Herida de Guerra


Nota: One-shot escrito de acuerdo a las temáticas de la semana especial organizada en el grupo Victuuri is Love & Life de FB #VeranoVictuuri #SummerVictuuri

Día 1: Sol / Bronceado

Herida de Guerra

La playa, ese lugar hermoso y muchas veces paradisiaco en donde la gente suele ir a relajarse. Ese paraíso de arena blanca y mar cristalino en donde, año tras años millones de turistas se congregan para disfrutar de las delicias de uno de los mejores ecosistemas que nos ofrece nuestro hermoso planeta.

El constante calor insta a los presentes a degustar una deliciosa bebida fría y a engullir comida fresca, como las típicas sandías que se pueden ver por todas partes en la exótica playa de Okinawa. Acomodados ordenadamente en filas, los camastros y una que otra sombrilla adornaban el blanco paisaje de arena asemejando lunares coloridos sobre un manto color piel. Las olas que poderosas rompen frente a la playa, completan el magnífico paisaje que se extiende más allá del horizonte con el mar abierto enmarcado en él. 

Visto desde este punto de vista, para muchos de nosotros, unas vacaciones de verano en la playa seguramente serían un placer digno de vivirse, pues a pesar del calor, la fresca brisa marina constituyen un perfecto contraste de temperaturas y sensaciones. 

Y eso es precisamente lo que pensaba Yuri Plisetsky, vestido con una bermuda negra y una rica bebida de piña (sin alcohol, porque es aún menor de edad), dejaba que su cabello rubio goteara libremente, para que de esta forma, refrescara un poco su torso expuesto al sol. 

Yuri había pasado la mañana nadando y relajándose un poco del ajetreo normal en su vida como patinador profesional y, debido a una loca idea de Víctor, quien argumentó que era necesario relajarse un poco de la presión del entrenamiento pre-competencias, ahora ellos se encontraban, junto a Katsudon “vacacionando” en la hermosa playa de Okinawa. 

Una vez hubo salido de la playa, Yuri, bebida en mano, buscaba con la mirada por todas partes a sus “compañeros de vacaciones”. No era como que le importara saber dónde estaban o que incluso lo hubieran dejado solo. No, no era así. Sucedía que pronto sería hora de la comida y era más cómodo para él dejar que Katsudon pidiera por ellos en lugar de hacerse entender en inglés o con señas. En verdad el rubio se había tomado muy en serio, por primera vez, aunque suene inaudito, el consejo de Nikiforov acerca de no pensar de más.

“Se siente tan bien relajarse por un rato”. Pensó Yuri en ese momento, sin embargo, dejemos ese pensamiento como un secreto entre él y nosotros, pues ni loco, la joven promesa del patinaje artístico de Rusia, aceptaría que Víctor Nikiforov tenía razón. 

Volviendo con el meollo principal de este escrito, Yuri no lograba divisar a sus compañeros por ningún lado. Sin pensarlo mucho y queriendo obviar los hechos, el joven ruso se dirigió a la habitación de hotel que, para su suerte, compartía con los otros dos patinadores. 

En su momento, Yuri había reclamado hasta hartarse, pues no le parecía muy cómodo compartir una habitación con dos de sus acérrimos rivales. Sin embargo, después de constatar que la habitación era lo suficientemente cómoda y grande para los tres, el rubio no tuvo más opción que aceptar.

—Aunque deberás taparte los oídos en la noche, Yurio —había mencionado Víctor provocado un escándalo en ambos Yuris. El japonés avergonzado, el ruso disgustado. 

Afortunadamente, para ser la primera noche, ningún ruido lascivo había llegado al fino oído del joven patinador. Parecía que Nikiforov iba en serio y el objetivo principal de estas improvisadas vacaciones era realmente relajarse y descansar. 

Yuri llegó a la puerta de la habitación y, sin miramientos abrió la puerta corrediza. La acogedora y solitaria, en se momento, suite le dio la bienvenida. El joven ruso entró a la habitación y después de escanear rápidamente con la mirada, se aseguró de que efectivamente no había ni un alma en la estancia.

Sin preocuparse y debido a su estado relajado del momento, Yuri se encogió de hombros y se dirigió hacia la cama donde reposaba su equipaje. Tomó su celular y se tumbó sobre la mullida cama que, en un arranque de sus conocidos caprichos, se encontraba detrás de un oscuro biombo que podía ocultar a la perfección su delgada silueta. 

Con la habitación tan fresca y el ambiente relajado del hotel tradicional, poco a poco Yuri Plisetsky se fue rindiendo ante los brazos de Morfeo. 

