Tabú 35


Durante los días en los que Yuri y yo nos conocíamos mejor y éramos como dos niños extraviados en nuestra propia fantasía no descuidé ni por un segundo mis obligaciones en Nefrit. Es más, fueron días que empezaron muy temprano por la mañana y culminaron algo tarde por las noches.

Lilia, Mila y todo el equipo volvieron a hacer que la magia brillara entre el organdí y la seda, entre los brillos y los tonos mate de las telas. La elegancia podía respirarse en cada puntada y algunos de los trajes llevaron el sello particular de un Yuri que aportó con ideas bastante vanguardistas.

La colección para la siguiente primavera-verano ya estaba lista y solo hacía falta esperar el día de su presentación. Como las semanas de la moda de mitad de año ya habían culminado solo tuvimos que esperar el Prefall con el que iniciaba una temporada corta de desfiles en el mismo Moscú.

Para Yuri fue difícil volver a su ciudad natal y mucho más recorrer las calles de la capital, todavía no había pasado un año de la muerte de nuestros dos seres queridos y los recuerdos hicieron que mi hermano se sintiera algo indispuesto para vincularse con los demás.

Felizmente tenía a Mila para estar junto a él y esos tres días de locura ella sería el mejor soporte para Yuri. Fue ella quien lo acompañó al cementerio a dejar unas flores para su abuelo y a su antigua casa para ver que todo estuviera conforme lo había dejado.

Mientras yo coordinaba cada detalle de la organización, el trato con los medios de comunicación que cubrirían el evento y los últimos ensayos con las modelos que usarían las exclusivas prendas.

A Lilia siempre le fascinó la alta costura por eso hizo los arreglos necesarios con un amigo suyo para presentar en un programa de televisión muy visto al equipo de artesanos que trabajaron las prendas, además resaltó con gran entusiasmo los modelos con los cuales Yuri hizo su aporte para el desfile.

Lorie Beek, la presentadora del programa Week Fashion quedó encantada con las propuestas innovadoras de mi hermano, un Yuri que no acompañó a la entrevista a Lilia con la excusa que estaba dando los últimos toques a un traje. Claro que no fue una mentira porque se le ocurrió poner un borde final a una capa que acompañaba un bello vestido de noche hecho con gaza y pedrería.

La noche de la presentación llegó. Todos nos alojamos en el Hyatt Regency Moscow del parque Petrovsky, lujoso pero discreto lugar que nos permitió entre otras cosas trabajar el día anterior al desfile con nuestras modelos en un pequeño salón.

Yuri salió de una de las habitaciones que compartíamos en la suite más importante del hotel. Vestía un elegante traje de noche con cuello alto en color lavanda. Un traje que había sido diseñado por él y que nuestros trabajadores se empeñaron en confeccionar con precisión en todos los detalles que él dibujó.

Era la forma cómo él quería mostrar su propia visión de la moda masculina. Alejada de los clásicos trajes de tres piezas y cercana a una irreverente manera cómo los chicos de hoy intentan distinguirse los unos de los otros. Trajes únicos hechos no solo a medida del cliente, sino que también muestran algo de su personalidad y preferencias.

La coleta alta y trenzada a los costados dejaba ver la belleza singular de mi hermano. Un Yuri asesino que mostraba la frialdad de su mirada. No era gratuito ese gesto puesto que mi hermano solía mostrar su peor ceño cuando se enfrentaba a algo nuevo.

Estar frente a una pasarela no era algo nuevo para Yuri, ese mes había acompañado a Lilia y Mila a algunos desfiles de fin de semana. Lo que sí le resultaba novedoso era estar tras bambalinas, apoyando a las modelos y ayudando al personal con los trajes para que la presentación sea la más notoria y exitosa de todas las colecciones que pasarían esa noche en el Subte Business Center.

Verlo vestido como un pequeño príncipe de cuento y con la ambigüedad que reflejaba su rostro de cielo, me provocaron las ganas de devorarlo a besos. Pero Yuri estoico como un soldado me miró fijo, sonrió de lado y rechazó mis labios, solo dejó que le tome de las manos.

—¿No quieres que deshaga tu peinado? —le dije en tono divertido.

—No quiero ir duro al desfile. —Fue la primera ráfaga de proyectiles que el severo Yuri lanzó sobre mí, sabiendo que mi imaginación se despertaría de inmediato con su comentario.

