Tabú 49


Un animal cautivo que da vueltas en una jaula, ese era yo.

Casi tres horas en las que este depredador había perdido a su presa, aquella que le llevó tanto tiempo cazar. Otro la estaría devorando y me sentía miserable, a punto de aullar a las estrellas.

Al salir del restaurante y escuchar que Yuri se había ido acompañado por el chico extranjero mi corazón se tiñó con el horrendo color de la desconfianza y al no encontrarlo en casa, sentí que se llenaba de furia y palpitaba como loco perdiendo el control cada vez que tenía como única respuesta la voz monótona de la operadora en cada llamada que hacía a su celular.

“El número que usted ha marcado está fuera de servicio, inténtelo más tarde”.

Me serví una copa de wiski para calmar mi ansiedad, pero después de una hora el ansia se convirtió en angustia. Fueron tantas las imágenes que vinieron a mi mente que si hubiera sabido en ese momento dónde estaba Yuri lo habría ido a buscar y lo habría sacado a la fuerza del lugar que fuera.  

Me imaginé que lo estaba besando, que le acariciaba el cabello, que Yuri se negaba al inicio y que luego se sentía duro y caía entre sus brazos. Maldita imaginación la mía. Vi de forma clara cómo le recorría la espalda con los dedos y cómo lo obligaba a servirlo, cómo mi hermano se convertía en su bella ramera y cómo gemía y gritaba su nombre olvidando el mío.

Volví al bar a servirme otra copa y cuando me vi en el espejo sonreí. Jamás me había visto tan lamentable y nervioso. El monstruo de los celos estrujaba con furia mi desesperado corazón sin dejar que se repusiera y mucho menos que escuchara la voz de la razón.

Ni siquiera por Chris sentí tantos celos cuando, dos meses después de finalizar nuestra relación, él salió del closet y dijo que tenía un romance con un modelo austriaco.

Estaba a punto de volverme loco, no tenía idea de dónde podría estar Yuri y lo único que se me ocurrió fue buscar algún dato de ese chico revolviendo el cuarto de mi hermano bajo la atenta mirada de su gato.

Maldije mis ansias que carcomían mi tranquilidad y en mi interior otra vez los horrendos titanes surgían fortalecidos, rompían todos los barrotes y cadenas con los que pretendí contenerlos, me hacían masticar con furia los cubos de hielo, destrozaban mi sensatez y me decían que debía castigarlo sin piedad. Mis celos me obligaban a llamar y enviar mensajes aterradores a su celular.

“¿Dónde estás?” “Maldita sea, ¿dónde te has metido?”, “¿Por qué no respondes?”, “¿Yuri te ha pasado algo malo?”, “Yuri ¿estás con ese chico?” “Responde maldición”.

Yo no era así o tal vez en el fondo sí lo era.

Tras las gruesas capas de sensatez y amabilidad, debajo de todo el charm, la corrección y la tranquilidad con la que solía solucionar mis problemas y manejarme frente a los demás; yo era una bestia salvaje a punto de atacar.

Pensé buscarlo en algún motel cercano al restaurante donde habían cenado con el equipo, pero luego recordé que los moteles baratos estaban al otro lado de la ciudad y es que, según yo, dos chiquillos tontos no serían admitidos en ninguno de esos lugares clandestinos. Tomé otro trago y la voz de mi horrendo demonio dijo que tal vez tuvo el descaro de llevarlo a su dormitorio. Me di un baño ligero y me cambié de inmediato para buscar a Yuri en algún antro o en algún motelucho de por ahí.

Revisé el celular y encontré un mensaje de la operadora que decía que ya podía llamar a Yuri. Con la furia en el pecho y los dedos temblorosos pulsé su nombre en la pantalla y respiré todo el aire que pudieron contener mis pulmones para no dejarme llevar por la ira que discurría dentro de mis venas.

Escuché su voz, escuché el ruido de la calle, escuché la voz de su amigo hablando con alguien más y, sin dejar que mi hermano me diera explicaciones, le di solo quince minutos para que estuviera en casa. La calma llegó a mí en ese momento, la dudas de ir a buscarlo a un hospital o a la morgue desaparecieron y durante unos minutos relajé mi tenso cuerpo.

