Las Consecuencias de Vivir como un Omega


¡Hola!

Antes de que empiecen a leer me gustaría hacer algunas aclaraciones. Espero que no sean una molestia.

Este es un omegaverse basado dentro de la época victoriana, es decir, vestidos largos y bailes recatados, aderezados con un toque de las castas conocidas por el universo del omegaverse. Hay algunas ideas basadas en mi pequeña investigación de la época y otras de mi loca imaginación. Disculpen de antemano si me equivoco en algún dato o aseveración.

Rápidamente, las dinámicas dentro de este omegaverse son las comunes, salvo que, por la época no hay una forma 100% eficaz para disimular, por mucho tiempo el aroma de un omega, solo existen «lociones» que pueden cubrir por un corto tiempo el olor. No hay supresores como tales y mucho menos métodos anticonceptivos.

Personajes principales:

NombreEdadGénero
Yuuri Katsuki20 añosOmega
Mari Katsuki26 añosBeta
Víctor Nikiforov24 añosAlfa

Otra aclaración, antes de comenzar es que lo que se encuentra en cursiva es un flashback, mientras que lo demás es el tiempo presente.

Ahora sí, disfruten de esta historia, ¡nos vemos al final!

LAS CONSECUENCIAS DE VIVIR COMO UN OMEGA

Era de noche y las solitarias calles de la ciudad de Londres se sentían más frías que nunca. La neblina característica del paisaje húmedo de la durmiente ciudad, le proporcionaban un aspecto un tanto siniestro y peligroso a la urbe. Los habitantes, intuyendo el peligro al que podrían exponerse, evitaban a toda costa salir a altas horas de la noche y de esta forma evitaban buscar problemas innecesarios. Solo una carreta avanzaba presurosa combinándose con la niebla y el sosiego de la noche.

Mari Katsuki observaba el paisaje nocturno apenas visible con la oscuridad. Debido al piso adoquinado, la carreta daba ligeros tumbos arrítmicos al pasar por el sendero irregular de las calles de bella ciudad. La joven intentaba no marearse, pues el camino recorrido el día de hoy había sido largo y, agregando eso a su estado anímico, pues el resultado de su reciente viaje no había sido muy alentador.

La joven esperaba llegar rápido a casa, no obstante para eso hacían falta unas cuantas horas, o al menos eso pudo notar Mari al sentir a la carreta cruzar por el Puente de Londres. Mari intento divisar algún rastro del río Tamesis debajo de ellos, no obstante la oscuridad presente le impedía ver más allá de sus narices.

Resignada a pasar las siguientes horas en esa elegante carreta y decidida a no devolver la cena, la joven cerró los ojos, abrazó el paquete que sostenía celosamente entre sus brazos  esperando en algún momento el cansancio la venciera y al fin poder descansar en el maravilloso mundo de los sueños.

A la mañana siguiente, un par de molestos rayos que se colaron por la cortina del carruaje de Mari, contribuyeron al despertar de la joven. Aprovechando que nadie la observaba, Mari se desperezó con soltura, para después hacer a un lado las cortinas y observar el conocido paisaje campirano que le daba la bienvenida, al fin, a su hogar.

Una vez detenido el carruaje, Mari no esperó más y salió a prisa de él aún cargando el paquete rectangular. Un par de mucamas le dieron la bienvenida. La joven, mostrando con gala su fina educación, correspondía al saludo inclinando ligeramente la cabeza para dar a entender que aceptaba el gesto de la servidumbre. No obstante, Mari no se detuvo hasta llegar a una habitación. Con educación tocó la puerta para esperar pacientemente que le fuera permitida la entrada. Al fin, después de un par de segundos, y debido a la falta de respuesta, olvidando todo protocolo de educación aprendido por Mari a lo largo de los años, la joven abrió sin reparos la puerta para descubrir un montón de sábanas de seda amontonadas sobre una mullida cama.

Poco tiempo le llevó a la joven descubrir a la persona que se encontraba envuelta en las suaves sábanas, sobre la cama. Al reparar la presencia de la mayor de los Katsuki, el adolescente ahogó un grito y se internó en lo que a él le pareció el fondo del montón de tela que había acomodado de forma curiosa.

—¡Buenos días, Yuuri! —saludó la joven, quien aunque había cerrado la puerta detrás, conservaba la distancia entre ella y su interlocutor.

—¿¡No te han dicho que toques antes de entrar!? —de entre las sábanas, surgió una cabeza. El cabello negro y alborotado de Yuuri enmarcaban su rostro ligeramente sonrojado.

Ante la vista, la joven disimuló un grito de sorpresa, no obstante, sin dejarse intimidar, agregó:

—¿Se ha adelantado tu celo, cierto? —Los expresivos ojos cafés de su hermano desviaron la mirada, Mari suspiró y sonriendo comprensiva, como solo una hermana mayor podía hacerlo, preguntó—. ¿Puedo acercarme?

Mari observó ligera duda en el semblante de Yuuri, entonces decidió cambiar de táctica: era momento de que la persuasiva Mari hiciera su aparición. Sonriendo pícaramente, la joven alzó el paquete rectangular que había custodiado durante todo el día de ayer. 

—Solo vengo a entregarte esto —sonrió—. Prometo no tardar mucho.

Los ojos de Yuuri brillaron con curiosidad. Mari se alegró al ver el acostumbrado semblante risueño de su hermano pequeño, por lo que, animada por este gesto, se acercó con rapidez a la cama.

Mari observó contenta cómo su hermano rompía con emoción la envoltura del paquete. Sonrió sin reparos, nada en el mundo le alegraba más a Mari que ver a su hermano feliz.

Yuuri admiró el libro que ahora sostenía entre sus manos, lo ojeó un poco y lo abrazó con inminente cariño sobre su pecho. Mari aprovechó la distracción de su hermano para reparar que el sonrojo se extendía hasta sus hombros desnudos. Sin miramientos, la chica posó una mano sobre la frente de Yuuri.

—¿Seguro que no es fiebre? —preguntó, aún sin quererlo ella notó el dejo preocupado de su propia voz.

Yuuri tomó con delicadeza la mano de su hermana y la hizo a un lado, con la misma delicadeza. El joven aprovechó el momento para envolverse por completo entre las sábanas e indicarle de esta forma a su hermana que no era un buen momento para molestarlo.

—No lo es —murmuró Yuuri—. Solo que hoy llegó más fuerte de lo acostumbrado.

—Entiendo —apresuró su respuesta Mari, en verdad no quería provocar ninguna molestia, más conociendo la condición de su hermano. Para no contrariarlo más, la joven decidió que lo mejor era retirarse y dejarlo, por ese momento, en paz.

—Te queda muy bien —Mari dirigió una vez más la mirada hacia su hermano. Lo observó en la misma posición que en un comienzo, como un adorable rollo de seda que hablaba con voz bajita y timidez—. Esa ropa. En verdad te queda muy bien.

—¿Verdad que sí? —sonrió la joven, quien al terminar de dar una vuelta observó las botas de piel y los sucios pantalones—. Debería usarla más seguido. Es muy cómoda, a decir verdad.

—Lo es —respondió Yuuri—. A mi también me gusta usarla.

La joven, con mano en la perilla, se dispuso a salir.

—¡Mari! —volvió a llamar su atención Yuuri.

Mari dirigió su mirada una vez más a su hermano menor, Yuuri sostenía el libro, lo extendía en su dirección, la cristalina sonrisa y la mirada brillando de emoción, le hicieron saber a Mari que todo el esfuerzo por conseguir ese famoso libro y el riesgo que conllevaba adquirirlo, habían valido la pena si con ello le podía proporcionar a su hermano menor un dejo de felicidad en su difícil condición, con gusto ella movería cielo y mar para conseguirlo.

