Retorno a Atlantis 27


Epílogo

El primer paso que dio Jean cuando ingresó en el departamento que compartían con Yuri le permitió recordar aquel primer día que el chico de oro ocupó la habitación de al lado y se convirtió en su roomie.

Recordó que ese día llegó por la noche muy cansado y que en la mesa de la cocina le esperaba un papel con un mensaje que decía: “en el horno hay pirozhkys y algo de crema agria en el refrigerador”.

Desde ese día Yuri, el chico irascible que era el mejor alumno de primer año de su facultad, dejaba pequeños detalles para él cuando muchas veces llegaba tan cansado de la universidad, que ni tiempo tenía de preparar algo de comida o una bebida caliente y se tumbaba en la cama sin quitarse la ropa para dormir unas cuantas horas y estudiar por la madrugada.

Recordó que fueron esos detalles y algunas expresiones de niño bueno, que Yuri demostraba en el momento menos esperado, los que lo acercaron cada vez más a él y que, con el tiempo, se convirtieron en imprescindibles en su vida y lo enamoraron.

Jean ingresó a la sala y saludó con una caricia al peludo Potya que, con pasos elegantes y pequeños maullidos, le dio la bienvenida. Observó los carteles de sus películas favoritas que, enmarcados y distribuidos de manera armónica, adornaban la sala y pudo recordar el día que decidieron decorar con ellos todo el departamento. A su memoria llegaron los momentos de esa tarde divertida de sábado que pasaron ubicándolos y la cena con la que celebraron ese pequeño logro en su vida de pareja.

Yuri ingresó al departamento portando una maleta azul y de inmediato fue al dormitorio principal que esperaba por Jean desde hacía dos meses atrás. El “viajero” entró a la habitación tras de Yuri y cuando miró el gran espejo sobre la cama sonrió recordando el motivo principal por el que decidieron ponerlo en ese lugar: apreciar cada detalle de sus cuerpos y movimientos cuando hacían el amor.

En los últimos dos meses, Jean tuvo que recuperar la sensación de su cuerpo adormecido y la mayoría de sus recuerdos a fuerza de terapias motrices y de regresión; pero todavía tenía muchos vacíos en la memoria, como algunas etapas de su adolescencia y los días previos a la aventura en el Atlantis. No recordaba la discusión que Yuri y él tuvieron antes de su viaje.

—¿Quieres que prepare algo para cenar? —preguntó Yuri observando por la ventana el lento encendido de las farolas en la calle.

—Creo que tenemos una bañera en el cuarto de baño… quiero relajarme en ella contigo. —Jean había extrañado tanto a Yuri durante esos años de encierro en la prisión virtual y esos dos meses que pasó en la clínica, que lo primero que pensaba las noches que pasó sin él, era en abrazar su cuerpo desnudo y amarlo sin prisas.

Yuri sonrió y su mirada felina se iluminó con un pequeño destello de lujuria que comenzaba a aflorar en sus venas. Preparó el baño con algunos productos aromáticos y relajantes y, cuando tuvo lista la bañera, recibió a Jean entre sus brazos.

Él todavía tenía que recuperar la sensación en el brazo derecho, pues si bien podía moverlo, aún sentía un ligero adormecimiento sobre la piel. Un baño caliente y con suaves fragancias a manzanilla y bergamota tendrían un buen efecto.

Jean ingresó al cuarto de baño y Yuri, al verlo desnudo con la piel pálida y los hombros caídos, se acercó a él y acariciando sus pectorales lo besó con tanta pasión que liberó sus instintos y pronto se vio envuelto en caricias, besos, susurros, saliva y vapor.

Yuri, quien se había preparado con anticipación para una noche de entrega, recibió la cálida erección de su amado dentro de su cuerpo. El agua tibia de la bañera permitió que la piel de Yuri resbalase sobre la de Jean, que sus caderas se movieran sin parar y que su caliente interior apretara tanto el duro eje del gran falo canadiense que esos orgasmos anhelados llegaron seguidos. Fue tan delicioso sentir como el atlético JJ se entregaba con tanto fervor y tomaba todo de él y al mismo tiempo sentir cómo lo tomaba y demandaba sus besos, caricias y suspiros.

