Even in death – Capítulo IV


¡Hola, de nuevo!

Comparto con ustedes el bloque que corresponde a la temática de hoy.

30 de octubre – Leyendas o creencias en mi país.

Sin más preámbulo, ¡disfruten la lectura!


Una negativa al destino es, en ocasiones, la respuesta perfecta a tu camino.

—Tenemos que hablar —no es una sugerencia, es una orden. Víctor Nikiforov se ha plantado frente a Yuuri con determinación antes de que él fuese capaz de guardar sus pertenencias como lo había estado haciendo en todo este tiempo.

—Voy tarde a clases —intenta contestar Yuuri, sin embargo, Víctor exclama que eso es mentira. El profesor Nikiforov sabe de memoria su horario; por lo tanto, está enterado de que el profesor Katsuki ya no tiene ninguna clase adicional por este día. Igual que él, quién está libre. 

Resignado, Yuuri acompaña a Víctor hasta el estacionamiento, cerca del edificio donde se imparten las clases de maestrías y seminarios para alumnos ya graduados. Es uno de los lugares más tranquilos y solitarios de la facultad, al menos entre semana. 

Al acercarse al estacionamiento, Víctor aprieta el botón que quita el seguro de las puertas de su elegante vehículo. Al entrar en él, invita a Yuuri a ocupar el lugar del copiloto. Con un suspiro, una vez dentro, el profesor Katsuki cierra la puerta con suavidad.

—Víctor…

—Te pido una disculpa, Yuuri —al ser interrumpido por tan sorpresivo comentario. Yuuri observa asombrado al profesor Nikiforov, quien a su vez, lo mira con esos impresionantes ojos azules rogando por su perdón, reposa ambos brazos sobre el volante, su sedoso cabello cae graciosamente haciéndole cosquillas a su rostro.

—No entiendo…

—Sé que puede ser complicado para ti superar el episodio de las flores y lo entiendo; sin embargo, no puedo evitar entristecerme al ver cómo te alejas de mí.

—Yo no intento alejarte… —intenta decir Yuuri; no obstante un gesto con la mano de su colega, le indica que lo mejor es callar y esperar a que su interlocutor termine de hablar.

—Desde que ingresaste como profesor y comencé a conocerte sentí que cada día que te veía, te saludaba o platicaba contigo, se iluminaba una pequeña luz que había estado apagada, hasta la fecha, dentro de mi corazón. Discúlpame por pensar erróneamente que podrías corresponder a este sentimiento que fue naciendo dentro de mi y que, lamentablemente, no puedo evitar. Sin embargo, me duele más ver cómo me alejas y ni siquiera me permites ser solo tu amigo.

Yuuri ahoga un grito y se lleva las manos a la boca. Quiere llorar y sabe que está a punto de hacerlo, pues la expresión de Víctor es puro dolor. Yuuri lo sabe y lo acepta, también le duele alejar a Víctor de su lado.

—Yo soy quien debe disculparse —susurra por lo bajo. La sonrisa amarga que le dedica el profesor Nikiforov provoca que las primeras lágrimas lo traicionen y comiencen a bajar por sus redondas mejillas, pues se siente tonto de sentir lo que siente y de no dejar que un estúpido detalle le impida seguir con sus deseos. 

—No tienes que forzarte —con dulzura, Víctor limpia el par de lágrimas que Yuuri ha dejado salir. Mantiene su mano en esa suave mejilla—. Comprendo tu incomodidad, y es por eso que quizás, lo mejor sería que ya no volvamos a hablarnos.

—¡No! —sin reparo, Yuuri toma entre sus manos, la suave mano que Nikiforov tenía sobre su mejilla. Observa el rostro sorprendido de su colega y el ligero sonrojo de esas pálidas mejillas, le dan un contraste interesante contra la luz que entra por la ventana del vehículo—. No quiero alejarme de ti, no puedo.

Sin pensarlo siquiera, ahora ambas manos se encontraban entrelazadas sobre el regazo de Yuuri. Como un par de piezas de rompecabezas encajaban a la perfección. Yuuri las observa por un momento, ese hilo rojo destaca vibrante, incandescente, entre ambas manos. Los unía de una forma tan romántica al grado que Yuuri está dispuesto a olvidar el molesto detalle respecto a su lado del bendito hilo. Al fin y al cabo, cada quien es libre de escoger su propio destino.

¿Por qué se había preocupado todo este tiempo por una nimiedad?

Con su otra mano, como si desafiar el destino quisiera, con suavidad, Yuuri toma el atractivo rostro de Nikiforov y lo acerca al suyo, para depositar un casto y dulce beso en sus delgados labios rosas. 

—He decidido que nunca quiero alejarme de ti.

Víctor parpadea un par de veces antes de digerir lo que ha ocurrido, después simplemente decide dejarse llevar por la situación y saborear esos dulces labios, los cuales pensó hace pocos segundos nunca tener el privilegio de probar en su vida.

¡Gracias por leer!

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

3 comentarios sobre “Even in death – Capítulo IV

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