UN NUEVO COMIENZO.


EL FINAL.

Para el mundo del patinaje y el público en general Yuri Plisetsky era considerado un genio, un prodigio del patinaje, uno de esos seres afortunados que son capaces de poseer todo cuanto lleguen a desear. Admirado y envidiado por igual mucho se hablaba del joven que a tan temprana edad siguiera el camino de Viktor Nikiforov, siendo considerado por todos como su sucesor, por desgracia no era del todo cierto.

Cuando Yuri cumplió veintiuno no podía desear más, no había rincón del planeta donde no se conociera su nombre, su talento era insuperable tan solo comparable con su belleza; a ojos del público su vida era envidiable, no había marca que no quisiera patrocinarlo, medio que no quisiera entrevistarlo y hombre o mujer que se le pudiera resistir. Sin embargo, fue a esa edad cuando sintió que todo su mundo se derrumbaba.

A los diez y seis recibió la invitación para asistir a la unión de Viktor Nikiforov y Yuuri Katsuki. Aquella soleada tarde de verano, bajo el sol de una cálida playa veneciana buscaría enterrar el amor platónico que por años le tuvo al hombre que vio nacer su carrera como patinador, aquel que tantas veces fue su cómplice en la pista y que llegó a considerar más que a un simple compañero. Escondido detrás de una falsa sonrisa y una fría felicitación se rindió ante el japonés quien juraría encontrarse al lado del mayor tanto para bien como para mal por el resto de su vida. Dejando tras de sí una falsa esperanza que por más que intento evitarlo albergaría en su corazón.

Un año más tarde, tras subir de nuevo al podio como oficial ganador del primer puesto en el Cuatro Continentes, regresó a Rusia para con todo el dolor de su corazón despedirse de Nikolai entregándole su oro y reconociéndolo como el padre que jamás tuvo.

Cuando cumplió diez y ocho creyó prudente partir de su país natal y comenzar de nuevo en otro continente. Se despidió de Yakov comentándole sus planes quien no muy contento trato de entender que no se trataba de un simple capricho, había demasiado que ocultar y mucho más que olvidar con aquella decisión.

Vendió la casa que por tantos años habito, aquella donde pasaría los años más felices de su vida al lado de su abuelo y madre para enterrar todo el doloroso pasado dispuesto a continuar, a buscar su felicidad, pero fue en vano. Una vez que la fama lo alcanzó todo se complicó, su vida era la de un deportista afamado, viajaba alrededor de todo el mundo, era invitado a todas las fiestas de las celebridades y por supuesto que acudió a todas y cada una de ellas, las relaciones que mantuvo fueron diversas, en búsqueda del verdadero amor se perdió a sí mismo, en medio de tanta gente la soledad era abrumadora, en contraste a ello su nivel de perfeccionismo aumento, jamás abusó de ninguna sustancia que pusiera en riesgo su carrera, pero sí de su cuerpo como patinador; su nivel de exigencia superaba la perfección, y su alimentación era limitada buscando siempre alcanzar la perfección incluso físicamente. Solo una persona estuvo dispuesta a no dejarle caer tanto como para llegar a tocar fondo.

Otabek Altin llegó a su lado al cumplir veinte, como amigo y pareja lo ayudo en más de un sentido, entrenó a su lado, lo alejo de quienes pudieran perjudicarlo, de todos aquellos excesos que con el tiempo fue acumulando y busco siempre su bienestar tanto físico como mental, buscó llenar todos y cada uno de sus vacíos, solo con él pudo llegar a experimentar de nuevo esa autentica felicidad que hace tanto dejara atrás, él se convirtió en su confidente, en su guía y mejor compañía, pero no era la persona que su corazón quería. Tras intentarlo por un año y sabiendo que él no sería capaz de darle el amor que el moreno merecía, decidió ser sincero y dejarlo ir sabiendo que a pesar de que las cosas no habían funcionado en él siempre tendría a un amigo dispuesto a dar la vida por él.

De nuevo solo, a sus veintiún años se había acostumbrado a la soledad, a base de sus vivencias pasadas había aprendido a controlar la fama evitando que lo abrumara, que lo envolviera en sus peligrosas garras, había hecho las paces con su pasado y se encontraba dispuesto a dar todo de sí, a continuar sorprendiendo a su público en la bella constante de su vida, «su patinaje». Pero sus planes de nuevo se vieron truncados. Tan pronto como comenzó la siguiente temporada su salud mostró señales que pasaron inadvertidas y que se dio el lujo de ignorar o buscar explicación y un lógico remedio. Contra la fatiga unas vitaminas bastarían, la perdida gradual de apetito fue un síntoma que pasó desapercibido, el dolor en abdomen y espalda lo adjudico a una mala postura al dormir. Todo para él tenía una explicación, o al menos fue así hasta que colapso.

Fue durante una corta visita a su país natal. En sus últimos mensajes con Yuuri este le comentaba que tras su lesión la recuperación no era para nada alentadora, y con Viktor fuera se sentía en completa soledad en un país que solo le conocía como el hombre que arrebató a Viktor Nikiforov de las pistas. Le pareció una buena idea realizar el viaje, de paso podría visitar el lugar de reposo de su abuelo.

Cuando llegó a la residencia de la pareja el joven se encontraba completamente solo, lucía deprimido, pero aun así lo recibió con una amable sonrisa brindándole un trato gentil y hospitalario. Lo llevó al interior de aquella enorme residencia, le ofreció un poco de limonada y agradeció su compañía.

—¿Te hospedas en algún lugar? —pregunto con claras intenciones de invitarlo a quedarse.

—Aún no, no llegue a tiempo para el Check in y me cancelaron la reservación en el Matroshka, pero ya encontrare algo —respondió con sinceridad mientras observaba la sonrisa de Yuuri en el rostro después de escucharlo.

—Ya veo, puedes quedarte aquí el tiempo que quieras. Viktor regresara a finales de mes y la casa es demasiado amplia, se siente tan sola.

—Ustedes sí que pensaron en grande cuando la compraron —observo Yuri sin pensar en lo que decía.