De pronto me asaltó la idea que mi hermano había pasado unas horas a solas con ese muchacho y mi seguridad se vino abajo. Me encontré una vez más apretando entre mis manos el control del televisor y respirando con dificultad.

No tenía idea de cómo iba a recibir a Yuri pues no quería portarme como un salvaje, aunque ganas no me faltaban de sacudirlo y darle una buena bofetada. Eso era lo que Yuri se merecía porque estaba muy chico para un buen puñete y muy grande para darle de nalgadas.

Volví al bar mirando el reloj y sentí como si los minutos pasaran más lentos que de costumbre. Dejé el wiski de lado y me serví el agua de la hielera, la tomé poco a poco y noté cómo se fue despejando mi mente. No estaba dispuesto a hacer una escena de celos frente a Yuri, solo quería darle una verdadera lección por su irresponsable actitud.

Faltaban cinco minutos para que se cumpliera el plazo y en ese momento uno de mis demonios, el más atrevido de todos se acercó a mi oído y me susurró una idea que jamás se me hubiera ocurrido de seguir bebiendo el trago.

“Es momento de usar este hecho como el mejor motivo para dejar a Yuri y no cometer la peor estupidez de tu vida, así tendrás la perfecta excusa para decirle adiós sin que te pese la decisión”, dijo mi sabio consejero infernal.

Bueno no fueron esas las palabras exactas, solo vinieron a mí las ideas y, aunque me sentí muy dolido por lo que iba a hacer, me aferré a ese esa idea como un náufrago se aferra a un pedazo de madera en medio del mar.  

Por fin podría dar un paso hacia atrás y no devorar a mi hermano, por fin podría estar libre de su hermosa presencia y por fin tendría la conciencia tranquila, no le debería a la sociedad ni a dios una explicación por mis actos.

Me causaría demasiado dolor perderlo y sabía que rompería su corazón, porque a pesar que Yuri se mostraba como un chico rudo y vulgar, era en el fondo una frágil criatura que se abatía con las penas que la vida nos pone sobre los hombros. Podrían acusarme de muchas cosas, pero no estaba dispuesto a cargar la cruz pesada y ominosa del incesto.

Era buen momento para romper el vínculo con “mi niño”.

Segundos después de vencido el plazo que le di, escuché que se abrían las puertas del ascensor y por sus pasos presurosos supe que era él quien había llegado ya. Fui a mi dormitorio para ponerme un sobretodo ligero y cuando salí hacia el comedor lo vi frente a mí con el rostro de un gato asustado y arrepentido.

Tomé valor y decidido a acabar con ese lío, simulé estar demasiado ofendido y las palabras salieron congeladas de mi boca. Ni yo mismo podía creer lo que estaba diciendo en ese momento, pero fue el mejor salvavidas que encontré para no sucumbir ante ese océano de pasiones que intentaba devorarme.

—Hace casi tres horas que debías haber regresado a casa y vienes oliendo a alcohol. No tienes la más mínima consideración para llamarme y decirme dónde y con quién diablos ibas a estar o decirme que te ibas de fiesta privada con ese chico. Y eso no es lo peor, me has mentido de forma descarada intentado tapar tu culpa. —No quería verlo a la cara porque todo lo que estaba diciendo carecería de valor si el notaba que esas palabras no se reflejaban en mi mirada—. Así no podemos vivir Yuri, ¿qué confianza voy a tener ahora?, ¿con qué seguridad te voy a dejar solo las veces que tenga que viajar? ¿cómo voy a estar tranquilo si me has demostrado hoy que te gusta hacer lo que te da la gana sin respetarme?

Mi voz fluyó helada, casi sin vida y mi estómago se sumió como si estuviera al borde de un precipicio. Por fin tomé el control de la situación, por fin encaraba a mis malditos demonios y los ponía en el lugar que merecían estar.

