Tabú 40


La semana de la moda en Milan coincidió con un alto en las actividades del equipo que, debido al accidente de los chicos de la escuela internacional San Christopher, tuvimos que parar de forma obligada esos días nuestras presentaciones.

Víctor tenía los pasajes listos para el equipo que partiría el domingo y se presentaría los días martes y miércoles en dos escenarios históricos y que, según los expertos, eran como cabalísticos para cualquier firma que deseara empezar con buenos pasos el año. Mi hermano se puso muy feliz cuando le informé que habían suspendido las presentaciones y de inmediato fue al colegio a hablar con su amigo Popovich para que me diera una licencia en los entrenamientos.

Le había jurado que regresaría para el día jueves antes de las cinco de la tarde y que me incorporaría a las prácticas de inmediato. Me contó que el entrenador se había negado en darme ese asueto, pero que él lo convenció con dos teléfonos: el primero de una modelo cuya carrera estaba en paro porque había culminado una relación de años con su representante y el otro de una amiga en común que Georgi no veía desde la secundaria y que había regresado triunfal a la ciudad.

Hubiera querido que el entrenador no aceptara la propuesta de Víctor pues yo no tenía ganas de ir a la semana de la moda de Milán. Sabía bien que sería muy aburrido porque la mayor parte del tiempo la pasas corriendo entre el hotel y los locales de presentación para los ensayos y como en Nefrit solo me necesitaban para darle mi imagen de chico emprendedor y heredero responsable de Mirko Nikiforov, podía ver que la pasaría más tiempo en el hotel.

Para mi mala suerte Popovich aceptó y supongo que pesó más las necesidades de su pija que las necesidades del equipo.

Dejé a Potya con la vecina amable del nivel bajo a quien mi gato le tenía algo de confianza y partí junto con los diseñadores de Nefrit para una de las grandes plataformas de presentación de la moda, además de París, Londres y París; Milán.

Lilia era la que miraba con más entusiasmo la presentación de la casa de modas porque durante esos dos meses las diseñadoras que manejaba Mila habían logrado maravillas de diseños clásicos y elegantes; nada extravagante para la temporada invierno de ese año. ¡Y no tengo que recordar que las temporadas se presentan con casi un año de anticipación!

La colección contenía el trabajo conjunto que hicieron Mila y las cuatro virtuosas como las había calificado Víctor. Un total de doce prendas adecuadas para lucir en eventos de gala. Lilia preparó cinco piezas muy elegantes como para fiestas dentro de algún círculo palaciego y yo puse mi cuota con dos vestidos muy sugerentes que se inspiraron en la bella figura de Mila.

Nos alojamos en el Square Milano Hotel y junto con Víctor ocupamos una suite pequeña pero bien equipada con lo último de tecnología y un pequeño espacio para juegos virtuales. «Por lo menos no me aburriré tanto», pensé.

Y es que mi hermano se la pasaría en un evento de negocios que duraría los dos primeros días, tenía el objetivo de hacer un par de convenios con proveedores de algodón de Brasil y de la India, pero su objetivo principal era firmar un convenio con AZURI un gran almacén de las mejores marcas para que a través de sus tiendas pudiéramos ingresar al mercado árabe y para lo cual ya había dispuesto el estudio de consumidores.

Ese lunes frío me quedé en la cama hasta las diez, pero mi hermano ingresó a la habitación que yo ocupaba para despedirse a las siete y media de la mañana. Vestía un traje exclusivo en color gris mineral que yo había dibujado unos meses atrás y llevaba encima ese perfume que despertaba mis fantasías.

—Un día estarás asistiendo a estas negociaciones junto conmigo Yuri. —Sus manos largas y cálidas acariciaron mi rostro y no pude evitar sentir esa extraña corriente que atravesaba mi estómago cada vez que estaba muy cerca de mí.

—Pero noche antes habremos hecho el amor como leones. —Mordí mis labios y sonreí al ver como intentaba ocultar sus deseos tras ese entrecejo junto—. Ya sabes… coitos cortos… cada quince minutos.

—Pórtate bien Yuri, recuerda que los ojos de Lilia y del resto del equipo están sobre nosotros. —Se acercó un poco más para besarme en la frente y yo me moví con rapidez para que ese beso terminara en mi boca.

