Tabú 37


La casa estaba decorada como para recibir las navidades.

Sin embargo como todos los rusos guardábamos nuestras ganas de festejar y darnos regalos de fin de año y navidad para la primera semana de enero. Por ese motivo, en pleno veinticuatro de diciembre, estaba muy ocupado atendiendo a un grupo importante de distribuidores de nuestras colecciones a los que serví de guía por nuestras instalaciones.

Tras el largo paseo y la detallada explicación sobre nuestros procesos de producción firmé un importante contrato para atender un pedido especial de los almacenes Chic que deseaban contar con nuestra línea ejecutiva para ofrecerla a sus clientas millonarias de Medio Oriente.

Lilia estuvo muy de acuerdo con las condiciones para asegurar la entrega de nuestro lote y en cuanto estampamos nuestras firmas en el convenio y despedimos a Alisha Mevarak la presidenta de directorio de la compañía más importante de distribución de ropa por catálogo. Lilia se dirigió a los talleres para comenzar a darle forma a los diseños en el papel y los chicos muy entusiasmados bajaron el volumen del equipo de sonido y comenzaron con la lluvia de ideas para sacar el pedido.

Las buenas nuevas no cesaban. También recibimos un pedido especial de nuestras propias tiendas y fueron Karl y Nicolette, los encargados de las sedes de Berlín y Viena; quienes detallaron a Mila las ideas recogidas en una encuesta realizada con nuestra propia clientela. Ella comenzó a pulsar su tableta para tomar nota de cada detalle y hacer que los lápices del área de producción masiva puedan moverse “a la velocidad del sonido”, eso es lo que ella decía siempre.

Y tendrían que redoblar esfuerzos porque por la tarde después de almorzar con Frankie Slater el pedido especial para abastecer sus tiendas en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido y Canadá fue el mejor convenio que firmé.

—Víctor es demasiado. —Mila miraba las cifras y parecía estar muy asustada.

—Contrataré más personal para que te apoyen, solo tendrás que supervisar su trabajo o dejarás que le den los detalles de tus diseños básicos. —Sé que la estaba presionando demasiado, pero sabía que ella tendría la capacidad para responder al reto—. Ya es hora que te encargues de algo que demande más de ti. Sé que lo puedes hacer Mila.

—Necesitaré un equipo de cuatro personas. —Tomó su celular y buscó los nombres—. Las chicas a las que voy a llamar son muy dinámicas y productivas y en la escuela de diseño siempre nos llevamos bien.

—¿Estás segura que solo cuatro personas? —Los volúmenes de prendas iban a ser altos y querían una gran variedad para la temporada otoño-invierno.

—Sabemos lo que es trabajar a presión y creo que eso incentivaba nuestra productividad Víctor, además necesito gente de confianza junto a mí. —Guiñó el ojo y comenzó a llamar a sus amigas.

Cuatro diseñadoras muy destacadas que cuando Mila las convocó de inmediato aceptaron el reto de sacar todo un catálogo de temporada, muy nutrido en la línea prett a porter. Esa sería una colección con la que entraríamos a competir con fuerza en el mercado de América y tentaríamos en el asiático.

Cerca de las seis de la tarde, viendo el cielo gris y los pequeños carámbanos de hielo colgar de las ramas de los árboles llamé a Yuri y como no contestó solo le dejé un mensaje diciéndole que iría a recogerlo luego de la práctica y que lo invitaba a tomar algo muy caliente y dulce.

Estaba a por guardar el celular cuando recibí la respuesta de mi hermanito.

Mi Niño: Algo caliente y dulce… ¿tu semen?

Yo: Yuri… sé un niño bueno por lo menos estas horas.

Mi niño: XD tomar… taza… chocolate cn pasteles… torta.

Pulgar arriba y cerrábamos el acuerdo con un par de caritas sonrientes. Esa noche sería tranquila y tal vez luego de la salida podríamos ver una película en casa y dormir relajadísimos.

