[Cuatro, Yuuri] Sempiterno


Yuuri se sentía como el más grande de los idiotas. Había tenido tanto miedo de encontrarse nuevamente con el apuesto ruso de ojos hermosos que decidió no asistir a la cita que tenían. Sin embargo, ya pasada la hora que marcaba su encuentro, un impulso lo sacó del pequeño departamento que compartía con Phichit. 

Yuuri corría por las calles de la ciudad mientras se repetía a sí mismo que Víctor ya no estaría esperando por él y que lo mejor sería enviarle un mensaje disculpándose, y resignarse a que ese hombre no quisiera verlo más. Pero algo superior a sí mismo lo hizo seguir corriendo. 

Cuando llegó frente a la puerta de la cafetería ya pasaban de las siete de la tarde, respiró hondo y abrió la puerta para encontrarse de frente con Víctor, que estaba por retirarse del lugar. 

—Yuuri —pronunció sorprendido.

—Víctor, yo… perdón —contestó y bajó la vista. 

—Pensé que no vendrías —dijo Víctor mientras pestañeaba y se convencía a sí mismo de que la persona frente a él no era una ilusión—. ¿Quieres entrar o prefieres que caminemos juntos?

Yuuri levantó su rostro y se encontró con una mirada amable y una sonrisa encantadora.

—¿No estás enfadado? —preguntó.

—Supongo que no pudiste llegar antes —respondió tranquilo y sin borrar su sonrisa. 

—Caminemos —dijo Yuuri y ambos salieron del lugar. Avanzaron en silencio hasta que Yuuri decidió hablar—. La verdad es que había decidido no venir,  pero me arrepentí. 

—¿Y por qué habías decidido dejarme plantado? —preguntó entre risas. 

—Tú y yo somos demasiado diferentes —Víctor frenó su andar, Yuuri lo imitó, se miraron—. Míranos —insistió Yuuri—, no quiero que nadie piense que me acerqué a ti por tu dinero. 

—¿Mi dinero? —Víctor ladeo la cabeza.

—Conduces un mercedes del año y el costo de tu traje sería capaz de alimentarme un año entero —respondió con una mirada sería. 

Víctor sonrió y se acercó un poco más al muchacho que lo miraba sin quitar su expresión de seriedad. 

—¿Y eso que importa? —preguntó con una suave sonrisa en el rostro. 

—Me… me gustas —confesó Yuuri mientras sus ojos castaños brillaban y su rostro se ruborizaba—, en verdad me gustas —jugueteo con sus manos, mas no apartó la mirada— y no quiero que pienses que yo… 

—También me gustas —contestó Víctor sincero—, la charla que tuvimos me dejó pensando en ti. Sentí que hacía muchísimo tiempo no me divertía y olvidaba de todo mientras estaba con alguien —acortó más la distancia con Yuuri y tomó sus manos—. Por muchas razones estuve indeciso sobre contactarme contigo nuevamente, pero ahora que lo he hecho quiero pedirte un favor. 

—¿Un favor? —preguntó confuso.

—Sí —respondió Víctor levantando su mano derecha y posándola sobre la mejilla acalorada de Yuuri—, por favor, quiero que en este asunto para ti mi opinión sea más importante que la opinión del resto del mundo —sus ópalos azules se clavaron en los ojos castaños de Yuuri e hizo que el muchacho se viera nuevamente cautivado por esos ojos profundos—. Y mi opinión es que yo sería la persona más afortunada del mundo si tú quisieras salir conmigo.

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