—Viktor quería familia, pero ninguno de los dos contaba con que las leyes de adopción fueran tan rigurosas y con Viktor ocupado la mayor parte del tiempo es complicado tener un tiempo para replantearnos nuestros planes, en fin. Gracias por venir, hacía demasiado que no nos veíamos.

—Si, prácticamente desde la boda —comentó en un suspiro.

—Todo cambio desde aquel día—respondió a su vez con cierta nostalgia dando un sorbo a su café—Pero te ha ido bastante bien, he seguido tu carrera y ha sido brillante, aunque creo que eso era de esperarse.

Yuri sonrió con cierta satisfacción, su carrera siempre sería su mayor orgullo y aquello que lo mantenía en pie incluso en los peores momentos.

—Por supuesto, no podía ser de otra forma, hablas de Yuri Plisetsky.

—En verdad me alegra —dijo con sinceridad y una vez que noto que la taza de Yuri se encontró vacia creyó que era el momento propicio para acompañarlo a su habitación, después de todo había algo en el rubio que no terminaba de convencerlo, él decía estar bien y sus palabras eran enérgicas, pero Yuuri percibía algo más—Creo que el viaje no te cayó bien, luces fatigado, vamos te mostrare tu habitación.

—Si, eso me caería bien—contesto frotándose los ojos, en verdad Yuuri era muy perceptivo ya que en efecto él estaba muy cansado.

Solo fueron dos semanas las que se extendió la visita, dos semanas fueron las que robo del tiempo de su entrenamiento, en dos semanas conoció su realidad.

En aquel tiempo recordó viejos tiempos, acompañaba al japonés a cada una de sus terapias y tras estas salían a dar uno que otro paseo a la ciudad siempre cuidando que Yuuri no forzara su tobillo.

El rubio se sintió pleno en aquellos días, recordó cuando era un niño de quince años, ingenuo y obstinado, y la compañía de Yuuri ayudaba bastante, el japonés sabía hasta donde preguntar, cuando guardar silencio y en más de un sentido le hizo sentir como en casa.

A tres días de su regreso a Estados Unidos las cosas se complicaron, Yuuri intuía que algo no andaba bien, lo supo desde el momento en que el rubio cruzara la puerta, la fatiga, el dolor mal disimulado, las náuseas, todo era una alerta para él, pero no sabía qué hacer. Hasta que por fin colapso.

A tres días de su vuelo un agudo dolor en el vientre lo despertaría por la madrugada. Un grito llenó de improperios a su vez despertó al japonés quien rápidamente solicito una ambulancia.

El muchacho permaneció hospitalizado toda la madrugada siendo sometido a diversos estudios.

—Maldición de seguro son amibas o una infección— se quejó el rubio en su habitación una vez que se sintió mejor—¿Porque carajos no me dejan salir?, si esto se prolonga por más días perderé mi vuelo.

Yuuri lo escucho en silencio sentado en un sillón sintiendo una tremenda angustia.

—Ojalá sea eso—dijo para sí mismo—Amibas.

El médico; un hombre de mediana edad con bastante experiencia en esos casos siendo frio al hablar le explico sobre su estado, el muchacho lo escucho incrédulo, pero los fundamentos eran irrefutables, al final el profesional dejó a ambos hombres con un sinfín de información e indicaciones a seguir.

Yuri estaba en shock, no lo demostraba, era demasiado orgulloso para hacerlo, pero el dolor físico no se comparaba con el emocional, con el peso que ahora cargaba sobre sus hombros. Yuuri lo miró preocupado, asustado, varias lagrimas se derramaron sin que pudiera contenerlas y mil ideas llegaron a su mente, pero el rubio fue más rápido en expresar solo una.

—No quiero perder mi vuelo—dijo entregándose a la negación de los hechos.

Después de una acalorada discusión por la buena intención del japonés. Yuri solo tomo sus cosas para ir camino al aeropuerto, Yuuri le acompaño en silencio, preocupado y con una extraña sensación de culpa.

El momento de la despedida llegó y tras un camino en completo silencio por fin se animó a hablar. Al llegar a documentar la maleta de Yuri aprovecho el momento.

—Siempre lo amaste, ¿me equivoco?

—¿Qué? —pregunto después de que lo tomara por sorpresa.

—A Víktor.

—¿Eso que tiene que ver?, no digas tonterías Yuuri —dijo incapaz de tocar ese tema y preparando sus maletas para documentar.

—Lo supe el día de mi boda, lo leí en tus ojos, pero jamás dijiste o hiciste nada, no pude saberlo si no hasta ese día—insistió Yuuri, sus intenciones eran variadas para sacarlo a tema, pero si la principal se cumplía habría valido la pena.

—Deja de decir estupideces antes de que me vaya.

—Solo quiero confirmarlo—dijo acercándose lentamente a él y ayudándole a dejar su maleta a documentar.

—¿Para qué?, ¿Qué ganas con eso?, vive tu vida y deja que los demás vivan la suya—Yuri lo hizo a un lado y una vez su maleta fue recibida procedió a buscar su boleto.

—Yuri, por favor, no puedes irte solo así, quédate más tiempo y déjame ayudarte.

—Maldita sea…—desesperado por las ocurrencias del mayor al final no estaba dispuesto a ceder—Eso es un tema viejo ya no importa y en cuanto a lo otro, es mejor que te preocupes por ti mismo, adiós—se despidió girando sobre sí para ingresar a la sala de espera, Yuuri fue más rápido alcanzando a detenerlo al sostenerlo por el brazo.

—Yuri, por favor perdóname.

—No pidas disculpas, era solo un niño, un niño estúpido e iluso, además, ¿a qué viene eso ahora? Sabes bien que estoy en perfecto estado.

—Tú sabes que es mentira eso, si te quedas puedo apoyarte, debes tratarte cuanto antes, por favor…

—Yo no tengo nada.

—Sabes bien que a él también le dolería si algo te pasará. Eres muy especial para él.

—Nos vemos. Te llamó luego.

Aquella vez fue la última vez que hablo con Yuuri.

Presente.

<<<Tenías razón, debí buscar atención inmediata>>>pensó con arrepentimiento.