Lo atrapé varios segundos y bajo mi vientre florecieron las punzadas agradables que excitaban mi cuerpo, podía sentir cómo se llenaban mis cavidades con la sangre y adoraba ese dolor placentero.

Víctor se apartó y miró su reloj.

—Procura estar con el equipo Yuri —recomendó y sonriente salió de la habitación.

Me pregunté cómo sería el día que amaneciera en sus brazos luego de haber sentido su fuerza de hombre dominando mi cuerpo y mis movimientos. Me hundí en la cama y me masturbé con tanta prisa concentrando mi mente en los gestos de placer que Víctor me mostró la noche de la presentación de la colección primavera.

En mi imaginación Víctor mordía sus labios y sus resuellos se escuchaban en toda la habitación y yo contemplaba sus ojos entrecerrados que se convertían en verdaderas brasas. Me veía subiendo y bajando mis caderas mientras mi hermano pedía que lo folle más … ¡Qué mierda! Yo estaba encima de Víctor y me hundía en su cuerpo. No me importó quien estuviera encima o debajo, lo que me importó fue sentir que era él quien me provocaba el placer de imaginarlo mío por completo.

El calor me invadió y bajo las cobijas de la cama el aire era tan escaso que me permitía ampliar las sensaciones placenteras de mi cuerpo, apreté mis glúteos y caderas, me cubrí con la mano la boca y retuve el orgasmo en dos oportunidades hasta que no pude resistir ese chorro potente de energía que corrió de mi pelvis a mis pies y mi cabeza. Sentí como se desenvolvía y cómo bajaba o subía hasta atrapar por completo mis músculos que se movían sin que pudiera detenerlos.

Cuando todo pasó me quedé quieto, tratando de recobrar el sentido y a la vez con el deseo de quedarme por siempre allí en ese cálido lugar. Lo habría hecho; pero necesitaba respirar a plenitud, así que boté los cobertores y aspiré todo el aire que pude volviendo a la vida, con un gesto de idiota en la cara y una gran sonrisa en los labios.

Cuando Lilia me llamó para que fuera a desayunar con las muchachas ya estaba vestido y secaba mi cabello con la toalla. Diez minutos después me uní al equipo y después de engullir al hilo tres sándwiches que estaban puestos en la bandeja y tomar todo el vaso de jugo, miré a Lilia y le rogué que me dejase ayudarlas tras los vestidores la noche de la presentación.

—Lo siento Yuri, Víctor y tú son nuestras figuras representativas. —Lilia fue clara y sabía que por más ruegos que hiciera no la convencería—. Además, ¿qué clase de diseñador serías si no vieras la presentación de la competencia?

—Eso puedo hacerlo y a cada rato observando el video de presentación. —Estaba molesto porque además de estar sentado por dos horas de desfile, tendría que soportar a algunas personas un poco retrasadas que me hablarían de su dinero y de sus últimas cirugías estéticas.

—¡Yuri Nikiforov no me discutas! No se vería bien que Víctor estuviera solitario entre el público, ahora su imagen la asocian a la tuya y ya es hora que la vayas trabajando. —Lilia se puso en pie y entró a su habitación para sacar un maletín lleno de implementos de costura con el fin de afinar detalles sobre las modelos durante el ensayo.

—A propósito de imagen Yuri ¿con qué traje piensas ir mañana a la presentación? —Una bruja de ojos azules se metía en mis asuntos como siempre—. No vi tu vestuario.

—Iré con un traje de Liberty. —Esa era la marca de moda para los jóvenes, ropa casual y deportiva.

—Estoy hablando en serio tonto. —Mila se mostraba sorprendida por mi elección.

—Yo también bruja. —Me puse en pie y tomé el maletín de Lilia porque pesaba demasiado.

Ella nos apuró y las chicas sujetaron los trajes que se hallaban colgados de un perchero especial que proporcionó el hotel. Teníamos que aprovechar los cincuenta minutos que tendríamos al mediodía para el ensayo general pues eran tantas la firmas reconocidas y nuevas que se presentarían esos días que los organizadores dispusieron tiempos muy ajustados entre todas.

Entramos al auto de alquiler y mientras miraba las calles de Milán rebosantes de gente hermosa y miradas cotidianas; me puse a pensar que ese lugar estaría atestado de modelos, diseñadores, fotógrafos y medios de comunicación cubriendo las previas, no me gustaban las multitudes; pero como Lilia decía, si quería seguir los pasos de mi padre tendría que hacerme a la idea que eso era parte del trabajo y la vida de un diseñador.


