Tabú 45


Vivir con un adolescente te devuelve años.

Tal vez parezca una locura lo que acabo de decir, pero es la más grande de las verdades que pude comprobar cuando Yuri era parte de mi día a día.

Junto a él no vi la necesidad de seguir teniendo el cabello largo, ni de manejar autos deportivos o buscar tenidas frescas en internet para sentirme lleno de energía, para sentir que tenía vida nueva recorriendo por mis venas y caminar admirando la belleza de la vida.

Esas emociones y sensaciones me las regalaba Yuri con su rutina extrema que comenzaba muy de madrugada junto cuando salíamos a correr o en los días más fríos cuando bajábamos al gimnasio del edificio a ejercitar y proseguía con las clases en el colegio, el duro entrenamiento del equipo, las horas que pasaba en Nefrit y terminaba por las noches luego de haber dejado todo listo en su morral para el día siguiente.

Podía sentir que volvía a nacer cuando me regalaba sus miradas seductoras que contenían cierto aire angelical dentro de tanta malicia. Yuri me entregaba su vitalidad en cada beso delicado y me entregaba la fe en la vida que tienen los jovencitos en cada sonrisa.

La manera cómo hablaba de sus proyectos eran el mejor alimento para mis propios sueños, la forma cómo encaraba cada partido en el hielo era la mejor expresión de la fuerza que bullía en todo su ser y me alentaba a enfrentar la rutina agotadora de la empresa.

Yuri era mi pan y mi vino.

Y yo deseaba tanto probar de él; pero siempre existía esa voz que me detenía en el último segundo. Una voz suave, dulce y cruel que me recordaba lo abyecto que podía ser mi pensamiento y mi deseo de poseer a mi propio hermano.

Yuri.

Lo recuerdo como la bella serpiente que se enroscaba entre mis brazos y me sacudía de pies a cabeza con su dulce veneno. No podía decirle que no a pesar que por dentro me consumía la culpa. Quería alejarlo de mí y sin embargo era yo quien, cada noche antes de dormir, buscaba ese asfixiante abrazo y ese delirio incontenible que guardaba en su boca.

Qué amargo recordar ahora la forma cómo quedaban sus labios, llenos y enrojecidos después de haber saboreado en ellos tantos besos.

Qué dulce traer a la memoria los momentos que era víctima de sus celos que yo le provocaba cuando tenía que pasar horas y horas compartiendo reuniones con modelos, empresarias, actrices y mujeres de alta sociedad para promover la imagen de Nefrit.

Celos que se acrecentaban los domingos después que yo regresaba de alguna fiesta alocada de fin de semana a la que Yuri no podía asistir porque debía cumplir con estricta disciplina y el régimen que los entrenadores habían dictado para los chicos que conformaban el equipo de hockey.

Cada domingo que despertaba a medio día, sediento y hambriento, lo primero que sentía era el perfume que él dejaba impregnado en todo el departamento y lo segundo que podía ver era su rostro enojado preparando algo en la cocina o sirviendo el almuerzo que pedía en algún restaurante de comida rápida.

Respondía con monosílabos, caminaba errático por el departamento, se cerraba en su dormitorio durante horas o salía a pasear por la ciudad en su patineta y no regresaba hasta la noche. Yuri ignoraba lo miserable que me sentía cuando lo observaba en esos afanes.

Desde que le regalé la motocicleta fue peor. Tomaba las llaves y luego de ver que había comido me decía “ya vuelvo” y salía a prisa de mi dormitorio para que no lo detuviera y supongo que para no ver el desastre en el que me había convertido la noche anterior. Un hermano que despertaba a medio día con el rostro marcado por la resaca y por los besos de alguna atrevida que se propuso dejarlos marcados en mi piel.

Un juego tonto que no parecía tener fin, un juego en el que Yuri me ignoraba y yo le pedía perdón y luego caímos en esa atmósfera romántica que nos llevaba a besarnos y prometernos no pelear más.