—¿Sí?

—¡Te lo agradezco, en verdad!

Mari descansó los hombros y suspiró aliviada. Tal vez ese ayer no había encontrado la respuesta que ella esperaba, pero con el tiempo, y su determinación, seguro podría ofrecerle un mejor futuro a su querido hermano menor.

—Léelo cuando los calores bajen.

Sin decir más, la joven dejó solo al muchacho, quien se dedicó a lidiar con el calor del momento.

—¡Llegó una nueva carta para la señorita Katsuki! —anunció la mucama. Sus pasos resonaban por los fríos e inmaculados pasillos de la lujosa mansión. Había un dejo de emoción filtrándose por su voz al no ser la primera carta que provenía de ese mismo remitente.

La elegante puerta de madera se abrió, dando paso a un joven que con cierto aburrimiento implícito en su mirada, recibió a la emocionada mucama. 

—¿El mismo remitente de siempre? —preguntó sin mucho reparo.

Tan emocionada estaba la mucama que, al asentir, la katyusha que sostenía su cabello castaño se movió al ritmo de su gesto. El joven, por el contrario no se inmutó, solo se limitó a tomar la misiva y agradecer con un gesto a la mucama por la entrega de la misma.

—Parece que ya no habrá más visitas el día de hoy —agregó la mucama antes de retirarse. El joven suspiró y relajó sus hombros. De inmediato soltó del agarre el sedoso y bello cabello castaño que solía amarrar a una coleta y, a continuación, desajustó el elegante moño que pendía de su cuello.

—¡Es un alivio escuchar eso!

La mucama sonrió, en un gesto de complicidad que compartió con el desaliñado joven que tenía enfrente, se permitió agregar un comentario adicional:  

—¿Desea que le avise al joven Yuuri para que también pueda ponerse cómodo?

—Yuuri está aquí, conmigo —corroboró—. No hace falta, yo le diré. 

—De acuerdo, señorita Mari.

Después de observar a Yuuko realizar una vez más la acostumbrada reverencia, Mari cerró la puerta y observó la carta que sostenía entre las manos.

—Parece ser que nunca se dará por vencido —comentó. Yuuri se apresuró a tomar la carta que sostenía.

Mari observó la prisa con la que Yuuri abría la carta para luego comenzar a leerla con rapidez.  De inmediato observó a esos conocidos y expresivos ojos color café pasar rápidamente por varios tipos de emociones: alegría, tristeza y resignación. Con la paciencia acostumbrada, Mari esperaba a que Yuuri terminara de leer la misiva.

Después de cinco minutos, y debido a que el muchacho no quitaba la vista de la dichosa carta, Mari decidió que había esperado el tiempo suficiente para permitirle a Yuuri digerir el contenido de la carta y hablar un poco acerca de ella, así que decidió tomar la palabra:

—Por tu rostro supongo que insiste en volver a verte.

El muchacho suspiró en respuesta. Los hombros caídos y la mirada que él tenía fija, ya no en la carta, si no ahora en el suelo, le indicaron a Mari que había acertado en su suposición. Katsuki se acercó a su hermano y, se sentó a su lado y con suavidad, posó su mano sobre el antebrazo del muchacho, esperando de esta forma llamar su atención.

—Deberías intentarlo —argumentó con suavidad.

Obteniendo otro suspiro por respuesta, no queriendo darse dar el asunto por perdido, volvió a insistir:

—Si no vas a intentarlo, entonces ya no contestes estas cartas —la mirada alarmada que le dedicó su hermano no hizo efecto, por el contrario, le animó a continuar—. Si Nikiforov está interesado en ti, creo que lo mejor sería contarle toda la verdad.

—¿Estás loca, Mari? —respondió el muchacho, con un dejo de ironía—. Si alguien, quien sea, descubre la verdad, podríamos perderlo todo.

—¡Como si el dinero fuera importante! —aseveró Mari—, lo único que debería importarte es tu felicidad.

—¡Lo que más me importa ahora eres tú! —aseguró Yuuri—. No quiero que nada malo te pase por mi estúpido error. 

Mari intentó argumentar que no había sido un error, que Yuuri siempre sobre analizaba las cosas y que tal vez, la proposición de cortejo de Lord Nikiforov, era un signo inequívoco de que el joven estaba interesado genuinamente en él.

Por supuesto que las circunstancias eran ligeramente adversar, había un par de detalles que Lord Nikiforov ignoraba acerca de Yuuri, mejor dicho. Víctor Nikiforov, un joven y acaudalado Lord que tenían el gusto de conocer, creía erróneamente que estaba interesado en Mari Katsuki cuando en realidad, en todo momento había interactuado con su hermano menor, Yuuri Katsuki.

Hablando al respecto, había una razón de peso para que el joven Nikiforov sufriera esa confusión. Todo había comenzando el día que Mari experimentó el temor de ser testigo del primer celo de su hermano menor como inequívoco indicativo de lo que el destino le estaba augurando: Yuuri, su pequeño y tierno hermano, era un omega. 

Con el tiempo y para su pesar, Mari comprendió la razón por la cual, el usual brillo en los ojos de sus padres se apagó ligeramente al descubrir la verdad acerca de la condición de Yuuri.

Explicando un poco el contexto de la situación, como omega, Yuuri nunca tendría derecho a administrar los negocios de la familia, a los cuales en teoría debería tener acceso, pues por principio era varón. La vida era demasiado injusta, pues Mari bien sabía que su hermano era una persona culta y mucho más inteligente que la mayoría de alfas ignorantes y brutos con los que ella solía lidiar. 

Por mucho tiempo, Mari se preguntó cuál era la limitante de la condición de su hermano. En la búsqueda por encontrar un mejor futuro para Yuuri, Mari comenzó a investigar por su cuenta todo lo descubierto recientemente por los grandes investigadores de la época. Al ser beta, la joven no tuvo ningún miramiento en hacerse pasar por un varón más y realizar diversos viajes para averiguar algún dato alentador en torno al segundo género de su hermano. Ella en verdad tenía muchas esperanzas, era pleno siglo XIX y la ciencia estaba dando pasos agigantados, seguramente pronto se descubriría algún método para que las personas que vivían bajo el subgénero omega vivieran una vida sin complicaciones.

Siendo esa la razón principal de los constantes viajes de Mari, ella no contó con el devastador giro que el destino tenía preparados para ellos.

Sus padres, Hiroko y Toshiya Katsuki, eran una pareja de comerciantes a los cuales, la reciente revolución industrial les había favorecido. Sumando una pequeña fortuna, producto del arduo trabajo del abuelo Katsuki, más todos los bienes del trabajo honesto del feliz matrimonio Katsuki había rendido frutos resultando en la vida llena de lujos y comodidades que el matrimonio Katsuki pudo proporcionarle a sus hijos. Sin embargo, la sombra de una mortal enfermedad cobró la vida de sus amados padres, dejando a los hermanos Katsuki en una situación un tanto delicada.

Ni Mari ni Yuuri tenían ningún derecho legal a quedarse con los bienes y fortuna de su familia. Ambos estaban condenados a perderlo todo. Con suerte, y debido a su condición como beta, Mari podía trabajar en alguna fábrica para sostenerse y terminar sus días como usualmente la terminaban los obreros resignados a la explotación: trabajando sin descanso. Sin embargo, eso no era lo que más preocupaba a Mari, lo preocupante del asunto era el destino que le esperaba a Yuuri en caso de hacerse saber su condición.