Colores, pasos, pelos, chaquetas, luces, tacones, laca, gritos y sonrisas nerviosas. El backstage estaba repleto de modelos, cuanto más delgada mejor, cuanto más atléticos también; cuanto más andróginos, eso sí era insuperable.

Los diseñadores se pasaban gritando y agitando las manos, los estilistas acomodando los pelillos salidos de los moños, los y las asistentes recargando todo lo que podían en sus brazos, buscando algún accesorio perdido y mostrando sus nervios de acero y paciencia sin límites cuando los talentosos se quejaban por cualquier estupidez.

Afuera los lugares estaban casi llenos de celebridades, algunas con sonrisas nuevas gracias a una buena cirugía que escondía esas pequeñas arrugas de los ojos o con los labios llenos de colágeno. Algunos comentando lo bien que les fue ese año y otros intentando no ser olvidados por las cámaras fotográficas y filmadoras.

Muchos llevaban más de dos líneas aspiradas, todos tenían por lo menos dos copas en su sistema y muy pocos tenían verdadero interés por apreciar el esfuerzo de los diseñadores y asistentes que se resumían en los trajes más agradables hasta los más ridículos que uno puede ver en la pasarela.

Los inversionistas por lo general estaban acompañados por alguna mujer o algún hombre que alquilaban para esa noche, las estrellas con su nueva pareja que conocieron el verano anterior o la nueva esposa que lucía bien junto a ellos en la fotografía.

Nombres reconocidos junto a perfectos desconocidos, muchas joyas valiosas, muchas zorras deseando capturar al próximo iluso que les permita llegar holgadas a fin de mes. Flashes y música, acomodadores, anfitrionas y como plato principal Bluesky en la presentación por eso colgaban tantas telas en el escenario.

Me gustaba la efervescencia del ambiente, el aroma de perfumes caros, el brillo de los pequeños bolsos de ellas, la caída perfecta en los trajes de ellos, pero lo que más me gustó fueron las miradas de todos sobre mi ropa. Algunos no solo la observaban, sino que hasta con descaro comentaban sobre mi atuendo.

Incluso Lilia, Mila, Sarah, Crista, Ednita, Oleg y el propio Víctor se quedaron mirándome con extrañeza cuando salí del ascensor y me uní a ellos en el vestíbulo del hotel. Si hubieran sabido que la idea de vestir de esa manera nació de la heroína de un comic inglés tal vez Madame Varanovskaya se habría desmayado.

Sobre la camisa con cuello opera en tono blanco llevaba puesto el traje de dos piezas en tono azul noche, con el pantalón clásico de pinzas y saco pequeño estilo torero de grandes solapas altas, pañuelo en el bolsillo del pecho y sin cerrar que llevaba muy bien ajustado a mi cintura. Zapatos negros brillantes y medias color carne.

Pero nada de esto sería demasiado novedoso si no me hubiera puesto sobre la camisa un corsé cinturilla que apretaba mi cuerpo desde el filo de las caderas hasta los pectorales. La pieza era de estilo victoriano con tela brocada en el mismo tono del traje y estaba atada con fuertes lazos que se perdían en la espalda.

Llevaba el cabello recogido en una cola alta con algunos mechones sueltos y me puse seis piersing en la oreja derecha. Reloj de oro en la muñeca y un sobretodo gris oscuro sobre el traje, para rematar llevaba puesto un pañuelo largo en el cuello de la camisa en lugar de corbata en tono rojo sangre, sujeto con un prendedor de oro y abierto en sus extremos.

No sé si era elegante, pero extravagante, sí que lo era. No me importó llamar la atención de todos con ese atuendo sacado de la reina de un cabaret de cómic cualquiera voltearía a verme y ese era el objetivo.

Víctor andaba vestido con un traje de fina lanilla color negro con delgada corbata de cuerdas y camisa clásica en tono gris plata.

Las damas mostraban los mejores vestidos largos que inventaron entre ellas para esa noche de lujo y negocios.

Permanecí por detrás del escenario ayudando como podía a las chicas para mejorar los últimos detalles en las prendas. La novedad que todos eran dos piezas con la parte superior muy ajustada al cuerpo y las faldas o pantalones muy holgados.

