Tabú 53


Su mirada penetraba en mi carne una vez más.

Yuri albergaba en sus ojos el brillo puro y perfecto del pecado que unía nuestros cuerpos. El verano ardía en sus venas y cada beso suyo calcinaba mi enardecida lengua.

Hacer el amor es un arte. Debe prepararse bien el lienzo y los materiales, debe esperarse el momento propicio del día para que la inspiración desate tus deseos profundos, debes repasar una vez más sus trazos y convertir las yemas de tus dedos en delicados pinceles que le den color y luz a cada una de sus fantasías.

Hacer el amor es una experiencia vital. Debes rendirte ante la belleza de tu amada o tu amado y convertirte en el viento que acaricia sus cabellos, en el agua que baña su tibia piel, en la tierra que recibe su semilla y en la hoguera que consume sus ansias.

Hacer el amor con Yuri era todo un desafío. Desde que amanecía los destellos de sus ojos me convertían en un cazador. No era fácil abrazarlo porque se escurría de entre mis manos como un verdadero gato. Poseer sus labios era una verdadera aventura pues como un niño malo me los ofrecía con descaro y luego en un pequeño movimiento retiraba su perfecta boca de mi alcance.

Caminaba por el departamento solo con la trusa puesta exhibiendo sus formados y tensos músculos, ya sea consintiendo a su adorado gato, organizando el walking closet, preparando un jugo de arándanos o bailando al ritmo de alguno de sus grupos favoritos. Se mostraba ante mis fauces sin ningún temor y cuando mis manos lo rozaban, escapaba como un pequeño lince en la nieve.

Hubo un día que con angustia pensé que se había cansado de mí y que había llegado a su límite. Pero en la noche comprobé que era solo parte de su juego perverso y que le encantaba provocarme, permitir que lo persiguiera, que lo buscara con mis ojos delirantes y con mi boca deseosa por el sabor de su carne.

Amansar a ese gato salvaje hasta que me arrulle con sus ronroneos graves y masculinos se había convertido en mi deporte favorito. Entre mis sábanas daba mil vueltas antes de entregarse, siempre tenía algo qué preguntar o con qué distraerse y siempre solía vencer mi aparente enojo con un beso tierno o una caricia atrevida.

Extraño tanto ese juego tonto que precedía nuestros encuentros, él se resistía a mis impulsos y yo terminaba dominando con fuerza todos sus arrebatos hasta que se rendía y me dejaba ser su amante tierno. El que llenaba su cuerpo de besos mojados y encendía su hoguera con el constante movimiento de sus caderas.

Pero algo esa noche fue distinto. No sé si fue la ligera lluvia de verano que nos sorprendió cuando regresábamos a casa luego de hacer unas compras en el almacén, no sé si fue ese nuevo vino con un toque de frambuesa el que reanimó nuestros espíritus. Tal vez fue el canto del saxofón que llenó todos los espacios de nuestro hogar. Quizá fue todo en conjunto lo que provocó un cambio en la actitud de Yuri.

El escurridizo gato se convirtió en un poderoso tigre, aquel que domina los bosques de Sumatra o los bosques circundantes al río Amur. El verano nos obligaba a vestir prendas muy ligeras y amplias y recuerdo bien que Yuri estaba envuelto en una camiseta blanca de algodón y unas bermudas caqui, dejó las sandalias en la puerta y andaba descalzo sobre las tibias losas del piso.

Se acercó a mí con paso firme, tomó mi mano y me obligó a sentarme en el sofá, buscó la música perfecta en el equipo de sonido y se ofreció a servir el vino que había permanecido una hora en la nevera.

Me dio mucha curiosidad ver sus movimientos, elegantes y precisos. Desde el bar caminó con mucha calma sujetando la botella por el pico y los copas por el cáliz en una sola mano, mientras con la otra bajaba el volumen de la música maniobrando el control. Sirvió el licor rubí, se sentó en el sillón de frente y luego de topar mi copa con la suya mojó sus labios en el vino y bebió mi cuerpo de un solo trago con su mirada depredadora.

