Tabú 55


Solía festejar cada uno de mis triunfos por más que fueran pequeños y con mucha alegría me reunía con amigos en algún restaurante o taberna y compartía con ellos mi alegría por el logro obtenido.

Lo había hecho cuando me nombraron el mejor modelo juvenil, cuando gané la gala de la pasarela de Milán en mi primera presentación, cuando me gradué de la universidad, cuando fui nombrado el hombre más sensual del año por la revista Vanity Fair y cuando decidí independizarme de mi madre.

Un logro como el que había conseguido en poco más de un año de esforzada labor gerencial tenía que festejarlo a lo grande y es que el reparto de utilidades ese año a pesar de todo lo que vivimos fue óptimo, además no todos los empresarios se pueden preciar de haber vencido a los monstruos banqueros y haber cancelado una deuda que parecía impagable.

Las cifras de Nefrit estaban en azul y mi corazón estallaba de alegría infinita pues nada detendría a la firma para que siguiera adelante. Estaba decidido a forjar su camino paso a paso, en un largo plazo haría que la empresa creciera lo suficiente para que fuera reconocida entre las “top ten” firmas de moda del mundo y no solo de Europa como estaba catalogada.

Con todo lo que tuvimos que superar el anterior año prometí que jamás volveríamos a depender de los bancos y sus intereses usureros. Ni un solo euro o rublo de mis empresas engordarían los bolsillos de esos siniestros personajes que manejaban las deudas de naciones enteras, desayunaban champán de seis mil dólares o cenaban caviar de esturiones casi extintos, mientras dejaban en la miseria y al borde del suicidio a miles y hasta millones de hombres y mujeres que no podían hacer frente a sus deudas que crecían día a día en intereses, moras y multas.

Esos canallas no volverían a ver mi firma estampada en ningún contrato de préstamo, tampoco tendría mis ahorros de empresa y personales en sus bóvedas porque desde ese momento haría uso de criptomonedas para resguardar mis finanzas y compraría propiedades y oro para un ahorro a largo plazo.

Pero más allá de mi total rechazo y hasta desprecio por los vampiros financieros, lo que quería era manejar con completa autonomía mis empresas. Lo lograría con el tiempo y por el momento solo trabajaría con ciertos bancos en cuentas corrientes que movilizaran los ingresos diarios de la empresa.

Además, quería festejar a mis colaboradores. A Lilia en especial porque sin su ayuda y su esfuerzo, sin sus ideas y sin sus desvelos no hubiéramos podido estar donde estábamos. Yuri y yo coincidimos en hacerle un homenaje especial en la ceremonia y agradecer con un gran regalo su entrega incondicional.

Compramos para ella un piso en un edificio del centro financiero de Moscú, un lugar muy preciado y que en poco tiempo había adquirido un valor excepcional. Ella sería propietaria de una gran oficina de cien metros en el piso número nueve de la moderna construcción y podría disponer de ella cuando quisiera.

Para el evento invitamos a mucha gente conocida del medio. Diseñadores, propietarios de cadenas de distribución, representantes de las mejores tiendas on-line y buotiques exclusivas de Italia, Francia, Estados Unidos y Reino Unido.

También asistieron nuestros principales abastecedores y nuestros amigos íntimos del medio que, aunque fueran nuestra competencia, eran también nuestros mejores críticos y nuestro aliciente para seguir remando en las oscuras y turbulentas aguas del mundo del diseño y la moda.

Yuri lucía un traje verde olivo muy pegado al cuerpo y parecía un príncipe. Yo opté por un traje en negro completo con cuello alto y cerrado que mi hermanito diseñó y mandó preparar con mucho esmero. Fui testigo que se quedó muchas noches en los talleres de la empresa revisando cada detalle de su confección y que, en los momentos de recreo, llamaba a los confeccionistas para corregir algunos detalles del ajuste a mis hombros y cintura.

Lilia se veía espectacular como siempre con un vestido largo de color bronce que la hacía parecer una reina de la edad de oro del cine y yo la llevé de brazo hasta el estrado donde presentó una pequeña colección de trajes elegantes de noche.

Para la presentación contamos con la participación de las ex modelos exclusivas que habían posado para los lentes de los mejores fotógrafos con trajes que mi padre diseñó a lo largo de todos los años de la empresa.

