Caminos Cruzados.


Capítulo 1.

Actualidad.

La industria de la alta moda siempre ha sido un ámbito bastante competitivo y hostil, por lo que el desarrollarse en él y alcanzar cierto renombre, estableciendo una marca es un logro que unos pocos alcanzan. No es una carrera que muchos anhelan realizar, no al menos de una manera seria que implica no solo una mente innovadora, creatividad, sino que, además, trabajo duro,constancia y perseverancia. Sin embargo, quienes soportan hasta el final alcanzan el merecido reconocimiento y gloria suficiente como para pasar a la historia.

Tal es el caso de Yuuri K., quien a sus veintinueve años ha logrado no solo posicionar su marca “YK” como una de las favoritas, sino que se ha ganado el debido respeto en la sociedad al proclamarse como un declarado defensor de la igualdad de derechos entre betas y omegas. Y bueno como si esto fuera poco cabe mencionar que el joven que ha logrado establecer un imperio a tan corta edad no solo es grande por su ingenio, si no que su atractivo lo ha posicionado como de los solteros más cotizados. Sin embargo, a pesar de todo el reconocimiento ganado a lo largo de los años, la atención y constante acoso de la prensa así como el seguimiento que su vida ha tenido por los reflectores tras cada presentación de una nueva colección; la verdad es que nadie conoce a Yuuri, y todo cuanto saben de él, es solo lo que se les ha permitido conocer tras la máscara que él mismo se ha forjado con el paso de los años.

Sin embargo todo tiene un limite, y el de Yuuri esta cerca.

Miami, oficinas “YK”.

Eran apenas las siete de la mañana y desde hacía media hora antes el equipo personal de Yuuri K., había comenzado a llegar, con el propósito de cumplir con todas y cada una de las exigencias de su severo jefe que desde hacía unos meses atrás se encontraba enfrascado y falto de inspiración para el que se consideraba el más esperado lanzamiento de temporada. La verdad es que el próximo noviembre sería el cumpleaños número treinta del afamado diseñador, motivo por el que cual se esperaría que una fecha tan esperada y a la vez temida en el ser humano tuviera un increíble festejo, y más tratándose de tan conocida celebridad, pero este no era el caso, para nada lo era. Y no es que la fecha pasaría por desapercibida, sino muy por el contrario.

La celebración del natalicio del diseñador había sido la fecha clave para su equipo de publicidad y marketing, por lo que apenas obtuvieron la aprobación del director general de la marca, anunciaron que, en medio de una gran fiesta de ensueño, llena de sorpresas, con actores y cantantes del momento, en medio de una esperada pasarela se presentaría la nueva colección de Yuuri K. la colección que según se prometía lo reinventaría por completo, dando paso a una nueva etapa en su carrera y mejor aún lo catapultarían como un icono para la posteridad. Al menos eso era lo que se prometía con completa seguridad como si el proyecto solo esperara por salir a la luz pública y dar avances de lo que se mostraría, pero la realidad era muy diferente. El equipo de diseñadores bajo el mando de Yuuri estaba en aprietos, ya que su mentor se encontraba en medio de una crisis no solo creativa, sino también anímica que podría considerarse propia de la edad jugando en contra y no solo en cuestiones laborales, ya que aunque él no se diera cuenta o no quisiera admitirlo la presión comenzaba a cobrar factura en su salud reflejándose en pequeños, pero significativos detalles como una ocasional opresión en el pecho, nerviosismo y respiración superficial, detalles que pasaban a segundo termino para el ocupado hombre y por consecuencia también para sus colaboradores.

—Hola equipo —saludó animadamente Minami, un muchacho beta recién graduado que hacía poco había sido contratado como becario por la prestigiada firma, su horario era mucho más flexible ya que aún se encontraba en proceso de titulación, y a su vez él no se veía realmente obligado a soportar el estrés de su exigente jefe y los rotundos “no” que el joven daba a su equipo creativo después de recibir el trabajo terminado.

—¿Trajiste el café, Minami? — preguntó ansiosa Sara, la única chica en el equipo, una italiana alfa quien de todos era la que más tiempo tenía trabajando para YK.

—Si, para todos— respondió mostrando orgulloso el kit de una conocida marca, que para fortuna de todos, se encontraba cruzando la acera.