Me sentí extraño porque lo vi tan firme y decidido, algo que solo contemplaba cuando lo observaba concentrado en su mesa de dibujo, cuando trabajaba confeccionado los patrones en el atelier o cuando hacía una entrada triunfal hasta el arco rival en los partidos.

Esa noche Yuri era quien me estaba seduciendo y provocando de una manera distinta, sus ojos no eran los del tierno gato tímido que se escondía de mí hasta que se dejaba atrapar en un rincón de su habitación, su sonrisa no mostraba esos colores infantiles con los que siempre se abría para mí, sus gestos no eran los del niño rebelde que me arrancaba una carcajada.

Sin muecas, sin candor y sin ternura. Yuri se quitó la camiseta y acomodándose en el sillón me pidió sin dudar un solo instante.

—Quítate la ropa y baila para mí Víctor. —Relamió sus labios y señaló con el índice el espacio libre entre los muebles de la sala y el comedor—. Hazlo como si de eso dependiera tu vida.

Una vez más me desafiaba y podía ver en su mirada ese gesto duro que esperaba ser complacido. Yuri debía tener sus propios demonios habitando dentro de su mente y yo estaba seguro que alguno de ellos era el que estaba sugiriendo en ese momento que debía tomar el control de la situación esa noche.

Me precio de ser un gran bailarín. Me hubiera gustado ser uno de ballet y danza moderna; pero no tuve la disciplina ni el tiempo para seguir con las clases que tomé cuando aún era adolescente, el modelaje se convirtió en mi vida aún antes de terminar el liceo y solo me quedó la estética de moverme con gracia y soltura con la que seguía el ritmo en cualquier ocasión.

No tenía mucho que quitarme, solo una camisa de seda, un delgado pantalón de lino, el cinturón que lo sujetaba a mis caderas, una larga y angosta chalina que colgaba descuidada de mi cuello y un pequeño sombrero con el que le di un toque especial a mi outfit de la tarde.

No me era difícil moverme con la música del saxo y ensayar algunos pasos especiales, pero como ese no era un concurso de baile sino un momento íntimo entre un hombre y un chico que estaba descubriendo su potencial sexual, decidí moverme con pasos firmes y poderosos movimientos de brazos y piernas.

—Vitya, no quiero que seas un macho seductor. —Yuri bajó el volumen y tomó un buen sorbo del vino—. Quiero que te muevas pensando en que estás provocando a un hombre.

Entonces comprendí a dónde quería llegar mi hermano.

Dejé que cada prenda se deslizara en forma lenta por mi cuerpo antes de abandonarla en el suelo, dejé que mis caderas formaran círculos con sus movimientos, dejé que mis ojos vagaran por la habitación y se detuvieran por instantes sobre la ansiosa mirada de Yuri y sobre su apetente rostro.

Mi zona pélvica cobró protagonismo y mis brazos se elevaron sin ninguna tensión para luego bajar acariciando mi propio torso desnudo, para sentir mi piel afiebrada que pedía a gritos terminar con esa rítmica seducción. Con el deseo de saber qué pretendía hacer conmigo Yuri me quité los interiores con mucha lentitud y dejé que mi hermano contemplara mi cuerpo desnudo al trasluz de la ventana. Y como dice la archi conocida canción de Cocker “me dejé el sombrero puesto”.

Con un movimiento de sus dedos Yuri me llamó junto a él y mis pasos lentos prolongaron un poco más nuestras ganas. Cuando me tuvo de pie frente a su felina mirada me alcanzó la copa de vino, se puso de pie y brindó conmigo. Dio un par de vueltas a mi alrededor, me abrazó por la espalda y con un suave toque de sus cálidas manos sobre mis pectorales me dio una simple y fervorosa orden.

—Quiero llenarte todo Víctor. —Suspiró sobre mi hombro—. Déjame entrar.

Nunca se me había pasado por la cabeza sentir a Yuri dentro de mí, ni en mis noches más salvajes de fantasías solitarias. Comprobé la determinación que llevaba en la mirada y entendí que tenía que ceder ante sus deseos.