Pero siempre hay un momento en el que la rueda tiene que detenerse porque la vida nos sacude cada vez que nos dejamos llevar como simples hojas y parece recordarnos que estamos en piloto automático.   

Y así fue.

Era el atardecer de un viernes y yo miraba mi agenda intentando decidir a qué reunión iría más tarde y cual tendría que dejar de lado. No debía ser una fiesta demasiado alocada porque la siguiente semana tenía una reunión importante con los gerentes del Sberbank para la que me estaba preparando con anticipación, así que debía lucir fresco y muy lúcido sin necesidad de tomar pastillas contra la resaca.

De pronto decidí ver mis cuentas en redes sociales y de inmediato apareció una notificación que causó revuelo entre mis admiradoras y también entre mis amistades. Una foto bastó para que mi mundo se pusiera patas arriba y yo me pusiera en alerta extrema.

Éramos Chris y yo en la reunión donde nos volvimos a ver y nos reconciliamos. Chris y yo dándonos un pequeño beso en un oscuro rincón del salón donde se llevó a cabo una fiesta que todos calificaron como un verdadero bacanal. Ese que había sido nuestro momento especial y que se supone quedaría oculto para el mundo, se hallaba expuesto a la vista y juicio de todos.

Solo de ver los primeros comentarios tuve que cerrar la red y por varios minutos me puse en blanco. No sabía qué palabras serían las adecuadas para explicar esa escena que no era nada ensayada, sino que era un momento de intimidad.

Recordé que en ese instante yo le decía a Chris cuánto lo había amado y que estar de nuevo junto a él sintiendo una vez más ese perfume que no había cambiado me hacía revivir los sentimientos que escondí durante esos años de ausencia. Era un momento en el que nos habíamos perdonado por tantos años de silencio y por todas las tonterías que hice y que nos llevaron a acabar con nuestra relación.

Me puse en pie y entré al baño de la oficina. En el espejo miré mi rostro y ensayé el mejor gesto de tranquilidad que me permitiera explicar la incómoda situación. Tomé algo de agua y me lavé la cara y al secarme noté de nuevo el miedo en mi mirada. El miedo es el monstruo más horrendo que uno puede albergar en su corazón. Miedo a las opiniones de los demás, a los dedos acusatorios y a las miradas de desprecio con las que me verían o la burla de los demás.

Inspiré con fuerza para tranquilizarme y al ver mis ojos supe que ese no era yo, que solo era mi niño interno haciéndole caso a la voz de mamá y cuando volví al escritorio tomé de nuevo mi teléfono, abrí una de mis cuentas y dejé un comentario con el que quise apoyar a Chris, quien era el que más calificativos ofensivos estaba recibiendo hasta ese momento.


 “En mi vida he besado a hombres y mujeres por igual y aprendí que un beso no siempre representa la pasión, también es la muestra de cariño y respeto”.

Las redes estallaron. Mi comentario se replicó en todas ellas y en menos de dos horas era topic trending incluso en las noticias de las seis. No negaba lo evidente y no pedía las disculpas que tanto exigían los obtusos conservadores de mi país.

Los teléfonos de las oficinas, del taller y hasta los celulares de Lilia, de Yakov, de mis amigos y de mi madre no paraban de sonar. Apagué el mío para no tener que responder el maremoto de preguntas que me engulliría entero.

La luz del sol caía en medio de las nubes de algodón que insistían en cubrir la ciudad y mi corazón se hacía gigante y se hacía diminuto con cada palpitar. Declaré en parte esa verdad que todos especularon años atrás y no tenía por qué aclarar nada más. Si Chris y yo fuimos pareja alguna vez a nadie debía importar. En ese momento éramos amigos de nuevo y no tenía por qué discutir mis acciones con nadie.

