Capítulo 4: Capitán


La condena de Jean J. Leroy no podría haber empezado con peor pie, entre la catastrófica sublevación del jabón y demás. Sin embargo, después de haber pasado una temporada en aislamiento, se había convertido en la personificación de un caballero educado y, tras seis meses de comportamiento intachable, había conseguido persuadir a la única mujer del turno de guardia para que le prestara un portavisor.




Estaba seguro de que la jugada no le habría salido bien si la guardiana no hubiera estado convencida de que era un idiota incapaz de hacer otra cosa que no fuera contar los días y buscar imágenes subidas de tono de mujeres a las que había conocido e imaginado.

Y estaba en lo cierto, claro. La tecnología era un misterio para Leroy, quien no Habría podido hacer nada útil con la tableta aunque hubiera dispuesto de un manual de instrucciones paso a paso sobre “Cómo escapar de la cárcel utilizando un portavisor”. No había concedido acceder a sus coms, ni conectarse a los portales de noticias, ni había sabido encontrar información sobre la prisión de la Comunidad Oriental o sus alrededores.





No obstante, apreciaba en toda su valía las imágenes sugerentes, aunque altamente filtradas.





Estaba repasando su carpeta en el día número 228 de su cautiverio, preguntándose si la señora Santiago seguiría casada con aquel hombre que olía a cebolla, cuando un chirrido espantoso interrumpió la paz de la celda.





Jean Levantó la vista hacia el techo liso, blanco y brillante, entrecerrando los ojos.


El ruido cesó y a continuación le pareció oír que arrastraban algo. Un par de golpes sordos. Y otra vez esa especie de molinillo electrónico.




Jean dobló las piernas sobre el camastro y esperó, atento al ruido, cada vez más audible y cercano, que se interrumpía un instante y continuaba. Le costó un tiempo identificar aquel nuevo sonido, pero tras prestar atención y meditar sobre el asunto, decidió que se trataba de un taladro.




Tal vez había un preso haciendo reformas.




El ruido cesó de nuevo, aunque el eco reverberó en las paredes del habitáculo. Leroy miró a su alrededor, su celda era un cubo perfecto de seis caras lisas, blancas y lustrosas, que únicamente contenía su camastro, completamente blanco, un urinario que se deslizaba fuera de la pared apretando un botón, y a él con su uniforme blanco. 



No era tan resplandeciente como lo que realmente merecía, así que si alguien estaba haciendo reformas, esperaba que su celda fuera la siguiente.





El ruido se reanudó, esta vez más chirriante, y a continuación un tornillo largo asomó por el techo  y cayó en medio de la celda con gran estrépito. Otros tres siguieron al primero.











Jean alargó el cuello cuando uno de los tornillos rodó debajo del camastro.





Segundos después, una baldosa cuadrada se desprendió del techo con un sonoro golpetazo, seguida por dos piernas y un grito de sorpresa. Las piernas llevaban un mono de algodón blanco, los pies en que terminaban aquellas piernas iban descalzos.





Uno estaba revestido de piel. El otro de una plancha metálica y reluciente.











Con un gruñido, la chica se soltó y cayó de cuclillas en medio de la celda.











Leroy apoyó los codos en las rodillas  y se inclinó hacia delante, intentando verla mejor sin moverse de donde estaba, con la espalda contra la pared. Era delgada, de tez pálida  y tenia el pelo liso de un raro color plateado. Al igual que el pie izquierdo, la mano del mismo lado también era metálica.











En cuanto recuperó el equilibrio, la chica se levantó y se sacudió el mono.











—Disculpa -dijo Jean-.











La joven se volvió hacia el con expresión de sorpresa.









—Parece que te has equivocado de celda. ¿Necesitas indicaciones para volver a la tuya?











La Joven pestañeo.









Jean sonrió.









La chica frunció el ceño.











Enfadada estaba más guapa. Jean apoyó la barbilla en las manos y la estudió con detenimiento. Nuca había conocido a una ciborg, y mucho menos  había tonteado con una, pero para todo había una primera vez.