Pero si iba a ser suyo sería a mi manera, con la pericia de un maestro y con el deseo de un verdadero macho. Figuras cliché pasaron por mi mente y sentí que yo mismo estaba tensando las cadenas sobre mi cuerpo, pero de pronto uno de los satánicos inquilinos de mi mente me susurró al oído y me dijo que no podía pedir a otro hombre que se entregara libre a mis ganas si yo mismo no gozaba y me permitía esa libertad.

Yuri era un amante inexperto y esa misma impericia lo convirtió en el duro amo que durante toda la noche dominó con sus deseos al dócil corcel. Cabalgó sobre mi grupa sin darme tiempo a respirar y dejó las marcas de su salvaje amor en toda mi piel.

Se abrió paso sin piedad buscando tocar las zonas más profundas, donde el placer y el dolor se enredaron provocando sensaciones opuestas que me arrancaron gemidos, resuellos, temblores y lágrimas que desde hacía mucho tiempo no había sentido.

Tigre al fin, Yuri desgarró mi carne con sus besos, trituró mis instintos con sus dientes y desató mil espasmos con los golpes de sus enfurecidas caderas. Me diluí varias veces bajo el tirano mandato de su falo y sentí mi cuerpo estremecerse por completo contemplando su sonrisa retorcida.

Nunca permitas que un chiquillo dicte las órdenes en la cama, nunca le des todo el control y sobre todo nunca pierdas la razón entre sus brazos porque te convertirás en los pétalos de un clavel, estrujados y sangrantes, sentirás que estas a punto de exhalar tu último aliento mientras la vida abandona tus venas en un pequeño quejido.

Un chiquillo tiene la capacidad para resistir más tiempo, un chiquillo puede levantarla con más rapidez, un chiquillo puede tener cortos periodos de relajo y puede recuperarse en cuestión de pocos minutos para explorarte de las formas más perversas.

Yuri fue un niño muy malo esa noche. No tuvo misericordia cuando yo suplicaba por más y él se detenía esperando que mi intensidad bajara y me sintiera al borde de la frustración.

No le importó arremeter con la fuerza de un verdugo cuando le pedía que parase un poco y no tuvo el menor reparo en hacer todas aquellas cosas que yo le supliqué que no hiciera. Arremeter sin parar, asfixiarme con la almohada, morder zonas muy delicadas, darme decenas de nalgadas, follar mi boca sin control alguno y venirse sobre mi cara varias veces.

Yo le di el control y debía asumir las consecuencias.

Mordido, rasguñado, golpeado, abatido, con la piel mojada y las pocas fuerzas que me quedaban acomodé mi adolorido cuerpo junto al suyo. Sentí que por fin el aire ingresaba a mis pulmones y que mi agitado corazón tenía algo de paz.

Mi pequeño depredador me miraba de reojo satisfecho, lujurioso y orgulloso. Yo a duras penas podía sostenerle la mirada.

—¿Fui muy malo esta noche? —Tuvo el coraje de preguntar.

—Mucho… —Yo agonizaba junto a él.

—Pero te corriste varias veces. —Por fin se dignó a darme una suave caricia en el rostro con sus delgados dedos.

—Demasiadas veces mi “niño”. —Me dolía tanto el cuerpo que un pequeño movimiento provocaba la tensión aguda de mis músculos.

—¿Quién te dejó esa marca tan fea en el vientre? —No sé con qué ganas todavía podía bromear conmigo, él también se corrió varias veces.

—Un gato salvaje. —Mi foco visual disminuía y contemplaba a Yuri en medio de una nebulosa que se iba cerrando de a pocos.

—¿Te vengarás? —Lo vi morder su labio y levantar la ceja.

—Tal vez. —Me dio un último beso y se acomodó sobre la almohada dejándome ver su perfil.

—Eso espero —me dijo y sentí un estremecimiento profundo, porque yo no sería capaz de tomar de esa forma tan primitiva a mi lindo hermanito; pero tal vez… tal vez no conocía mis límites aún.

Al día siguiente era un estropajo y sin embargo me sentía tan pleno, la felicidad en mi corazón era tan grande que se desbordaba y provocaba mis ganas de salir a abrazar a todo el mundo, si era posible abrazaría a los árboles del parque, a los perros que paseaban junto a sus dueños, a los hombres que barrían las calles y hasta los letreros de tránsito.

