Tabú 42


El hockey.

Necesitas tener todo el poder y la fuerza de un jugador de futbol para enfrentar los retos de un partido.

Debes resistir como un maratonista en los últimos metros antes de llegar a la meta.

Tus ojos y tu pulso deben ser los de un neurocirujano cuando estás tras el disco.

Volar a la velocidad de un halcón sobre una cuchilla que mide un octavo de pulgada mientras tus contrincantes corren detrás de ti con su instinto asesino a flor de piel.

El hockey es duro, está hecho para mentes ágiles y músculos firmes. No te da un solo respiro y exige de ti tu esfuerzo, tus lágrimas, tu corazón y tu sangre si es necesario.

Lo dejas todo en el hielo y solo esperas como recompensa romper la barrera del contrario con tus municiones, solo deseas quebrarle un hueso al que se puso en tu camino y te hizo perder el goal perfecto, solo quieres ganarle al meta que se estira como goma intentando detener la pastilla con sus guantes, con su pecho o con su frente.

El hockey me ha enseñado a levantarme una y otra vez, a maldecir con argumento, a no parar hasta que la chicharra cante, a enfrentar las miradas de todas esas bestias que como yo irán en busca del triunfo.

También me ha enseñado que puede lograr lo imposible y que puedo contar con la incondicional amistad de un kazajo a quien no le importa dejar de lado su curva perfecta por hacerme un pase seguro para imponer nuestra victoria.

Veloces, ágiles, creativos, precisos, tenaces. Así eran nuestros momentos en la pista y los nervios terminaban en tanto nos deslizábamos sobre el hielo y escuchábamos nuestros nombres en la voz de Anatoli Illianov el narrador oficial de los partidos de la liga interescolar.

Amaba el hockey, había hecho de mí el hombre duro que era; me había enseñado el camino de la auto superación y permitió que tuviera las ganas de luchar y triunfar por mis sueños.

Durante seis semanas habíamos dejado atrás a los equipos más débiles del campeonato y esa semana nos tocó desplazar a uno de los favoritos del público, el del colegio Sótinikov que presentaron cierta resistencia a nuestros ataques, pero no pudieron con nuestras estrategias.

Después de ellos nos tocaba jugar uno de los partidos que Popovich consideraba el más duro y el más importante.

Al levantar la mirada hacia las tribunas, en ese partido que sería el definitivo para pasar a los octavos del campeonato, observé el rostro alegre de mi hermano que al verme levantó la mano y me saludó con un grito de aliento que me provocó un gran bochorno, aunque dos segundos después lo vi saludando a las cámaras que lo enfocaron y que mostraban su rostro por la gigantesca pantalla del coliseo.

Las chicas y hasta las viejas gritaron al verlo y él siguió con el estricto protocolo de verse amable y sensual al mismo tiempo.

—Tenemos entre el público al reconocido modelo y empresario Víctor Nikiroforov para quien pido un gran aplauso. —Illianov anuncio a mi hermano y las palmas del público no se dejaron esperar mientras él sonreía con vivacidad—. Víctor ha venido a alentar al equipo de la Escuela San Marcos y por supuesto a su hermano, Yuri, que juega como lateral derecho.

La cámara me enfocó en ese momento y lo único que se me ocurrió hacer es fruncir el ceño y mirar con furia hasta que el camarógrafo desistió de ver mi sonrisa.

Tras la presentación del equipo del colegio 54 de Rostov el réferi nos llamó a todos para recomendar que el partido sea lo más limpio posible y que no tolerarían agresiones graves en la pista.

Nos saludamos con un golpe de puños y esperamos todos en el centro de la pista, observando con detenimiento desde nuestras posiciones los ojos de nuestros rivales. Luego nuestros ojos se dirigieron al puck que el árbitro puso en el mismo centro del círculo rojo, apreté el stick entre mis dedos y comencé a mover mi cuerpo.

En los parlantes podía escuchar a Illianov describiendo el momento previo.

—Este será un partido decisivo para los Leones de San Marcos y los tigres de Rostov. Veremos si la fuerza es más importante o lo es la destreza. Ambos equipos tienen todas las posibilidades de ganar este encuentro amigos y nosotros seremos testigos de esta que es casi como una final por lo que ha implicado para las dos escuadras llegar hasta este momento.