—Se supone que estas celdas debían de estar vacías -dijo la joven.













—Circunstancias especiales, digno de la realeza ¿no lo crees?













Se le quedó mirando largo rato, con desconfianza.











—¿Asesinato?







La sonrisa coqueta del hombre se ensanchó













—Gracias,  pero no. Inicié un motín en el patio -Se arregló el cuello antes de proseguir-. Protestábamos por el jabón.











La chica parecía más confusa que antes, y Jean se percató de que continuaba en actitud defensiva.











—El jabón -insistió, preguntándose si lo habría oído-. Es demasiado seco.









La chica no dijo nada.















—Tengo la piel sensible.Irrita esta hermosa piel, no lo podía permitir.









Al ver que abría la boca, Jean pensó que se compadecería de él, pero lo único que oyó fue un “ya” indiferente.













Ella se enderezo, apartó de una patada la baldosa que había caído del techo y dio una vuelta sobre si misma, estudiando la celda. Frunció los labios contrariada.













—Idiota… -musitó entre dientes, acercándose y colocando una mano sobre la pared que había a la izquierda de Jean-. Por una habitación.











De pronto, se puso a parpadear como si tuviera polvo en las pestañas, lanzó un gruñido y se dio varios golpes en la sien con la mano abierta.











—¿Estas fugándote?









—Ahora mismo, no -contestó, apretó los dientes y sacudió la cabeza con brusquedad-, pero sí, ese es el plan. -Se le iluminó la cara en cuanto vio el visor que descansaba en el regazo de Jean-. ¿Qué modelo es?













—No tengo la más remota idea -lo levantó para enseñárselo-. Estoy juntando en una carpeta a todas las mujeres a las que he amado.









La Joven se apartó de la pared, le arrancó el portavisor de las manos y le dio la vuelta. De pronto se abrió la punta de uno de sus dedos biónicos y apareció un pequeño destornillador. Apenas tardó un minuto en separar la parte trasera del visor.













—¿Qué haces?













—Quitarle el cable de vídeo 









—¿Para qué?









—El mio esta frito.









Arrancó un cable amarillo, lanzo el visor al regazo de Jean y se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas mientras que él la observaba fascinado. La chica se apartaba el cabello hacia un lado y abría un panel en la base de su cráneo. Un segundo después, en sus dedos aparecía un cable similar al que acababa de robarle, pero con un extremo chamuscado. Contrajo el rostro, completamente concentrada, mientras instalaba el nuevo. A continuación la Joven cerró el panel con un suspiro de satisfacción y lanzó el cable viejo junto a Leroy.











—Gracias.









Él hizo una mueca de asco y se apartó ligeramente.









—Eso es asqueroso e interesante, ¿Llevas un portavisor en la cabeza?











—Algo parecido. -La chica se levantó y volvió a pasar una mano por la pared-, Ah, ahora mucho mejor. Veamos, ¿como podría…?

















La pregunta se fue apagando y apretó el botón del rincón. Un panel blanco y brillante se deslizó hacia arriba y un urinario salió de la pared con suavidad. La joven, cerrando los ojos, metió  los dedos en el hueco que había dejado el retrete y empezó a tantear.













Jean se apartó poco a poco del cable abandonando sobre su camastro y apelando  a su sentido de la caballerosidad, intentó borrar de su mente la imagen de la chica abriéndose la parte occipital del cráneo para poder entablar conversación con ella mientras trabajaba. Le pregunto porque estaba allí y alabo la calidad de sus extremidades metálicas, pero ella no le hizo el menor caso, cosa que le llevo a preguntarse por un instante si había estado separado de la población femenina tanto tiempo que había acabado perdiendo su encanto.













Aunque no lo creía demasiado probable.















Al cabo de unos minutos, la chica apareció encontrar lo que buscaba abriendo los ojos emocionada y Jean  volvió a oír el taladro de antes.











—Cuando te cerraron, ¿no tuvieron en cuenta que la seguridad de esta prisión podía tener algunos agujeros? -pregunto Jean.



















