No Me Abandones.


IX. DECISIONES.


Le relajaba sentir la arena bajo las palmas de sus manos, y ver como Makachin corría libremente por la playa, sintió como la mano de Víctor tomaba lentamente la suya y su corazón dio un doloroso brinco.

—Yuuri hay algo de lo que debo hablar contigo—dijo Víctor de repente interrumpiendo el silencio, aquellas simples palabras le dieron mala espina.

—¿Sobre qué?

—Yuuri, he decidido retomar mi carrera como patinador competitivo, por lo cual debo regresar a Rusia, ya hable con Yakov y ha accedido a continuar entrenándome.

Aquellas sencillas palabras bastaron para romperle el corazón en un instante. Su pesadilla después de todo se había hecho realidad de la manera más cruel posible, pero sin importarle aquello no le demostraría nada, se ahorraría sus lágrimas y sus sentimientos, quería que Víctor continuara con su carrera, quedarse a su lado solo sería una pérdida de tiempo, aquello era lo mejor.

—Pero antes quiero asegurarme de que estarás bien, veras Yurio vendrá conmigo, él también debe continuar con su entrenamiento, hable con Yakov hace unos minutos y partiremos en tres días—El muchacho mordió sus labios con fuerza.

—No te preocupes, estaré bien ¿Podemos regresar al onsen?—pidió con un nudo en la garganta.

Los días restantes Yuuri quiso pasarlos encerrado en su habitación, pero no quería demostrarle a Víctor lo mucho que le había afectado la noticia, por lo cual accedió a continuar con su rutina y a pesar de lo mal que se sentía fingía una radiante sonrisa.

El último día, muy temprano Víctor hablo con los padres de Yuuri, les explico la situación, la pareja le deseo la mejor de las suertes y le agradeció las atenciones prestadas a su hijo, al escuchar esas palabras Víctor se sintió terrible, no creía merecer esas muestras de gratitud. Sin embargo, no menciono nada más.

Antes de partir y con maletas en mano paso a la habitación del japonés, le encontró escuchando música y leyendo un libro.

—Yuuri, debo irme—le dijo interrumpiendo y dejando el equipaje recargado en la puerta.

—Lo sé, Yurio paso hace unos minutos a despedirse. Te deseo la mejor de las suertes, los estaré apoyando a ambos.

—No te he preguntado qué es lo que harás tú—pregunto con una extraña mezcla de preocupación y remordimiento en la voz.

—No te preocupes por mí, antes de regresar de Detroit me gradué en diseño gráfico, lo retomare y estoy seguro que dentro de poco encontrare trabajo—respondió con una sonrisa de autosuficiencia, no quería hacerlo sentir mal y mucho menos detenerlo en su decisión.

—Me alegra, eres muy disciplinado, así que tendrás éxito, cuentas con mi completo apoyo.

—Gracias Víctor, de verdad gracias por todo, hiciste bastante por mí, jamás tendré como pagártelo.

—Fue una experiencia increíble, a tu lado descubrí nuevas emociones, nuevos retos, fuiste un excelente alumno Yuuri, me siento muy orgulloso de ti.

Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Aunque al instante desapareció.

—Además, yo tampoco tengo como compensarte lo que hiciste por mí, jamás voy a olvidarlo.

—Victor…—Yuuri sabía a qué se refería, así que antes de que continuara decidió enterrar el tema.

—No debes pensar en eso, cada quien es responsable por lo que decide, y en ese momento yo decidí que tu seguridad era mi prioridad, y lo conseguí, me siento satisfecho.

—Estoy en eterna deuda contigo, también quiero pedirte una disculpa.

—¿De qué hablas?.

—La noche del aniversario del Onsen, debo disculparme contigo, mis actos no fueron los adecuados, no sé qué me llevo a actuar de esa manera, me siento muy avergonzado contigo significas demasiado para mí, eres como mi hermano menor y de alguna manera abuse de ello, por lo cual te pido una disculpa.

Aquellas declaraciones hirieron en lo más profundo de su ser, su mente estaba consciente de todo, pero su corazón guardaba la esperanza de que las intenciones hubieran sido otras, de que tal vez Víctor en algún punto se hubiera dado cuenta de que sentía algo por él, había sido un tonto, un iluso, no tenía nada que reclamarle, después de todo él era quien se había ilusionado tontamente como un niño ante algo que siempre supo no sería real, el ruso estaba en todo su derecho a continuar con su vida, simplemente tenía que aceptarlo y dejarlo ir.