El hombre estaba bastante animado, casi podía escucharse su respiración cortar sus palabras y es que durante las preliminares había narrado cada partido y conocido a cada entrenador, se había metido a los camerinos de todos los equipos y compartió con los barristas momentos de angustia y euforia.

—En esta otra línea tenemos a un joven que ha resultado ser una gran sorpresa, Otabek Altin es el nuevo atacante central y ha demostrado durante todos los partidos jugados por la San Marcos lo bien que está preparado para meter los goles y burlar a sus contrarios, así como lo bien que se llevan con Nikiforov en la pista. —El presentador no dejaba de halagar nuestras destrezas lo que producía muchos aplausos por parte de nuestra barra y los demás compañeros y por supuesto que abucheos por parte de los alumnos de la otra escuela.

—Será el momento de saber si el lobo mayor y el lobo menor harán de las suyas esta noche junto al resto de su manada. —Karsim, el otro comentarista, hablaba sobre los hermanos Molotov que eran los atacantes del otro equipo. Dos tipos imparables y rudos—. O tal vez tendremos otra vez ese juego maravilloso entre el héroe Altin y el hada del hielo Nikiforov.

Odiaba ese calificativo, yo era un tigre, podían hasta decirme un lince por mi tamaño; pero no era ningún hada. Yo imaginaba las hadas son mujeres delicadas que bailan dando vueltas al compás de la música o delante de las luces de las luciérnagas tal como me contaba mi abuelo cuando me leía cuentos siendo yo muy niño.

¡Yo era un tigre, carajo!

—El juez Vasiliev se pone el silbato en la boca y levanta la mano, esta va a comenzar en pocos segundos y nos esperan sesenta minutos de un choque contundente entre estos dos equipos. —El hombre hizo algo de silencio y cuando el árbitro bajó la mano y se escuchó el silbato pronunció la última frase que escuché de él— ¡Y comenzó el partido! —Mi mente se concentró en el puck y mi cuerpo comenzó a moverse como pluma entre los inmensos búfalos que corrían hacia mí.

Una vez más Otabek y yo comenzamos a bailar, a jugar, a burlar y a pasarnos la pastilla. Era inevitable tener esa conexión pues los demás chicos no podían entender nuestros movimientos y solo se dedicaban a alejar a los atacantes para que no nos muelan contra las barreras.

Minuto a minuto la escarcha se levantaba bajo nuestros pies y la gente celebraba nuestros goles. No fuimos los únicos en meterlos; Zaveliev y Zchvidánov también hicieron lo suyo y celebramos con aplausos cada una de sus conquistas.

Casi no nos abrazábamos con los chicos porque ellos habían preferido mantenerse distantes así que cualquier pase o excepcional movimiento solo aplaudíamos y chocábamos puños entre nosotros. Ellos sí se abrazaban y esa lejanía era muy notoria. Era algo en lo cual había querido trabajar el entrenador Popovich, pero no pudo porque para el resto del equipo solo Zhúkov era el único capaz de provocar su entusiasmo.

A Otabek y a mí nos importó un pepino lo que pensaran los demás; lo que más queríamos era meter el mayor número de goles y verle la cara de estúpido a guardameta cada vez que la pastilla pasaba rozándole la mano y se terminaba en el fondo de la malla de su arco.

Antes de uno de los intermedios el equipo contrario hizo una jugada polémica y nosotros sabíamos que no era un gol legítimo. El lobo mayor no salió desde el fondo y pasó el arco, luego el pase fue para su hermano quien metió la pastilla. Reclamamos, en la banca gritaron y comenzaron a golpear los muros, el entrenador reclamó y cuando el juez consultó con el réferi de esquina anuló el gol.

Fue suficiente para que los hermanos Mólotov estallasen y comenzaran a insultarnos, insultos que nosotros no respondimos porque teníamos prohibido por el coach y la directora hacer cualquier tipo de agresión.

El tiempo terminó y fuimos a las bancas a refrescarnos. Nuestro entrenador contenía sus ganas de estrellar los puños sobre el coach contrario que seguía gritando a los jueces. Nos recomendó calma y que sigamos con la misma presión sobre el meta que no era tan bueno.

Regresamos a la pista y ni bien iniciamos la jugada, los dos lobos comenzaron a ponernos caves a Otabek, a Dimitri y a mí. Caímos varias veces sobre el hielo y no sirvió de nada reclamar, ellos solo se hacían para atrás con las manos hacia arriba.