—¿Algo de brillo en los labios? —Acerqué mi dedo lleno de bálsamo hacia su boca y con cuidado unté la piel de sus apetecibles labios.

—No me gustan esas vainas. —El canalla se quejó, pero absorbió mi dedo y saboreó con exquisitez el ungüento que acababa de ponerle.

El que estaba a punto de ponerse duro era yo y es que esos pequeños movimientos y detalles que Yuri tenía justo en los momentos menos adecuados potenciaban más mis deseos y parecía que él ya se había dado cuenta de ello.

Me aparté a tiempo de Yuri y en ese instante Mila ingresó al dormitorio para recordar que una enorme limousine nos esperaba en la puerta. Ella se veía divina bajo un largo traje dorado con la espalda desnuda y el escote pronunciado que mostraba su bella y tonificada figura con mucha sensualidad. Sus zapatos de tacones muy altos estilizaban su figura y el peinado alto la convertía en una dama inalcanzable. Yo estaba seguro que Lilia fue la de la idea y acertó.

Cuando salimos del ascensor en el lobbie del hotel sonreímos y nos dijimos cumplidos muy sinceros sobre nuestra vestimenta, porque debíamos ser quienes mejor vendiéramos la idea de la alta costura y el relanzamiento de Nefrit al mundo.

La última en salir de uno de los ascensores fue Lilia. Vestía un espectacular vestido largo en lamé de color champagne muy sencillo y con falda acampanada. Solo llevaba el detalle de un bordado en hilos de plata en la abertura y las mangas del saco. Todos aplaudimos su elegancia y nos dirigimos hacia el largo coche que nos llevó justo a tiempo para poder desenfundar los trajes, colgarlos en los percheros de los camerinos y coordinar con los estilistas para que las modelos luzcan sus moños con ciertos mechones salidos.

La locura de un desfile de modas se vive tras el escenario. Esa vez no tuve que quitarme un traje y ponerme el siguiente a la velocidad del rayo, esa noche tenía que ayudar a mejorar la imagen y la presentación de las modelos que mostraron la colección. Y tuve la satisfacción enorme de compartir ese gusto con mi hermano que estaba enfocado en revisar hasta los últimos detalles de los vestidos y los accesorios de las modelos.

Veintiséis trajes en total fueron confeccionados a mano y cumplieron con su cometido: deslumbrar a los organizadores, asistentes y críticos de medios especializados que se dieron cita en uno de los últimos desfiles de moda europea del año.

Cuando Lilia y el equipo salieron junto con las modelos mostraron una vez más por qué Nefrit debía ser tomada en cuenta por las mujeres que amaban llevar trajes exclusivos sobre sus cuerpos.

Los vestidos confeccionados para el equipo de diseñadores destacaron tanto como los que mostraron las modelos y cuando Lilia pasó adelante encabezando a nuestros diseñadores las modelos la aplaudieron sin parar y toda la concurrencia se puso en pie.

Ella agradeció con una suave sonrisa en los labios y pidió con un gesto el aplauso para sus colaboradoras, ellas se merecían eso y mucho más porque en los peores momentos estuvieron siempre junto a nosotros empujando ese sueño que se hacía realidad sobre la pasarela del subte.

Pero la presentadora, la ex señorita Rusia del 2008, Ksenia Sukhinova, hizo algo más que pedir un voto de aplauso para la colección. Recordó la importancia del legado de nuestro padre.

“Quiero que todos pensemos que ese gran hombre llamado Miroslav Nikiforov sembró las semillas del amor al arte del diseño entre sus amigos, sus colaboradores y las personas que trabajaron con él codo a codo. Hoy en esta colección que esperábamos con ansias vemos el fruto de las enseñanzas de Mirko porque al ver la magnificencia de estos trajes podemos sentir que están hechos con mucho amor”.

Los aplausos se hicieron sentir una vez más y Lilia secó una lágrima al recordar a su mejor amigo, yo también sentí mis emociones a flor de piel cuando escuché el nombre de mi padre y los aplausos de los asistentes que lo recordaron con cariño. Miré de costado y observé a Yuri apretar sus propias manos y mirar el suelo, él también vivía la nostalgia de la imagen paterna a su manera, dura mirada y labios tensos.

“Pero esta grandiosa colección no sería una realidad hoy si los hermanos Víctor y Yuri Nikiforov no hubieran puesto el hombro para sacarla adelante. Sabemos que la persistencia de Víctor y la creatividad de Yuri jugaron mucho en la presentación de esta temporada”.