Estaba orgulloso del paso que había dado hasta que pensé en Yuri y descubrí con pasmo que esa decisión me alejaría de él. No me puse a pensar en los mecanismos que la sociedad y el gobierno de Rusia emplean para aplastar a cualquiera que se atreve a hacer público su bisexualidad. Así que volví a tomar el teléfono y completé mi apresurado comentario.

“Los buenos amigos también se besan en la boca y en Rusia los besos entre hombres no es una novedad”.

Me quedé mirando las reacciones y la forma como varios compañeros de trabajo hablaban de no invadir la privacidad de las personalidades y cuando más perdido me encontraba en mis pensamientos el toque de la puerta me distrajo y la figura de Lilia ingresando con el celular en la mano, puso mis pies en la tierra otra vez.

—Es Angélica dice que no puede comunicarse contigo. —Lilia estiró el brazo y dejando su celular en mi mano salió de mi oficina.

—¡Vitya! —La voz de mi madre parecía la de un general—. ¡Debiste haberme consultado para sacar algún comunicado que explique mejor tu relación con ese muchacho!

—Buenas tardes mamá. —No quería ser grosero, pero no podía dar ya marcha atrás—. Es mi vida y tengo la suficiente edad para dar la cara al mundo y defender mi derecho a decir cómo me siento.

—Pero no de esa manera. —Había olvidado que mi madre era también mi representante—. Podríamos haber pactado una entrevista o podrías haber participado en algún evento donde pudieras abrirte de mejor forma al mundo.

—Mi vida privada no es un espectáculo y tampoco un modelo a exhibir en la pasarela. —Comencé a enfadarme con mamá—. Lo que hice está hecho ya, no voy a intentar arreglarlo para que el mundo se trague con más facilidad esa píldora.

—Se te van a cerrar puertas Vitya. —Ella era tan temerosa de sus relaciones acartonadas y su posición dentro de la sociedad europea que me daba lástima mirarla, tan diva, tan millonaria y tan esclava.

—Sí y tal vez se abran ventanas. —No sabía cómo decirle con respeto y amor que no se meta más en mis asuntos—. Vamos mamá qué importan tus amigos del club o de la fundación, qué ganas de ellos más que su hipócrita amistad.

—Es gente respetable Vitya. —Sabía que jamás convencería a mi madre, pero tampoco sus argumentos me iban a convencer.

—Uno de ellos llegó a ser quien era gracias a los negocios sucios con el gobierno, dos de tus mejores amigas tienen amantes en cada ciudad donde viajan, ese tu amigo concejal tiene empresas fantasmas que trabajan con el estado y tu amiga que dice ser de la realeza no duda en tratar a sus empleados como esclavos. —Mi paciencia ya llegaba a su límite—. Esos son los señores y señoras honorables del comité…

—Pero no se paran acostando entre hombres o entre mujeres…

—Según tu lógica y la lógica de tu iglesia es perdonable y comprensible que un hombre robe el dinero que estaba destinado a construir un hospital contra el cáncer en Sudamérica o que tu amiga se vista con las pieles que arrancan a animales vivos en cada gala que frecuenta; pero el amar a un hombre no tiene perdón. —Ya no pude más—. Escúchate a ti misma mamá, estás justificando a esos traficantes con los que te reúnes cada mes porque ellos tienen ese status y te han aceptado en su grupo de celebridades.

—Ellos son personas influyentes. —Angélica Vólkova los iba a defender con ardor siempre.

—No los necesitas para ser feliz. —Tal vez no cambiaría su manera de pensar y sentir, pero sí tenía que hacerme escuchar—. Si no tuvieras el dinero que te heredó Ishmael jamás hubieras entrado en su grupo de amistades.

—¡Víctor me estás ofendiendo! —Mi madre podía ser muy amable siempre, pero cuando tocabas algún punto que la incomodaba se volvía una verdadera fiera que rugía en cualquier lugar—. ¡Es decir que no valgo más allá de mi fortuna!