Para ambos habían pasado muchos años de espera para volver a sentir que eran una sola carne y una sola piel. Jean encerrado en la prisión de un frío exoplaneta y Yuri esperando por él entre los silenciosos y oscuros pasillos del Atlantis.

En el mundo real habían pasado solo unos cuantos días. En la realidad Jean y Yuri estaban a escasos dos metros de distancia el uno del otro, siendo monitoreados contantemente por el personal técnico y científico de la facultad de medicina.

Toda esa experiencia había quedado atrás, ya estaban juntos en ese cómodo departamento de universitarios al que llenaron con los colores y los aromas de un verdadero nido. Estaban juntos sintiendo el calor de sus cuerpos, la textura de sus labios y la sensación deliciosa de sus pieles mojadas.

Los besos supieron más dulces, las caricias fueron más suaves, las envestidas de Jean más intensas y los gemidos agudos de Yuri más sonoros. No importó que el agua se derramase por todo el cuarto de baño, que Puma Tiger Scorpio maullara en la puerta del baño hasta cansarse o que el teléfono sonara varias veces y en la contestadora los amigos dejaran mensajes.

Con los cuerpos mojados sobre la cama escribieron otra vez su historia de amor y cuando borrachos de placer soltaron sus últimos resuellos, Jean acogió a Yuri entre sus brazos y mirando en el enorme espejo sus cuerpos y sus rostros satisfechos y se dejaron llevar por la sensación de totalidad que liberó sus almas.

Hambrientos tuvieron que moverse con cierta modorra hasta la cocina para preparar una gran cena y luego de unas copas de vino y de asearse mutuamente, se acostaron para dormir. Sin embargo, el sueño aún se negaba a cerrar sus párpados y ambos aprovecharon ese momento para compartir las ideas que todavía flotaban en el aire luego de tan difícil y extraña experiencia.

—Era todo tan real allá —comentó Jean contemplando las extrañas sombras que la lámpara de noche formaba en la pared de la habitación mientras sus dedos disfrutaban de la cálida piel de Yuri—. No existía ni la más mínima idea que estuviera viviendo una fantasía o algo construido por mi mente. Yuri, hasta mis sueños eran sobre esa vida.

—AIRIS hizo todo… aunque tú diseñaste en gran parte tu experiencia. —Con los labios pegados sobre el pecho de Jean, Yuri respiraba con calma el agradable aroma de su cuerpo.

—Tengo tantas preguntas… —Jean quería saberlo y entenderlo todo. Para él, una experiencia de esa magnitud no podía quedar con puntos importantes sin resolver.

—Tal vez te pueda ayudar con algunas respuestas. —Yuri acomodó su cabeza sobre el brazo de su novio y sus dedos comenzaron a jugar sobre esos duros pectorales.

—¿Qué era el rotor del Atlantis? —Jean estaba intrigado por saber cada detalle.

—Tu cerebro.

—¿Y esa luz lila?

—Eran luces oscuras que se ponían el momento que los médicos notaban mayor actividad cerebral, con ella ayudaban a activar más la inmunidad de tu cuerpo porque nadie debía moverte de tu posición ni siquiera para un pequeño baño de esponja. —Yuri volvió a acomodarse—. Los médicos descubrieron que la luz ayudaba a incrementar la actividad cerebral y comenzaron a usarla para intentar despertar a los durmientes. No sé cómo es que esa mamada funcionó con algunos durmientes, pero la mayoría seguían pegados a sus sueños.

Jean se quedó pensando en los demás detalles, imaginando cómo usaría toda esa experiencia para presentar su tesis en la universidad.

—¿Y Lazarus Gordon? —Jean recordó al ingeniero de rostro redondo, escasa barba y sonrisa amable.

—Era un programa-virus que implantaron los ingenieros para engañar al Sistema de AIRIS. Entró como si fuera la personalidad de alguien, pero en realidad era un mecanismo de apoyo. —Yuri recordaba cómo había resucitado a Lazarus Gordon en la nave dando paso ese momento para que pudiera ser insertado en las capas más profundas del sistema.