—No te preocupes, todo está bien.

—No estoy seguro de ello, aquella noche tú me correspondiste, no quiero lastimarte Yuuri, quiero asegurarme de que en verdad que estés bien.

—Yo también bebí—mintió—Fue solo eso, ambos estamos a mano, todo está bien Víctor, ahora debes irte y prometerme que te esforzaras, porque yo también lo haré.

—De acuerdo así será—dijo y le dio un abrazo, Yuuri aspiro fuertemente la colonia amaderada que se desprendía de la piel de Víctor y sintió como este le daba un tierno beso en la frente.

—Gracias por tu tiempo y mucho éxito.

El ruso le dedico una última sonrisa antes de partir y se fue dejándolo solo. Yuuri cerro su puerta con seguro y se permitió derramar las lágrimas que había guardado desde el momento que supo que Víctor se marcharía, se sentía destrozado, las lágrimas inundaron su rostro, se ahogaba en su pena, estaba desolado, sin nada, todo se había ido, la persona que más amo jamás sintió nada por él y ahora partía, el éxito que había alcanzado había sido efímero, jamás en su vida volvería a deslizarse por el frío hielo donde todo cobraba sentido convirtiéndolo en otra persona, incluso Yurio, el muchacho que en medio de su mal temperamento le brindaba las fuerzas que le hacían falta para continuar también se iría.

Recordó la noche del aniversario del Onsen y lo feliz que se sintió al lado de Víctor por unos breves minutos, dándose cuenta que él no podía amar, nadie querría estar al lado de alguien como él. Se había quedado tan solo, sin objetivos ni metas, siendo un simple lastre para sus padres.

No, no podría permitirlo.

Con decisión busco de entre sus artículos de higiene personal, encontró una navaja, la miro como si fuera el objeto más interesante del mundo por unos segundos y no lo pensó mucho, lo siguiente fueron dos cortes limpios en forma vertical, ignoro el dolor, pues había otro que lo superaba con creces. Vio correr lentamente la sangre por sus muñecas, deslizarse hasta sus manos, y escaparse al suelo, en unos minutos su cuerpo se debilito y la sangre cubrió todo, sus fuerzas se fueron lentamente, incluso fue incapaz de sostener la dulce navaja que acabaría con su vida, la dejo caer a un lado, sus sentidos comenzaban a desconectarse, su visión se volvía borrosa, hasta oscurecerse lentamente y a lo lejos escuchaba como alguien intentaba forzar la puerta.

—Que no entre, por favor, que no lo haga—Fue uno de sus últimos pensamientos.

—¡¡¡Noooo!!! ¡¡¡No por favor!!!, ¡¡¡Ayuda!!!—Fueron las últimas palabras que escucho antes de caer inconsciente.

La siguiente sensación fue de confort, se sentía tan relajado ¿acaso habría logrado su cometido?

Sintió como unas finas y cálidas manos tomaban la suya y la acariciaban con ternura besándola una y otra vez.

El tacto era tan cálido, tan devoto, estaba seguro de que debía de tratarse de un ángel.

Perdió toda la adrenalina acumulada apenas ingreso al cuarto, jamás habría estado preparado para lo que encontró ahí.

Yuuri tenía dos profundos cortes, uno en cada muñeca, de ambas extremidades se escapaba la sangre cayendo lentamente al suelo dejando un considerable charco, ya había perdido la conciencia y su rostro se encontraba mortalmente pálido.

—¡¡¡Noooo!!!¡¡¡Noo por favor!!! ¡¡¡Ayuda!!!

Su cuerpo se paralizo por unos momentos, pero sabía que si esperaba por ayuda podría ser tarde, debía actuar rápido, apenas y contaba con algunos segundos, con rapidez busco entre la ropa del muchacho algo que le ayudara a detener el sangrado, encontró algunas camisetas y con fuerza realizo un torniquete alrededor de cada muñeca.

—Perdóname por favor Yuuri—decía mientras aplicaba fuerza al anudar el torniquete, una vez que estuvo listo tomo su celular y marco a urgencias.

