SinLímites: XI. Coronación


Este es el último capítulo escrito que me quedaba por actualizar, pronto empezaré a trabajar en el siguiente.


Aún hacía mal tiempo afuera; la primavera estaba siendo más impredecible ese año que los anteriores, dejando viento y lluvia a su paso. Pero dentro del palacio y, específicamente, dentro de su cama con un alfa rodeando por completo su cuerpo, Yuri no sentía nada de frío.

Sabía que ya había pasado el mediodía por la luz que entraba a raudales por la ventana, pero cada vez que intentaba levantarse, Jean lo abrazaba más fuerte incluso estando todavía dormido. Esa noche JJ le había mostrado lo mucho que lo había extrañado haciéndole el amor hasta la madrugada. Al muy idiota incluso se le había olvidado salir de su trasero.

Puede que en ese momento el miembro de Jean estuviera «dormido», pero incluso así era tan grande que había tenido que dormir con las piernas abiertas. Y seguía sintiendo el semen seco dentro de él, lo que empezaba a ser incómodo y le hacía sentir sucio. Sin más tomó el pelo del moreno entre sus manos y tiró de él con fuerza hasta que abrió los ojos con un quejido. 

—¡Ay! No quiero dar clases hoy, mamá. 

Yuri sintió como su cara comenzaba a arder con enojo. 

—¿¡Te das cuenta de lo raro que suena eso cuando todavía tienes tu estúpido pene dentro de mí, imbécil!? 

A pesar de los gritos y los insultos agudos, Jean apenas bostezó mientras lo abrazaba acomodándose en una mejor postura. 

—¡¡Te juro que como no te despiertes ahora mismo voy a patear tus bolas!! 

Fue entonces cuando Jean abrió inmediatamente los ojos comprobando dónde estaba y quién estaba a su lado, pero compuso una sonrisa traviesa en el mismo momento que recordó la posición en la que se encontraban, con él dentro del estrecho interior del omega.

—Ahora mismo están a salvo. 

—¡Idiota, levántate! 

El rubio se revolvió empujándolo con sus manos hasta que el moreno se vio obligado a salir de la cama con quejidos. 

—Es muy temprano para enfadarse tanto, Yuri-chan. 

—No es temprano en absoluto —masculló mirando sonrojado hacia otro lado.

Jean se había levantado, pero seguía completamente desnudo, paseándose hasta la ventana sin vergüenza para mirar el día fuera, y aunque Yuri tratara de no mirar, sus ojos verdes a veces seguían las líneas del cuerpo del más alto. 

Parecía una escultura griega, cincelada con músculos perfectamente definidos y algunas cicatrices ya casi curadas en su pecho. Inclinado sobre el alféizar de la ventana, Yuri podía contemplar su ancha espalda que se estrechaba en la zona de la cintura para acabar en un magnífico trasero, todo un festín para los ojos… Hasta que se giró hacia él con una sonrisa traviesa y Yuri tuvo que desviar su vista de nuevo con un puchero molesto. 

—Aunque sea tarde seguro que tenemos derecho al desayuno, ¿vamos?

                                                                                       *

Cuando llegaron al salón estaban mal vestidos y aún con cara de sueño, pero las doncellas se apresuraron a servirles los platos de desayuno. Había huevos, bacon, pan, queso, miel, fruta y también zumo y leche.

 Ambos devoraron su comida como si no hubieran comido en días antes de empezar a hablar.

—¿Vas a irte hoy? —Yuri aún estaba masticando y se había manchado los labios con restos del huevo.

—Sí. Tenemos una reunión importante esta tarde. Tenemos que decidir qué hacer tras el ataque que sufrió el reino. 

El rubio jugó con el tenedor sin atreverse a pinchar un bocado mientras reunía valor para decirle lo que pasaba por su cabeza. 

—Yo también quiero ir.

—Yuri, a esas reuniones solo van alfas, exceptuando la reina desde que mi padre murió.

Yuri abrió la boca para protestar, pero volvió a cerrarla. En lugar de eso se levantó enfadado dejando la habitación. 

—¡Yuri-chan, espera! 

Jean tropezó con la misma silla de madera en la que estaba sentado al tratar de ir detrás de él, aunque pudo alcanzarlo en el pasillo sujetando su muñeca. 

—¡Suéltame! 

—Sí, pero escúchame antes, por favor.

—¡No! No pienso escucharte. Eres como todos los alfas, un idiota narcisista que se divierte prohibiendo cosas a los omegas.

 —No, Yuri. Yo no te he prohibido ir. 

El omega dejó de hacer fuerza y le miró a los ojos, no le había dicho nada, pero Jean entendía que le había concedido unos míseros segundos para tratar de explicarse. Yuri no era especialmente paciente así que tendría que darse prisa. 

—Eres mi pareja y creo que tienes el mismo derecho a ir que yo. Voy a apoyarte para que lo hagas igual que lo hice con mi madre, pero tengo que advertirte que no es fácil —Jean suspiró cansado—. Si que habrá quién esté en contra y tienes que estar preparado para ello, no puedo simplemente ocultártelo. 

—¿Acaso no eres tú el rey? Puedes mandarlos callar y ya. 

Jean rió por la simpleza con la que el omega tendía a describirlo todo. 

—No es tan fácil, también hay un consejo que tiene bastante poder sobre el ejército y si no vamos con cuidado podríamos provocar una guerra civil en el peor de los momentos. 

Yuri asintió y se sentó en el mismo lugar del pasillo en el que se encontraban. Parecía comprensivo y eso lo hacía todo mucho más fácil, así que Jean se sentó a su lado para seguir hablando. 

—Cuando mi padre murió el consejo quería que ascendiera al trono a pesar de mi edad. Seguramente me hubieran manejado a su antojo, pero la reina se negó a abdicar y estropeó sus planes —hizo una pausa dejando escapar una sonrisa—. Es curioso porque mi madre nunca estuvo interesada en el ejército del reino ni asistió nunca a las reuniones oficiales; ella se casó con mi padre por amor y no tenía ninguna ambición por la corona, pero una vez que mi padre falleció se negó a dejar que el reino de su marido cayera en manos ilegítimas o a que trataran de manipular a su hijo. Estuvieron a punto de hacerla abdicar a la fuerza, pero yo estaba de su lado y al no haber más herederos tuvieron que cesar el intento por el momento. 

—¿Por el momento?¿Quieres decir que siguen intentando hacerse con el control del reino?

—Bueno, una parte piensa que no soy tan imponente como un alfa debe ser y no estoy a la altura de mi padre. Creen que apoyar a un omega es signo de debilidad y tampoco soy un alfa violento, no es que mi padre lo fuera, pero su carácter era más serio y eso ayudaba en su apariencia. 

—Estoy de acuerdo en que el futuro rey no debería ser un payaso.

—¿De qué parte se supone que estás, Yuri-chan? —gimoteó fingiendo estar más dolido de lo que realmente estaba, pero Yuri no puso ninguna atención a sus lágrimas de cocodrilo. 

—Entonces, ¿qué tengo que hacer? 

Jean se incorporó de un salto y cambiando su expresión mágicamente a una de entusiasmo, le tendió la mano. 

—Ven, tengo una idea.

                                                                                                *

La sala de reuniones se ubicaba en uno de los sótanos del castillo, el ala opuesta a las mazmorras. Era una habitación oscura de no ser por las velas que decoraban en filas las paredes junto a escudos y armaduras antiguos. 

En el centro se encontraba una pesada mesa de madera donde se extendía un mapa del reino marcado con cruces rojas en puntos específicos. 

El alfa abrió la puerta dejando pasar a Yuri primero. El consejo ya estaba reunido y Yuri trató de aguantar una sonrisa de autosuficiencia al ver las caras de asombro por su presencia. 

Cuando había aceptado la mano de Jean esa tarde en el pasillo no imaginaba a dónde le iba a llevar. En una habitación de costura había reunido a varios omegas que sin dudar comenzaron a probar telas sobre él a pesar de sus amenazas. 

—¡¿Estás loco?!¡No pienso llevar un vestido!

—Es solo por un día, dejarás una impresión mayor si vistes como una reina que como el chico que guarda a los caballos. 

—¡Eres un imbécil!

Yuri fue arrastrado hacia la parte de atrás de un biombo y reapareció minutos después ante Jean vestido con un elegante vestido de encaje negro. El alfa abrió la boca sin cuidado y Yuri frunció sus cejas como reacción inmediata. 

—¡Deja de mirarme así! Me veo ridículo. 

—Bueno, estoy de acuerdo en que estás mejor desnudo. 

Yuri lo miró con rencor a punto de soltar veneno por su boca, pero se interrumpió al ver como el alfa se acercaba a él decidido. 

—Solo un último detalle —deslizó uno de sus anillos para rodear el dedo anular de Yuri. Era una bella pieza de joyería cuyo protagonista era una enorme esmeralda rodeada de hilos de oro y plata—. Ahora estás listo. 

Yuri volvió al presente analizando con cuidado a las personas reunidas en aquella sala, estudiando quiénes podrían ser sus enemigos. Allí estaba la reina y el capitán de la guardia, Emil, que lo miraba amablemente así que ellos quedaban descartados en su lista de sospechosos. Había una mujer alfa, visiblemente mayor y con rostro severo que recogía su pelo tras un moño rígido. También otro alfa joven que, a pesar de esforzarse en no mostrar ninguna expresión en su rostro, sus ojos lo miraban con auténtico desprecio.

—Debo recordar a su majestad que esta es una reunión seria, el reino está bajo amenaza y traes a un…omega. 

Yuri caminó firme, aguantando su mirada de odio con una expresión igualmente intimidante hasta quedar enfrente de él. Fue entonces cuando habló con voz fría, aparentando varios años más de los que tenía. 

—Mi nombre es Yuri Plisetsky, pero tú debes llamarme majestad —Yuri extendió su mano derecha con un gesto desafiante y Seung no pudo evitar una expresión de asombro al ver el sello real del príncipe en uno de sus dedos. Tuvo que morderse la lengua para no maldecir. Ese pequeño omega lo había acorralado y un movimiento en falso le supondría ser acusado de traición. 

Con verdadero odio en su mirada se inclinó respetuosamente para besar el anillo que portaba el omega. Era obligatorio presentar respeto antes los símbolos de la corona. 

Yuri sonrió con superioridad. La reina lo miraba con orgullo, pero más divertido era ver a Jean tenso en el momento en el que el consejero se había inclinado para besar su mano. La idea había sido suya, pero le costaba controlar sus celos. 

—Con el debido respeto, majestad —trató de proseguir Seung una vez volvió a su posición inicial—. Los asuntos del reino son complicados y un omega extranjero no sería capaz de sobrellevarlos.

—Seung, debo recordarte que también eres un alfa extranjero y nunca se te vetó la entrada —intervino entonces la reina. 

Yuri se sorprendió ligeramente por la noticia. Era cierto que los rasgos de Seung eran muy distintos a los que había visto en el pueblo. El reino del fuego era un país caluroso y la mayoría de sus habitantes tenían pieles bronceadas y morenas como el propio JJ, los gemelos Crispino o ese beta que hacía de asistente de Emil, Leo. 

Seung, sin embargo, era extremadamente pálido y sus ojos rasgados, su cuerpo también era menos corpulento que el alfa promedio. El consejero tuvo que guardar silencio y aunque el rencor que parecía tener a la corona escapaba de cada uno de sus poros, no se atrevía a contradecir a la reina. 

Jean se adelantó para mover la silla de Yuri y dejar que este se sentara en la mesa del consejo. El omega rodó los ojos, en otra situación le habría armado un escándalo o partido la mandíbula. Después se sentó la reina y el propio JJ. Lilia, Seung y Emil les siguieron tomando sus respectivos asientos. 

Emil hizo el primer movimiento, pasando a Jean un sobre con la firma de Víctor. 

—Es la declaración oficial de guerra—adivinó.

El rubio asintió con un gesto de su cabeza. Todo lo vivido hasta ahora conducía a una guerra inminente con el reino de Víctor, pero siempre habían tenido una ligera esperanza de que todo se solucionara. Esperanza que ahora desaparecía por completo. 

—Llegó esta mañana. En ella dice que Víctor no puede perdonar el ataque a sus tropas —Emil apretó los puños frustrado—. Ellos fueron los que nos atacaron en primer lugar. 

—Sabes bien que es solo una excusa, siempre ha deseado este reino y esperaba la menor oportunidad para justificar una nueva guerra. 

Jean también se inclinó sobre el mapa pintando una cruz roja muy cerca de donde se encontraban las demás. El resto del papel que contenía el reino de fuego se extendía limpio cubriendo casi la totalidad de la mesa en la que estaban reunidos. 

—Todos sus ataques vinieron por el norte, la zona más desprotegida del reino —intervino la alfa mujer—. Después de ello es incluso más vulnerable, no resistiría el numeroso ejército de Víctor si se decidiera a atacar con él esta vez. 

Los ojos de Yuri se movían perspicaces por el mapa. Su familia era militar y había sido la más prestigiosa entre todas las familias militares por generaciones. Él se había empapado con sus anécdotas y no dudó en señalar un punto en el mapa. 

—¿Qué hay de aquí? 

Seung no pudo evitar formar una sonrisa de burla que parecía querer señalar lo estúpido que era el omega. 

—Esa es la zona más protegida del reino, está rodeada por el mar y grandes acantilados. Nadie se ha atrevido nunca a atacarla. 

—Y por eso mismo es la zona en la que más desprevenidos nos tomaría un ataque por sorpresa y la que más gloria reportaría al ego de Víctor. 

—¡Sigue siendo absurdo! ¡El mar es demasiado peligroso en esa zona!

Pero Yuri no se amedrentó ante su desesperado intento porque se callara y continuó hablando con una calma que no sabía que tenía. 

—No es tan peligroso para el reino de Víctor, si no olvidamos que el reino del agua está bajo su poder. El reino del agua posee las mejores embarcaciones, son rápidas y fuertes y teniéndolas de su lado lo que sería estúpido es no utilizarlas. 

Fue el turno de Lilia de carraspear.

—No podemos basar nuestra estrategia de defensa en una corazonada. 

—No es sólo una corazonada —Jean había salido en su defensa y su pecho se hinchó de orgullo. No sabía por qué, pero ver como alguien tan poderoso como Jean lo miraba con admiración, no solo por su belleza sino por lo que estaba en su cabeza, hacía que su corazón se escuchara como una fuerte tormenta—. Los ataques que ha habido hasta ahora siempre bordeaban el mismo punto y eran demasiado pequeños. 

Emil asintió con la cabeza. 

—Eran como si solo nos estuviera avisando, no tiene sentido siendo el ejército de Víctor tan numeroso. 

—O como si quisiera hacernos creer que siempre atacará por ahí. Pero Víctor siempre se ha caracterizado por su obsesión con la sorpresa, es su lema: «En el momento que un rey no sorprende está muerto». 

El resto de la mesa parecía cada vez más convencido, pero aún se sentían renuentes a abandonar el plan más obvio.

—Si nos equivocamos y desplazamos las tropas a las playas sin que haya un ataque, Víctor no encontrará resistencia para hacerse con el reino del fuego —pero la mujer alfa sabía que el ejército del reino de fuego no era lo suficientemente numeroso para cubrir varios puntos.

—Podemos refugiar a los campesinos que viven allí bajo las murallas del castillo, en el caso que avanzaran por ese punto tendríamos una última resistencia en la fortaleza, una más numerosa. 

Todos asintieron. Era común que la reina siempre priorizase la seguridad de sus súbditos. 

—Ahora el reino es inestable en más de un sentido —continuó, esta vez mirando a su hijo—. El pueblo necesita saber más que nunca que tienen un rey y ya has crecido lo suficiente para llevar la responsabilidad del reino del fuego. 

—¿Crees que ahora es un buen momento?

—No hay otro más adecuado. Debemos anunciar tu coronación cuanto antes. 

Jean asintió aceptando como el resto. Incluso Seung que parecía tener animadversión a todos los miembros de la corona, se sentía complacido de que el reino volviera a estar en manos de un alfa. 

Dos días después una de las salas del palacio fue abierta para la ceremonia; el ambiente era abrumador. Habían llegado nobles incluso de países vecinos que ahora esperaban en la sala de las cortinas de terciopelo rojo, pero Jean seguía en su habitación ajustándose el cuello de su camisa por enésima vez.

—Agh, incluso estás sudando más de lo normal. 

Yuri había puesto un gesto de asco al ver a Jean, paseándose nervioso de un lado a otro de la habitación. 

—Eso no ayuda. 

—¿Qué tan difícil puede ser aceptar el título? Ya eras arrogante y actuabas como si fueras rey. 

Jean se sentó, sujetándose el estómago con sus manos mientras intentaba respirar pausadamente. Si Yuri seguía hablando así le daría un ataque de ansiedad, pero el omega pareció comprender que realmente lo estaba pasando mal y dejó las palabras crueles para sentarse a su lado viendo como Jean escondía la cabeza entre sus rodillas.

—No imaginaba que fueras tan nervioso —murmuró mientras dejaban pasar los minutos.

—Tengo miedo…de no ser un buen rey. Todos confían en que lo sea, todos creen que puedo ganar a Víctor y yo me comporto como si pudiera, pero no estoy seguro de que eso sea cierto. 

Yuri se levantó, haciendo un gesto de asco más evidente que el anterior, y pegó una patada a la pared, muy cerca de la cara de Jean. 

—Eres realmente patético. No sabes cuánto odio a los llorones como tú. Si eso es lo que piensas no mereces ser rey. 

—¿Yuri-chan?

El alfa había abierto los ojos con sorpresa y ahora lo miraba directamente. Yuri no había mostrado tener mucha fuerza hasta ese momento, juraría que la pared había temblado después de su patada. Y ahora lo estaba mirando a los ojos realmente enojado. 

—La gente no te sigue porque cree que eres más fuerte que Víctor o que puedas hacerlo todo, ¡no son estúpidos! Lo hacen porque…—las mejillas de Yuri se enrojecieron y masculló una maldición como si le fuera realmente embarazoso hablar de eso—. Porque transmites la fuerza para creer que todo es posible y que merece la pena ser valiente y creer en cosas locas…eres como la esperanza. 

Había terminado hablando bajito, pero sabía que lo había oído. Ese extraño efecto que Jean transmitía también lo había afectado a él cuando se sentía débil y sentía que debía resignarse a ser un omega sumiso. Jean había encontrado las palabras justas para darle ánimos y seguir levantándose una vez más. Y no estaba dispuesto a decirle eso, ya había sido suficiente con haberle dicho lo anterior. 

—No quiero ser solo como la esperanza…quiero ser una realidad, Yuri. No quiero fallar a nadie.

Yuri miró hacia la interesante pared aún con sus mejillas rojas mientras extendía su mano para que la tomara. Era un gesto que Jean solía hacer con él acompañado de algún comentario irritante como «mi dama». Era la primera vez que cambiaban los papeles y Jean sonrió divertido mientras la tomaba para ponerse en pie y robarle un beso. 

Hace unos minutos había sentido como si el suelo se hubiera abierto a sus pies y había comenzado a caer por un precipicio infinito sin posibilidad de salvarse, entonces Yuri había aparecido como un ángel dándole la mano desde lo alto. No podía caerse si Yuri sujetaba su mano de esa forma, entrelazando sus dedos con los de él. Era imposible. 

Ambos se dirigieron a la sala para participar en el ritual de la coronación. Lo habían repasado un millar de veces: un sabio de larguísima barba blanca oficiaba el acto y, en el momento culminante, la Reina Nathalie ofrecería la corona y el cetro real a Jean mientras Yuri permanecía a su lado como su pareja omega. 

Pero la ceremonia estaba siendo aburrida y odiosamente larga. A Yuri le costaba mantenerse despierto mientras el anciano hablaba sobre las leyes del reino y si no fuera porque Jean le pellizcaba disimuladamente cuando parecía a punto de cerrar los ojos, hace tiempo que estaría roncando.

Al fin, Nathalie se dirigió a ellos tomando la pesada corona de su cabeza para ponerla sobre la de su hijo que se había arrodillado ante ella. Segundos después debía obsequiarle el cetro, pero en su lugar se giró hacia Yuri que atónito vio como depositaba el objeto dorado en sus manos.

Las exclamaciones de asombro no tardaron en llegar, algunas más irritadas que sorprendidas. La reina se había saltado el protocolo ya que los símbolos del poder real debían caer sobre el alfa, nunca sobre un omega. Yuri también parecía mirar todo asombrado, pero Jean sonreía a su madre, señal de que todo ello debía haber sido planeado entre esos dos.

—Jean Jacques Leroy, Yuri Plisetsky, ¿juráis defender al reino y a sus habitantes y guiarlo con valentía y corazón hacia un futuro próspero?

Las palabras de la reina lo hicieron concentrarse de nuevo para poder hablar con Jean al unísono.

—Lo juro.

—Entonces,desde este momento, yo os declaro los reyes del reino del fuego. 



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2 comentarios sobre “SinLímites: XI. Coronación

  1. Hola! Me he leído el fanfic en tan solo un par de días. Y debo decir que me resultó super interesante y atrapante, me encanta como están descritos los personajes, la trama y el desarrollo de la misma. Definitivamente no me esperaba lo que sucedió al final de este capítulo, tengo ganas de mas. Espero la continuación con muchas ansias y te felicito por tan buen trabajo❤️

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    1. ¡¡Muchísimas gracias!! Me alegro un montón de que te gustara la historia y estoy deseando continuarla. Si te gustan mis fics sigue el nuevo conjunto de drabbles que también estoy escribiendo ❤

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