—Víctor… no volverá a suceder, te lo juro. —Su ronca voz y su actitud temerosa no me convencieron.

—Sí Yuri, tienes mucha razón cuando dices que no volverá a suceder. —De nuevo aspiré otra gran bocanada de aire y me di aliento para decirle adiós—. Quiero que te vayas a dormir ahora y que mañana temprano hagas tus maletas porque te vas a vivir con Lilia. Creo que a ella y a Yakov los respetarás más que a mí y te dejarás de hacer estas… pendejadas.

Lo traté en sus mismos términos y demostré que era un hombre maduro y justo. Esa era la mejor solución para mis problemas, para detener mi ímpetu lujurioso y para que Yuri pudiera seguir con su vida y yo con la mía.

Como me dijo mi madre un día, él era joven y me olvidaría pronto, yo sufriría un tiempo; pero también llegaría a curar mi corazón tarde o temprano. Cuando salí de mi departamento estaba convencido de esa premisa y que estaba haciendo lo correcto.


Busqué un refugio entre el brillo del sol de medianoche que se negaba a dormir, bañado por la suave brisa del verano esperaba sentir de nuevo en mi pecho la calma que durante horas había desaparecido. Mis pasos me llevaron a un club privado frecuentado solo por los hombres más poderosos de la ciudad y en el que algunas veces había compartido un par de copas con ellos. 

Me senté en la mesa del fondo, la más pequeña y la más solitaria. No quería que nadie más estuviera cerca de mí y necesitaba ahogar mis malos sentimientos con algo de alcohol. Me sentí tranquilo conmigo mismo y me puse a observar el show.

Las chicas salieron una tras otra y al compás de la música desnudaron sus bellos cuerpos, contorsionando la cintura, los brazos y las piernas en el tubo, en la silla o en el suelo.

Tanya y sus hermosos ojos lilas bailaba con una fusta de caballo que estrellaba cerca de sus tacones como advirtiendo que el que la montara sufriría las consecuencias.

Yulia se quitaba el velo de novia y se convertía en una adorable virgen que incitaba a todos los clientes a poseerla y dominarla, como si alguien tuviera algo por enseñar a esa mujer.

Theresa y su perfecto trasero se movía como lo hacían las mujeres de las tribus, sin control y salvaje. Hacerle el amor sería todo un reto para quien pagase los mil quinientos euros que valía estar la noche con ella.

Lim era una bella chica de china, con la cintura muy delgada y los senos pequeños que siempre aparentaba ser una inocente colegiala o una tímida hada y luego se transformaba en una vampira que te chupaba la vida.

Kaila era una princesa guerrera. Si caías bajo el filo de su espada y sobre sus enormes pechos con pequitas pequeñas te convertías en la pobre víctima de una masacre, solía usar sus juguetes contigo y no paraba por más que gritaras ¡NO!, a todo pulmón.

Rubí era una hermosa chica del caribe que bailaba con una boa sobre los hombros, la presentaban como la enviada de los dioses a la tierra y ella dominaba a la serpiente tal como dominaba a los hombres en la cama, con fuerza y con pasión.

Inna vestía siempre de látex, con esos tacones que parecían instrumentos de tortura y convertía a los hombres en verdaderos esclavos porque sabía cómo domarlos, cómo trabajar sus miedos y cómo convencerlos para que fueran ellos las putas.

Las veía moverse como verdaderas odaliscas dispuestas a todo, pero mi deseo estaba dormido, incluso podría decir que estaba casi muerto. Tampoco tenía ganas de beber demasiado y pensé que era el efecto de mi decisión lo que me permitía estar en perfecto equilibrio, una vez más era dueño de mis acciones y no las sometería a los caprichos de un niño malo ni al escrutinio de los demás.

Una vez más venció la voz de la razón.

Bebí solo un par de vasos a pesar que pagué por una botella, me sentí abrigado por las luces y respaldado por la música que invitaba a bailar.

