Capitulo 5: Aparición


Las ideas bullían en la cabeza de Yuri mientras sacaba las cajas vacías de la puerta posterior de la nave y las introducía por las puertas del hangar. Había encontrado su visor en el suelo de la nave y, ahora que lo llevaba en el bolsillo, el mensaje recibido desde las oficinas de la policía quemaba contra su pierna mientras que iba de un lado a otro de manera mecánica, acabando el trabajo de la noche.


















Aunque, tal vez, con quien más estaba enfadada era con ella misma por haberse dejado distraer por una cara bonita con aires de peligro. Aunque fue por un breve momento, la culpa le carcomía la conciencia de haberse dejado llevar por la curiosidad que el luchador despertaba en ella consiguiendo que se olvidara del peligro que estaba pasando su abuelo.


















Además, también estaban Ronald, Evans y todos aquellos perros rastreros de Rieux. Todos creían que su abuelo estaba loco y así se lo habían dicho a la policía. No que era el Granjero más trabajador de la provincia. No que hacía los mejores Piroshki de todo el pueblo. No había servido a toda la nación Europea y Asiática como piloto de naves militares durante veintinueve años y que seguía llevando una medalla al mérito civil en su suéter preferido. Que había ayudado a proteger a todos los ancestros de esos tipos malagradecidos.












No, le habían dicho a la policía que estaba loco. Y ahora estos buenos para nada, lo habían dejado de buscar.














Aunque no seria por mucho tiempo. Su abuelo estaba en alguna parte, y Yuri pensaba encontrarlo aunque tuviera que desenterrar los trapos sucios y chantajear hasta el último inspector en toda la nación.












El sol se ponía a marcha forzadas y alargaba la sombra de Yuri sobre el camino de grava de la entrada, los susurrantes campos de maíz y las frondosas remolachas azucareras se extendían en todas las direcciones, hasta que se unían con el primer ramillete de estrellas. Una casa de piedra interrumpía el paisaje del oeste, con dos ventanas que proyectaban una luz anaranjada. Sus únicos vecinos a varios kilómetros de la redonda.












La granja había sido el paraíso personal de Yuri durante gran parte de su vida. Con los años, había llegado a amarla más de lo que jamás hubiera creído a comparación de su tierra natal, y sabía que a su abuelo le ocurría lo mismo. A pesar de que no le gustaba pensar en ello, era consciente de que algún día la heredaría, y a veces fantaseaba con la idea de envejecer allí. Feliz y satisfecha, como su abuelo.












No se abría ido sin decir nada, Yuri lo sabía.
















Arrastró las cajas hasta el granero y los apilo en una esquina en el rincón para que los androides pudieran volver a llenarlas por la mañana y cogió el cubo de alimentos de las gallinas. Yuri caminaba mientras lo esparcía, arrojando por el camino grandes puñados de lo que había sobrado en la cocina mientras las gallinas correteaban sin cesar entre sus tobillos.




















Al doblar la esquina de su hangar, se detuvo en seco. Había una luz encendida en el segundo piso, en el dormitorio de su abuelo.














El cubo se le resbaló de los dedos y echó a correr sobre la grava, que resbalaba bajo sus pies. Abrió la puerta de un tirón, creyendo que el corazón estaba apunto de estallarle en el pecho con semejante carrera que había incendiado sus pulmones. Subió los escalones de dos en dos mientras la vieja madera traqueaba bajo sus pies.


















La puerta del dormitorio de su abuelo estaba abierta y cuando llegó junto a esta se quedó helada en la entrada, sin aliento, agarrada del marco.




















Era como si hubiera pasado un huracán por la habitación. Habían sacado todos los cajones de la cómoda y los habían vaciado en el suelo, que ahora estaba repleto de ropa y artículos de limpieza personal. La colcha estaba hecha un guiñapo al pie de la cama, habían desplazado el colchón y habían arrancado los marcos digitales que había junto a la ventana, los cuales habían dejado unos recuadros más oscuros allí donde la luz del sol no había conseguido desteñir el yeso pintado.
