Mujeres consideradas las más bellas del mundo en su momento y es que la belleza de las rusas, ucranianas, bielorusas, eslovacas, rumanas y húngaras siempre ha tenido una aceptación importante por parte de los diseñadores y las agencias de modelos. Sus finos cuerpos, senos proporcionados, ojos grandes y claros, rostros simétricos y sonrisas perfectas las han convertido en las favoritas de las cámaras fotográficas y los lentes de las filmadoras.

Ellas aceptaron con mucho gusto y llegaron dos días antes de la presentación de la empresa justo cuando la primavera estaba en su apogeo. Mila se encargó de atenderlas y Lilia las vistió con los mejores trajes que habían pasado a formar parte del museo de la empresa, pero también se pusieron los bellos modelos que habían quedado de lado para la presentación de Milán y que con ciertos arreglos fueron exhibidos fuera de temporada.

La fiesta en el Magestic Boutique Hotel fue la más comentada de ese año y es que no escatimé a la hora de anunciar lo feliz que me sentía y quería que todos se enteraran de los planes que había diseñado para la empresa y de los planes futuros de los hermanos Nikiforov.

Era viernes por la noche, un viernes escogido con especial cuidado para que no coincidiera con ningún partido o entrenamiento que Yuri tenía con el equipo de la escuela. Invitamos también a la directora y por supuesto que a Georgi porque él había terminado una relación con una bonita psicóloga y se sentía muy solo, alguna de las chicas que acudieron a la fiesta se fijaría en sus ojos azules y aceptaría bailar con él y compartir un trago.

La fiesta empezó puntual pues el hotel tenía un horario estricto, así que acompañados de suave música ambiental, un menú de bocadillos muy delicioso y cualquier cantidad de licor fui saludando a mis invitados con quienes conversé a gusto sobre mis planes.

Yuri me acompañaba todo el tiempo y yo estaba feliz de hacer que mi hermano también participara de nuestras conversaciones. Era para mí necesario que él se involucrara con la vida y la visión de la empresa para que más adelante, cuando yo le dejara la posta de su dirección, él tuviera ya esa red de contactos necesaria para el desarrollo de Nefrit.

Yuri escuchaba en silencio nuestras pláticas de adultos y nos hacía ciertas preguntas para entender mejor lo que decíamos. Eso era lo que me gustaba de mi hermanito, no tenía miedo de decirte que no entendía nada de lo que estabas diciendo y de pedirte una explicación detallada sobre el tema.

Yakov y yo hablábamos de las peripecias y los acuerdos que hicimos con los directores del Sberbank para que nos extendieran más el plazo de pago de la deuda, sin subir demasiado los intereses y sin cobrar las multas, pues la moras ya las habíamos asumido.

—Esos desgraciados no entendieron en un inicio que la empresa atravesaba un momento tan crítico y que los dos chicos habían quedado desorientados con la ausencia de Mirko —comentaba Yakov sosteniendo su grueso habano que permanecía apagado desde hacía media hora entre sus dedos—. Solo decidieron extender dos meses más en el plazo y si no fuera por las cartas fianza que saqué con algunos socios de mi firma nos hubieran comido enteros.

—Ellos pensaban que venderíamos Nefrit y estaban dispuestos a financiar a nuestro futuro comprador para así ganar el doble con la transacción —apunté con toda seguridad, pues me enteré por un amigo de la revista Economik Pulse que esa era la jugada planificada entre los hombres que se habían presentado interesados en comprar la firma y los directores del Sberbank.

—Los banqueros y sus directores son todos unos desgraciados —dijo Alan Brisco de la firma de cuero Rotterdam Sock.

—Solo los superan los abogados —afirmó Nikolai Musilov mirando a Yakov y todos reímos a pierna suelta, incluyendo nuestro querido doctor Feltsman.

Yuri nos miró con la cara larga y al parecer el chiste no le hizo ninguna gracia; pero hizo una pregunta que me dejó intrigado.

—Si nos alejamos de los bancos ¿no nos estamos cerrando las puertas del mundo financiero? —Yuri me miraba con insistencia pues por su postura y el tono de su voz podía adivinar que la conversación se la había hecho pesada—. Ellos son como un mal necesario, creo, no podemos tratar a los bancos como si fueran una peste.

Todos nos quedamos callados porque sabíamos que mi Yuri tenía toda la razón y que no podíamos alejarnos por completo de los bancos.