Como resultado de sus viajes, Mari ahora sabía que el subgénero omega no era común. Más aún, un varón omega era tan raro como cualquier texto imaginativo de la mente del mismísimo Julio Verne. La mayor de los Katsuki había sido testigo del destino atroz que podría esperarle a su hermano. Los prostíbulos, esos centros a donde la mayoría de hipócritas doblemoralistas negaban a ir estaban llenos de omegas, siendo los varones los más cotizados dentro de la demanda del lugar. 

Había, además otro riesgo que corría Yuuri en su condición: la alta tasa de mortalidad que existía al ser preñado.

Si bien parecía un milagro o un acto de magia que un varón omega pudiera embarazarse, la verdad era que aún con ese regalo de la naturaleza, en un alto porcentaje, los varones omegas morían dando a luz. La falta de doctores dedicados al estudio omega era la mayor de las razones de estas lamentables estadísticas.

Teniendo todo lo anterior en cuenta y no queriendo separarse uno del otro, los Katsuki tomaron una peculiar decisión: Mari Katsuki, en ese entonces con 21 años cumplidos, se haría pasar por Yuuri, conservaría su estatus de beta y, al hacerse pasar por un varón, tendría el derecho de conservar todos los bienes y propiedades que les habían sido heredados por sus padres. Por su parte, Yuuri, asumiría el lugar de su hermana, haciéndose pasar por beta como ella y manteniendo su estado omega como un celoso secreto.

Ambos Katsuki sabían que el juego que estaban jugando era sumamente peligroso. El precio de sus acciones, si eran descubiertos, podría ser incluso su vida. No obstante, Mari prefería dar la vida propia en lugar de entregar a su hermano a las lamentables condiciones en la que vivían la totalidad de los omegas. Fue por eso que, después de convencer a Yuuri, el plan de Mari se puso en acción. Aprovechando que la mayoría de los conocidos de sus padres poco o nada sabían acerca de los hijos del matrimonio Katsuki (a excepción que sus hijos eran una mujer y un varón), a la fecha, el mayor secreto de los hermanos Katsuki no había sido descubierto. Ambos eran en extremo cuidadosos, ya que sabían que de esta forma ambos se estaban protegiendo.

No obstante, con Nikiforov en el panorama, su situación comenzaba a tornarse difícil.

—¿Estás escribiendo la contestación? —preguntó Mari. Era tarde y el sol comenzaba a perderse en el horizonte. Había entrado a la habitación de su hermano mayor, pues en todo el día no había aparecido por ningún lugar de la elegante mansión—. Vuelvo a insistir, tal vez sería adecuado…

—Mari, ya lo discutimos —repuso Yuuri, la forma determinada en que se dirigió a su hermana, le indicó a la joven que no era momento de discutir—. Sé que Lord Nikiforov está comerciando con nosotros por el interés que tiene en mí, así que de momento no escribiré ningún desaire. Sin embargo, no veo apropiado aceptar su solicitud de verme. No debemos tomar riesgos innecesarios.

Y no era que al joven Yuuri no le gustara Víctor Nikiforov, por el contrario, le atraía de forma inexplicable, y no solo por su físico, si no por su elocuente forma de expresarse y la facilidad que tenía para sobrellevar ser el centro de todas las miradas. Yuuri nunca pensó que un completo desconocido pudiera colarse en sus pensamientos y provocarle toda esa ola de sentimientos, hasta ahora, desconocidos para él. 

—Me ausentaré de la casa por algunos días —informó Mari, el elegante traje que portaba la mujer le hizo suponer esa aseveración desde el momento en que Yuuri se fijó en su hermana momentos atrás—. Como siempre, ordené que solo Yuuko te atienda una vez que llegue tu celo, ¿es en una semana, cierto?

—¿Entonces no puedo salir? —preguntó Yuuri con pesadumbre.

—No habrá visitas —Mari guiñó el ojo antes de salir—. Te recomiendo que disfrutes de tu tiempo libre.

Yuuri observó desde su ventana el elegante carruaje que partía de casa, con Mari dentro de él. 

Era en esos momentos, cuando el joven deseaba con todo su corazón, ser él quien acudiera a todos esos lugares y retribuyera de alguna forma todo el esfuerzo y el sacrificio que su hermana había hecho por él hasta ahora. El joven deseaba algún día mostrarse al mundo y gritar enfrente de todos que él, Yuuri Katsuki, aún siendo un omega, era tan capaz de cumplir sus propios sueños como cualquier otra persona en el mundo. 

Y no era como que Yuuri se la pasara aburrido en la mansión de los Katsuki. Gracias a Mari, y a sus fallecidos padres, Yuuri había sido educado a la par que su querida hermana. Le encantaba leer y aprender cosas nuevas. El joven escuchaba fascinado las historias de Mari acerca de sus nuevos negocios y soñaba con algún día viajar y conocer todos esos lugares que los valientes exploradores describían en sus emocionantes y enriquecedores libros. 

Yuuri sabía que, aparte de los negocios, Mari invertía mucho de su tiempo buscando algún dato relevante que fuera de utilidad para mitigar o desaparecer la condición del segundo género de su hermano menor, detalle que a Yuuri le preocupaba, ya que él quería que de igual forma, Mari encontrara la plenitud y la felicidad. Las pocas veces que el joven había observado a su hermana dirigiendo los negocios o concretando algunos nuevos, el brillo en los ojos de la mujer, le indicaba a Yuuri que Mari estaba en su elemento.

Era preciso para el joven dejar de ser una carga, sin embargo, de momento todo lo que podía hacer era esconderse y fingir que él era Mari Katsuki.

Había pasado un día desde la salida de Mari, y Yuuri aprovechando la falta de visitas a su residencia, pasaba el tiempo vestido con pantalones, camisas y botas. Bailando y brincoteando entre los jardines mientras revisaba las diversas flores que él y Mari cuidaban en él. El hermoso jardín, había sido una herencia de Hiroko, por lo tanto, ambos hermanos dedicaban su corazón a conservarlo hermoso. 

Con los rayos del sol acariciando su pálida piel, Yuuri comenzó a dar vueltas rememorando en su activa imaginación la noche en que conoció al dueño de sus pensamientos.

Mari no había tenido de otra más que confirmar que iría a esa mascarada junto a su “supuesta” hermana menor. Fue por eso que, ese viernes por la noche, Yuuko ayudaba a Yuuri a ponerse un elegante vestido azul cobalto en el fondo y un elegante estampado de hortensias a juego con el vestido. Cubierto de las mangas, el mismo vestido estaba diseñado para cubrir también el cuello de Yuuri asegurando, de esta forma su integridad. 

Mari contuvo la respiración cuando entró al cuarto y vio lo hermoso que lucía su hermano con el majestuoso vestido que la misma Mari le había escogido para él. Aún sin el peinado adecuado, el lacio y largo cabello negro de su hermano destacaba la belleza presente en las facciones del menor de los Katsuki, sin duda Yuuri dejaría a más de uno de los presentes sin habla. Mari había observado ya, a estas alturas a varios omegas varones y se sentía fascinada por los rasgos que notaba en ellos y los diferenciaban de los alfas o incluso de los betas en general. La facciones de Yuuri no eran toscas ni gruesas, sin embargo tampoco llegaban a tener la delicadeza y fragilidad  usual de las facciones femeninas. El rostro de Yuuri era una perfecta sincronización entre ambos lados de la moneda. Era la mejor combinación entre el ying y el yang. Al terminar de arreglarlo, la mujer pudo constatar que cualquiera que se acercara a su querido hermanito no sospecharía ni por asomo que un joven omega se escondía por debajo de todos esos pliegues de ropa.

—¿Y si algo sale mal? —preguntó Yuuri, mientras Mari y Yuuko terminaban de arreglarlo.