Para Jean siempre sería un hombre amable con el cual trabajó en algunas misiones, en especial durante la misión de la nave de rescate Amstrong y no podía imaginarlo como un cúmulo de “unos y ceros” que estaban adecuadamente diseñados y encriptados.

—Por un lado, estoy apenado que no hubieras podido venir y compartir todo este viaje juntos; pero por otro, agradezco que hayas desistido de integrar el equipo del Atlantis porque sin ti no hubiera podido regresar. —Jean apretó un poco más el cuerpo de Yuri al suyo y sintió esas delicadas pestañas rubias acariciando su costado—. Fuiste mi ángel de la guarda y te hiciste presente para salvarme, mi amor.

—Y de paso salvé a esos dos médicos idiotas que no me gustan para nada y a Otabek… —Yuri se quedó callado cuando nombró al kazajo compañero de semestre de Jean y su mejor amigo. Precisamente fue él quien los presentó en la facultad—. Oye he notado durante las terapias en el gimnasio que cada vez que el kazajo te mira se sonroja. ¿Hicieron alguna estupidez en la cárcel?

—¿De qué estás hablando Yuri? —Jean no entendió bien la insinuación de su novio.

—Tú y él… mierda… dijiste que fueron compañeros de celda en el experimento y ya sabes lo que a veces sucede entre dos tipos que están en la misma jaula… —Yuri insertó el dedo índice de su mano derecha dentro de un círculo que formó con sus dedos índice y pulgar de su mano izquierda e hizo un gesto obsceno.

—¡Yuri! —Jean gritó y saltó al mismo tiempo—. ¡Otabek era una especie de discípulo mío y yo solo pensaba en ti! —El bochorno se hizo notorio en el rostro de JJ que sin querer recordó el beso entre él y su amigo—. Las veces que tenía deseos carnales tenía que esconderme en algún lugar muy privado de la prisión para masturbarme y lo hacía pensando solo en ti.

—Con razón se te adormeció el brazo —dijo Yuri riendo y también provocó la risa de Jean.

El silencio que volvió a llenar la habitación solo era interrumpido por el sonido suave de la respiración de dos hombres que se abrazaban con inmenso amor y felicidad de pertenecerse.

—Hay noches que en mis sueños aún sigo siendo el capitán de una nave espacial o el prisionero de un planeta lejano y hostil. —Jean bajó su cuerpo y acomodó su rostro junto al de Yuri. El rubio comenzó envolver sus dedos entre los mechones del negro cabello—. No sé si un día olvidaré esa experiencia.

—No lo harás —comentó Yuri y con una mirada algo maliciosa añadió—. A veces hablas en sueños sobre esos recuerdos implantados… la otra noche te escuché hablando con Isabella y parecías muy feliz.

Jean Jacques sintió un súbito incremento de la temperatura en su rostro e imaginó que Yuri no se sentiría nada bien con esos recuerdos. Al fin y al cabo, él e Isabela fueron enamorados desde secundaria y solo un año después de su rompimiento el ruso llegó a su vida.

—¿Te sientes… mal por eso? —Jean también quiso mover sus piezas en el tablero—. ¿Estás celoso?

—Nop. —Yuri elevó las cejas y trató de disimular su molestia—. Isa es parte de tu pasado, supongo que la dejaste de querer y ya no piensas más en ella.

—No te molestes si te digo que hasta antes del viaje todavía guardaba cierto recuerdo de ella y tenía un poco de pena por nuestro fracaso, pero cuando te alejaste rumbo al Atlantis y te perdí sentí que te amaba tanto que fue como si arrancaran la mitad de mi cuerpo y viví así durante esos años de prisión. —Jean besó una vez más a Yuri para hacerle saber que ahora era su amor y que solo tenía corazón para él—. Yuri no puedo pensar en una vida sin ti.

—A mí también me dio miedo pensar que podías quedarte atascado en esa farsa y que tal vez los “viajeros” no regresarían jamás. —Yuri recordó ese dolor tan punzante cuando escuchó decir a uno de los docentes colaboradores del proyecto que tal vez habían perdido para siempre las conciencias de los participantes—. Por eso es que decidí entrar, si yo también me perdía sería contigo Jean.