Había despertado demasiado temprano como ya era costumbre, aún en los brazos de Viktor y mientras el mayor dormía, él se mantuvo observándolo en silencio, pensando, recordando todo lo que había sido hasta llegar a aquel punto.

<<< Sin embargo, aunque lo hubiera hecho, no había garantía de nada>>>. se consoló

Meses Atrás.

—Lo lamento señor Plisetsky, a estas alturas el tratamiento no puede hacer más, encontramos claras pruebas de metástasis, esto significa que se ha propagado a tal punto de afectar otros órganos adyacentes, podemos optar por el tratamiento con quimioterapia, pero esto solo con el fin de prolongar su supervivencia con un grado de calidad de vida en ella, le ayudara a aliviar algunos síntomas. Aunque a su vez la quimioterapia tiene por si misma sus efectos secundarios los cuales por supuesto son diferentes dependiendo el paciente.

Completamente vulnerable, aún en una bata de hospital sobre una camilla escuchaba aquellas palabras de manera fría como si hablaran de cualquier otra cosa que no fuera la enfermedad que lo había condenado.

—¿Cuál es el pronóstico? —pregunto sin querer mostrar emoción alguna, no quería mostrarse débil ante un completo desconocido.

—Bueno en estos casos solo contamos con el aproximado de un año, incluso puede ser menos, sin embargo puede que no pase más de un semestre en el que se encuentre en un punto de no retorno, señor Plisetsky, si hay algo que deba arreglar este es el mejor momento.

Presente.

—No vale la pena culparse por algo tan incierto—dijo para sí. Decidió tranquilizarse observando el rostro en completa calma de su compañero.

—De lo único que podría arrepentirme es por permitirte estar a mi lado en estas condiciones. Viktor no te mereces esto—El muchacho acercó su mano al rostro del mayor, delineo con cuidado cada una de las facciones del fino rostro intentando grabar en tinta indeleble dentro de su corazón el valor de aquel momento, aquella noche había sido su primera vez con el amor de su vida y el solo pensar en ello le llenaba de regocijo, de una felicidad que creyó jamás experimentar.

—Después de esto, todo se puede ir al carajo—dijo feliz.

—Mi amor, buenos días.

El platinado despertó con una sonrisa y de inmediato lo estrecho entre sus brazos dispuesto a retenerlo en ellos todo el tiempo que le fuera posible como su más valioso tesoro.

—Llevas mucho tiempo despierto, ¿cierto? —preguntó.

—Algo, no importa.

—Yuri, eres tan hermoso, es tan hermoso despertar a tu lado y verme reflejado en esos brillantes ojos verdes, no sé cómo viví tanto tiempo sin esas esmeraldas en mi vida, sin tenerte entre mis brazos— Yuri se limitó a reír enternecido por la seriedad con la que el hombre hablaba como si acabara de decir una verdad absoluta e irrefutable.

—Que cursi eres Viktor—respondió acercando sus labios a los de su pareja hasta sellarlos en un apasionado beso.

—Olvide que no eres de los que expresan mucho— sus labios estuvieron a punto de refutar algo, pero sorpresivamente su rostro se deformo en una mueca de dolor, llevándose al acto sus manos al vientre, encogiéndose en el lugar.

—Yuri mi amor, ¿qué te pasa?— pregunto con angustia sin saber exactamente qué hacer. En ese punto lo soltó de inmediato preocupado de lastimarlo.

—Du…duele como el infierno— alcanzo a decir en un suave susurro, como si siquiera el respirar le lastimara.

—Buscare tus medicamentos—Viktor de inmediato se levanto para buscar entre sus maletas los medicamentos de Yuri.

—No— el muchacho alargo su mano intentando alcanzar la del mayor— No… qui…ero dormir, ni mucho menos, so…solo quédate conmigo, ya… pasara—dijo inhalando profundo y cerrando los ojos, Viktor regresó al lecho con cuidado de no incomodarlo demasiado, busco brindarle algo de confort pasando una mano por su espalda, peinando los rubios cabellos y limpiando las perlas de frio sudor que se acumulaban en su frente.

—Todo estará bien amor, yo estoy contigo—repetía más para sí mismo besando sus cabellos en tanto el menor fruncía el ceño y mordía sus labios asintiendo, obstinado en no quejarse frente a Viktor.

Durante el transcurso del día lejos de mejorar sus síntomas empeoraron, el dolor menguo bastante tiempo después, pero fue seguido de fiebre, náuseas y vomito, Yuri en ningún momento quiso que algún médico del hotel se encargara de él, sabía lo que le sucedía y contaba con el medicamento suficiente para hacerle frente, pero no quería los efectos de este. Para el final del día el rubio apenas y podía moverse, costándole demasiado el mantenerse despierto.

—Viktor…—pronuncio su nombre con suavidad, mantenían las luces de la habitación apagadas con la esperanza de que durmiera un poco y Viktor había pasado a quedarse acurrucado en un sillón al lado de la cama. Yuri comenzó a tantear en busca de la mano del platinado.

—Aquí estoy mi vida—Viktor sostuvo su mano con suavidad llevándola a sus labios.

—Mañana a primera hora quiero regresar a casa.

—Se hará como tú quieras Yuri.

Los siguientes días fueron una Montaña rusa en la salud del joven, había días buenos en los que podía pasar su tiempo al lado de su pareja viendo una serie, en una salida espontánea o simplemente los dos en cama haciendo el amor cuántas veces se les antojase. Y había días malos, días muy malos en los que las fuerzas del rubio se iban, donde el dolor era insoportable y apenas podía retener alimento. Ambos sabían que era cuestión de tiempo para que esos días formaran parte de su vida, marcando el final de todo. Por lo cual buscaban sacarle el mayor provecho al tiempo que les quedaba como una pareja común y corriente.

Lejos de lo que las películas de complicadas tramas dramáticas dictan, donde la pareja protagonista debe lidiar con este tipo de problemas, no buscaron cumplir con una difícil lista de cosas por hacer, no desearon viajar a ningún exótico o romántico destino, ni mucho menos vivir aventuras extremas, en lugar de ello prefirieron regocijarse con la compañía del otro, llenar sus tiempos de sencillos pero significativos momentos que les darían de las fuerzas suficiente para enfrentar lo peor. De esta forma y estando consciente de que el tiempo con el cual contaban era limitado Viktor decidió darle a Yuri el lugar que merecía en su vida, comenzando de nuevo.