Yuri se convirtió en mi todo. Mi tierno corderito que se entregaba humilde para que devorara su cuerpo entero y mi tigre salvaje que tomaba sin misericordia los jirones de mi cuerpo sin escuchar mis súplicas y lamentos.

Cielo e infierno, así era nuestro amor. Y aposté mi alma con tal de tenerlo siempre a mi lado, solo mío y solo suyo, nadie podría ingresar a esa burbuja de amor y placer que construimos en silencio en torno nuestro.

Ahora me pregunto ¿acaso no fue suficiente tanta pasión para retenerlo a mi lado?



 “Podría ser un modelo cotizado y admirado, tal como lo es su famoso hermano; pero Yuri Nikiforov decidió ser un diseñador tal como lo fue su reconocido padre. A los diecisiete años este joven nacido en el corazón de Moscú ha sorprendido a los amantes del glamour y nos ha entregado una colección de prendas que ninguna mujer de estos tiempos rechazaría tener en el closet.

Yuri sorprende a quienes lo conocen muy de cerca y a quienes como yo admiramos su trabajo y su energía desde lejos. Las veinticuatro horas de su día están organizadas de forma estricta en su agenda. Estudia en la exclusiva escuela internacional San Marcos en San Petersburgo donde, según las palabras de la directora la señora Nadeshka Komarova, es un alumno destacado que ocupa los primeros puestos.

El equipo de hockey de la escuela lo tiene como uno de los wings laterales que encara cada encuentro con escuelas rivales como uno de los más veloces y arrojados jugadores. Su entrenador dice que Yuri a veces es temerario sobre el rink de hielo.

Pero su día no termina allí. Sin importarle el cansancio y los golpes que a veces sufre en los entrenamientos y partidos, Yuri tiene un estricto horario de trabajo en la afamada casa de modas Nefrit, donde aprende día a día los trucos de la afamada dama del diseño de Rusia, Lilia Baranovskaya e intenta abrirse con sus creaciones su propio espacio para lograr alcanzar la fama y el talento del recordado diseñador ruso Miroslav Nikiforov.

A primera vista Yuri puede ser un chico huraño, pero dentro de esa capa dura con la que viste día a día, se encuentra un alma que ha logrado entender que las mujeres necesitamos vestir con clase, que debemos exhibir prendas bellas que a la vez representen el empoderamiento que la mujer sigue adquiriendo con los años.

Yuri es capaz de imaginar a una mujer como un ser sensual, mágico, contradictorio y fuerte al mismo tiempo. Admira mucho a su maestra Madame Lilia; le gusta pensar en mujeres poderosas como la ministra Joseline Courté de Francia o la reina de Inglaterra, que jamás sacrificaron la belleza por el poder.

Yuri Nikiforov camina con paso firme hacia su futuro y estoy muy segura que cuando éste futuro se haga realidad, el muchachito de los ojos de gato será reconocido por todo el mundo y su nombre será sinónimo de alta moda y éxito.

Dejaré que las imágenes tomadas en el último desfile de la semana de la moda en Milán sean los que hablen del potencial que vive dentro de Yuri y espero que lo disfruten tanto como yo”.

Mila terminó de leer el artículo que Sara Crispino dedicó con tanta pasión a mi hermano en la página central de Passione, la publicación que dirigía su hermano Michele. Sabía que le guardaba un amor profundo y como ella misma lo decía Yuri sería siempre su amor platónico a quien no se acercó buscando intimidad porque era muy crío. Pero sí desarrolló mucha admiración por él y por su trabajo para la morena Yuri representaba el espíritu del inicio de milenio, un novel diseñador que daba sus primeros pasos sin miedo a la crítica y con ganas de seguir escalando, aprendiendo y triunfando.

No era difícil saber el orgullo que mi querido hermano sentía por sí mismo y la manera de expresarlo era haciéndose el tonto ante los comentarios y felicitaciones que el equipo de Nefrit le dio en cuanto escucharon los buenos calificativos con los que los expertos de la moda consultados por la periodista describieron el trabajo de Yuri.