Terminado el show me acerqué a la barra y serví las copas llenas a dos damas encantadoras que en el pasado me ayudaron a descargar todo lo malo que llevaba dentro. Yo pagaba por su tiempo y ellas me escuchaban hablar. Esa noche había regresado después de un buen tiempo y la alegría de volvernos a ver provocó que me dieran su tiempo solo por unas cuantas copas de vodka.

—Cariño la experiencia me dice que el amor se convierte en un limón podrido luego de unos años de tanto extraerle el jugo. —Olga tenía mi edad, pero la sabiduría una anciana—. Pero habrás tenido la oportunidad de vivir esa experiencia y la recordarás por el resto de tu vida.

—Ella es mi prima, la hija de una prima hermana de mi padre y no puedo si quiera pensar en consumar algo con ella. — Disimulé mi verdad hablando sobre el menudo lío que tenía con una prima lejana a la que solo había visto dos veces en mi vida, una vez cuando cumplí cuatro años y ella tenía seis y la siguiente cuando sus padres nos invitaron a la fiesta que hicieron en celebrando su graduación de la universidad Berlín.

—Si fuera tú, haría caso al corazón y nunca me arrepentiría porque lo vivido nadie me lo podría arrebatar, ni siquiera nuestro divino dios. —Mara se persignó dos veces, siguió bebiendo y escuchando mis razones hasta que Sacha, el cantinero, nos pidió dejar el local y me dijo que uno de los chicos manejaría mi auto hasta dejarme en casa.

Agradecí la preocupación, pero no estaba ebrio solo me sentía triste. Así que me despedí de las damas con un beso en la mejilla y dejé el trago de la segunda botella que les invité, casi sin probar.

Love is an illusion decía Trillium en mi lista de canciones y parecía que reforzaba mi sentimiento de libertad y la seguridad que había adquirido durante esas horas.

Llevar a Yuri a vivir con Lilia sería lo mejor para él y para mí. No me desharía de mi responsabilidad como hermano, tampoco me desentendería de mis obligaciones, seguiría siendo su tutor y su representante durante el año que faltaba para que culminase la escuela y hasta que cumpliera la mayoría de edad.

En cuanto los ardores y calores llegaran a ser cosa del pasado volveríamos a estar juntos en alguna cena, en almuerzos y hasta en viajes. Pero para eso tendría que pasar un buen tiempo, un periodo adecuado para que él me olvidara y yo me volviera a enamorar o por lo menos ilusionar con otra persona.

Pensé que luego de dormir unas cuantas horas llamaría a Lilia. Estaba seguro que ella aceptaría ayudarme con Yuri pues ganas no le faltaban de encargarse de él y disciplinarlo a su estilo y con eso tendría el asunto resuelto. Los siguientes días mandaría todo aquello que Yuri no llevase consigo en las maletas y después de un par de meses dejaría Nefrit para volver a París.

Era un plan tan perfecto que incluso decidí que no cedería ante el dolor que me iba a causar la despedida. Me apartaría un poco de los compromisos para vivir mi duelo de manera correcta hasta salir de él. Ya había vivido algo similar cuando terminé con Chris y no iba a ser distinto esta vez.

El momento que entré al ascensor y vi a través de las ventanas del corredor el sol que subía por el horizonte me imaginé dejando San Petersburgo para no regresar a la ciudad que me vio nacer durante un buen tiempo, porque cada rincón de ella me recordaría siempre la mirada guerrera de Yuri y su salvaje amor.

Frente a la puerta de mi departamento me paré por un largo y silencioso minuto pensando que a esa hora Yuri todavía estaba dormido. Calculé que despertaría a medio día igual que yo; pero tenía miedo de ingresar porque desde el momento que traspusiera esa puerta iniciaría el final. Decidí entrar a prisa a mi dormitorio, cerrarlo con seguro y hundirme entre mis almohadas para no tener tiempo de arrepentirme. Todavía me dolía la idea que él hubiera querido mentir y aunque mis celos se mantenían calmados porque sabía que él no había pasado algunas horas a solas con ese chico de cabello corto, todavía me molestaban preguntando cuál sería el motivo por el que me quiso engañar.