Vio a un hombre arrodillado junto a la cama, revolviendo una caja donde su abuelo guardaba viejos uniformes militares. El hombre se puso de pie en un salto al ver a Yuri y estuvo a punto de golpearse la cabeza contra la baja viga de roble que cruzaba el techo.
















Yuri creyó que se desmayaba, le costo reconocerlo, habían pasado muchos años desde la última vez que lo había visto, aunque por lo envejecido que se notaba podría haberse tratado de siglos. Una barba poblada que solo lo recordaba como una barbilla finamente afeitada, y llevaba el cabello enmarañado. Estaba pálido y demacrado, como si no hubiera comido en semanas.












—¿Papá? -El hombre estrechó contra su pecho una chaqueta de vuelo militar de color azul.- ¿Que haces aquí? -Yuri volvió a mirar el caos que la rodeaba, con el pulso acelerado- ¿Que estas haciendo?


















—Tiene que haber algo  -dijo él, con la voz ronca por el desuso-. Lo ha escondido. -Miro la chaqueta detenidamente y la arrojó a la cama antes de volver a arrodillarse para rebuscar la caja-. Tengo que encontrarlo.






















—¿Que tienes que encontrar?, ¿De que estas hablando?






















—Se ha ido -musitó-. No va a volver. No lo sabrá nunca y yo… tengo que encontrarlo. Tengo que saber por qué.


















El olor a Whisky  llego hasta ella, y el corazón se le endureció al instante. No sabía como se había enterado por la desaparición de su abuelo, quien era su suegro el cual siempre lo había tratado como a un hijo, pero que asumiera con tanta facilidad, con tanta rapidez, que no quedaba ninguna esperanza, que pensara que tenía derecho a reclamar algo de ellos después de prácticamente desentenderse de todo la crianza y seguridad de ella después de que su madre muriera, sin importarle nada con respecto a su propia hija, y que tenga la osadía de aparecerse así y empezar a revolver todas las pertenencias de su abuelo….


















De no haber estado también enfadada con la policía, Yuri no habría dudado ni en un segundo en llamarlos.














—¡Fuera de aquí! ¡Lárgate de nuestra casa!














Sin dejarse amedrentar por sus gritos, su padre empezó a devolver el revoltijo de ropa a la caja.
















Yuri rodeó la cama con el rostro encendido, lo asió del brazo y tiró de él para que se pusiera en pie.












—¡Que te estés quieto y veté de aquí! ¡No quiero tu presencia en este lugar!












El hombre siseó entre dientes y cayó hacia atrás sobre las viejas tablas de madera. Se alejo de ella como lo haría un perro lastimado, llevándose la mano al lugar por donde lo había agarrado, con la mirada de un demente.














Yuri retrocedió sorprendida, antes de cerrar los puños y llevárselos hacia su costado apoyándolos en su cadera.
















—¿Que te paso en el brazo?


















El hombre no contestó y continuó protegiéndoselo contra el pecho.














Yuri apretó los dientes, se dirigió hacia él con paso decidido y lo asió por la muñeca. Su padre chilló y trato de zafarse, pero ella no tenía intención de soltarlo y le subió la manga hasta el codo de un tirón. Yuri soltó un gritó ahogado, aunque él dejó el brazo colgando en el aire, como si se hubieran olvidado apartarlo.














Tenía toda la piel cubierta de quemaduras, círculos perfectos dispuestos en una hilera perfecta. Hileras y más hileras le cubrían en antebrazo desde la muñeca hasta el codo, Algunas brillaban debido al tejido cicatrizado, otras estaban calcinadas y ampolladas, y en la muñeca se veía una costra donde en su día le habían implantado el chip de identidad.














Yuri sintió que se le revolvía el estómago.