Los míos en cambio dejaban ver mucha espalda, tenían una caída sencilla y recta, uno en tono blanco puro y el otro en tono negro, no era tendencia; pero se veían muy bien en cualquier fiesta. Largos hasta los tacones y adornados con pedrería en la parte delantera que también dejaba ver algo del escote.

Me gustaba ese mundo de telas y colores. Me gustaba ver cómo tomaba forma real mis dibujos y cómo Lilia me ayudaba a definir algunos detalles. Ella era muy exigente y a la vez una espectacular maestra. Sabía cómo enseñar y hacerte entender las tendencias. Con ella aprendí que todo es cíclico en la moda y que nada se inventa de la nada, solo toma formas particulares.

Estuve dando vueltas y sujetando horquillas y agujas en los vestidores hasta que Lilia nos pidió que vayamos a ocupar nuestros lugares y a socializar con el resto de asistentes. Esa era la parte que menos me agradaba, pero tenía que hacerlo por Nefrit y recordé las palabras de mi padre cuando insistía que una gran parte del éxito son los trajes y diseños; pero la otra parte es la forma cómo vendes tu imagen y la de tu compañía.

Nos sentamos entre el gerente de Austral Co., una firma especializada en cuero vegetal que presentaba su propuesta vegana y Kim B., sí esa misma, quien no se perdió ninguna de las presentaciones de esa semana.

Cuando la colección pasó sostuve la mirada sobre los críticos que se habían sentado frente a nosotros. Vi que Marion Walsh se mostraba complacida al ver la propuesta trabajada por Nefrit; Inna Lou de Inna Couture miraba con mucha atención las prendas y Glenn Rouge de Mokka miraba con esa expresión estúpida que lo convertía en un ente con vida artificial.

Por su parte Víctor tenía puesto los ojos en el gerente de la casa Budd que también era un objetivo para él. Un hombre que jamás le dio cabida para hablar de negocios y que al verlo pasó por su lado indiferente y con ojos de cordero en matadero. Aún con esa postura de suficiencia, Víctor insistía que debía hablar con él.

Lilia salió junto con las modelos y todos aplaudieron de pie. Ella merecía siempre un reconocimiento especial, su trabajo era uno de los más esperados cada año y ese año brillaba con luz muy especial porque sus diseños ya no estaban bajo la sombra de papá.

Pero en la fila de las modelos faltaban las dos que exhibieron mis trajes y cuando ambas salieron entre aplausos Lilia tuvo el gesto de hacerme poner en pie y señalarme como autor de ese atrevimiento. Me sonrojé un poco y con una ligera sonrisa agradecí las palmas y traté de disimular los exagerados abrazos de mi hermano.

Fue un desfile exitoso que nos dejó un grato sabor en los labios y la ardua labor de hacer los ajustes para que los trajes pudieran llegar a las tiendas de los almacenes y a nuestras propias tiendas. Salvo alguna cliente exigente pida una de las piezas en exclusividad.

Lilia y las chicas recogieron los trajes, Víctor y yo hablamos con cuanta gente famosa se presentó delante de nosotros. Por lo general era mi hermano quien los abordaba o respondía sus saludos y preguntas. Yo solo decía cosas puntuales pues no me gustaba desperdiciar mis palabras.

El Palazzo Turati se fue quedando vacío y fuimos a despedir a Lilia que regresaba al hotel al día siguiente sería la presentación de accesorios en un festival convocado con tal fin y nos quedamos moviendo las manos y mirando el auto desaparecer entre cientos de vehículos que transitaban por la Vía Meravigli.

—Vamos a la fiesta Yuri, la presentación de mañana es las nueve de la noche así que tendrás todo el día para dormir. —Víctor se quedaría un día más para formalizar los contratos y para terminar de ver las presentaciones de que restaban esos tres días.

—Oye no quiero que me dejes con chicas o chicos estúpidos si se te ocurre ir tras el culo desabrido de alguna modelito. —Era necesario decirle eso con anticipación porque ya lo había hecho tantas veces y yo sabía que solo así podría ejercer algo de control.

Víctor era tan obvio cuando se trataba de volverse simpático y hablar con los demás. Con tal de vender su figura de hombre serio de negocios para atraer a algún productor de anuncios o algún publicista envolvía a todos con su encanto.