—Todo estará bien, Yuuri. Yo estaré contigo —corroboró Mari con una ligera sonrisa.

Yuuri asintió con la cabeza, planchaba el vestido con las manos y se le notaba ansioso.

—Solo iremos, nos presentamos y regresamos cuanto antes, ¿de acuerdo? —Los ojos de Yuuri buscaron la mirada avellana de su hermana mayor, Mari sonrió aparentando tranquilidad. La mujer sabía que debía transmitirle calma a Yuuri, así que de momento, ella suprimiría sus propias emociones.

—Con esta fragancia Yuuri podrá esconder su aroma natural —Yuuko sostenía un pequeño frasco, se lo entregó a Mari, quien a su vez se lo colocó a Yuuri en torno a su delgado cuello—. Aún así, he de advertirles que es preciso que minimicen el contacto con los alfas. La fragancia se va haciendo más tenue conforme pasa el tiempo, lo cual podría complicarles las cosas.

—Entiendo —atendió Mari tomando el frasco una vez que que Yuuko hubo colocado la esencia cerca del cuello de su hermano mayor.

—Suerte —les deseó Yuukjo a ambos, antes de salir.

—Gracias, Yuuko —agradecieron los hermanos Katsuki con una ligera sonrisa.

Y así, ambos hermanos partieron en el elegante carruaje en espera de terminar pronto su peligrosa misión. A pesar de su nerviosismo, los ojos de tono avellana de Yuuri observaban emocionados el increíble paisaje que la ciudad le ofrecía. Las calles adoquinadas que hacían repiquetear el carruaje que en ese momento se encontraban húmedas por la lluvia estaban bañadas también de los colores del atardecer que se oscurecían conforme llegaban a su destino.

Una vez en la lujosa mansión en donde se efectuaría el baile, los hermanos Katsuki fueron recibidos con la atención merecida. 

—Es un placer tenerlo hoy aquí, joven Katsuki —el anfitrión de la fiesta saludó y, cual imán posesionó sus calculadores ojos azules en el tierno acompañante de Mari—. Me había comentado que su hermana menor era una belleza, pero nunca imaginé que de semejantes proporciones.

El señor, de unos cuarenta años aproximadamente, tomó la mano de Yuuri y la besó con delicadeza. Yuuri tuvo que reprimir la cara de asco que le provocaba el gesto tan atrevido del insinuante anfitrión.

—Mari es una chica muy tímida —se apresuró a argumentar Mari—. Y aún menor, le agradeceré pueda apoyarme minimizando estos gestos. Mari aún no está acostumbrada a este tipo de reuniones.

El anfitrión carraspeó ligeramente ante la interrupción. Luego, componiendo el semblante extrañado, con elegancia se apresuró a contestar:

—Lo entiendo —concedió el caballero, quien se inclinó suavemente en una sutil reverencia—. Mis disculpas a la señorita Katsuki por mi atrevimiento. Disfruten la velada.

Sin agregar más, Mari y Yuuri entraron al vestíbulo principal donde se estaba llevando a cabo el baile. El menor de los Katsuki observó fascinado el enorme y elegante candelabro que colgaba imponente del techo. Los cientos de cristales que destellaban al compás de la iluminación y que reflejaban los colores de los trajes y vestidos que los invitados portaban con orgullo esa noche. 

La algarabía del vestíbulo era un arcoíris de recatada frivolidad.

—Es hermoso —suspiró el muchacho, quien tomó sus enaguas y se dirigió escaleras abajo al lado de su hermana para tomar su lugar.

Danzando entre las flores, en el presente, Yuuri siguió recordando los maravillosos sucesos que lo llevaron a conocer a Víctor Nikiforov ese día.

—¿Nos veremos extraños? —preguntó Yuuri en un pequeño susurro. Mari, quien ya había saludado a un par de “conocidos de negocios” y presentado a su hermana menor, frunció el cejo en señal de no haber entendido la pregunta de su hermano—. Mi estatura es casi igual a la tuya. Veo que todos nos miran con detenimiento en espera de encontrar algún error.

—Yo creo que es perfecta —la voz varonil que pronunció esas palabras detuvieron por un segundo el joven corazón del omega, de inmediato, como queriendo compensar el momento, los latidos del corazón de Yuuri se intensificaron. Frente a él, un apuesto y elegante joven de cabellera plateada, cuidadosamente arreglado en una sencilla cola de caballo lo observaba con total amabilidad reflejada en sus bellos ojos tan azules como el cielo que Yuuri siempre solía contemplar desde su habitación en la mansión.

Justo igual que los ojos que lo miraban en este momento, en el presente. Yuuri dio un paso en reversa asustado, pues no comprendía cómo Víctor Nikiforov había entrado en su mansión.

—¿Qué hace aquí? —Yuuri intentó mantener la calma, de antemano recordando que en teoría, Víctor no tendría porqué reconocerlo con ese atuendo.

—Disculpe el atrevimiento —se disculpó el joven—, no anuncié mi llegada y al arribar, la mucama me ha informado que el joven Katsuki no se encuentraba en casa, y aunque me han negado el permiso de ver a la señorita Mari, estaba dispuesto a salir cuando percibí un hermoso aroma.

Víctor se acercó y tomó con delicadeza la flor que tenía más cerca. Instintivamente, Yuuri se alejó más de él. 

—Yuu… —Yuuko se acercó corriendo lo más rápido que le permitía su atuendo y al ver la escena se llevó las manos a la boca, antes de cometer un error—. Lord Nikiforov, le ruego me pueda acompañar a la salida. Las visitas no han sido autorizadas por el joven Yuuri a su partida.

—Entiendo —concedió Víctor—. Es solo que estas flores me traen bellos recuerdos. 

Víctor sonrió y Yuuri observó la nostalgia que se instalaba en los ojos que el muchacho no había dejado de admirar. ¿Qué hacía Víctor Nikiforov en su casa?

—Cuida mucho estas flores —le dijo Víctor a Yuuri antes de partir—. Sé que son las favoritas de la señorita Mari.

Yuuri vio alejarse la espalda de Víctor con su cabello, en esta ocasión suelto, moviéndose al compás de sus propios movimientos. Yuuri no quitó la vista de esa ancha espalda hasta que la vio desaparecer, una vez que Yuuko dirigiera a Nikiforov a la salida. Y, como en los últimos días, el joven volvió a suspirar.

—Lo sé, porque también son mis favoritas.

—¿Me concedería esta pieza? —Mari observó la mirada de pánico que su hermano le dirigió en ese momento. Mari intentó con todas sus fuerzas escabullirse de la aburrida plática que tenía en ese momento con un par de aburridos señores que le insistían en invertir en sus más aburridos negocios. Sin poder lograr su cometido, la mayor de los Katsuki observó con ansiedad creciente cómo Yuuri se dirigía de la mano de Lord Nikiforov y ambos se posicionaban al centro de la pista para comenzar a bailar. 

A Mari no le preocupaba la torpeza de Yuuri en el baile, al contrario, sabía muy bien que su hermano sabía dirigir y ser dirigido, lo que inquietó de sobremanera a Mari fue el recordar la sugerencia que le diera Yuuko antes de partir:

“Minimicen el contacto con los alfas”.

Mari observó con aprensión a su hermano bailar con ese imponente alfa. Su nerviosismo cambió a sorpresa cuando pudo identificar una tenue pero sincera sonrisa surcando los labios vírgenes de su hermano menor. 

—¿Nos habrá descubierto? —Yuuri caminaba de un lado a otro, se mordía las uñas como señal inequívoca de su ansiedad creciente.