Fue un domingo al anochecer, caminaban tomados de la mano después de haber ido a ver una película, aún faltaba un mes para que el invierno desapareciera por completo, así que el frio podía sentirse, pero Yuri había querido dar una caminata de regreso.

Viktor lo miro, había perdido bastante peso, sus labios lucían algo resecos buscando protegerlos tras una gruesa bufanda, la tersa piel de su rostro se veía completamente blanca e inmaculada como si hubiera sido esculpida en un fino mármol, las mejillas rojas por el frio lo hacían lucir con cierta inocencia en tanto la luz de la luna se encargaba de bañar los rubios y largos cabellos brindándole de un místico resplandor como si de un hada se tratase, en ese momento Yuri Plisetsky se mostraba como el ser más hermoso y frágil que hubiera visto sobre la tierra.

Motivado por estos pensamientos detuvo su andar pidiendo a su compañero realizar lo mismo.

—Yurachtka, escúchame por favor.

—¿Qué pasa? —tomo ambas frías y delgadas manos entre las suyas—¿Pero que…?—Se extraño ante el gesto, pero el mayor coloco un dedo sobre sus labios pidiendo silencio.

?—Se extraño ante el gesto, pero el mayor coloco un dedo sobre sus labios pidiendo silencio

—Yura, siempre te has encargado de sorprenderme. Cuando te conocí solo eras un niño que seguro de sí mismo a base de arduo esfuerzo y dedicación se convertiría en el mejor patinador que esta nación ha podido ver, incluso pasando por sobre mí. Perdimos el contacto, pero sin importar los años transcurridos regresaste a mi vida como una bella casualidad en el peor de mis momentos, con tu tenacidad y férrea voluntad te encargaste de ayudarme a salir adelante a vencer a todos mis demonios sin importar que te encontraras librando tus propias batallas—comenzó a decir, el corazón de Yuri se aceleró en cuanto escucho el tono de Viktor, lo conocía y sabía que en ese momento haría algo que probablemente lo sorprendería

—Viktor…—Yuri estaba por argumentar algo, pero el mayor continuo.

—Perdóname por equivocarme, por no darme cuenta de que mi verdadero amor se encontró frente a mi todo este tiempo, por todos esos años perdidos y por no encontrarme a tu lado cuando más necesitaste de una mano que te ayudara.

—No sabías nada, además era un niño.

—Pero ahora lo sé y no puedo hacer nada, lo único que puedo hacer es esto, brindarte el lugar que mereces en mi vida, pero dime, ¿me dejaras ocupar el mismo lugar en la tuya? — del bolsillo interno de su abrigo sacó una pequeña cajita de terciopelo negro, se arrodillo frente a él y besando una de sus manos le pregunto. —Yuri ¿quieres casarte conmigo? — el muchacho se quedó estático frente a sus ojos, no podía articular palabra alguna, sin duda no esperaba algo así.

—Es una mala idea Viktor, una locura. Sabes bien que yo me iré y ¿después que?—dijo intentando persuadirlo.

—Seguiré siendo tuyo, por toda la eternidad, hasta que pueda alcanzarte —su respuesta lo conmovió hasta el punto en el que unas traicioneras lagrimas pugnaban por salir, pero debía mantenerse firme en su postura.

—No seas imbécil Viktor, no puedo, no sería capaz de permitir algo así y tú deja de ser tan idiota.

—Mi amor, ambos tenemos derecho a esto. Por favor por una vez en tu vida piensa en ti, en tu felicidad y déjate llevar.

Sus verdes esmeraldas brillaron de hermosa manera mientras observaba el anillo de oro blanco y esmeraldas que le ofrecía el mayor.

—No me rechaces gatito— una sonrisa se dibujó en el demacrado rostro mientras que asentía a la propuesta sin poder creerlo. Viktor coloco el anillo en el dedo corazón del rubio, para después tomarlo entre sus brazos estrechándolo con fuerza, con latente miedo a que aquel hermoso joven fuera solo una ilusión y pudiera desaparecer de un momento a otro.

Viktor se encargó de arreglar todo en el menor tiempo posible, no necesitaron de una costosa fiesta, ni siquiera una ceremonia, el simple hecho de saber que se pertenecían era más que suficiente. Se trató de un sencillo enlace en Montreal Canadá, llevado a cabo por un juez experto en la materia, solo ellos dos tomados de la mano sin querer brindar a nadie explicaciones de sus actos, mirándose el uno al otro como si se tratara del más valioso tesoro que pudieran poseer.

Yuri miraba a Viktor con adoración, era más que evidente la felicidad que albergaba, bastaba con observar la blanca e impecable sonrisa, vistiendo un traje azul rey a juego con sus ojos podía jurar que se trataba del ser más perfecto que hubiera visto, su pose era gallarda tomándolo con fuerza por ambas manos, asegurándole que sin importar lo complicado de la situación él se encontraría a su lado hasta el fin.

Por su parte Yuri a comparación de días anteriores se mostraba radiante, como si sus fuerzas hubieran regresado específicamente para ese momento, el rostro del muchacho desbordaba alegría. Su traje era sencillo, de un verde color, el largo cabello recogido por una media coleta, dejando suelto el restante, las mejillas fuertemente sonrojadas por el significado de cada palabra dicha por el juez, los finos labios sin poder articular palabra alguna, tensó, pero feliz e incrédulo de que aquello estuviera sucediendo. Su imagen era el más hermoso poema para Viktor encargándose de grabar en su corazón aquel dulce y nervioso rostro de su prometido antes de dar el sí.

El juez terminó haciéndoles firmar los documentos que legitimaban la unión.

Viktor regresó junto a su ahora esposo a su nueva propiedad, una casa ubicada a las afueras de Plateau Ouest dentro del territorio canadiense, conociendo los gustos del rubio, la casa era sencilla, bastante moderna y con las proporciones necesarias para albergar en su interior a un joven matrimonio, el mayor cuido lo suficiente que esta tuviera una rápida vía a los servicios médicos previniendo una posible crisis.