Volvieron a sentirse los aplausos mientras todos volvíamos a sentarnos y yo saludaba a las cámaras. Los ojos del mundo de la moda estaban sobre nosotros dos y a través de la pantalla vi cómo los lentes se posaron en mí unos segundos y luego se quedaban estáticos sobre la imagen de Yuri.  Él también notó el detalle y se acercó a mi oído.

—¿Por qué mierda se han quedado enfocándome estos idiotas? —dijo a media voz y yo solo esperaba que las personas cercanas no lo hubieran escuchado.

—Porque eres la novedad y supongo que se están enamorando de ti —le comenté en tono más bajo.

—Que se enamoren de sus abuelas, el único que quiero que se enamore de mí eres tú. —Me miró con malicia y yo tragué mi saliva con dificultad tratando de disimular ante las personas que se sentaron detrás de nosotros.

—Por favor si se acercan a hacer preguntas trátalos con cortesía —le dije para que pudiera conducirse bien luego del desfile—. Y guarda tus palabrotas en algún lugar.

Al ver el ceño fruncido de mi hermano pensé que mi pedido había sido en vano y que tal vez se comportaría mal frente a los demás. Estaba temblando.

Lilia, el equipo de artesanos y las modelos salieron de la pasarela entre aplausos y silbidos de aprobación y fueron también los que se encargaron de responder las preguntas de los periodistas. Los vi brillar frente a las cámaras y con mucha tranquilidad supe que Nefrit había vuelto a conquistar el mundo vacuo de la moda.


Dos horas después acudimos a una fiesta que se organizó para todos los participantes del desfile. Era muy importante estar presente en la reunión para hacer contactos de negocios, propiciar el vínculo con los medios de comunicación y establecer relaciones entre diseñadores, modelos, fabricantes y vendedores.

Una fiesta muy elegante donde conversábamos sobre nuestros proyectos, ganancias y expectativas futuras. Un momento en el que aproveché para presentar a Yuri a cuantas personas pude y señalarlo como el futuro “diseñador Nikiforov”. Algunos especialistas comentaron la visión que él tuvo y otros le dieron algunos consejos para deslumbrar más los ojos de los cultores de la moda.

—Solo fue un ensayo porque aún no he sacado las verdaderas ideas que tengo. —Esa seguridad que Yuri mostraba me hacía estremecer porque era la misma que yo tenía a su edad cuando me propuse conquistar las pasarelas y las revistas especializadas. Yuri quería lo mismo que yo, la distinción.

—Pues yo pienso que todavía hace falta mucho camino para que llegues a ser tan grande como lo fue tu padre. —Vania Zaitseva una severa crítica de la moda quiso bajar a Yuri del pedestal en el que pretendían ponerlo los organizadores.

—Para que llegue a ser como mi padre, necesitaré tener una trayectoria amplia como él la tuvo, porque Miroslav Nikiforov no se hizo de un nombre de la noche a la mañana. —Yuri fue contundente en su respuesta mientras analizaba con la mirada a la mujer.

—Qué bueno que pienses que todavía no llegaste a tu techo Yuri porque hay muchos chicos como tú que, porque hicieron un par de prendas innovadoras, creen que ya merecen la distinción de llamarse diseñadores. —La dama sonrió cortésmente en tanto exponía de forma muy clara su idea.

—Tengo mucho camino que recorrer y lo bueno es que tengo a dos extraordinarias maestras junto a mí. —Yuri tomó de la mano a Lilia y señaló a Mila y juro que las vi sonrojarse.

—Eso no lo dudo jovencito —dijo la mujer y elevó su copa brindando con las damas y con Yuri. Se despidió con un movimiento de cabeza y siguió hurgando a los demás con sus agudos comentarios.

El momento en que Yuri contestaba con tanta elocuencia y seguridad a la picuda dama, me sentí fascinado al ver como se manejaba frente a los críticos de su obra. Era importante que él aprendiera a distinguir que no llegaría a agradar a todos y que las críticas en materia creativa siempre contienen una gran carga de subjetividad.

Yuri me pareció en ese instante un recio general frente a un campo de batalla, que tomó el camino de la estrategia con los medios y los críticos en lugar de la contienda frontal. En eso se parecía mucho a papá y por un instante creí ver en sus gestos y sus palabras al propio Miroslav Nikiforov.