—Vales mucho, madre. Para mí y para las pocas personas que te conocemos y amamos de verdad; pero esa gente estúpida no te ama, solo adora tus donaciones a sus causas perdidas y las fiestas que haces en la mansión. —Alguien tenía que hacerle aterrizar. Desde el divorcio con mi padre, mamá era como una niña que buscaba la aprobación de los demás.

Se hizo un largo silencio entre los dos, podía escuchar la respiración agitada de mi madre y creo que hasta podía escuchar el sonido de sus lágrimas rodando por sus mejillas.

—Vitya te das cuenta que el paso que acabas de dar lo hiciste pensando en justificar un acto perverso que quieres consumar. —Sacó sus garras, el hecho que fuera mi mamá no la eximía de su intensión de frenar mis impulsos, aunque me estuviera hiriendo—. ¿Qué viene después? ¿Confesar que tienes un affaire con tu hermano?

—No sucede nada con mi hermano, mamá. —Jamás iba a confesar mi secreto más íntimo y me daba coraje porque parecía que una vez más ella tenía razón—. Esa solo es una obsesión tuya.

—Yo vi lo que vi Víctor y no soy tonta. —Tomó aire y lanzó el dardo más venenoso—. Ese niño es tan siniestro como su madre y tú estás cayendo en su oscuridad.

Jamás me había sentido tan herido. No me importaba si mi madre me decía cosas feas o criticaba mis exabruptos, pero que diga algo negativo de Yuri y con tanta intensidad en su voz me convirtió en un león que estaba defendiendo a su cachorro.

—La única con el corazón lleno de oscuridad, venganza y celos eres tú mamá. —Ese momento dejé de ser su hijo amado y me convertí en su juez—. Todavía no perdonas el hecho que mi padre te haya dejado de amar. Y tal vez no fue Ivana Plisetskaya la causante de su desamor, quizá el ya no te quería desde antes y solo bastó que una simple chiquilla se cruce en su camino para que te dejara. Eso es lo que no perdonas y mi hermano no es culpable de tus desgracias.

—¿Cómo puedes decirme esto? —Sentí que la voz de mi madre se quebraba—. ¡Tú también sufriste con la separación!

—Sufrí porque tú me alejaste de papá, no porque él me dejara de amar. —Y a mí se me quebraba el corazón.

Mamá se puso a llorar. Yo estaba en medio de una tormenta y no sabía si acudir al llamado de la mujer que más amaba en este mundo o al llamado del único hermano que la vida y mi padre me dejaron para la posteridad.

¿A quién debía dar la espalda y quién debía respaldar?

—Mamá…

—Piensa bien tus próximas acciones Vitya, no quisiera tener que visitarte en una prisión.

Mamá colgó el teléfono y esa voz delicada volvió a sonar en el interior de mi cabeza diciendo que ella tenía toda la razón. Pero una voz potente la opacó y me dijo que yo era todo lo que Yuri tenia y que no podía dejarlo, yo era imprescindible en la vida de mi hermano.

No importaba la forma cómo debía amarlo, era mi sangre y juré ser su respaldo. Nadie podría llegar a vulnerar su tranquilidad y atacarlo, no mientras él me tuviera y mientras yo siguiera siendo su hermano y su amado.


Esa noche regresé a casa más temprano y pensaba pedir algo especial para compartir con Yuri cuando él llegara al departamento, pero cuando entré vi su mochila tirada en uno de los sillones de la sala. Supuse que no sabía nada porque se dedicó a entrenar y llegar a tiempo a casa.

Cuando pasé al corredor vi que su dormitorio permanecía a oscuras y al aproximarme a la puerta su gato salió por entre mis piernas rumbo a la cocina.

Creí que encontraría a Yuri recostado en su cama, pero cuando empujé la puerta lo vi sentado en su escritorio, tenía la cabeza gacha y no podía ver su perfil porque su cabello caía lánguido por los costados de sus mejillas.