Mila lo abrazó con esas ganas que se derramaban por sus brazos y su sonrisa. Los demás chicos aplaudieron y yo moví la cabeza sonriendo como mi mejor señal de aprobación; pero debía poner sus pies sobre la tierra una vez más.

—No es masculinizando a las mujeres cómo vas a lograr hacerlas poderosas ante los ojos de los demás Yuri —le dije sin ánimos de molestar.

—Lo sé; pero Nefrit no me deja tener una línea masculina para vestir a los hombres poderosos del planeta. —Su queja era válida. Los socios minoritarios y Lilia se habían opuesto a abrir una línea de ropa masculina porque desdibujaría la visión que todos siempre tuvieron de las colecciones y líneas de ropa.

—Estamos en proceso de convertirnos en una empresa referente de la moda de Europa Yuri y ese será un proceso de unos cinco años en promedio. —Lilia que estaba escuchando callada desde su mesa de trabajo se vio obligada a intervenir ante la queja de mi hermano—. Cuando la firma se consolide como una marca será el momento que podrás disponer qué otras líneas y que otros estilos vas a trabajar, pero por ahora tienes que aprender mucho niño.

—Mis trajes recibieron elogios Madame Lilia. —Yuri siempre se refería a ella en esa forma cuando estaba frente a otras personas, en casa y en lugares más privados se atrevía a decirle solo Lilia.

—Están interesantes y son una novedad; pero no siempre vivirás de novedades. —Lilia habló desde el lado de la experiencia—. Lo que debes hacer es conocer mucho sobre moda, aprender lo básico, aprender los trucos, aprender lo malo de la moda y luego de varios intentos fallidos y algunos aciertos aprender cómo crear un estilo. Y eso solo se logra con los años Yuri Nikiforov.

Mi hermano no discutía los consejos de Lilia, podía protestar por algunas de sus determinaciones o porque le hiciera cambiar y ajustar el diseño una y otra vez hasta verse satisfecha con la propuesta; pero jamás se atrevía a decirle algo impropio sobre las lecciones que a diario le daba. Yuri había logrado querer mucho a Lilia y la dama de coraza dura lo amaba como si fuera su hijo.

—Ha sido un gran esfuerzo y esta es una gran recompensa Yuri; pero no siempre acertamos en la moda así que disfruta este momento y esfuérzate por lograr lo que dice Madame Lilia y lo que te digan otros maestros como ella. —Mila le dio un beso en la nariz y me pasó la revista.

—Hablando de eso Yuri, este es tu último año en la escuela ¿Has pensado ya en qué institución estudiarás diseño de modas? —Lilia estaba muy preocupada por el futuro de Yuri, conocía bien su potencial y quería que se forme con los mejores.

—Aquí en San Petersburgo hay un instituto de diseño. —Yuri respondió de manera vaga la respuesta.

—Cariño lo que necesitas es estudiar en un lugar donde te exijan al máximo y te preparen no solo para que sean un buen dibujante de moda o un buen patronista. —Mila abrazó una vez más a Yuri y este no pudo deshacerse de su calidez—. Yo estudié en Moscú en la universidad y luego hice un curso de especialización en una gran escuela de moda de Roma, allí conocí a Sara y nos hicimos muy buenas amigas.

—Moscú tiene buenas escuelas de moda —Yuri afirmó con mucha seriedad—. ¿Dónde estudió diseño Madame Lilia?

—En Francia, en la École de la Chambre Syndicale de la Couture (ECSC) de París. —Lillia elevó la mirada mostrando gran orgullo por la escuela que la formó y que le ayudó a dar sus primeros pasos como diseñadora—. Ese es un lugar extraordinario porque no se limitan a enseñarte cómo ser un diseñador de modas, allí te enseñan a pensar y crear moda; no solo introducen conocimientos de moda en tu cerebro, sino que sacan lo mejor que llevas por dentro.

—Se dice que es una escuela muy exigente Yuri y que en el primer año un cuarenta por ciento de estudiantes se retiran porque no soportan la presión de los estudios —Me involucré en la conversación porque era del futuro de mi hermano del que estábamos hablando y yo quería asegurarme que fuera el mejor para que todo su potencial pudiera salir adelante.

