Embarazo


Las gotitas de agua se escurrían a través del cristal en una carrera por llegar abajo en primera posición mientras otras nuevas se formaban allí donde iniciaba la ventana.Yuri se sentaba al otro lado, con sus mejillas aplastadas contra el vidrio, vestido con un pijama de felinos y una manta peluda encima de sus hombros. Tenía la mirada perdida más allá de las gotas de lluvia y del cielo oscuro de invierno, pero el olor a chocolate caliente le sacó de su ensoñación.

Jean Jacques le había traído una taza de porcelana, con una hoja color carmín impresa en ella, rellena de la bebida azucarada y nata; con virutas de chocolate y pequeñas nubes rosas ahogándose entre la espuma. Un postre digno de ser fotografiado y subido a Instagram o a cualquier cartel de concienciación sobre la diabetes con el número de calorías grabado en la izquierda, pero el rubio se limitó a fruncir su nariz de derecha a izquierda y esperar unos segundos. Al menos no había sido rechazado inmediatamente.

Aun con una mueca en la cara, Yuri finalmente aceptó la taza. Nada de lo que había comido ese día había pasado mucho tiempo en su estómago y, aunque había insistido en que no tenía hambre, tampoco tenía ganas de escuchar el escándalo de su novio si se negaba a comer.

—¿Te gusta? ¿cómo te encuentras? ¿te duele algo? ¿tienes frío?—Era común que el canadiense formulara preguntas sin dar tiempo a que se respondieran, tan común como que Yuri no contestara a ninguna de ellas —. Te dolerá la espalda si te quedas en el alféizar.

Jean pasó un brazo rodeando la espalda baja del menor y el otro lo situó debajo de sus rodillas para elevarlo hacia arriba con facilidad.

—¡Casi tiras mi chocolate, idiota!

El moreno se limitó a reír sin preocupación, había tenido el suficiente cuidado como para no derramar una gota, aunque la manta colgaba ahora cerca del suelo. Con Yuri molesto entre sus brazos lo llevó al sofá, acomodándolo junto a él. Desde ahí la rústica chimenea del salón los alumbraba directamente.

Yuri terminó su taza en tres tragos más y la apoyó en la mesa auxiliar que quedó manchada con restos de nata. Le había sentado bien y esperaba no vomitarla en otra media hora, pero por el momento disfrutaría de tener a su novio en su regazo, apoyado contra su apenas perceptible vientre.

—Has adelgazado—murmuró con un tono de reproche—. ¿Cómo puedes adelgazar estando embarazado?

Suspiró.

—Es normal durante el primer trimestre, luego las náuseas se irán—o eso le había dicho la doctora.

Jean farfulló algo que no alcanzó a oír y comenzó a besar la piel expuesta frente a él.

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