—En aquel momento no los tenía. Podría decirse que esta mano es una nueva adquisición.

















La chica se detuvo un instante y se quedó mirando el hueco fijamente, como si intentara ver a través de la pared.















Tal vez tuviera rayos X. Él si que sabría cómo sacarles partido.

















—Déjame adivinar -dijo Leroy-. ¿Allanamiento de morada?











La chica arrugó la nariz tras un largo silencio durante el cual había estado examinando el mecanismo de retracción. 













—Dos cargos por traición, si tanto te interesa saberlo. Resistencia a la autoridad y uso ilícito de la bioelectricidad. Ah, e “intento de asesinato no premeditado” al alteza imperial e inmigración ilegal, aunque para ser sinceros, creo que con esos dos se pasaron. Fui controlada por esa bruja para apuntarle a Yuuri  y aparte, ni siquiera sabia que no pertenecía a la comunidad, según sabia hasta el último momento,  todos mis documentos estaban en regla. Estúpido consejero , ¡Tarado! ¡Cara de constipado!











Jean la miró sorprendido, percibiendo un pequeño tic en el ojo, con las mejilla infladas, mientas seguía escuchando como murmuraba cosas como “metiche” o “que le hubiera gustado haberle lanzado la zapatilla a la cara”. Era la primera vez que la escuchaba hablar tanto. En cierta forma le parecía adorable.



















—¿Cuantos años tienes?









—Diecisiete.











El destornillador del dedo volvió a girar y Leroy espero a que el ruido cesara.











—¿Como te llamas?









—Vicder -dijo ella, antes de que los chirridos se reanudaran.













—Un gusto bella dama, yo soy el Capitán Jean Jacques Leroy  -se presento él, aprovechando una nueva pausa-, Aunque la gente suele llamarme Rey…















Más Chirridos.













—JJ. o Capitán JJ o Capitán.

















Sin responder, la joven volvió a introducir la mano en el hueco. Daba la impresión de que pretendía abrir un boquete, aunque algo debió de impedírselo, porque un segundo después se sentó y resoplo llena de frustración.











—Por lo que puedo ver, todo parece indicar que necesitas un cómplice  -dijo Jean, alisándose el mono-. Y, por suerte para ti, resulta que soy todo una mente criminal.



















Vicder lo taladraba con la mirada.











—Veté por ahí.




—Una petición difícil de cumplir en nuestra situación.





La joven lanzó un suspiro y limpió las virutas de plástico blanco del destornillador.




—¿Que vas hacer cuando salgas de aquí? -insistió.








Vicder se volvió hacia la pared. Los chirridos continuaron un rato antes de que se detuviera para estirar el cuello y aliviar la tortícolis.






—Lo más fácil para salir de la ciudad es dirigirse al norte.






—Ay mi pequeña e inocente presidiaría. ¿No crees que es eso precisamente lo que esperarán que hagas?








Vicder clavó el destornillador en el hueco.






—Por favor, ¿te importaría dejar de distraerme?








—Solo digo que podríamos ayudarnos mutuamente.






—Déjame en  Paz.






—Tengo una nave.





La joven lo miró un breve instante, a modo de advertencia.








—Una nave espacial.








—Una naves espacial -repitió ella, con voz cansina.





—Podríamos estar a medio camino de las estrellas en menos de dos minutos, y se encuentra en las afueras de la ciudad. Es fácil llegar hasta ella. ¿Que me dices? 






—Te digo que, si no te callas y me dejas trabajar, no estaremos a medio camino de ninguna parte.




—Mensaje captado -dijo JJ, levantando las manos en un gesto de rendición-. Solo quiero que le des vuelta a la idea en esa preciosa cabecita.







Vicder se puso tensa pero siguió trabajando.




—Ahora que lo pienso… antes había un puesto de Ramen excelente a solo una manzana de aquí. Tenían unos tempura exquisitos en ese lugar.






Junto los dedos, salivando con el recuerdo.