—Los maestros son muy severos y críticos y si no estás a la altura te lo dicen y te animan a que hagas otra cosa; pero si das todo de ti y observan que sirves para ser diseñador, entonces te exigen tanto que muchas veces amaneces llorando tratando de terminar un diseño o dando los últimos retoques a alguna colección. —afirmó Lilia sonriendo pues parecía que estaba recordando algo—. Tu padre lloró una mañana cuando nos faltaban tres vestidos por terminar para una presentación interna y estaba agotado porque fue una semana llena de exámenes y exposición de trabajos. —Lilia rio como nunca antes la habíamos visto—. Cuando entré en su habitación lo encontré llorando y maldiciendo y lo único que me quedó fue ayudarlo porque yo había terminado mi colección y a pesar de estar muy cansada porque tampoco dormí, me puse a coser con él los detalles de los trajes y hasta discutimos porque estaban sobrecargados.

Ella se detuvo y en medio de su risa clara, una sombra de tristeza apareció en sus ojos y la obligó a mirar con nostalgia la ventana.

—Desde ese día supimos que lo nuestro era un amor correspondido —dijo con pena—. Amor a nuestro sueño de convertirnos en diseñadores y amor de dos amigos que se dan la mano y descubrieron que colaborando entre ellos hacían mejor las cosas.

Su silencio posterior lo dijo todo. Lilia extrañaba a su entrañable amigo, siempre que pasaba por delante de su enorme fotografía del corredor principal se detenía frente a ella un par de minutos, parecía conversar con él y yo imaginaba que ella le pedía consejos.

—Entonces estudiaré en París —aseveró Yuri con determinación, su rostro iluminado me confirmó su voluntad y sus ojos corroboraron su decisión porque no había dudas en ellos.

Lilia sonrió y señalando los vestidos que aún permanecían en el atelier afirmó con algo de cariño en la voz.  —Creo que usaremos un par de ideas tuyas Yuri para la siguiente temporada.

Yuri sonrió frente al largo espejo que adornaba una de las gruesas columnas del taller y repitió en voz baja.  —Sí, será en París.

La noche tardó en llegar a la ciudad y junto con Yuri decidimos regresar a pie hacia la casa y aunque la distancia entre la sede de Nefrit y el edificio de mi departamento llevaba varias cuadras caminamos en silencio mirando el ardor del sol que todavía convertía en blancas las noches de San Petersburgo. El calor del verano todavía nos acompañaba por el camino mientras cruzamos el Puente del Palacio hasta llegar a la estación de Admiralteyskaya donde dimos la vuelta para ir rumbo a casa.

Sabiendo que el futuro nos exigiría aceptar las distancias entre los dos, no podía estar más feliz y satisfecho que Yuri escogiera la escuela ECSC de París para estudiar diseño de modas. Sabía que mi hermano poseía el coraje y el carácter como para convertirse en un estudiante exitoso; pero también sabía que en París yo podía residir sin problemas y podría estar junto a él.

—Si vas a París a estudiar podría dedicarme de nuevo al modelaje y hasta podría ayudar a mi madre con la empresa para que no se queje del ingrato hijo en el que me he convertido. —Recordé las quejas continuas de mi madre por el teléfono y aunque todavía seguía algo molesto con su actitud hacia Yuri, quería encontrar la fórmula para que ellos dos se lleven en paz.

—Supongo que no podremos vivir juntos como aquí —afirmó con cierta resignación.

—Es mejor que tengas un pequeño departamento cercano al lugar donde estudias, para que te sea más fácil estudiar; pero los fines de semana serán nuestros Yuri. —Lo miré con cariño para que supiera que jamás dejaría de estar junto a él y siempre lo apoyaría—. Te lo prometo.

Me miró con ojos de niño pequeño. Crédulo y feliz, caminó juntando sus pasos con los míos, uniendo su respiración a la mía y acompañando mi corazón con el suyo. No pudimos tomarnos de la mano para mostrar al mundo nuestro amor, no pudimos darnos un beso tierno en los labios como las demás parejas que caminaban por la vía Morskaya, no pudimos abrazarnos mirándonos a los ojos tras contemplar el cronometrado ritmo de la ciudad.