—Y bueno, ¿qué te pareció? — pregunto orgulloso de su adquisición al descubrirle los ojos mostrándole su nuevo hogar.

—Te luciste Viktor—respondió ingresando y comenzando a recorrerla.

—Entonces te gusta.

—Si, tenemos solo lo necesario, me agrada, me agrada bastante, suficiente para un nuevo comienzo.

—El comienzo de nuestro matrimonio—Viktor lo tomo por la cintura acercándose peligrosamente a sus labios para robarle un beso, atrapo sus labios mordiéndolos y disfrutando del suave y dulce sabor que de ellos emanaba, ansioso introdujo una mano por debajo de la camisa del muchacho recorriendo su espalda de manera peligrosa.

—¿Impaciente?— preguntó Yuri.

—No tienes idea de cuanto.

—¿Entonces que estamos esperando?

Los recién casados subieron ansiosos al lecho matrimonial donde aquella noche en más de una ocasión se entregaron en cuerpo y alma hasta quedar exhaustos, hasta donde la única palabra que pudiera salir de sus labios fuera el nombre del otro en un sutil susurro que sellaría su pacto de amor.

Sin embargo, el cáncer que Yuri padecía era un enemigo silencioso, pero letal e ineludible, en poco tiempo su cuerpo comenzó a cobrarle factura, y los que debieron ser días llenos de dicha y alegría para una pareja de recién casados se convirtieron en momentos de angustia y desesperación.

Es cierto que no todo fue de la noche a la mañana, que el cambio fue gradual y que Viktor habiendo ya compartido techo con su pareja había presenciado algunos de sus malestares, pero aquello no era nada comparable.

Con el pasó de los días los paseos disminuyeron, fueron suplantados por días y sus noches enteros en casa, Yuri presentaba mayor debilidad, había ocasiones en las que apenas y contaba con los ánimos suficientes para levantarse de la cama, como si pudiera aún más su apetito disminuyo obligándose a ingerir alimento solo por Viktor, además como si se tratara de una lastimera rutina cada noche en mitad de la madrugada el rubio despertaba deslizándose silenciosamente para no despertar a su pareja hasta el sanitario para vaciar de principio a fin el escaso contenido de su estómago. Por supuesto que Viktor lo escuchaba, desde la primera noche lo hizo, pero consciente de los esfuerzos de Yuri por no incomodarlo ni alarmarlo, por preservar su orgullo, únicamente se mantenía en alerta, escuchando con dolor las constantes y repetitivas arcadas, el golpe de impotencia del muchacho contra el piso y el agua del lavamanos correr, minutos después el joven regresaba; temblando, sosteniéndose de paredes y muebles hasta llegar al lecho matrimonial para aferrarse al cuerpo de su pareja e intentar recobrar el sueño. En aquellos momentos Viktor hacía esfuerzos descomunales para fingir continuar durmiendo, para no quebrarse y romper en llanto, para continuar con la farsa. Las mañanas cambiaron lentamente, los episodios de dolor se volvieron frecuentes, provocando que el muchacho se mostrara incapaz siquiera de moverse. Pese a que podía ser controlado con medicación, Yuri la evitaba por el efecto de extrema somnolencia que esta le provocaba. En aquellos días la voluntad de Viktor no flaqueo en ningún momento, religiosamente le suministraba de sus medicamentos, él mismo preparaba sus alimentos importándole poco los propios, lo ayudaba a asearse y buscando distraerlo se sentaba a su lado para ver alguna película, revisar redes sociales o hacer lectura de algún libro.

Las visitas al médico se volvieron recurrentes, pero no funcionaron de nada, el diagnostico indicaba que pasaba por síntomas que si bien se podían controlar no podían ser eliminados y conforme avanzaban, la hospitalización se convirtió en una posibilidad.

—No pienso pasar mis días encerrado en una maldita habitación con olor a cloro, rodeado de gente extraña, prefiero quedarme aquí, de cualquier forma, moriré, así que es mejor que lo haga donde yo quiera, en mi casa— repetía obstinado, el mayor evitaba contradecirlo, pero opinaba muy diferente, no soportaba verlo cargar con tal sufrimiento y estaba seguro de que al menos en un hospital podrían ayudarle de mejor manera, pero acato su decisión de principio a fin.

La mañana de su cumpleaños Yuri amaneció mucho mejor de lo que en días anteriores se había mostrado, celebro junto a Viktor cumplir veintidós años, realizaron un maratón de películas de ciencia ficción y al anochecer el platinado le haría entrega de su regalo, un peluche de tigre.

—¿Qué rayos? —pregunto el joven extrañado al sacarlo de su caja.

—Un tigre que cuidara de otro tigre, ¿no crees? —dijo con una sonrisa, mientras que su compañero exhalaba buscando un poco de paciencia dentro de su ser, pero agradeciendo el obsequio.

Aquel día todo funciono de manera normal, como si fueran una pareja más, pero por la noche todo fue muy diferente.

El joven se había ido a dormir a las nueve, pero antes de las once el dolor lo despertó, Viktor toco su frente buscando reconfortarlo, pero se impresiono al hacerlo.

—¡Estas ardiendo!

—¡Ahhhgg! cal…cálmate, so… solo quédate a… mi lado—dio por respuesta, el hombre noto como le costaba pronunciar cada palabra no sabiendo si por el dolor o si algo más sucedía, completamente alarmado corrió al sanitario en busca del medicamento, probablemente la fiebre era provocada por el dolor así que con o sin su voluntad se lo suministraría. Regresó a la habitación solo para encontrar a Yuri en el suelo con el bote de basura entre sus manos, arcada, tras arcada le hacían expulsar el contenido de su estómago, pero había algo más, débil soltó el bote haciéndolo a un lado y manteniendo una mano en el pecho jalando aire con desesperación. Se alarmo al encontrarlo incapaz de respirar, ahogándose con su propia sangre.

—Vik…—sus verdes ojos conectaron con los suyos, desgarrándolo en el acto al presenciar el dolor que estos reflejaban.