—Esperemos que no —Yuuko lo observaba preocupada. Cabía aclarar que, aunque eran pocos, todos los sirvientes de la mansión Katsuki sabían el secreto que guardaban los hermanos. Al conservar la servidumbre que sus padres tuvieran a su servicio antes de fallecer, todos conocían a los hermanos Katsuki desde pequeños—. Disculpe nuestra falta, joven Yuuri, Lord Nikiforov se escabulló después de decir que había identificado un aroma y fue imposible detenerlo. Fue nuestra culpa.

—Descuida, Yuuko, no es su culpa. ¿Te dijo algo más?

—Dijo que vendría mañana.

—¿Qué? —se alarmó Yuuri—, pero sí le dijiste claramente que no estaban permitidas las visitas. ¿Se lo dijiste, verdad?

—Sí, lo dije —asintió Yuuko apesadumbrada—. Aún así, Lord Nikiforov insistió en venir. Dijo algo así como que la señorita Mari necesitaba estar segura, igual que el amable jardinero. 

—¿Jardinero? —cuestionó Yuuri.

—Joven Yuuri, escúcheme —Yuuko se tomó el atrevimiento de tomar al muchacho de las manos e instar a que ambos se sentaran. Era algo común, Yuuri y Mari fingían los protocolos cuando había visitas en la mansión. En realidad, ambos respetaban y querían demasiado a su servicio. Más que sirvientes, para ellos todos eran una familia—. Aunque parece que Lord Nikiforov se tragó el cuento de que eras el jardinero de la mansión, él se sintió atraído por una esencia. Por tu aroma de omega. Él está consciente de que eres un omega y se sintió atraído hacia ti.

Yuuri se soltó del agarre de Yuuko y caminó hacia el enorme ventanal que daba a los vastos jardines de la hermosa mansión. Posó una de sus blancas manos sobre la madera que adornaba la ventana y suspiró con cansancio, una vez más.

—¿Le avisamos a la señorita Mari? —sugirió Yuuko en voz baja.

Yuuri observó las flores que crecían con gracia en el jardín. Posó su mirada en las hortensias azules y recordó una vez más la noche en donde él y Víctor se conocieron. Muy a su pesar, el joven sonrió.

—Mari no se enterara de esto.

—Es una bailarina extraordinaria, señorita Mari —exclamó con espontaneidad Víctor, después de que ambos bailaran un par de piezas en silencio. Yuuri, por su parte, intentaba no poner gran atención al apuesto alfa que hablaba con él, estaba más concentrado en la música y en no perder el paso. Después de un rato, Yuuri sintió una mirada de tonos celestes sobre él. Devolvió la vista, sobrecogido—. No me ha escuchado, ¿verdad?

—¡Siento mi atrevimiento! —se excusó Yuuri a la brevedad, sonrojado, como sabía que estaba bajó la mirada para intentar calmarse—. Comprenderá que es mi primer baile.

La fuerte y cálida mano de Nikiforov apretó con suavidad la suya, Yuuri volvió a levantar la mirada y su corazón volvió a dar un vuelvo a ver al gallardo muchacho que le sonreía con amabilidad.

—Al contrario —concedió—. Le estaba comentando que estoy disfrutando mucho de su compañía. Es usted una maravillosa bailarina.

No pudo evitarlo, fue de forma espontánea. Por primera vez en mucho tiempo, y como respuesta a la radiante y cálida sonrisa que Lord Nikiforov le ofrecía, Yuuri sonrió con sinceridad y alegría.

Sin embargo, al abrir los ojos, lo primero que vió Yuuri fue una apabullante oscuridad. Jadeó un par de veces y se despojó de la horriblemente cálida sábana que cubría su cuerpo y le quemaba como un manto incandescente. Hacía calor, todo en él quemaba sin piedad. Su celo había llegado y ahora Yuuri se retorcía desnudo sobre su cama intentando satisfacer sus instintos con sus torpes dedos mientras gemía una y otra vez el nombre del caballero con quien hubo estado soñando toda esa noche.

—¿Se siente mejor, joven Yuuri? —preguntó Yuuko. Yuuri, cubriendo su desnudez con las elegantes sábanas, tomaba tranquilo un té. Sus mejillas estaban coloreadas con un tenue rojo, un resquicio del celo que acababa de pasar.

—Ya estoy mejor, gracias —contestó—. ¿Mari llegará el día de hoy?

—Sí, lo hará en cualquier momento…

El eco de los gritos que se escucharon hasta sus aposentos alarmaron a los dos jóvenes. Yuuri abrió los ojos con sorpresa: una de las airadas voces que escuchaban era de su hermana y la otra…

—¿Es Lord Nikiforov? —reconoció Yuuko, tapando su boca en señal de sorpresa.

Yuuri miraba la puerta con pavor. Sabía que lo más prudente sería quedarse en sus aposentos y esperar que Mari solucionara la situación; sin embargo, los restos de su celo activaron el instinto omega del muchacho, ya que solo bastó una honda aspiración para embriagarse de la elegante esencia a tierra mojada que emanaba la figura varonil de Víctor Nikiforov.

—¡Yuuri, no debes salir! —Yuuko se interpuso entre la puerta y Yuuri, quien recién se daba cuenta que había bajado de su cama y aún rodeado con las sábanas intentaba salir de la habitación, al sentirse traicionado por su propio instinto maldijo a lo bajo—. Vuelve a la cama, Mari lo solucionará.

Yuuri temblaba intentando obedecer, él quería obedecer desde luego; mas el muchacho no pensaba en lo complicado que es domar esa parte tan irracional en él. El omega, que clamó por Víctor durante todo su celo y le rogaba corriera ahora mismo hacia ese alfa y fuera poseído por él. Asustado y con lágrimas en los ojos, Yuuri se llevó la sábana a su nariz, esperaba que su propio aroma disipara un poco la fragancia varonil que estaba a punto de volverlo loco.

Se escuchó el crujido de un jarrón al romperse y el hechizo de Yuuri con él. El deseo creciente en su vientre fue sustituido por la preocupación fraternal hacia su hermana. La discusión estaba tomando tintes peligrosos y aunque Yuuri sabía que Mari podía defenderse sola, le inquietaba que su oponente, Víctor, era un alfa. Con la única intención de defender a su única hermana, el muchacho esquivó a Yuuko y corrió en dirección al vestíbulo.

—Fue un placer haber compartido esta velada contigo —Víctor se inclinó y con delicadeza, besó la mano que aún sostenía entre las suyas. Yuuri se sonrojó levemente y disfrutó del contacto de su mano contra los labios del apuesto muchacho.

—El placer fue mío, Lord Nikiforov —musitó con timidez Yuuri.

—Gracias por acompañar a Mari esta noche, Víctor —Mari se había acercado a la pareja y, de la forma más amable conocida en su haber había mencionado que estaban a punto de partir de la velada.

—El placer ha sido todo mío, joven Yuuri —concedió Víctor, luego de darle la mano a Mari—. Sin embargo quiero atreverme a solicitarle algo.

Dos pares de ojos en tonalidad avellana lo miraron con sorpresa. Víctor compuso la mejor sonrisa en su vasto repertorio y sin miramientos lanzó su propuesta:

—¿Me permitiría el honor de cortejar a su hermana?

—¡Mari! —el grito de Yuuri retumbó por toda la habitación. Envuelto en una delgada sábana Yuuri llegó corriendo dispuesto a defender a su hermana con uñas y dientes. 

—¡Largo de aquí, Yuuri! —gritó en respuesta una furiosa Mari, quien aún despeinada por lo que pudo ver Yuuri, se encontraba ilesa. A su vez, Víctor, quien no cabía de la impresión miró a ambos hermanos con confusión.