Di un par de vueltas en la fiesta y me encontré con Marina Borislova una extraordinaria empresaria y visionaria de la industria. Propietaria de grandes almacenes y de una cadena de tiendas exclusivas muy importante, donde las marcas más distinguidas se apreciaban y se vendían con meses de anticipación.

Además de ser una mujer muy bella, a sus treinta y dos años no solo era la empresaria más exitosa y joven de San Petersburgo, había llegado a ser nombrada durante los últimos cuatro años como la mujer más hermosa entre las líderes de la industria textil y de la moda.

Era mi obligación atender a una mujer como ella y establecer un canal para la venta de nuestros diseños y de las novedades que el equipo estaba preparando. Lilia me miró y se dio media vuelta, luego me dijo que me dejó solo porque imaginó que yo sabría cómo hacer un buen trato con una mujer tan seductora.

—Qué gusto volverte a ver Víctor. —Ella topó mi mano con la suya y esa fue la señal con la que comenzó el ritual que por lo general los hombres y las mujeres de la industria realizan para compartir una, dos o tres noches de lujuria y luego sellar buenos contratos.

—Pasaron como tres años. —Fueron como cinco, pero era muy importante no hacer notar el paso de los años a mujeres como ella.

—Sí el tiempo pasa y tú te ves muy maduro ahora —señaló mientras ponía una pierna sobre la otra y me permitía verlas a través de la abertura de su vestido.

—Lo tomaré como un cumplido tuyo. —Sonreí sin saber qué quería decir con la palabra “maduro”.

—Por supuesto que ese es un cumplido y es que tu madurez para mí es como un afrodisiaco, cariño. —Me habían advertido años atrás que Marina era una gran cazadora de hombres y en ese momento lo estaba comprobando.

Reímos por el comentario y de inmediato ella pasó a hablar de la colección y lo hermosa que le parecía, dijo que no había perdido el estilo de Nefrit, pero que se presentaba renovada y fresca. Ese momento recordé que fue Yuri quien le dio ese aire juvenil y ella me dijo que pensó que mi hermano era mi nueva conquista pues se veía como una bella chica, de esas niñas rebeldes que usan indistintamente trajes de hombres.

Volvimos a reír y chocamos las copas, en ese instante de manera instintiva busqué a Yuri en el lugar donde lo había visto hacía unos diez minutos y no se encontraba, entonces me dediqué a mirar a mi alrededor mientras intentaba seguir el hilo de la conversación a Marina.

Luego de recorrer con la mirada medio salón, mis ojos lo ubicaron. Estaba tomando un cóctel de color naranja, tenía la pajilla inserta en los labios y me miraba enfurecido. La fría descarga que recorrió mi espalda me hizo recordar que mi hermano se sentía mi dueño, aun cuando solo le di unos cuantos besos y nada más y lo extraño fue sentirme incómodo porque tenía la impresión de estar fallando a un compromiso.

Marina por supuesto seguía acercándose cada vez más, cortejándome con su sonrisa seductora, su voz distorsionada, con su escote hasta el ombligo y con pequeños palmoteos sobre mis brazos y hombros.

Y mientras más se aproximaba Marina, Yuri se mostraba más enfurecido y no dejaba de beber una margarita tras otra. Algo debió cruzar por su mente pues de un momento a otro decidió cambiar de estrategia. Marina arregló mi corbata que estaba algo chueca, yo miré a Yuri y él repasó sus labios con la lengua. Recordé nuestro último beso.

Marina tomó mi mano que estaba apoyada en la barra del salón y Yuri jugó con la pajilla sacándola y metiéndola entre sus labios fruncidos y rellenos. De inmediato mi mente imaginó que él jugaba conmigo.

Ella rozó mi pie con la punta del suyo y vi que Yuri desajustaba su cabello y lo acomodaba a un costado con los dedos hasta que las puntas tocaron sus hombros. Recordé su perfume a menta y quise morder su cuello.

Cuando Marina sugirió a mi oído que bailemos un rato, Yuri se dirigió al baño. Tardó unas tres canciones en regresar y cuando entró a la pista de baile lo hizo sin el saco, sin la corbata y con la camisa abierta hasta el inicio del pecho.

Simuló que buscaba llegar a su mesa y comenzó a moverse entre las parejas que bailaban hasta que fue capturado por una modelo algo pequeña y muy bonita, Yuri le hizo dar un par de vueltas y se pegó a su cintura, ella se movió en una pose muy sexi dando la espalda a mi hermano y él simuló por unos segundos estarla montando mientras me miraba mordiendo sus labios.