—Por favor no me hagas esto, no te vayas—suplicaba desesperado mientras esperaba que le contestaran.

Lo siguiente fue devastador, la familia de Yuuri se enteró de lo sucedido, su madre comenzó a llorar y fue la primera en abordar la ambulancia una vez que llego, al igual que su padre que en ningún momento se separó de su esposa, en tanto que Mari quien trataba de mantener la calma dejo encargado el negocio y llevo consigo al muchacho en su camioneta, ninguno de los dos hablo, se sentían tan tensos y preocupados que cualquier cosa que dijeran estaba de más.

Al llegar al hospital, apenas estaciono el auto y salieron disparados a pedir informes, pero era demasiado pronto para esperar novedades. Yuuri había sido ingresado a urgencias de donde no había salido, por lo cual solo quedaba esperar.

Fue muy duro para Yuri enfrentarse a aquello, nadie hablaba entre sí, el señor Toshiya acunaba entre sus brazos a su esposa quien había dejado de llorar pero ahora tenía la vista perdida en algún punto, Mari paseaba de un lado a otro luchando internamente por no salir a fumarse toda la cajetilla de cigarros que portaba en un bolsillo, en tanto que él trataba de mantenerse tranquilo, pero horribles pensamientos pasaban por su mente, además no podía borrar de ella las últimas imágenes, no podía olvidar el pálido rostro de Yuuri y la sangre correr por sus manos, tenía tantas ganas de llorar, pero no podía, las lágrimas no brotaban, solo una creciente y conocida angustia que le tenía paralizado desde que llego al hospital. Sintió una mano sobre su hombro, levanto la cabeza y encontró a Hiroko frente a él.

—Muchas gracias—Levanto el rostro y sus ojos se encontraron con los de la mamá de Yuuri—.Muchas gracias por haberlo ayudado—dijo y sin quererlo varias lagrimas comenzaron a rodar por el rostro de ella, al instante abrazo a Yuri quien se sintió incapaz de corresponder el gesto solo se dejó envolver por aquella calidez que le recordó su tierna infancia cuando su madre trataba de calmar su siempre iracundo temperamento con un simple abrazo.

—Señores Katsuki—Aquella voz basto para sacarlo de su ensoñación y regresar al ahora, los cuatro acudieron al llamado del médico.

—¿Cómo se encuentra doctor?—pregunto Toshiya Katsuki al instante.

—Perdió demasiada sangre, si hubiera pasado más tiempo habría sido imposible salvarlo sin alguna secuela. Logramos estabilizarlo, pero se encuentra muy débil, ahora mismo duerme.

—¿Estará bien?—pregunto ahora Hiroko.

—Si, pero estará bajo observación al menos tres días, esta es una situación bastante grave, su hijo sufre de depresión y ha llegado al punto de atentar contra su propia vida, deberán buscar ayuda de un psiquiatra cuanto antes para que sea medicado; por ahora pueden pasar a verlo, sin embargo es probable que despierte hasta mañana—Yuri al escuchar la noticia al final respiro aliviado, dejo que la familia de Yuuri fueran los primeros en verle, mientras él se quedaba solo en la sala de espera agradeciendo por la vida de Yuuri y dándose cuenta de que Yuko tenía razón, siempre la tuvo.

La familia de Yuuri estuvo con el muchacho algunas horas, su madre no quería separarse de su lado aunque necesitaba descansar, aquel había sido un día agotador. Yuri se había ofrecido a quedarse al lado de Yuuri y avisarles si algo ocurría, los señores Katuski aceptaron de buen gusto, después de todo él había salvado a su hijo, Mari se encargó de conseguir algunas mantas para que no pasará una noche tan fría y pidió que la llamara de inmediato si algo se le ofrecía u ocurría.

Una vez que se fue la familia de Yuuri el ruso camino con rapidez hacia la habitación. Más que otra cosa ansiaba verle, con el corazón palpitando rápidamente abrió la puerta y lo encontró recostado; muy pálido, con una intravenosa en la muñeca derecha que le suministraba de sangre y una pinza en el índice de la mano derecha, la cual conectaba a un monitor que verificaba los latidos de su corazón.

Sin pensarlo, soltó las mantas que llevaba en brazos y corrió a su lado, le beso la frente y al ver las vendas alrededor de sus muñecas beso una de ellas, para finalmente caer de rodillas a un lado de la camilla, sosteniendo la mano del japonés.