Abrí la puerta y el calor del hogar me recibió como siempre. Ese momento supe que cada rincón de mi departamento me recordaría a mi hermano así que pensé en dejarlo y alquilar una habitación en un hotel por los meses que me quedaría en la empresa.

Caminé casi en puntas de pie para no hacer ruido. Me quité el saco que tenía impregnado aroma de alcohol y cigarro, y avancé con sigilo. Cerca de los sillones de la sala vi las maletas de mi hermano juntas esperando al costado derecho del sofá.

Como si alguien me hubiera golpeado en la cara volví a mi realidad me quedé paralizado mirando el equipaje y comprendí que éste representaba el adiós. No pensé que el adiós sería tan doloroso porque el instante que las vi las dos maletas grises, algo dentro de mí se quebró y me dejó sin aliento.

Caminé los pocos pasos que me separaban del pasillo, tal vez si me daba prisa podría refugiarme en mi habitación hasta poder dominar ese sentimiento amargo que comenzaba a surgir en medio de mi pecho y subía hasta mi garganta hincando sus cardos indolentes.

Al segundo paso que di en el corredor Yuri salió de su habitación. Llevaba en la mano la jaula de su gato y el minino maulló algo entristecido. Sus bellos ojos estaban casi cubiertos por sus rojos e hinchados párpados y decían lo mucho que había llorado, su nariz enrojecida me confirmaba su estado y su voz ronca rasgó mi alma.

—Creo que es demasiado temprano para ir donde Lilia. —Endureció la mirada intentando mostrar la fiereza de siempre, pero no pudo sostener ese gesto de crío enfadado por mucho tiempo—. Esperaré hasta que sean las ocho de la mañana y llamaré un taxi para que me lleve a su casa.

La mano que apretaba mi corazón se cerró con violencia sobre él y sin poder decir una sola palabra caminé dos pasos más moviendo mi cabeza de un lado a otro.

—Yuri… no te vayas. —Las palabras apenas si salían de ella por mi tensa garganta—. Por favor quédate conmigo… por siempre.

Todos los argumentos del plan que había elaborado con cuidado las últimas horas cayeron como copos de nieve sacudidos por la voz de mi corazón que, al sentirse herido, gritó desde mi interior.

—Víctor… —Sus ojos brillaron y una gruesa lágrima volvió a mojar sus mejillas.

Caminé hasta que estuve junto a él y tomé la jaula del gato hasta ponerla en el suelo, la abrí y dejé que el minino saliera libre para que siguiera adueñándose de mi departamento como Yuri se adueñó de mi corazón.

Mi niño estiró sus brazos temblorosos buscando los míos y cayó sobre mi pecho como un pajarillo moribundo, moviendo con desgano las alas y piando desfalleciente. Intentó ocultar su llanto entre mis brazos y en vano trató de detener el temblor de su cuerpo. Yo me sentía miserable porque había herido al ser que más amaba.

Sus cálidas mejillas rozaron mi cara mientras hundía sus uñas en mi saco y lloraba ya sin lágrimas, acaricié su rostro encendido y besé sus ojos adormecidos, sus cejas doradas, su pequeña nariz inflamada. Sequé con mis besos la humedad de sus párpados. Volví a abrazarlo para reconfortar su dolor y callé su tristeza con un beso.

Un beso casto que se convirtió en un beso amoroso. Un beso de labios entre abiertos, de deseos mundanos, de lenguas desesperadas, de alientos urgentes, de febriles desvaríos. Un beso que fue avivando las llamas dentro de nuestros ojos y fue tomando el control de nuestros cuerpos.

Cuando menos lo pensé me encontré devorando su lengua, robando su aliento, jadeando de ganas y absorbiendo su pequeña vida con las ansias de un lobo que después de muchos días por fin puede saciar su sed y su hambre con la presa más tierna del bosque.

Tal vez fue el cansancio o quizá la tensión los que provocaron en Yuri un váguido que le hizo perder las fuerzas y desvanecerse un poco. Lo tomé entre mis brazos, lo llevé a mi madriguera y con mucho cuidado lo acomodé sobre la cama.