—Pero tuviste amnesia durante un buen tiempo. —Jean buscaba hasta la más mínima explicación que le diera sentido a toda esa experiencia.

—Tenía recuerdos velados que no podía entender —aclaró Yuri mientras hacía memoria de los momentos en los que casi pierde la memoria como todos los durmientes—. Pero recordé todo lo que era verdad cuando me hicieron esa supuesta intervención en el cerebro y allí fue que me atreví a ir un paso más allá contigo y dejarte esa semilla de duda sobre la vida y la muerte.

Jean recordaba cómo habían crecido las ideas de Yuri en su mente y cuando vio los supuestos milagros pudo creer en él. Solo así se atrevió a renunciar a todo lo que le ataba al programa AIRIS.

—Pero ahora estamos aquí, esta es nuestra realidad mi amor y no volveré a jugar con estas ideas de programar el cerebro humano para recibir más conocimientos y experiencias. —Jean sopesó el peligro que había corrido en ese lugar a donde viajó su mente—. Nunca más seré de nuevo un “viajero” y un “soñador”. Te lo juro.

—¿Jean y si todavía somos viajeros y soñadores? —Yuri suspiró y se acomodó mirando su imagen en el espejo del techo.

—¿Qué estás queriendo decir? No me asustes. —Jean se separó un poco de su amado y observó su reflejo con mucho temor—. ¿Estás diciendo que esto que vivimos podría ser un programa?

—No necesariamente un programa como lo fue el AIRIS. —Yuri se sentó sobre sus piernas y tomó la mano de Jean—. Jean, los últimos descubrimientos de la ciencia sugieren que este es un mundo de apariencias, como si todo lo que experimentamos fueran solo sombras o efectos de algo.

—El universo es un holograma y nosotros somos parte de ese holograma solo como proyecciones de otra realidad —complementó Jean.

—Sí, como los avatares de los videojuegos. —Yuri intentó darle una explicación más visual.

—Pero si nosotros somos como programas, entonces quiere decir que existe un programador. Eso sería igual a decir que existe un creador de esta realidad o del universo en el que vivimos. —Jean se sorprendió con sus propias palabras—. ¿No estarías contradiciendo tu ateísmo?

—No necesariamente, pues yo no pienso que existe un creador que nos ha hecho a imagen y semejanza suya, que nos observa todo el tiempo, nos premia y nos castiga.  —Yuri elevó la mirada hacia el cielo raso e imaginó el momento del Big Bang—. Yo creo que existe un principio que activa el universo con el Big Bang y luego lo deja expandirse de acuerdo a las reglas que ha programado.

—El principio antrópico señala que solo por el hecho de preguntarnos por un dios significaría que este sí existe. —Jean recordaba sus clases de ciencia en la secundaria con un sacerdote jesuita.

—Si las condiciones del universo fueran distintas a las que se tienen. Si la fuerza de gravedad fuera un poquito más pequeña o si la taza de expansión del universo fuera diferente. —Yuri había escuchado decir a su abuelo esta interesante teoría—. Si la velocidad de la luz fuera distinta o la relación entre protones y electrones fueran diferentes, el universo tal vez no sería un lugar propicio para que existiera la vida.

—Son veinticuatro constantes que se necesitan para que el universo funcione tal como es. —Jean había escuchado la misma teoría en una conferencia con un doctor en física—. Si todo está programado de esa manera tan específica y detallada para que exista vida entonces…

—¿Quién programó al universo? —Yuri complementó.

—Dios. —La expresión de Jean no fue una afirmación. El suspiró que salió junto con ella confirmaba que solo estaba pensando en voz alta junto con su amado—. Pienso que existe un conjunto de inteligencias que han organizado el universo, incluso lo que la nueva teoría asegura es un multiverso.

—Yo creo que somos una parte de esos creadores y que solo nos manifestamos en el este mundo como si fuésemos sus propias proyecciones. —Yuri señaló su cabeza.

—Pero entonces… todo lo que planificamos, hacemos y decimos cada día… todas nuestras experiencias y nuestros sueños ya estarían programados. —Era indescifrable el vacío que Jean sentía cuando pensaba en esas ideas—. No habría un libre albedrío.