—Perdóname—suplico y estando frente a él, al fin las lágrimas brotaron abundantemente de sus ojos—Perdóname, te prometo que esta vez no me daré por vencido, me quedare a tu lado te guste o no, no huiré.

Fueron largas las horas que permaneció en aquella posición, sin sentir siquiera el frio de la madrugada e ignorando el dolor en sus rodillas, al final atrajo un sillón y se acurruco en él sin soltar la mano de su amado, la acariciaba suavemente y delineaba el contorno con la yema de sus dedos, en aquel momento en el mundo no existía nadie más para él.

Pasada la media noche su celular comenzó a sonar, se trataba de Yakov, molesto lo apago, su atención no la robaría nadie más y así permaneció toda la noche sin siquiera considerar dormir.

Se sentía sumamente cansado, así que se permitió seguir disfrutando de aquel tacto unos segundos más, completamente seguro de que había muerto y un ángel le había recibido, hasta que escucho una muy familiar voz

Se sentía sumamente cansado, así que se permitió seguir disfrutando de aquel tacto unos segundos más, completamente seguro de que había muerto y un ángel le había recibido, hasta que escucho una muy familiar voz.

—Perdóname Yuuri, debí quedarme contigo, sabía que algo estaba mal y no preste atención, perdóname—decía entre sollozos, conocía esa voz y no logro precisar si lo que más le sorprendieron fueron las palabras dichas o el hecho de que no lo llamara cerdo, con pereza abrió los ojos y reunió todas sus fuerzas en apenas pronunciar una palabra.

—¿Yurio?—Su voz sonó débil, apenas se escuchaba.

—¡Despertaste!—exclamo el otro con sorpresa, una sincera sonrisa se dibujó en sus labios y su rostro mortalmente pálido recupero algo de color.

— Me diste un susto de muerte, creí que no la contarías—Sus ojos estaban rojos e hinchados ¿acaso había llorado por él? y ¿qué hacía ahí? él se había ido ¿porque regreso.

—¿Qué haces aquí?—pregunto con la misma debilidad.

—Deberías descansar y ahorrar energías para recuperarte, no creo que quieras pasar una larga estadía aquí—por primera vez sus palabras eran amables, jamás creyó vivir lo suficiente para verlo de esa manera. Insistió en su pregunta.

—¿Qué haces aquí?.

—Olvide algo y regrese, pensé que lo había dejado en tu cuarto cuando me despedí y te encontré—mintió.

—¿Tú me salvaste?

—Algo así—En realidad había sido así.

—No debiste—afirmo, su voz se quebró—De verdad que no.

Varias lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Aquello le dolía en el alma, verlo tan frágil le rompía el corazón y al mismo tiempo le daba rabia, él había sufrido tanto con la sola idea de creerlo muerto, las imágenes y aquella experiencia jamás se borrarían de su cabeza y aun así solo le decía eso.

—Eres un idiota, no sabes lo que dices, las personas que intentan suicidarse no tienen idea de lo que dejan atrás—comenzó a decir.

—Familia, amigos, un futuro que no pudieron ver en su momento, son egoístas porque dejan tras de sí una marca indeleble en todos sus seres queridos, algo imposible de borrar, culpa, resentimiento ¿eso querías para tus padres y tu hermana?

—Yo…no, no quería eso.

—Dejaste que la tristeza te ganara, no viste más allá.

—Me sentí inútil, todos me abandonaban, y tenían derecho de hacerlo, porque me convertí en un lastre.

La fiera mirada verde cambio, se suavizo convirtiéndose en una que no solo albergaba preocupación si no que compartía su dolor.

—Eres mucho más que eso, tienes detrás de ti gente que te aprecia y haría lo imposible por ver que estés bien, no tienes ni idea de cómo la pasaron tus padres, escucha solo debes buscar la motivación correcta.

—Gracias, creo que tienes razón, soy un idiota.

—Debería golpearte, tan solo por haber pensado que esa era una solución a todo, pero ya tienes suficiente con el hecho de sentirte de la mierda—suspiro algo frustrado, no sabía si lo que trataba de explicarle tenía algún sentido para él, pero de alguna manera debía ayudarlo a entrar en razón.