—Entonces si son buenos— dijo Jean, otro joven beta alcanzando a Minami para tomar el Kit con la garrafa de café y los vasos —Ayúdenme a desalojar la mesa, que el día promete ser igual o peor que ayer.

—Yo te ayudo —secundó Georgi despejando una mesa que nadie ocupaba más que para botar todo tipo de material, desde plumones sin tinta, hasta pendrives virulentos, en otras palabras, la mesa de la chatarra.

—No entiendo por qué insisten en gastar tanto por café cuando el de la oficina es tan genial.

—Minami, que el café de la oficina cuente con una opción de leche cortada no cambia que solo se trate de café soluble, al menos déjanos disfrutar de este pequeño placer matutino—. Sara se adelantó tomando uno de los vasos y sirviéndose de la garrafa.

—¿Por qué no arreglan la cafetera? —preguntó el muchacho señalando el roto artefacto que se encontraba en un rincón sobre la mesa de la chatarra.

—Mala idea, eso solo sería darle un arma a YK.

—¿Un arma? — preguntó extrañado.

—Si,¿no sabes porque terminó así? —preguntó la morena italiana, lista para bajar de la nube en la cual Minami mantenía al jefe de todos.

—No había pensado en ello.

—Jean, cuéntale, después de todo es tu historia— la joven le pasó un vaso de humeante café a su compañero quien sonrió de lado.

—Es una tontería.

—Una tontería que nos ha privado de un buen café por más de un mes—. Jean bebió de su vaso antes de comenzar a recordar con cierto fastidio el último y memorable regaño que recibiera de su jefe, en tanto Minami se acomodaba en su pequeña mesa para comenzar su día de trabajo, pero sin apartar la atención de Jean.

—Bien, fue unos días antes de que tu súper héroe “YK” te contratará. Veras, pasé un mes con una idea bastante buena en la cabeza.

—Ve al grano Jean, no tenemos todo el día— ordenó Sara.

—Bueno, considerando mi amplia experiencia en el ramo de la alta moda—dijo con toda la modestía que le fue posible —Le propuse convertirme en el nuevo jefe del equipo, puesto que actualmente ocupa Sara —la joven soltó una carcajada.

—Cuéntale la mejor parte.

—Le mostré mis diseños, mis innovadoras ideas, y entonces él…—el joven no pudo contener un puchero que intentó esconder tras darle un sorbo a su café.

—¿Él qué? —preguntó insistente Sara.

—Me pidió mis avances en el encargo de la semana, y bueno yo le había dado prioridad en mostrarle mi propia colección. Aunque al parecer su encargo para él era más importante, y más allá de eso, al parecer urgente, como sea, me sacó a patadas de su oficina, yo quise refutarle, pero bueno…—dio otro sorbo a su vaso.

—Lo desquiciaste—completo Sara.

—No fue para tanto, insistí y él argumentó que si no tenía el trabajo listo no lo molestara, pero bueno JJ es tenaz y jamás recibe un “no” por respuesta—admitió con orgullo.

—Lo que él quiere decir es que volvió a acosarlo hasta su oficina, no una sino varias veces por día, varios días y por supuesto, como era de esperarse terminó con su paciencia, así que YK fue determinante, pidió que lo dejara en paz y lo último que escuchamos fue a la cafetera estrellarse contra una de las paredes, para cuando giramos a ver el desastre vimos a un presuroso Jean recogiendo parte por parte de nuestra única felicidad en este lugar.

—¿De verdad? — preguntó el muchacho sin poder creer cómo alguien tan amable como Yuuri podía llegar a tales extremos, comenzando a sospechar del relato.—De verdad que no puedo creerlo —dijo el muchacho completamente escéptico.

—Todo un misterio es YK,¿no?—dijo Jean soltando una risita nerviosa como de quien oculta algo y a partir de ahí decidiendo mantenerse al margen de la conversación, actitud que a Minami se le hizo rara, pero que decidió pasarla por alto.

—En lo personal, no lo culpo, cuando a Jean se le mete algo en la cabeza se obsesiona y es bastante molesto para quienes nos vemos obligados a convivir con él —razonó Popovich sin prestarles demasiada atención.

—¿De qué hablas Popovich? sin mí este equipo estaría perdido — Saltó de pronto el muchacho buscando defenderse —Además se arrepintió, de no haberlo hecho, no me habría nombrado más tarde el segundo al mando.

