Matryoshka II (Cap 53)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 53. Trofeo de Francia: Nos veremos de nuevo

Atención: Tener a la mano las canciones This Time por Kayzo para mejorar la experiencia de lectura en los programas.

Anna Shayk » Yuri Angels Fan Club: ¡Estoy tan contenta, tan feliz, tan enamorada! Valió toda la pena del mundo seguir esta competencia. Valió cada centavo de mis ahorros venir hasta aquí a verlo. ¡Yuri Plisetsky ha hecho algo histórico! ¡Su emoción fue tan palpable que lloré por él! ¡Todas las gradas gritaban el nombre de Yuri! ¡Jamás pensé sentirme tan emocionada como hoy! ¡Es el mejor día de mi vida!

Ivan Kozlovsky: ¡Nos ha callado la boca a todos! ¡Qué excelente presentación! ¡Qué excelente competencia!

Regina G. Pöchepa: ¡Yo no dejo de llorar! ¡Nuestro tigre de hielo ha vuelto! ¡Ahora solo tendremos que apoyarlo en la final para que vuelva a ganar el oro que merece!

Nikita Lark: ¡Siempre lo dijimos! Yuri Plisetsky es el mejor patinador del mundo después de Víctor Nikiforov, ¡duélale a quien le duela!

Fotos de la competencia fueron compartidas rápidamente por todas las redes sociales. Cientos de fans de Yuri empapelaron y convirtieron en Trending Topic la emblemática victoria, sobre todo las fotografías del rostro de Yuri empapado por las lágrimas de conmoción y felicidad. Fue inevitable que tras ver el acercamiento tan increíble entre Yuri y su entrenador Víctor Nikiforov, una vieja ship que había quedado olvidada resurgiera como el fénix en medio de sus cenizas, una que lo juntaba con la antigua leyenda del patinaje. Imágenes de Víctor y Yuri abrazados, tocándose las manos o hablando, se convirtieron en la repentina inspiración de las fans.

Los foros de patinaje explotaron de videos, análisis y afirmaciones. Los portales de deportes en Rusia colapsaron con la noticia y miles de fans opinaron lo que había ocurrido. Los fanarts fueron compartidos por todos lados y las páginas de fanfiction volvieron a publicar sus historias. En esa noche, la pareja de Víctor y Yuri creció dentro del fandom para celebrar la victoria rusa.

Yuri Plisetsky había ganado el oro de Francia, pero eso no significaba que su posición estaba intacta para poder llegar a la Gran Final. Quedaban dos competencias, había al menos media docenas de competidores que buscarían puntuar para llegar a ser escogidos en esa posición. Si bien, Yuri tenía una posibilidad, aún no era una certeza. Pero las Yuri Angels preferían ignorar aquello. O estaban plenamente seguras de que pasaría a la final del Grand Prix, sin duda.

La mañana en París llegó y Yuri ya se encontraba de pie, colocándose los tenis para ir a las prácticas de la exhibición. El traje estaba a su lado y, tras haber ajustado su chamarra, lo guardó dentro de su bolso deportivo, donde también se encontraba sus patines y otros implementos. Víctor había salido de la ducha y se estaba vistiendo a su lado, abstraído, mientras pasaba el pantalón sobre la férula de su rodilla. En ningún momento sus teléfonos dejaron de sonar, vibraban sobre las colchas al entrar más y más notificaciones. Era una locura, pero para ambos la sensación fue tan sublime que no quisieron cortarla. Necesitaban escuchar eso, esas notificaciones que auguraban que las cosas mejorarían a partir de ese momento. La FFKK ahora no tendría duda de sus resultados y todos los ojos de Rusia estarían sobre ellos.

Si ambos eran sinceros, eso no les molestaba en lo mínimo.

Ambos salieron de la habitación con la frente en alto. Comentaron divertidos en el ascensor sobre lo que le gustaría hacer en las prácticas de la exhibición y se encontraron con Lilia y Larissa en la recepción del hotel. Los periodistas estaban afuera esperando para obtener una primicia de ese momento. Mientras los cuatro decidían desayunar en el hotel, las fotografías eran disparadas desde afuera y cortos en vivo surgían a través de las redes sociales de fanáticos que lograron verlos a la distancia.

—Siempre tan molestos —refunfuñó Lilia al tomar asiento frente a la mesa. Pidió un jugo de naranja para iniciar, mientras veía con hastío al par de personas asomándose entre los decorados.

Víctor miró hacia atrás para notar lo que Lilia estaba rezongando y sonrió ante los dos intentos de paparazis que estaba a unas mesas más atrás. Las dos chicas se sonrojaron copiosamente al ser descubiertas.

—Particularmente no me molesta.

—Siempre has sido fanático de estas cosas. —Lilia prefería no seguir observando las patéticas actuaciones de las chicas. Miró de reojo a Plisetsky, quien se estaba devorando el plato de huevos y tostadas sin levantar la cabeza, mientras Larissa volvía a dejarle de forma sigilosa una rodaja más de pan—. ¿Estás listo para la exhibición de hoy?

En toda respuesta, Yuri asintió con el pan mordido en la boca. Víctor rió antes de empezar a comer también su par de croissant.

—Quiero peinarte hoy.

Ante la propuesta de Lilia, ambos Plisetsky se miraron. En los ojos de Larissa fue fácil adivinar el “yo quería hacerlo” que se quedó callado ante la pena. Yuri no respondió de inmediato, inteligentemente prefirió demorarse masticando un poco más.

—Me parece que pueden dividirse, el traje de Yuri de hoy exige un buen trabajo de maquillaje. —Víctor levantó el tenedor para darse a entender—. Madam Lilia puede peinarte y Larissa puede maquillarte.

—Sí, así —dijo rápidamente Yuri, para dar por zanjada la situación.