—¿Qué haces en la oscuridad? —Entré en la habitación, Yuri aún llevaba su traje de entrenamiento y despedía ese aroma entre perfume y sudor. Un aroma que me hacía enamorar más de él.

—Viendo cómo confiesas tu amor por tu ex. —Seguía observando su celular y yo detestaba cuando él hablaba sin mirarme—. Con razón has llegado tarde muchas veces en estas semanas.

Yuri solía parecer tan seguro de sí mismo y de mi amor por él que no pensé que mi encuentro con Chris le afectara tanto.

—Yuri él es parte de mi pasado y solo quisimos volver a hablar como la gente civilizada. —No era fácil explicar que los adultos a veces arreglan las cosas con un encuentro más íntimo solo para darse cuenta que aman a otras personas.

—Un pasado muy reciente. —Tosió y noté que estaba aguantando el llanto—. ¿Dos… o tres… semanas atrás?

—Solo fue un encuentro de amigos. —Comencé a cuestionarme por qué me sentía tan mal al darle una explicación a medias y es que no quería decirle a mi niño que Chris y yo habíamos terminado en la cama de mi hotel.

—¡Los amigos no se besan en la boca! —Tiró el celular a la cama con mucha violencia y trató de escudriñar la verdad dentro de mis ojos con su incandescente mirada.

—Nosotros sí lo hicimos porque estamos seguros de lo que en verdad sentimos. —Intenté pasarme de listo con mi hermano y fue un mal intento.

—Con razón no tienes ganas para mí. —Yuri se puso en pie y caminó en dirección a la puerta, yo le impedí el paso—. Y el estúpido suizo puso tres ridículos corazones como respuesta.

Los ojos de Yuri contenían todo el fuego del infierno, era obvio que estaba celoso; pero no sabía hasta qué punto era capaz de llegar.

—Ahora ya sé por qué no te quedan ganas para mí. —Me empujó hacia el pasillo y se abrió paso.

—Yuri lo nuestro es distinto. —Tomé su mano y lo detuve a la fuerza.

—Sí, había olvidado que soy tu maldito hermano. —Rio de forma irónica y trató de soltarse de mi agarre, pero yo apreté su muñeca.

—Lo nuestro es más delicado que lo que tuve alguna vez con Chris. —Cómo quería que dejara de aspirar el aire con furia y comenzara a comportarse como adulto.

— ¿Es por este maldito cabrón que no me tocas? —Una vez más intentó soltarse, pero al no poder hacerlo se acercó enfrentando mi mirada.

—Si vas a estar así otro día hablamos. —Solté su brazo e intenté moverme para terminar con la absurda discusión que no nos llevaba a nada.

Pero Yuri sujetó con furia las solapas de mi terno y me arrimó contra la pared. Comprobé con sorpresa que mi niño había crecido ese año cuando ya no pude ver su coronilla como antes y que no estaba dispuesto a perder la contienda.

—¡No quieres follarme porque te gusta más ese puto o porque estás tan viejo que no te quedan fuerzas!

Todo hombre tiene su límite y el mío desapareció en ese preciso instante. Ya estaba bastante alterado desde que discutí con mi madre que pelear con Yuri solo agravó el asunto, lo único que recuerdo después de eso fue que sujeté su rostro con fuerza y endurecí la mirada para no perder autoridad frente a él.

—¡No me faltes el respeto mocoso! —Necesitaba imponerme de inmediato para controlar su rebeldía.

—¡Déjame viejo impotente! —Yuri hizo un gesto de burla con sus labios y acertó un tiro sobre mi ego. Me increpó la edad sabiendo que ese es el punto débil de todo modelo.

—¡Cállate! —Ajusté más su mentón y él no dejó de verme con furia.

—¡Suéltame hijo de puta! —Tiró mi mano a un lado e intentó salir.