—Si tú me acompañas en mis aburridas conversaciones de negocios estoy seguro que no aterrizaré sobre ninguna modelo. —Sonrió con malicia y yo me limité a chasquear los labios.

—Esa es una amenaza. —Provocó mi fastidio y lo mire con ira combinada con celos y un toque de lujuria—. Entonces me pondré a bailar con alguna chica boba que esté bien borracha.

—Como quieras Yuri. —El tono cantado de su voz y su risa sarcástica me provocaron hacerle sentir algo del dolor que yo estaba sintiendo y antes que el auto llegase por nosotros le di un gran pisotón en el pie derecho.

La fiesta no podía estar peor.

Gente vieja, mujeres de veinte, veinticinco y treinta. Hombres de cuarenta, dos modelos de dieciocho que estaban más interesadas en ellas mismas que en los demás. Víctor presumió de mí como siempre lo hacía, pero luego se volvió un caballero andante y demasiado atento con las damas, sonriendo de más, guiñando el ojo y hablando al oído con la que seguro quería llevarse a la cama esa noche.

Yo estaba muy molesto y pensaba que no debí haberlo seguido, para qué diablos me llevó con él si sabía que me iba a aburrir. Tampoco encontraba algún chico de mi edad con quien pudiera hablar de música como lo hacía con Otabek cuando no estábamos en la pista de hielo.

Me dije que si él no me hacía caso y otro hombre apuesto me molestaba, estaría muy bien dispuesto a perder mi virginidad, castidad o lo que fuera. Pero como dije, para mi mala suerte todos los hombres eran ancianos y yo nunca estaría interesado por alguien muy mayor que yo salvo fuera Víctor.

Si tan solo hubiera gustado un poco de las mujeres, allí habría tenido la oportunidad de encontrar a alguna de ellas dispuesta a ayudar al chico inexperto con su sabiduría sexual. Pero no las quería ni siquiera para hablar con ellas. Sus temas de conversación eran demasiado obvios.

Mi último viaje a Singapur, mi carro con diamantes en la puerta, mi último divorcio, mis adquisiciones en el mercado de valores, el yate que me acabo de comprar, los caballos pura sangre que tengo en Manchester y cosas que solo sirven para impresionar a la gente impresionable.

Me dediqué a comer y preferí no beber porque al ver cómo Víctor combinaba el vodka y el wiski en cada brindis sabía que tendría que cuidar de él. Entonces sonó mi celular.

—Yuri estoy llamando a Víctor, pero no me responde —Era Sara y la bulla no me permitía escuchar bien su voz.

—Uuuummm —Me pilló con la boca llena de un pedazo de pastel de carne.

—Dile por favor que mañana tiene una entrevista con Paula Vitti de la revista Avanti a las diez de la mañana. —Sara tuvo que gritar para que la escuche mejor—. Pasaré por él a las nueve y media. ¿Capisci?  

—Uhu. —Yo seguía masticando el enorme bocado—. Nu-e-ve.

—¿Me escuchas bien Yuri? —Sara cambió su voz por una más enérgica.

—Seeee… —Tuve que hablar como pude—Nueve y media en el hotel.

—Bien caro mío te veo mañana en el desfile. —Pude escuchar el beso que dejó en el micrófono de su teléfono y su risa antes de colgar la llamada.

Por un buen momento seguí llenándome la boca con brochetas de pollo, patatas en salsa picante, empanaditas dulces y saladas y cuanto menudillo pude ver en las fuentes de una gran mesa. Comí hasta que me cansé de masticar.

Estaba algo aburrido, muy cansado y molesto con esa podrida reunión cuando escuché la voz de mi hermano y por su tono infantil supuse que había tomado más de la cuenta, caminé hacia un corredor exterior y lo encontré con una chica de cabello negro y piel morena. Ella reía con sus malos chistes y él intentaba demostrar que todavía le quedaba mucha cuerda para seguir tomando.

Mi disgusto creció y me acerqué dispuesto a decirle “te lo dije cabrón”, pero fue él quien al verme se puso algo serio y miró su reloj. Eran las dos de la madrugada.

—Yuriiiii… no estoy tan borracho ¿o sí? —Intentó levantarse y fue un desastre.

—Vamos al hotel Víctor estás mostrándote como un verdadero estúpido. —Elevé un poco la voz para que me tome en serio.

—Oye, pero él y yo íbamos a tener una noche bonita —dijo la morena con un inglés de acento extraño.