Vi que el kazajo ya comenzaba a enojarse con mucha razón. Al ver sus cejas tan juntas yo sabía que en cualquier momento iba a estallar. Hicimos un pase limpio y cuando él se deslizaba por detrás del arco rival me pasó el puck y yo acerté un slap shot una vez más. Levanté la vista y observé que los dos lobos se fueron con todo estrellando al kazajo contra la barrera de policarbonato.

Todos levantamos las manos y nos quedamos mirando, mientras nuestra barra y nuestro entrenador reclamaban a gritos por la agresión. Los dos lobos se hicieron a un lado y cuando Otabek se puso en pie vi un hilo de sangre correr desde el arco de la nariz. Estaba herido.

El árbitro paró todo y le pidió que saliera de la pista, Otabek se negó, pero nuestro entrenador lo llamó de inmediato.

Desde ese momento los lobos tuvieron muchas oportunidades para igualar el marcador y lo hicieron. Yo estaba furioso porque en más de una ocasión dos moles con uniforme se interpusieron en mi camino cortando de mala onda mi jugada.

Aun así, metí tres goles más y ellos quedaron a dos goles de nosotros. Cuando el último intermedio terminó Otabek volvió a la pista, tenía un apósito en la nariz y el coraje cargado en las venas del cuello.

Volví la vista hacia la tribuna y Víctor estaba allí alentando a mi equipo. Me sentí tan respaldado por mi hermano que en ese instante sentí que mi valentía renacía fortalecida desde algún recóndito lugar de mi interior, no sé si era mi estómago, mi hígado, mis pulmones, mi corazón o mis bolas; tal vez era todo en conjunto.

Salí a toda velocidad con el puck entre las piernas haciéndolo ir y venir por delante de mis stick a mi regalada voluntad, enfoqué mi vista en el arco y la posición de los demás jugadores y me fui para un lado, tiré la pastilla y escuché el grito de gol, pero no la vi entrar. El lobo menor me empujó con tanta fuerza que me estrellé sobre la pista. Solo sé que me quedé sin aire porque caí de vientre y mis palmas chocaron con fuerza.

Me levanté y estuve a punto de correr contra ese estúpido para darle con mi stick en la cabeza, entonces sentí las fuertes manos de Otabek deteniendo mi carrera, lo miré con furia y le reclamé. Se acercó a mi oído y me dijo algo que me hizo sonreír.

Cross.

Era nuestra jugada maestra y conforme vimos los espacios que dejaban los jugadores contrarios, pensamos al mismo tiempo que era posible hacerla. Solo que recién en ese momento se nos ocurrió coordinarla.

Cuando la pastilla estuvo de vuelta deslizándose sobre el hielo Otabek puso a Korov en el centro y fue hacia el lado derecho, ambos avanzamos a gran velocidad detrás de ella, cruzamos detrás del arco y nadie pudo ver quien se había llevado la pastilla. Fue Otabek el blanco de los choques; pero fui yo quien metió el gol.

Durante los últimos minutos del partido repetimos dos veces más el Cross y los lobos estaban histéricos porque no podían frenar nuestro avance. Tuvo mucha razón “el Héroe” al decirme la mejor manera de bajar la moral de esos estúpidos.

La última jugada se dio y nosotros llevábamos la ventaja; pero si ellos metían un tiro mal iríamos a descuentos. No podíamos fallar.

Otabek salió por la derecha, Mélnikov tenía la pastilla y lo perseguían dos, yo estaba por la izquierda y tenía frente a mí al lobo mayor, era enorme y estaba seguro que pensaba detenerme con sus amplios hombros y su cara de rufián. Otabek recibió la pastilla, pero en lugar de hacer el Cross la lanzó hacia mí.

Tal vez pensó que yo estrellaría mi palo y le daría un buen golpe para dejarla dentro del arco, pero en lugar de eso la detuve, la retuve con el palo, me agaché hacia atrás y derrapé con las rodillas llevando el stick paralelo a mi cuerpo, empujando la pastilla y pasando entero por debajo de las piernas del gran lobo.

El narrador gritó el gol y mitad del coliseo estalló de alegría porque se cumplió el tiempo y nuestro equipo ganó el partido.