—¿Mari? —Víctor dirigió su mirada azul a quien él pensaba era Yuuri. Luego, sus orbes celestes observaron la fina figura del omega delineada por la suave tela de la delgada sábana que poco o nada cubría—. ¿Yuuri? pero, ¿qué está pasando…?

El ruido del último elegante jarrón del vestíbulo chocó contra la cabeza de Lord Nikiforov. Mari aprovechó la situación para tomar ventaja de la disputa.

—¡¿Mari qué acabas de hacer?! —exclamó asustado Yuuri, sin pensarlo mucho, el muchacho se acercó al desmayado Lord. 

—Digamos que limé asperezas con Lord Nikiforov. ¿A qué has venido?

Yuuri se sentó en el suelo y, culpando a su instinto protector natural de omega, posó la cabeza del muchacho inconsciente sobre su regazo, analizó con cuidado que Mari no le hubiera abierto la cabeza.

—Yuuko y yo los escuchamos discutir —contestó Yuuri, parecía que la cabeza de Nikiforov estaba bien—. Cuando escuché el primer jarrón romperse, pensé que estabas en peligro y bajé a ayudarte sin pensarlo mucho. Aunque creo que estaba equivocado. ¿Te encuentras bien, cierto?

—Sí, lo estoy —Mari estaba atenta a cualquier reacción que diera pie a la vuelta de la conciencia de Nikiforov—. Estaba llegando a la mansión y noté que él estaba en la entrada. Cuando le pregunté qué hacía aquí, el solo respondió que estaba cuidando a un lindo omega. Le insistí que no sabía quién era, pues en esta casa no había ningún omega, además le dije que consideraba una falta de respeto que hablara de esa forma, cuando meses atrás me había pedido permiso para cortejar a mi hermana. Cuando Takeshi abrió la puerta Nikiforov se escabulló como pudo a la mansión, yo intenté detenerlo, pero parecía no escuchar. Finalmente, por mi torpeza tropecé y al intentar sostenerme tiré el primer jarrón, Víctor se acercó a mí para comprobar si estaba lastimada y fue ahí cuando tu llegaste.

Ambos se miraron con preocupación por un leve momento, el miedo de perderse mutuamente se reflejaba en los iris avellana de los hermanos Katsuki. 

No podían creerlo, habían cometido un error garrafal.

—¿Qué hacemos, Mari? —Instintivamente Yuuri acariciaba con suavidad el cabello plateado del joven sobre su regazo.

—No lo sé, Yuuri —dijo ella—. No lo sé.

—¡Víctor! —la voz de Yakov se escuchó por todo el vestíbulo, los cristales retumbaron ante el enojo del anciano—. ¡Ven aquí, en este momento!

Con la tranquilidad de quien no ha hecho nada malo, o eso cree, Víctor Nikiforov entró al vestíbulo, con su sonrisa flamante en su apuesto rostro.

—¿Qué se te ofrece, Yakov?

—¿Quién te autorizó ir al baile de los Smith?

Víctor cerró los ojos, se cruzó de brazos y musitó un leve “mmmm” aparentando que pensaba, después de un par de segundos que exasperaron más al viejo Yakov, el alfa argumentó:

—En teoría tú, cuando dijiste que era necesario que hiciera labor social.

—¡Yo no te dije eso! —gritó de nuevo Yakov—. Lo que dije es que era hora que te encargaras de los negocios familiares y dejaras de viajar.

—A mi me parece que no has entendido bien, querido Yakov —contestó Víctor con amabilidad—. Aunque acepté hacerme de los negocios familiares, no dejaré morir así como así mi estilo de vida. Prefiero dedicarme a realizar viajes para concretar negocios, yo no puedo quedarme en un solo lugar.

Yakov bufó con descontento e intentando calmarse, agregó:

—¿Y entonces cuál fue el punto de ir al baile? 

—Encontrar un aliado de negocios —contestó Víctor—. Y sabes, Yakov, creo que encontré eso y más…

—¿Qué fue lo que viste, Víctor? —insistió Yakov—. Espero que ningún negocio turbio. Sabes bien de tu situación y la de tu hermano…

—¡Claro que no! —río Víctor, comenzando a caminar hacia la salida—. Lo que encontré fue un misterio digno de descifrar. Con tu permiso, Yakov, es hora de que vaya a la mansión Katsuki a saludar a Yuuri y su hermosa hermana menor. Por cierto, si todo marcha como lo he planeado prospecto me casaré en los siguientes meses.

Víctor cerró la puerta trás de él amortiguando, de esta forma, los gritos a viva voz que proferían de la boca de Yakov en busca de una explicación.

Cuando abrió los ojos, Víctor se encontraba recostado en la cama de una elegante habitación. Aspiró el aroma de las sábanas limpias e identificó un leve aroma a hortensias en el ambiente. Más que alarmarse o preocuparse por no saber su ubicación, el aroma a la hermosa flor le sirvió a Víctor para relajarse e intuir que se encontraba a salvo.

El joven se levantó y un leve tirón de su cabeza le señaló el lugar que hubo sido golpeado antes de caer en la inconsciencia. Al quedar sentado sobre la cama, Víctor se llevó una mano a la cabeza, una leve contusión se adivinaba sobre ella, pero nada que Víctor considerara de cuidado.

—Ha despertado ya, Nikiforov —Mari había entrado a la habitación. Víctor la observó, con su cabello largo suelto y la ropa de campo que solía vestir en la mansión. Detalló su por lo regular astuta mirada y delineó con su vista el rostro delicado que claramente enmarcaban rasgos femeninos. 

¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Mari se acercó a la cama, compuso una mueca que intentaba ser una sonrisa y con un dejo de resignación en su voz, declaró:

—Tenemos que hablar. 

Víctor sonrió y prosiguió a acomodarse entre las suaves almohadas de la cómoda cama. Su largo cabello plateado colgaba suelto por toda su espalda.

—Coincido, es necesario hablar, joven Yuuri… aunque creo que sería mejor dirigirme a usted como la señorita Mari, ¿cierto?

La mujer se frotó las manos en señal de nerviosismo, sin embargo, asintió muy a su pesar, pues esconder a estas alturas la verdad era inverosímil para ambos.

—¿Habrá sido correcto dejar a la señorita Mari con Lord Nikiforov a solas? —Yuuko caminaba de un lado a otro dentro de la habitación de Yuuri, quien se vestía en ese momento. Él quería ser de ayuda para Mari, aunque ella insistía en que el asunto podía resolverlo sola.

—Respeto la decisión de Mari de hablar primero con Víctor —respuso el joven—. Aún así, de tardar mucho, creo que será necesario intervenir. ¿Cómo me veo?

Yuuri vestía el atuendo sencillo con el cual Víctor lo viera el día que lo confundió con el jardinero de la mansión. Una sencilla camisa blanca, pantalón suelto color negro y una sencillas botas cafés. A simple vista, Yuuri parecía un joven más del montón.

Yuuko se acercó y sonrió con ternura al ver el leve sonrojo de Yuuri al tocarle ella su largo y sedoso cabello cabello.

—Podríamos peinar su cabello con una coleta baja —sugirió la mucama. Yuuri lo pensó un momento y, negando con la cabeza, propuso:

—Creo que tengo una mejor idea.

—A modo de resumen, ustedes dos suplantaron sus identidades para prevenir perder su fortuna y evitarse una vida llena de tragedias —resumió Víctor.

—No lo malinterpretes —respuso Mari, estaba sentada al lado de Víctor, en la silla que había estado todo ese tiempo al lado de la cama—. No me hubiera importado perder los negocios familiares si hubiera estado segura de conservar al lado a mi hermano. Usted es un alfa, debe saberlo. He visto con mis propios ojos la crueldad con que la sociedad trata a los omegas. Yo no quería ese destino para Yuuri.