Nada iba a detenerme, ninguna voz, ningún precepto moral, ningún consejo, ninguna ley, tampoco lo haría ningún dios. Haría mío a Yuri y me entregaría a él hasta que mi cuerpo y mi cordura desaparecieran.

Mi Yuri, mi amor, mi niño, mi hermano, mi vida, mi pecado, mi todo.

Aún puedo recordar su sabor a delirio, su olor a menta, la textura suave de su piel de durazno y la forma cómo lanzaba los suspiros calentando más esa mañana de verano.

Lo senté sobre la cama y descalcé sus pies de inmediato. El me miraba con incrédulo gesto mientras restregaba sus manos sobre sus inflamados ojos y yo seguía quitando cada prenda con tranquilidad, sin comportarme como el monstruo horrendo que lo atacó unas semanas atrás.

Lo vi temblar como una hoja y mis manos comprobaron lo frías que estaban sus manos, vi que una de ellas tenía un corte y lo besé con cuidado, acerqué mis labios a su frente y la sentí muy caliente. Mi niño estaba con fiebre así que decidí cuidarlo como un buen hermano y como un hombre enamorado.

—Entra a la cama. —le dije y abrí el cubrecama—. Voy a traer algo de té y un analgésico.

Cuando volví al dormitorio Yuri se había quitado el resto de la ropa y seguía temblando dentro de las cobijas. Tuve que sostenerlo para que pudiera tomar la bebida caliente y la pastilla. Revisé su garganta y comprobé que no estaba irritada. Pronosticamos juntos que le iba a coger un resfriado como hacía unas semanas atrás y pensé que el stress que habíamos estado sintiendo esos días lo debilitó demasiado, pues era raro que Yuri se enfermara tan seguido.

Yuri volvió a cubrirse con las mantas, pero como seguía temblando decidí arroparlo con mi cuerpo. No iba a hacerle nada, solo acogerlo y dejar que durmiera unas horas para que se sintiera mejor. Entré en la cama y lo abracé con fuerza porque sentí los dedos sus manos y pies convertidos cubitos de hielo.

—Yuri estás temblando. —Besé su cabello y descubrí la causa del resfrío—. ¿Dormiste con el cabello mojado?

—Quise quitarme el sudor y entré en la ducha unos pocos minutos. —La voz de Yuri empeoraba.

—Quiero que este fin de semana no te muevas de la cama. —Froté sus manos que aún estaban frías y lo seguí abrazando—. Si no lo haces tendremos que ver a la doctora Vlasova y nos va a reprender a los dos.

Yuri ahogó su risa sobre la almohada y yo cerré los ojos aspirando el agradable aroma a manzana del champú que había usado. Mientras el analgésico hacía su efecto y el cuerpo de mi hermano recuperaba la temperatura normal yo procuraba caricias tiernas sobre sus hombros y escuchaba que su agitada respiración se apaciguaba. Ese sonido se convirtió en suave arrullo y me hizo caer en esa lenta espiral de sueño que absorbió mi alma.


Cuando desperté la luz del sol se había escondido y la noche blanca de San Petersburgo iluminaba la habitación con su tenue y permanente reflejo. Sorprendí a mi hermano mirándome y cuando abrí los ojos por completo, su sonrisa devoró mi corazón con tanta fuerza que me sentí vivo y completo.

Sus delgadas manos recorrieron mi frente y pude sentir el calor de su aliento aproximándose a mi boca. Ese momento no quise escuchar a ningún ángel o demonio hablando dentro de mi cabeza, esas voces que solo eran el reflejo de mis propios pensamientos. Los monstruos desaparecieron con solo pensarlo y lo único que me permití fue escuchar el alegre canto de mi corazón.

Lo besé muchas veces y poco a poco mis manos quedaron en libertad de tocar todo el blanco lienzo de su piel. Jugaron sobre sus hombros, exploraron su espalda y se detuvieron en cada lunar que encontré. Bajaron rosando con suavidad sus caderas y acariciando su entrepierna.