Podía soportar cualquier cosa de Yuri, pero no iba a permitir que me mentara a la madre. Yo había hecho llorar a la mía minutos atrás y lo hice por él, había renunciado a mis sueños por él y había sujetado las amarras de mis bravos mastines que querían devorarlo por cuidarlo.

Yuri no tenía ningún derecho a decirme cosas hirientes y mucho menos a dudar de mi hombría. No le iba a permitir semejante desfachatez, tenía que enseñarle quién mandaba en esa cueva y con qué tipo de depredador se había metido.

Lo sujeté de las muñecas y lo empujé hasta llegar al centro de su habitación, lo sacudí un par de veces y lo tiré sobre su cama. Vi sus ojos furibundos que me seguían desafiando y me lancé sobre él como perro rabioso, cómo león hambriento, como un tiburón sin sentimientos que solo deseaba saciarse con su cuerpo, con su boca, con sus gritos y con su olor a sudor.

No lo besé, lo mordí. No lo acaricié, lo arañé. No desnudé su cuerpo, arranqué su ropa con la furia de un tifón. Me ensañé con el pabellón de su oreja y saqué el pequeño zarcillo que brillaba en él con los dientes, de inmediato probé el agradable sabor de su sangre y me convertí en lo que en verdad se ocultaba en mi interior.

Un vampiro, un viejo y ruinoso vampiro que intentaba succionar la vida y el amor de su joven víctima para seguir respirando un día más en este desgraciado mundo.

Escuchaba sus súplicas como si estuviera hablando bajo el agua y no las quería entender, no dejaba de apretar sus hombros y succionar su cuello. Estaba dejando una intensa marca en él y no me importaba porque por fin podía revelarme tal cual me sentía en ese momento.

Atrás quedó el Víctor caballeroso y seductor, aquel que sonreía a las cámaras de fotógrafos ansioso por ofrecerles la pose perfecta. Tampoco era aquel que quería conquistar la sonrisa de una dama, aquel que deseaba convencer a los inversionistas y los banqueros con coherentes argumentos. Ya era suficiente del Víctor que controlaba al milímetro sus ideas, sus modales y sus pensamientos.

Dejé de ser el hermano prudente que procuraba lo mejor para Yuri. Dejé de lado mi delicada manera de tocarlo, me olvidé de mis besos cariñosos y de los abrazos cálidos con los que le decía cuanto lo amaba y cuanto quería cuidarlo.

Era por fin el hombre que desataba con furia todas las cuerdas con las que había contenido su deseo sexual durante casi un año y la serpiente no podía seguir disimulando su apetito frente a la manzana. Tenía que morderla porque quería su jugo escurriendo entre mis dientes y su sabor resbalando por mi garganta.

¿Víctor Nikiforov podía ser perverso? Sí podía y me estaba dando la oportunidad de serlo.

¿Víctor podía convertirse en un animal? Por supuesto que podía hacerlo, había llegado a la cima del éxito y tenía el poder para hacer lo que quisiera.

¿Víctor podía satisfacer sus instintos sin preocuparse por el otro? Sí porque había encadenado mis instintos primarios tanto tiempo que ese instante al verlos libres los dejé ser sin remordimientos.

¿Víctor podía marcar el cuerpo de Yuri con los dientes y las uñas? No había nadie quien me detuviera en ese momento. Ni la consciencia, ni el amor puro, ni la fraternidad, ni la buena educación, ni siquiera las súplicas de mi hermano.

—¿Te gusta esto Yuri?

Descubrir sus pectorales que recién se formaban se convirtió en un momento de gloria y me deshice de su remera en un instante.

Como si fuera de piedra resistí todos los golpes que me daba intentado detenerme. Arranqué sus pantalones junto con sus tenis y Yuri dejó de moverse y de ofrecer resistencia

—¿Esto es lo que querías?