—No te gustará borracho —repliqué y me acerqué a su oído para que me escuchara mejor—. Él suele vomitar demasiado cuando toma así sin control… no te gustaría que cuando estén… ya sabes… en la cama de pronto vomite sobre ti. —Me miró con la boca abierta y un gesto de desagrado—. Te lo digo porque ya lo hizo una vez y la chica aaaaaj… creo que se tragó parte.

—Iuuuu qué asco chico. Qué pena, pensé que Víctor era más caballero. —Se puso en pie y se despidió dándole la mano a mi hermano que la miró desconcertado y quiso retenerla, pero ella le dijo que tenía que regresar a su hotel con urgencia y se marchó.

No permití que mi hermano volviera al salón porque estaba seguro que tomaría unas copas más y allí sí que mi mentira se convertiría en realidad. Salimos por los jardines y le entregué a un acomodador un tiquete para recoger el saco de mi hermano, el hombre fue a buscarlo al vestidor y nosotros esperamos un taxi vacío.

Llegar al hotel fue un gran viaje, porque las calles estaban atestadas de carros y gente que salía de los espectáculos que se hicieron aprovechando la semana de la moda. Así que después de media hora por fin estuvimos en el ascensor de vuelta a la suite.

No está de más decir que mi hermano se apoyaba en la pared del ascensor y su cabeza se movía de un lado al otro, se apoyaba en mi hombro y me juraba que nunca más volvería a beber así. Yo lo escuchaba y le decía sí a todo, no tenía por qué discutir con un borracho baboso, que estaba aguantando la orina y que se dormía parado.

Cuando llegamos a la habitación tuve que dirigirlo al baño y él se cerró como quince minutos, salió tan movido como entró y se quiso sentar en el sofá de la sala, pero no lo permití y lo empujé para que vayamos a su cuarto. Lo conduje hasta el pie de la cama y le pedí que esperase un minuto. La abrí con rapidez y volví para recostarlo.

—Yuri no voy a tomar así la próxima. —Estaba sentado en la cama mientras yo le quitaba los zapatos y desajustaba el cinturón del pantalón—. No… te enojes conmigo…

—Víctor levanta el culo tengo que sacarte el pantalón. —Me obedeció y de un tirón le quité el bonito pantalón de diseño, él entonces se ladeó para echarse, pero con un par de chasquidos lo impedí—. Ey, ey… tengo que quitarte el chaleco y la camisa.

—Déjalo así Yuriiiii. —Su cabeza debía estarle pesando una tonelada.

—No me jodas. —Desabotoné con rapidez el chaleco y la camisa, se la quité como pude porque él ya colapsaba sobre la almohada. Le ayudé a subir sus piernas y se echó de espaldas con los ojos cerrados y los labios secos.

Su cuerpo estaba sobre las sábanas al alcance de mis manos, blanco y fornido. Recorrí con mis dedos sus pectorales, sus delineados abdominales y llegué al ombligo. Observé su polla lánguida y sin vida bajo sus interiores, me atreví a darle un pequeño toque.

Juro que solo estaba jugando un poco y no tenía intención de hacer que se levantara; mi hermano se movió a un lado y me asusté un poco, quité mi mano de su trusa y temiendo que despertara, lo cubrí con las sábanas y luego con el resto de cobijas.

Me acerqué a su boca y lo besé, solo fue un roce ligero para no despertarlo, aunque en esa condición Víctor no se despertaría ni con un terremoto. Apagué las luces y me encerré en mi habitación.

Riendo por mi travesura comencé a desnudarme poco a poco. Mi traje quedó sobre el sofá, la camisa cayó sobre las almohadas y ya descalzo observé mi cuerpo en el espejo del baño. La práctica del hockey y el trabajo en el gimnasio estaban haciendo efecto porque ya no era el chiquillo con cintura delgada al que todos decían “nena” al verlo pasar. Me excité al ver mi cuerpo, lo toqué un poco mirando mis propias reacciones y entonces se me ocurrió hacer una nueva maldad.

A pesar que no había bebido estaba borracho de deseo y lujuria. Salí de mi habitación y regresé a la de mi hermano con una sola cosa en mente: estando así de borracho él no me rechazaría. Víctor solía ser muy cariñoso cuando su cabeza maceraba en alcohol y tal vez si lo provocaba lo suficiente por fin haría realidad mi deliciosa fantasía.