—Tienes razón joven Nikiforov —sostuvo Musivol—. Los bancos con como las enfermedades venéreas, sabes que las vas a adquirir, pero no puedes evitarlo porque es un riesgo que corres cuando tienes una urgente necesidad.

Volvimos a reír y Yuri nos miró con el entrecejo junto como si todos fuéramos unos verdaderos degenerados. Yo sabía que era un comentario subido de tono, pero mi hermano debía prepararse para tratar con todo tipo de personas pues la vida y el mundo no es bonito y la gente tampoco.

Viendo la incomodidad de Yuri, Yakov lo envió a la barra de bocaditos y nosotros seguimos con nuestra conversación sobre las futuras colecciones y lo bien que se veían las modelos de Mirko a pesar de los años que habían pasado.

Después de beber algunos tragos y saludar a algunos periodistas invitados a la ceremonia, algunos comentaristas del mundo de la moda y otros columnistas de las páginas de economía de los diarios más importantes de la ciudad levanté la vista para ver si Yuri seguía llenando su estómago con algún bocadillo, pero no lo encontré y de inmediato pensé que se había retirado de la fiesta aburrido de tantas personas adultas que llenábamos el salón.

Iba a salir a uno de los balcones del hotel para llamar a mi hermano cuando mi mirada lo ubicó en una pequeña mesa dispuesta junto a la ventana del lado oriente del salón. Se hallaba en compañía de una hermosa mujer que le tomaba la mano y le hablaba al oído.

Estaba vestida con un traje de fiesta largo negro con pliegues y mostraba un escote impresionante que casi le llegaba al ombligo y sus movimientos dejaban descubierta más piel de la necesaria. No quería pensar que estaba intentando seducir a mi hermano menor; pero la idea sí pasó como un rayo intempestivo por mi cabeza y me hizo saltar.

Esa cercanía me pareció demasiado peligrosa. Una mujer mayor que se interesara por un chiquillo era algo raro; pero no imposible en un mundo tan complejo como es el mundo de la moda. No me gustó los gestos que ambos llevaban en el rostro y sobre todo que mi hermano la mirara a los ojos con demasiada atención. Mucho menos me gustó que ella estuviera sujetando el rostro de mi hermano con ambas manos y que, con un suave movimiento de su mano, apartara el largo mechón que cubría sus ojos.

Yuri parecía seducido por la dama y yo no iba a permitir semejante aberración. Así que dejé de lado a un joven periodista con quien estaba conversando y me dirigí hacia la mesa donde Yuri compartía una bebida, conversaba a gusto y seguía sosteniendo las manos de esa bella y extraña mujer.

Sin esperar más me acerqué y respiré profundamente para alejar la preocupación de mi rostro y ser amable con la bonita señora.

—¿Todo está bien Yuri? —Sonreí al ver los ojos azules de tan bella dama.

—Víctor ella es Olenka Kaminski —Mi hermano señaló a la dama y ella intentó ponerse en pie para saludarme, pero con un gesto de mi mano lo impedí—. Ha sido la mejor amiga de mi mamá.

—Hola Víctor que alegría conocerte. —Alta, delgada, fino rostro, rubia melena peinada en un moño desordenado y de sonrisa sincera, la bella mujer estiró la mano para saludarme y yo le di un beso en el dorso—. He seguido tu trayectoria desde que te convertiste en modelo y ahora que has tomado las riendas de la empresa de Mirko también te sigo.

Me llamó mucho la atención que Oleka hablara con tanta familiaridad sobre mi padre; pero sabiendo que había sido la mejor amiga de la mamá de Yuri deduje que también conoció a Miroslav Nikiforov.

Me senté junto a ellos para escuchar un poco de esa historia que yo no conocía y que Yuri también ignoraba. Una historia de amor y de traición.

—Fuiste la mejor amiga de Ivanna. —Deseaba ponerme al día sobre las cosas que había comentado a Yuri—. Supongo que le contabas a mi hermano algunas anécdotas que vivieron juntas.

—La conocí cuando trabajábamos para la marca de cosméticos Dupree y luego fuimos a un casting de Ismara Phillips y allí conocimos a Mirko. Le decía que trabajamos con él cuando todavía Nefrit era un proyecto sin mucha forma. —La dama me miraba tal como lo hizo con Yuri como queriendo ver a mi padre en mí.

—Mi padre trabajaba todavía para la firma de los Wolansky en ese momento. —Recordé que habíamos viajado varias veces a Kiev con mi familia por la relación que mi padre llevaba con la familia dedicada a fabricar ropa de cuero.