Recuerdo que mi vista no enfocaba bien lo que hacía, frente a mí solo había pedazos de un todo, como un collage de recortes donde Yuri era de pronto una mano, un labio, pestañas, mechones sueltos, palabras cortadas.

—¿Quieres probar a un hombre? —Le hablé con especial gusto a su oído mientras apretaba sus manos contra las almohadas.

Yuri no respondió y vi mi mano deslizarse alrededor de su trusa azul, la vi cerrarse sobre el elástico y jalé de ella con la fuerza de un titán mientras mi otra mano apretaba sin compasión sus delgadas muñecas y él… él no decía nada.

Lo besé con tanta rabia que de inmediato vi un delgado hilo de sangre salir de la punta de su lengua y no me importó volver a tragarla hasta que escuché su quejido ahogado y cuando la solté Yuri no dijo nada.

Mi pecho agitado reclamaba que cobrase todos los impuestos y que hiciera mía su piel blanca que deslumbraba mi mirada y me obligaba a pasar una y otra vez la lengua por los labios adivinando cómo era el sabor que me esperaba.

—¿Querías sexo? —Le abrí las piernas y al contemplar el detalle de su pubis sentí que mis ansias se engrandecían—. Esto es el sexo Yuri y así se toma a chicos malcriados como tú.

Seguía enojado con Yuri y mi euforia crecía conforme me sentía dueño de la situación. Con cada mordisco y cada palabra bruta que salía de mi boca Yuri se convertía en un objeto y ya no podía sentir que resistiera mi ataque.

No sé cómo me abrí la cremallera y bajé mi pantalón, no iba a apagar el fuego de ese momento desnudando mi cuerpo como si fuera a seducir a una mujer. El tigre al que debía domesticar era fiero y tenía que enseñarle quien era el amo. No iba a perder el tiempo quitándome el traje.

Apoyé mi pecho contra el suyo y mi rostro se detuvo en su cabello, aspiré su perfume a niño malo, a adolescente rebelde, a hombrecito aguerrido; me emborraché con su aroma a goma de mascar y cuerpo sin bañar. Mi mano bajó y sin contemplaciones mis dedos comenzaron a hacer su vil trabajo abriéndose paso entre los ajustados anillos de su casto ano. Yuri solo apretó los labios.

—¿Quieres esto dentro de ti? —Me incorporé y tomé mi miembro con una mano mientras sentía cierta humedad escurriendo entre mis dedos y el sonido del sexo retumbaba en mis oídos.

Yuri sería mío. Él lo había pedido, me había jodido tanto tiempo porque ocurriera ese momento que estaba dispuesto a darle lo que quería. Un Víctor bruto y explosivo, un monstruo desencadenado que aullaba de placer al ver a su víctima.

Me acomodé entre sus piernas para hacerlo mi amante, para entrar en él y hacerlo parte de mi cuerpo. Levanté la mirada buscando sus ojos y vi sus lágrimas que discurrían libres por los costados de sus encendidas mejillas.

Súbitamente el terror se apoderó de mi pecho y frené en seco esa máquina sádica que se complacía a sí misma. Descansé el peso de mi cuerpo sobre mis rodillas y observé mi obra.

Yuri tenía rasguños en los brazos, manchas rojas en los hombros y los pectorales, sus labios estaban teñidos de sangre, su voz era el delgado hilo quejumbroso de un cachorro herido, sus ojos aterrados suplicaban que me detuviera, su piel estaba fría y todo su cuerpo temblaba aterido debajo del mío.

No.

¿Cómo podía hacerlo mío de esa manera vil, sádica y egoísta? Estaba forzando una situación que debía ser natural y llena de suaves caricias, sonrisas y complicidad. ¿Cómo iba a justificar semejante crueldad?

—Yuri… yo… no… no puedo… no debo…

Lo solté poco a poco para no dañarlo más y me aparté a la esquina de su cama. Me puse en pie, me vi en el espejo de la pared y no pude reconocerme.  Me dio miedo ver a ese hombre sin alma cuyos ojos brillaban aún por el deseo y que todavía tenía ganas de terminar tan ruin festín.