—No, solo lo fastidiaste, eso y no contábamos con mucho equipo, Georgi apenas estaba en su periodo de prueba y el puesto de Minami aún no estaba autorizado.

—Sigo sin creer que YK sea capaz de algo así —dijo con sorpresa el muchacho esperando que su laptop terminara de encender y sacando de entre sus cosas un Yogurt.

—No es que lo disculpe, pero si lo vemos desde un punto más neutral fue algo equitativo, JJ acabó con su tiempo y paciencia y bueno él a cambio nos privó de nuestro único placer en esta esclavitud moderna. Así reafirma su autoridad, no solo como jefe, si no como alfa, además lo queramos o no, sigue siendo un alfa, una conducta así es normal de vez en cuando y más si estás por llegar a los treinta y ni siquiera tienes una pareja aceptable con la cual pasar tus celos —explicó la muchacha mientras volvía a prestar atención a su tableta gráfica revisando los últimos detalles de los diseños que dentro de poco le presentaría a su jefe.

Minami negó con la cabeza, no lo creía, la actitud de Jean le dejaba algunas dudas al respecto además no se encontraba listo para pensar así no solo de quien era su jefe, si no de la única persona que le había dado una oportunidad tras conocer su particular caso.

De alguien que, sin importar su fama, se daba el tiempo de leer su propia correspondencia y atender los sueños de quienes pedían su ayuda y brindar una oportunidad para cumplirlos. No, Minami jamás cambiaría el concepto que tenía de Yuuri Katsuki por sus estresados compañeros, no hasta que tuviera verdaderas razones de peso para hacerlo.

—Da igual lo que pienses Minami, pero si no quieres tentar a tu suerte no lo importunes justo ahora que se encuentra tan ocupado y bloqueado.

—Un genio como él, no podría encontrarse bloqueado, ni ahora ni nunca.

—Lo que digas —respondió Sara indiferente.

Dejando de lado la animada charla, la mañana transcurrió a un ritmo ajetreado para los cuatro jóvenes, quienes compartían la angustia de su jefe al ver como el implacable tiempo transcurría sin piedad agotando su genialidad después de ver rechazad...

Dejando de lado la animada charla, la mañana transcurrió a un ritmo ajetreado para los cuatro jóvenes, quienes compartían la angustia de su jefe al ver como el implacable tiempo transcurría sin piedad agotando su genialidad después de ver rechazados uno tras otro los diseños que presentaban a su exigente jefe. El agotamiento físico y mental los embargaba,al cuestionarse sobre si eran lo suficientemente aptos para la proeza de cumplir en tiempo y forma la colección que se presentaría en el treinta aniversario de YK.

Sin embargo, su angustia no era nada comparada con la que enfrentaba el mismo YK en esos momentos, quien pasaba más de doce horas diarias trabajando encerrado en su oficina, sobreviviendo a base de comida rápida, café, golosinas y un montón de pastillas contra la ansiedad, que su preocupado médico le recetaba como si se trataran de caramelos. Solo su mejor amigo, Viktor Nikiforov, un joven alfa de la nación rusa y el mejor publicista de Yuuri, era el único consciente de la situación del oriental y quien de verdad se preocupaba por la salud física y mental de su amigo, aún cuando él tuviera su propia carga de interminable trabajo. Y aquel lunes no fue la excepción.

Viktor caminó casi de puntillas buscando no distraer al pasar por el departamento correspondiente al equipo creativo de su amigo. Una vez hecho esto, con su acostumbrada sonrisa y poco tacto, ingresó a la oficina del azabache sin siquiera tocar a la puerta.

—Yuuri, buenos días— Lo saludó con su cantarina voz y una blanca sonrisa que, en lugar de alegrar el ambiente, solo logró hacer saltar del susto a su concentrado amigo.

—Viktor, por una vez en tu vida, ¿te importaría tocar la puerta? ¿o enviarme un mensaje para avisarme que vienes? —respondió el muchacho sin siquiera apartar la vista de la pantalla de su ordenador.

—Buenos días Vitya, ¿Cómo va tu mañana? ¿todo bien? ¿Qué tal tu fin de semana?— se quejó Viktor imitando la voz de Yuuri al esperar un poco de atención de su parte—.Y si, te envié un mensaje por skype, pero aparentemente estás demasiado ocupado en lo que sea que ves en esa tableta.