Yuri se removió un poco de su cama cuando insistentes murmullos se colaban por su oído y le impedían conciliar una vez más el sueño. Intentó acomodarse en otra posición esperanzado a dormirse de nuevo; sin embargo, al escuchar un par de voces conocidas, el rubio terminó de volver en sí y se dispuso a desperezarse para interactuar con sus compañeros de cuarto de una vez.

 —Te lo voy a poner y no aceptaré un no como respuesta —la voz de Yuuri, quien por cierto se escuchaba molesta, llegó a los oídos de Plisetsky. No era común que Yuuri hablara con ese tono de voz, lo que ocasionó que Yuri optara por no interrumpir.

Lo que más odiaba era entrometerse en peleas maritales.

—¡No quiero! —Se limitó a contestar Víctor—. ¡No lo haré y no hay forma de convencerme!

—Por favor, —la voz de Yuuri, ahora esa suave y hasta cierto punto seductora, esa clase de voz que el mismo Plisetsky sabe su tocayo usaba para convencer a Nikiforov de hacer cualquier cosa—, hazlo por mi. Lo necesito. En verdad lo necesito.

Un minuto de silencio se hizo presente en la habitación. Yuri contuvo la respiración. Sabía que ni Yuuri ni Víctor lo podían ver a través del biombo, así que no había otra forma más que hacer ruido de que ellos se dieran cuenta que él estaba ahí.

Se escucharon un par de pasos y luego el sonido del cierre de unas maletas al abrirse.

—¿Lo trajiste? —preguntó la voz de Víctor.

—Nunca salgo sin él —la voz de Yuuri contestó y, lo que le patinador japonés dijo después, heló la sangre de Yuri—: Quítate la ropa. 

—¿Es necesario? —contestó Víctor.

—Para mí, sí —contestó Yuuri, con seriedad—. Quítate la ropa o será peor.

La voz de comando de Yuuri impresionó a Plisetsky, quien contuvo un grito de la impresión. Su mente trabajaba con rapidez y ahora, estaba imaginando el peor escenario posible.

—Víctor, hablo en serio —volvió a repetir Yuuri, más serio que nunca—. Te quiero en la cama, ahora.

—¡No quiero, Yuuri, me va a doler! —chilló Nikiforov. Con claridad, Yuri se imaginó la cara de puchero de la leyenda del patinaje artístico. Esperaba él que eso bastara para que Yuuri desistiera de su malévolo plan.

—Si te sigues negando, en verdad te va a doler —argumentó Yuuri.

—Que quede claro, Yuuri, que esto solo lo haré porque te amo —la voz quebrada de Víctor sorprendió de sobremanera a Yuri. El adolescente estaba conmocionado, nunca él hubiera pensado que Katsudon sería capaz de semejante acción atroz—. ¿Contento? Ya estoy en posición.

—Voltéate —ordenó Yuuri—. Tengo que embarrarlo bien. 

“No lo hagas, Víctor”. Rogó Yuri con todas sus fuerzas y, sin embargo, el leve crujido de la cama contigua le indicó al rubio que Víctor había acatado al pie de la letra la imposición.

—Yuuri —escuchó el rubio a Víctor musitar—. ¿Me arderá?

Lo voz de Katsudon era melosa, suave. Seductora como solo Katsuki sabía modularla. Yuri no podía salir de su asombro. 

—Solo al principio, cariño, después incluso lo disfrutarás.

Definitivamente Yuri tenía que salir de ahí… no sabía cómo su peor pesadilla se había vuelto realidad. Estaba a punto de escuchar a Katsudon cogerse a Víctor y nada, absolutamente nada en el mundo lo hubiera preparado para semejante trauma.

Odiaba encontrarse en el peor lugar en un maldito pésimo momento. No había porqué ver nada, y tampoco era como si quisiera interrumpir. Como loco el chico buscó sus audífonos, esperando que tal vez el ruido del género metal de la música lo ayudara a aplacar los ruidosos gemidos que seguro iba a escuchar. 

Yuri estaba a punto de activar el reproductor cuando un lastimero quejido activó una alerta en su cerebro. Era Víctor. Víctor clamaba y lloraba que Yuuri se detuviera y dejara de hacerle lo que sea que le estaba haciendo y embarrando. Se escuchaba que ambos estaban forcejeando, pues cada quejido de Nikiforov, eran contestados por un ahogado gemido de Yuuri que le indicaba, en medio de cada respiración que dejara de quejarse y que pronto terminaría, que pronto se sentiría mejor. Plisetsky no sabía qué tan rudo era el uno con el otro, pero definitivamente no dejaría que ninguno de los dos se pasara de la raya. Preparando su mente para el peor escenario, el autoproclamado Tigre de Hielo, salió detrás del biombo dispuesto a enfrentar lo peor.