—Perdóname. —Retrocedí tembloroso al verlo tan indefenso.

—Víctor… no te vayas… yo soy… un estúpido… me asusté… —dijo en medio del llanto y yo apenas si pude escucharlo.

Secó sus lágrimas con el dorso de sus manos en un intento por mostrarse fuerte, pero no podía ocultar su rostro de ángel aterrorizado al ver lo que un diablo enfurecido era capaz de hacerle.

El nudo en mi garganta era enorme y me dejó sin palabras. Seguí retrocediendo y di la vuelta a mi cabeza para no ver mi obra.

—Víctor no… no salgas… soy un tarado… yo puedo hacerlo —dijo con voz temblorosa—. Sé que puedo hacerlo.

Yo no podía hacerle eso a Yuri, él era mi propia sangre. Era un chiquillo que necesitaba un brazo que lo protegiera y lo defendiera, no una mano que lo sometiera.

El Víctor que en la tarde juró defenderlo había desaparecido tras la bruma de la lujuria y se había convertido en su atacante, tenía que hacer algo y detener a ese hombre vil. No podía ser que yo fuera el peligro que amenazara a Yuri.

Temblando y haciendo un gran esfuerzo por dominar las emociones que todavía me consumían, callando esas voces que querían responder al llamado doloroso de mi hermano que me reclamaba retornar a su dormitorio, arreglé mi ropa y tomé mi abrigo para salir con toda la prisa que pude de mi departamento y buscar la oscuridad de la noche donde pudiera disimular mis negros deseos y mi sucio comportamiento.

Manejé sin rumbo por la ciudad intentado alejarme de mí mismo. En unas horas pasé de ser un hombre pleno que se enfrentaba al mundo a ser un miserable que estuvo a punto de destruir la pureza que todavía guardaba Yuri en su corazón.

Llegué hasta las cercanías del Bussines Center Van y detuve el auto intentando buscar un minuto de calma. Contemplando el blanco manto sobre el río Neva y escuchando su suave canto decidí que lo mejor que podía hacer por Yuri era decirle adiós.

Solo me ocuparía de un par de cosas para dejar la empresa muy bien librada de la última deuda y con buenos contratos en camino. Buscaría a la persona indicada para dirigir el destino financiero y comercial de Nefrit; Yakov seguiría siendo el asesor legal de la empresa y Lilia sería el alma que podría deslumbrar con sus creaciones y la mujer que podría ayudar a mi hermano en su transición hacia la juventud y la independencia.

Mi madre tenía razón. No podía arriesgar lo más valioso que tenía.

Lo más valioso no era mi libertad de amar y ser amado, lo que más valor tenia era la felicidad y la plenitud de mi amado hermano menor.

La decisión rasgó mi pecho y lo estrujó hasta hacerme llorar; pero era el único camino que podía tomar si no quería convertirme en ese monstruoso y desfigurado ser que vi en el espejo de la habitación de Yuri.

Notas de autor:

Hola queridas lectoras, espero que en este capítulo no sean tan severas con Víctor. Hizo lo que hizo motivado por las circunstancias. No estuvo bien, pero este momento marcará a los dos protagonistas a partir de ahora.

Gracias por seguir con Tabú.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

Un comentario en “Tabú 45

  1. Me encantó este capítulo, a pesar de todo lo que pasó, estoy intrigada y ansiosa por el siguiente episodio, necesito saber cuál es el punto de vista de Yuri, el ver a Víctor de esa forma como el vil monstruo en que lo ha convertido me hace pensar que Yuri debe haberse dado cuenta que las cosas no volverán a ser como antes o al menos se lo pensara dos veces antes de joder a Víctor o decirle a un viejo impotente xd, buen capítulo, cuidate muchooo

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