Yo me olvidé de Marina y de mi necesidad por hacer de esa noche un momento especial a solas en algún hotel, complacerla mucho y asegurar un buen contrato. Ella notó la distancia que sin querer había puesto entre los dos y con gran amabilidad me dijo que iba a retocarse el maquillaje. Ya no regresó.

Entonces mis ojos, mis manos, mi sudor, mi lengua sedienta y mis ansias se enfocaron más en Yuri. Mi hermanito seguía bailando con otras dos muchachitas y se movía entre ellas dejando que lo tocaran por todos lados.

Una voz malévola dentro de mi cabeza preguntó ¿cómo sería Yuri haciendo el amor con un par de chicas? Sonreí un instante y luego otra voz negó esa posibilidad recordándome que Yuri solo se excitaba con el cuerpo y el olor de un hombre.

Fue entonces que observé a mi alrededor y pude notar recién la presencia de varios cazadores, estaban a la espera de llevarse algún modelo novato al hotel donde se alojaban y dos de ellos tenían los ojos puestos sobre mi hermano.

Entendí que Marina ya no regresaría y que había perdido mi oportunidad para hacer un trato comercial con ella bajo las sábanas de una lujosa habitación. Pero no dejaría que ninguno de esos tipos se acercase siquiera un poco a mi Yuri que bailaba despreocupado, juntando su pelvis con los firmes traseros de esas dos chiquillas.

No, mi Yuri tenía que regresar a casa, tenía que ser custodiado por el mejor de los guardianes y debía dejar de tomar tanto alcohol porque al día siguiente sería más que insoportable estar a su lado.

Mi Yuri tenía que pasar la noche en su dormitorio y yo debía custodiarlo. Estando algo ebrio podría ser presa de sus propios instintos y no me iba a permitir dejarlo en las garras de otros lobos.

Que esos lobos busquen sus propios corderos.

Mi Yuri se quedaría conmigo, aunque solo fuera para acariciarlo por encima de su ropa y sentenciarlo a que pase una noche húmeda entre la fantasía de sus propios sueños y la destreza de sus propias manos. Yo entraría al agua fría y jugaría mi propio juego.

—Nos vamos —le dije y las dos niñas se colgaron de su cuello.

—Solo un rato más —protestó una de ellas.

—Lo siento Yuri ya está muy ebrio. —Me puse serio y tuve que arrancarlo de las manos sudorosas y los cuerpos turgentes de las dos rubias que se pegaron como chicles a mi hermano.

Yuri elevó los hombros y con paso cansado me siguió hasta el guardarropa de donde recogimos nuestros sacos y salimos a prisa sin despedirnos de los invitados y dejando que nuestro equipo siga disfrutando de la divertida fiesta. Las margaritas que tomó demás estaban cobrando el impuesto al cuerpo de mi hermano por lo que tuve que tomarlo del brazo mientras esperaba que llegara a la puerta del hotel nuestra limusina. Él se dejaba llevar como nunca antes lo había hecho y yo me sentí su protector además de ser su celoso vigilante. 

En diez minutos estuvimos en nuestro hotel y en tres más en nuestra habitación. Allí terminó mi loca carrera y no supe qué más hacer con él. Saqué una botella de agua de la nevera y se la di para que aminorara los efectos del alcohol. Yo tomé otra y me dispuse a entrar en mi habitación.

—¿Eso es todo? —Reclamó con rostro desafiante—. ¿Me sacas de la maldita fiesta con tanta desesperación y luego me das la espalda para entrar en tu cuarto?

—Yuri estabas bebiendo demasiado. —Tiré mi saco sobre el sillón y cayó sobre el saco de Yuri en extraña insinuación.

—No estoy borracho. –Yuri descalzó sus pies y se quitó la camisa.

—Es muy tarde para ti. —Me quedé observando la perfecta arquitectura de su cuerpo sudoroso que se resistía a abandonar la adolescencia.

—Pensé que me habías sacado de la fiesta porque al fin decidiste follarme. —Se me acercó con rapidez y con todas sus fuerzas me empujó contra el sillón cercano a la puerta de mi dormitorio.