Con la espalda contra la pared, su padre enterró el rostro en el colchón, lejos de Yuri, lejos de las quemaduras.












—¿Quien te ha hecho eso?














El hombre dejó caer el brazo y se hizo un ovillo, pero no contestó.














Yuri se separó de la pared y corrió al baño del pasillo,  donde regresó un instante después con un tubo de ungüento y una venda para heridas. Su padre no se había movido.












—Ellos me obligaron -susurró el hombre, algo más calmado.
















Yuri le apartó el brazo de la barriga con sumo cuidado y, a pesar de que le temblaban las manos, empezó a vendárselo con suma delicadeza.
















—¿Quién te obligó a hacer que?


















—No puede escapar -prosiguió el hombre, como si no la hubiera oído-. Me hicieron muchas preguntas, y yo no sabía. No sabía qué querían. Intenté contestar, pero no sabía…










Yuri levantó la vista cuando su padre ladeó la cabeza hacia ella y se quedó mirando fijamente las mantas desordenadas. Tenía los ojos anegados en lágrimas. Su padre… llorando. Aquello le resultó incluso más impactante que las quemaduras, y la opresión que sintió en el pecho la obligó a detenerse a  mitad del antebrazo. En ese  momento  comprendió que no conocía a aquella piltrafa de hombre. Lo que tenía delante no era más que el envoltorio de su padre, su carismático, egoísta y ruin padre .














La rabia y el odio que le habían embargado hacía apenas unos minutos se había transformado en una profunda y sincera lástima. ¿Que podría haberle ocurrido?
















—Me dieron el atizador -insistió el hombre, con los ojos muy abiertos y la mirada perdida.












—¿Te lo… dieron? ¿Por qué…?
















—Y me llevaron ante él. Entonces comprendí que era él quien tenía las respuestas. Querían algo de él, Pero solo se limito a mirar… a mirar lo que me hacían y lloraba… y le hicieron las mismas preguntas pero, aun así se negaba a contestar. -De pronto se interrumpió, con el rostro encendido por un arranque de ira repentina-. ¡Les dejó que me hicieran esto, tal vez como una forma de venganza por su hija y por ti!.










Yuri frunció el ceño, su abuelo no era vengativo por lo que prefirió ignorar tan toxicas palabras para no alterarse más de lo que ya se encontraba. Termino de vendarle el brazo, haciendo grandes esfuerzos para tragar saliva.








—Así que, ¿lo has visto? a дедушка?












Al instante, su padre se volvió hacia ella, otra vez como un demente.












—Me retuvieron una semana y luego me soltaron, sin más. Ya habían averiguado que yo no significaba nada para él. Que no iba a claudicar por mi.














Sin previo aviso, adelantó el cuerpo y se acercó a Yuri avanzando de rodillas. La asió por los brazos y, aunque ella intento zafarse, su padre la tenía cogida con tanta fuerza que le clavaba las uñas.












—¿De qué se trata Yuri? ¿Que es eso tan importante? ¿Qué es eso más importante que su propia familia?












—Papá, tienes que calmarte. Estas diciendo incoherencias, Dime dónde está. -las preguntas se agolpaban en su mente-. ¿Donde está? ¿Quién lo tiene? ¿Por qué?.




















Su padre la escudriño con atención, presa del pánico, tembloroso, sacudió la cabeza y bajó la mirada al suelo.














—Esconde algo -mascullo-. Quiero saber qué es. ¿Que es lo que esconde? ¿Donde esta? 








Se volvió para rebuscar en un cajón de viejas camisas de algodón que tenía todo el aspecto de haber sido registrado ya. Sudaba copiosamente, y tenía el pelo empapado alrededor de las orejas.














—Papá, por favor -intentó que sus palabras sonaran tranquilizadoras aunque el corazón le latía con tanta fuerza que le dolía el pecho-. ¿Donde está el abuelo?






