Qué dicha la que sentía cuando lo veía responder a mis caricias y mis besos con esos gestos de inocente lujuria que hacía correr mi mente y tensaba mi cuerpo con incontenible deseo. Sentía el placer de mi carne y también el placer de mi ego, porque empecé a adueñarme de los territorios salvajes de Yuri, los conquisté sin remordimiento y bajé por ellos jugando con mis labios hasta besar sus delgados pies.

—Víctor es mi primera vez —dijo con la voz completamente enronquecida.

—Tendré cuidado —le dije entre besos.

El temblor de su cuerpo me confirmaba que no mentía, que por primera vez manos ajenas a las suyas lo tocaban por completo, así que debía ser muy amable para que Yuri llegara a disfrutar. Por eso me propuse retener mis ganas y hacer que Yuri sintiera mucho placer para que se abriera a mí sin ningún temor.

Mis dedos trazaron la ruta de regreso subiendo paso a paso por la suave pendiente de su pierna, fue hermoso sentir cómo sus pequeños vellos se erizaban con cada toque de yemas. Yuri levantó las caderas y mis dedos pasaron de largo hasta terminar su viaje en la suave hendidura de su ombligo, lo besé y él tensó su vientre.

Subí satisfecho hasta sus pequeños pectorales, los apreté un poco y aprisioné entre mis dedos sus pezones. Esas delicadas manchitas rosadas sobre su pecho se fueron endureciendo poco a poco y frente a mi mirada cobraron la textura granulada de una frambuesa.

No fue suficiente verlos tan duros, mi boca los reclamaba así que no la hice esperar más. Los ajusté un poco entre los dientes, la punta de mi lengua se regocijó jugando sobre ellos y convirtiendo en realidad esas fantasías que solo había disfrutado en mis candentes sueños. 

Ver sus gestos era otra fuente de placer. Yuri era un chico tan bonito que cualquier cosa que hiciera con su boca, con sus ojos o con su nariz, cada tensión que mostraba en sus labios y cada vez que volteaba hacia atrás sus ojos lo hacía semejante a un ángel que estaba perdiendo una a una sus plumas divinas convirtiéndose en el más hermoso de los mortales.

Sus manos guiaron las mías deseosas que atendiera esa intensa erección; pero le hice esperar, vengando de esa manera todas las desesperadas horas que había pasado sin él la noche anterior. Y cuando mi boca rozó el suave borde de su dorado pubis solté las riendas de mis instintos, apreté su cintura y acomodé su cuerpo para hacerlo mío.  

Estaba desesperado por poseerlo, sentía el dolor de mi carne endurecida, mis manos dejaban huellas sobre la suave piel de sus glúteos y no podía detener la saliva que escurría sobre su entrada.

Con mis labios, con mi lengua y con mis dedos lo abrí como si fuera el botón de una rosa, con movimientos suaves y toques delicados calculando el momento exacto para entrar en su caliente cuerpo. Yuri dejó de tensar sus músculos y se entregó a mi invasión sintiendo los primeros espasmos dolorosos y placenteros que le provocaba mi amor.

El zumo de todos mis deseos se concentró en mi erección y sin más demoras decidí invadir por fin esa cálida región donde me aguardaban los placeres terrenos y divinos.

Bendije a ese ángel de alas negras que me hacía caer en las redes flameantes de la tentación y al ver su rostro de querube reprimí la primera envestida que apremiaba a mi cuerpo, me deslicé en su cálido interior lentamente sintiéndome dichoso de convertirme en su dueño centímetro a centímetro.

Entré en su mundo celestial arrebatando todo indicio de inocencia, lo arrimé sin reparos como el chacal arrincona a la liebre, me hice dueño de su calor y su tensa oquedad, palmo a palmo, avanzando firme y sin titubeos, observando con deleite las expresiones de sorpresa y de dolor sobre su tenso rostro, escuchando sus súplicas y sus quejas sin ceder ante ellas y en el momento que mi pubis rozó el terciopelo de sus glúteos ahogué con un beso profundo el gemido que salió adolorido desde sus entrañas.