—¡Yuri!—

La ambulancia no tardó en llegar, el camino al hospital fue angustiante, pese a que el equipo de primeros auxilios había logrado estabilizarlo el menor aún sufría, sentado a un lado de él, tomando su mano entre las suyas le llenaba de palabras vacías buscando tranquilizarlo, reconfortarlo, aun cuando él estuviera a punto de quiebre.

El principio del fin había comenzado.

—En este punto no hay retorno, la hospitalización es necesaria, los pulmones se han visto comprometidos—explico con un semblante serio el médico.

—Pero toda la mañana se encontró bien, no presentó dolor alguno, de hecho fue su mejor día— explico Viktor como si con ello pudiera remediar algo buscando esperanzas donde ya no las había.

—Lo siento, pero nos enfrentamos a un cercano desenlace—aquellas palabras terminaron por matarlo en vida, sintió su corazón estremecer ante la sola idea, mil lagrimas surcaron su rostro y un ligero temblor se adueñó de él.

—No, no…— susurro, negó con fuerza, no estaba listo para ello.

—Lo mejor es prepararnos para lo peor, llame a su familia, arregle todo aquello pendiente, es mi recomendación.

—No…no puede—respondió quebrándose en llanto—Es imposible, es demasiado joven solo tiene veintidós, hoy recién los cumplió, es absurdo e ilógico, es un atleta, es mi esposo, por favor hagan algo por él, no importa el dinero, pagaré lo que sea, no importa lo que necesite, se lo daré, mis pulmones, mi corazón, solo por favor sálvelo.

—No es tan sencillo, el paciente fue advertido y ambos deben prepararse. Es una pena que sea así, pero no es algo contra lo que no podemos dar lucha, lo único que nos queda es ayudarlo a irse en paz con el menor sufrimiento posible, y usted debe ayudarle a aceptarlo, usted debe ayudarle a irse en paz.

—No…no— repetía sin querer entenderlo.

—Lo hemos estabilizado, ¿gusta pasar a verlo? —cerro los ojos con fuerza negándose a continuar llorando y asintió en silencio.

Ingreso a la hostil habitación, lo que vio en ella lo desarmo por completo; una intravenosa traspasaba su muñeca suministrándole de medicamento, un monitor conectado a su pecho daba informe de su frecuencia cardiaca, una gruesa mascarilla brindaba del oxígeno necesario permaneciendo sobre el fino y delgado rostro, como si los parpados pesaran más de lo normal los abrió con esfuerzo, enfocando aquellas esmeraldas en su esposo, Viktor corrió a él, el muchacho apenas y levanto una mano en dirección del mayor, este la tomo aferrándose a ella.

—Yuri, mi vida—Los verdes ojos lo miraron fijamente con dolor y resignación.

—Viktor…— su voz se trató de un suave susurro, torpemente intento quitarse la mascarilla, pero el mayor lo detuvo.

—No bebé, no hagas eso—dijo colocando una mano por sobre la suya.

—¿Puedo pedirte….un …favor?— pregunto.

—Lo que sea—respondió acariciando su frente y peinando los rubios cabellos hacía atrás.

—Llévame a casa—Ya se lo esperaba, Viktor soltó un largo suspiro antes de responder.

—No podemos, no aún— el muchacho frunció el ceño frustrado.

—Lo…pro…metiste.

—Lo sé, pero…— sentía su voz quebrar, no quería contradecirlo.

—No importa,…me quedare…el tiempo…necesario—accedió entendiendo lo que sucedía y buscando no hacérselo más difícil.

Yuri no mintió cuando quiso apartarlo de su lado, fue completamente sincero al hacerle saber que el final no sería nada agradable y que no quedaría nada de lo que fue.

Bastó solo una semana para que aquel hermoso muchacho que tan solo años atrás posará para importantes marcas, para que el deportista ganador del oro en sinnúmero de competencias, quedara reducido a un delgado y demacrado hombre que día a día luchaba ya no por su vida, si no por ocasionarle el menor dolor posible a su pareja, sabiendo de antemano que fracasaba colosalmente. Aun así Viktor en ningún momento decayó, pese al esfuerzo y la fuerza que la situación demandaba se mantuvo firme, determinado, incluso aún más que como la leyenda que alguna vez fue. Lo cuido hasta el final, buscando su comodidad, cumpliendo cada petición, amándolo devotamente y pidiendo con todas sus fuerzas el tener la posibilidad de intercambiar lugar con él. No durmió por bastantes días, se olvidó de probar alimento alguno, de asearse, de salir de aquel hostil lugar, solo vivía por y para él, pero jamás se quejó, no tenía derecho a hacerlo cuando quien más sufría no lo hacía. Tomo su coraje como propio y enmascaro su sufrir. Al menos hasta donde más pudo.

La semana estaba por terminar y hacía un día sumamente soleado, Viktor leía un libro al lado del muchacho quien mantenía los ojos cerrados, quieto como si durmiera, pero en realidad le escuchaba, dos golpes a la puerta lo tomaron por sorpresa tanto a él como a Yuri.

Se aproximo a la puerta y lo que encontró tras ella le sorprendió.

—Viktor—Se trataba de su mejor amigo Chris quien se abalanzó sobre él abrazándolo al acto.

—¿Sabes…, que es casado? —apenas y su voz se escuchó, pero fue suficiente para que el hombre soltara a su amigo y se dirigiera a Yuri.

—¿Yuri?

—Si, …lo que queda—respondió. El hombre lo miró detenidamente para después hacer lo mismo con su amigo. Ambos lucían terriblemente mal.

—¿Puedo hablar con Viktor?.

—Vayan, le hará bien—respondió y cerró de nuevo sus ojos, el mayor dudo antes de salir de la habitación.

—Ve…tranquilo…aquí seguiré.

Ambos hombres salieron, Viktor inmensamente intranquilo, pero confiando en las palabras de su pareja, dieron un paseo por los jardines del lugar.

—¿Qué haces aquí Chris?—preguntó deteniéndose para tomar ambos asiento sobre una banca.

—No respondiste mis últimos mensajes, intuí que algo andaba mal, no fue difícil localizarte, se infiltraron noticias sobre la salud de Yuri en los medios.

