[Dos, Yuuri] Sempiterno


Yuuri estaba sentado en la mesa de la cocina, sus ojos lucían soñadores y suspiraba mientras su mejor amigo y compañero de departamento terminaba de preparar el desayuno. 

—Tienes que contármelo todo —dijo el moreno de grandes ojos aceitunos poniendo un omelet delante de su amigo.

—Gracias, Phichit.

—No quiero las gracias —respondió con una sonrisa, lo miró expectante después de servir el jugo de naranjas recién exprimido—, quiero que me cuentes la razón por la que suspiras y llevas una estúpida sonrisa en tu rostro.

Yuuri se sonrojo y desvió la mirada.

—Vamos, ¿acaso no somos mejores amigos? —insistió el curioso muchacho. 

—Ayer… ayer conocí a alguien —confesó con timidez.

—¡Lo sabía! —exclamó Phichit, animado por la noticia—. Sabía que esa boba sonrisa tenía nombre y apellido, ¿es de la universidad?

—No, él ya no asiste a la universidad —contestó, jugaba con los dedos de sus manos y sentía la piel de un rostro ardiendo debido al rubor que se extendía por sus mejillas. 

—¿Entonces cómo lo conociste? No sales mucho que digamos…

—Estuvo a punto de atropellarme. 

—¡Qué! 

—No fue su culpa —aclaró de inmediato—. Salí tarde a clases de latín, ya te he dicho lo desagradable que es ese profesor, corrí sin fijarme y crucé una calle con el semáforo en rojo. Me asusté muchísimo cuando escuché el auto frenar justo a mi lado, pero él fue muy amable conmigo, incluso me invitó un café —sonrió y suspiró—. Estuvimos conversando toda la mañana, es pianista —contó con admiración. 

—Y no fuiste a tus clases de latín —concluyó Phichit después de reír, alegre por su amigo. 

—Confieso que en ese momento ni siquiera las recordé. —Yuuri rascó su cabeza con incertidumbre, no podía creer que se hubiese olvidado de todo por un hombre que acababa de conocer. 

—Si que te impresionó ese hombre. Me alegra, ya va siendo hora de que pierdas la virginidad. 

—¡Phichit! —exclamó Yuuri mientras cubría su rostro con ambas manos. 

—No seas mojigato, como si no supiera que con un poco de alcohol empiezas a seducir a todos los hombres atractivos a tu alrededor —respondió su amigo con una falsa expresión de seriedad. 

—¡Fue solo una vez! ¿Nunca dejarás de burlarte de mí por eso? Juro que nunca volveré a beber en mi vida —En ese momento Yuuri deseó que el suelo bajo sus pies se abriera y lo tragara por completo. 

—No seas tan dramático, además, te divertiste bastante bailando y besando a Leo y Guang-Hong. —La sonrisa traviesa en el rostro de Phichit amenazaba con seguir divirtiéndose a costa de su vergonzoso comportamiento en aquella fiesta en casa de Leo, fiesta a la que su querido mejor amigo lo arrastró sin mostrar contemplaciones. 

—Cambiemos de tema —exigió a su compañero—, o también podríamos hablar de Seung y el desplante que te hizo en esa misma ocasión. 

—Está bien —respondió derrotado el moreno—. Entonces, ¿qué fue lo que tanto te impresionó del hombre que conociste ayer? 

—Sus ojos, son tan hermosos que me cautivaron con sólo mirarme una vez. Pero no creo que nos volvamos a ver. 

—Espero que no hayas sido tan estúpido como para no pedirle su número de teléfono —regaño Phichit. 

—No es eso, sí intercambiamos números, pero saltan a la vista las diferencias entre nosotros —concluyó con voz desanimada.

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