—Los científicos ya tienen un par de pruebas que demuestran que el universo es solo un holograma y que todo lo que existe fuera de nosotros solo sería producto de la relación de nuestra mente y los sentidos para darle forma, color, dimensión y temporalidad a nuestro mundo. —Yuri acarició la mano de su amado Jean y al ver su rostro tan contraído por esa información la apretó con más fuerza—. Todo lo de afuera solo es una proyección.

—¿Incluso esta caricia tuya? —Jean se mostró algo apenado.

—Sí, incluso el placer y el dolor, por eso todas las experiencias son efímeras. Es un efecto que no puede mantenerse por mucho tiempo, más que en nuestra memoria. —Yuri buscó la mirada perdida de su amado—. Pero la intención de esta caricia, el deseo de un beso, la voluntad de estar junto a la persona que amas, la decisión de amar a quienes son tus seres más cercanos, eso sí que está fuera del programa y del programador. Al menos así lo siento yo.

—¿Significa que cuando llegue la muerte despertaremos en otro dormitorio pegados a una máquina? —Jean recordó el momento que tomó consciencia que no había muerto en el Atlantis y que aún respiraba en esta dimensión.

—No necesariamente, algunos están tan aferrados a este programa mental hecho por los grandes programadores del multiverso —Yuri semejó las comillas de la palabra programadores con los dedos—, que se quedarán como dormidos o se consumirán en su deseo por retornar a ser parte del holograma.

—¿Y quiénes despertarían en esa otra realidad? —A pesar de su formación científica, Jean aún tenía dudas existenciales muy grandes.

—Solo los puros de corazón… —Yuri miró la reacción de sorpresa de Jean y no pudo aguantar la carcajada.

Jean se molestó un poco porque una vez más sintió que Yuri se burlaba de su fe católica y de sus creencias en un dios supremo y un hijo unigénito y un espíritu santo que no podía comprender.

—No te enojes Jean… ya sabes que las religiones son creencias para explicar lo que no podemos aún demostrar y están muy manoseadas por los hombres; pero la ciencia ya está dando ciertos conceptos de las verdades que fueron solo campo de la fe y la espiritualidad. —Yuri volvió a acostarse y jaló a Jean junto a él—. Si nos aferramos a este mundo, no como un sacrificio moral sino como una visión consciente, sabiendo que todo el universo es una organización programada y que en verdad no es como lo describen nuestros ojos y mentes limitadas, entonces pienso que podremos despertar al otro lado.

—Y… seremos dioses.

—Dioses que quisieron saber qué era no ser un dios y por eso se convirtieron en hombres.

—Esta es una de las razones por las que tanto te amo Yuri. —Jean acercó su rostro al de Yuri y buscó una vez más sus labios—. Porque pones mis pies sobre la tierra y al mismo tiempo permites que mi espíritu vuele.

Los amantes volvieron a besarse con mucha pasión, apretando los labios y probando el jugoso sabor de sus lenguas. Volvieron a estrechar sus cuerpos para sentir ese breve instante de unión entre sus almas cuando el orgasmo les permitía probar una pizca de la llamada “pequeña muerte”.

Juntos entendieron que el universo entero podría desaparecer, pero que su amor seguiría intacto hasta el momento que despertasen en la otra vida.

Y tal vez cuando nuestros cuerpos cansados de tanto vivir, arrugados y tensos lleguen a su límite. Cuando nuestras almas agotadas de buscar los placeres de este universo material se den por vencidas, nosotros también podremos despertar y comprender que solo… estábamos soñando.

Notas de autor:

¿Se han preguntado alguna vez si todo lo que vivimos no es solo una proyección mental de los dioses o de nuestras propias conciencias? Creo que la ciencia en los próximos cien años va a rasgar el velo que nos separa de esa realidad a la que muchos llaman “muerte”.

Solo quiero agradecer a todas las personas que me dieron su aliento e hicieron posible que “Retorno a Atlantis” sea una realidad y hoy todas le pongamos el punto final.

Agradecer una vez más a Isisbelleart por haber hecho esta convocatoria para escribir fics de una ship muy especial.

Y agradecer como siempre a las chicas que crearon el blog por permitir que estos mundos mágicos como son nuestros fics se hagan realidad.

FIN

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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