Llegué de manera puntual al colegio de Yuri y fue el primero en salir, se despidió del chico nuevo y corrió hacia el auto. Se veía tan feliz que me contagió su entusiasmo. Choque de puños para saludarnos y un beso en la mejilla como buenos hermanos.

Una pequeña pastelería que solía visitar en mi infancia nos acogió y la dueña, una señora bastante mayor, se acercó a tomar el pedido. Ella lo hacía siempre porque le gustaba saludar a sus clientes y mucho más si reconocía a uno que desde hacía unos diez años no había visitado su local.

—Qué honor tenerte, nunca olvidaré que pedías medovik y llevabas un par para el camino. —La anciana no había olvidado mis costumbres y no sé cómo lo hacía, pero tenía una memoria prodigiosa para recordar esos detalles de sus clientes—. ¿Y quién es este mozuelo?

—Es mi hermano Yuri señora Levedeva se le antojó comer algo dulce y quise que probara sus postres. —Miré a Yuri contemplar absorto a la dueña de la pastelería y saludarla con un cordial buenas noches, algo un poco usual en él.

—¿Tú hermano? —Escudriñó un poco comparando nuestros rostros y comentó—. No te pareces a Víctor. Él es un joven muy guapo, pero tú eres un niño muy bonito.

Yuri enrojeció y yo estaba muy preocupado porque dijera alguna tontería a la buena dama; pero creo que Yuri comprendió a la perfección el cumplido y solo dijo “gracias” con la voz muy baja y agachando la mirada.

Pocos minutos después el mesero traía en una bandeja dos gruesos jarros de vidrio con chocolate caliente, una gran pieza de muravéinik que es un delicioso pudín y una gran tajada de leche de ave para compartir entre los dos. Y como la señora Levedeva nos recomendó probar natilla con unos bollos de leche e insistió que estaba muy buena, también la pedimos.

—¿Venías siempre a este lugar? —Yuri repasaba con la vista cada detalle del decorado, las viejas fotos de trenes, los candiles de luz amarilla, los adornos de la vitrina y se detuvo contemplando el árbol de navidad que estaba listo esperando los regalos de enero.

—Papá me traía cuando era muy pequeño y luego cuando cumplí nueve yo me atrevía a venir solo. —Los dos nos quedamos en silencio ya que hacía semanas que no hablábamos de nuestro padre.

—¿Y tu mamá? —preguntó mientras jugaba con una servilleta de papel—. Me hablas muy poco de ella.

—Ella tenía gustos más elaborados o exclusivos. —Recordé que mi madre jamás se acercaba a esa pastelería porque decía que era para gente común.

—¿Cómo es ella contigo? —Yuri saboreaba los postres como un niño de kínder.

—Me quiere como toda madre quiere a un hijo, me cuidó mucho de niño, de adolescente me apoyó en todas mis locuras y proyectos, cuando partí de casa se puso muy triste; pero siempre respetó mi independencia. —Comencé a recordar esos detalles maravillosos que venían a mi mente siempre que hablaba de mi madre—. Cuando no está de acuerdo conmigo suele decirme las cosas sin dudar, no le importa si me hiere; pero luego dice que respetará mis decisiones, aunque no le gusten.

—En eso te pareces a ella. —Me pareció ver cierta tristeza en la mirada de mi hermano y recordé que él no conoció a su mamá.

—¿Te hizo mucha falta tu mamá? —Deseaba que mi hermano saque esa tristeza en palabras, era mejor que la hable a que la guarde.

—Tal vez de pequeño soñaba con tener a mi mamá, pero me acostumbré a vivir solo con el abuelo y creo que no la necesité mucho. —El rostro y el tono de voz de mi hermano me decía que el ambiente se ponía pesado y que debía cambiar el tema de conversación.

—¿Estás viendo ese tren de la fotografía? —Yuri asintió al fijarse en una vieja locomotora que arrastraba varios vagones de color negro—. Ese fue uno de los primeros trenes que llegó a la ciudad y el bisabuelo del papá de la señora Levedeva trabajó en él…

Seguí con las historias de trenes y de inmediato Yuri cambió esa nostalgia por una tierna sonrisa de niño. Esa sonrisa inocente que siempre amaré y que me conquistaba más que sus miradas seductoras y es que ese gesto que pocas veces mostraba mi niño, traspasaba mi vil materia y como un pequeño gorrión aterrizaba en el centro mismo de mi corazón donde anidaba y me hacía sentir niño de nuevo.

Creo que la parte pura de mi amor por Yuri provenía de esa necesidad de sentirme unido a la inocencia que perdí y que él todavía conservaba intacta. A pesar de sus palabras calientes, de sus insinuaciones, de sus tentadores movimientos o de sus hormonas burbujeando dentro de su sangre; Yuri todavía podía regalarme una sonrisa dulce, tierna y cándida; no sé cómo más llamarla… sí lo sé, pura.

Si tomaba a Yuri, esa sonrisa se borraría y en su lugar aparecería la ardiente mueca de un amante exigente y tenía miedo de arrebatar la pureza de mi hermano, pero al mismo tiempo tenía el deseo de hacerlo, de tocarlo y ver cómo su dulce sonrisa se transformaba en el gesto torvo de un hermoso demonio rebosando de placer entre mis brazos.

Me quedaría con la última mirada y la última sonrisa inocente de Yuri, las guardaría por siempre en un lugar sagrado, aquel al que no dejo ni asomarse a ninguna de mis bestias internas y solo la sacaría para observarla en momentos como ese cuando quería volver a experimentar mi propia inocencia.

Si Yuri hubiera sabido las ideas que formulaba tal vez habría comprendido lo enfermo que me sentía por nuestro imposible amor. Afiebrado por sentir de nuevo su boca, tembloroso por tocar la curva de su espalda y ansioso por escuchar los sonidos lascivos que pudiera hacer si lo tocaba.

Pero esas horas que jamás olvidaré me vestí de ternura y decidí contemplar la belleza de su alma inmaculada que asomaba en sus ojos y en su pequeña sonrisa que yo adoraré por siempre jamás.

Yuri lo pienso y sueño con sus labios y la forma cómo los curvaba para expresar su alegría y dejaba ver el pequeño pedacito de diente que asomaba níveo y tentador entre sus labios y la punta de su delgada lengua que, traviesa, se escondía entre sus dientes.

Absorbí mis labios y rompí la magia del momento porque de inmediato Yuri notó que estaba concentrado en su boca y sin ningún pudor pasó la lengua por la totalidad de su labio superior y su mirada volvió a mostrar el brillo de una fiera hambrienta.

Después de disfrutar de los postres y la cariñosa atención de la señora Levedeva, nos dirigimos al auto y tuve que atender una llamada de Iván Stepanov un amigo del círculo de modelos de San Petersburgo.

—Víctor sé bien que vas a desaparecer mañana querido, por eso quiero que vengas a tu fiesta sorpresa ¿sí? La hemos preparado con cariño y queremos tenerte estas horas. —Durante los últimos cinco años había compartido trabajo y negocios con Ivo y no podía negarme a su cordial invitación.

—¿Cuántos invitados? —Sabía que una pequeña reunión significaba una gran fiesta para él.

—Pocos. —Ivo sabía que yo me ponía pesado el día de mi cumpleaños y por eso hacía esas reuniones para festejar la vida y el amor como solía decir—. Y por favor cuando llegues hazte el sorprendido ¿sí?

Yuri se quedó callado el resto del camino. Cuando lo recogí del colegio le había prometido una velada juntos en casa, pero me era muy difícil decirles no a los chicos y las amigas; lo vi mirar por la ventana apoyando su cabeza sobre el vidrio.

Tampoco dije nada hasta que llegamos al departamento. Lo vi saludar a su gato, tirar la mochila sobre su cama y encender la personal con desánimo, yo me bañaría y cambiaría de inmediato para ir a la fiesta y me dio mucha pena dejarlo solo.

—Yuri cámbiate rápido y vamos a la fiesta. —Quería lucirlo entre mis amigos, mi hermano siempre alborotaba a todos y eso me llenaba de orgullo y hasta de cierto placer.

—No, son tus amigos y están bien viejos ¿de qué hablaría con ellos? —Yuri tenía razón, pero yo insistí.

—Vamos date un baño rápido y cámbiate. —Le supliqué formando un enorme puchero en las mejillas—. Te espero.

—¿Por qué no nos bañamos juntos Vitya? —Me miró desde el umbral de la puerta de baño y yo negué intentando ponerme muy serio.

Cerré la puerta y le grité que se apurase. Media hora más tarde estaba listo con un traje elegante, pero algo informal tal y como Yuri me sugirió que llevara y él… Yuri vestía un outfit muy particular, remera muy pegada a su delgado cuerpo estilo animal print, pantalón y chaqueta de cuero y unos botines hasta el tobillo.

Sabía que haría enloquecer a las chicas y esperaba que en esa fiesta no hubiera ni un solo depredador observando a mi hermanito, aunque sabía que siempre se presenta más de uno asechando a los inocentes corderitos. Lo llevaría a la fiesta para adultos, pero no se separaría de mi lado ni un solo instante.


Al llegar al piso de mi amigo me sorprendí de verdad porque entre el salón principal, el comedor y los corredores calculé que asistieron por lo menos unas cien personas y si bien pensé que irían varios invitados no me esperaba que fueran tantos. Aplaudieron cuando entré y tardé como veinte minutos en saludar a todos. Comencé a brindar con cada grupo al que me acercaba y presenté a Yuri con todos.

Yuri además de volver locas y locos a mis amigos con su hermosa figura y su singular atuendo, soltó sus amarras y de inmediato se fue a comer algo, a beber en la barra, a observar a un dj que ponía la música, a mirar la ciudad desde la terraza de mi amigo, a jugar un rato con unas chicas el juego de “adivina quién soy” y a bailar.

Creía que Yuri estaría a mi lado toda la noche como si fuera una damita bien instruida y complaciente o un cachorrito obediente y fiel a su amo; pero olvidé que Yuri era casi como un mercenario y que era mejor pensar en él como un gato salvaje.

¿Por qué lo hizo?

El motivo tenía nombre de mujer, Karla Zima una modelo de diecinueve que estaba subiendo como la espuma entre las modelos de Europa del Este y que tenía la intensión de aparecer en el próximo desfile de Nefrit a como dé lugar. Así que la bonita y atrevida Karla no me soltó desde que nos presentaron y me pidió que encienda su cigarro.

Se insinuaba con descaro y poco faltaba para que hiciera un streeptease en el salón. Y no hubiera sido algo que no viera en esas fiestas locas que solíamos tener los modelos, pero creo que todos se inhibían con la presencia de mi niño.

Mi niño que mostraba su mirada de tigre herido. Yo estaba seguro que quería desaparecer a la modelito de mi lado; pero como había prometido portarse bien conmigo en vísperas de mi cumpleaños número veintinueve solo se limitaba a mirarme con odio y a veces con desprecio.

Esa actitud de Yuri me mantenía en calma, porque como había llegado a conocer sus reacciones sabía bien que con un par de caricias mías se le pasaría o solo duraría hasta la cena del día siguiente, aunque esa fecha en especial sí teníamos un plan para estar juntos todo el tiempo sin que nadie nos moleste.

No iría a colegio ni yo a la oficina y juntos pasearíamos por la ciudad, iríamos de tiendas, a almorzar, al cine, a jugar en un antiguo Arcade, a patinar, a cenar y tal vez lo llevaría a una discoteca. Quería estar solo con él y que nadie más molestara mi día a parte de mi madre que seguro llamaría temprano, Lilia que tendría un regalo para mí y Yakov que invitaría el almuerzo.  

La música nos envolvió de pronto y saqué a Karla a bailar, junto con mis demás amigos y entre tragos, bromas, chistes, risas, brindis, recuerdos y proyectos me olvidé por un buen rato de la presencia de mi hermano.

Tras bailar sin parar casi como unos cuarenta minutos noté que Yuri no estaba en el salón, así que decidí buscarlo mientras iba al baño. Pensé que seguiría jugando con las dos chicas con las que se había sentado en el pequeño espacio de juegos del departamento, pero cuando no lo hallé en el lugar comencé a caminar entre los invitados y empecé a preocuparme.

Por lo menos dos de ellos podrían haber intentado hacerle algo a mi hermanito en medio del alcohol y las sustancias que solían compartir. Entré y salí de los salones, abrí y cerré muchas puertas corredizas y revisé en todos los espacios, pero no había señal de Yuri.

Entonces decidí preguntar a mis amigos si lo habían visto, pero la mayoría no tenían ni idea de donde se encontraba. Paré un rato tratando de pensar y mantener la calma, no podía haberse ido de la fiesta porque no sacó su billetera y no tendría ni medio rublo para el taxi.

Tomé mi celular y lo llamé, pero como era habitual en él cuando estaba molesto conmigo, no respondió. Preocupado volví a insistir hasta que la novia de mi amigo me dijo que en mi saco sonaba un celular. Era el celular de Yuri y recordé que me pidió que lo guardara cuando estábamos en el ascensor.

Observé a todos en una sola mirada y noté que tampoco estaba Ruslan Portnov. La horrible sensación de un chorro de agua fría bajando por mi espalda me puso en alerta. Pensé lo peor porque había visto a Yuri tomar un par de copas y sabiendo que no era tan tolerante al alcohol imaginé que podía haber perdido la razón y ese desquiciado podría estar aprovechado el momento.

—Ivo ¿viste a Ruslan? —pregunté al organizador de la fiesta sintiendo gran temor por la respuesta que me fuera a dar. El miedo invadía mis cansados músculos poniéndolos en estado de alerta de inmediato.

—Hace media hora se despidió de mí —dijo Yuri Abramov comentarista de una revista de moda gótica—. Dijo que tenía algo especial qué hacer.

«Yuri no podría haber sido tan estúpido de irse con ese tipo», me dije y sin embargo esa era la única idea que se me venía en mente.

De inmediato me quedé paralizado sin saber qué hacer y tal sería mi miedo que mis amigos se dieron cuenta de mis apuros, algunos sabían que estaba buscando a mi hermano y otros sabían que pregunté por Ruslan, los pocos que escucharon las dos premisas sacaron conclusiones de inmediato.

—Víctor ¿quieres que llame a Ruslan? —Katiya, la novia de mi amigo se acercó con discreción ofreciéndome su ayuda, la vi digitar los contactos e insistir dos veces la llamada. En la tercera tuvo respuesta y ella se cerró en la cocina para preguntarle si había visto a mi hermano.

La ansiedad me carcomía y solo atinaba a golpear el piso con el taco de mi zapato esperando que Katiya saliera a hablar conmigo. ¿Por qué diablos ella tardaba tanto?, me pregunté. De pronto la puerta abatible de la cocina se abrió y ella me acercó su celular al oído. Era Ruslan el que estaba al otro lado de la línea.

—Víctor te la pasaste esta noche vigilando a tu lindo hermanito con tanta preocupación que ni el diablo se hubiera atrevido a tocarle un cabello. —Rio con fuerza, tosió porque se atragantó con su risa y tras aclarar su garganta me dijo burlándose de mí—. Tu hermano no está conmigo, no me lo he llevado de la fiesta para comérmelo, no soy el depredador que piensas querido, pero yo sí sé dónde está.

—Por favor Ruslan dime dónde está. —Tenía tanto miedo que sentía cómo si el aire me faltara.

—Primero pídeme perdón por pensar que yo me robaría al pequeño Nikiforov. —No sabía si bromeaba o no, pero con tal de saber el paradero de Yuri tuve que ceder a su tonto chantaje.

—Perdóname Rus, pero estaba asustado y tú eres tan…

—Maldito y degenerado… ja, ja, ja. —Ruslan seguía jugando conmigo—. Tú me enseñaste a serlo Vitya o no recuerdas eso.

—¡Ruslan! —grité desesperado.

—Vi cuando tu hermanito y esa niña bonita de trenza dorada ingresando a uno de los dormitorios…

Muy apenado busqué a Ivo y al volvernos a ver me dijo que había encontrado a Yuri y que si no estábamos haciendo una cama redonda en su dormitorio era por él.

—Qué bueno que por lo menos él sí la estuvo pasando de maravilla. —Dibujó una línea torcida con sus labios y me pidió que lo siguiera.

Subí al segundo nivel y mientras caminaba tras el anfitrión vi que de un dormitorio salieron dos de mis amigas con los cabellos desordenados y entraron a otro dormitorio donde estaban como diez chicos y chicas fumando hierba.  Entonces pensé que no debí haber llevado a mi hermano a un lugar como ese. Él no estaba preparado para experimentar ciertas situaciones que los adultos vivimos.

Ivo abrió el dormitorio principal y vi que Yuri y la chica de la larga trenza estaban dentro de la cama.

Se habían quedado dormidos, Yuri le daba la espalda y ella abrazaba la almohada. Él tenía la camisa abierta y ella había dejado el vestido sobre una silla cercana. Pensé que la furiosa serpiente cedió ante la tentación de tan bonita Eva y luego los venció el cansancio.

Observé pasivo a esos dos pequeños demonios quienes tal vez cometieron el más dulce de los pecados en un dormitorio y una cama ajena. Al contemplarlos un poco más, comprobé que tenían los rostros de querubes recién bajados del cielo. Yuri había tenido un día tan duro que no aguantó más allá de la media noche y la niña parecía muy tierna como para estar con actitudes de mujer. Aunque en el mundo de los adolescentes es mejor no suponer.

—Vitya déjalos dormir deben estar agotados. —Ivo susurró entre risas mirando mi cara de perfecto imbécil—. A su edad tú ya follabas con Julian ¿lo recuerdas?

Iván no podía ser más duro y realista, así que puse un cobertor grueso sobre los dos y cerramos la puerta. Extrañamente no me sentí molesto por lo que acababa de hacer mi hermano, no vi a esa dulce chiquilla como una rival.

Volvimos a la fiesta de mucho alcohol y poca ropa que no pude disfrutar a plenitud porque pensé en Yuri y su dulce compañera. Cantamos, reímos, brindamos, contamos muchos chistes y anécdotas y sin darme cuenta la mañana fría del veinticinco había comenzado hacía mucho.

No quise quedarme a dormir con esos locos porque después de un festejo como ese mi sueño sería bastante pesado y temía que cualquiera aprovechara esa condición y entrara al dormitorio donde estaban Yuri y su conquista. Yo no quería imaginar qué les podría pasar.

Cuando regresé a la habitación principal con la intención de despertar a Yuri para irnos, él ya se encontraba despierto junto con la bonita modelo de una de las marcas de cosméticos para adolescentes más reconocidas de Europa. Me miró y me presentó a su compañera.

—Vitya ella es Olga. —Le saludé con una sonrisa y de inmediato mi hermano me arrinconó cerca de la puerta de baño de la habitación y habló a media voz—. Oye vamos a llevarla a su hotel. El hijo de puta de su representante la dejó sola con estos malnacidos de tus amigos y un maldito viejo casi se la lleva a un motel anoche.

Comprendí que Yuri hablaba de Ruslan, el maldito viejo tenía mi edad.

Accedí a llevar a la pequeña dama hasta su hotel y en el camino ella sostenía con fuerza la mano de Yuri mientras mi hermano la abrigaba con su propio saco. La niña temblaba de frío y yo me sentía impotente por lo que casi le sucede.

Le aconsejé que les dijera a sus padres que cambiasen de representante, pues nadie debe abandonar a una chiquilla en la fiesta de unos adultos de esa manera, salvo hubiera sido esa la intención.

—Le diré a mis abuelos señor. —Tenía el rostro enrojecido y los gigantescos ojos azules brillaban con la luz de la mañana—. Mi mamá contrató a Mikhail para que sea mi representante y me dice que lo obedezca en todo.

Esa era la triste realidad de muchos jóvenes que comenzaban en el mundo del modelaje y eran pocos los que gozaban del apoyo de un representante responsable y de auspiciadores que los respetaran.

Dejamos a la chiquilla en la puerta de su hotel y la vimos ingresar a toda prisa con el saco de Yuri sobre los hombros y los zapatos de taco en la mano. Me dio mucha pena verla así.

Aun estando algo ebrio como estaba me atreví a manejar hasta el hotel de la niña y luego a mi casa. No había mucha distancia entre el edificio de Ivo y el hotel de la niña así que no sería tan peligroso conducir, no imprimí mucha velocidad y me mantuve atento al camino.

Yuri sugirió que por ese tipo de actitudes inmaduras de mi parte ya era hora que él sacase su licencia de conducir. Yo le di la razón y lo vi sonreír. Di la vuelta al coche perdiendo de vista la avenida Mayakovskogo y juré que jamás volvería a llevar a Yuri a una de esas fiestas exóticas que solíamos tener con mi grupo de amigos.

Mi hermano todavía se hallaba algo somnoliento y apoyaba su cabeza en la ventana del auto, le dije que recuperaríamos sueño hasta las diez y luego saldríamos a hacer algo divertido. Esperaba que la resaca no me impidiera tener un día bonito para poder disfrutar junto a mi hermanito y tal vez más tarde le preguntaría qué había sucedido entre él y esa chiquilla.

Entramos al departamento y cansados caminamos hasta la sala, Yuri me pidió que me detuviera y lo esperase unos segundos. Se acercó al aparador del comedor y de uno de sus cajones extrajo una caja pequeña envuelta en papel de regalo azul con una cinta en color plata.

Abrí con rapidez y dentro encontré una hermosa esclava de oro blanco con salpicaduras de zafiros y con una inscripción que decía: Te amo, Yuri. Me la puse en la muñeca derecha y la contemplé con tanta felicidad que podía sentirme cerca del cielo.

—Feliz cumpleaños Vitya —me dijo y se acercó para abrazarme.

Lo apreté entre mis brazos aspirando su perfume de menta, él ajustó sus brazos en torno a mi espalda y por unos segundos nos quedamos sintiendo nuestra respiración en silencio. Nos separamos un poco y nuestras miradas se enlazaron por un largo minuto hasta que conmovido le dije.

—Gracias Yuri por estar conmigo. —Él volvió a regalarme la ternura infantil de su sonrisa y yo quise robarle un beso.

Tomé su delicado mentón con las manos y sin prisa me acerqué a su boca que me esperaba abierta y llena de deseo. Mis pupilas todavía podían mirar sus largas pestañas rubias que tiritaban de emoción, su aliento comenzó a formar parte del mío y casi podía sentir el suave contacto de sus labios.

Entonces una voz dulce y entrañable pronunció mi nombre desde la celosía.

 —¡Víctor! —dijo en tono de sorpresa.

Me quedé paralizado, retuve el aire en los pulmones y de inmediato levanté mi rostro, intentado disimular mi abyecta actitud. La miré incrédulo y solo atiné a decir.

—¡¡Mamá!!

Notas de autor:

La leche de pájaro, conocida en Rusia como Ptichie moloko, es sumamente deliciosa y muy fácil de elaborar. Este postre fue en primer pastel en tiempos soviéticos al que se le concedió una patente. La receta fue creada por un grupo de confiteros dirigidos por el jefe del departamento de pastelería del restaurante Praga llamado Vladimir Guralnik.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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