—Gracias—susurro aún con debilidad—Me siento muy cansado.

—Es normal, perdiste mucha sangre, descansa, tus padres llegaran más tarde.

—Yurio.

—Dime.

—¿Víctor…regreso contigo?—La pregunta lo tomo por sorpresa, no por eso dejo de molestarle y sentirse muy confundido, recordó la noche del aniversario del onsen, había olvidado por completo la relación que seguramente tenían Víctor y Yuuri, el obstáculo que le había hecho tomar la decisión de regresar a su país, pero aquel miserable no merecía nada, se había comportado de manera egoísta, dejando a un lado al azabache quien de seguro al sentir el abandono tomo aquella decisión.

—Maldito bastardo—dijo para si mismo.

—¿Qué?

—Nada…, no, el no regreso.—

—Es mejor así—susurro y se dejó vencer por el sueño.

—Tengo que llamarle—pensó el adolescente y salió por unos instantes de la habitación, encendió su celular, tenía al menos unas treinta llamadas perdidas de Yakov, aspiro aire, llenando sus pulmones en un vano intento de guardar la compostura, y marco el número.

—¡¡Yuri! ¿Dónde estás? Yakov está furioso y preocupado, hemos intentado localizarte por todos lados, pero ha sido imposible, nadie contesta en el onsen y tu celular estaba apagado, ¿estás bien?

—Yo si me encuentro bien, pero sucedió algo—comenzó.

—¿A qué te refieres?

—El cer…Yuuri intentó suicidarse—dijo sin tener el menor tacto, sin rodeos, jamás le gusto dar tantas vueltas a una noticia, era mejor llegar al punto rápidamente, el silencio reino por unos segundos, hasta que por la otra línea una temblorosa voz pregunto.

—¿Esta bien?

—Si,veras—Como explicar que había regresado por mero presentimiento o lo que haya sido y que de esta forma había logrado salvarle la vida, sería algo increíble y difícil de explicar.

—Olvide algo en su cuarto y por eso regrese, cuando lo hice lo encontré, fue tratado a tiempo, así que logro salvarse.

—Me alegra. Es un verdadero alivio escucharlo

—Quería que lo supieras, después de todo tú y él son…bueno, son pareja ¿no?, sería bueno que regresaras a verle. Seguramente se alegraría con tu visita—El comentario no era mal intencionado, de hecho si deseaba que regresara, si con ello significaba que la salud mental de Yuuri mejorara estaba dispuesto a soportar lo que fuera que sus ojos pudieran ver o su corazón pudiera sentir.

—Muchas gracias por avisarme, pero te equivocas, no somos nada, jamás lo hemos sido—Ahora el del shock era él, entonces que rayos había visto aquella noche, o ¿acaso lo imagino?, no claro que no.

—Yurio, ¿sigues ahí?

—Hee…si.

—Lo lamento, pero no puedo regresar, Yakov ha arreglado unas entrevistas esta semana con posibles patrocinadores y estaré muy ocupado, me encargare de llamarle más tarde. Por cierto, ¿cuándo regresaras?, Yakov quiere cuanto antes empezar tu entrenamiento.

—Espera, ¿me estás diciendo que no regresaras porque estás buscando patrocinadores?

— No se trata de eso, es solo que después de mi año de retiro le costó bastante a Yakov conseguir a alguien que quisiera patrocinarme, para ello debo ganarme su confianza y si cancelo la primera cita que me otorgan no hablaría bien de mí. Debo revisar mi agenda y decidiré cuando podré regresar.

—Vete a la mierda Nikiforov y dile a Yakov que regresare cuando me dé la gana—La rabia había cegado la mente del rubio por lo que sin más decidió mandarlo todo al diablo. Si esa era la decisión del rubio él también ya había tomado la suya.

Publicado por nincoxx

De entre todas las cosas en la vida mi mayor placer es escribir, para mi es tan esencial como el aire que respiro. Por medio de mis historias puedo ser libre, explorar mil y una posibilidades, salir de la monotonía, vivir varias vidas y convertirme en distintas personas. En lo personal me considero una persona completamente romantica, sin embargo mis historias pueden estar llenas de tragedia o finales no muy felices, pero sin embargo nunca faltará una buena dosis de amor.💓

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