—Viktor, entiéndeme, tengo el tiempo encima y todo el esfuerzo de mi equipo y propio parece no dar frutos —dijo con notable desesperación en su voz.El platinado frunció el ceño, hacía días que Yuuri no abandonaba su mal humor y en combinación con el demacrado semblante que se cargaba, era obvio que atravesaba por malos momentos.

—Ok, esto se está pasando de tus niveles normales de ansiedad, ¿qué sucede? —preguntó el mayor acercándose con cautela a su amigo.

—Nada de lo que tenemos se acerca un poco a lo que estoy buscando presentar, nada Viktor, llevó más de dos meses intentando cubrir la nueva colección, pero es inútil, nada se acerca a lo que quiero.

—Y dime, ¿qué es lo que quieres?.

—Es que ese es el problema,Viktor —respondió botando con furia su tableta, peinando sus cabellos hacia atrás para después abrir los primeros dos botones de su camisa exhalando con desesperación.

—No entiendo.

—Nadie lo entiende, el problema es que simplemente no lo sé.

Viktor creyó que le estaba tomando el pelo, pero no dijo nada, apartó un par de rotafolios de la silla frente al escritorio del oriental y tomó asiento dispuesto a continuar escuchándolo.

—Es difícil de explicar, pero jamás lo he sabido, simplemente de repente nace la inspiración y comienzo a dibujar, empiezan a surgir diferentes conceptos, se los transmito a mis chicos y surge todo, no sé, pero siempre ha sido así, creo que ese ha sido el verdadero secreto de mi éxito todos estos años.

—¿Cómo una clase de epifanía?.

—Sí—admitió avergonzando se levando de su asiento caminando hacia Viktor para tomarlo por el brazo. —Pero esta vez no ha sido así, y el tiempo apremia —dijo y le ayudó a levantarse para luego caminar hacia la puerta.

—Yuuri, espera, si acabo de llegar.

—Si, pero no tengo tiempo, no hay tiempo Viktor, tengo menos de nueve meses para terminar la colección que se supone será la mejor de toda mi carrera y ni siquiera tengo los bocetos —terminó por decir en un hilo de voz completamente ansioso.

—Yuuri, tú en definitiva no estás bien, necesitas dormir, tomar un baño caliente y por supuesto comer, y comer comida real, no necesariamente en ese orden, pero si hacerlo ya —dijo poniendo resistencia en el marco de la puerta negándose a salir.

—Claro que no, todo va a estar bien Viktor y entre más rápido me dejes solo, más rápido será.

El platinado entendió la situación, salió mientras pensaba en una y mil excusas para hacerlo salir de su aislamiento.

—Al fin se fue —dijo Yuuri cerrando con su cuerpo la puerta, para después regresar a su atiborrada mesa de trabajo a continuar.

—¿Qué fue eso? —se preguntó alarmado Viktor, de ni siquiera poder reconocer a su amigo, aunque no tuvo demasiado tiempo para continuar preocupándose por Yuuri, porque una llamada tomó su atención.

Yuuri continuaba enfrascado en cosas que ni siquiera él sabía si le llevarían a algún lado: comenzaba un boceto y casi inmediatamente lo desechaba

Yuuri continuaba enfrascado en cosas que ni siquiera él sabía si le llevarían a algún lado: comenzaba un boceto y casi inmediatamente lo desechaba.

—Es un círculo vicioso —se quejó cansado y angustiado, pasando a tomar asiento en su escritorio y de sobre este coger un pendrive que Sara le entregó por la mañana.

—Tal vez sea hora de ver que me dejaron los chicos. —conectó el pendrive a su computadora para comenzar a apreciar el trabajo de aquella semana. Una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro al comenzar a ver los bonitos bocetos.

—Ágape —. Lo habían llamado y lo entendió desde el primer instante a ver los tonos claros, los delicados vestidos, pantalones, blusas y camisas que en su intento buscaban parecer imitar la dulzura, la inocencia, la libertad de un ángel. —Es precioso —se dijo maravillado —Pero sigo sin concebirlo.