—¿Ahora todos lo saben?—pregunto alarmado de que justo lo que Yuri tanto quería evitar sucediera.

—No, tu ex me alerto a tiempo, logramos callarlos, Lilia y Yakov hicieron lo propio, sin embargo me pidieron venir.

—¿Él,… Yuuri, lo sabe?

—Por supuesto, fue la primer persona en enterarse.

—Ya veo— Viktor se quedó pensativo analizando las circunstancias, no entendía porque había sido el último en darse cuenta y peor aún, tampoco ayudaba mucho el saberlo.

—Yuuri está aquí, también Otabek, Lilia y Yakov. Conocen la situación a la perfección y quieren estar con él.

—Ya veo, me ensimisme tanto en él, que me olvide de los demás.

—Es natural, es sorprendente como has aguantado con esto tu solo, pero no tienes porque seguir haciéndolo, estamos con ustedes dispuestos a apoyarlos —Lo intento animar Chris.

—Lo siento amigo, no puedo permitirlo, es un camino que solo nosotros debemos recorrer, sin embargo, es justo que se despidan, pese a que él se niegue, terminara por entenderlo.

Yuuri fue el primero en pasar a ver al muchacho, antes de entrar no cruzó palabra alguna con Viktor, en aquella situación estaba de más, de todas formas, a quien quería ver era al joven.

—Yuri— apenas entró y corrió a su lado.

—¿Tú?—pregunto al voltear a verlo, lucía tan angustiado, ver sus ojos con las lagrimas contenidas lo hicieron sentir culpable.

—Si, soy yo, Katsudon.

—¿Porqué… estas…aquí?.

—Somos amigos, no me habría perdonado no venir—dijo tomando una de sus manos entre las suyas y acariciando con suavidad sus nudillos.

—¿Amigos? —se burló con ironía—¿No estas…enojado?

Yuuri entendió que se refería a Víktor por lo que se apresuró a negarlo.

—Para nada, de hecho cuando me entere no pude evitar sentirme muy feliz por ambos. Espero que hayan pasado tiempos muy felices y se hayan amado con la intensidad que merecen. Por otro lado, perdóname tu a mí por haber estorbado en su camino cuando era más que obvio que ustedes terminarían juntos.

—Tu disculpa…es tan…absurda como mi culpa…—sonrió apenas abriendo los ojos y mirándolo, Yuuri se arrodillo a su lado aun con su mano entre las suya reconfortándolo con el calor que estas emanaban.

—Yuri, gracias por ser mi amigo, por cruzarte en mi vida y enseñarme tantas cosas.

—No…te…despidas.

—Solo escúchame por favor— le pidió con un nudo en la garganta sintiendo las lágrimas derramarse.— Gracias por mostrarme toda tu fortaleza, por derrochar toda esa seguridad y determinación, gracias a ti aprendí todo lo que se puede lograr con esfuerzo y perseverancia, pero sobre todo gracias por haber ido a visitarme aquel día cuando no podía sentirme peor, por pasar ese tiempo conmigo, por acompañarme a mis terapias y brindarme tu compañía. Gracias por todo y discúlpame por no haber insistido más, por no obligarte a quedarte, por no haber sido capaz de hacer algo por ti—el muchacho se soltó y acaricio los negros cabellos débilmente.

—Gracias a ti…por ser el primero…en preocuparte.

Yuuri abandono la habitación, se encontraba deshecho cuando lo hizo, pero feliz de al menos haber tenido aquella oportunidad, se detuvo unos minutos antes de irse fijando su mirada en Viktor.

—¿Me has perdonado?

—Hiciste lo correcto en su momento. Gracias—dijo estrechándole la mano.

—Por favor, si necesitan algo, lo que sea solo avísenme, me quedare lo suficiente.

A la mañana siguiente Lilia y Yakov llegaron muy temprano, en medio de llanto y palabras suaves también se despidieron de su pequeño prodigio.

—Hoy más que nunca me siento muy orgulloso de ti Vitya — le dijo el duro hombre al despedirse, en tanto Lilia en medio del llanto le pidió no abandonarlo.

Por la tarde el último en llegar fue Otabek, el muchacho lucía tensó al ingresar al hospital, temeroso de lo que encontraría.

—No te asustes de lo que encuentres, porque él ha cambiado demasiado— le advirtió Viktor antes de pasar— Sin embargo, aun así, su belleza sigue siendo única, por favor no te quiebres, significas mucho para él— el joven asintió ante las advertencias, con las manos temblorosas empujo la puerta sintiéndose preparado para ingresar por ella, aunque tal vez solo se mentía a sí mismo.

—Yura— susurro encontrándole semi consciente.

—¿Beka? ¿tú también?.

El moreno se quedo en la puerta paralizado, lo imaginaba mal, pero verlo en tal estado fue peor.

—Si, soy yo— se limitó a contestar— No me habría perdonado no venir.

—Hubiera preferido…que no lo…hicieras. Quería que tu último…recuerdo…fuera otro.

—Yura por favor no digas eso, sabes lo que significas para mí.

—No quería que…vieras esto— No se contuvo más, de inmediato corrió a su lado y sin poder evitarlo beso su frente dejando caer algunas lágrimas.

—No digas eso. La imagen que tengo de ti nada ni nadie podrá jamás borrarla.

—Beka, eres lo mejor que pudo pasarme —dijo extendiendo su mano hasta tocar su rostro, el moreno la sostuvo y beso su palma.

—Mi fuerte Yura.

—Al final ya no.

Fue la última mañana de marzo, después de que le dieran esperanzas de unos cuantos días resistió un mes entero, el mes de su cumpleaños, y como si de un encanto se tratara al término de este el final llegó.

El rubio dormía mientras Viktor se encontraba a su lado, admirando la vista del cielo azul tras la ventana, imaginándose en otro lugar de la mano de su esposo, caminando en la playa, en un parque de diversiones, de paseo en el bosque, patinando, donde fuera, pero no ahí. Sus pensamientos volaban alto muy alto de la dura realidad brindándole esperanza de algo que jamás sería al tiempo que con una mano sujetaba la de Yuri. Sin previo aviso esta lo tomo con una fuerza que hacía tanto no sentía, asustado regreso su mirada al lugar, encontrándole despierto.