Cuando me puse en pie, los chicos del equipo corrieron y tal vez fue su entusiasmo, pero me cargaron por unos segundos hasta que al final me encontré con Otabek que sonreía como casi nunca lo hacía y me abrazó con fuerza mientras yo quedé colgado de su cuello.

El resto del equipo entró en la pista y nos elevaron entre sus brazos coreando el nombre del colegio y nuestros nombres. Después de mucho tiempo sentí que esos rudos con los que entrenaba y jugaba me estaban aceptando.

Cuando todo terminó fuimos a los camerinos a cambiarnos. Varias chicas salieron al paso y se aproximaron a nosotros entre ellas estaba Virna Belova, que al verme tomó mi casco y me besó en la boca. Todos silbaron y yo retrocedí molesto. Ella era muy bella pero también era una chica muy vacía.

Tomé mi casco y apresuré el paso dejando a todos detrás de mí. Quería salir rápido del coliseo porque Víctor me estaba esperando.


Vi el coche de mi hermano y no acepté la invitación que Otabek y los demás chicos del equipo me hicieron para ir a cenar. Quería estar cerca de mi hermano pues las últimas dos semanas solo nos veíamos en el desayuno.

Su trabajo y mi campeonato nos tenían tan separados que esa noche se abría una pequeña ventana en nuestras agendas que me permitiría disfrutar de él. Además, tenía mucha curiosidad por saber cómo se las estaba arreglando con el banco.

Entré a su coche y lo vi algo serio, trató de disimular su molestia con una leve sonrisa; pero en nada le ayudó esa estrategia. Pensé que estaba demasiado cansado por el trabajo así que decidí ser un buen hermano esa noche y no quise joderlo más de lo que ya estaba.

Insistió que fuéramos a cenar pues quería celebrar las primeras dos victorias de esa semana y yo estuve de acuerdo y es que en el Brisket sirven un jugoso filete, acompañado de papas crujientes y muchas salsas.

Después de ordenar nuestros platillos nos quedamos en silencio, él jugaba con la servilleta y yo tenía tantas ganas de tomar mi móvil para ver cualquier cosa y evitar ese molesto silencio que nos separaba a pesar de estar frente a frente. Entonces…

—Oye Víctor…

—Uuuuum Yuri…

Los dos hablamos al mismo tiempo y tuve que ceder mis ganas de preguntarle hasta cuando seguiríamos jugando como dos estúpidos niños. Yo quería con todas mis ganas que me tomara, así como lo hacía en el calor de mis sueños nocturnos.

No dijimos nada pues el camarero llegó con el pedido y luego de agradecer nos pusimos a comer casi sin decir nada, yo estaba muy hambriento y Víctor parecía estar tramando algo porque no solía estar tan callado en otras ocasiones.

Estábamos a poco de terminar el plato de fondo cuando le pregunté por sus gestiones en el banco y se le habían dado la moratoria que quería conseguir.

—Yuri la moratoria era para hace dos meses. —Sonrió y muy feliz me comunicó—. Gracias a la presentación de Milán he logrado cancelar gran parte de la deuda y el banco redujo las tasas de multas, estamos con las cuentas en azul y por primera vez en todo este año podemos decir que tenemos un gran alivio económico.

Lo miré casi incrédulo. Hasta ese momento pensaba que esa deuda era impagable y que toda nuestra vida tendríamos que estar en conversaciones con los representantes del banco. Pero ya no era así y sentí como si algo hubiera salido de mí, algo pesado que sin darme cuenta había estado llevando todo ese tiempo de deudas y problemas financieros.

—Lo lograste Víctor —Lo miré con admiración pues en ese momento mi hermano se convirtió en una especie de héroe que había vencido al enemigo del embargo y la ambición de un banquero por querer quedarse con Jade—. Esto debemos celebrarlo.

—Aún no Yuri. —Sus ojos guardaban algo más porque me miraba como esos niños traviesos que desean que averigües qué traen en el bolsillo—. Tenemos un pedido tan grande de los almacenes Azuri que en tres meses más estaremos cancelando el total de la deuda y en verdad no quiero saber en mucho tiempo nada sobre financiamientos millonarios y proyectos con los bancos.

—Me guardaré las ganas. —Metí en mi boca el último corte de filete y me sentí tan feliz y aliviado que a pesar de mi cansancio deseaba hacer algo especial.

