Orfanato II


Yuri se estiró en la cama con un libro entre sus manos. Quería concentrarse en la lectura, pero no dejaba de leer la misma línea una y otra vez. 

Hoy era su cumpleaños número catorce y aunque en ese lugar no celebraban nunca los cumpleaños, Jean siempre había hecho que esa fecha fuese especial de alguna pequeña manera, esta vez no había venido a molestarlo en todo el día e imaginaba que se había olvidado de él, mejor así.

Ese último año había crecido mucho, sus rasgos y su voz habían empezado a cambiar para dejar atrás la niñez, aunque a veces se sentía en un cuerpo extraño. Jean se había alejado progresivamente también, cada vez pasaba más tiempo con sus amigos mayores y, aunque fingía que no le importaba echaba de menos cuando se tiraban sobre la hierba del patio y el mayor hablaba sin parar. Lo exasperaba, pero le hacía olvidar lo solo que se sentía.

Dejó el libro en la mesilla, dispuesto a dormir, cuando oyó una piedra rebotar contra el cristal de su ventana.

—¡Yuri-chan!

Yuri pegó un respingo y abrió la ventana antes de que el imbécil moreno despertara a alguno de sus compañeros de habitación.

—Idiota ¡¿Qué haces aquí?!

—¿Tienes planes para esta noche?

Yuri entrecerró los ojos con fastidio.

—Claro, ¡dormir!

Te recuerdo que tenemos toque de queda, cabeza de chorlito.

—Podemos escaparnos, Emil nos va a cubrir.

Bufó al escuchar el nombre. Emil era uno de los estúpidos amigos con los que le gustaba pasar tiempo ahora.

—¿Y por qué motivo lo haría?

—Para celebrar tu cumpleaños, por supuesto—Jean le guiñó un ojo y Yuri sintió como el calor llegaba hasta sus mejillas. Odiaba cuando se comportaba así y tenía ganas de cerrar la ventana y dejarlo fuera con su cara de tonto, pero Jean hacía que se olvidara de escuchar a su cerebro. Le pegaba la estupidez.

Tomó una chaqueta para evitar el frío y se escabulló a hurtadillas hasta el patio. Él lo esperaba con una sonrisa.

—Apestas a tabaco.

—Vamos Yuri-chan, apenas fumé un par de cigarrillos.

—Solo tienes diecisiete años, ¡deberían pillarte y castigarte!


Jean se acercó a él levantando la mano para revolverle los cabellos como hacía desde que era un niño, pero la detuvo en seco en el aire y la volvió a meter en el bolsillo. Los dos miraron a otro lado, avergonzados y con las mejillas sonrojadas. No sabía el motivo, pero las cosas se habían vuelto así de incómodas entre ellos.

Caminaron en silencio hasta detrás de un gran árbol. La mochila de Jean se encontraba allí, reposando sobre la hierba. Jean rebuscó en ella hasta sacar un pastelito de chocolate, decorado con crema y más chispitas negras por encima, la boca de Yuri se hizo agua, hacía años que no probaba el chocolate.

—¡Feliz cumpleaños, Yuri-chan!

Yuri lo tomó, desenvolviendo el plástico que lo cubría con rapidez y mojando su dedo índice en la nata para llevarlo a la boca.

—¿Cómo lo conseguiste? Tú no tienes dinero, seguro que lo robaste. 

—Tienes muy poca fe en mí. Ahorré y lo compré honestamente.

—¿Fuiste a la ciudad?

Cuando cumplías dieciséis, si tenías buen comportamiento podías conseguir el permiso para salir de allí por la tarde.

—Sí, fuimos Emil, Micky, Sara y yo. Yo compré el pastel y ellos jugaron en los nuevos recreativos.

Yuri gruñó. Los odiaba, pero aún así siguió escuchándolo cuando empezó a hablar de la ciudad; de lo que eran los salones recreativos, de lo rara que vestía la gente de fuera y de los coches sin capota que había visto.

—Cuando tenga dieciséis conseguiré el permiso para verlo yo mismo—murmuró terminando su postre.

—No te hará falta, yo ya tendré dieciocho. Podré salir de aquí y adoptarte legalmente.

—Idiota, eso sería raro. No pienso llamarte papi.

—Solo será un papel, Yuri-chan. No voy a dejarte aquí cuando me vaya.

El menor desvió la vista. No era la primera vez que Jean le hacía esa promesa. Hubo un momento de silencio dónde solo se dedicaron a mirar las estrellas y escuchar el viento que se colaba entre los árboles. Era una noche bonita.

—¿Sara es tu novia?

—¿Qué? —Jean abrió la boca de forma exagerada.

—He visto como te mira.

—¡Dios, no! Micky me mataría y luego Emil me mataría otra vez por hacer enojar a Micky.

Jean soltó una carcajada imaginando la situación, le parecía absurdo salir con Sara y era divertido que Yuri hubiera imaginado una locura así, pero Yuri solo lo miraba intensamente analizando su respuesta.

—Eres popular entre las chicas y ya tienes diecisiete ¿no quieres tener novia?

Jean dejó de reír y rascó su nuca, señal de que estaba nervioso y empezaría a balbucear sin parar.

—No lo sé… no hay ninguna chica que me guste. Quiero decir son muy lindas, pero… —no estaba seguro de saber explicarlo, pero no sentía nada especial cuando estaba con ellas. 

Yuri frunció el ceño, sus manos picaban por hacerlo y aunque temía arrepentirse de nuevo la voz de su cerebro había sido acallada por la voz de Jean. Agarró con brusquedad la chaqueta del moreno y tiró de ella contra sí. Jean abrió los ojos con sorpresa, su corazón galopaba dentro de su pecho.

Yuri estaba presionando sus labios contra los suyos que aún sabían a tabaco. Su primer beso.

Jean no respondió, se encontraba en shock y Yuri se levantó rápidamente de allí.

—Solo quería saber que se sentía—gruñó con la voz ronca. El flequillo le cubría completamente los ojos.  

Después huyó de allí. 


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