—Le decía que era increíble el parecido que tiene con Ivanna sobre todo el color de los ojos y la pequeña nariz. —Ella sonrió mirando a Yuri y mi hermano se ruborizó—. En todo lo demás se parece al papá, pero Ivanna vive presente en sus ojos.

—¿Qué tan amigas fueron? —pregunté con curiosidad mientras recibía una copa de vodka que un atento mesero me alcanzó.

—Tanto ella como yo sabíamos nuestros secretos más íntimos y estuve con ella hasta unos días antes que naciera Yuri. —Los ojos de la dama se entristecieron y los de mi hermano también.

—Víctor dice que mi mamá escogió mi nombre y que le hizo jurar al abuelo que si era niña me llamaría Tania como mi abuela y si era niño Yuri porque ese nombre le gustaba mucho. —Yuri volvió a ser el niño tierno que hacía mucho no veía—. Olenka dice que ella sabía que algo andaba mal con su salud y que por eso habló a mi abuelo y le recomendó muchas cosas para mi futuro.

En esa fiesta llena de licor, conversaciones sobre negocios y acuerdos millonarios, mi hermanito conocía algo de su historia y su legado. Encontraba a su madre a través de las palabras de la hermosa Olenka Kaminski ex top model ucraniana a la que recordé como una de las empresarias que apoyaba con su trabajo y fortuna a las modelos víctimas de acoso laboral.

—Y le pidió a tu abuelo que te dejara ser, que jamás cortara tus sueños como lo hizo con ella. —Olenka revolvió su trago con la pajilla y tomó un sorbo mientras volvía a tomar de la mano a mi hermano y lo miraba con mucho cariño, un cariño que entendí como amor casi maternal—. Me dio mucha pena saber que Nikolai también se fue; pero qué bueno que Yuri cuenta con un hermano tan comprometido como tú que le ha dado un hogar donde vivir seguro y que lo apoya tanto en sus proyectos.

Lo que pudo ser un halago se convirtió en una lanza que picó mi ego y de inmediato me recordó que ese compromiso tenía por motor la pasión recorriendo mis venas. Me sentí sucio e inmoral. A los ojos del mundo era un gran hermano que se ocupaba como un padre del cuidado del pequeño Nikiforov; pero dentro de mi corazón y en los retorcidos pasadizos de mi mente, ese hermano se transformaba en un demonio que había roto con sus besos las alas de un ángel guerrero.

La charla se extendió por media hora en la que Yuri y yo escuchamos la historia de Ivanna, la jovencita que enamoraba a las cámaras y a los hombres que la deseaban y a las mujeres que le admiraban o la envidiaban. Tenía el carácter firme y sabía luchar por cada campaña de publicidad en la que se comprometía. Era muy profesional en su trabajo y no perdía ninguna oportunidad para destacar y llamar la atención de los medios y las agencias.

En la vida privada era una hija cariñosa, aunque no tuviera mucho contacto con su padre y solía pensar todavía en conocer a un príncipe azul que la hiciera feliz por siempre. Quería trabajar mucho para reunir dinero suficiente y al retirarse dedicarse a cuidar a su familia y a su papá.

Le gustaba mucho el té helado con limón y la leche con miel. Sabía cantar muy bien por lo que muchos auguraban una futura carrera musical y ella se tomaba el tiempo necesario porque pensaba que aún era muy joven.

Por Olenka supimos que antes de enterarse de su embarazo había decidido convertirse en fotógrafa a la vez que seguiría con el modelaje. “Quería estar en ambos lados de las cámaras”, dijo la dama suspirando y mirando a Yuri con nostalgia.

También supimos que terminó con papá porque éste no había cumplido su palabra de hablar con mi madre y pedirle el divorcio. Ivanna se decepcionó de él y no quiso volver a verlo más. Estando así sola retornó al hogar de su padre que en lugar de reprocharle sus actitudes inmaduras la recibió con mucho amor y cuidó de ella todo el tiempo.

—Tu mamá era muy orgullosa y no quiso decir nada de su embarazo a tu papá, pero cuando estabas a punto de nacer me dijo que iría a buscarlo contigo en brazos. —Pude ver una lágrima dando vueltas en uno de los hermosos ojos de la dama que apuró en secarla—. Tu abuelo tampoco lo hizo porque pensaba que tal vez tu papá te rechazaría y por eso no lo buscó… bueno hasta que tú ya eras muy grande.