Víctor me pidió que no le dijera nada a las chicas y en especial a Lilia. Quería darles la sorpresa y llevarlas a un restaurante lujoso para celebrar esa enorme felicidad. Yo prometí con la mano levantada que no diría ni una sola palabra a nadie.

Y pese a que tan buena noticia nos había alegrado muchísimo Víctor seguía con esa actitud algo lejana y molesta. Podía notarlo en su mirada y en su estúpido silencio. Me había acostumbrado siempre a que me cuente cualquier cosa que hizo en la oficina o en su trabajo de modelo que verlo tan callado me molestaba demasiado.

Llegó el postre y creo que gracias a su dulce efecto Víctor por fin soltó la lengua.

—Ese chico Otabek —dijo sin mirarme—. ¿Qué tan amigo tuyo es?

—Nos estamos conociendo recién, pero nos llevamos muy bien. —Comencé a comprender qué le estaba sucediendo a Víctor.

—¿Es mayor que tú? —Víctor saboreaba su cream brûlée mirando a cualquier lugar quería esconder su mirada para que su hermanito no reconociera el satánico brillo de los celos.

—Un año mayor, pero está en mi sección. —Yo comencé a comer con más gusto mi poliot—. Se sienta detrás de mí.

—¿Y tan buen alumno es? —El interés que Víctor tenía por el kazajo era cómico y pensé que, si el mismo interés hubiera mostrado Mila, las cosas para “mi amigo” estarían perfectas.

—Uno de los mejores, además tiene un método de estudio muy bueno y por lo general se queda hasta media noche investigando algo más de los temas que tratamos en clases. —Otabek era así de responsable cuando no estaba perdiendo el tiempo haciendo sus mezclas musicales.

Víctor intentaba poner cara de desinterés y yo me hacia el tonto para ver hasta dónde iba a llegar con las preguntas y su curiosidad de hermano sobre protector, que quiere que su hermanito menor se junte con chicos que no tengan interés en él.

Me divertía verlo de esa manera, pero me divertía más pensar que iba a usar un poquito a mi buen amigo Otabek para provocar los celos de Víctor y obligarlo a que se decida por fin si iba a ponerme sus manos y sus uñas encima, porque estaba hartándome de su jueguito de príncipe encantador que no quiere dañar la reputación de la princesa y de princesa yo no tenía ni la punta del cabello. Podría compararme más con el guerrero urgido de comida y placer después de una cruel batalla.

—¿Y qué más hace ese Otabek? —El pez estaba presto a picar el anzuelo.

—Es disc jockey y hace buenísimas mezclas de música en casa. —Seguía esperando con paciencia el próximo movimiento.

—¿Fuiste a su casa? —Faltaba muy poco para que Víctor muerda la carnada.

—Sí y en su dormitorio tiene una gran colección de vinilos, nunca había visto uno hasta que lo conocí. —Y claro yo estaba preparando la sartén y el aderezo para comerme ese pececillo en cuanto cayera.

—Ah, entraste hasta su dormitorio. —El anzuelo estaba ingresando a la boca del pez.

—Sí, tiene una gran cama y además de su escritorio tiene varios equipos de música y los parlantes repartidos de tal forma que la música te envuelve y pareces estar dentro de una discoteca, solo faltan las luces. —Terminé el postre y como dejé la cereza para el final la tomé por la ramita, la acerqué a mi boca e hice caer una gota de su jugo a mis labios, miré a Víctor y mordí la brillante fruta sonriendo.

Víctor calló y llenó las copas con algo de vino. Se suponía que yo no debía tomar alcohol por los entrenamientos, pero a mi hermano no le importó nada esa advertencia, igual me sirvió el tinto y acercó la copa hasta el platillo de postre, alzó la suya y chocó el borde con la mía.

—¿Por qué brindamos?

—Por tu amigo Otabek, porque siga siendo tan buen atacante, un magnífico estudiante y un excelente dijay.

Alcé mi copa y la acerqué a mi nariz para sentir su aroma a frutas, tomé un sorbo pequeño y luego otro más.

—¿Y tu amigo tiene enamorada? —El pez había caído y yo debía dejar que apretara bien el anzuelo dentro de su boca para tirar de él.