Solo fuimos miradas cómplices, suspiros enamorados, palabras calurosas, sonrisas sinceras e imperceptibles roces con los que nos dijimos cuánto nos amábamos durante todo el trayecto a casa.

Nos esperaba el cálido aire del departamento, sus característicos aromas de vainilla y manzana, los sonoros maullidos de su peludo compañero, la música que nos acariciaba el alma, las sábanas esperando abrigar nuestros cuerpos sudorosos, el té de hierbas que nos gustaba tomar, la cena que nos unía en una larga conversación, tal vez una película de asesinos en serie o de conspiraciones mundiales.

Nos aguardaban decenas de besos, cientos de caricias, miles de gemidos, millones de sensaciones placenteras que creábamos noche a noche, en el refugio de nuestro amor prohibido, en la caverna de nuestra entrega secreta, en el rincón donde engañábamos a los hombres y a los dioses.

Fue una noche para hacerlo mío sin medidas.

Besé y lamí sus pies delgados, recorrí una vez más los llanos caminos de su vientre, repasé con mis labios cada ángulo de sus muslos de tierno adolescente, probé el sabor de sus firmes glúteos, jugué entre los pliegues de su entrepierna, me perdí en su boca jugosa, me encontré en el brillo de sus pupilas oscuras, restregué mi piel sobre los accidentes de su bella espalda, besé su delgado cuello, me introduje en sus orificios y derramé mi vida entera sobre el lienzo terso de su piel.

Yuri y sus ojos que amo, Yuri y sus labios que apetezco, Yuri y sus manos que extraño, Yuri y su perfume que anhelo, Yuri y su risa que adoro, Yuri y su rostro que sueño, Yuri y su ausencia que sufro, Yuri y su indiferencia que padezco.

Yuri. 

¿Qué estará haciendo en este preciso instante?, ¿con quién estará conversando?, ¿a quién saludará en la calle?, ¿con quién habrá cenado?, ¿a quién regalará su dulce sonrisa?, ¿con quién pasará la noche? 

Yuri.

¿Estará hablando con su gato?, ¿estará tomando un café?, ¿escuchará alguna de sus bandas favoritas?, ¿habrá tomado una copa de vino?, ¿estará mirando las estrellas?, ¿pensará en mí?

Yuri continúa siendo una mariposa dando vueltas en mi mente y no deseo espantarla porque me encanta rememorar sus colores y la brisa que producían sus alas.

Yuri… cuando vuelvo a pensar en él siento que su recuerdo hinca con un punzón mi corazón y la herida vuelve a doler y sangrar.

Yuri… 

Amor y dolor, lujuria y candor, razón y locura.

Yuri amado.

Yuri prohibido.

Yuri imposible.

Yuri tabú.

Notas de autor:

Holas chicas estoy de vuelta y siento mucho no haber actualizado el capítulo el anterior viernes, mi máquina estuvo malita con virus, pero ya la resetearon y ahora sí no paro. Mañana actualizo el siguiente. Gracias por su comprensión y ahora que estoy avanzando un poco más esta historia me he logrado tener hasta 80 capítulos que espero avanzar bien para no parar.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

Un comentario en “Tabú 53

  1. <AHHHHHHHHHHHHHHH ,POR QUE TODO ES TAN TRISTE!!! , gracias por actualizar eres la mejor ,la verdad que me siento muy mal por gustarme una historia de incesto ,pero es que esta tan bien escrita y desarrollada que no puedo dejar pasar esta joya ,amo la pareja de victor y yurio y desearia encontrar más historias de ellos .La historia va a tener un final triste ,se nota por los dialogos de Victor pero aun asi yo guardaba un poco de esperanza u.u . Gracias por actualizarr , la verdad es que el fandom de yuri on ice esta regresando a la vida despues del trailer de la pelicula ,ojala podamos ver a yurio pequeño y como conocio a victor .Gran capitulo!! y cuando Yuri dijo que queria llenar a Victor ,comence a gritar .viva la versatilidad xD . Espero el siguiente capi ,de verdad te mereces mucho amor }!!

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