

Yuuri pestañeó incrédulo y luego miró su móvil. El mensaje de Phichit era simple:

Ok. Nos vemos a las cinco.

Besos

❤ ❤ ❤ 

—Besos —dijo Yuuri, sintió que el párpado de su ojo derecho temblaba—. ¡Corazones! —exclamó—. ¡Phichit, no te hagas el dormido!

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