—Al contrario, creo que lo ha malinterpretado usted —contestó Víctor con voz serena—. A simple vista, cualquier persona podría afirmar eso al saber de su situación. Comprendo su sentir al querer una vida libre de sufrimientos para su hermano, y aunque no tengo intención de juzgar sus razones, tal vez pudieron haber encontrado otra solución.

—¿Cuál más había? —preguntó Mari, quien a pesar de saberse en desventaja, no se dejaba intimidar—. ¿Qué otra alternativa había si mi hermano, a pesar de ser un varón es un omega y yo, aunque sea beta soy una mujer? Usted no lo entiende Nikiforov, no lo entiende porque es un alfa. 

—Es correcto, no puedo entender su posición —inquirió Víctor—, pero me doy una idea de su situación. Mari, para mi sería un honor que Yuuri y usted puedan confiar en mi. Le aseguro que si lo hacen nunca más tendrán la necesidad de esconder su verdadero ser ante el mundo.

Mari observó a Víctor sin saber qué decir, ¿significaba eso que Nikiforov no los delataría?

Ligeros toques se escucharon en la puerta. Mari se acercó a la puerta y la abrió solo un poco. La fragancia que había detectado Víctor al despertar se coló por el pequeño resquicio.

Yuuri estaba con el puño sobre la puerta dispuesto a anunciar su entrada, Yuuko lo observaba con nerviosismo, esperando a que el joven tomara una decisión. 

—¿Y si Víctor no me acepta, Yuuko? 

—¿De qué habla? —preguntó la muchacha.

—Hablo de que soy un egoísta —aseveró Yuuri—. Estoy consciente de lo que podría suceder si Víctor decide no escucharnos y delatar nuestra situación. Sé en dónde podría terminar yo de descubrirse mi naturaleza omega y sin embargo, a lo que tengo más temo es al rechazo de Víctor.

—¿Por qué podría rechazarlo Lord Nikiforov?

—El conoció a Mari, a una mujer, no a un raro omega varón. Tengo miedo de ver en sus ojos la sombra del rechazo. ¡Soy un tonto, lo sé!

—No lo es —repuso Yuuko—, sin embargo, nada ganará con esconderse detrás de esta máscara por más tiempo. Hoy, Lord Nikiforov descubrió su secreto, mañana podría ser alguien más. Tanto la señorita Mari como usted deben afrontar las consecuencias de vivir con un segundo género.

Yuuri observó la puerta blanca frente a él. Lo sabía, él siempre supo que su mentira no podría durar para siempre, a final de cuentas, para bien o para mal, la verdad siempre sale a la luz. Ahora ambos, él y Mari, debían hacerse responsables de las consecuencias de sus actos. 

Con un último suspiro, Yuuri llamó con suavidad a la puerta.

—Yuuri —la cansada mirada de su hermana lo recibió—. ¿Qué haces aquí?

Yuuri observó a su hermana, por un momento la imagino con uno de los hermosos vestidos que él en alguna ocasión llegó a usar. Su cabello castaño recogido en un elegante moño y la sonrisa confiada de quien sabía tenía el mundo a sus pies. Yuuri siempre deseó ver la plenitud reflejada en el rostro de la persona que él más admiraba, y esperaba que la acción que estaba a punto de hacer lo acercara más a ese objetivo.

—Hermana, creo que es necesario que ambos afrontemos este problema juntos —Mari parpadeó un par de veces, a señal del nulo entendimiento de la oración pronunciada por su hermano menor y al verlo tan diferente—. Agradezco mucho todo lo que has hecho por mi, pero creo que ahora tengo la edad suficiente para también ser el soporte que te ayude a enfrentar cada adversidad. Y también —la voz de Yuuri tembló un poco ante las palabras que a continuación iba a pronunciar—, también me gustaría hablar con Lord Nikiforov.

Mari, aún sin habla, se hizo a un lado para dar paso a su hermano. La mujer se sorprendió al descubrir que su hermano ya era más alto que ella. Ataviado con esa sencilla ropa, y su cabello, ahora corto, peinado hacia atrás, Yuuri lucía como cualquier otro muchacho de su edad.

No un omega, ya no aparentando ser alguien que no era, solo siendo un muchacho común. Solo Yuuri.

—Lord Nikiforov —se adelantó Yuuri a su encuentro caminando con elegancia y porte—. Me gustaría que tomara en consideración nuestra situación y, por favor, acepte nuestras disculpas.

Mari observaba atónita a su hermano, pues no acababa de concebir que su pequeño Yuuri hubiese crecido tanto. Sin esperar más, la mujer dirigió su mirada a Nikiforov y, con alivio, observó la mirada gentil y emocionada que el joven de cabellera plateada le dirigía a su hermano menor.

—Estoy dispuesto a aceptar las consecuencias de vivir como un omega. 

Y reinó el silencio en la habitación. Yuuri pasó saliva buscando calmarse, a decir verdad, el muchacho sentía una ligera brisa sobre su cuello desnudo ahora que su cabello era más corto, y sin embargo, él se sentía bien así. Había llegado su momento de proteger y cuidar a la persona que lo hubo procurado desde el infortunado fallecimiento de sus padres.

—Se lo dije a la señorita Mari y ahora, se lo repito a usted, Yuuri —aclaró Víctor, con calma—. Les ruego confíen en mí para que nunca más tengan que esconderse.

Yuuri miró intrigado al muchacho amable que lo observaba desde la cama y, después de dirigir su mirada hacia su hermana, ambos decidieron escuchar la extraña propuesta que Lord Nikiforov estaba a punto de ofrecerles.

Un año había pasado ya desde el infortunado accidente en la mansión de los hermanos Katsuki. Ahora, cerca del puerto, se veían a personas presurosas que preparaban a un imponente barco para zarpar en busca de lo desconocido.

Mari Katsuki caminaba segura en torno al muelle, atenta a los movimientos de sus empleados y, de vez en cuando, dando indicaciones para mejorar la seguridad del barco. Algunos marineros y personas que pasaban por ahí, admiraban la belleza de la mujer a pesar de estar vestida con un sencillo chaleco y pantalón color gris. El cabello castaño, recogido en una sencilla cola de caballo alta, le proporcionaba frescura a su cuello y le daba un toque juvenil y coqueto a su atuendo.

—¿Está todo listo, socia? —Víctor Nikiforov se abrió paso entre la agitada multitud. Las prendas, aunque sencillas y frescas, se observaban elegantes y finas, como su portador.

—Ya casi lo está —contestó ella, haciendo un par de anotaciones en la pequeña libreta que guardaba en el bolsillo—. ¿Estás seguro de esto, Víctor?

—Quedamos en que no lo discutiríamos más —debatió Víctor, con una sonrisa—. No le podría confiar a nadie más que a ti los negocios de ambas familias. Estoy convencido de que has nacido para eso, y no me negarás que te apasiona.

—Nunca lo haría —sonrió Mari complacida.

—Yakov te ayudará —informó Víctor, ambos observaban el barco—. Debo agregar que se alegró mucho al saber que tú te harías cargo. Creo que confía más en ti que en mi.

Mari rió y concedió la razón de este hecho. Conocía ya al ex tutor de Víctor, ella también confiaba en él. Sería enriquecedor trabajar con Yakov.

—A menos que quieras venir con nosotros —invitó, como ya lo había hecho miles de veces, Víctor—. Siempre habrá un lugar para tí en nuestro barco.

—Aunque los extrañaré, creo que mi lugar está aquí —concedió la mujer—. Promete que cuidarás de él, Víctor.