—No, ¿por qué? —No pensaba revelarle en ese momento que Otabek babeaba como mastín cada vez que Mila estaba cerca e incluso cuando ella estaba lejos.

—Como lo vi rodeado de tantas niñas al final del partido, pensé que una de ellas sería su novia. —Ay, mi hermano era tan obvio; pero no debía confiarme demasiado.

—No lo sé, no me dijo nada, aunque durante todo el tiempo que lo conozco nunca vi que se interesara por una chica.

—Qué extraño un chico tan simpático y que alborota el gallinero con sus músculos, cómo es que no puede tener enamorada.

—Uuuuu… tú también te fijaste en su musculatura. —Era divertidísimo jugar con Víctor a costa de Otabek—. Bueno tal vez no le gustan las chicas.

Víctor bebió de un solo trago el resto del vino y su entrecejo se juntó más de la cuenta. Yo me mordía la lengua para no reír y seguí tomando de a pocos mi copa, dichoso de verlo molesto pues sabía muy bien la razón de su mal humor. Entonces supe que era el momento de jalar del anzuelo y sacar a ese pez del agua.

—Ahora que dices eso… —Me quedé callado a propósito.

—¿Qué? —Sus ojos buscaron los míos, pero no le di el gusto, además me podría pescar la mentira como el día que le dije que sí habíamos follado.

—Por lo general veo que se siente muy a gusto con los chicos del equipo y conmigo en especial. —Debía emplear mi cara de inocencia como el arma perfecta para ese momento, como si fuera un buen cuchillo con el cual abrir las entrañas del pescadito.

Hay dos cosas que hasta hoy provocan que Víctor escupa todo lo que tiene atragantado. La mediocridad de las personas y los momentos en los que alguien intenta ocultarle algo. Lo había visto tantas veces decir cosas inconvenientes a las personas que trabajaban en los proyectos de modelaje que sabía bien lo que se venía en ese momento.

—¿Ya se las haz chupado? —Me miró con ansiedad.

—Todavía no. —Contesté con una gran sonrisa—. Pero estoy a un pelito de hacerlo, solo que el campeonato es más importante por ahora y ya sabes los jugadores debemos estar en abstinencia para rendir muy bien.

—Termina tu vino. —El rostro de mi hermano se convirtió en un limón muy agrio y mi ironía le dio el contundente golpe mortal—. Nos vamos a casa.

No volvió a decir una sola palabra mientras cancelaba la cuenta, mientras caminábamos hasta el estacionamiento y subíamos al auto. Solo un par de sus fanáticas lo sacaron de ese estado catatónico que siguió a mis palabras y como siempre regaló su sonrisa y un beso al aire.

Después el silencio reinó entre los dos hasta que llegamos al departamento. Dejó las llaves en la mesa de la entrada y caminó hacia la sala. Yo saludé a Potya que había estado esperando en la puerta y lo cargué en mis brazos.

Luego de repartirle mil besos le serví su comida y me encargué de su caja de arena. Me lavé bien las manos y lo dejé comiendo cerca de la ventana.

Al salir hacia la sala vi a Víctor sentado frente al televisor mirando las noticias. En verdad estaba mirando el televisor y no creo que su mente estuviera atenta a las informaciones. Pasé por detrás del sofá y me acerqué a su oído para agradecer por la cena y desearle buenas noches.

—¿Quieres que te traiga una manta? —Rocé mis labios sobre el pabellón de su oreja

—¿Qué te traes con ese Otabek? —Su voz me hizo estremecer, sí que estaba muy molesto—. Dilo de una vez Yuri.

—Ya te dije que nada. —Seguí hablando a su oído—. No tienes por qué desconfiar de mí. Ahora que si las cosas van como van no puedo decirte qué pasará más adelante.

—¿Y qué va a pasar más adelante? —Me tomó de la mano deteniendo mi salida.

—Si tú decides follarme de una maldita vez no va a pasar nada Víctor.

—¿Y si no?

—Tengo dieciséis, las hormonas alteradas y las ganas inmensas de sentir una polla en mi culo.

—No tientes al diablo Yuri porque podrías probar lo que es el infierno.

Lo dejé en la sala y entré a mi habitación sabiendo que más tarde vendría a visitarme como un espectro dispuesto a poner sus garras en mi cuerpo y eso me excitaba demasiado.