—No lo sé. -Clavó las uñas en el espacio que quedaba entre el zócalo y la pared-. Yo estaba en un bar en Moscú. Debieron de echarme algo en la bebida, porque lo siguiente que recuerdo es que desperté en una habitación a oscuras. Olía a humedad, a moho. -Olisqueó el aire-. También me drogaron cuando me soltaron. Estaba en una habitación y, de pronto, aparecí aquí, Me desperté en el maizal.
















Yuri se estremeció y se paso las manos por el pelo. Lo habían llevado allí, al mismo lugar donde habían secuestrado a su abuelo. ¿Por que? ¿Esa gente sabía que Yuri era el único familiar que aquel hombre tenía? ¿Acaso creían que era la persona idónea para cuidar de él?




















Aquello no tenía sentido, era evidente que no les importaba el bienestar de su padre, así que ¿que ocurría? ¿Dejarlo ahí era algún tipo de mensaje para ella?¿Una amenaza?








—Intenta recordar lo que puedas -dijo, con la voz ligeramente teñido de desesperación-. Sobre la habitación o sobre cualquier cosa que dijeran. Llegaste a Verlos? ¿Podrías describirlos a la policía?














—Estaba drogada -insistió él, aunque frunció el entrecejo, como si intentara concentrarse. Hizo el ademán de ir a tocarse las quemaduras, pero luego dejo caer el brazo sobre el regazo-. No podía verlos.














Yuri tuvo que reprimir las ganas de zarandearlo y gritarle que se esforzara un poco más.










—¿Te vendaron los ojos?












— No -entornó la mirada-. No me atrevía a abrirlos.










La chica empezó a sentir el escozor de las lagrimas de frustración y echó la cabeza hacia atrás,tratando de calmarse. Sus peores temores, el horrible palpito, eran ciertos.














Habían secuestrado a su abuelo. Y no solo la habían secuestrado, sino que sus captores eran gente despiadada y cruel. ¿Estarían haciéndole daño, como se le habían hecho  a su yerno? ¿Que serían capaces de hacerle? ¿Qué querían? ¿Un rescate? 










Pero, ¿por qué todavía no le habían pedido nada? Además, ¿por qué se habían llevado a su padre además de a su abuela y luego lo habían soltado? ¿Un tipo de venganza? pero, ¿Por que? Su abuelo tenia años de no trabajar para la milicia. Nada de todo aquello tenía sentido.














El terror enturbió sus pensamientos al imaginar las posibilidades: tortura, quemaduras, habitaciones oscuras…














—¿Que querías decir con eso de que ellos te obligaron? ¿A qué te obligaron?
















—A quemarme -susurro su padre-. Me dieron el atizador.












—Pero ¿como…?












—Muchas preguntas. No lo sé. No conocí a tu abuela, tu madre no hablaba de ella. Cuando le pregunte tu madre no decía nada y tu abuelo evitaba el tema. No se que ha ocurrido en esta casa antes ni lo que ocurrió en Luna. No se que sucede… pero esconden algo.










Levantó las mantas que había sobre la cama, sin fuerzas, y miro desganado bajo las sabanas.














—Lo que dices no tiene sentido -dijo Yuri, con voz entrecortada-. ¿Luna? Tienes que esforzarte más, trata de recordar algo.














Un largo e interminable silencio los envolvía, las gallinas volvían a cloquear.








—Un tatuaje.








Yuri frunció el ceño












—¿Qué?
















El hombre se llevo un dedo a una de las quemaduras de la cara interior del brazo, justo por debajo del codo.
















—El que me dio el atizador tenía un tatuaje, con Letras y números.
















Yuri empezó a ver lucecitas y se cogió a la colcha arrugada, creyendo por un momento que iba a desmayarse.












“Letras y números”








—¿Estás seguro?
















—Ese… Ele…   -Sacudió la cabeza-. No lo recuerdo. Había más, números…creo o eran signos. no lo recuerdo.