—¿Qué demonios le haces al calvo, Katsudon?

No obstante, de inmediato, todo en la mente de Yuri fue confusión. Frente a él, estaba un aturdido Yuuri sosteniendo una botella de lo que pudo identificar era bloqueador, en la mano. El joven japonés estaba sentado a la orilla de la cama, con una buena dosis del ungüento listo para aplicarlo en lo que Yuri identificó como la roja y quemada espalda ancha de Víctor Nikiforov, quien de espaldas a Yuuri se quejaba por las quemaduras que en su momento fueron ocasionadas por el Sol.

—No sabía que estabas aquí, Yuri. Estábamos buscándote para comer —comentó Yuuri, como si nada.

—Sí, bueno… —Yuri rascó su nuca avergonzado. Había pensado mal, muy mal. Sintió enrojecer al darse cuenta que había dejado volar su imaginación en exceso—. ¿Qué hacen?

Yuuri restregó un poco sus manos y, sin miramientos aplicó el bloqueador sobre la lastimada espalda de Víctor. El aludido de inmediato comenzó su lamento cual valija desvencijada.

—Víctor, quien olvidó ponerse bloqueador, se quedó dormido boca abajo en la playa. Ahora, aún con su espalda roja sigue sin querer usar bloqueador.

—¡Es que me duele! —exclamó con dolor Víctor—. Yurio, dile a Yuuri que deje de torturarme.

—Ni hablar —negó el rubio, quien se cruzó de brazos—. Sabes que siempre hay que usar bloqueador. ¿En qué estabas pensando?

—¡Lo olvidé, lo siento! —admitió Víctor—. Solo estaba muy emocionado por venir con ustedes. 

Muy a su pesar, Yuri sonrió. El chico observó a su tocayo y comprobó que también tenía una sonrisa en su rostro, en el mismo instante que se dirigía a la salida.

—¿A dónde vas Katsudon? —preguntó Yuri.

—A recepción, iré a conseguir un poco de vinagre —Yuuri abrió la puerta y antes de salir agregó—. ¿Podrías cuidar que Víctor no se rasque la espalda, por favor?

Se escuchó el ruido de la puerta al cerrarse y Yuri suspiró con alivio una vez más. Se sentía pésimo de haber pensado de esa forma de Katsudon, aunque solo fuera por un breve momento.

—¿Te preocupaste por mi? —la voz de Víctor lo sacó de su ensimismamiento.

—¿De qué estás hablando, viejo calvo? —contestó Yuri a la defensiva.

—Quizás Yuuri no se diera cuenta —comentó Víctor—. Sin embargo, yo sí me percaté de que estabas en la habitación. ¡Sí que tienes una mente muy sucia, pequeño gatito!

Yurio y Víctor pelearon un rato más hasta que Yuuri llegó con el vinagre. De ahí, Yuri ayudó a su tocayo a inmovilizar al mayor de los tres, pues Víctor se negaba en aplicar cualquier cosa sobre su lastimada piel. Al final, estaban a punto de terminar el casero tratamiento cuando un rasguño en la espalda de Nikiforov llamó la atención del joven patinador.

—¿Y esto? —preguntó sin mucho miramiento.

—Oh, es solo una “herida de guerra” —contestó Víctor antes de volver a ponerse el yukata—. Tengo mucha hambre, ¿ya podemos ir a comer?

Los tres alistaron sus cosas para salir de la habitación. Más repuesto y después de su berrinche, Víctor tomó a su novio de las manos y se adelantó junto a él al comedor. 

Yuri observó la puerta abierta, que lo invitaba a salir y disfrutar una vez más del paradisiaco lugar. No obstante, su cabeza optó por hacer clic en un pensamiento innecesario.

—¡Maldición, Víctor, no vuelvas a mencionar eso! —gritó Plisetsky al captar el significado de la frase “heridas de guerra”, un escalofrío recorrió toda su espina dorsal pues no, definitivamente no quería siquiera imaginarse semejante situación—. ¡Me las pagarás, Víctor, me las pagarás!

Y así, dos novios enamorados y un malhumorado gatito continuaron disfrutando sus bien merecidas vacaciones de verano.

FIN

¡Hola!

Este es mi primer aporte a esta semana, seguramente los demás aportes no serán igual de largos que este, ya que no recibí iluminación de los dioses de la inspiración.

De hecho, este OS ya lo había publicado (en versión drabble en el grupo), sin embargo, ahora lo he modificado y le he agregado detalles acorde a las temáticas.

¡Espero les haya gustado!

Nos vemos pronto.

xoxo

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

4 comentarios sobre “Herida de Guerra

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