Follar, esa palabra sonaba tan picante en su boca que provocaba el escozor de mi cuerpo entero. Claro que quería hacerlo, pero dentro de mi cabeza todavía quedaba algo de conciencia y esta me decía que Yuri era mi hermano, que su sangre corría por mis venas, que juré en la tumba de mi padre protegerlo, que lo que quería hacer era un pecado mortal y que si pasaba ese límite estaríamos condenados al fuego eterno del infierno y a una vida clandestina sin futuro ni gloria para nuestro amor.

—No vamos a hacer nada por ahora. —Sentencié mirándolo con severidad para que dejara su aire arisco, pero si pensaba que esa noche fría Yuri me daría una tregua estaba equivocado.

—Cobarde. —Se agachó, apretó mis muñecas con sus manos y acomodó su rodilla sobre mi entrepierna.

—Esto no está bien. —Intenté explicar, pero él se acercó a mi rostro, recogió con su lengua una gota de sudor y con ese acto provocador venció mis murallas y mis atalayas.

—Lo que no está bien es que tengas la polla tan dura por mí y sigas negando tus deseos Víctor idiota. —Ajustó su rodilla sobre mi ingle y con un leve roce destruyó mis escasos intentos de defensa.

—Yuri espe… —Quise detenerlo una vez más, pero sacó su mejor arma: su mirada inflamada de lujuria.

—Estás tan caliente Víctor. —Volvió a erguirse frente a mí, elevó la pierna, puso la punta de su pie desnudo sobre mi enhiesto miembro y en ese momento vi al mismo diablo sonreír.

Me encontraba bajo el fuego enemigo, rendido y sin posibilidad de hallar una salida. La presión de su pie aumentaba la tensión de mis venas, músculos y tendones. Frotó mi miembro por encima de mis pantalones y no hice nada por detenerlo.

Mi mente ya no se permitía enfocarse en nada más que no fuera el goce absoluto. Sus verdes puñales retorcían mi cuerpo entero obligándome a elevar mis caderas en busca de un roce más intenso.

Yuri aceleró los movimientos de su pie sobre mi pantalón, mientras yo clavaba las uñas en los brazos del sillón. Lo veía morder sus labios cada vez que sacaba un resuello estridente de mi pecho y cada vez que mis gestos le mostraban el placer que estaba sintiendo.

El calor me ahogaba al igual que su mirada. Su voz y sus palabras me llevaban a otra dimensión en la que solo deseaba sentir esas exquisitas punzadas sobre mi falo hasta que todo mi ser se convirtiera en un solo nervio excitado que me llevara al límite de mi resistencia.

Entre gemidos y suspiros, escuché mi propia voz pedirle que no se detuviera, que siguiera apretando y que fuera más rápido. Su actitud poderosa me hizo sentir que yo era el cordero y no el lobo y que en cualquier momento él me devoraría.

Hasta que sentí un momento de calma, el mundo se detuvo solo una fracción de segundo en el que yo quedé paralizado por el éxtasis y sentí mi cuerpo agónico sucumbir estremecido por mi propia lujuria.

Lágrimas, delirio, ardor y un último gemido.

Y allí, mirándome vencido… mi Yuri victorioso sonreía con malicia.

Bajó su pie que también estaba mojado e inclinó su delgada figura para recibir en su rostro mi último aliento.

—Si esto he logrado solo con la punta de mi pie ¿te imaginas lo que puedo hacer con el resto de mi cuerpo? —proclamó con orgullo y con voz enronquecida.

Viéndome completamente rendido y bajo su dominio, el inmisericorde ladrón me robó un beso cálido, húmedo, lleno de fuego y se marchó sonriente y victorioso, mostrando con absoluta impudicia la armónica belleza de su espalda desnuda.

Lo vi caminar con lentitud moviendo su melena y de inmediato sentí el impulso de lanzarme sobre él como un animal hambriento, sujetarlo con fuerza, quitarle el pantalón de un solo tirón, besarlo, morderlo, penetrarlo hasta que chillara de dolor; llenarlo de semen, saliva, sudor y no parar hasta verlo desvanecido.

Pero me quedé petrificado encarnando mis uñas con más fuerza en el tapiz del sillón, conteniendo mis ganas y mi frustración, observando sus últimos pasos antes que ingresara a la oscuridad de su habitación.

No volteó a mirarme y cerró la puerta con seguro mientras yo miraba las huellas de mi lasciva experiencia que se asomaban bajo mi carísimo pantalón de diseño.

Yuri…

Solo el cielo nos dirá un día quién fue en verdad más cruel; si tú provocando nuestro fatal destino o yo rehuyendo la naturaleza de nuestro amor.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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