Comprobé que estaba durmiendo y que su sueño era profundo, entonces abrí el otro lado de la cama y entré en ella, solo tenía puesta la pequeña braga que usé ese día.  Me quedé quieto y comencé a sentir el aroma a Víctor, ese perfume que iba más allá de la cara esencia de arce que se puso ese día, más allá de los tragos que bebió y del olor a cigarrillo. Era un aroma ácido y cítrico el que despedía el cuerpo de mi hermano. Era su sudor que me atraía hacia él y que yo quería sentirlo sobre mi piel.

Me aproximé a Víctor con un movimiento muy lento y bajé un poco. Le di la espalda y sentí su brazo caliente. Mi cuerpo reaccionó de inmediato, en pocos segundos mi pija se hinchó y yo comencé a darle un delicado toque con la yema de mis dedos.

El calor me invadía y el aroma de Víctor se hacía más fuerte. Me atreví a untarme más a él y pude sentir su cadera y su muslo firme, que no se movieron a pesar que yo me pegué a ellos. Me hundí en la cama y una vez más jugué con el calor extremo y la falta de oxígeno porque eso me hacía sentir con más fuerza mis propios toques.

Froté mi polla hasta llegar al pico más alto y luego la solté, bajé la revolución de respiración haciéndola casi imperceptible y contuve todo lo que pude el movimiento de mi cuerpo. Volví a frotarme y una vez más evité correrme.

Para ese momento tenía los ojos llenos de lágrimas, el cuerpo me ardía y me pedía que lo dejara expresar el placer con esas contorsiones que conocía bien. Pero quise llevarlo a un nuevo límite y volví a las caricias, pero las ralenticé así que cada toque era prolongado y firme, de la cabeza hasta la raíz, sujetando el eje con firmeza, pero sin apretarlo demasiado.

Era un placer torturante porque me mantenía en un paso atrás del orgasmo y me hacía sacar la lengua buscando probar la piel de Víctor. Yo quería voltear y besarlo, posarme sobre su cuerpo y restregarlo con el mío. Quería besarlo en tantos lugares y dejar las huellas de mis dientes, tenía tantas ganas de tomar su polla y ver cómo se endurecía al paso de mi lengua, quería sentirla en mi garganta y oírlo gritar sin parar, decirme que lo haga más rápido como me pidió la noche que por primera vez vi su corrida.

Ya casi no entraba aire a mis pulmones, sentía una intensa punzada en el pubis y mis músculos rígidos esperaban el espasmo inicial, ese que corre por cada tejido y desata el resto de sensaciones. Lo sentía venir, formándose como un pequeño remolino entre mi pelvis y mi trasero, con ciertos pellizcos en mis caderas y haciéndome sentir que mis bolas estallarían si seguía reteniendo el placer.

Mis lágrimas rodaron por las mejillas y solo escuchaba mi corazón latir a prisa, para ese momento ya no respiraba, tenía el gesto torcido y la boca abierta sin mesura, rocé con más rapidez y apreté mi mano y lo sentí extender sus tentáculos desde el centro de mi pubis hasta la punta de mi pene, a mis glúteos, a mi estómago, subió por mi columna y deshilacho mis músculos que comenzaron a moverse sin control mientras yo sentía que me dejaba ir.

Me olvidé que Víctor estaba junto a mí, me olvidé que necesitaba aire allí bajo el cubre camas de plumas, no me importó mojar la cama con mi leche y por pocos segundos dejé de ser mientras que en mi interior pedía auxilio a gritos porque me estaba ahogando en placer.

De a poquitos llegó la calma y no recuerdo en qué momento saqué mi cabeza para respirar mejor, tampoco cómo me acomodé entre los brazos de mi hermano ni cómo acomodé la almohada. Solo sé que algo dentro de mí vibraba y me atraía hacia su centro sin que pudiera resistir.

Sabía que debía haberme retirado de la cama de mi hermano de inmediato, pero se sentía tan bien estar junto a él que quise retener esa sensación un poco más.

Todo se oscureció y me sentí flotar por toda la habitación.

Notas de autor:

Hola chicas y espero puedan disculparme el ligero retraso en la entrega de este capítulo. Estuve dando unos toques finales a otro fic y bueno ahora sí me concentro en Tabú y no lo suelto hasta el final. Gracias por seguir allí.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: