HERENCIA MALDITA.


III. EVENTOS INESPERADOS.

A pesar de las dudas, los miedos y traumas de Yuri a la semana la familia Altin ya se encontraba habitando la residencia Plisetsky. De manera temporal vivirían en el lugar por lo menos hasta que se hiciera el debido mantenimiento y cumplieran con los lineamientos del testamento de Irina. Solo de esta forma podrían disponer del dinero que también formaba parte de la herencia y lograr solventar una renta en otro sitio o incluso adquirir una propiedad para poder estar cerca de Boris mientras se encontrara en coma. Yuri no podía estar mas en desacuerdo con la situación, pero poco podía hacer. Su esposo tenía razón y las circunstancias no podían ser más adversas teniendo únicamente como ayuda la herencia de su madre que en mejor momento no pudo llegar al menos en palabras de Otabek.

<<Mi amor, estamos juntos en esto y no pienso dejarte luchar solo. Viviremos en esta casa, la cambiaremos de tal forma que apenas y la reconocerás, crearemos nuevos recuerdos y en cuanto Boris se recupere nos iremos sin dudarlo, pero mientras tanto no deseo que te preocupes, saldremos de esta los cuatro>>

Con todas sus fuerzas deseo que fuera verdad, que la pesadilla no volviera a repetirse, pero su instinto le dictaba todo lo contrario pese a lo irracional que sonará.

Durante la primera semana en Rusia la familia preparo todo lo necesario para mudarse a la residencia Plisetsky. La mudanza se efectuó de manera prácticamente inmediata ya que debido a los limitados recursos tendrían que disponer prácticamente de todo el mobiliario de la casa. Yuri aun no podía hacer uso de la herencia de los Plisetsky por lo que pensar en una mudanza o adquirir nuevos muebles por básicos que estos fueran significaba un lujo. Lo único que el joven omega se permitió fue solicitar el envio de sus herramientas de trabajo así como algunas obras que dejo inconclusas ya que se trataban de encargos y pese a las circunstancias debían ser entregadas a sus compradores  si o sí.

Con toda esta situación el rubio prefirió hacer caso omiso al hecho de que dormiría al lado de su esposo en la cama que fue de sus padres, pensó en adaptarse y no armar mayor alboroto hasta que las obras fueran entregadas y contara con mayores recursos, lo que no permitió fue que Ivan durmiera en la que fue su habitación, tampoco permitió que fuera abierta la habitación de su hermano mayor por lo que adapto el espacio de huéspedes para su hijo.

Con el pasar de los días prefirió ocupar su mente en cosas más importantes que revivir viejos traumas del pasado. Por ejemplo buscarle colegio a Ivan o en su caso una manera de que continuara con sus estudios en casa, terminar sus obras y a su vez  también debía encontrarse al pendiente del estado de Boris mientras Otabek se quedaba en casa para supervisar los trabajos de mantenimiento que realizaban a la enorme vivienda.

Los primeros días la rutina diaria constaba de Otabek al frente de la remodelación de su temporal hogar, el pequeño Ivan pasando parte del día en casa de su bisabuelo y Yuri visitando todos los días a Boris.

De antemano por el doctor Katsuki sabía que esas visitas eran innecesarias, el estado de Boris se mantenía sin cambios y pese a lo que se pudiera creer no sería participe del mundo que le rodeaba hasta que despertara y esto sería subjetivo ya que bien podría ser en cualquier momento o jamás ocurrir. Ante esto último Yuri se sentía terriblemente culpable, su instinto le estaba matando y es que de solo pensar en un fatal desenlace le hacía sentir que él no sería capaz de continuar, pero no podía dejarse llevar por aquellos pensamientos fatalistas, no cuando desde muy pequeño le había tocado mantener una fortaleza inquebrantable.

—Boris buenos días—Como cada mañana desde muy temprano Yuri había arribado al frio cuarto de hospital donde su hijo se encontraba. Le dolía en el alma encontrarlo nuevamente sumido en un sueño que parecía eterno y le deprimía de sobremanera saber que él había sido el único culpable, pero al menos esperaba que aquellas visitas ayudaran a su hijo a encontrar el camino de regreso a su familia.

—De nuevo hoy es un día helado, pero supongo que es normal estamos entrando en invierno y Rusia se caracteriza por el cruel frio. Cuando era niño recuerdo que incluso había ocasiones en que las clases se suspendían por grandes periodos de tiempo ya que resultaba imposible y peligroso salir en plena nevada. En aquellos tiempos recuerdo que pasaba las tardes con Ivan viendo caricaturas y consumiendo bebidas calientes con galletas. ¿Sabes? eran buenos tiempos—dijo e hizo una pausa. Por un momento su mente viajo por el tiempo al momento que narraba con cariño a su hijo. Dejo salir un suspiro al pensar en su amado hermano Ivan y su corazón dolió cuando recordó su sacrificio

—En fin, con el tiempo terminas acostumbrándote. Mi amor, tu hermano y tu padre te mandan saludos y esperan verte pronto en casa—dijo mientras tomaba asiento al lado de su hijo—Ivan te extraña demasiado, bueno todos lo hacemos—Yuri se detuvo a pensar por unos segundos el sentido que tuviera hablar con su hijo cuando ni siquiera estaba seguro de que lo escuchara, probablemente su sueño era tan profundo que ni siquiera tenía idea de lo que ocurría a su alrededor o del dolor que causaba su ausencia.

—Pero está bien, si deseas que sea de esta forma toma el tiempo que creas necesario, pero por favor regresa. Todos te necesitamos, yo te necesito y no terminare de pedirte perdón mi niño.

De repente su soliloquio fue abruptamente interrumpido, la puerta se abrió sin previo aviso dejando entrar al doctor Katsuki.

—Señor Altin, buenos días—Saludó cortes.

—Buenos días.

—Lamento interrumpir, pero debo hacer mi revisión diaria. No demorare demasiado.

—Adelante—Yuri observo con atención cada uno de los movimientos del médico así como a él. ¿Qué tendría que haber pasado para que un extranjero decidiera ejercer en un país como Rusia? Tal vez el nivel de oportunidades, Yuuri no parecía ser ni alfa ni omega ya que no desprendía mayor aroma que el característico por su profesión. Si era un beta en Rusia tenía mayores oportunidades, de hecho cualquiera que no fuera omega contaba con oportunidades en aquel país. Tal vez era eso. Fue un pensamiento pasajero, sin importancia, pero curioso que hizo que toda su atención se centrara de un momento a otro en el joven médico que revisaba con tanta paciencia y dedicación a su hijo mayor. Sin embargo de pronto algo más se encargó de llamar su atención para llegar a desconcertarlo y es que mientras se encargaba se revisar los monitores de Boris una de las mangas del joven médico se había recorrido hacia atrás apenas unos centímetros dejando ver un tatuaje bastante peculiar, una diminuta salamandra. El simple dibujo provoco que algo hiciera click en el cerebro de Yuri.

“Pureza, permanencia, eternidad. En eso te convertirás cuando todo haya sido consumado”.                     Era un recuerdo muy antiguo, lo sabía ya que solo recordaba unas cuantas palabras dichas por su madre cuando apenas era un pequeño niño.

—Yo…debo salir—dijo de repente levantándose con algo de torpeza. Los castaños ojos del joven médico se posaron en los suyos con preocupación.

—No se siente bien—Observo corriendo hacia él.

—No es eso, estoy bien. Necesito usar los sanitarios.

—Está muy pálido, permítame—dijo mientras lo sujetaba con fuerza del brazo ayudándolo a llegar de nuevo a la silla volviendo a sentarlo en ella.

—Es una situación complicada. Puede que jamás la haya vivido en carne propia, pero Boris no es el primer paciente tan joven que atiendo con esta condición—dijo mientras tomaba de la mesita de noche la jarra con agua vaciando parte de su contenido en un vaso y sacando de su bata una pastilla—. La familia necesita de mucha fortaleza, también sé que no ayuda mucho que lo diga, pero este tipo de eventos logra unir o desunir, aunque claro la última palabra está en sus acciones. Tome.

—No es nece…

—Créame que si.

—¿Qué es?—preguntó tomando el vaso y la pastilla.

—Un simple calmante. Sería bueno que pasara con uno de nuestros psicólogos más tarde, nunca está de más hablar de esto con alguien ajeno a la familia—dijo con una sonrisa amable antes de disponerse a salir. Yuri lo miró algo aturdido, hacía mucho que no visitaba a un psicólogo y estaba seguro de sentirse lo suficientemente fuerte como para aguantar un poco más. Regreso la vista a su hijo aun cuando en realidad su atención no se centrara en él.

—Ese tatuaje—susurró aun pensando en ello—Lo he visto, pero ¿Dónde?

Extrañado por lo sucedido y comenzando a sentirse aletargado por el medicamento decidió que lo mejor sería terminar con su visita de esa mañana por lo que se despidió de su hijo con un beso en la frente.

—Lo siento Boris, debo irme. Te amo.

Meditabundo regreso a casa esperando descansar un poco. Sin embargo los trabajos de mantenimiento eran demasiado ruidosos como para permitirle dormir adecuadamente.

—Yura, regresaste temprano—Otabek lo recibió, lucía bastante estresado en un ir y venir supervisando, dando órdenes y en ocasiones uniéndose a las labores realizadas por un grupo de tres personas que para esas alturas habían ya destruido algunos muros de la planta baja.

—Estoy cansado. Voy a descansar un rato, por la noche comenzaré a trabajar—dijo por respuesta y se apresuró a subir las escaleras.

En realidad en aquellos momentos no tenía gana alguna de pasar al cuarto que perteneció a sus padres, pero no tenía alternativa, además era mejor que ir al que fue su cuarto o al de su hermano Ivan.

—Ese tatuaje—pensó cavilando aún en un significado que estaba seguro de conocer. Cerró los ojos, se encontraba tan cansado y lo peor de todo es que ese apenas era el comienzo.

Eran las siete de la noche cuando el teléfono sonó. Los contratistas encargados del mantenimiento de la residencia comenzaban a irse, Yuri continuaba en una de las habitaciones del piso superior, para ser específicos en el despacho de su padre donde había adaptado sus cosas a manera de estudio, desde hacía una hora había comenzado a trabajar en las pinturas que tenía por encargo en tanto que Otabek todo el día se había encargado de la supervisión de los trabajos de mantenimiento en aquella casa, a su vez se había ido a recoger a su hijo menor Ivan en casa de Nikolai y había preparado la cena para los tres.

—Estoy agotado—dijo saliendo de la cocina estirando su cuello—¡Yuri, baja vamos a cenar!—pidió Otabek mientras buscaba el teléfono en la recepción de la desordenada casa.

—¿Diga?—Yuri bajaba con cierto pesar las escaleras mientras escuchaba a lo lejos la conversación que su esposo mantenía.

—Mamá—Ivan corrió al lado de su madre—¿Cómo sigue Boris?

—Él…, va a estar bien. Esperemos que pronto regrese con nosotros. Dime, ¿con quién habla tu padre?

—No lo sé.

—Bien, esperemos en la cocina—Intento decir con la mayor tranquilidad posible. Sin embargo los retazos de conversación que alcanzaba a escuchar y la expresión de su esposo no le agradaron en absoluto.

Yuri e Ivan se encargaron de ordenar la mesa y comenzar a servir los alimentos.

En cuanto terminó su llamada los acompañó aunque su semblante no mostraba nada bueno.

—¿Está todo bien?

—Llamaron de la universidad—comenzó, de inmediato las alarmas de Yuri se encendieron y aunado a la expresión de su esposo es que supo que no se trataba de nada bueno.