A Yuri se le secó la boca sintiendo que el odio sustituía el mareo. Conocía ese tatuaje.












Había fingido que era amable con ella. Había fingido que solo necesitaba un trabajo decente, mientras se dedicaba a torturar a su padre y mantener prisionero a su abuelo.














Y ella había estad a punto de confiar en él. El tomate, las zanahorias… Sus anécdotas y el apodo que le decía su abuelo… cosas que no le contaría a nadie. Por todas las estrellas de la galaxia, incluso había flirteado con él, mientras él sabia perfectamente lo que estaba sucediendo. Incluso recordaba esos instantes en que algo parecía divertirlo, el brillo en su mirada, y sintió que se le revolvía el estómago. Se había estado burlando de ella en su cara!












Le zumbaban los oídos. Miró a su padre, que estaba dándoles la vuelta a los bolsillos de unos pantalones que seguramente su abuelo no había usado hacía veinte  años. Hizo caso omiso, tratando de contenerse de tirar cosas y se  dirigió con decisión a un extremo de la habitación para recoger el portavisor de su abuelo que estaba tirado en el piso.












—Ten -dijo lanzando el visor a la cama-. Voy a la granja de los Dubois. Si no regreso dentro de tres horas, llama a la policía.










Confuso, su padre alargo la mano y cogió el aparato.












—Creía que los Dubois habían muerto, ¿Que vas hacer allá?












—No te hagas el padre preocupado conmigo ahora, que no te va. Solo haz lo que te digo. Quiero que cierres las puertas con llave y que no salgas. Tres horas y luego llama a la policía. ¿De acuerdo?.














Una vez más el hombre sucumbió a es expresión infantil y asustada.














—No salgas ahí afuera Yuri. Se que no tengo ningún derecho de decirte nada, pero ¿acaso no lo ves? Me utilizaron de cebo con él, a ti te pueden hacer lo mismo. Él te quiere más a ti.












Yuri apretó los dientes y se subió la cremallera de la sudadera hasta la barbilla.














—Eso si no los encuentro yo antes.






Salio de la habitación saltando las escaleras,Se encontró a Potya a la par de la entrada principal.

—Hola Pequeña -la saludo y le acaricio suavemente la cabeza con las manos temblorosas- Necesito que vigiles al idiota que esta arriba, ¿Puedes hacerlo por  mi mientras regreso?

La gatita ronroneo en sus manos y Yuri respiro hondamente para calmarse. Debía Pensar con claridad para formar un plan. 

Enseguida tomo sus llaves, se coloco la bufanda y salio de la casa. Era momento para ir de Caza.

VOCABULARIO:

VOCABULARIO:

*Piroshki: Panecillos Rellenos Típicos de la gastronomía rusa, bielorrusa y Ucraniana. Pueden ser horneados o fritos con levadura, sus rellenos son de carne, verdura u otros ingredientes

*Rieux: Pueblo de Francia, comúnmente lugar de campo.

*Guiñapo: Ropa o trozo de tela que está rota, sucia y muy gastada.

*Atizador: Utensilio de hierro largo y delgado que sirve para remover y atizar el fuego.

*дедушка: Escritura de Daduska, significa Abuelito. Como le Dice Yuri a su Abuelo

*Dubois: Significado del Francés como Bosque o Madera. En la Historia, apellido de una Familia reconocida en el pueblo de Rieux que vivía en una Granja pero todos murieron a causa de la Letumosis.

*Potya: Puma Tigre Escorpión, Mascota de Yuri.

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Buenas Noches Gente

Les traigo un nuevo capítulo, espero que se encuentren muy bien y les mando un abrazo muy grande.

Gracias a todos por sus lindas palabras, he tratado de seguir adelante, no ha sido fácil pero aquí vamos. Muchas gracias por tanto apoyo, los quiero montones ❤ 






Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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