Un lugar secreto


La siguiente tarde, tras las clases de piano, Víctor no subió al cuarto de juegos. Se había propuesto averiguar qué había tras esa puerta pequeña. Su curiosidad era mayor a la de un gato y como Yuuri tampoco sabía explicar decidió resolver el dilema por sí solo.

Armado con un lamparín y un destornillador que pidió prestado al jardinero, Víctor ingresó al depósito. No escuchó las advertencias que los empleados le hicieron, pues ellos solían temer ese lugar. Habían escuchado tantos sonidos extraños en el pasado que solo podían imaginar que estaba maldito.

Se paró frente al armario y volvió a sacar toda la ropa y objetos que dejó amontonados en su interior un día atrás. Sin mucha dificultad sacó los cajones de la parte central, pero no pudo remover la tabla principal, estaba muy bien encajada a los costados del mueble. Así que sentado sobre sus rodillas, palanqueó con la herramienta varias veces. La portezuela cedía a veces, pero retornaba firme a su lugar.

Víctor no se explicaba su agudo interés por saber qué había tras esa puerta, pero dentro de su corazón sentía esa gran necesidad. Así que siguió con el forcejeo, arriba, abajo, a los costados y por más fuerza que hacía con las manos para empujar no podía moverla más que unos milímetros.

Debía haber algo muy valioso oculto en el interior y él quería desentrañar ese gran misterio, después de todo no había mucho que hacer en esa mansión.

Sus esfuerzos no encontraban recompensa y por más que tiraba hacia adelante o atrás no podía moverla, pero sí notaba que estaba vacía, que había más espacio detrás de ella porque podía escuchar que la madera tenía un sonido hueco cada vez que la golpeaba con el mango del desarmador.

Era tanta su desesperación por abrir ese pequeño depósito, que no se dio cuenta del sonido de la campana que lo llamaba a cenar y aunque Yuuri le decía que se detuviera, Víctor seguía en su empeño por abrir esa pequeña puerta.

¿Qué había detrás?

Seguro algo muy valioso que su abuelo o el abuelo de su abuelo quiso ocultar.

Víctor hizo un último movimiento con el desarmador y éste resbaló hacia el costado por la presión. La aguda sensación dolorosa estremeció su brazo y lo hizo saltar. Yuuri también saltó y por el susto volvió a desaparecer, mientras la sangre comenzó a gotear sin parar.

El chiquillo empalideció al ver que las gotas de sangre se convertían en un pequeño chorro continuo y dejó todo para subir a la cocina. Cuando llegó al inicio de las escaleras que conducían al sótano, Víctor se encontró con la severa mirada de su padre. Estiró la mano con mucho temor y lo dejó boquiabierto. En su muñeca se apreciaba un corte pequeño pero peligroso, muy cercano a la articulación y al tendón y que había seccionado una vena.

Torniquete, vendas, gaza, alcohol. Necesitaba un par de puntos sobre esa herida y no había un doctor cerca. Yakov y Miroslav hicieron uso de sus conocimientos para detener una hemorragia y el encargado de las caballerizas fungió de doctor. Fue una dolorosa curación la que practicó Georgi, una curación que acabó con un Víctor desmayado, madame Lilia haciendo de enfermera, empleados alborotados y cuatro puntadas gruesas sobre la piel de un niño curioso.

Al mediodía siguiente Víctor despertó, observó los tules de su cama y quiso levantarse; pero sintió la presión de un brazo fuerte y amigable sobre su pecho. Era su padre que lo miraba con cariño y que lo empujaba ligeramente para que siguiera recostado.

—Vitya no está mal que hayas abierto ese ropero antiguo, ni que te pases muchos minutos del día en ese depósito de cosas viejas. A tu edad yo también lo hacía. —Miroslav acarició el sedoso cabello plateado y su confesión dejó asombrado a Víctor—. ¿Pero dime qué estabas haciendo con ese peligroso desarmador?

—Quería abrir una puerta secreta que hay dentro del ropero —confesó Víctor sin poder ocultar la verdad.

—¿Y por qué no pediste ayuda? —preguntó su padre y le regaló esa mirada amorosa que siempre guardaba para sus momentos a solas.

—Pensé que no me dejarías hacerlo. —Avergonzado, Víctor bajó la mirada.

—¿Y por qué querías abrir esa puerta? —Miroslav sabía que Víctor tenía algo más que confesar.

Víctor no supo cómo explicar todo el pequeño dilema con su nuevo amigo Yuuri. Un niño al que solo él podía ver y escuchar. Un pequeño que se negaba a reconocerse como un fantasma, que no recordaba qué le había sucedido, que hablaba pocas palabras en ruso y que estaba solito.

—Dime Vitya. —Miroslav le mostró el oso de felpa que tanto le gustaba a Yuuri—. ¿Lo has visto?, ¿viste al dueño de este perro de felpa?

Víctor se quedó callado, con los ojos abiertos de par en par y sin saber qué responder. No sabía si su padre conocía a ese niño, si sabía quién era en verdad y si estaría de acuerdo o no con su amistad.

Víctor la había ocultado para que nadie la dañara o nadie alejara a Yuuri de él. Miró al oso fijamente y sin poder adivinar cómo era que su padre le preguntaba también por Yuuri asintió en silencio.

—Ah, Vitenka —Miroslav suspiró con pena y tomó con cuidado el herido brazo de Víctor—. A veces no es bueno desenterrar el pasado.

Se puso en pie, le ordenó descansar unos días y se llevó el oso consigo. Víctor intentó decirle que ese pequeño felpudo era importante para su nuevo amigo; pero su padre siguió caminando y cerró la puerta tras de él. Víctor miró el cuarto de juegos y llamó a Yuuri en voz baja, lo llamó varias veces hasta que se cansó y comprendió que aún era de día y que tal vez el pequeño estaba oculto en el espejo del sótano para que nadie más lo viera.

En la noche Víctor cenó muy poco, estaba muy preocupado por el oso y por Yuuri y por su padre y por su mamá que tuvo que levantarse y caminar adolorida para ver que estaba bien. Se sentía apenado frente a Yakov y Lilia que con mucho cariño lo fueron a visitar y se sentía avergonzado con el mayordomo que le pidió no hacer travesuras si le entregaba la llave.

Luego de ocupar el baño, Víctor volvió a su dormitorio y fue su padre quien lo acomodó y arropó para que durmiera y luego de darle un beso en la frente y pellizcar su nariz le dijo buenas noches.

Víctor estiró los brazos y se sujetó del cuello de su padre. Lo amaba y respetaba tanto que quería ser como él en el futuro. Él le dio otro beso en la mejilla y con una gran sonrisa dejó la habitación. Víctor acomodó su cabeza sobre la almohada y de pronto vio que Yuuri se asomaba por la puerta y lo llamaba con la mano. Con cuidado lo siguió hasta el cuarto de juegos y se detuvo frente al estante de muñecos. Levantó la vista y supo qué era lo que Yuuri deseaba.

Frente a ellos en el nivel más alto el pequeño perro de felpa los miraba, con sus ojos de vidrio, su nariz negra de caucho y la pata izquierda que le faltaba bien cosida.

El caniche de felpa estaba por fin completo. 

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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