 —¿Sucedió algo? —Antes de responder y siendo cuidadoso de no alterar el ambiente en frente de Ivan prefirió continuar la conversación en la habitación que compartían ambos una vez que el niño fue llevado a la cama.

—¿Qué es lo que sucedió que Ivan no puede escuchar? —pregunto el rubio comenzando a alterarse. Otabek decidió ser directo, después de todo lo mejor era darse prisa ya que el tiempo no era su aliado en aquella situación.

—Debo regresar.

—¿Qué?,¡no!, ¿no pediste un permiso? —reclamo el rubio no queriendo dejarlo ir.

—Si, pero al final lo negaron. Escucha Yuri, solo serán unos meses, después comenzaran las vacaciones y podré regresar con ustedes. No tenemos otra alternativa.

—Pero entonces voy a quedarme solo con todo esto.

—No estarás solo, tienes a tu abuelo e incluso tal vez podrías apoyarte en Víctor—dijo pensando rápidamente en las alternativas que tenían.

—¿Qué? ¿De que estas hablando?—pregunto Yuri completamente enojado y desconcertado por el tipo de solución de su marido.

—Ha demostrado ser una buena persona. Llama todos los días y se encuentra al pendiente de la situación, dice que fue muy cercano a Irina los últimos meses de vida, tal vez guarde cierta estima hacía esta familia—dijo por respuesta.

—Pareciera que no entiendes, claro que es atento a final de cuentas somos sus clientes. Es su trabajo de alguna manera asistirnos, pero no por ello deberíamos fiarnos al cien por ciento de él. Además es un alfa. De verdad que no termino de entenderte Otabek Altin—dijo enojado y cruzando los brazos en señal de que no querer escuchar más por parte de su esposo.

—¿Papá te iras?—El pequeño Ivan había entrado a la habitación que compartían. Ambos se habían olvidado por completo de cerrar la puerta y la presencia del pequeño había interrumpido la conversación que comenzaba a acalorarse.

—Ivan, hijo—Otabek hizo una señal a su hijo para que entrará y pudiera explicarle la situación, el jovencito ingreso a la habitación y tomo asiento en la cama en medio de sus padres—. Mis alumnos me necesitan por lo que deberé regresar unos meses o incluso días mientras encuentran un reemplazo, pero durante el tiempo que me encuentre fuera sé que puedo confiar en ti. Tú cuidaras de tu madre ¿cierto?

El jovencito asintió con una sonrisa queriendo mostrar ante su padre que podía confiar en él.

—Lo sabía. Serás el alfa de esta casa en mi ausencia. Por favor haz caso a tu abuelito y tu madre, tampoco olvides las tareas que deje para ti porque es importante que a pesar de que no acudas a la escuela continúes manteniéndote al corriente.

—Descuida papá, vamos a estar bien—aseguro el muchachito con una convicción que a Yuri le habría gustado imitar—. Yo cuidare de ti mamá—dijo colocando una mano por sobre la del rubio.

Con estas últimas palabras y el sencillo gesto del pequeño la ira que Yuri mantenía se desvaneció al instante siendo sustituida por la ternura del momento y las ganas de ser la madre que sus hijos merecían en esos momentos.

—Si, estaremos bien.

La mañana siguiente llegó más rápido de lo que al joven rubio le habría gustado. Durante la noche anterior no había podido conciliar el sueño ya que en repetidas ocasiones se despertó sobresaltado siendo presa de extrañas pesadillas en donde su madre al lado de Víctor hacían acto de presencia pidiéndole continuar con aquello que una vez dejo inconcluso. Eran sueños absurdos, pero que le causaron mayor impacto del que habría deseado.

Aquel día por la tarde Otabek regresaría a Estados Unidos por lo que tanto Yuri como Ivan lo acompañaron al aeropuerto con la intención de despedirlo.

—Ten un buen viaje papá y despreocúpate, vamos a estar bien—dijo seguro de sí mismo el pequeño Ivan mientras abrazaba a su padre. El adulto lo miró con ternura regalándole una sonrisa.

—Estoy seguro de que así será, confio en ti—dijo para después dirigirse a Yuri.