—Llévame a los jardines—pidió con una claridad que hacía mucho no escuchaba.

—Es imposible.

—De todas formas, lo que suceda es inevitable, solo quiero eso— pidió con fervor, lo analizo y tenía razón, no podía negárselo, no cuando pudiera ser que aquella era la última vez que la luz del sol lo bañaría y la suave brisa rozara su rostro.

Decir que le costó que los médicos accedieran a su petición es decir poco, la negativa era rotunda, pero el platinado era persuasivo y lo logro, lo llevó consigo sacándolo de su encierro, en compañía de un enfermero, en una silla de ruedas con un tanque de oxígeno y con toda la debilidad de su ser, sin embargo lo había cumplido, al fin salía de aquel frio lugar.

Llegaron a los jardines y adivinando el pensamiento de su esposo lo tomo en brazos para tomar asiento con el sobre su regazo en el fresco césped, los verdes ojos resplandecieron ante el sol matutino de primavera que bañaba su pálida piel, con felicidad apreció como hacía mucho no lo hacía la suave brisa tocar su piel, y haciendo de lado por unos segundos las cánulas de sus fosas nasales aspiro con cuidado el aroma a tierra recién mojada y perfume que algunas flores desprendían. Sintiendo una vitalidad y felicidad momentánea sonrió hacia su pareja quien lo sostenía con delicadeza, mirándolo con infinito amor y ternura.

—Sin quererlo te hice mucho daño—comenzó a hablar fluidamente, como si todas sus fuerzas se concentraran únicamente para ese momento.

—Eso no es cierto.

—Lo es, dejaste todo por estar a mi lado, te abandonaste a ti, me trajiste a un lugar remoto donde nadie pudiera incomodarnos dejando atrás a tus amigos y tú vida, te casaste conmigo aun conociendo el cercano desenlace, me cuidaste como el ser más valioso sobre la Tierra y eso es algo que jamás te podré pagar, me hiciste amar mi vida, incluso después de todos los errores que cometí, de todo lo que fui durante estos años, no sabes cuánto me arrepiento por haberte arrastrado a este infierno donde yo fui tu mayor verdugo, te hice pagar algo que no debías.

—No fue asi—negó vehemente— Nada de eso fue así, me diste los más maravillosos momentos de mi vida, el mejor sexo que he tenido y el amor que jamás creí experimentar. Yuri eres muy valioso y preciado para mí, no me importa quien hayas sido años tras, pero para mí ha sido un placer y un privilegio estar a tu lado, cuidándote, y amándote, ahora solo me quedaran tus recuerdos, aquellos que me ayudaran a enfrentar toda una vida sin ti.

—Eres un tonto y un cursi, pero te amo, te amo más que a nada y si pudiera pedir algo, solo pediría que lo superes, que continúes con tu vida, que seas infinitamente feliz y la vivas al máximo.

—Yuri…

—Sé que pudo ser una vida juntos, nada me hubiera gustado más que eso, pero la vida es una perra y esto es lo único que nos permitió, pero no es el fin, así que solo te queda continuar viviendo por los dos, ten esa maravillosa vida que siempre soñaste, si puedes enamórate de nuevo y ten esos hijos que sé que anhelaste, después de todo la adopción no es el único medio, sé el mejor padre, el mejor abuelo. Sé feliz por mi Viktor, es lo único que te pido y solo cuando seas lo suficientemente anciano alcánzame, ¿le concederás su última petición a un moribundo?

—¿Pero qué tipo de vida podré tener sin ti?

—Una maravillosa, solo créeme en lo que te diré, yo estaré contigo con cada paso que des, yo te cuidare y guiare, me asegurare que no cometas las mismas estupideces que yo. Ten por seguro que siempre estaré ahí, siempre que quieras podrás hablar conmigo y te escuchare. No me encontraré en una fría lapida, o una tonta urna, seré parte del mundo que te rodea, de los rayos del sol que caen sobre tu piel, de la lluvia que te moja, de los copos de nieve que se derriten en tu piel, solo piensa en ello cada vez que te sientas solo y por favor jamás me olvides.

—Yuri, mi Yuri, por favor no…—Sin embargo se detuvo a media frase, ya había sufrido demasiado, sería injusto pedirle que no lo dejará cuando no había más que hacer por el rubio, cuando ya había soportado tanto—Mi amor.

—Jamás te abandonare mi Viktor—dijo en un suave susurro adivinando la oración. —Bésame.— le pidió, Viktor lo sabía, aquel era el final y pese a todo aún no se encontraba preparado. Se acercó con delicadeza a los labios de su amado sellando el que sería el más triste beso de amor.

—Quiero…quedarme aquí…toda la tarde— pidió volviendo a perder el aliento y sintiendo los parpados cada vez más pesados, el mayor asintió sintiendo un enorme peso en su corazón, lo acurruco en sus brazos y tarareo una vieja canción de cuna que Yuri le contó una vez cuando era un niño que su abuelo le cantaba. Pasaron los segundos, minutos e incluso horas, los que se mantuvo ahí la pareja de enamorados, Viktor acunándolo mientras Yuri de nueva cuenta hacía frente al dolor, frunciendo el ceño y mordiendo sus labios para no quejarse, aferrándose a la camisa de su esposo, Viktor se mantuvo firme, no lloró, continúo arrullándolo entre sus brazos hasta que aquel maravilloso ser se extinguió.

—Te amo Viktor— dijo en un casi inaudible susurró cerrando sus bellos ojos para siempre.

Publicado por nincoxx

De entre todas las cosas en la vida mi mayor placer es escribir, para mi es tan esencial como el aire que respiro. Por medio de mis historias puedo ser libre, explorar mil y una posibilidades, salir de la monotonía, vivir varias vidas y convertirme en distintas personas. En lo personal me considero una persona completamente romantica, sin embargo mis historias pueden estar llenas de tragedia o finales no muy felices, pero sin embargo nunca faltará una buena dosis de amor.💓

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