Apretó mi mano y me jaló hacia el sofá de un solo tirón. Me gustó su furia cuando mordió mis labios con ganas de reventarlos y sacó un hilo de sangre de ellos. Adoré toda la ira contenida en sus manos que constreñían las mías, en sus labios que frotaban los míos, en sus ojos que furiosos se apoderaban del poco pudor que me quedaba. Me encendí con su el calor de su aliento y el sonido cargado de su respiración que golpeaba mi cuello y me provocaba abrir las piernas para recibirlo. Bendije el momento en que su pubis se juntó al mío y sentí su dura polla rozar la mía.

Giré junto con el mundo y nuestra energía se arremolinó provocando el verano entre su vientre y el mío, abrí las piernas todo lo que mi ajustado jean me permitió y no dejé de poseer sus ojos porque quería saber cómo diablos me miraba mientras hacíamos el amor con la ropa puesta.

¡Yuri!

Le escuché bufar mientras su cabello volaba con sus primeros movimientos y dejaba su estela perfumada sobre mi frente

—¡Estás tan duro!

Repicaba entre dientes y no dejaba de frotar su pubis contra el mío vehemente y salvaje.

—¡Te… de-seo!

Tensaba el rostro, el cuello, el pecho y uniendo su voz a mis gemidos.

—¿Te gusta?

Afirme en silencio porque el calor intenso de mi cuerpo y la excitación no me permitían hablar.

—¿Quieres que te folle así?

Sus caderas no dejaban de moverse sobre mi entrepierna y podía sentir su polla quemando la mía aún por debajo de nuestros pantalones.

—Estás sudando Yuri.

Lamió mi cuello mojado y me sentí sucio y feliz al mismo tiempo.

—Tu olor me excita más.

Su voz había cambiado. Era más grave y más gutural, como un animal que gruñía mordiendo su presa.

—Estás mojado Yuri.

Mi polla ya no aguantaba tanta fricción y anunciaba que iba a terminar en cualquier momento.

—Oh, dios mío.

Mi hermano estaba gozando y ni siquiera habíamos desajustado nuestros cinturones. Nos estábamos permitiendo toda esa incontinencia y seguíamos manteniendo la pureza de nuestro parentesco.

—No resisto.

Me quejé como si estuvieran arrancando mis alas y mojé mis interiores, mi pantalón y el de Víctor. Él también se rindió. Un hilo de saliva cayó sobre mis labios y la bebí como el más dulce de los jugos que había probado.

Los ojos de Víctor se torcieron para atrás y vi cómo los músculos de su cara temblaban sin parar, al igual que sus brazos, su estómago, su firme trasero y apretada polla, que se contrajeron sobre mi cuerpo.

Mi hermano es un hombre que hasta hoy cuida su figura muy bien, siempre ha estado en forma y no tiene ni un gramo de sobre peso; pero en el momento que su cuerpo cayó sobre mí, me pareció que un enorme tronco me había aplastado.

En ese entonces yo era mucho más pequeño de lo que soy y mucho más delgado también.  Por eso sentí como si Víctor fuese un gigante, un lobo estepario o un tigre albino que acababa de morir y que me iba a asfixiarme con su peso. Pero que delicioso era sentir su cuerpo encima de mí, su perfume, el olor de su sudor, el olor de su sexo, el sonido de su corazón y su pecho agitado tratando de aspirar más aire.

Y tal vez habría muerto bajo sus brazos, pero mi cuerpo no aguantó más y lo empujé al suelo, sentándome de inmediato para poder respirar e imaginé que estaba colorado.

—Yuri ¿por qué no me dijiste que te estaba asfixiando? —Víctor permaneció tendido sobre la alfombra.

—Porque… se supone… que tú eres… el experto… y te das cuenta… cuando le quitas el… aire a tu…. —Iba a decir amante, pero me quedé callado porque no sabía cómo nombrarme.

—¿Amante? —Sonrió mordiéndose los labios, sentí el bochorno llegar hasta la punta de mis orejas—. ¿Hermano? ¿Novio? ¿Tentación?

—Pecado… un miserable hilo del destino me ha convertido en tu pecado. —Por fin pude respirar con amplitud—. No sientes que es más rico así.

—Y más peligroso también. —Bajó la mirada y contempló su pantalón mojado.