—Mi amor, perdóname.

—No pasa nada, es importante que conserves tu empleo. Todo va a estar bien aquí así que también ten cuidado allá.

—Lo hare—dijo y acto seguido ambos adultos se abrazaron, Yuri se aferró al cuerpo de su esposo mientras este buscaba sus labios para besarlos antes de irse.

—Tranquilo, el tiempo pasará rápido.

—Lo sé.

Otabek partió sin más dejando a un hijo inconsciente de la situación y a un Yuri algo nervioso por el futuro.

Los siguientes días Yuri intento que fueran lo más normal posible por el bien de Ivan e incluso una vez que Otabek realizo los trámites correspondientes en la nación americana y que a su vez hizo envio de los documentos pertinentes logró matricularlo en un colegio privado concontando también con la ayuda tanto económica como moral de su abuelo, él continuo con sus visitas a Boris, retomo sus pinturas y dio seguimiento a los trabajos de mantenimiento y restauración de la residencia Plisetsky. Sin embargo las cosas no fueron nada fáciles.

El estado de Boris se mantenía exactamente igual que al principio sin presentar ningún cambio o mejora y este hecho era una de las cosas que más lo afectaba, por su parte Ivan no terminaba de adaptarse a su nueva vida, las clases eran duras y pese a no desconocer el idioma había cosas que no lograba entender al cien por ciento por lo cual rápidamente se hizo blanco de burlas con sus compañeros, Yuri no lograba concentrase en su arte y estaba tardando más de lo normal en sus pinturas y para colmo de males no era nada fácil trabajar con el contratista que su esposo había contratado. En cuestión el alfa poco quería hablar con él, prefería mantener comunicación con Otabek y sus empleados faltaban con bastante facilidad a sus labores e incluso en una ocasión uno de ellos le faltó al respeto por su condición de omega. El trabajo se estaba atrasando demasiado y no veía cercana una fecha de término.

Para este punto, un mes después de la despedida de su esposo Yuri estaba cayendo en desesperación, sentía que las cosas se le estaban saliendo de control y físicamente se encontraba agotado, pero apenas se encontraba en la punta del iceberg.

Era un lunes por la mañana y de nuevo la rutina comenzaba. Yuri se había levantado desde muy temprano para preparar el desayuno de Ivan y llevarlo a la escuela, reunirse con su contratista y más tarde visitar a Boris. Si durante la tarde quedaba algo de tiempo avanzaría en sus pinturas, de lo contrario tendría que desvelarse nuevamente como días atrás lo había estado haciendo. Aquella semana el contacto con Otabek había sido mínimo, la diferencia de horarios no ayudaba en nada, además las actividades de cada uno les consumía el día a día, por lo cual se limitaban solo a mensajearse y responder cada que era posible. Yuri intentaba no prestar demasiada atención a este fino detalle y tratar de sacar las cosas adelante por si mismo viviendo en la negación y evitando a toda costa la amable ayuda que Víctor le había ofrecido desde el primer día con Otabek fuera del país, pero aquella mañana las cosas simplemente se salieron de control.

El transporte escolar se había encargado de recoger a Ivan a la hora de siempre en tanto Yuri se encargaba de hacer una revisión exhaustiva de cada uno de los “avances” que el contratista aseguraba que sus muchachos habían hecho y que Yuri se negaba a aprobar.

—Quieren verme la cara, pero no pienso permitírselos—se dijo enojado al corroborar como el avance era mínimo y para colmo algunas secciones que se presumían listas no contaban con un mínimo de calidad—Definitivamente no pienso permitírselos, me las van a pagar.

En medio de su rabieta no se había percatado de que el teléfono llevaba sonando desde hacía ya un buen rato. Salió corriendo de una de las habitaciones de la planta baja hacía la recepción donde atendió la llamada.

—¿Diga?

—¿Se encuentra el señor Altin?

—Soy yo, dígame.

—¿Otabek Altín?—Quiso corroborar su interlocutor.