—¿Y de qué es tu exhibición, cariño? —preguntó amorosamente Larissa.

Los ojos de Yuri se levantaron iluminado por una ráfaga de excitación que se propagaba en sus yemas y Víctor emitió una corta sonrisa sugerente que daba espacio para armarse diferentes conjeturas sobre ese evento. Ya Lilia podía imaginarse que su exhibición no sería como la que ella le había propuesto en su debut como senior, algo lleno de fuerza al más estilo clásico. No. Ya podía casi adivinarlo.

—Es tiempo de que vean de lo que soy capaz…

—¡Oh Dios…! —repentinamente, Lilia sintió que aquello cobraría tintes inesperados, más cuando notó la risita divertida de Víctor, jugando con su croissant como si se tratara de un niño preparando el momento de su travesura.

—Solo sé que a la FFKK les va a encantar.

Y eso podría significar muchas cosas, pero Lilia prefirió no amargarse en el desayuno y siguió comiendo, sin buscar más. Larissa no quiso tampoco detener la comida de su hijo, así que dejó las preguntas para después. Víctor se sentía contento por lo bien que había salido todo en esa competencia. Sabía que aún había muchas cosas por resolver, que cuando regresara tendría que ir de nuevo con Regina y no podía descuidar la recuperación de su rodilla. Pero, durante ese mes que les quedaba antes de la final (a la que estaba plenamente seguro de que sí iría, algo se lo decía en su corazón), tendría tiempo para ocuparse de todo ello.

El tiempo en Francia era dedicado exclusivamente a Yuri, a disfrutar de su victoria, a hacerle sentir que había valido todo el esfuerzo. No pensaba preocuparse, de momento, por nada más. Así comió con gusto su desayuno y bebió una abundante taza de chocolate caliente y espumoso, mientras disfrutaban de ese tiempo de agrado y relajación. Luego irían a la pista y la mecánica de Víctor para la práctica sería la siguiente: divertirse. Al igual que antes, no había otra manera para ganar que esa.

Divertirse como lo hizo cuando exhibió Welcome to the Madnees, meterlos a todo en esa locura para que no pudieran despejar los ojos de la pista. Si Yuri lograba eso, tendría los corazones de la audiencia en sus manos.  

—Veo que ya están preparados para practicar. —La voz de Christophe atravesó la mesa. Como estaban en el hotel oficial de la competencia, no era nada extraño encontrar a los otros competidores allí.

De hecho, Giovanni ya se alejaba del grupo en compañía de Masumi mientras cargaba a la pequeña Victoria, que estaba tan encantada con el chico y sus rulos negros que no se percató que su padrino estaba unas mesas más atrás. Víctor la miró de reojo mientras salían del restaurant del hotel, luego enfocó sus ojos a Chris, quien se había quedado a su lado, con la mano en los bolsillos de su pantalón.

—¿Ya viste la nota de Petra?

—No…

—Deberías verla y enmarcarla. A ver cuando se despierta de nuevo de buen humor para algo así.

—¡Oh, vaya! —Víctor sacó su móvil para buscar la nota de inmediato, no había tenido de revisar las redes todavía. Chris aprovechó para saludar el resto de la mesa, aunque Yuri lo ignoró olímpicamente, ocupado en su propio móvil—. Veamos: “El tigre de Rusia vuelve a rugir”.

Chris soltó un silbido y Larissa prestó atención a lo que Víctor empezaba a leer.

—“El patinador masculino Yuri Plisetsky desgarra al público con una enérgica y representativa presentación. Abandonando su miedo por los cuádruples, el llamado Tigre de hielo rugió en la pista hasta ganarse las ovaciones de la audiencia, el jurado y un muy bien merecido primer lugar.”

—Petra estaba excitada escribiendo —Chris parecía divertido.

—No me dañes el artículo —replicó Plisetsky, con un mondadientes en la mano. Chris rió.

—“La ejecución de Lose Yourself demostró la vitalidad y energía que Yuri Plisetsky había guardado durante años. Su impecable ejecución y el gran manejo de los elementos técnicos, elevó los perfiles de las competencias, llegando a igualarse con la magistral presentación de Seung Gil Lee en el programa corto. Como un monstruo que evoluciona, ¿estamos viendo el inicio del renacer de Plisetsky como un ave fénix?” Wow…

La imagen del Plisetsky que ostentaba el artículo era una tomada en medio de la competencia. Entre el brillo del hielo, Yuri realizaba la caída del Flip Cuádruple, con sus manos extendidas como un ave planeando con las corrientes del aire. Un águila poderosa deslizándose entre el viento caliente y dispuesta a atravesar los límites de su territorio. Poderosa e indomable.

—Es un buen artículo —se puso de pie Lilia, llamando la atención de todos—. Pero no podemos perder más el tiempo. ¡Plisetsky, derecho! —El joven, como si estuviera programado, inmediatamente se envaró en el asiento con la espalda firme como la de un militar. Víctor casi chifló de sorpresa—. ¡Es hora de entrenar!

—Pensé que yo era el entrenador, Lilia.

—Entonces apresúrate.

Sin más dilaciones, la mujer se puso de pie y comenzó a andar como si se tratara de la misma zarina de hierro. Chris imaginó que, de joven, Lilia debió ser una vara de acero y no le hubiera molestado sentirla un par de veces en su espalda. Rio con ese pensamiento obsceno y se despidió del equipo ruso porque también era momento de volver a unirse a su esposo y acompañarlos en las prácticas. El tema de Giovanni también era perfecto para la exhibición y lo había animado en la noche a dar lo mejor de sí, para que no se mostrara como derrotado ante Plisestky. 

¿Pero qué clase de tema tendría Yuri para ese momento? Estaba sinceramente ansioso de conocer qué clase de sorpresa había preparado Nikiforov. Nunca solía dejar a nadie indiferente.

***

Tiempo fue el tema que Yuri escogió después de visitar a la tumba de su abuelo, tras firmar todos los papeleos que adjudicaban a Víctor como su nuevo entrenador de la temporada. Luego de vivir el miedo y la sensación de pérdida con el infarto de Yakov, Plisetsky sintió que en ese momento tiempo era todo lo que movía su vida de forma transversal. El tiempo que duró sin su madre, el tiempo compartido con su abuelo, el tiempo que él quería adelantar para ser el mejor. Su debut tan pronto, su acelerada victoria, el miedo de que los cambios de su cuerpo afectaran su rendimiento y luego el tiempo que corrió en retroceso para perder a Yuuri. Todo fue tiempo, el tiempo que se escurría de su mano, el tiempo que perdía, el tiempo que aún corría sobre él formando una montaña de tierra que lo ahogaba y enterraba en una profunda depresión contra la que luchó con uñas y dientes.

«Quiero hablar del tiempo, del tiempo que lo quita todo y lo da todo. El tiempo que mueve el universo, las vidas, una fuerza que va más allá de las demás. Algo que no podemos detener, ni atrasar, ni adelantar».  

Esas fueron sus palabras a Víctor después de la visita al cementerio de Moscú. Recordaba la expresión de sorpresa en el rostro de su entrenador, quien comparado con el de ahora, había cambiado mucho. Sus mejillas ya no estaban hundidas por el bajo peso, ni se notaban las ojeras profundas bajo las líneas de sus ojos azules. Víctor también había cambiado, ese tiempo no estaba pasando en vano.

«He perdido demasiado para solo tener 21. Quiero mostrar todo eso, quiero que termine como una esperanza. Para que, en el libre, sea diferente. Quiero que sea agradecimiento por lo que tengo, pese a lo perdido, pese a lo que se fue. Quiero que haya algo que haga ver que estoy bien, y que puedo pensar en un futuro. Que ya no tengo miedo de que el tiempo me arrebate más cosas, que estoy esperando por las cosas que vendrán por cada pérdida».  

La idea inicial de su tema de temporada fue esa y Víctor lo entendió todo… Su programa no hubiera sido posible si Víctor no hubiese comprendido lo que él quería transmitir. En aquel momento él solo tenía una masa amorfa de lo que deseaba con el programa, pero ninguna idea de cómo hacerlo, o cómo sería capaz de representarlo solo con dos presentaciones. Tenía que buscar la música, esa había sido su responsabilidad, Víctor tuvo que adivinar sus intenciones con base a las palabras y la música que escogió.

Por eso, Víctor hizo magia y Yuri estaba consciente de ello, pero no pensaba admitirlo en voz alta aún.

El tema de exhibición fue escogido por Otabek, junto a los otros dos que representaban su arsenal de competencia. En Almaty, entre juegos y complicidad, Otabek le hizo escuchar esa canción que había modificado electrónicamente y Yuri supo que debía ser la exhibición. Tenía todo lo que necesitaba para ese momento, pero como la prioridad era armar los programas de la competencia, Víctor y él se abocaron en Arsonist’s Lullabye y Lose Yourself primero. La exhibición la armaron después del test de patinaje en Moscú. Con la efervescencia del momento, el programa estuvo listo en menos de una semana. La posibilidad de patinarlo en América aceleró sus sentidos, sobre todo porque Yuuri estaría allí para verlo y Yuri lo consideró la ocasión perfecta para demostrarle que estaba más que superada toda su relación.

Cuan equivocado estaba. Minami llegó a América a aplastarlo todo. Pero ahora que Yuri miraba la pista tras haber calentado, reconocía que Minami había dejado de ser una mosca en la pared hacía muchos años atrás, solo que él mismo no había querido darle mayor importancia. Ahora era un legítimo rival que debía vencer y estaba ansioso por hacerlo.

—¿Estás listo? —escuchó la voz de Víctor a su lado, con el bastón apoyado en la barrera y las manos enguantadas. Un abrigo grueso azul oscuro lo cubría.

—Sí…

—Estamos en las prácticas de las exhibiciones. Ya sabes la mecánica: no te esfuerces de más, solo disfrútalo. La prensa tiene vía abierta para tomar fotografías y lo importantes es que te muestres libre, tranquilo. El oro ya es tuyo en esta competencia.

Yuri asintió y buscó entre las gradas a su madre y a Lilia sentadas esperando verlo. Su madre tenía el teléfono dirigido hacia él.

—¿Pasa algo?

—Otabek se fue. —Víctor le miró sin comprender del todo—. Otabek ya se fue de Francia.

Really?

—Sí, acabo de ver la publicación.

Por eso se había detenido a pensar en “tiempo” y en cómo Otabek había sido un punto importante también para la elaboración de sus programas. En redes sociales aparecieron fotografías de él en el aeropuerto tomando dirección hacia la puerta de embarque de un vuelo que iba a Almaty. Eso había formado un revuelo monumental y muchos de sus fans corrieron a los perfiles de Otabek para darle ánimo y preguntándole si lo veían patinar en las siguientes competencias, ya que lo natural hubiese sido regresar a Canadá para continuar entrenando.

Si de algo estaba seguro Yuri, es que Otabek no dejaría el hielo aún. No obstante, con todo lo que ocurrió en esas noches, estaba preocupado por él. Sin embargo, Otabek le había hecho prometer que en el mundial se encontrarían con Mila en aquel bar y él quiso aferrarse a esa promesa. Tiempo era todo lo que quedaba entre ellos. Tiempo y voluntad.

Todavía Yuri no sabía qué hacer si el “resuelve eso” no pudiera solucionarse. Otabek fue claro al dejar la posibilidad de que aquel asunto no tuviera ningún tipo de resolución. Pero no era el momento de pensarlo. Por ello Yuri le escribió con su cuenta oficial para decirle que esperaba verlo en la World Championship. Otabek respondió con un icono de pulgar arriba, un davai entre ellos que también fue reconocido por sus seguidores más asiduos.

—Pensé que estaría aquí en la exhibición —confesó Yuri al ajustarse los guantes.

—Quizás debía volver para ver a su familia, ¿no ha estado en Canadá desde hace meses?

La inocente apreciación de Víctor solo provocó una pequeña sonrisa en el rostro de Yuri. Sabía que era más, sabía que Víctor no alcanzaba a verlo aún. Quizás porque cuando se sinceró con él solo habló de Larissa. De Otabek no habló. Como siempre, solo aquello que realmente le interesaba era lo que robaba su atención.

—De todos modos, podrá ver la exhibición cuando se cuelgue en las redes —dijo Víctor. Yuri asintió y se quitó los protectores de los patines para dárselos a él—. Así que disfruta de tu momento, Yuri. Es tu tiempo.

—¡Sí!

Entró a la pista para iniciar su calentamiento sobre el hielo. Ya varios de sus compañeros de pistas estaban allí: las patinadoras individuales hasta las parejas de patinajes, todos ellos practicaban relajadamente en un espacio de la pista que era alternado entre ellos. Las cámaras de los periodistas los perseguían. Sus movimientos eran fotografiados por parte del evento. Y todos estaban emocionados porque en la noche, tras las exhibiciones y premiaciones, tendrían espacio para relajarse en el banquete con la seguridad que se verían de nuevo en competencia.

Yuri resbaló al cabo de un rato cuando intentó evadir a una compañera antes de chocar. Rodó en el hielo sin ninguna lección preocupante, incluso hasta rió por lo rápido e inesperado que ocurrió. Para sorpresa de Víctor, Seung-Gil fue quien se acercó y le extendió la mano. Las cámaras captaron el momento al instante en que Yuri se levantó ayudado por Seung-Gil, ya él podía imaginar la leyenda de la fotografía. Cuando miró hacía el otro lado de la barrera, Phichit tenía los dos pulgares arriba, felicitando a su pareja seguro del excelente movimiento de marketing, aunque algo le decía a Víctor que Seung-Gil no lo había hecho solo por ese motivo. También notó a alguien moreno que se escondió en la espalda de Phichit cuando miró hacia esa dirección.

Desde su lugar, Víctor observaba toda la situación con una mezcla discordante de emociones. Estaba feliz por Yuri y quería que toda la atención fuera hacia él, pero después del desayuno y ver el artículo de Petra, había visto también las otras notificaciones donde le informaban de algo respecto a Yuuri. Una publicación en Twitter que se había hecho viral tras las últimas revelaciones sobre el boicot de Rostelecom. Fue escrito por un ruso y compartido en una página de patinaje general, pero su cuenta se había cancelado en cuanto el boom estalló.

Era la respuesta de uno de los orquestadores del boicot en contra de Yuuri en Rusia.

@KatsykiBlackListXX Todos preguntan porque fuimos capaces de programar lo ocurrido en la copa Rostelecom, un hecho que injustamente nos culpan, cuando no fuimos nosotros los que iniciaron la ola de violencia, sino los extranjeros que intentaron callarnos.

@KatsykiBlackListXX Ha sido una violación a nuestra libertad de expresión. Nosotros solo pretendíamos demostrar nuestra aversión a una persona que es desagradable y mal vista para el patinaje ruso. A Alguien a quien le abrimos la puerta y escupió en nuestros rostros.

@KatsykiBlackListXX Quizás nadie lo recuerda, pero Katsuki era un don nadie antes de que Víctor Nikiforov fuera a buscarlo a Japón. Un desconocido, una mierda pisada para todo el patinaje. ¿Quién era ese? Yo recuerdo que tuve que googlearlo. ¡Ni puta idea de su existencia!

@KatsykiBlackListXX Sin embargo, solo por Víctor decidimos darle la oportunidad, ver su patinaje y reconocer que era “algo” bueno. Nos sorprendió cuando llegó a la plata y alcanzó el récord de Víctor. Sí, no podemos negar que es un buen deportista, es quizás lo único que vale la pena resaltar.

@KatsykiBlackListXX Nosotros solo íbamos a mostrar nuestra aversión con nuestras caretas, en ningún momento estaba el atacarle en nuestros planes. ¿Para qué? Pero sí queríamos hacerle sentir un poco de lo que sentimos nosotros cuando vimos cómo abandonó a Nikiforov después de su lesión.

@KatsykiBlackListXX Esperábamos demasiado. Simplemente lo dejó a un lado mientras siguió compitiendo y ganando, al punto que muchos desmemoriados comenzaron a llamarlo el sol azul, como si fuese algo mejor que la leyenda de Víctor Nikiforov, una que nadie, ni J.J ha superado.

@KatsykiBlackListXX Si me lo preguntan, ¡no me arrepiento! Ni de promocionar, ni de participar en este evento. No me arrepiento, así como él no se arrepiente de nada. Puede decir mucho en las ruedas de prensa, pero lo que para mí ha quedado claro, es que no hizo nada. Si Víctor hoy sigue con nosotros

@KatsykiBlackListXX Es por su increíble fuerza, su fuerte personalidad y su incalculable talento. No por él. Y aunque Víctor pueda perdonarle y aún lo quiera (lamentablemente los genios suelen ser unos estúpidos para el amor), yo no lo haré, ni olvidaré.

El hilo de respuestas fue transmitido en diversas redes sociales, se convirtió en Trending topic en Rusia, por debajo del hashtag #TheRealFenix que habían lanzado las Yuri Angels para hablar de la victoria de Plisetsky en Francia. Fue traducido al español, inglés y francés en cuestión de nada y estaba rodando y obteniendo miles de reacciones. Víctor supo de él porque Georgi le había avisado; Louis lo encontró y respondió en sus redes sociales, dijo lo cobarde que era hablar de ese boicot y atacar a alguien oculto en el anonimato, así como detrás de una máscara.

Apenas había pasado una semana del Rostelecom, la FFKK seguía presionada a actuar y la policía rusa ya tenía a varios de los perpetradores atrapados, no a todos, por lo que daba a entender la publicación. A pesar de que la cuenta había sido cerrada, las capturas seguían inmortalizando las palabras y comunicándolas por todos lados. Víctor precisamente tenía eso: capturas.

A pesar de su acción en la Copa Rostelecom, todo indicaba que no sería suficiente. Mientras veía a Yuri patinar en la pista y practicar para su exhibición, Víctor pensaba de qué modo abordar la situación cuando regresara a su país. Porque si los fanáticos radicales pretendían seguir hablando de ese tema y no dejar a Yuuri en paz, él tendría que hacerlo también. Tenía que parar de alguna forma esa maquinaria de odio antes de que volvieran a transgredir los límites. Louis respondía con razón: la intolerancia no debía ser tolerada. ¿Pero qué podría hacer él?

—Espero que ya hayas leído mi artículo de hoy, Nikiforov.

Víctor se giró para notar a Petra a un lado, apoyándose en la barrera con los ojos puestos en Yuri. Su cabello rubio cayó en jirones sobre su hombro y el abrigo mostaza que llevaba encima. La sorpresa por su repentino acercamiento se diluyó casi al instante, por lo que resopló para reacomodarse. Volvió la mirada hacia su pupilo, permitiéndole a ella estar allí.

—Lo leí. Bastante fascinante viniendo de ti.

—Puedo decir lo mismo del patinaje de Yuri Plisetsky de ayer. —Ante las palabras de Petra, Víctor sonrió de lado, reconociendo el sarcasmo devuelto de ella—. ¿Quién podría decirlo? Lo logró.

—Lo hizo…

—Espero que pueda pasar al Grand Prix Final —dijo Petra y los ojos de Víctor la miraron de reojo—. Será emocionante verlo enfrentarse con Kenjirou y Leroy. 

—¿Lo dices sinceramente?

—De la forma más honesta.

Ambos callaron. Víctor juntó sus manos bajo la barbilla y prestó atención a los movimientos de Plisetsky mientras su mente seguía dando vuelta ante lo que ocurría en Rusia y lo que se seguía hablando de Yuuri. Si bien, no había una competencia cercana que obligara a Yuuri cruzar el suelo ruso, tampoco veía correcto el volver a ignorar la situación y callar. Mientras todos los culpables del evento no estuvieran pagando por sus actos, mientras se siguiera creyendo erróneamente que Yuuri lo había abandonado a su suerte y esa idea se siguiera alimentando, la situación no mejoraría. Él se convertiría en uno de los que reprochó dos noches atrás frente a Petra, aquellos que siembran lo que después, con el odio, las multitudes cosechan. Las palabras de Regina tenían un enorme peso al respecto.

«No sé, Víctor Nikiforov, leyenda del patinaje ruso, cinco veces campeón mundial, dos veces campeón olímpico… ¿Qué podrías hacer para defender a tu pareja de tus fanáticos? Si no lo sabes tú, ¿qué puede saber esta anciana?».  

Víctor dirigió sus ojos en el perfil de Petra Kudryavtseva hasta llamar la atención de la periodista. Una de las delgadas cejas rubias de Petra se alzó para mostrar su confusión.

—¿Qué sucede? —preguntó Petra y cerró sus brazos en cruz.

—Dijiste hace unas noches que estabas dispuesta a cambiar la forma en que se veía el periodismo en Rusia.

—Sí…

—Te propongo una entrevista —Ante las palabras de Víctor, Petra estrujó sus cejas.

—¿Una entrevista a quién?

—A mí. —Víctor enfatizó al tiempo que abandonaba su posición frente a la barrera. Tomó el bastón para caminar ligeramente cojo hasta la grada, se sentó y dejó los protectores de Yuri a un lado. Al enfocar sus ojos en Petra, subió el pantalón de su pierna derecha hasta mostrar la férula de su rodilla. Ella apretó su mandíbula—. Sobre esto —afirmó—. ¿Tendrías el estómago para escucharme, Petra?

Ella mantuvo la vista en la rodilla lastimada. Luego observó con firmeza a los ojos de Víctor.

—Tendrá que ser una muy buena historia —dijo ella.

—Yo me encargaré de eso…

***

El vuelo a Almaty estaba a mitad de camino. Durante ese tiempo, Otabek buscaba entretenerse con la lectura de un libro que le había prestado Isabella antes de viajar. En Japón ya era las diez de la noche. En Fukuoka ya entrenador y pupilo habían cenado horas atrás y habían abierto su equipaje tras haber tomado el tren a Fukuoka, lugar en donde retomaría los entrenamientos. Ambos ya estaban de nuevo en el mueble con el televisor sintonizando la emisión en directo de la exhibición, que estaba por empezar. A pesar del cansancio del día largo, ambos no querían perderse la oportunidad de ver el cierre de la Trofeo de Francia.

En Canadá empezó un hashtag a popularizarse conforme pasaron las horas. Un video en vivo que Jean Jacques Leroy transmitió por su cuenta de Instagram expresaba sus buenos deseos para Otabek, mientras se escuchaba la vocecita de Collette imitando esas palabras.

«Te esperamos», dijo J.J en el video que fue compartido y twitteado para felicitar a Otabek y expresarle su deseo de verlo patinar en el mundial. En América, Leo de la Iglesia regresaba de un vuelo a Argentina, cansado y con una jaqueca debido al cambio de horario. Tendría que recuperarse pronto, puesto que en dos días estaría tomando el vuelo para dirigirse a China, donde tendría su segunda competencia de la serie Grand Prix y se enfrentaría a Guang Hong.

Y Guang Hong apenas acababa de terminar su entrenamiento, el cual había tomado más horas que lo usual para prepararse para su primer evento de la competencia. Tras reposar en las gradas tras las duras prácticas, recibió una botella de agua de Celestino y las felicitaciones de Cao Bin por las mejoras técnicas de su programa.

En Praga era las tres de la tarde, a esa misma hora, daba inicio las exhibiciones en París para el fin del Trofeo de Francia. Sara ya se preparaba para enfrentarse en China a su segunda competencia y clasificar para la final. Iría acompañada por su hermano y Emil. Michelle estaba ya frente al televisor con una lata de gaseosa en mano, tras haber ayudado a Emil con los ejercicios de rehabilitación en sus piernas. Emil estaba en el piso, sudado aún, esperando el inicio de la actividad.

Todos los ojos del patinaje puestos en París.

Víctor atravesó los pasillos del evento con su bastón en mano. Vio a Giovanni ya listo para su exhibición con un traje que evocaba el tango y el cabello fuertemente amarrado en la nuca, con sus rizos húmedos y perfectamente formado. Seguramente las fanáticas gritarían cuando lo vieran salir. Seung Gil tenía el mismo traje de su exhibición en Rostelecom: el pantalón negro y una blusa blanca con degradado en gris llena de brillantes, detalles decorativos y un pronunciado escote en V, decorado a su vez por una cinta negra y brillante que resaltaba su vista justamente a esa muestra de piel. A pesar de su caída el día anterior, pensaba actuar en la exhibición. Y por lo que vio en las prácticas, su tema no le exigiría demasiado a nivel físico, por lo que parecía una buena elección.

Todos los patinadores ya estaban listos para presentarse, las mujeres lucían sus trajes para participar y las parejas se tomaban la mano seguramente nerviosos y emocionados tanto por la exhibición como por la victoria obtenida. Faltaba Yuri que seguía atrapado entre las manos de ambas mujeres. Y justamente lo encontró recibiendo los últimos toques de Larissa, quien difuminaba las sombras oscuras sobre su párpado.

El peinado, realizado por Lilia, ya estaba acabado. Su cabello estaba completamente recogido en una cola de caballo, con algunas trenzas pequeñas decorativas y un par de mechones liberados sobre su rostro. Las trenzas pequeñas caían revueltas entre su cabello suelto sobre sus hombros. La blusa de su traje era transparencia pura, un degradado que iba desde un esmeralda en el pecho hasta azul índigo en su cadera. Tenía líneas transparentes color piel que mostraba la musculatura de su torso, con un profundo escote corazón que dejaba sobre la transparencia a sus clavículas. Su pantalón negro y ajustado a las caderas tenía dos líneas zigzagueantes en sus muslos gruesos. Apenas un brillo en sus labios, muy tenue, por lo cual el maquillaje llevaba la atención a los ojos verdes de Yuri.

—¿De quién fue la idea? —preguntó Lilia, no muy convencida con la provocadora pieza que su anterior discípulo había escogido. Larissa, en cambio, estaba extasiada. Veía a su hijo como si fuera la estrella pop del momento y estaba ansiosa por publicar las fotos recién tomadas.

—Quisiera darme el crédito —dijo Víctor, llevando su índice hacia los labios—, pero fue idea de él. ¿Estás listo? Te toca de quinto.

—¡Sí!

—Te ves maravilloso, mi amor. —Sonrió Larissa, con las manos tomadas sobre su pecho. Ella también llevaba una llamativa blusa con un degradé de fucsia a verde—. ¡Te voy a grabar!

Larissa lo abrazó. Víctor contempló el momento en que Yuri, en un gesto ligeramente tímido, puso su mano sobre la espalda menuda de su madre para responder de esa manera a su abrazo. Eso era, en todo sentido, un gran avance. Él pensó que no vería algo igual en años.

Mientras ambos caminaban por el pasillo para salir a la pista, Víctor recordó todo el camino que Yuri y su madre habían recorrido para llegar a ese estado de silente comprensión. Memoró el día que ella apareció en la pista exigiendo hablar con él y gritándole desde la distancia en esa práctica, hasta cuando apareció en el test de patinaje para buscarlo. Larissa y Yuri se habían acercado, de a poco, quizás un poco obligados, pero al mismo tiempo anhelantes de contacto. Arsonist’s Lullabye no fue lo único que mostró un cambio con ello, Lose Yourself también se había visto afectado, de manera positiva, con esa evolución. Conforme Yuri enfrentaba los pendientes en su vida, sus temas de patinaje evolucionaban con él. Estaba ansioso por ver qué sería de ellos en la final de Grand Prix, incluso en la Copa Europea y el mundial.

Yuri también lo sentía así y a pesar de pensarlo diferente a Víctor, también reflexionó sobre esas evoluciones en su vida. El estadio estaba lleno y las personas ya escuchaban la transmisión de la exhibición. La primera en pareja había iniciado con una movida salsa. Entre el ambiente de festejo, Yuri se sentía en el lugar correcto, por fin tomando las riendas de su vida, como si fuera a iniciar un largo vuelo. Y no lo había logrado solo… no, no había llegado solo allí.

De no ser por Víctor, Yakov, Mila, Georgy, incluso Louis, no estaría allí. De no ser por la paciencia de Otabek al inicio, por la insistencia de su madre y las acertadas palabras de Lilia cuando la buscó esa tarde, no estaría allí.  Un profuso sentimiento de agradecimiento se removió en él, en sus entrañas. Repentinamente pensó en ese sentimiento agapé que vivió hace años y que, de repente, volvía a anidarse dentro de él.

—Diviértete hoy, el martes retomaremos las prácticas y vas a tener que mostrarme algo mejor que lo de este fin de semana.

—¿Eh? —Las palabras de Víctor lo habían atrapado distraído. Yuri le miró, mientras Víctor sonreía hacia la pareja que bailaba en el hielo.

—No pretendías que te diera más de un día para descansar, ¿no es así?

—Por supuesto que no. Tengo que ganarle a Minami.

—Oh, ya lo llamas por su nombre.

—¿No era su apellido? —Ante la corrección de Yuri, Víctor mostró cara de despiste—. Cómo sea, recibí un mensaje de Yuuri antes de que me fueras a buscar.

—¿Sí?

—Me envió una foto de Yuko con las trillizas listas para ver la exhibición. Han crecido mucho…

—Imagino que sí…

—Quiero ir a Hasetsu. —Esas palabras en Yuri se sintieron poderosas. Víctor le miró de reojo, percibiendo el retumbo de su corazón al escucharlas—. Iremos a Hasetsu, comeremos katsudon, nos bañaremos en el onsen.

—Sí… Tengo una doggeza que hacer allá.

—Si vuelves a intentar a hacer esa mierda, te juro que te patearé tan fuerte las pelotas que no podrás pararte en meses —amenazó—. Tengo permiso de Yuuri.

—Oh… —Víctor dibujó una sonrisa conmovida—. Me estoy sintiendo en desventaja.

La pareja recibió los aplausos gracias a su apasionada interpretación. La morena norteamericana se movía con mucho sabor y la química que tenía con su compañero canadiense favorecía la exhibición con soltura, color y mucho picante. Ambos se quedaron admirando a la pareja bailando y gozando el momento, la sonrisa blanca de la mujer y la fuerza con la que su acompañante jugaba con su cuerpo para las extravagantes piruetas. Con verlas, Víctor sentía su corazón conmoverse cuando las memorias de sus bailes en el hielo con Yuuri volvieron, tanto frente a todas las cámaras, como aquellos en el silencio de una pista solitaria, donde ambos solo jugaban.

Hasetsu era la cuna de su amor, el nido donde un fénix fue a recuperar empuje para volver a volar, el lugar donde Víctor sintió esas dos “L” abrirse espacio en su corazón. El sitio donde pudo haberse curado, donde pudo resurgir su amor, donde pudieron evitarlo todo. Sin embargo, no era tarde para volver a Hasetsu y la promesa seguía en alto aún sin saber las condiciones y la forma en que llegarían allí. Seguía siendo su meta, más que el oro, más que la gloria: el calor de hogar que los llenó de amor.

—Llegó la hora.

—Sí. —Le fueron entregados los protectores.

—Diviértete, Yuri.

—Sí.

Cuando su nombre fue pronunciado, entre las luces de los reflectores que empezaron a buscarlos en la pista, Yuri salió a deslizarse a toda velocidad en el hielo y abrió sus brazos para recibir los aplausos de los fanáticos que estaban en la pista. Las pancartas de las Yuri Angels que se habían multiplicados desde la última presentación, aparecieron agitadas entre los gritos de sus fanáticas, alabando el hecho de tenerlo allí.

Allí llovía amor a borbotones, había apoyo y fascinación. Yuri miró los rostros que pasaban a toda velocidad mientras se dirigía al centro de la pista e intentó, en vano, identificar a cada una de forma individual. No podría, pero sabía que estaban allí. Antes lo hacían sentir ahogado, ahora las admiraba y agradecía por su persistencia y fe en él. Yuri no se consideraba un ángel, pero se reconoció rodeado de ellos al ver a sus fanáticas agitadas. Una victoria llena de muchas alas.   

[This Time — Kayzo]

La música comenzó a resonar en las bocinas y los sonidos electrónicos llenaron la pista. Las luces de neón enfocaron el cuerpo en movimiento de Plisetsky quien se deslizaba a toda velocidad y jugaba con las expresiones de sus extremidades para sentir a la música en los huesos. This Time, ese era su tiempo: con batallas ganadas, guerras aún que enfrentar y mucho que aprender. Era su tiempo de vivir.

La melodía electrónica fue el tema que escogió con Otabek en Almaty, la que trabajó con Víctor cuando supo que su puesto en la serie de Grand Prix estaba asegurado tras el test de septiembre. Esa era la música con la que pensaba celebrar el peso de sus medallas. Yuri elevó sus brazos y llamó a los aplausos del público, antes de prepararse y sorprenderlos a todos con un salto. El Axel triple cayó y agitó la emoción de las masas cuando el ritmo incrementó en el hielo que se había convertido en una pista de baile.

Con los sonidos digitales, el cuerpo de Yuri danzó como si se sintiera en una de las fiestas a las que acompañaba a Mila o a Otabek. Bailó sin el más mínimo reparo con toda velocidad y disfrutó del modo en que la música se movía y hacía suyas sus extremidades. Movimientos electrónicos fueron realizados con sus brazos y piernas. Se deslizó en la pista haciendo suyo el hielo. Ejecutó nuevas acrobacias en el hielo y saltó alto como lo hacía Georgi, abriendo piernas y brazos como si extendiera sus propias alas y les quitara al resto el aliento de los pulmones. Cayó y giró en sí mismo, movimientos rápidos y feroces fueron ejecutados con sus piernas mientras sus manos acariciaban su pecho y su cuerpo se contoneaba con sensualidad. Luego se lanzó al suelo y rozó el hielo con sus manos con la espalda casi tocando la pista. Y ante el éxtasis de su público, se levantó con la fuerza de sus muslos para iniciar nuevas piruetas.