—Con mi vida si es necesario —prometió Víctor con una mano sobre su corazón—. ¿La amenaza sigue en pie?

—¿De castrarte si hacías algo que Yuuri no quisiera? Sí, desde el día que me pediste su mano e incluso hoy que ya se han casado, sí, sigue y seguirá en pie. 

Ambos volvieron a reír ante las palabras de la mujer. El barco casi estaba listo, muy pronto sería hora de despedirse. 

—¡Mari! —Yuuri bajaba del barco y, en cuanto localizó a su hermana se acercó a ella para darle un fuerte abrazo—. ¿Segura que no quieres venir con nosotros? 

—Estoy segura, Yuuri —contestó Mari una vez que ambos hubieron finalizado el abrazo—. Prefiero quedarme aquí tranquila administrando los negocios. ¿Lo sabes, verdad?

Yuuri asintió con la cabeza y sonrió con sinceridad. Mari se alegraba de ver esa expresión verdadera alegría en su hermano, estaba aliviada igual que Yuuri de encontrar al fin la felicidad.

—¿Bajo su protección? —preguntó Mari confundida.

—Será algo así como ser su tutor, realmente Yakov sería su tutor, al ser mayor que todos —explicó Víctor—. De esa forma usted y el joven Yuuri podrían prepararse para administrar el negocio familiar, sin importar su condición.

—¿Y luego, cuando finalicemos la preparación? —preguntó Yuuri.

—Cuando eso pase, y si me lo permiten, podríamos convertirnos en socios —propuso Víctor—.  Desde un comienzo he estado interesado en afiliarme con ustedes. Creo que de esta forma todos ganamos. ¿Qué opinan?

Yuuri tomó la mano de Mari, la sonrisa que le dirigió a su hermana le dio a entender a ella que él iba a estar de acuerdo con su decisión. La mujer apretó el agarre y sonrió en respuesta al gesto.

—Antes de aceptar, me tomaré el atrevimiento de preguntarle algo más —comenzó Mari, Víctor concedió con un gesto en la cabeza que estaba bien hacerlo—. Antes de que Yuuri llegara, usted dijo que se daba una idea de nuestra situación. ¿Fue solo empatía o simplemente quería ganarse mi favor?

Víctor sonrió con nostalgia, se abrazó con las piernas chocando con su pecho y confesó lo siguiente:

—Mi hermano pequeño, que por casualidad se llama con su hermano menor, nació bajo las mismas condiciones. Claro que, al fallecer nuestros padres, al ser yo un alfa podía apelar a su custodia. Sin embargo, la sociedad es cruel y bajo el argumento de que aún no podía hacerme cargo de los negocios familiares y mucho menos de un pequeño, quisieron arrebatarlo de mi lado. Yakov, un buen amigo de la familia, me adoptó como su pupilo y arregló un acuerdo para que, mientras yo me preparaba para hacerme cargo de los negocios, mi hermano Yuri estaría a cargo de él y su esposa, Lilia. Yakov, quien en ese tiempo era y es aún un alfa digno de temer, se las arregló para que se aceptara ese acuerdo. Ahora yo quiero ayudarlos a ustedes, proponiendoles lo mismo.

Los hermanos Katsuki quedaron mudos ante la revelación, quién diría que su problema no fuera tan extraordinario como ellos pensaban.

—Admiro mucho la fortaleza de ambos y el amor incondicional que se tienen el uno al otro —agregó Víctor—. Llevo un tiempo observándolos y sé que son dignos de mi confianza. 

—¿Y su hermano? —se atrevió a preguntar Yuuri, la curiosidad le ganó. Hasta la fecha él no conocía a ningún otro omega varón igual que él.

—Vive en el extranjero —contestó Víctor—. Cuando Lilia y el viejo Yakov se separaron, se decidió que lo mejor era que Yuri se marchara con ella y viviera tranquilo, lejos del peligro que implicaba ser un omega en este país. El sueño del pequeño gatito siempre fue bailar frente a muchas personas en un escenario enorme y creo que, donde ellos se encuentran ahora podrá cumplir ese sueño. Su sueño, joven Yuuri, como me lo ha comentado en sus cartas es viajar, ¿cierto?

Yuuri asintió con emoción, los ojos de Víctor brillaron al ver la hermosa sonrisa que iluminaba el bonito rostro del omega.

—¿Qué le parece poder hacer ese sueño realidad?

El barco que había zarpado ya se alejaba al son del viento del muelle, empezando su travesía al ritmo de las traviesas olas del mar. Yuuri Katsuki observaba el horizonte mientras disfrutaba la brisa marina, estaba ansioso por saber qué nuevos descubrimientos haría más allá de donde alcanzaba su vista.

—¿Te encuentras bien, cariño? —la cálida mano de Víctor tomó la suya con suavidad. Yuuri aceptó el agarre y observó con cariño los ojos azules al tono del mar que yacía debajo de ellos.

—Como nunca —sonrió Yuuri, con sinceridad.

—Me alegra escuchar eso —la flamante mano derecha que tenía un anillo de oro en su dedo anular, acarició el cuello del omega, sobre la marca de enlace que lo unía al alfa de su vida.

—Víctor, aquí no —se apresuró a decir Yuuri, apenado y viendo nervioso a su alrededor—. Podrían vernos.

—Nadie está viendo, amor —repuso Víctor, y con una sonrisa pícara agregó—: pero si prefieres, podríamos tener más privacidad.

Yuuri se sonrojó ante la propuesta, no obstante, al conocer ya lo juguetón que podría llegar a ser su esposo, decidió pasarlo por alto.

—Prefiero estar aquí. Creo que el paisaje es maravilloso.

Víctor se acercó a su boca, rozando los labios de Yuuri contra los suyos susurró apenas para los dos:

—Coincido, es un hermoso paisaje.

Y sin agregar nada más, alfa y omega juntaron sus labios para jurarse amor eterno a través de un apasionado beso. En ese barco, en altamar, con el sol, el viento y el mar como testigos y como los protectores de ese puro amor que, de ahora en adelante superaría cualquier adversidad.

FIN

¡Hola, de nuevo!

Espero les haya gustado. Es un drama muy pequeño que intenté preparar la la semana Regency que se organizó en twitter en el fandom anglosajón. Sin embargo, debido al trabajo y a que se me extendió mucho la trama lo pospuse hasta el día de hoy.

Espero sea de su agrado. Les dejo un par de imágenes que realicé para su referencia.

Este es, más o menos el look de Víctor en el OS:

Fuente: https://picrew.me/image_maker/13338

De hecho es la primera imagen que hice, desde ahí imaginé la historia de un omegaverse dentro de la época victoriana. ¡Me enamoré de este Víctor!

Por su parte, Yuuri al usar vestido y peinar su cabello largo luciría similar a este avatar:

Fue lo más cercano a lo que pude encontrar XD ¡disculpen!

Por último, el adorable Yuuri al finalizar el fic. No había mucho de donde escoger el atuendo, así que es parecido al de Víctor.

¿Apoco no luce adorable? Me divertí mucho escribiendo este fic y diseñando mediante esta aplicación a los personajes. Les invito a usarla si tienen la posibilidad.

Como siempre, mil gracias por leer hasta aquí. Seguro nos veremos pronto con una nueva historia o un nuevo capítulo de los que tengo pendientes.

Cuídense mucho.

xoxo

Sam

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

Un comentario en “Las Consecuencias de Vivir como un Omega

  1. Awwwww estuvo hermoso!!!! La verdad me emocionó el final, todos salieron ganando y Tuuri pudo encontrar la felicidad ❤❤❤

    Gracias por compartir esta hiatoria con nosotros, Salem❤❤❤

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