—No, soy Yuri. Otabek Altin es mi esposo, pero se encuentra fuera del país, cualquier asunto relacionado con él puedo atenderlo—respondió queriendo ser paciente.

—¿Usted es el hijo omega de Irina Plisetsky?—Y esta fue la gota que derramó el vaso en la paciencia del rubio.

—Por un maldito carajo, si y de ser el caso el asunto no tiene nada que ver con mi esposo.

—La situación es delicada, me temo que necesitamos a su alfa para saber cómo proceder.

Las alarmas en la mente y corazón del rubio se encendieron llevando de inmediato su pensamiento a su hijo Boris, por lo que perdió por completo la paciencia.

—Mire pedazo de estúpido, mi esposo está al otro lado del mundo, si se trata de algo relacionado con mi hijo más vale que me lo diga de inmediato o de lo contrario pediré la ayuda de la embajada estadounidense y ellos no dudaran en actuar contra sus retrogradas reglas de mierda—Y efectivamente, a pesar de contar con bastantes desventajas en aquel país por su condición aún podía hacer algo por sus hijos ya que ellos eran ciudadanos cien por ciento estadounidenses.

El hombre tras el teléfono soltó una maldición y por lo bajo repelo contra los omegas rebeldes, pero no tuvo de otra que darle la información solicitada.

—El asunto no se trata de su hijo. Hablo del cementerio Vagánkovo, se trata del espacio que ocupa Irina Plisetsky.

—No entiendo, ¿qué sucede?

—Lamento informarle que nuestro vigilante encontró el lugar de reposo completamente profanado, exhumaron y robaron el cuerpo.

Sintió como su cuerpo se helaba por completo al escuchar la noticia.

—Ya levantamos la denuncia correspondiente. Sin embargo las autoridades necesitan de su presencia. ¿Señor Plisetsky…?

Dejo caer el teléfono, sentía como el aire comenzaba a faltarle y la respiración era errática, se recargo contra la pared más cercana mientras intentaba asimilar la noticia y tomar una decisión, pero su mente se negaba a pensar con lucidez.

“Yuri, mi querido Yura. ¿Quién podría conocerte mejor que yo, que soy tu madre? No importa lo que hagas, el destino es ineludible y cada quien recibe lo que merece”

El reloj marcaba las seis de la mañana y una insistente alarma no dejaba de sonar en una exclusiva zona de condominios al norte de Rusia.

—¿Yuuri?—Un somnoliento Víctor tanteo en la cama para alcanzar a su pareja, pero este se le había adelantado para apagar la alarma.

—Es hora de levantarse—dijo con calma alcanzando de una silla la camisa de su pijama para cubrir su desnudez.

—Quedémonos hasta tarde, solo por hoy—pidió el platinado alcanzando a su pareja por la muñeca intentando convencerlo de regresar a la cama.

—Por supuesto que no, mi turno comienza en unas horas y tengo que dar seguimiento a algunos pacientes—explico inclinándose hasta su somnoliento amante para darle un beso en la coronilla.

—¿Entre ellos al joven Altin?

—Si, entre ellos el chico de los Altin.

—Ya veo, en ese caso te dejare ir, pero antes respóndeme una pregunta.

Los ojos del oriental conectaron con la densa mirada azul, cuando Víctor hacía eso lo mejor era no contradecirlo ni mentirle o de lo contrario las consecuencias serían severas.

—¿Cuánto falta?

—No más de un mes.

—Perfecto.       

Publicado por nincoxx

De entre todas las cosas en la vida mi mayor placer es escribir, para mi es tan esencial como el aire que respiro. Por medio de mis historias puedo ser libre, explorar mil y una posibilidades, salir de la monotonía, vivir varias vidas y convertirme en distintas personas. En lo personal me considero una persona completamente romantica, sin embargo mis historias pueden estar llenas de tragedia o finales no muy felices, pero sin embargo nunca faltará una buena dosis de amor.💓

2 comentarios sobre “HERENCIA MALDITA.

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