Su carne despertó entre mis manos, sentí el fuego y la sal fundidos en su perlada piel, vi sus fosas nasales dilatarse y cerrarse complacidas. Sus ojos se humedecieron con lágrimas de amor, de dolor y de placer y fue delicioso observarlo vencido bajo mi cuerpo.

Desde ese momento vetado, desde que arrebaté su pureza; me convertí en su pasado, su presente y su futuro. Yuri por fin era mío y nadie más tendría derecho siquiera a mirarlo.

Poco a poco mis lentos movimientos fueron reemplazados por firmes estoques que lo hicieron gemir y hasta gritar; pero cada vez que paraba el enfado se asomaba en su mirada. Vi cómo mordía sus labios para no seguir gritando, observé con deleite sus uñas clavadas en las sábanas y sentí con gozo el latido de su erecto falo cada vez que mi vientre la rozaba.

Pero lo más exquisito de ese banquete fueron sus frases cortadas, llenas de amor y dolor. Un amor inspirado por mi alma y un dolor provocado por mi abyecto cuerpo.

Fornicar es una palabra dura y condenatoria, que se convierte en miel el momento del placer intenso y si algo tengo que decir es que, con el paso de los minutos, ya no estaba siendo tan amable, ni dulce, ni caballeroso con mi hermano. Estábamos fornicando como dos faunos sobre la silvestre hierva, yo buscaba motivar en él un espasmo y él intentaba atraparme entre sus duros glúteos de atleta.

Nunca antes había sentido tanto placer con un hombre y tal vez fue porque arrebaté todo lo inmaculado que quedaba en él. Entregué mi amor con una violenta contracción y tomé su lujuria transformada en sentimiento.

Entre las sábanas y la luminosa noche de verano fuimos todo hasta que él se diluyó en la nada y vi con placer que su cuerpo se tensaba y dejaba escapar en un violento espasmo todas esas ganas convertidas en blanco, brillante y caliente semen que salpicó mi pecho y el suyo, mi vientre y sus caderas, mi boca y sus brazos.

Arremetí con la furia de un semental y me concentré en mi propio fuego. Gimiendo, jadeando y mojando su cuerpo; me escuché pronunciar su nombre y luego me perdí en el vacío mientras mi semilla invadía por primera vez su mundo y le quitaba todo rastro de pureza a su mirada gatuna.

Caí rendido sobre su mojada piel y solo cuando escuché su ronca voz pronunciando mi nombre abrí los ojos descubrí que no había sido un sueño, que había amado por primera vez con todo mi ser a Yuri y que él estaba sofocado bajo mi agitado cuerpo.

Al ver los ojos cansados de mi niño sentí que ni en cien años podría beber todo el manantial de amor que guardaba en la mirada.

Nos entregamos todo entre besos y caricias, entre suspiros y sonrisas, adoloridos aún por las tensas horas en las que pensé en dejarlo y que él sintió que me perdía.

Dormimos abrazados, satisfechos de tanto arrebato, borrachos de tanta lujuria y bendecidos por nuestro intenso amor.

Yuri.

Mi piel lo extraña tanto como mis labios. Mis ojos se detienen en cada chico de cabellera rubia que pasa por las calles, mi cuerpo permanece adormecido sin sus caricias y mi corazón sigue hueco sin su compañía.

Quisiera tanto que estuviera conmigo esta tarde, enfundado dentro de su chaqueta oscura, sentado en el sillón mirando su celular sin decir una sola palabra y en compañía de su pequeño gato que se adueñaba de él tanto como yo.

Me sentiría pleno con solo aspirar su intenso aroma a goma de mascar y escuchar su suave respiración.

Nota de autor:

Primero ofrezco mi sincera disculpa para quienes siguen la historia. Me detuvo mi propio tabú con el tema; pero son los personajes los que mandan y sus circunstancias. No volverá a faltar Tabú hasta el final. Gracias por el apoyo y por preguntar por ella. Ahora a disfrutar en especial los siguientes capítulos.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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