Vicder contrajo el rostro y empezó a masajearse la nuca. Solo había durado 3 minutos en silencio.






—Si tenemos tiempo, tal vez podríamos pasar un momento por allí para llevar algo para el viaje, No estaría mal darme un gusto después de tener que aguantar a diario la porquería insípida a la que en este sitio llaman comida.





Cuando volvió a ver a la chica, el dolor había agarrotado las facciones de esta y tenía la frente perlada en sudor.






—¿Te encuentras bien? -preguntó, acercándose-.  ¿Quieres que te dé un masaje en la espalda? realmente soy muy bueno.





Vicder trató de ahuyentarlo dando manotazos al aire con un estremecimiento.







Jean la miraba cuando la imagen de la joven retembló como la calima que se desprendía en una tormenta de arena. Vicder tropezó al intentar apartarse. A JJ se le aceleró el pulso y la especie de hormigueo que se inició en su cerebro recorrió velozmente sus terminaciones nerviosas.









La chica era…. hermosa.

No, divina.

No… Perfecta.

Ella… Tenia que adorarla.



El corazón le latía con fuerza, de pronto solo pensaba en adorarla, en venerarla. En rendirse a ella. En someterse a ella.



—Por favor -repitió Vicder, con un tinte de desesperación en la voz mientras se ocultaba detrás de su mano metálica y se desplomaba contra la pared-. Calla… Por favor, haz silencio por un momento. Solo… Déjame trabajar tranquila.





—De acuerdo. -Todo era confuso: ciborg, prisionera, diosa-. Por supuesto, lo que desees.





Con los ojos llorosos, retrocedió y se dejó caer en el camastro, mirando al infinito.

GLOSARIO: 

GLOSARIO: 

*Occipital del Cráneo: Proveniente del latín “occipitis” parte de hueso del cráneo para definir aquella zona poster-superior del cuello, conocida como la nuca.

*Constipado: Existen dos términos, en América es una persona que padece de estreñimiento intestinal, y en España es una persona enferma de las vías respiratorias y catarros.

*Metiche: Persona que se entromete en asuntos ajenos o donde no lo llaman.*Virutas: Restos de algún material en forma de polvo o tiras.

*Tempura: Preparación culinaria típica de la cocina japonesa que consiste en rebozar un alimento con una fina masa de harina y después freírlo en aceite.

*Calima: También conocido como calina​, es un fenómeno meteorológico consistente en la presencia en la atmósfera de partículas muy pequeñas de polvo, cenizas, arcilla o arena en suspensión.

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Buenas Noches Gente linda

Les traigo un nuevo capitulo de Escarlata, espero de corazón que les guste.

Lamento mucho la tardanza pero han sucedido diferentes acontecimientos que me han destruido emocionalmente. Como les había comentado, mi mejor amiga ya no lo es por diversas situaciones que al final pues ella decidió apartarme y eso me ha tenido muy mal. Aparte,  pues me quede sin trabajo y ha sido difícil conseguir un trabajo rápido debido a la pandemia, ya que en mi País han aumentando mucho los casos y las empresas están despidiendo personal y cerrando locales. y Aparte de eso, mi abuela murió. Fue como mi madre ya que ella me crió desde que era una bebé y esta noticia me ha destruido por completo. Él último recuerdo antes de que muriera fue que me apretó la mano y dejo de respirar. Ha sido muy chocante y dolorosa, no hay día en que no la llore o no piense en ella… y me es muy difícil.

Discúlpenme por aburrirlos con mis sucesos pero quería que conocieran un poco de porque me he tardado tanto en actualizar la historia y les pido que por favor, me tengan paciencia. También de corazón les pido que se cuiden y cuiden a sus familias ❤

Espero que tengan una bonita noche, y espero verlos pronto nuevamente. 

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

4 comentarios sobre “Capítulo 4: Capitán

  1. oh mi niña lamento el suceso, recién tuve chance de enchutarme los 4 capis que llevas en esta nueva saga, espero que encuentres sosiego ante este sentimiento sé que no es sencillo.

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