Olenka y yo notamos la tristeza que toda esa información produjo en Yuri y con prudencia ella terminó la charla. Miró su reloj y dijo que tenía que salir a otro compromiso. Me pidió mi número privado para contactar con Yuri las veces que visitara San Petersburgo y prometió llamar en otra oportunidad.

Ambos la acompañamos a la puerta hasta que subió a su coche y para despedirse abrazó con mucho cariño a Yuri y le dio un gran beso.

—Cada vez que veas tus ojos en el espejo y esa nariz tan pequeñita, deja de estar tan serio, sonríe y podrás ver a tu mamá —le dijo a modo de despedida mientras limpiaba la marca de labial que dejó estampada en la mejilla de mi hermano.

Yuri le regaló esa sonrisa y cuando el auto de la dama se alejó, agachó la cabeza. Lo tomé por hombro y le pedí que me esperara mientras buscaba nuestros abrigos. Le pedí a Yakov que se quedara atendiendo a los demás invitados y prometí regresar en media hora. Él vio a Yuri con el rostro gacho y algo desencajado, así que aceptó reemplazarme por esos minutos mientras yo llevaría a Yuri a casa.

Retorné a la salida y por suerte un vehículo de alquiler ya estaba en la puerta. Subimos y permanecimos en silencio. Un silencio que no quise interrumpir porque mi hermano necesitaba procesar toda esa información que la bella Olenka le había dejado en el corazón y la cabecita. Yo imaginaba que estaba pensando en su mamá y recordando a su amado abuelo, incluso recordando a papá y la imagen de Miroslav Nikiforov llegó a mi memoria.

Ese momento supe que estaría muy orgulloso de mí al ver todo lo que hice por la empresa, pero a la vez me puse nervioso al pensar qué pensaría de saber que me había acercado a mi hermano de manera sentimental y que hasta habíamos comenzado a vivir una relación prohibida; él estaría más que decepcionado y haría todo lo que fuera necesario para que cortáramos esos lazos.  

Durante el camino noté cómo Yuri apretaba sus manos entre sí intentando evitar las lágrimas. Olenka había tocado hilos muy sensibles de su alma y yo estaba seguro que mi niño la estaba pasando mal. Me limité a tomar su mano cuando él la puso en el asiento del auto y mientras el chofer regulaba el aire acondicionado, le di mi apoyo en esas pequeñas caricias que hacía con las yemas de mis dedos sobre el suave dorso de su mano.

Me puse a pensar en mi madre y en la madre de Yuri. Pensé en papá y en los trucos extraños que hace el amor, enredando la vida de las personas con nudos tan ajustados que al momento de romperse causan tanto dolor.

Dejé a Yuri en su habitación en compañía de su gato y con un enorme sándwich de pollo que habíamos comprado en una parada que hicimos en el camino. Le di un beso en la frente y otro en la boca y retorné a la fiesta de Nefrit, era necesario que estuviera en ella hasta el final y así me lo hizo notar Lilia cuando me llamó preguntando donde estaba pues un empresario de una de las más recocidas joyerías de Suiza quería verme. Le juré que no tardaría demasiado y salí de inmediato.

En el camino recordé los gestos y la voz de la bella Olenka. Una mujer que había sido testigo del amor clandestino que mi padre tuvo con la mamá de Yuri. Un hombre de casi cuarenta años con una jovencita de diecisiete. Pensé en Yuri y en mí y con cierto temor vi que la historia parecía repetirse un poco.

Olenka era una bella dama que estaba a mitad de sus treinta. Era una mujer reconocida por el mundo por su activismo a favor del buen trato a los modelos y era miembro de una familia muy reconocida de su país.

Esa noche, tal vez sin querer, Olenka trajo recuerdos dulces y amargos para Yuri y me hizo cuestionar por un instante el rol que cumplía yo en su vida.

Olenka Kaminski una mujer que dejó resonando en mi cabeza ese concepto de buen hermano en el que me tenía. Una mujer que olía a violetas y lucía un escote impresionante. Una mujer que había llegado a la vida de Yuri de la mano del destino y que volvería a encontrar años más tarde en otra fiesta a la que también me llevó el destino.

Notas de autor:

Agradezco el apoyo para este proyecto de largo aliento.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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