Cerró los ojos intentando imaginar su concepto de ágape, pero de antemano sabía que estaba muy lejano a ello. Desde que había salido de su casa, de su nido fraterno,lo había perdido. Al cerrar los ojos,lo único que su mente evocó fue el preciso momento en el que mostró su carta de aceptación a una muy importante escuela de diseño en Nueva York. Su madre lo había abrazado fuertemente transmitiendole todo el orgullo que sentía por él en ese momento, porque de antemano sabía todo el esfuerzo que Yuuri había tenido que hacer para postular, los trabajos enviados, las entrevistas a larga distancia, las pruebas, todo había sido el fruto de una larga preparación que el joven había mantenido en secreto. Era un momento de ensueño hasta que el hombre que años atrás había tomado el lugar de su padre le arrebató la carta de sus manos destrozándola y tirándola a la basura.

Un alfa respetable desempeña labores propias de su género, no va a la escuela a jugar a ser modisto como un vulgar omega, la escuela de derecho te espera, eres mi único hijo alfa y este momento lo he esperado por años, no dejaré que desperdicies tu tiempo y ensucies nuestro apellido en tonterías.

Papá es una oportunidad dorada y ni todo el prestigio de un apellido, ni todo el dinero del mundo podría comprarla. No pienso cambiarla por tus ideas retrogradas de los roles de alfa, omega y beta en la sociedad, porque estos son otros tiempos,este es mi sueño, y pienso defenderlo.

Por vez primera Yuuri había alzado la voz al hombre que desde hacía años había aprendido a llamar padre, quien desde muy pequeño le dió desde su apellido hasta su cariño y sus expectativas al saber que el único hijo de la mujer que siempre amo era un alfa y a quien a manera de corresponder a todo ello buscó complacer en todo aspecto, pero con esto no podía.

Como cereza en el pastel subió corriendo a su habitación para empacar todo lo que ocuparía y de ser necesario partir aquella misma tarde. Después de todo, no solo se había esforzado en sus estudios para llegar a su sueño, si no que había ahorrado lo suficiente como para llegar hasta el país de las oportunidades y no pasar hambre mientras encontraba trabajo; sin embargo, nada lo preparó para la más agria despedida que un hijo puede tener.

Respirando entrecortadamente había abierto de nuevo los ojos los cuales se nublaron en lágrimas al instante, después de recordar aquel fatídico día en el que la vida le hiciera jugar la más difícil de las partidas.

—Yo…debo continuar —dijo cerrando la presentación aún boqueando por aire.

Viktor daba vueltas en su oficina desesperado sin saber cómo darle la noticia a su amigo

Viktor daba vueltas en su oficina desesperado sin saber cómo darle la noticia a su amigo.

—Esto es grave, muy grave —decía mientras intentaba localizar en su celular privado a Chris, el abogado de la firma.

—Chris, ¿dónde estás? — De nuevo lo mandaba a buzón, por enésima vez en la mañana.

—Maldición Chris, si Yuuri se entera antes de que lo arregles, si estaremos fritos, bueno él estará frito y por consecuencia todos lo estaremos — se quejó y fue directo hasta su teléfono fijo.

—Isabella —llamó a su asistente.

—Señor Nikiforov, a sus órdenes.

—Comunícate con el asistente de YK, el día de hoy tiene prohibida toda correspondencia, periódico o cualquier medio de difusión donde se encuentren de manera impresa, digitalizada, grabada o tatuada todas las falacias de las que se le acusa. Es más, córtale el internet a su oficina, no importa cómo lo hagas, el fin justifica los medios.

—Eso será complicado señor.

—¿De qué hablas Isabella?

—Leo acaba de recibir a dos hombres de buena vestimenta, pero intenciones sospechosas.

—Carajo — el platinado colgó la llamada de golpe para correr despavorido hacia la oficina de Yuuri mientras celular en mano aún continuaba marcando el teléfono del buffet de abogados de Giaccomettí, y el ordenador sin bloquear del ruso una noticia se repetía en varias notificaciones de Facebook.

“Yuuri K. el magnate de la moda y posible culpable de acoso sexual” 

Publicado por nincoxx

De entre todas las cosas en la vida mi mayor placer es escribir, para mi es tan esencial como el aire que respiro. Por medio de mis historias puedo ser libre, explorar mil y una posibilidades, salir de la monotonía, vivir varias vidas y convertirme en distintas personas. En lo personal me considero una persona completamente romantica, sin embargo mis historias pueden estar llenas de tragedia o finales no muy felices, pero sin embargo nunca faltará una buena dosis de amor.💓

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