Yuri se sintió en su elemento cuando cayó clavando el shadow cuádruple y las trenzas le golpearon la cara. Los gritos del público se elevaron en las gradas. Su sensualidad y pasión, desfachatez y encanto los tenía abrumados, bailando al son de sus movimientos desde la distancia. Yuri se mostró a sí mismo como siempre lo había sido, un huracán de fuego y sensualidad que para nadie podría ser indiferente. Un hombre hecho y derecho en la cúspide de su gloria, dejando que sus manos dieran un breve abrebocas de lo que era sentir su cuerpo en llamas. Disfrutando su combustión.

Gloria significaba tener lazos establecidos. Victoria era no estar solo. Triunfo era sentirse bien consigo mismo.

Llamamos amor a todo lo que nos rodea.

Eso era lo que festejaba. Su tiempo, ese tiempo que estuvo esperando y por fin llegó.

Vivir su presente. Sin pensar en el futuro, sin anhelar el pasado.

Yuri siguió bailando con pasión. Su sonrisa se adivinaba con cada nuevo paso y los aplausos de las Yuri Angels acompañaron la secuencia. Víctor lo veía todo desde la barrera, con el corazón hinchado de felicidad. Estuvo allí observando al joven que encontró en un primer momento incapaz de clavar un salto, ahora ejecutando un flip cuádruple con la facilidad con la que él solía bailar.

Los gritos extasiados del público le llenaban el alma. Los aplausos al son de la percusión le sobrecogían el espíritu. Víctor sonrió con la felicidad llenándole, convencido de que también sus propios pasos lo llevarían a esa sensación de plenitud que Yuri experimentaba. Que también llegaría a ese presente donde estuviera cómodo consigo mismo. Que su tiempo estaba por llegar.

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¡Precioso art de Mariv!

Yuri se deslizó en el hielo de rodillas, arrancando estelas de hielo que chocaban con su rostro y brillaba con las luces de los reflectores persiguiendolo. Víctor anheló estar así en el hielo, una vez más.  Dentro de Víctor también nació la necesidad de vencer a la lesión que lo había detenido para caminar y formar también su propio camino.

No podía seguir con el miedo a volar.

En Japón se sintió similar.

—Yuuri, mañana empezamos a entrenar —dijo Minami emocionado en el mueble tras mirar la increíble presentación de Plisetsky a la distancia. Solo verlo le había provocado entrar a la pista para interpretar su baile de la victoria.

Yuuri, apoyado en el respaldar, sonrió con seguridad. Sus ojos estaban vestidos de fuego.

—Sí. Tenemos una competencia que ganar.

See you next level…

Notas de autor: Penúltimo capítulo y agradeco a todos su paciencia. Inicié un proyecto y me está ocupando más tiempo del que quería, sin embargo logré sacar espacio para escribir de a poco. Además, la escena con Otabek me tenía muy muy bloqueada y ahora por fin he entendido porqué. Si leen la conversación que tuvo él con Mila y como pasa de: “no puedo corresponderla” a “estoy confundido, no quiero dejarla, no quiero irme”, es una evolución interesante. Lo confundido que quedó tras ello.

¿Qué opinan de ello? ¿Han escuchado del poliamor? Hace mucho tiempo fui a un taller que hablaban de las personas que podían establecer vinculos afectivos y sexuales con varias a la vez, algunos en distintos intensidad y otros no. Es un tema muy complejo, pero recuerdo que me hizo entender mejor la dinámica que escribí en Juicio de Alfas. Me sorprendí al ver a Otabek apuntando hacia allá al aclarear eso, ¿pero qué pasara con esta revelación? Porque esto no significa que Mila o Yuri pudieran estar dispuesto a vivir una relación así. Sin embargo, el que Otabek empeice a entender lo que sucedió con ambos sentimientos, lo pueden ayudar a manejar su corazón cuando inicie alguna relación futura. El conocerse le servirá.

Precioso art de Mariv con su versión del traje, ¡fue el que me inspiró para este programa!

PD: Estoy por publicar mi primer original en mi página carolinavilladiego(.)com. Se trata de Hijo de Payasos, historia con la que gané el wattys en el 2018 en Wattpad. Me encantaría que, si les interesa, me apoyaran con este nuevo proyecto.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

2 comentarios sobre “Matryoshka II (Cap 53)

  1. Kyaaaaaaa!!!!
    Hermoso, demoledor y emotivo.
    Ya me ando llenando de teorías y posibles sucesos venideros. Tengo creados en mi cabeza fragmentos de la ida de Vitya y Yura a Hasestsu y un posible futuro en Detroit que espero se haga realidad.
    Amo esta historia, gracias Caro por alegrarnos la vida con tu escritura.

    Me gusta

  2. Cómo iniciar ?… Dioses es que no importa el tiempo que pase , Matryoshka y tú siempre me quitan las palabras de la boca.
    Este capítulo me hizo recordar mis inicios leyendo Matry, todo lo que se vivió los momentos en los cuales lloraba, reía o gritaba eufórica 😹.

    Me encantó la nota de Petra, me hizo recordar a como comentaba con emoción como Yuri volvía a rugir sobre la pista .
    Sobre la entrevista que va a dar Víctor, wow…no me lo esperaba pero me entuciasma y alegra que Victor este decidido a tomar más cartas en el asunto.

    Y lo mejor y lo que venía esperando más nwn, el programa de Yuri, dioces lloré imginandomelo con toda su energía vivas en la pista, fue magnífico. Me alegra que eligieras el trabajo de Mariv, quedó como anillo al dedo 💖

    Ya extrañaba está sensación de éxtasis que me deja Matryoshka despues de terminar de leer. Estoy ansiosa por leer lo que sigue.

    Le gusta a 1 persona

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