Se puso en pie y me tendió la mano, la tomé y me jaló hacia él. Volvió a besarme con algo más de cuidado cuando observó que aún tenía herido el labio y me dio una nalgada.

—¿Ahora vas a follarme en tu cama? —Pensé que lo que habíamos sentido era un preludio de lo que se venía más adelante. Yo deseaba que así fuera, no me importaba el dolor de mis golpes ni mi cansancio.

—No, ahora te vas a dar un buen baño y te vas de inmediato a la cama. —Me acarició la mejilla con la suya mientras me apretaba una vez más entre sus brazos.

—¿A la tuya o a la mía? —Insistí porque quería saber si ya me estaba ligando.

—Yuriiii… tenemos que dormir temprano, mañana es día de semana. —Estiró los brazos y caminó hacia su dormitorio.

Potya estaba cerca de la celosía, parece que mi gato se preguntaba qué diablos estábamos haciendo Víctor y yo hacía unos instantes en el sofá porque sus ojos estaban fijos en los dos y tenía las pupilas muy dilatadas.

—Podemos dormir en tu cama… —intenté seducirlo una vez más.

—Yuriiiii… no insistas. —Cerró la puerta de su dormitorio con seguro y escuché que cerraba incluso la puerta de su baño. Reí porque Víctor parecía estar huyendo como un conejo en la nieve cuando le persigue el lobo.

Entré en mi dormitorio, busqué un par de toallas, ingresé a la ducha y pude terminar de relajarme bajo el agua. Cerré los ojos y recordé cada uno de los movimientos, los suspiros, los gemidos y las palabras de mi hermano.

Él estaba a pocos pasos, cruzando el pasillo, también se bañaba y yo quería estar junto a él una vez más para volver a ver esos ojos agonizantes y cargados de placer.

Víctor.

Solo tenía que insistir un poco más para que se decidiera tomarme por completo, para que por fin su sexo y el mío latieran juntos, para que pudiera sentir cómo ingresaba en mi cuerpo y para que pudiera hacer realidad todas esas fantasías que creaba durante las noches que, excitado, me tocaba entre las sábanas.  

Notas de autor:

Cream brûlée – Es un postre que consiste en una crema cuya superficie se ha espolvoreado de azúcar con el fin de quemarlo y obtener así una fina capa crujiente de caramelo. Se aromatiza a menudo con vainilla, un licor, semillas o especias

Poliot – El pastel poliot fue uno de los favoritos durante la época de la URSS, pero la historia de su aparición es un misterio. Sin embargo, su tierna base de merengue y sorprendente crema de mantequilla son casi incomparables en lo que respecta a sabor. El clásico pastel poliot generalmente se sirve para las vacaciones.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

2 comentarios sobre “Tabú 42

  1. Siento que ha pasado tanto tiempo sin comentar uno de tus capitulos , la verdad es que consegui un trabajo que no me daba ni tiempo para respirar , pero siempre veia en mi correo por alguna actualizacion tuya y cuando aparecia que habias subido capitulo me emocionaba ,pero no lo leia por el tremendo estres que tenia acumulado ,ni siquiera comia nada ,tuve que renunciar porque ya no podia soportar la ansiedad , pero cuando fui a las oficinas a dejar mi renuncia ,me puse a leer tus capitulos y me senti en mi lugar seguro de nuevo , se que no significa nada viniendo de mi ,pero estoy feliz de que estes continuando esta historia ,me puse al dia y dejame decirte que ya no se de que lado ponerme ,no puedo creer que la mama de Victor se diera cuenta de su relacion clandestina,casi me desmayo ,la verdad es que no se como sentirme realmente con la relacion que estan llevando Victor y Yuri ,su amor es algo indescriptible y que por mas palabras que pongas ,nadie podra describir , ellos merecen ser felices y merecen encontrar una respuesta que los ayude a estar en paz con ellos mismos .No quiero que se separen ,la verdad que no ,pero cualquiera sea tu decision con respecto a esta historia ,la respeto ,eres una de mis fickers favoritas ,gracias por tu esfuerzo y dedicacion a esta ship y disculpame por el testamento .Espero con ansias tu siguiente actualizacion.

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    1. Lady estoy retomando después de dos semanas la historia y me encantó encontrar tu mensaje. Gracias por ese aliento y nos seguiremos encontrando todas las actualizaciones hasta culminar. Aún falta mucho. Saludos.

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